Acu­sa­da de Homicidio

LA FILLE AU BRA­CE­LET / THE GIRL WITH A BRA­CE­LET. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2019. Un film escri­to y diri­gi­do por Stépha­ne Demous­tier. 95 minu­tos 

En 2018 el públi­co asis­ten­te al Fes­ti­val de Vene­cia y al de Toron­to tuvo opor­tu­ni­dad de apre­ciar Acu­sa­da, un sóli­do dra­ma rea­li­za­do en Argen­ti­na por Gon­za­lo Tobal; curio­sa­men­te un año des­pués Stépha­ne Demous­ter resuel­ve efec­tuar una nue­va ver­sión del mis­mo basa­do en el guión ori­gi­nal de Uli­ses Porra y Tobal con un resul­ta­do simi­lar­men­te satis­fac­to­rio. El nue­vo títu­lo adju­di­ca­do, La Fille au Bra­ce­let, se refie­re a la pul­se­ra que la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria debe por­tar adhe­ri­da elec­tró­ni­ca­men­te a su tobi­llo mien­tras aguar­da el jui­cio al que será sometida.

Melis­sa Guers

En la pri­me­ra secuen­cia se ve a Lise (Melis­sa Guers), una ado­les­cen­te de 16 años, estan­do en la pla­ya con su fami­lia cuan­do dos gen­dar­mes se le acer­can y le soli­ci­tan que les acom­pa­ñe, supues­ta­men­te a una esta­ción poli­cial; esta esce­na fil­ma­da sin diá­lo­go alguno cons­ti­tu­ye el bre­ve pró­lo­go del rela­to cuya acción se des­pla­za dos años des­pués; allí se la ve en su hogar ubi­ca­do en Nan­tes jun­to a sus padres (Roschdy Zem y Chia­ra Mas­troian­ni) y her­mano menor, estan­do bajo arres­to domi­ci­lia­rio por haber sido acu­sa­da de un crimen.

Cuan­do el jui­cio comien­za es sabi­do que Lise había con­cu­rri­do con Flo­ra, su mejor ami­ga, a una fies­ta y que al fina­li­zar la mis­ma, ya en ple­na noche resuel­ve per­noc­tar en su casa. Al día siguien­te, des­pués que Lise aban­do­na la casa de su ami­ga mien­tras ella sigue dur­mien­do, se des­cu­bre que Flo­ra ha sido bru­tal­men­te acu­chi­lla­da. Al no exis­tir nin­gún otro sos­pe­cho­so, habi­da cuen­ta del tiem­po trans­cu­rri­do, todo hace supo­ner que ella ha sido la asesina.

Demous­tier arti­cu­la este thri­ller de mane­ra impe­ca­ble sin que lo más impor­tan­te sea deve­lar quien ha sido la per­so­na auto­ra del homi­ci­dio; el inte­rés de la his­to­ria radi­ca en la exce­len­te des­crip­ción tan­to del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co como los que lo rodean. Per­te­ne­cien­te a una fami­lia bien cons­ti­tui­da que­da en cla­ro cómo los padres de Lise han vis­to la tran­qui­li­dad per­tur­ba­da por el cri­men atri­bui­do a su hija, a pesar de estar con­ven­ci­dos de su ino­cen­cia. A todo ello, a pesar del remar­ca­ble desem­pe­ño de la abo­ga­da defen­so­ra (Annie Mer­cier) demos­tran­do que no hay razo­nes feha­cien­tes para incul­par a su defen­di­da, su argu­men­ta­ción se con­tra­po­ne con la de la fis­cal (Anaïs Demous­tier) cuya acu­sa­ción está basa­da en el com­por­ta­mien­to pro­mis­cuo de la ado­les­cen­te y en la pelea que man­tu­vo con su ami­ga días antes del ase­si­na­to. Lo más des­ta­ca­ble es la pasi­vi­dad man­te­ni­da por Lise tan­to en su hogar como duran­te el jui­cio don­de a pesar de decla­rar­se ino­cen­te, su fal­ta de emo­ción exte­rior no cons­ti­tu­ye pre­ci­sa­men­te un fac­tor de ayu­da para su exoneración.

La actua­ción del elen­co es exce­len­te don­de cada uno de sus inte­gran­tes se ha sumer­gi­do de lleno en la psi­co­lo­gía de sus per­so­na­jes; en todo caso, a títu­lo per­so­nal de quien esto comen­ta la joven Guers en su debut para el cine fas­ci­na en la medi­da que su remar­ca­ble carac­te­ri­za­ción de la incul­pa­da otor­ga al film la ambi­güe­dad nece­sa­ria para tor­nar­lo atractivo.

Más allá del dra­ma judi­cial expues­to, su con­te­ni­do per­mi­te explo­rar un tópi­co rele­van­te como lo es el obs­tácu­lo que en cier­tos casos los padres pue­den encon­trar para lle­gar a cono­cer por com­ple­to la vida de sus hijos cuan­do tran­si­tan por la difí­cil eta­pa de la ado­les­cen­cia; ade­más, este sobrio film refle­ja cómo la mora­li­dad de una per­so­na no pue­de ser uti­li­za­da como ins­tru­men­to de acu­sa­ción cuan­do no exis­ten prue­bas fide­dig­nas del deli­to come­ti­do. Jor­ge Gutman

Arries­ga­do Retorno

TRAIN TO BUSAN PRE­SENTS: PENIN­SU­LA. Corea del Sur, 2020. Un film de Yeon Sang-ho. 116 minutos.

Con la gra­dual aper­tu­ra de los cines en Cana­dá lle­ga el pri­mer block­bus­ter del año con la secue­la del exi­to­so film sur­co­reano Train To Busan (2016). Aun­que su pre­sen­ta­ción podría resul­tar inopor­tu­na dado que Train to Busan Pre­sents: Penin­su­la alu­de nue­va­men­te al virus que con­vier­te al que lo con­trae en un peli­gro­so zom­bi, es de espe­rar que en medio de la pan­de­mia que afli­ge al mun­do ese fac­tor nega­ti­vo no resien­ta la asis­ten­cia del públi­co que dis­fru­tó de la his­to­ria original.

Gang Dong-won

En el pró­lo­go se obser­va que muchos habi­tan­tes de Corea que aún no han sido con­ta­gia­dos por los zom­bis tra­tan de huir deses­pe­ra­da­men­te del devas­ta­do país en un buque con des­tino a Japón; sin embar­go el bar­co cam­bia de rum­bo y el lugar de des­tino es Hong Kong. Entre algu­nos de los sobre­vi­vien­tes se encuen­tra el ex mili­tar del ejér­ci­to Jung-seok (Gang Dong-won) y su cuña­do Cheol-min (Kim Do-yoon) quien se encuen­tra muy ape­na­do por haber per­di­do a su mujer y sobrino quie­nes sucum­bie­ron por el virus.

Cua­tro años han pasa­do y la vida en Hong Kong para los refu­gia­dos corea­nos dis­ta de ser con­for­ta­ble. Sin embar­go algo cam­bia para Jung y Cheol al reci­bir la pro­po­si­ción de un acau­da­la­do ame­ri­cano para que se tras­la­den a la ciu­dad corea­na de Incheon con el pro­pó­si­to de res­ca­tar un botín de 20 millo­nes de dóla­res que se encuen­tra ocul­to en el inte­rior de un camión; la ope­ra­ción debe ser rea­li­za­da en el trans­cur­so de una sola noche, con­si­de­ran­do que los zom­bis están vir­tual­men­te cie­gos duran­te las horas noc­tur­nas. Si todo mar­cha bien, los via­je­ros reci­bi­rán como retri­bu­ción la mitad de la suma recu­pe­ra­da A pesar de lo extre­ma­da­men­te arries­ga­do que impli­ca retor­nar a un lugar infec­ta­do, la pro­pues­ta es muy ten­ta­do­ra y es así que los cuña­dos y otros dos sobre­vi­vien­tes deci­den empren­den el audaz viaje.

Natu­ral­men­te, las cosas no resul­tan tan sim­ples como esta­ban pla­nea­das; así, al arri­bar a Incheon, el gru­po ade­más de enfren­tar­se con los muer­tos vivien­tes que aún habi­tan, tie­nen que vér­se­las con una hor­da de des­pia­da­dos mer­ce­na­rios huma­nos per­te­ne­cien­tes a una nue­va civi­li­za­ción que están bajo el coman­do del sar­gen­to Hwang (Kim Min-jae) y el capi­tán Seo (Koo Kyo-hwan).

De aquí en más el guión del rea­li­za­dor y Yeon Sang-ho deja pre­pa­ra­do el terreno para un fre­né­ti­co rela­to que pri­vi­le­gia más la acción que el horror, con cier­to mar­gen de sen­ti­men­ta­li­dad en la rela­ción que man­tie­ne Jung con una madre sobre­vi­vien­te (Lee Jung-hyun) y sus dos jóve­nes hijas (Lee Re y Lee Ye-won).

En tér­mi­nos glo­ba­les, lo que aquí se apre­cia no se dife­ren­cia de muchos de los fil­mes del géne­ro que se han vis­to opor­tu­na­men­te; así están pre­sen­tes los típi­cos san­grien­tos com­ba­tes, tre­men­das explo­sio­nes y sobre todo una enar­de­ci­da cace­ría auto­mo­vi­lís­ti­ca que abar­ca casi un 20% de metra­je. Con apre­cia­bles des­plie­gues de pro­duc­ción resal­tan­do el pano­ra­ma post apo­ca­líp­ti­co en que trans­cu­rre la acción, esta secue­la con per­so­na­jes carac­te­ri­za­dos uni­di­men­sio­nal­men­te, aun­que menos efec­ti­va que la pelí­cu­la pre­ce­den­te, segui­rá entre­te­nien­do al públi­co al cual va des­ti­na­da. Todo hace pre­su­mir que la fran­qui­cia habrá de con­ti­nuar. Jor­ge Gutman

El Cal­va­rio de un Soldado

FATHER SOL­DIER SON. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Catrin Einhorn y Lesl­ye Davis. 99 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

El dra­ma de los vete­ra­nos de gue­rra en Esta­dos Uni­dos ya ha sido tra­ta­do por el cine en varias opor­tu­ni­da­des; en esta oca­sión las nove­les rea­li­za­do­ras Catrin Einhorn y Lesl­ye Davis lo con­si­de­ran bajo un ángu­lo dife­ren­te cen­trán­do­se en el víncu­lo exis­ten­te entre un mili­tar y su fami­lia. El docu­men­tal pro­du­ci­do por The New York Times y dis­tri­bui­do exclu­si­va­men­te por Net­flix es nada menos que excep­cio­nal debi­do a la impe­ca­ble meticu­losi­dad de su tra­ta­mien­to, sobre todo tenien­do en cuen­ta que la fil­ma­ción se efec­túó a lo lar­go de 9 años con per­so­na­jes reales.

Brian Eisch con sus hijos Isaac y Joey

La saga comien­za en 2010 pre­sen­tan­do al sar­gen­to ame­ri­cano Brian Eisch en misión en Afga­nis­tán. Padre de Isaac y Joey de 12 y 9 años de edad res­pec­ti­va­men­te, en su ausen­cia los niños son cui­da­dos por un fami­liar cer­cano. Es emo­ti­vo pre­sen­ciar el reen­cuen­tro de estos chi­cos cuan­do su padre des­pués de haber esta­do 6 meses en el fren­te lle­ga por dos sema­nas de vaca­cio­nes a Wis­con­sin; en el aero­puer­to los niños y su padre se abra­zan con eufo­ria trans­mi­tien­do el inmen­so amor que los embar­ga a pesar de la ausen­cia de una madre que ha aban­do­na­do el núcleo fami­liar. La ale­gría de la lle­ga­da se nutre de tris­te­za cuan­do Brian debe retor­nar a la con­vul­sio­na­da región de combate.

Pron­ta­men­te se ave­ci­na el dra­ma; eso acon­te­ce cuan­do estan­do en el fren­te él sufre una gra­ve heri­da en una de sus pier­nas como con­se­cuen­cia de una embos­ca­da ten­di­da por los tali­ba­nes, lo que lo obli­ga a regre­sar de inme­dia­to al hogar. No obs­tan­te estar rodea­do por el cari­ño de sus hijos, él no pue­de disi­mu­lar el dolor que lo aque­ja y cuan­do final­men­te su pier­na debe ser ampu­tada comien­za a expe­ri­men­tar una inmen­sa frus­tra­ción al no sen­tir­se ya más útil como sol­da­do y no poder con­ti­nuar sir­vien­do a su patria. Su esta­do aní­mi­co cobra un vuel­co posi­ti­vo al cono­cer a María, una abne­ga­da mujer con quien habrá de casar­se. De este modo con el hogar aho­ra amplia­do con María y uno de sus 3 hijos, todo pare­ce­ría que Brian retor­na a una vida nor­mal. Sin embar­go, al poco tiem­po y a pesar de todo el amor que sus hijos y su espo­sa le pro­di­gan, Brian per­ma­ne­ce ais­la­do de los suyos des­ti­nan­do gran par­te de su tiem­po a los jue­gos de video de carác­ter militar.

Con la vas­ta expe­rien­cia que reúne Einhorn como repor­te­ra del New York Times y gana­do­ra del Pre­mio Pullitzer, uni­da a la de Davis que se ha dis­tin­gui­do como fotó­gra­fa del mis­mo perió­di­co, no resul­ta extra­ño que ambas docu­men­ta­lis­tas hayan sabi­do cap­tar la varia­da gama de sen­ti­mien­tos y mati­ces que ani­ma a esta fami­lia. Así, duran­te el perío­do en que trans­cu­rre el docu­men­tal, van refle­jan­do los momen­tos de ale­gría ‑inclu­yen­do un naci­mien­to- como tam­bién uno de inmen­so pesar fren­te a una ines­pe­ra­da tragedia.

Las rea­li­za­do­ras demues­tran su pro­fun­da empa­tía hacia todos los inte­gran­tes de la fami­lia. Con res­pec­to a Brian ellas se han aden­tra­do en la psi­co­lo­gía de un hom­bre que duran­te 17 años ha encon­tra­do un sen­ti­do a su vida como mili­tar de ter­ce­ra gene­ra­ción y que a pesar de estar muti­la­do qui­sie­ra vol­ver a demos­trar su leal­tad, honor, sacri­fi­cio así como su hom­bría a la patria que ama. Para­le­la­men­te, el docu­men­tal des­ta­ca la for­ma en que los res­tan­tes miem­bros del núcleo fami­liar se encuen­tran afec­ta­dos por la baja auto­es­ti­ma del frus­tra­do excom­ba­tien­te, don­de final­men­te todos han sido dañados.

El film deja de lado el aspec­to polí­ti­co de Esta­dos Uni­dos sin entrar a comen­tar las medi­das adop­ta­das por la admi­nis­tra­ción Oba­ma y pos­te­rior­men­te por la de Trump con res­pec­to al envío de tro­pas a Afga­nis­tán. Lo impor­tan­te es cons­ta­tar la sen­si­bi­li­dad de Einhorn y Davis de haber cons­trui­do mag­ní­fi­ca­men­te una his­to­ria ilus­tran­do de mane­ra ínti­ma y tier­na a la vez la evo­lu­ción de una fami­lia como con­se­cuen­cia de una gue­rra; en tal sen­ti­do, el obje­ti­vo ha sido amplia­men­te logra­do. Huel­ga seña­lar que Father Sol­dier Son engro­sa la lis­ta de los mejo­res fil­mes pre­sen­cia­dos en el año y por lo tan­to mere­ce su visión. Jor­ge Gutman

Ruti­na­rio Thriller

THE BURNT ORAN­GE HERESY. Gran Bre­ta­ña-Ita­lia, 2019. Un film de Giu­sep­pe Capo­ton­di. 98 minutos

El mun­do del arte es abor­da­do en The Burnt Oran­ge Heresy, un film que par­tien­do de una pre­mi­sa intere­san­te a mitad de camino pier­de alien­to con­vir­tién­do­se en un ruti­na­rio rela­to de suspenso.

Claes Bang y Eli­za­beth Debicki

Así como Ruben Ostlund abor­dó en The Squa­re (2017), la for­ma en que una abur­gue­sa­da cla­se social de Sue­cia se vin­cu­la con el mun­do del arte moderno, aho­ra con cier­tas varian­tes y menor insl­pi­ra­ción el direc­tor Giu­sep­pe Capo­ton­di lo enfo­ca toman­do como refe­ren­cia la nove­la homó­ni­ma de Char­les Wille­ford publi­ca­da en 1971 don­de la acción ya no trans­cu­rre en Esta­dos Uni­dos sino en Italia.

Claes Bang que en el film de Ostlund inter­pre­tó a un cura­dor de un museo, aquí retor­na como James Figue­ras, un eru­di­to aun­que poco éti­co crí­ti­co de arte euro­peo don­de en la pri­me­ra esce­na se lo ve expli­can­do a un gru­po de turis­tas ame­ri­ca­nos visi­tan­do Milán los secre­tos inhe­ren­tes a una remar­ca­ble pin­tu­ra de autor des­co­no­ci­do; al final de su con­fe­ren­cia les hace saber que en reali­dad lo expues­to ha sido rea­li­za­do por él. En con­se­cuen­cia que­da refle­ja­do cómo resul­ta sen­ci­llo mani­pu­lar a per­so­nas no muy aden­tra­das en mate­ria pic­tó­ri­ca para dis­tin­guir un cua­dro autén­ti­co de otro imi­ta­do o fal­so. Entre la audien­cia se encuen­tra Bere­ni­ce Hollis (Eli­za­beth Debic­ki), una bella joven pro­ce­den­te de Min­ne­so­ta de paseo por Euro­pa, quien al final de la char­la enta­bla una con­ver­sa­ción con James; al exis­tir entre ambos una espon­tá­nea sim­pa­tía no resul­ta sor­pre­si­vo que el pró­xi­mo paso con­duz­ca a un pla­cen­te­ro encuen­tro sexual.

Ya rela­cio­na­dos ínti­ma­men­te, Bere­ni­ce acep­ta la invi­ta­ción de Figue­ras de via­jar con él a la fas­tuo­sa resi­den­cia de Joseph Cas­sidy (Mick Jag­ger), un millo­na­rio colec­cio­nis­ta de arte que habi­ta en Lake Com­mo. Este indi­vi­duo ofre­ce a Figue­ras la posi­bi­li­dad de lograr una exclu­si­va entre­vis­ta con Jero­me Deb­ney (Donald Suther­land), un reclui­do cele­bra­do artis­ta que vive en las cer­ca­nías y que ha esta­do duran­te lar­go tiem­po inco­mu­ni­ca­do con el públi­co. A cam­bio de la mis­ma, el ines­cru­pu­lo­so mag­na­te, que cono­ce algu­nos aspec­tos tur­bios del pasa­do de su invi­ta­do, le pide que se apo­de­re de una de las recien­tes pin­tu­ras de Deb­ney a fin de engro­sar su envi­dia­ble colec­ción artística.

Es una pena que lo que comien­za como una irre­ve­ren­te sáti­ra al mun­do del arte, con­ti­nuan­do con una aven­tu­ra román­ti­ca, el guión de Scott B. Smith con­vier­ta al rela­to en un pedes­tre thri­ller coro­na­do de un des­en­la­ce que aun­que impre­vi­si­ble resul­ta malogrado.

Sin duda, exis­te una muy bue­na quí­mi­ca en la pare­ja román­ti­ca con satis­fac­to­rias pres­ta­cio­nes de Bang y Debic­ki, como así tam­bién en bre­ves inter­ven­cio­nes resul­tan con­vin­cen­tes Jag­ger y el vete­rano Suther­land; pero este efi­caz cuar­te­to acto­ral no pue­de com­pen­sar las limi­ta­cio­nes de un libre­to que a tra­vés de cier­tas vuel­tas de giro no logra per­sua­dir al espec­ta­dor. En todo caso, la bue­na foto­gra­fía de David Unga­ro pro­du­ce un pla­cer visual cap­tan­do los esplen­do­res de una de las regio­nes más bellas de Italia.
Jor­ge Gutman

Una Mági­ca Noche

CHAM­BRE 212. Fran­cia-Bél­gi­ca-Luxem­bur­go, 2019. Un film escri­to y diri­gi­do por Chris­tophe Hono­ré. 88 minutos

Aun­que Cham­bre 212 es una fic­ción que en sus pri­me­ras esce­nas adop­ta un enfo­que rea­lis­ta lo más apro­pia­do es cata­lo­gar­lo como una fan­ta­sía. Den­tro de ese mar­co el guio­nis­ta y rea­li­za­dor Chris­tophe Hono­ré se ha sen­ti­do moti­va­do para narrar una his­to­ria sen­ti­men­tal en don­de su prin­ci­pal per­so­na­je se sumer­ge en un mun­do mági­co don­de todo pare­ce posi­ble aun­que no lo sea.

Chia­ra Mastroianni

El rela­to se cen­tra en María (Chia­ra Mas­troian­ni), una mujer de poco más de 40 años que se desem­pe­ña como pro­fe­so­ra uni­ver­si­ta­ria. Aun­que casa­da por espa­cio de dos déca­das con Richard (Ben­ja­min Bio­lay), no tie­ne repa­ro alguno en man­te­ner rela­cio­nes con sus alum­nos. Así cuan­do com­prue­ba que Asdrú­bal (Harri­son Aré­va­lo), uno de ellos, la enga­ña con una joven chi­ca, retor­na frus­tra­da a su hogar don­de Richard la aguar­da; cuan­do él des­cu­bre a tra­vés de los men­sa­jes de tex­to del celu­lar de su espo­sa el adul­te­rio que man­tie­ne con Asdrú­bal, María no ati­na a excu­sar­se de la trans­gre­sión come­ti­da pues­to que en su apre­cia­ción un matri­mo­nio hones­to no sobre­vi­ve sin affai­res extra­con­yu­ga­les. En con­se­cuen­cia pocas horas des­pués, mien­tras su mari­do duer­me, ella se tras­la­da a un hotel que se encuen­tra al fren­te del edi­fi­cio don­de resi­de ocu­pan­do la habi­ta­ción 212 que da títu­lo al film. De allí en más la face­ta rea­lis­ta del rela­to cede lugar a la ima­gi­na­ción con el encan­ta­mien­to de María quien a tra­vés de su memo­ria avi­zo­ra su pasa­do sen­ti­men­tal con sus diver­sos aman­tes a la vez que cavi­la sobre lo que el futu­ro podrá ofre­cer­le. Que­da por ver qué es lo que ella habrá apren­di­do de la expe­rien­cia vivi­da en esa mági­ca noche con su pos­te­rior retorno a la inexo­ra­ble realidad.

Como en varias de sus pelí­cu­las pre­ce­den­tes Hono­ré enfo­ca las rela­cio­nes de pare­ja tra­tan­do de con­si­de­rar las varian­tes que pue­de asu­mir el amor. Pero el rea­li­za­dor de nin­gún modo pre­ten­de ana­li­zar seria­men­te la cri­sis de un matri­mo­nio como lo enfo­ca­ra Ing­mar Berg­man en Esce­nas de la Vida Con­yu­gal (1973), Noah Baum­bach en Marria­ge Story (2019) o bien en algu­nas de las come­dias dra­má­ti­cas de Woody Allen. Lo que aquí se apre­cia es un vau­de­vi­lle ten­dien­te a entre­te­ner a la audien­cia median­te una com­bi­na­ción esca­sa­men­te cohe­ren­te de reali­dad con fan­ta­sía. En últi­ma ins­tan­cia las vici­si­tu­des de una mujer liber­ti­na dis­pues­ta a gra­ti­fi­car­se sexual­men­te a des­pe­cho de man­te­ner una rela­ción con­yu­gal, ori­gi­na un rela­to nos­tál­gi­co a la fran­ce­sa que pre­sen­ta­do bajo una páti­na inte­lec­tual no es más que trivial.

A su favor, Hono­ré ha con­vo­ca­do a un elen­co acto­ral de muy buen nivel comen­zan­do por Mas­troian­ni a quien le ha vali­do el pre­mio a la mejor intér­pre­te en la sec­ción Un Cer­tain Regard del Fes­ti­val de Can­nes de 2019; a su lado, ade­más de Bio­lay se des­ta­can, entre otros, Vin­cent Lacos­te como el joven Richard y Cami­lle Cot­tin ani­man­do a su pro­fe­so­ra de piano.

En suma, he aquí un opus menor en la fil­mo­gra­fía de este pro­vo­ca­ti­vo realizador.
Jor­ge Gutman