La Vio­len­cia de los Talibanes

LES HIRON­DE­LLES DE KABOUL. Fran­cia, 2018. Un film de Zabou Breit­man y Eléa Gobbé-Mévellec

El pade­ci­mien­to de los pobla­do­res de Kabul some­ti­dos a la volun­tad del fun­da­men­ta­lis­mo tali­bán es el telón de fon­do de este buen film de ani­ma­ción. En una ciu­dad en rui­nas, el fana­tis­mo de las auto­ri­da­des se impo­ne sem­bran­do el mie­do; eso prin­ci­pal­men­te se obser­va con el tra­to deni­gran­te del que es obje­to la mujer que siem­pre debe tran­si­tar por la calle acom­pa­ña­da y ocul­tan­do su ros­tro con el bur­ka con la excep­ción de sus ojos; ade­más, cual­quier trans­gre­sión sexual, como la for­ni­ca­ción, con­lle­va la eje­cu­ción en la pla­za públi­ca median­te la lapidación.

Una esce­na de LES HIRON­DE­LLES DE KABOUL

Es en ese con­tex­to que trans­cu­rre Les Hiron­de­lles de Kaboul de las rea­li­za­do­ras Zabou Breit­man y Eléa Gob­bé-Meve­llec quie­nes se han basa­do en la nove­la homó­ni­ma del escri­tor arge­lino Yas­mi­na Kha­dra en una con­vin­cen­te adap­ta­ción del guión de Sébas­tien Tavel, Patri­cia Mor­tag­ne y Breit­man, La acción que trans­cu­rre en el verano de 1998 sigue los pasos de dos pare­jas cuyos des­ti­nos habrán de entre­cru­zar­se. Atiq (voz de Simon Abka­rian), es un guar­dián de la cár­cel local cuya gran preo­cu­pa­ción es el esta­do de su mujer Assa­rat (voz de Hiam Abbass) quien afec­ta­da de cán­cer se pre­su­me que su muer­te es inmi­nen­te. Al pro­pio tiem­po se sale al encuen­tro de Moh­sen (voz de Swann Arlaud) y Zunai­ra (voz de Zita Han­rot), dos aman­tes jóve­nes que son pro­fe­so­res des­em­plea­dos fren­te a una uni­ver­si­dad devas­ta­da; debi­do las cir­cuns­tan­cias impe­ran­tes, él se encuen­tra en un bajo esta­do aní­mi­co en tan­to que ella es una chi­ca que ama la liber­tad a des­pe­cho del medio ambien­te en que vive.

El con­flic­to del rela­to se pro­du­ce cuan­do duran­te una fuer­te dis­cu­sión entre Moh­sen y Zunai­ra ella lo mata acci­den­tal­men­te lo que la con­du­ce a la pri­sión don­de tra­ba­ja Atiq. Como car­ce­le­ro de la joven y cons­cien­te de la suer­te que a ella le aguar­da el noble guar­dián rea­li­za todos los esfuer­zos posi­bles para sal­var­la sabien­do que arries­ga su pro­pia vida en tal audaz intento.

La ani­ma­ción efec­tua­da con acua­re­la es sen­ci­lla y esté­ti­ca­men­te apre­cia­ble, sin haber recu­rri­do a efec­tos espe­cia­les des­lum­bran­tes. Este bello y tris­te film cap­ta el inte­rés del públi­co por su con­te­ni­do huma­nis­ta y vue­lo poé­ti­co expo­nien­do la tira­nía de un sinies­tro y sór­di­do régi­men que gene­ra daños físi­cos y emo­cio­na­les a la pobla­ción. Jor­ge Gutman

Un Humil­de Estadista

EL PEPE, UNA VIDA SUPRE­MA. Argen­ti­na-Uru­guay-Ser­bia, 2018. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Emir Kus­tu­ri­ca. Dis­tri­bui­do por Netflix.

Así como en 2008, el cono­ci­do direc­tor ser­bio Emir Kus­tu­ri­ca enfo­có un docu­men­tal don­de poco menos que idea­li­zó a Die­go Mara­do­na, aho­ra lo hace den­tro de un esti­lo mucho más sobrio efec­tuan­do el retra­to de José Muji­ca ‑cari­ño­sa­men­te apo­da­do “Pepe”- quien como pre­si­den­te de Uru­guay entre 2010 y 2015 supo gran­jear­se el cari­ño del pueblo.

Emir Kus­tu­ri­ca y José Mujica

Aten­dien­do a su con­te­ni­do espe­cí­fi­co no es mucho lo que agre­ga el docu­men­tal en lo que con­cier­ne a su eta­pa de mili­tan­te del Movi­mien­to de Libe­ra­ción Nacio­nal Tupa­ma­ros que muy bien lo des­cri­bió el direc­tor Alva­ro Brech­ner en su film de fic­ción La Noche de 12 años (2018). Con todo, en la fil­ma­ción rea­li­za­da por espa­cio de tres años ‑2013 a 2015- Kus­tu­ri­ca ofre­ce una visión más per­so­nal e ínti­ma de Mujica.

En la pri­me­ra esce­na se ve al rea­li­za­dor fuman­do plá­ci­da­men­te un habano y a su entre­vis­ta­do sabo­rean­do su mate, ya como ex man­da­ta­rio. Ese ini­cio don­de el tan­go “En esta tar­de gris” de Mariano Mores actúa como telón de fon­do, crea el cli­ma nos­tál­gi­co para el colo­quio enta­bla­do entre ambos.

El docu­men­tal pasa revis­ta a su mili­tan­cia en la gue­rri­lla urba­na en los años 60, su lucha con­tra la dic­ta­du­ra impe­ran­te en su país con el gol­pe mili­tar de 1973 y su encar­ce­la­mien­to; en ese encie­rro fue tor­tu­ra­do y con­fi­na­do por espa­cio de 15 años a una sole­dad com­par­ti­da con sus com­pa­ñe­ros de lucha como lo han sido Mau­ri­cio Rosen­cof y Eleute­rio Fer­nán­dez Hui­do­bro. Con todo, él seña­la que el hom­bre apren­de mucho más del dolor y la adver­si­dad que de los triun­fos y de las ale­grías; de allí que esa dura expe­rien­cia le sir­vió para refle­xio­nar y mode­lar su per­so­na para encau­zar­lo a ser­vir a su pueblo.

La pre­sen­cia de Lucía Topo­lansky, su mujer, cons­ti­tu­ye otro de los ele­men­tos cen­tra­les del film. Así que­da en cla­ro que el amor rei­nan­te entre ambos pudo sub­sis­tir y ser for­ta­le­ci­do en la medi­da que ella sus­ten­ta­ba su mis­ma ideo­lo­gía polí­ti­ca, lle­gan­do en 2017 a ser la vice­pre­si­den­ta de Uru­guay has­ta el momen­to actual. Esa devo­ción hacia la vida públi­ca fue la cau­sa por la que pare­ja no tuvie­ra hijos, hecho que Muji­ca lamenta.

Entre otros aspec­tos refle­ja­dos en el docu­men­tal, se inter­ca­lan mate­rial de archi­vo exhi­bien­do los encuen­tros de Muji­ca con per­so­na­li­da­des mun­dia­les tales como Barack Oba­ma y el Papa. Ade­más de com­par­tir gra­tos momen­tos con sus ami­gos Rosen­cof y Fer­nán­dez Hui­do­bro, la cáma­ra sigue al esta­dis­ta mien­tras visi­ta el cen­tro comer­cial de Pun­ta Carras­co que en el pasa­do ha sido la cár­cel don­de pasó buen tiem­po de su vida; es allí don­de la gen­te que tran­si­ta por el lugar le expre­sa su gran afecto.

En otras ins­tan­cias se ve a Muji­ca mane­jan­do el trac­tor de su huer­ta para reco­ger el pas­to, ense­ñan­do a niños a cul­ti­var las flo­res así como via­jan­do en su Volks­wa­gen azul hacia la gran cere­mo­nia que tie­ne lugar en el últi­mo día de su mandato.

El momen­to más emo­ti­vo del docu­men­tal es cuan­do Muji­ca, minu­tos antes de entre­gar la ban­da pre­si­den­cial a su suce­sor Taba­ré Váz­quez, agra­de­ce a la nación el com­pa­ñe­ris­mo demos­tra­do duran­te el ejer­ci­cio de su man­da­to mani­fes­tan­do “no me voy, estoy lle­gan­do y me iré con el últi­mo alien­to y don­de esté esta­ré con­ti­go que­ri­do pueblo”.

En líneas gene­ra­les, éste es un ama­ble docu­men­tal que tras­cen­de­rá para quie­nes sim­pa­ti­zan con la per­so­na­li­dad del humil­de esta­dis­ta que sos­tie­ne que la civi­li­za­ción y la soli­da­ri­dad huma­na es lo que nos pue­de ayu­dar a vivir. Jor­ge Gutman

Que se haga justicia

JUST MERCY. Esta­dos Uni­dos, 2019. Un film de Des­tin Daniel Cretton.

El tema de la injus­ti­cia racial es uno de los más fre­cuen­ta­dos por el cine ame­ri­cano don­de, por ejem­plo, To Kill a Moc­king­bird (1962) basa­do en la emble­má­ti­ca nove­la de Har­per Lee lle­gó a cau­ti­var a la crí­ti­ca y al públi­co. Aho­ra el rea­li­za­dor Des­tin Daniel Cret­ton lo vuel­ve a abor­dar, sur­gien­do la pre­gun­ta de si era nece­sa­rio vol­ver a ello. La res­pues­ta es deci­di­da­men­te afir­ma­ti­va tenien­do en cuen­ta que a pesar de los pro­gre­sos rea­li­za­dos cuan­do algo malo suce­de, per­sis­te la pre­sun­ción de que los blan­cos son ino­cen­tes y los negros son sus cau­san­tes; si a ello se agre­ga que lo que Just Mercy expo­ne está basa­do en un caso real, narra­do mag­ní­fi­ca­men­te con un elen­co impe­ca­ble don­de sus dos acto­res pro­ta­go­nis­tas des­cue­llan en la com­po­si­ción de sus roles, este film tie­ne su razón de ser.

Cret­ton se valió del guión por él pre­pa­ra­do jun­to con Andrew Lanham basa­do en las memo­rias publi­ca­das en el libro de Brian Ste­ven­son don­de se rela­tan las expe­rien­cias que se ilus­tran en el film.

Michael B. Jor­dan y Jamie Foxx

En los años 80 Ste­ven­son (Michael B. Jor­dan) era un estu­dian­te afro­ame­ri­cano de leyes de la Uni­ver­si­dad de Har­vard quien efec­tuan­do una pasan­tía en Geor­gia entró en con­tac­to con un hom­bre negro con­de­na­do a muer­te. En 1992, ya gra­dua­do como abo­ga­do, deci­de tras­la­dar­se a Ala­ba­ma para dedi­car gran par­te de su tarea a ayu­dar a la gen­te pobre como así tam­bién a los con­vic­tos con­de­na­dos erró­nea­men­te a la pena capi­tal: con­se­cuen­te­men­te fun­da en Mont­go­mery la orga­ni­za­ción Equal Jus­ti­ce Initia­ti­ve, des­ti­na­da a sal­va­guar­dar los dere­chos humanos.

Tra­ba­jan­do en el nue­vo medio se impo­ne que Wal­ter McMi­llian (Jamie Foxx) es un reo afro­ame­ri­cano aguar­dan­do en el corre­dor de la muer­te el momen­to en que será ajus­ti­cia­do. Él ha sido con­de­na­do y acu­sa­do del cri­men de Ron­da Morri­son, una ado­les­cen­te blan­ca de 18 años, acon­te­ci­do en Mon­roe­vi­lle en 1986 en su lugar de tra­ba­jo; sin nin­gu­na evi­den­cia que pro­ba­ra su cul­pa­bi­li­dad, las auto­ri­da­des se valie­ron úni­ca­men­te del dudo­so y ambi­guo tes­ti­mo­nio de Ralph Myers (Tim Bla­ke Nel­son), un con­vic­to cuya pala­bra sir­vió para con­de­nar a McMi­llan. A pesar de que tan­to el acu­sa­do y una mul­ti­tud de per­so­nas (todas ellas negras) demos­tra­ron que él no estu­vo en el lugar y hora del cri­men, nada de eso valió para modi­fi­car la sen­ten­cia. Deci­di­do a pro­bar su ino­cen­cia, Ste­ven­son se vuel­ca de lleno a reu­nir toda la infor­ma­ción archi­va­da como así tam­bién regis­tros gra­ba­dos en cin­tas a fin de lograr su obje­ti­vo; para ello cuen­ta con la ayu­da de su efi­cien­te asis­ten­te Eva Ans­ley (Brie Larson).

Sin entrar a rese­ñar todos los veri­cue­tos que se pro­du­cen en la bús­que­da de la jus­ti­cia social empren­di­da por el abo­ga­do para sal­var la vida del con­vic­to, el rela­to ilus­tra el modo en que la pobla­ción negra es tra­ta­da por los blan­cos; para ello bas­ta­ría citar el acto de humi­lla­ción al que Ste­ven­son es some­ti­do al entrar a la cár­cel, obli­gán­do­lo a des­nu­dar­se por com­ple­to como si fue­se un delin­cuen­te, como así tam­bién del atro­pe­llo poli­cial reci­bi­do con­du­cien­do su coche en una ruta. Esa ani­mo­si­dad es igual­men­te demos­tra­da en el des­dén del que es obje­to por par­te del des­pre­cia­ble fis­cal (Rafe Spall) actuan­te en el liti­gio judicial.

Fil­ma­do de mane­ra clá­si­ca, que de nin­gún modo es obje­ta­ble, el rea­li­za­dor ofre­ce un dra­ma sobrio que per­mi­te a que el públi­co se com­pe­ne­tre con sus per­so­na­jes. Jor­dan ofre­ce una pres­ta­ción exce­len­te como el bri­llan­te pro­fe­sio­nal que no se deja ami­la­nar por los incon­ve­nien­tes que atra­vie­sa en su tarea de demos­trar las falen­cias de un sis­te­ma legal que por el color de la piel pue­de con­du­cir a la muer­te de un indi­vi­duo ino­cen­te; por su par­te Foxx deja tras­lu­cir la angus­tia de un hom­bre ya resig­na­do a morir, a menos que se pro­duz­ca el mila­gro de que su abo­ga­do pue­da lograr que la jus­ti­cia se impon­ga. Entre los acto­res secun­da­rios se dis­tin­gue la extra­or­di­na­ria com­po­si­ción de Rob Mor­gan quien lle­ga a emo­cio­nar pro­fun­da­men­te como uno de los con­vic­tos con­de­na­dos en su mar­cha final hacia la sala don­de le aguar­da la silla eléctrica.

En la pro­mo­ción del film se lee “cada gene­ra­ción tie­ne su héroe, encon­tre­mos al nues­tro”; cier­ta­men­te, el slo­gan es com­ple­ta­men­te per­ti­nen­te al apre­ciar la gran­de­za de espí­ri­tu de Brian Ste­ven­son, un bri­llan­te idea­lis­ta que no ceja de luchar por la jus­ti­cia social y que ha sido cali­fi­ca­do por el gran paci­fis­ta suda­fri­cano Des­mond Tutu como el Man­de­la de Esta­dos Uni­dos. Jor­ge Gutman

Deso­la­do­ra Comuna

LES MISÉ­RA­BLES. Fran­cia, 2019. Un film de Ladj Ly

El fer­vor patrió­ti­co de una nación uni­da que en París expre­sa su eufó­ri­ca ale­gría al haber gana­do en 2018 la Copa Mun­dial de Fút­bol es lo que se apre­cia en las pri­me­ras imá­ge­nes de Les Misé­ra­bles a tra­vés del mate­rial de archi­vo fil­ma­do; sin embar­go no hay nada para cele­brar en lo que se expo­ne a con­ti­nua­ción en esta remar­ca­ble ópe­ra pri­ma del rea­li­za­dor Ladj Ly quien se basó en su cor­to metra­je rea­li­za­do en 2016.

Una esce­na del film

Si bien el títu­lo del film que­da aso­cia­do con la inmor­tal obra homó­ni­ma de Vic­tor Hugo, el ele­men­to común estri­ba en que la acción trans­cu­rre en Mont­fer­meil, uno de los subur­bios de la capi­tal de Fran­cia, cuya reali­dad social de hoy día no pare­ce haber cam­bia­do mucho de lo que se des­pren­de de la novela.

Es impor­tan­te acla­rar que el rea­li­za­dor de ori­gen afri­cano vivió gran par­te de su vida en esa comu­na fran­ce­sa; de allí que el guión por él con­ce­bi­do jun­to con Gior­dano Geder­li­ni y Ale­xis Manen­ti des­ti­la abso­lu­ta veracidad.

Una pri­me­ra visión de Mont­fer­meil resul­ta deso­la­do­ra don­de se encuen­tran haci­na­dos inmi­gran­tes afri­ca­nos ile­ga­les, musul­ma­nes que tra­tan de impo­ner sus con­vic­cio­nes reli­gio­sas así como niños y ado­les­cen­tes libra­dos de la mano de Dios con pre­ca­rias con­di­cio­nes de vida; en tal sen­ti­do no pro­du­ce gran sor­pre­sa saber que en ese dis­tri­to pre­do­mi­na una alta tasa de des­em­pleo con un por­cen­ta­je igual­men­te ele­va­do de pobre­za y un nivel de edu­ca­ción que deja mucho que desear. Como con­se­cuen­cia de ese som­brío pano­ra­ma ‑estu­pen­da­men­te cap­ta­do por la foto­gra­fía de Julien Pou­pard- el sis­te­ma social impe­ran­te en ese ámbi­to moti­va a que sus habi­tan­tes vivan en un esta­do de per­ma­nen­te tensión.

En ese con­tex­to, el rea­li­za­dor narra el accio­nar de una bri­ga­da anti cri­mi­nal. En la mis­ma par­ti­ci­pan el recien­te­men­te asig­na­do poli­cía Stépha­ne (Damien Bon­nar­di), quien debe tra­ba­jar con Chris (Ale­xis Manen­ti), un abo­mi­na­ble ofi­cial racis­ta y su aso­cia­do Gwa­da (Dje­bril Zon­ga) oriun­do de Áfri­ca que fácil­men­te se some­te a sus ins­truc­cio­nes. Los tres ofi­cia­les deben lidiar con varios de los pro­ble­mas de la zona don­de no resul­ta sen­ci­llo apli­car los cri­te­rios habi­tua­les en un caó­ti­co medio ambien­te. En con­se­cuen­cia, el corrup­to Chris apli­can­do un méto­do de mano dura, a pesar de la des­apro­ba­ción del hones­to Stépha­ne, abu­sa en for­ma bru­tal de su poder gene­ran­do una inti­mi­da­ción y atro­pe­llo que el indi­fe­ren­te alcal­de local (Ste­ve Tient­cheu) es inca­paz de controlar.

La diná­mi­ca esta­ble­ci­da entre los poli­cías y la de éstos con la pobla­ción local está muy bien logra­da por el direc­tor quien con gran flui­dez con­du­ce el rela­to hacia un des­en­la­ce de san­grien­ta vio­len­cia que deja la impre­sión de que los hechos vigen­tes no habrán de cam­biar. Con todo, la difu­sión de este film, que obtu­vo el Pre­mio del Jura­do en el Fes­ti­val de Can­nes 2019, moti­vó a que el pre­si­den­te fran­cés Emman­nuel Macron anun­cia­ra que su gobierno se apre­su­ra­rá en encon­trar ideas para mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de los barrios marginados.

Por sus méri­tos, este cru­do dra­ma muy bien rea­li­za­do es uno de los cin­co nomi­na­dos al Oscar de la Mejor Pelí­cu­la Inter­na­cio­nal de 2019. Jor­ge Gutman

Lo Mejor de 2019

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

DOCE MESES DE EXCE­LEN­TE CINE

El año que aca­ba de fina­li­zar fue uno de los más remar­ca­bles en mate­ria de cine don­de la crea­ti­vi­dad e ima­gi­na­ción, con­te­ni­do, rea­li­za­ción e inter­pre­ta­ción fue­ron fac­to­res cla­ves para que los aman­tes del sép­ti­mo arte que­da­sen ple­na­men­te complacidos.

A jui­cio de quien esto sus­cri­be, he aquí la lis­ta alfa­bé­ti­ca de las mejo­res pelí­cu­las estre­na­das en Cana­dá en 2019, exclu­yen­do aqué­llas que han sido pre­sen­ta­das en festivales.

1917 (Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Unidos)

Cua­tro años des­pués de Spec­tre, el direc­tor San Men­des retor­na con un impac­tan­te rela­to que ‑como su títu­lo lo anti­ci­pa- trans­cu­rre en el perío­do de la Gran Gue­rra en los fren­tes de bata­lla. La direc­ción de Men­des es excep­cio­nal tan­to en su narra­ti­va, con momen­tos de indes­crip­ti­ble zozo­bra, como así tam­bién en el coreo­grá­fi­co movi­mien­to de cáma­ra logra­do. No menos impor­tan­te es el mag­ní­fi­co apor­te acto­ral de Dean-Char­les Chap­man y sobre todo el de Geor­ge Mac­Kay quien car­ga sobre sus hom­bros la mayor par­te del rela­to. Este dra­ma tam­bién atrae por la extra­or­di­na­ria foto­gra­fía de Roger Dea­kins y su equi­po quien habien­do fil­ma­do en su mayor par­te a ple­na luz per­mi­te al espec­ta­dor su com­ple­ta inmer­sión en el sitio de com­ba­te; igual­men­te cabe dis­tin­guir el impe­ca­ble mon­ta­je de Lee Smith ofre­cien­do la idea de que todo trans­cu­rre a tra­vés de un úni­co plano secuencia.

1917

Anti­go­ne (Cana­dá) 

El tema de Antí­go­na, la tra­ge­dia grie­ga de Sófo­cles, ha sido obje­to de una moder­na adap­ta­ción rea­li­za­da por la direc­to­ra Sophie Deras­pe que se desa­rro­lla en Cana­dá en la épo­ca actual. Al hacer­lo ha logra­do un mag­ní­fi­co film don­de ade­más de refle­jar los fuer­tes lazos de la unión fami­liar abor­da simul­tá­nea­men­te el tema de la inmi­gra­ción y las con­se­cuen­cias que pue­den sur­gir para los que emi­gran de su tie­rra y sue­ñan con un mun­do mejor en el país anfitrión.

ANTI­GO­NE

Dolor y Glo­ria (Espa­ña)

A tra­vés de un retra­to par­cial­men­te auto­bio­grá­fi­co el pres­ti­gio­so rea­li­za­dor his­pano Pedro Almo­dó­var refle­ja los sen­ti­mien­tos que se ani­dan en su alma. Anto­nio Ban­de­ras ofre­ce una inol­vi­da­ble inter­pre­ta­ción carac­te­ri­zan­do al alter ego del rea­li­za­dor trans­mi­tien­do con pro­fun­di­dad los ava­ta­res de un cineas­ta des­pués de varias déca­das de haber logra­do una exi­to­sa labor pro­fe­sio­nal. El títu­lo del film no pue­de ser más elo­cuen­te tenien­do en cuen­ta que en el rela­to con­vi­ven los momen­tos de pena y dolor de su pro­ta­go­nis­ta con aqué­llos otros ple­nos de glo­ria y feli­ci­dad vivi­dos en otras ins­tan­cias de su existencia.

DOLOR Y GLORIA

Grâ­ce à Dieu (Fran­cia)

Basa­do en hechos reales acon­te­ci­dos en Lyon, median­te varias his­to­rias estre­me­ce­do­ras el direc­tor Fra­nçois Ozon expo­ne a algu­nas de las víc­ti­mas que han sido obje­to de la pedofi­lia ejer­ci­da por un clé­ri­go de Lyon y que per­ma­ne­ció ocul­to para no emba­ra­zar a la Igle­sia. Con un exce­len­te mon­ta­je, actua­cio­nes irre­pro­cha­bles y con una narra­ción sobria y res­pe­tuo­sa­men­te con­tro­la­da, el rea­li­za­dor ofre­ce un docu­men­to vibran­te y absor­ben­te que tie­ne como pro­pó­si­to lograr la jus­ti­cia social denun­cian­do a la jerar­quía ecle­siás­ti­ca que cau­só con­si­de­ra­bles daños emo­cio­na­les a inde­fen­sos menores.

GRȂ­CE À DIEU

Joker (Esta­dos Unidos)

Joa­quin Phoe­nix brin­da una magis­tral carac­te­ri­za­ción del gran villano de Bat­man aun­que el film nada tie­ne que ver con el mun­do de los super­hé­roes. El rea­li­za­dor Todd Phi­lips des­cri­be a un paya­so pobre, aba­ti­do, deni­gra­do y des­equi­li­bra­do don­de el medio social que lo rodea habrá de con­ver­tir­lo en una per­so­na incon­tro­la­ble­men­te vio­len­ta y ase­si­na. Un film estre­me­ce­dor estu­pen­da­men­te rea­li­za­do que cun­de pro­fun­da­men­te en el áni­mo del espectador.

JOKER

La Flor (Argen­ti­na)

El rea­li­za­dor Mariano Lli­nás ofre­ce una monu­men­tal epo­pe­ya de 13 horas y 34 minu­tos de amplia liber­tad narra­ti­va. Se tra­ta de una obra com­pues­ta de 6 epi­so­dios inde­pen­dien­tes rea­li­za­dos a lo lar­go de 10 años don­de la mayo­ría de los mis­mos res­pon­de a dife­ren­tes géne­ros y esti­los estruc­tu­ra­dos por varias sub­tra­mas deri­va­das del eje cen­tral de cada his­to­ria. En esen­cia, el ciné­fi­lo se encuen­tra fren­te a un film radi­cal, audaz, pro­vo­ca­ti­vo, exu­be­ran­te y capri­cho­so pero a todas luces magis­tral como crea­ción artística.

LA FLOR

Marria­ge Story (Esta­dos Unidos)

El dolor que pro­du­ce la diso­lu­ción de un víncu­lo con­yu­gal, sobre todo cuan­do hay un peque­ño hijo de por medio, es lo que Noah Baum­bach con­si­de­ra en este remar­ca­ble dra­ma. El direc­tor logra man­te­ner la dis­tan­cia nece­sa­ria como para no demos­trar sim­pa­tía espe­cial con cada uno de los inte­gran­tes de la frus­tra­da pare­ja, carac­te­ri­za­da mara­vi­llo­sa­men­te por Adam Dri­ver y Scar­lett Johans­son. Por sus pon­de­ra­bles valo­res esta pelí­cu­la es de aqué­llas que ade­más de su cali­dad reúne los ele­men­tos nece­sa­rios para sedu­cir a la audien­cia que fácil­men­te se iden­ti­fi­ca ple­na­men­te con sus caris­má­ti­cos per­so­na­jes cen­tra­les; eso es tam­bién debi­do a que su con­te­ni­do reper­cu­te uni­ver­sal­men­te al ana­li­zar las cri­sis que pue­den acon­te­cer en la dia­ria con­vi­ven­cia de una rela­ción conyugal.

MARRIA­GE STORY

Once Upon a Time…in Holly­wood (Esta­dos Uni­dos) 

En su nove­na pelí­cu­la Quen­tin Taran­tino rati­fi­ca una vez más su sol­ven­cia de gran cineas­ta y uno de los mejo­res den­tro del con­tex­to inter­na­cio­nal. Mez­clan­do ade­cua­da­men­te dis­tin­tos géne­ros ‑come­dia pop, dra­ma, wes­tern, acción, vio­len­cia y sus­pen­so– el rea­li­za­dor home­na­jea a la tele­vi­sión de fina­les de los años 50 e ini­cios de la déca­da del 60 como igual­men­te a un cine que ya no exis­te más; en tal sen­ti­do, su gran pasión por el sép­ti­mo arte que­da evi­den­cia­da a tra­vés de múl­ti­ples refe­ren­cias ciné­fi­las. La inter­pre­ta­ción de Brad Pitt y Leo­nar­do DiCa­prio es uno de los fac­to­res que valo­ri­zan al film; a ello se agre­gan la irre­pro­cha­ble repro­duc­ción de épo­ca y la mag­ní­fi­ca ban­da sono­ra incor­po­ran­do una vein­te­na de temas musi­ca­les de ese perío­do. Con todo, lo más des­ta­ca­ble es la pues­ta escé­ni­ca de Taran­tino y los sabro­sos diá­lo­gos vol­ca­dos en su guión en el mar­co de un espec­tácu­lo alta­men­te entretenido.

ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD

Para­si­te (Corea del Sur)

Con­fir­man­do su repu­tación de ser uno de los más impor­tan­tes direc­to­res asiá­ti­cos, con gran maes­tría Bong Joon-ho enfo­ca el tema de la des­igual­dad social impe­ran­te en su país; es así que se apre­cia una sagaz metá­fo­ra sobre la frac­tu­ra exis­ten­te entre los pobres mise­ra­bles des­crip­tos por el rea­li­za­dor y los inte­gran­tes de las cla­ses pudien­tes, don­de unos mutua­men­te con­si­de­ran a los otros pará­si­tos de la socie­dad. El resul­ta­do final es una exce­len­te pelí­cu­la don­de lo expues­to por el cineas­ta no es exclu­si­vo de Corea del Sur en la medi­da que la lucha de cla­ses adquie­re dimen­sión universal.

PARA­SI­TE

Soleils Noirs (Cana­dá) 

Aquí se pre­sen­cia un remar­ca­ble y lace­ran­te docu­men­tal don­de el direc­tor cana­dien­se Julien Elie ilus­tra el lado lúgu­bre de Méxi­co. Comen­zan­do por Ciu­dad Juá­rez y visi­tan­do pos­te­rior­men­te la capi­tal azte­ca, Eca­te­pec, Vera­cruz, Tamau­li­pas y Gue­rre­ro, a tra­vés de los tes­ti­mo­nios reco­gi­dos que­dan evi­den­cia­dos la des­apa­ri­ción, tor­tu­ra y femi­ni­ci­dio de muje­res, la vio­len­cia ejer­ci­da con­tra perio­dis­tas y acti­vis­tas socia­les, den­tro del mar­co del trá­fi­co ile­gal de dro­gas, don­de las auto­ri­da­des pro­te­gen a los res­pon­sa­bles o bien per­ma­ne­cen indi­fe­ren­tes. Afor­tu­na­da­men­te, la ver­dad comien­za a aflo­rar len­ta­men­te con la espe­ran­za de que esta tra­ge­dia lle­gue a su fin.

SOLEILS NOIRS

The Fare­well (Esta­dos Unidos-China)

Ins­pi­ra­da en situa­cio­nes que per­so­nal­men­te vivió, la direc­to­ra Lulu Wang esbo­zó una agri­dul­ce come­dia dra­má­ti­ca que infun­de amor y ter­nu­ra. Cuan­do los fami­lia­res de una entra­ña­ble ancia­na abue­la que vive en Chi­na se ente­ran que sufre de un cán­cer ter­mi­nal, ellos via­jan hacia don­de ella resi­de para una des­pe­di­da final aun­que ocul­tán­do­le la ver­dad. A pesar de su som­brío tras­fon­do Wang evi­ta caer en la tram­pa de ofre­cer un exa­cer­ba­do melo­dra­ma así como tam­po­co ape­la a la far­sa. Por el con­tra­rio, adop­tan­do un bajo per­fil la direc­to­ra equi­li­bra entre son­ri­sas y penas un deli­ca­do film que refle­ja abso­lu­ta auten­ti­ci­dad gra­cias a la mag­ní­fi­ca pres­ta­ción de los acto­res que inte­gran su reparto.

THE FARE­WELL

The Irish­man (Esta­dos Uni­dos) 

Mar­tin Scor­ce­se, el más impor­tan­te rea­li­za­dor vivien­te de Esta­dos Uni­dos, depa­ra un impac­tan­te dra­ma des­cri­bien­do una his­to­ria real de gangs­ters ame­ri­ca­nos que comien­za en los años 50 y se extien­de a lo lar­go de 4 déca­das. No es la pri­me­ra vez que el direc­tor abor­da esta temá­ti­ca y al vol­ver a hacer­lo se esme­ra efec­tuan­do una narra­ción flui­da en un den­so rela­to de tres horas y media de metra­je cuya aten­ción en nin­gún momen­to decae. Eso en gran par­te se debe al magis­tral trío de acto­res como lo son Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pes­ci carac­te­ri­zan­do los per­so­na­jes cen­tra­les. Con esta épi­ca saga Scor­ce­se brin­da una mag­ní­fi­ca lec­ción de cine don­de nin­gún deta­lle ha sido des­cui­da­do; la irre­pro­cha­ble ilus­tra­ción resal­ta las ten­sio­nes sus­ci­ta­das entre los líde­res mafio­sos, los con­flic­tos emer­gen­tes en mate­ria de leal­tad, con­fian­za, amis­tad y trai­ción así como la vin­cu­la­ción del cri­men orga­ni­za­do con el esta­men­to polí­ti­co de Esta­dos Uni­dos en la déca­da del 60. En esen­cia, aquí se apre­cia una obra maes­tra que con el tiem­po será valo­ra­da como uno de los gran­des clá­si­cos del sép­ti­mo arte.

THE IRISH­MAN

The Two Popes (Esta­dos Uni­dos-Gran Bretaña-Italia-Argentina)

El cineas­ta bra­si­le­ño Fer­nan­do Mei­re­lles se supera a sí mis­mo en esta pal­pi­tan­te come­dia dra­má­ti­ca retra­tan­do a dos per­so­nas que han teni­do la opor­tu­ni­dad de lide­rar la Igle­sia Cató­li­ca Agra­cia­do con una impor­tan­te docu­men­ta­ción de archi­vos pro­vis­ta por el Vati­cano y con un valio­so guión pre­pa­ra­do por Anthony McCar­ten, Mei­re­lles enfo­ca el encuen­tro del car­de­nal Jor­ge Ber­go­glio (Jonathan Pry­ce) con el Papa Bene­dic­to XVI (Anthony Hop­kins) en la resi­den­cia vera­nie­ga de Cas­tel Gan­dol­fo pocos meses antes de su renun­cia, has­ta la asun­ción del nue­vo pon­tí­fi­ce en mar­zo de 2013. En esta pie­za de cáma­ra prác­ti­ca­men­te domi­na­da por Hop­kins y Pry­ce, ambos se lucen a tra­vés de un due­lo acto­ral de gigan­tes­cos tita­nes; mien­tras que el vete­rano actor bri­tá­ni­co ofre­ce una sem­blan­za exce­len­te de la per­so­na­li­dad del ger­mano Joseph Ratzin­ger, Pry­ce des­ti­la cali­dez, humor y gran huma­ni­dad que pre­ci­sa­men­te son los ras­gos carac­te­rís­ti­cos del actual Papa Fran­cis­co, gran apa­sio­na­do del fút­bol y aman­te del tango.

Si bien el rela­to es de fic­ción, mucho de lo que ocu­rre en el mis­mo tie­ne visos de lo que real­men­te acon­te­ció, como lo es por ejem­plo el cón­cla­ve que cele­bra el Cole­gio Car­de­na­li­cio para pro­ce­der a la elec­ción de un nue­vo pon­tí­fi­ce, por pri­me­ra vez expues­to en el cine. A todo ello se agre­ga los exce­len­tes dise­ños de pro­duc­ción y una repro­duc­ción inme­jo­ra­ble de la Capi­lla Six­ti­na como una de las mues­tras del esplen­do­ro­so Vaticano.

THE TWO POPES