OSCAR 2020 (COR­TO­ME­TRA­JES DE FIC­CIÓN NOMINADOS)

OSCAR 2020 (COR­TO­ME­TRA­JES DE FIC­CIÓN NOMINADOS)

El escán­da­lo en un orfa­na­to, la pro­ble­má­ti­ca rela­ción paterno-filial, el amor por el fút­bol, la vio­len­cia de la mujer y el víncu­lo enta­bla­do entre veci­nos, son los tópi­cos que abor­dan los cin­co cor­to­me­tra­jes de fic­ción nomi­na­dos para el Oscar 2020 que a con­ti­nua­ción se comenta.

Saria. Esta­dos Unidos-Guatemala

El direc­tor y guio­nis­ta ame­ri­cano Bryan Buc­kle rela­ta un tris­te epi­so­dio acae­ci­do en Gua­te­ma­la el 8 de mar­zo de 2017. La acción se desa­rro­lla en el Hogar Segu­ro Vir­gen de la Asun­ción del país cen­tro­ame­ri­cano enfo­can­do a dos her­ma­nas huér­fa­nas, SarIa (Este­fa­nía Tellez) de 12 años y Xime­na (Gabrie­la Ramí­rez) dos años mayor quie­nes están uni­das por un sóli­do lazo fra­ter­nal. Si bien el lugar en que habi­tan debe­ría cons­ti­tuir un hogar segu­ro y pro­tec­tor para quie­nes allí con­vi­ven, la reali­dad demues­tra lo con­tra­rio, en la medi­da que las inter­nas son obje­to de abu­sos físi­cos y emo­cio­na­les come­ti­dos por las auto­ri­da­des de la ins­ti­tu­ción. A fin de sobre­vi­vir, las her­ma­nas jun­to con otras com­pa­ñe­ras urden un plan para esca­par y soñar con la posi­bi­li­dad de ini­ciar una nue­va vida en Esta­dos Uni­dos; sin embar­go nada resul­ta­rá de acuer­do a lo pre­vis­to al pro­du­cir­se una tra­ge­dia oca­sio­na­da por un incen­dio que cobró la vida de 41 niñas y adolescentes.

Aun­que es difí­cil con­den­sar la his­to­ria pro­pues­ta en 23 minu­tos de dura­ción, lo cier­to es que el guión no per­mi­te una narra­ti­va que lle­gue a con­mo­ver a pesar de la bue­na inter­pre­ta­ción de sus pro­ta­go­nis­tas. En todo caso, tal como está, el cor­to es alec­cio­na­dor en su pro­pó­si­to de denun­ciar el trá­gi­co inci­den­te ocu­rri­do en este des­gra­cia­do alber­gue de menores.

Brotherhood. Túnez-Cana­dá

Este cor­to­me­tra­je de Mer­yam Joo­beur, que ha reci­bi­do nume­ro­sos pre­mios inter­na­cio­na­les, con­si­de­ra el impac­to de la gue­rra de Siria en el seno de una fami­lia cam­pe­si­na de Túnez. Moha­med (Moha­med Gra­yaa) es un pas­tor de media­na edad cui­dan­do de su reba­ño y vivien­do en una zona rural jun­to a su mujer (Salha Nas­raoui) y dos de sus hijos (Cha­ker Mecher­gui y Raye­ne Mecher­gui). La armo­nía fami­liar se alte­ra cuan­do Malek (Malek Mecher­gui), el hijo mayor, regre­sa de Siria años des­pués de haber deja­do a su fami­lia para aban­de­rar­se con el Esta­do Islá­mi­co; ese retorno pro­du­ce en Moha­med un sen­ti­mien­to de pro­fun­da con­mo­ción en la medi­da que resien­te a su hijo por haber aban­do­na­do el hogar para ser­vir a una orga­ni­za­ción terro­ris­ta. La situa­ción se com­pli­ca más dado que Malek lle­ga acom­pa­ña­do de su mujer musul­ma­na (Jas­min Yazid) en esta­do de emba­ra­zo y que man­tie­ne su ros­tro ente­ra­men­te cubier­to con el nicab. El tema cen­tral del film resi­de en la mar­ca­da ten­sión exis­ten­te entre Malek y su hijo desean­do que él y su nue­ra no per­ma­nez­can en el hogar.

Con genui­nas actua­cio­nes y una estu­pen­da foto­gra­fía de Vin­cent Gon­ne­vi­lle, la direc­to­ra logra un cor­to impac­tan­te demos­tran­do cómo el fun­da­men­ta­lis­mo reli­gio­so pue­de afec­tar la diná­mi­ca fami­liar cen­tran­do su aten­ción en los con­flic­tos mora­les por los que atra­vie­sa Moha­med como su patriar­ca.. Lo más impre­sio­nan­te del rela­to es el cli­max emo­cio­nal­men­te des­ga­rra­dor que acon­te­ce en su des­en­la­ce y que no con­vie­ne revelar.

Nef­ta Foot­ball Club. Fran­cia

El gran entu­sias­mo por el fút­bol lle­ga has­ta los rin­co­nes más recón­di­tos y pobres del pla­ne­ta; eso es lo que se con­tem­pla en este cor­to de Yves Platt que ubi­ca la acción en Nef­ta, un pue­blo ubi­ca­do al oes­te de Túnez. Alli viven Moha­med (Elta­yef Dhaoui) y su her­mano menor Abda­llah (Moha­med Ali Ava­ri), dos humil­des jóve­nes que aun­que com­ple­ta­men­te dis­tin­tos en per­so­na­li­dad, guar­dan la mis­ma pasión por este depor­te, lo que los man­tie­ne uni­dos. La vida nor­mal se inte­rrum­pe cuan­do atra­ve­san­do el desier­to ambos se topan con un burro que lle­va auri­cu­la­res en las ore­jas y por­tan­do en su espal­da bol­sas lle­nas de pol­vo blan­co que en reali­dad se tra­ta de dro­gas; a tra­vés de ese encuen­tro surrea­lis­ta, Moha­med pien­sa lucrar con el con­te­ni­do de ese hallaz­go, en tan­to que Abda­llah cree que ese pol­vo podrá ser de buen uso para la can­cha del pue­blo en don­de se jue­ga el popu­lar deporte..

Basa­do en su pro­pia expe­rien­cia de infan­cia aun­que den­tro de un mar­co cul­tu­ral dife­ren­te, el rea­li­za­dor ha logra­do en esca­sos 17 minu­tos una come­dia ple­na de gra­cia y encan­to ade­más de un des­en­la­ce ines­pe­ra­do que con­quis­ta de inme­dia­to la sim­pa­tía del espectador.

Une Soeur / A Sis­ter. Bél­gi­ca

La rea­li­za­do­ra Delphi­ne Girard ha logra­do un cor­to con­ci­sa­men­te narra­do que gene­ra un sus­pen­so que no decae en momen­to alguno. Su tra­ma trans­cu­rre en un auto­mó­vil que tran­si­ta por una carre­te­ra en medio de la noche; allí via­ja Alie (Sel­ma Alaoui) quien se sien­te ame­na­za­da por el con­duc­tor del vehícu­lo (Gui­llau­me Duhes­me), eso la impul­sa a uti­li­zar su celu­lar y comu­ni­car­se con el 911 a fin de soli­ci­tar ayu­da, hacien­do creer a su acom­pa­ñan­te que está hablan­do con su her­ma­na. El inge­nio­so guión gene­ra al prin­ci­pio un diá­lo­go de sor­dos entre Alie y la ope­ra­do­ra del cen­tro de emer­gen­cia (Vee­rie Bae­tens) has­ta que ésta últi­ma lle­ga a cap­tar cap­tar que quien la lla­ma se encuen­tra en serio peli­gro y requie­re ser soco­rri­da. La ten­sión alcan­za su máxi­mo nivel cuan­do el con­duc­tor sos­pe­cha que algo anor­mal acon­te­ce. En esca­sos 16 minu­tos, la direc­to­ra igual­men­te res­pon­sa­ble del guión brin­da un remar­ca­ble thri­ller psi­co­ló­gi­co que indi­rec­ta­men­te refle­ja la vio­len­cia a la que gene­ral­men­te están expues­tas las mujeres.

The Neigh­bors Win­dow. Esta­dos Unidos

Aun­que en prin­ci­pio uno cree­ría asis­tir a un cor­to emu­lan­do a Rear Win­dow de Alfred Hitch­cock, este rela­to de Marshall Curry no enfa­ti­za el sus­pen­so sino más bien se cen­tra en la noción de lo que el dicho inglés expre­sa “the grass is gree­ner on the other side”, impli­can­do que lo que el ajeno tie­ne es siem­pre mejor que lo que uno dis­po­ne. Eso que­da ejem­pli­fi­ca­do en el matri­mo­nio neo­yor­kino de Ally y Jacob (Maria Diz­zia y Greg Keller), padres de dos hijos peque­ños y un bebé, quie­nes un buen día avi­zo­ran, a tra­vés de la ven­ta­na del depar­ta­men­to en que viven, cómo una pare­ja joven veci­na (Julia­na Can­fi­eld y Bret Lada) que habi­ta en el edi­fi­cio de enfren­te dis­fru­ta de una apa­sio­na­da rela­ción sexual. Con el paso del tiem­po, pro­veí­da de bino­cu­la­res Ally sigue man­te­nien­do la curio­si­dad sobre sus veci­nos hacién­do­le pre­su­mir que ellos expe­ri­men­tan una vida más dicho­sa que la suya; ese hecho la impul­sa a revi­sar su pro­pio víncu­lo con­yu­gal que comien­za a evi­den­ciar sín­to­mas de ruti­na. Sin embar­go un ines­pe­ra­do acon­te­ci­mien­to dra­má­ti­co demos­tra­rá que no es oro todo lo que relu­ce. Narra­do de mane­ra impe­ca­ble, el exce­len­te guión del rea­li­za­dor uni­do a con­vin­cen­tes inter­pre­ta­cio­nes per­mi­te que el públi­co asis­ta a una agri­dul­ce y con­mo­ve­do­ra his­to­ria que bien val­dría la pena ver­la con­ver­ti­da en un largometraje.

Falli­da Reu­nión de Familia

FЀTE DE FAMI­LLE. Fran­cia, 2019. Un film de Cedric Kahn

Una vez más el cine fran­cés sigue abor­dan­do el tema de la gran reu­nión de fami­lia en don­de siem­pre sur­ge un fac­tor inquie­tan­te que refle­ja las fisu­ras exis­ten­tes en su seno.

Cathe­ri­ne Deneuve

El rea­li­za­dor Cedric Khan, que tam­bién actúa y es igual­men­te autor del guión escri­to con Fanny Bur­dino y Samuel Doux ubi­ca la acción en una man­sión cam­pes­tre del sur de Fran­cia don­de habi­ta Andrea (Cathe­ri­ne Deneu­ve), jun­to con su segun­do mari­do Jean (Alain Artur) y la ado­les­cen­te nie­ta Emma (Lua­na Baj­ra­mi). Los miem­bros de la fami­lia se apres­tan a cele­brar el cum­plea­ños de Andrea; entre los mis­mos están Vin­cent (Kahn), uno de los hijos, jun­to a su mujer Marie (Lae­ti­tia Colom­bay) y sus dos vás­ta­gos; tam­bién se hacen pre­sen­te Romain (Vin­cent Macaig­ne) quien lle­ga con Rosi­ta (Isa­bel Aime Gon­zá­lez-Sola), su nue­va pare­ja, al igual que Julien (Joshua Rosi­net), el ami­go de Emma.

Todo está dis­pues­to para el ága­pe con el cual Andrea anhe­la que su cum­plea­ños cons­ti­tu­ya una razón para que todos lo fes­te­jen de mane­ra dicho­sa. Cla­ro está que los bue­nos deseos no siem­pre se cum­plen; así ella no pue­de evi­tar los roces exis­ten­tes entre sus dos hijos don­de Vin­cent, indi­vi­duo res­pon­sa­ble como padre de fami­lia y empe­der­ni­do tra­ba­ja­dor, con­tras­ta con la per­so­na­li­dad de Romain, un bohe­mio des­ocu­pa­do y un pre­su­mi­ble artis­ta que cri­ti­ca a su her­mano bur­gués y que para esta oca­sión insis­te en fil­mar con su cáma­ra el desa­rro­llo del fes­te­jo. Con todo, el ele­men­to per­tur­ba­dor que pro­vo­ca la des­ar­mo­nía de la reu­nión es la lle­ga­da ines­pe­ra­da de Clai­re (Emma­nue­lle Ber­cot), la hija menor de Andrea y de su difun­to padre a la vez que la mamá de Emma, quien hace 3 años par­tió a Esta­dos Uni­dos sin man­te­ner con­tac­to con los suyos. El moti­vo que la trae de retorno es recla­mar como heren­cia de su padre la par­te que le corres­pon­de del valor de la man­sión; a todo ello, su ines­ta­bi­li­dad men­tal por su bipo­la­ri­dad la indu­ce a reve­lar algu­nos tra­pos sucios de la fami­lia a la vez que demues­tra un pro­fun­do resen­ti­mien­to hacia su madre por razo­nes no del todo injus­ti­fi­ca­das; ade­más, en su frá­gil esta­do emo­cio­nal no pue­de ocul­tar un sen­ti­mien­to racis­ta que va diri­gi­do al ami­go negro de Emma.

Den­tro del mar­co ilus­tra­do, esta come­dia dra­má­ti­ca no agre­ga nada nue­vo a lo ya vis­to en el cine acer­ca de las dis­cor­dias que pue­den gene­rar­se en la diná­mi­ca fami­liar cuan­do sus inte­gran­tes se reúnen. No obs­tan­te, en este caso la pelí­cu­la es apre­cia­da por la ele­gan­cia emplea­da en la narra­ción de Kahn, la muy bue­na des­crip­ción de sus per­so­na­jes como así tam­bién por su impe­ca­ble elen­co en don­de sobre­sa­le la remar­ca­ble actua­ción de Ber­cot.  Jor­ge Gutman

Docu­men­ta­les Nomi­na­dos al Oscar

He aquí el comen­ta­rio de los cin­co docu­men­ta­les nomi­na­dos al Oscar 2020 que será dis­cer­ni­do el 9 de febre­ro. 

Ame­ri­can Fac­tory. Esta­dos Uni­dos, 2019.

Este remar­ca­ble docu­men­tal de Ste­ven Bog­nar y Julia Reichert enfo­ca la difi­cul­tad de poder con­ci­liar la reali­dad social exis­ten­te con la coli­sión que se pro­du­ce entre cul­tu­ras dia­me­tral­men­te diferentes.

El pró­lo­go del film alu­de a la rece­sión de 2008 que afec­tó fuer­te­men­te a la eco­no­mía de Esta­dos Uni­dos pro­vo­can­do el cie­rre de nume­ro­sas empre­sas ame­ri­ca­nas, inclu­yen­do la plan­ta de Gene­ral Motors en Day­ton, esta­do de Ohio. No es nece­sa­rio entrar en deta­lles expli­can­do lo que sig­ni­fi­có para esa comu­ni­dad la pér­di­da de empleos para más de 2000 tra­ba­ja­do­res. Inme­dia­ta­men­te, el rela­to se ubi­ca en 2014 don­de Fuyao, una empre­sa chi­na, abre en Esta­dos Uni­dos una fac­to­ría de para­bri­sas para la indus­tria auto­mo­triz uti­li­zan­do el lugar aban­do­na­do por GM; para quie­nes esta­ban des­em­plea­dos, esa aper­tu­ra impli­có poder dis­po­ner de una impor­tan­te fuen­te de tra­ba­jo. Cla­ro está que en aquel momen­to nadie podía intuir que la eufo­ria ini­cial pos­te­rior­men­te cede­ría paso a una con­si­de­ra­ble ten­sión entre la fuer­za labo­ral ame­ri­ca­na y la cor­po­ra­ción chi­na diri­gi­da por su due­ño Cao Dewang.

Los docu­men­ta­lis­tas tuvie­ron amplio acce­so a la empre­sa para tes­ti­mo­niar lo ocu­rri­do a lo lar­go de los años siguien­tes. Como es bien sabi­do, el com­por­ta­mien­to ame­ri­cano prio­ri­za las con­di­cio­nes de segu­ri­dad y salud así como las jor­na­das de 8 horas con des­can­so para el almuer­zo y la pro­tec­ción de los tra­ba­ja­do­res a tra­vés de un apa­ra­to sin­di­cal. La cul­tu­ra chi­na es dife­ren­te; eso se refle­ja a tra­vés de un sis­te­ma de sumi­sión por par­te del obre­ro, jor­na­das de 12 horas duran­te 6 a 7 días sema­na­les, así como sala­rios sus­tan­cial­men­te infe­rio­res a fin de incre­men­tar al máxi­mo la pro­duc­ti­vi­dad. Esa bre­cha cul­tu­ral se evi­den­cia cuan­do los geren­tes ame­ri­ca­nos efec­túan un via­je a Chi­na y con­tem­plan la rigu­ro­si­dad de las prác­ti­cas labo­ra­les de Fuyao.

La situa­ción impe­ran­te en Day­ton lle­ga a un nivel de tiran­tez máxi­ma cuan­do los obre­ros inten­tan sin­di­ca­li­zar­se y Dewang cla­ra­men­te anti­ci­pa que si eso lle­ga­ra a suce­der cie­rra de inme­dia­to su fábri­ca. Para peor, al no haber logra­do la empre­sa sus metas fija­das de pro­duc­ción e inca­paz de no poder apli­car a los tra­ba­ja­do­res de la sub­si­dia­ria ame­ri­ca­na el méto­do mili­ta­ris­ta emplea­do en Chi­na, se pro­du­ce el des­pi­do de una par­te del per­so­nal obrero.

Ade­más de una temá­ti­ca com­ple­ja y de con­si­de­ra­ble inte­rés, el docu­men­tal está muy bien expues­to per­mi­tien­do que el espec­ta­dor res­pon­da por sí mis­mo acer­ca del dile­ma de hie­rro al que se enfren­ta la mano de obra ame­na­za­da por el des­em­pleo. ¿Es posi­ble vol­ver a la épo­ca de los ini­cios de la revo­lu­ción indus­trial con la explo­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res para sal­var sus pues­tos de tra­ba­jo y acep­tar un aca­ta­mien­to que con­tra­ría los prin­ci­pios de la dig­ni­dad humana?

Cabe seña­lar que este nota­ble docu­men­tal que se encuen­tra dis­po­ni­ble en Net­flix ha sido pro­du­ci­do por Barack Oba­ma y su espo­sa Miche­lle, dos per­so­nas de gran sen­si­bi­li­dad social, quie­nes al final de la narra­ción inter­cam­bian opi­nio­nes con Bog­nar y Reichert.

The Edge of Demo­cracy. Bra­sil, 2019.

Esta pro­duc­ción de Net­flix escri­ta y diri­gi­da por Petra Cos­ta, cuyo títu­lo bra­si­le­ño es Demo­cra­cia em Ver­ti­gen, se cen­tra en el recien­te pasa­do his­tó­ri­co de Bra­sil don­de la demo­cra­cia res­ta­ble­ci­da en mar­zo de 1985 tras la cruel dic­ta­du­ra que azo­tó al país duran­te dos déca­das pare­cie­ra encon­trar­se en un esta­do precario.

Con evi­den­te tris­te­za la direc­to­ra efec­túa un rápi­do recuen­to de aque­llos difí­ci­les años don­de sus padres, deci­di­dos mili­tan­tes de izquier­da, inte­gra­ron el gru­po de opo­si­to­res al gobierno de fac­to y tuvie­ron que man­te­ner­se escon­di­dos para no ser arres­ta­dos y tor­tu­ra­dos como acon­te­ció con algu­nos de sus cama­ra­das. Es allí don­de comien­za a gra­vi­tar la figu­ra de Luiz Inácio Lula da Sil­va (cono­ci­do como Lula) quien como líder del sin­di­ca­to de los obre­ros de la meta­lur­gia fue uno de los orga­ni­za­do­res de las huel­gas que jaquea­ron al régi­men mili­tar al pro­pio tiem­po que con­tri­bu­yó en 1980 a la crea­ción del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (PT). Tras haber opta­do por la pre­si­den­cia en tres opor­tu­ni­da­des final­men­te resul­ta ven­ce­dor en 2002.

Lula gozó de una extra­or­di­na­ria popu­la­ri­dad duran­te su man­da­to al haber res­ca­ta­do a más de 20 millo­nes de tra­ba­ja­do­res de la pobre­za y es así que al con­cluir su ges­tión en 2010 logra un record de apro­ba­ción de 80 %. Nadie podía ima­gi­nar qué es lo que pasa­ría pocos años después.

Una suce­sión de even­tos que sal­pi­ca­ron la pre­si­den­cia de su suce­so­ra Dil­ma Rou­seff con­du­ce a defe­nes­trar al PT, acu­sa­do de haber sido finan­cia­do en las cam­pa­ñas elec­to­ra­les por la pode­ro­sa empre­sa Petro­brás y otras más. A todo ello, Lula fue incri­mi­na­do por supues­ta­men­te haber reci­bi­do como coima un lujo­so depar­ta­men­to en Gua­ru­já aun­que no exis­te prue­ba algu­na de seme­jan­te acción. Sin fun­da­men­tos reales ni evi­den­cias pre­ci­sas el resul­ta­do de dichas manio­bras polí­ti­cas impul­sa al sena­do de Bra­sil a des­ti­tuir a Rou­seff como pre­si­den­ta de Bra­sil en agos­to de 2016 y que Lula fue­se sen­ten­cia­do a 9 años y medio de pri­sión, hecho que comen­zó a cum­plir­lo en 2018, aun­que que­dó libe­ra­do en noviem­bre de 2019 sin que el docu­men­tal lo seña­le por­que fue rea­li­za­do con ante­la­ción a esa fecha.

A tra­vés de entre­vis­tas rea­li­za­das y valién­do­se de impor­tan­te mate­rial de archi­vo, Cos­ta ofre­ce una narra­ción sobria y bien estruc­tu­ra­da que adop­ta el tono de un thri­ller polí­ti­co. Lo que tras­lu­ce es el cues­tio­na­mien­to de la direc­to­ra con res­pec­to a una demo­cra­cia polí­ti­ca­men­te dis­tor­sio­na­da que ha con­du­ci­do a su país hacia un gobierno de dere­cha, extre­ma­da­men­te con­ser­va­dor, que se encuen­tra en las antí­po­das de la ideo­lo­gía sus­ten­ta­da por el PT. Que­da por ver cuál será el des­tino que aguar­da a Bra­sil con una demo­cra­cia, que alu­dien­do al títu­lo del docu­men­tal, se encuen­tra en vértigo.

Honey­land. Repú­bli­ca de Mace­do­nia, 2019

Un film pro­ve­nien­te de Mace­do­nia resul­ta poco fre­cuen­te y mucho menos lo es que haya sido nomi­na­do por la Aca­de­mia de Holly­wood como mejor docu­men­tal e igual­men­te como mejor film inter­na­cio­nal com­pi­tien­do con Para­si­te, Dolor y Glo­ria, Les Misé­ra­bles y Cor­pus Chris­ti.

Con nota­ble sen­ci­llez los rea­li­za­do­res Tama­ra Kotevs­ka y Lju­bo­mir Ste­fa­nov enfo­can a Hatid­ze, una humil­de api­cul­to­ra de media­na edad resi­dien­do ais­la­da­men­te en una peque­ña gran­ja de una aban­do­na­da aldea ‑sin luz ni agua corrien­te- no muy ale­ja­da de Skop­je, la capi­tal de Mace­do­nia. Su acti­vi­dad con­sis­te en extraer la miel de una colo­nia de abe­jas situa­da en una grie­ta; con la ven­ta rea­li­za­da en el mer­ca­do de la ciu­dad logra sub­ve­nir a sus nece­si­da­des. Sin que su vida sea idí­li­ca, ella se sien­te satis­fe­cha con lo que hace y con­ser­van­do una son­ri­sa en su ros­tro dedi­ca su aten­ción al cui­da­do de su madre enfer­ma y pos­tra­da en cama a quien la ali­men­ta con miel.

El nudo dra­má­ti­co se pro­du­ce con la lle­ga­da al lugar de Hus­sein con su espo­sa y sie­te hijos jun­to con un tro­pel de gana­do. Cuan­do el nóma­de indi­vi­duo entra en con­tac­to con Hatid­ze, quien reci­be cor­dial­men­te a su nume­ro­sa fami­lia, deci­de que­dar­se en el lugar y explo­tar tam­bién la api­cul­tu­ra. Sin embar­go, al hacer­lo sin res­pe­tar las reglas de jue­go esta­ble­ci­das, crea una situa­ción con­flic­ti­va con Hatid­ze al hacer peli­grar a sus abe­jas, que­bran­do el ambien­tal equi­li­brio armo­nio­so que exis­tía has­ta ese entonces.

Den­tro de un esti­lo de cine reali­dad, este docu­men­tal mag­ní­fi­ca­men­te rea­li­za­do trans­por­ta al espec­ta­dor a un mun­do rural poco fre­cuen­ta­do, tes­ti­mo­nian­do un modo de vida sin­gu­lar y fas­ci­nan­te que len­ta­men­te va desapareciendo.

The Cave. Siria-Dina­mar­ca-Ale­ma­nia-Esta­dos Uni­dos-Qatar, 2018.

Este impre­sio­nan­te docu­men­tal de Feras Fay­yad que fue fil­ma­do des­de 2016 has­ta 2018, sacu­de y emo­cio­na al pro­pio tiem­po expo­nien­do los estra­gos de la des­gra­cia­da gue­rra siria que des­de hace ocho años estre­me­ce a los habi­tan­tes de este país del Medio Oriente.

Des­pués de que su film Last Men in Alep­po fue pre­mia­do en el fes­ti­val de Sun­dan­ce de 2017 reci­bien­do mere­ci­dos elo­gios por su enfo­que huma­ni­ta­rio en la sitia­da ciu­dad de Alep­po, el docu­men­ta­lis­ta sirio retor­na a su país natal para cen­trar su aten­ción en la igual­men­te devas­ta­do­ra ciu­dad de Ghou­ta ase­dia­da por los ince­san­tes bom­bar­deos del régi­men de Bashar al-Assad y sus alia­dos forá­neos. Con todo, a modo de rela­ti­vo solaz, el rea­li­za­dor expo­ne aquí la altruis­ta labor de la remar­ca­ble pedia­tra Ama­ni Ballour quien lide­ra un equi­po de tra­ba­jo en un hos­pi­tal sub­te­rrá­neo que con su red de secre­tos túne­les real­men­te se ase­me­ja a una caver­na al que alu­de el títu­lo del film.

Sin per­tur­bar la abne­ga­da labor que rea­li­za la doc­to­ra Ballour, la cáma­ra de Fay­yad sigue sus pasos quien con resuel­ta deter­mi­na­ción demues­tra su for­ta­le­za y ener­gía aten­dien­do a los pacien­tes que inclu­yen a niños heri­dos; en su dia­rio tra­ji­nar ella se ve obli­ga­da a supe­rar las con­tin­gen­cias ori­gi­na­das por la esca­sez de medi­ci­na apro­pia­da y la difi­cul­to­sa pro­vi­sión de ali­men­tos. Para agre­gar más leña al fue­go, esta heroí­na se enfren­ta con el odio­so machis­mo impe­ran­te hacién­do­le ver que su labor como mujer debe ser rea­li­za­da en su hogar y no en el hos­pi­tal. En todo caso, eso no la ami­la­na para pro­se­guir ope­ran­do con tena­ci­dad y sin per­der, a pesar de todo, el buen sen­ti­do del humor.

Aun­que los medios de difu­sión han dado cuen­ta de lo que ocu­rre en esa des­afor­tu­na­da región del mun­do, este duro docu­men­tal impo­si­bi­li­ta dejar indi­fe­ren­te a quien lo con­tem­pla. Esta remar­ca­ble pelí­cu­la deja como últi­ma impre­sión la dedi­ca­ción, cama­ra­de­ría y soli­da­ri­dad impe­ran­te en este valio­so gru­po hos­pi­ta­la­rio que rea­li­zan­do una excep­cio­nal tarea des­ta­ca lo más valio­so que pue­de emer­ger del géne­ro humano.

For Sama. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2019.

Por rara coin­ci­den­cia este film temá­ti­ca­men­te está aso­cia­do a The Cave ya que tam­bién abor­da la gue­rra civil que enlu­ta a Siria. Con la direc­ción del docu­men­ta­lis­ta bri­tá­ni­co Edward Watts y la joven perio­dis­ta y acti­vis­ta siria Waad al-Kateab, el film se cen­tra en las vici­si­tu­des que la rea­li­za­do­ra vivió duran­te los años de per­ma­nen­cia en Alepo.

Sien­do en 2012 estu­dian­te uni­ver­si­ta­ria de mar­ke­ting, ella par­ti­ci­pa en las pro­tes­tas con­tra el opro­bio régi­men de Bashar al-Assad. Por impe­rio de las cir­cuns­tan­cias se vuel­ve docu­men­ta­lis­ta cap­tan­do con su cáma­ra, las mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta de la pobla­ción así como las atro­ci­da­des que el régi­men come­te. Cuan­do en 2016, la ciu­dad es bom­bar­dea­da bru­tal­men­te, ella ya casa­da con Ham­za, su mari­do médi­co, da luz a Sama en medio de esa cruel reali­dad, deci­dien­do des­ti­nar lo fil­ma­do a su hijita.

En la medi­da que ya prác­ti­ca­men­te no exis­ten cen­tros hos­pi­ta­la­rios, Ham­za esta­ble­ce un hos­pi­tal en for­ma volun­ta­ria que a la vez cons­ti­tu­ye su hogar don­de con la cola­bo­ra­ción de su espo­sa, atien­de a los nume­ro­sos heri­dos y mori­bun­dos; la vibran­te cáma­ra de la direc­to­ra va refle­jan­do lo que acon­te­ce tan­to inter­na­men­te como en las calles que rodean al lugar don­de viven.

Den­tro de este luc­tuo­so pano­ra­ma, hay dos momen­tos pro­fun­da­men­te con­mo­ve­do­res; en uno de ellos la cáma­ra enfo­ca al abne­ga­do médi­co quien con­ver­ti­do en obs­te­tra remue­ve un bebé apa­ren­te­men­te muer­to del úte­ro de su madre para lle­gar a revi­vir­lo mila­gro­sa­men­te; en otra secuen­cia, dos chi­cos obser­van cómo resul­ta impo­si­ble resu­ci­tar al her­ma­ni­to sacu­di­do por un bombardeo.

Si bien el matri­mo­nio pro­cu­ra con­lle­var una vida nor­mal en el mar­co de una ciu­dad com­ple­ta­men­te devas­ta­da, tra­tan­do de sal­va­guar­dar a Sama y con la espe­ra de un segun­do hijo en camino la fami­lia deci­de dejar Ale­po y par­tir a Gran Bre­ta­ña. En la actua­li­dad al-Kateab, resi­de en Lon­dres, don­de tra­ba­ja como docu­men­ta­lis­ta para el Canal 4.

Que­da como tes­ti­mo­nio un remar­ca­ble docu­men­tal, atroz­men­te dolo­ro­so y valien­te, demos­tran­do la resi­lien­cia de una fami­lia para sobre­vi­vir en un medio infernal.
Jor­ge Gutman

Mere­ci­da Meda­lla de Honor

THE LAST FULL MEA­SU­RE.  Esta­dos Uni­dos, 2019. Un film escri­to y diri­gi­do por Todd Robinson

La gue­rra de Viet­nam cons­ti­tu­ye una pági­na negra en la his­to­ria de Esta­dos Uni­dos a la vez que un lega­do ver­gon­zo­so para la huma­ni­dad. Pero es impor­tan­te des­lin­dar la res­pon­sa­bi­li­dad de jóve­nes mucha­chos quie­nes obli­ga­da­men­te tuvie­ron que par­ti­ci­par en el con­flic­to béli­co don­de cer­ca de 60 mil sol­da­dos ofren­da­ron su vida.

Den­tro de ese tris­te pano­ra­ma muchos de estos reclu­tas demos­tra­ron una increí­ble soli­da­ri­dad arries­gan­do la vida para sal­var a sus cama­ra­das de com­ba­te; uno de ellos ha sido William H. Pitsen­bar­ger (apo­da­do “Pits”) de 21 años, quien como exper­to para­cai­dis­ta de la fuer­za aérea de Esta­dos Uni­dos, des­cen­dien­do por cable de un heli­cóp­te­ro el 11 de abril de 1966 res­ca­tó a nue­ve mari­nes sitia­dos en ple­na jun­gla de Viet­nam domi­na­da por el Viet­cong; habien­do deci­di­do per­ma­ne­cer en tie­rra para dar asis­ten­cia a los sol­da­dos heri­dos, una explo­sión enemi­ga acon­te­ci­da en esa mis­ma jor­na­da aca­bó con su vida. Ese acon­te­ci­mien­to sir­vió de ins­pi­ra­ción al direc­tor Todd Robin­son para rela­tar una his­to­ria exal­tan­do su heroísmo.

Sebas­tian Stan

La acción se desa­rro­lla en 1999 cuan­do Scott Huff­man (Sebas­tian Stan), un per­so­na­je de fic­ción que se desem­pe­ña como fun­cio­na­rio del Pen­tá­gono, es enco­men­da­do para inves­ti­gar las razo­nes por las que la Meda­lla de Honor no le fue otor­ga­da a Pits (Jeremy Iri­vi­ne); duran­te muchos años Tom Tully (William Hurt), su gran ami­go y anti­guo com­pa­ñe­ro de com­ba­te, luchó para que se le con­ce­die­ra a títu­lo pós­tu­mo pero sin haber­lo con­se­gui­do. Para rea­li­zar su tarea Scott entre­vis­ta a Frank (Chris­topher Plum­mer) y Ali­ce (Dia­na Ladd), los padres de Pits. Pos­te­rior­men­te pro­si­gue su misión con­tac­tan­do a otros sobre­vi­vien­tes de la uni­dad de infantería.

Es así que una con­si­de­ra­ble par­te del rela­to es dedi­ca­da a los esfuer­zos rea­li­za­dos por Scott para son­sa­car infor­ma­ción de los vete­ra­nos de gue­rra Billy Tako­da (Samuel L Jack­son), Ray Mott (Ed Harris), Kee­per (John Sava­ge) y Jimmy Burr (Peter Fon­da, en su últi­ma apa­ri­ción); a tra­vés de esos encuen­tros que­da refle­ja­do cómo aún per­sis­ten las heri­das emo­cio­na­les de esta gen­te don­de la ver­güen­za y el dolor expe­ri­men­ta­dos hace difí­cil vol­ver al pasa­do. Simul­tá­nea­men­te, en su labor detec­ti­ves­ca Scott va des­cu­brien­do que exis­tió una cier­ta cons­pi­ra­ción para impe­dir que la con­de­co­ra­ción se concretara.

El rea­li­za­dor, asi­mis­mo res­pon­sa­ble del guión, adop­tó algu­nas licen­cias que no dejan de ser admi­si­bles para rela­tar uno de los dra­má­ti­cos epi­so­dios acon­te­ci­dos en el sal­va­je con­flic­to béli­co de Viet­nam. Si bien su narra­ción en algu­nas ins­tan­cias se tor­na des­igual, sobre todo cuan­do a tra­vés de flash­backs tra­ta de repro­du­cir fugaz­men­te pero sin la nece­sa­ria enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca lo acon­te­ci­do en 1966, en gene­ral logra un film hones­to y con­mo­ve­dor; en tal sen­ti­do, resul­ta emo­ti­vo con­tem­plar el sen­ti­mien­to expe­ri­men­ta­do por Frank quien sufrien­do de un cán­cer ter­mi­nal, anhe­la aún vivir para asis­tir a la cere­mo­nia de con­de­co­ra­ción de su hijo reci­bien­do la Meda­lla de Honor, el más alto galar­dón mili­tar de Esta­dos Uni­dos. La actua­ción del elen­co es otro de los logros del film don­de con­sa­gra­dos acto­res como Plum­mer, Jack­son, Hurt y el falle­ci­do Peter Fon­da, entre otros, rati­fi­can una vez más su con­di­ción de con­su­ma­dos artistas.

Sin adop­tar una acti­tud polí­ti­ca sobre los hechos rese­ña­dos, Robin­son ofre­ce con este dra­ma un mere­ci­do tri­bu­to al arro­jo de un sol­da­do que imbui­do de patrio­tis­mo ofren­dó su vida para sal­var a sus cama­ra­das. Jor­ge Gutman

Inexis­ten­te Clemencia

CLE­MENCY. Esta­dos Uni­dos, 2019. Un film diri­gi­do y escri­to por Chi­non­ye Chukwu

Habien­do obte­ni­do el Gran Pre­mio del Jura­do en el Fes­ti­val de Sun­dan­ce de 2019 ade­más de haber sido acla­ma­da Alfre Woo­dard, la pro­ta­go­nis­ta de Cle­mency, resul­ta extra­ño que en la épo­ca de las nomi­na­cio­nes y pre­mios este film haya pasa­do des­aper­ci­bi­do. En todo caso, lo impor­tan­te es que la direc­to­ra y guio­nis­ta Chi­non­ye Chuk­wu ha rea­li­za­do un sóli­do dra­ma acer­ca de la pena de muerte.

Alfre Woo­dard

El tema, muy pare­ci­do al que se apre­ció en Just Mercy, una vez más cues­tio­na seria­men­te las con­se­cuen­cias de un sis­te­ma legal injus­to; pero aquí el guión de la cineas­ta con­cen­tra su aten­ción en las vici­si­tu­des que atra­vie­sa Ber­na­di­ne Williams (Woo­dard), una mujer que ocu­pa el car­go de direc­to­ra del pabe­llón de una cár­cel que alo­ja a quie­nes han sido con­de­na­dos a la pena capital.

Des­de la pri­me­ra ima­gen se la obser­va reco­rrien­do los pasi­llos del tétri­co corre­dor de la muer­te, pró­xi­ma a inter­ve­nir en los pre­pa­ra­ti­vos fina­les de una eje­cu­ción que se efec­tua­rá a tra­vés de la inyec­ción letal a uno de los incul­pa­dos, el latino Vic­tor Gimé­nez (Alex Cas­ti­llo); des­pués de varios inten­tos fra­ca­sa­dos por par­te del enfer­me­ro para encon­trar­le la vena apro­pia­da en don­de inyec­tar la agu­ja letal, su muer­te final­men­te se pro­du­ce con gri­tos deses­pe­ra­dos del ajusticiado.

Aun­que Ber­na­di­ne man­tie­ne un ros­tro de ace­ro fren­te a lo que acon­te­ce, ese hecho así como las eje­cu­cio­nes pre­sen­cia­das en ante­rio­res opor­tu­ni­da­des están lejos de resul­tar­le indi­fe­ren­te. Casa­da con Jonathan (Wen­dell­Pier­ce), un hom­bre muy ena­mo­ra­do de ella, la rela­ción con­yu­gal se vuel­ve cada vez más dis­tan­te dado que él no pue­de iden­ti­fi­car­se con Ber­na­di­ne en la medi­da que ella per­sis­te tra­ba­jar en una pro­fe­sión que emo­cio­nal­men­te la lle­va a pade­cer de insom­nio y des­agra­da­bles pesa­di­llas duran­te la noche. Sin embar­go para la direc­to­ra su tra­ba­jo es pri­mor­dial tra­tan­do de cum­plir­lo con máxi­ma res­pon­sa­bi­li­dad; para ate­nuar su ten­sión inte­rior des­pués de la jor­na­da habi­tual acu­de a un bar acom­pa­ña­da de uno de sus cole­gas de la pri­sión (Wen­dell Pierce).

Su siguien­te caso es el del con­de­na­do Anthony Woods (Aldis Hod­ge), un afro­ame­ri­cano que injus­ta­men­te ha sido sen­ten­cia­do por haber mata­do 15 años atrás a un ofi­cial de poli­cía duran­te un robo per­pe­tra­do en un alma­cén de comes­ti­bles; su abne­ga­do abo­ga­do defen­sor Marty Lumet­ta (Richard Schiff), con­ven­ci­do de su ino­cen­cia en la medi­da que duran­te su jui­cio fal­ta­ron prue­bas que evi­den­te­men­te demos­tra­sen su cul­pa­bi­li­dad, tra­ta de insu­flar­le esperanzas.

Ber­na­di­ne cum­ple con el buro­crá­ti­co pro­to­co­lo de anti­ci­par­le a Woods el pro­ce­di­mien­to de su eje­cu­ción expli­cán­do­le que será obje­to de tres dosis suce­si­vas de líqui­dos inyec­ta­bles; ade­más le seña­la que pue­de ele­gir el tipo de comi­da que desee para su últi­ma cena, como así tam­bién le pre­gun­ta si tie­ne fami­lia­res que dis­pon­gan de su cadá­ver. Cuan­do lle­ga la hora final, des­de el exte­rior de la pri­sión se escu­chan las mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta voci­fe­ran­do “Yo soy Anthony Woods”, aun­que en nada ayu­da a modi­fi­car la situa­ción. En el inte­rior de la sala de la muer­te se ve al con­de­na­do pos­tra­do en la cami­lla sufi­cien­te­men­te suje­to para su inmo­vi­li­za­ción, rodea­do de la direc­to­ra y del cape­llán de la pri­sión (Michael O’Neill) aguar­dan­do has­ta el últi­mo minu­to el mila­gro de la lla­ma­da tele­fó­ni­ca de la ofi­ci­na del gober­na­dor otor­gan­do cle­men­cia y así poder con­do­nar­le la pena capital.

La actua­ción de Woo­dard es excep­cio­nal tenien­do en cuen­ta que se tra­ta de un rol com­ple­jo y difí­cil de com­po­ner. En un exce­len­te estu­dio de per­so­na­li­dad, ella es la fiel encar­na­ción de una mujer estoi­ca que lucha para pre­ser­var su com­pos­tu­ra y cal­ma exte­rior pero que lle­ga­do un momen­to no pue­de evi­tar que su ros­tro tra­sun­te el remor­di­mien­to y dolor emo­cio­nal en el cum­pli­mien­to de una misión que des­ga­rra su alma. Los res­tan­tes inte­gran­tes del elen­co cum­plen idó­nea­men­te sus res­pec­ti­vos roles.

Chuk­wu que tuvo expe­rien­cia tra­ba­jan­do como volun­ta­ria en varios casos de ape­la­ción de cle­men­cia, brin­da un sóli­do docu­men­to que des­ti­la pro­fun­da huma­ni­dad y com­pa­sión per­mi­tien­do la ple­na iden­ti­fi­ca­ción con sus per­so­na­jes, espe­cial­men­te los de Ber­na­di­ne y Woods.

Un repa­ro menor es la extre­ma­da minu­cio­si­dad de las alter­na­ti­vas que tie­nen lugar en la sala de eje­cu­ción pro­du­cien­do una sen­sa­ción de inquie­tud e inco­mo­di­dad para quie­nes con­tem­plan su desa­rro­llo. Si bien la rea­li­za­do­ra ha desea­do con ello denun­ciar viva­men­te el cruel cas­ti­go de la pena de muer­te, esas esce­nas podrían haber sido acor­ta­das sin menos­ca­bar su espí­ri­tu. En todo caso, esa obje­ción no des­me­re­ce a este remar­ca­ble y pro­fun­do dra­ma, deci­di­da­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman