Una Arries­ga­da Profesión

SOU­TE­RRAIN / UNDER­GROUND. Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Sophie Dupuis. 98 minutos

Des­pués del gran éxi­to obte­ni­do con su ópe­ra pri­ma Chien de Gar­de (2018), la joven direc­to­ra Sophie Dupuis ofre­ce su segun­do opus en Sou­te­rrain, abor­dan­do el tra­ba­jo en las minas de Val d’Or en la pro­vin­cia de Quebec.

El uni­ver­so mine­ro, no muy difun­di­do por el cine, fue obje­to del exce­len­te film The 33 (2015) don­de la direc­to­ra Patri­cia Rig­gen repro­du­jo dra­má­ti­ca­men­te el sal­va­ta­je rea­li­za­do a trein­ta y tres tra­ba­ja­do­res quie­nes tra­ba­jan­do en la mina de oro y cobre de Copia­pó (Chi­le) que­da­ron atra­pa­dos bajo tie­rra y des­co­nec­ta­dos por com­ple­to del mun­do exte­rior. En este caso, aun­que se tra­te de una fic­ción, Sou­te­rrain trans­mi­te la auten­ti­ci­dad de un ver­da­de­ro docu­men­tal sobre ese mun­do tan sin­gu­lar; en par­te, eso es debi­do a que la cineas­ta tuvo la opor­tu­ni­dad de fami­lia­ri­zar­se con las vici­si­tu­des de los mine­ros dado que su padre ha tra­ba­ja­do como tal en esas minas.

Joa­kim Robillard

Con ese esce­na­rio como telón de fon­do el guión de Dupuis rela­ta la vida coti­dia­na de los mine­ros a tra­vés de Maxi­me (Joa­kim Robi­llard), que apa­ren­te­men­te no hay nada que podría empa­ñar su tran­qui­li­dad; rodea­do en su tra­ba­jo de bue­nos cama­ra­das, en su vida per­so­nal expe­ri­men­ta gran ale­gría dado que Andrée (Lau­ren Hartley), su com­pa­ñe­ra, aguar­da un hijo y pron­to lle­ga­rá a ser padre; sin embar­go su dicha se empa­ña cuan­do invo­lun­ta­ria­men­te se pro­du­ce el abor­to espon­tá­neo del feto que ella lle­va­ba en sus entra­ñas. Aun­que no cons­ti­tu­ya el fac­tor cen­tral del rela­to, esa frus­tra­da pater­ni­dad moti­va a que en cier­ta for­ma cues­tio­ne su masculinidad.

Simul­tá­nea­men­te se asis­te a la gran amis­tad de Maxi­me hacia Julien (Théo­do­re Pelle­rin), un joven mine­ro que tra­ba­ja­ba con él pero aho­ra se encuen­tra impo­si­bi­li­ta­do de hacer­lo a cau­sa de un gra­ve acci­den­te que par­cial­men­te le qui­tó el habla ade­más de haber­lo deja­do invá­li­do; eso cau­sa una gran deso­la­ción en Mario (James Hynd­man), el padre del mucha­cho que tam­bién tra­ba­ja en la mina, y de su com­pun­gi­da madre (Chan­tal Fon­tai­ne). Gra­dual­men­te se va reve­lan­do el moti­vo de la ani­mo­si­dad de Mario hacia Maxi­me y la razón por la que éste se preo­cu­pa viva­men­te del esta­do físi­co y emo­cio­nal de Julien.

A todo ello, Dupuis ilus­tra el cli­ma de con­fra­ter­ni­dad exis­ten­te entre los mine­ros mani­fes­ta­do tan­to duran­te las horas de tra­ba­jo como fue­ra de ellas; asi­mis­mo que­da remar­ca­do el espí­ri­tu de soli­da­ri­dad del gru­po, como es el caso del apo­yo brin­da­do a Maxi­me por el sen­ti­mien­to de cul­pa­bi­li­dad que lo car­co­me por razo­nes que el espec­ta­dor se impo­ne al pro­me­diar el relato.

En la media hora final es don­de la his­to­ria alcan­za máxi­ma dra­ma­ti­ci­dad cuan­do a con­se­cuen­cia de una explo­sión pro­du­ci­da en una de las minas, Julien y otros com­pa­ñe­ros acu­den a la tarea de tra­tar de res­ca­tar a los otros cole­gas cuyas vidas peli­gran. Es en esa ins­tan­cia don­de que­da refle­ja­da la sacri­fi­ca­da exis­ten­cia de indi­vi­duos que como medio de vida están suje­tos a una tarea alta­men­te ries­go­sa y poco salu­da­ble al estar tra­ba­jan­do a cien­tos de metros deba­jo de la super­fi­cie terrestre.

Con una bue­na pues­ta escé­ni­ca la cineas­ta obtie­ne un satis­fac­to­rio dra­ma psi­co­ló­gi­co apo­ya­do por el sóli­do elen­co que ha sabi­do con­vo­car, sobre todo en las per­sua­si­vas carac­te­ri­za­cio­nes brin­da­das por Robi­llard, Pelle­rin y Hynd­man; a ello se agre­ga las imá­ge­nes cap­ta­das por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Mathieu Laver­diè­re y la apro­pia­da músi­ca de Patri­ce Dubuc y Gaë­tan Gra­vel aso­cia­da a los momen­tos en que el rela­to adquie­re alta ten­sión. Jor­ge Gutman

La Com­ple­ja Músi­ca Indostaní

THE DIS­CI­PLE. India, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Chai­tan­ya Tamha­ne. 127 minutos

Des­pués de Court (2014), su aplau­di­do pri­mer lar­go­me­tra­je expo­nien­do los veri­cue­tos buro­crá­ti­cos del sis­te­ma judi­cial de la India, el rea­li­za­dor Chai­tan­ya Tamha­ne retor­na con The Dis­ci­ple, que el año pasa­do obtu­vo el pre­mio de mejor guión en el Fes­ti­val de Venecia.

Adit­ya Modak

La acción comien­za en Mum­bai en 2006 don­de Sha­rad (Adit­ya Modak), un joven de 24 años aspi­ra domi­nar la com­ple­ja músi­ca tra­di­cio­nal indos­ta­ní que impe­ra en el sub­con­ti­nen­te indio. Su pasión por la mis­ma pro­vie­ne des­de tem­pra­na edad cuan­do su falle­ci­do padre (Kiran Yadn­yo­pa­vit), sin haber logra­do ser un músi­co pro­fe­sio­nal, le había trans­mi­ti­do la belle­za y sen­ti­mien­to de sus can­ta­das melo­días; su pro­ge­ni­tor lle­gó a apre­ciar­la cuan­do en 1972 asis­tió a las cla­ses de la legen­da­ria voca­lis­ta Maai (Smi­tra Bhave).

El apren­di­za­je for­mal de Sha­rad comien­za al ser acep­ta­do como dis­cí­pu­lo de Guru­ji (Arun Dra­vid), un madu­ro músi­co y can­tan­te gurú, don­de en las cla­ses impar­ti­das tam­bién par­ti­ci­pa un redu­ci­do gru­po de alum­nos. La rela­ción entre el men­tor y su alumno con­fi­gu­ra uno de los aspec­tos salien­tes del rela­to, don­de ade­más de reci­bir las ense­ñan­zas y seve­ras crí­ti­cas de su exi­gen­te maes­tro, Sha­rad como si fue­ra un miem­bro de su fami­lia se ocu­pa de su bien­es­tar personal.

Apro­ve­chan­do las cin­tas gra­ba­das por su padre de las lec­cio­nes reci­bi­das de Maia, Sha­rad las escu­cha asi­dua­men­te tra­tan­do de asi­mi­lar sus con­se­jos y poner­los en prác­ti­ca. Dejan­do de lado otros aspec­tos impor­tan­tes de su vida per­so­nal, de mane­ra obse­si­va vuel­ca todos sus esfuer­zos tra­tan­do de lograr el per­fec­cio­na­mien­to nece­sa­rio en la voca­li­za­ción de esta músi­ca. Su pri­me­ra decep­ción se pro­du­ce en oca­sión de par­ti­ci­par en un con­cur­so de talen­tos sin tener éxi­to. Die­ci­séis años des­pués, a pesar de sus deno­da­dos sacri­fi­cios rea­li­za­dos no ha logra­do la exce­len­cia artís­ti­ca anhe­la­da, en tan­to que como pro­fe­sor de músi­ca a tiem­po par­cial pro­si­gue aten­dien­do al vie­jo Guru­ji que se encuen­tra en deli­ca­do esta­do de salud.

Es muy posi­ble que el labo­rio­so tra­ba­jo de Tamha­ne pon­ga a prue­ba la pacien­cia del espec­ta­dor no fami­lia­ri­za­do con este géne­ro musi­cal que com­bi­nan­do los soni­dos de los ins­tru­men­tos de cuer­da y per­cu­sión con el can­to pue­de lle­gar a irri­tar. Con todo, lo que más tras­cien­de de su rela­to es el estu­dio de per­so­na­li­dad que efec­túa del pro­ta­go­nis­ta muy bien carac­te­ri­za­do por Modak, un artis­ta musi­cal en la vida real aun­que sin expe­rien­cia ante­rior como actor. Él trans­mi­te con gran sen­si­bi­li­dad la cri­sis exis­ten­cial del estoi­co músi­co al no haber con­se­gui­do el per­fec­to domi­nio de esta músi­ca; con todo, defien­de a ultran­za la tra­di­ción musi­cal sin ceder al fácil camino impues­to por las leyes del mer­ca­do pro­mo­cio­nan­do la músi­ca popu­lar de la India a tra­vés de la tele­vi­sión y de las pelí­cu­las de Bollywood.

El rea­li­za­dor pul­sa con muy buen cri­te­rio esta obra poco con­ven­cio­nal pero deci­di­da­men­te efec­ti­va al ilus­trar el sin­gu­lar uni­ver­so de una cul­tu­ra sono­ra prác­ti­ca­men­te des­co­no­ci­da en Occi­den­te. Como resul­ta­do, Tamha­ne sale airo­so del desa­fío al haber logra­do un hones­to e impe­ca­ble rela­to sobre un tópi­co rara­men­te explo­ra­do por la cine­ma­to­gra­fía de su país. Jor­ge Gutman

Poé­ti­ca Fantasía

UNDI­NE. Ale­ma­nia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Chris­tian Petzold. 90 minutos

Cier­ta­men­te Chris­tian Petzold es uno de los más impor­tan­tes rea­li­za­do­res del cine ale­mán don­de algu­nos de sus títu­los como Bar­ba­ra (2012), Phoe­nix (2014) y Transit (2018) han reci­bi­do elo­gio­sos comen­ta­rios crí­ti­cos. Habien­do incur­sio­na­do satis­fac­to­ria­men­te en el géne­ro del melo­dra­ma y en cier­tos casos vin­cu­la­dos con dra­má­ti­cos hechos his­tó­ri­cos acon­te­ci­dos en Ale­ma­nia, su últi­mo tra­ba­jo cons­ti­tu­ye una mues­tra deci­di­da­men­te atí­pi­ca de su filmografía.

Franz Rogows­ki y Pau­la Beer

Bien reci­bi­do en el Fes­ti­val de Ber­lín de 2020 don­de Pau­la Beer mere­ci­da­men­te obtu­vo el pre­mio a la mejor actriz, Undi­ne leja­na­men­te esco­ge algu­nos de los ele­men­tos de la céle­bre leyen­da mito­ló­gi­ca grie­ga de Ondi­na refe­ri­da a las nin­fas acuá­ti­cas que habi­tan en los lagos, ríos, pan­ta­nos o fuen­tes de agua.

La acción trans­cu­rre en Ber­lín, en la épo­ca actual y en la pri­me­ra lar­ga esce­na Undi­ne (Pau­la Beer), una inte­lec­tual his­to­ria­do­ra de arte, se encuen­tra con su aman­te Johan­nes (Jacob Mats­chenz) en una terra­za de un café don­de él le hace saber que la rela­ción ha con­clui­do por estar aho­ra con otra mujer; como res­pues­ta a ello la des­con­so­la­da joven, a la mane­ra de la ven­ga­ti­va nin­fa de la leyen­da, le ame­na­za con matar­lo si aca­so per­sis­te en dejar­la. Inme­dia­ta­men­te ella se diri­ge a su tra­ba­jo ubi­ca­do en la ace­ra opues­ta a la cafe­te­ría don­de se desem­pe­ña como guía en una depen­den­cia del sena­do que se ocu­pa del desa­rro­llo urbano de Ber­lín. Segu­ra de sí mis­ma y con una expre­sión total­men­te dife­ren­te a la que refle­ja­ba su ante­rior esta­do emo­cio­nal, entra a la sala del museo don­de los visi­tan­tes la aguar­dan. A tra­vés de maque­tas de car­tón ella les expli­ca cómo la ciu­dad ha ido evo­lu­cio­nan­do en su urba­ni­za­ción a tra­vés de dife­ren­tes esti­los arqui­tec­tó­ni­cos; asi­mis­mo les indi­ca lo que for­ma­ba par­te del este y oes­te de Ber­lín cuan­do esta­ba divi­di­da duran­te la Cor­ti­na de Hie­rro tras la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Al final de su pre­sen­ta­ción ella nue­va­men­te va a la cafe­te­ría de enfren­te don­de en su inte­rior se topa con Chris­toph (Franz Rogows­ki), uno de los asis­ten­tes pre­sen­tes en su char­la quien la feli­ci­ta por su bri­llan­te diser­ta­ción; la rup­tu­ra acci­den­tal de un acua­rio del lugar hace que los dos estén baña­dos por el agua con­te­ni­da en la mis­ma. Rápi­da­men­te se los ve a ambos apa­sio­na­da­men­te ena­mo­ra­dos y como Chris­toph es un buzo indus­trial que tra­ba­ja en una pre­sa pro­vis­to de su esca­fan­dra arras­tra a su ama­da a las pro­fun­di­da­des del río cer­cano rati­fi­can­do el amor que los une. Sin embar­go el des­tino tien­de una tram­pa a estos ardien­tes aman­tes que pro­vo­ca la rup­tu­ra del romance.

A medi­da que se desa­rro­lla la his­to­ria Petzold trans­for­ma la pre­mi­sa rea­lis­ta en una poé­ti­ca fan­ta­sía con mági­cas esce­nas sub­ma­ri­nas. El últi­mo acto adquie­re un carác­ter deci­di­da­men­te surrea­lis­ta don­de en lugar de Undi­ne es Chris­tophe quien adquie­re pro­ta­go­nis­mo. Es en esa fase don­de el rea­li­za­dor impreg­na a su rela­to una ambi­güe­dad un tan­to con­fu­sa has­ta desem­bo­car en un impre­vi­si­ble epílogo.

Una vez más Petz­gold con­fir­ma su talen­to de direc­tor y aun­que su narra­ti­va no alcan­za por com­ple­to a mate­ria­li­zar­se, el film no deja de fas­ci­nar. Como en Transit aquí nue­va­men­te con­tó con la remar­ca­ble actua­ción de Beer y Ostrows­ki quie­nes a tra­vés de sus per­so­na­jes logran una per­fec­ta alqui­mia. Tan­to el dise­ño de pro­duc­ción de Mer­lin Ort­ner como la esplen­do­ro­sa foto­gra­fía de Hans Fromm en las secuen­cias acuá­ti­cas con­tri­bu­yen a real­zar esta esti­ma­ble pro­duc­ción. Resul­ta opor­tuno des­ta­car la deci­sión de Petz­gold de haber esco­gi­do como músi­ca de fon­do el Ada­gio del Con­cier­to para Cla­ve­cín de J.S. Bach para deno­tar la melan­co­lía tra­sun­ta­da en cier­tas esce­nas del rela­to. Jor­ge Gutman

Due­lo de Villanas

CRUE­LLA. Esta­dos Uni­dos-Gran Bre­ta­ña, 2021. Un film de Craig Gilles­pie. 134 minutos

Cuan­do en 1956 fue publi­ca­da la nove­la 101 Dal­ma­tians, su auto­ra Dodie Smith no ima­gi­nó la reper­cu­sión que obten­dría su pro­ta­go­nis­ta Crue­lla de Vil; así en 1961 con el mis­mo títu­lo del libro ori­gi­nal se apre­ció el exce­len­te dibu­jo ani­ma­do de Walt Dis­ney y en 1996 se reali­zó otra ver­sión en vivo con Glenn Clo­se encar­nan­do a este per­so­na­je. Aho­ra y tal como reza el pro­ver­bio de que “no hay dos sin tres” es el turno del rea­li­za­dor Craig Gilles­pie de tras­la­dar a la pan­ta­lla la his­to­ria de la céle­bre villa­na a par­tir de su infancia.

Emma Sto­ne

El guión de Dana Fox y Tony McNa­ma­ra en su comien­zo ubi­ca la acción en la déca­da del 60 intro­du­cien­do a la peque­ña Este­lla quien ha que­da­do huér­fa­na des­pués de la trá­gi­ca muer­te de su que­ri­da madre sol­te­ra; al cono­cer a Jas­per y Hora­ce, dos chi­cos pillue­los que se dedi­can a peque­ños robos, ella se une a ellos con­vir­tién­do­se en una ladro­na para sobre­vi­vir. Diez años des­pués la adul­ta Este­lla (Emma Sto­ne) de pelo bico­lor, vivien­do con sus fie­les ami­gos Jas­per (Joel Fry) y Hora­ce (Paul Wal­ter Hau­ser), sue­ña con poder acce­der al mun­do de la moda dada su afi­ción por la cos­tu­ra. Su pro­pó­si­to se ve logra­do de a pasos, en prin­ci­pio ingre­san­do a tra­ba­jar en tareas de lim­pie­za en una pres­ti­gio­sa casa de modas y pos­te­rior­men­te al entrar en con­tac­to con su inti­mi­dan­te due­ña, la Baro­ne­sa (Emma Thom­pson) con­si­de­ra­da la rei­na del dise­ño de alta cos­tu­ra, quien la toma como su asistente.

Aun­que en prin­ci­pio pare­cie­ra que el rela­to adquie­re un carác­ter som­brío, su desa­rro­llo lo des­mien­te al adop­tar un tono deci­di­da­men­te cari­ca­tu­res­co a par­tir del momen­to en que Este­lla cam­bian­do su nom­bre por el de Crue­lla asu­me una doble per­so­na­li­dad; su pro­pó­si­to será ven­gar­se de la Baro­ne­sa ‑no con­vie­ne reve­lar la cau­sa- y usur­par su lugar como la más impor­tan­te dise­ña­do­ra de moda de Londres.

Ate­nien­do a su con­te­ni­do argu­men­tal, el enfren­ta­mien­to de estas dos muje­res cons­ti­tu­ye un ele­men­to sus­tan­cial del rela­to gra­cias en gran par­te al due­lo inter­pre­ta­ti­vo de las dos Emmas. Asi Thom­pson en un rol que le cal­za como ani­llo al dedo mag­ne­ti­za con su pre­sen­cia ani­man­do a una per­so­na auto­ri­ta­ria, arro­gan­te, into­le­ran­te, des­pó­ti­ca e impreg­na­da de mal­dad; por su par­te, Sto­ne igual­men­te des­lum­bra ani­man­do a su des­pia­da­da enemi­ga con la mis­ma per­ver­si­dad y crueldad.

Pero ade­más este film se dis­tin­gue visual­men­te comen­zan­do por el excep­cio­nal apor­te de la dise­ña­do­ra de ves­tua­rio Jenny Bea­van don­de pocas veces el cine ha des­ple­ga­do nume­ro­sos y sun­tuo­sos atuen­dos tales como los luci­dos por Crue­lla y la Baro­ne­sa; nota­bles son los dise­ños de pro­duc­ción de Fio­na Crom­bie repro­du­cien­do la épo­ca lon­di­nen­se de los años 70 con la pri­me­ra ola del punk, así como la logra­da foto­gra­fía de Nico­las Kara­katsa­nis y la mag­ni­fi­ca con­tri­bu­ción de Sarah Tulloch en la pro­duc­ción de efec­tos espe­cia­les. A todo ello cabe aña­dir la rique­za de la ban­da sono­ra de Nicho­las Bri­tell que guía el rit­mo del film con extrac­tos de más de 30 can­cio­nes de varia­dos artis­tas y con­jun­tos como The Doors, The Clash, Nina Simo­ne, The Rolling Sto­nes y en don­de se inclu­yen el clá­si­co bole­ro Qui­zás, Qui­zás de Osval­do Farres en ver­sión ingle­sa, el tan­go Adios Mucha­chos de Julio César San­ders tam­bién can­ta­do en inglés y Smi­le de Char­les Chaplin.

En sín­te­sis, com­bi­nan­do estu­pen­da­men­te dra­ma y humor Craig Gilles­pie ofre­ce un esplen­do­ro­so, ameno y muy pla­cen­te­ro entre­te­ni­mien­to. Jor­ge Gutman

La Inva­sión de los Monstruos

A QUIET PLA­CE PART II. Esta­dos Uni­dos, 2018. Un film escri­to y diri­gi­do por John Kra­sins­ki. 97 minutos.

Dado el gran éxi­to de bole­te­ría que en 2018 regis­tró A Quiet Pla­ce no es extra­ño que sus pro­duc­to­res deci­die­ran rea­li­zar una secue­la con A Quiet Pla­ce Part II. Nue­va­men­te diri­gi­do por John Kra­sins­ki este dra­ma de horror post apo­ca­líp­ti­co aun­que efi­caz no alcan­za lograr el mis­mo impac­to. Mien­tras que en el film pre­ce­den­te el sus­pen­so se basa fun­da­men­tal­men­te en el silen­cio que deben guar­dar sus per­so­na­jes para no ser des­cu­bier­tos por extra­ños mons­truos que arre­cian la zona, en este caso el guión del rea­li­za­dor, ya sin el fac­tor sor­pre­sa, no insu­fla nue­vas ideas capa­ces de gene­rar la mis­ma inten­si­dad emocional.

El rela­to retro­ce­dien­do en el tiem­po comien­za en un tran­qui­lo pue­blo neo­yor­kino don­de Lee Abbott (Kra­sinsky), su espo­sa Evelyn (Emily Blunt) jun­to con sus hijos asis­ten a un par­ti­do de béis­bol. La cal­ma des­apa­re­ce por com­ple­to cuan­do por pri­me­ra vez apa­re­ce un engen­dro extra­te­rres­tre inva­dien­do el apa­ci­ble lugar; así se gene­ra una rápi­da deses­pe­ra­ción de su gen­te tra­tan­do de esca­par del impla­ca­ble enemigo.

Milli­cent Simmonds

De inme­dia­to la acción se tras­la­da un año y medio des­pués sin la pre­sen­cia de Lee, quien fue ase­si­na­do por uno de los mons­truos en la con­clu­sión del ante­rior capí­tu­lo. Aho­ra la viu­da Evelyn con su sor­da hija Regan (Milli­cent Sim­monds), su hijo Mar­cus (Noah Jupe) y el bebé de pocos meses dejan el hogar al saber que las cie­gas bes­tias inva­so­ras les están pisan­do los talo­nes. En su camino encuen­tran a Emmett (Cillian Murphy), un anti­guo vecino de la zona, quien les pro­vee refu­gio en una aban­do­na­da fac­to­ría de ace­ro. Pron­ta­men­te Regan aban­do­na el lugar cuan­do a tra­vés de una señal de radio que trans­mi­te una can­ción ella cree que exis­ten otros sobre­vi­vien­tes y en ese accio­nar es acom­pa­ña­da por Emmett con quien for­ja una bue­na rela­ción; por su par­te Evelyn se preo­cu­pa en con­se­guir tan­ques de oxí­geno y sumi­nis­tros de medi­ci­na, en tan­to que Mar­cus habien­do sufri­do una heri­da en su pier­na se man­tie­ne en su cau­ti­ve­rio cui­dan­do al bebé y tra­tan­do de man­te­ner abso­lu­to silen­cio para evi­tar que las bes­tias sen­si­bles al rui­do se per­ca­ten de su presencia.

En este thri­ller don­de la super­vi­ven­cia es la prio­ri­dad prin­ci­pal su gran heroí­na es la ado­les­cen­te Regal demos­tran­do su fir­me deter­mi­na­ción de luchar con­tra las bes­tias y sal­va­guar­dar a su fami­lia; en tal sen­ti­do, la carac­te­ri­za­ción de Milli­cent Sim­monds en la com­po­si­ción de este humano per­so­na­je es a todas luces insuperable.

Con excep­ción de su nota­ble pró­lo­go muy bien expues­to en sus pri­me­ros diez minu­tos, la con­ti­nua­ción de esta his­to­ria con­ven­cio­nal­men­te rea­li­za­da por Kra­vins­ki se des­en­vuel­ve den­tro de los cáno­nes típi­cos de los fil­mes de terror y aun­que no lle­ga a inno­var segu­ra­men­te con­for­ma­rá a los adic­tos al géne­ro. Final­men­te cabe agre­gar que el des­en­la­ce de esta secue­la deja la puer­ta abier­ta para que muy pron­to la saga con­ti­núe con un ter­cer capí­tu­lo. Jor­ge Gutman