Viñe­tas Culturales

C’EST ÇA LE PARA­DIS / IT MUST BE HEA­VEN. Fran­cia-Qatar-Ale­ma­nia-Cana­dá-Pales­ti­na-Tur­quía, 2019. Un film escri­to y diri­gi­do por Elia Sulei­man. 97 minutos

Con el pro­pó­si­to de reafir­mar el sen­ti­do de per­te­nen­cia a su tie­rra natal Elia Sulei­man deci­de explo­rar en It Must be Hea­ven el com­por­ta­mien­to de la gen­te en dos de las ciu­da­des más impor­tan­tes del mun­do para veri­fi­car si hay algu­na dife­ren­cia con el pre­do­mi­nan­te en Palestina.

Elia Sulei­man

A tra­vés de una serie de viñe­tas cul­tu­ra­les el direc­tor pales­tino per­so­ni­fi­cán­do­se a sí mis­mo obser­va lo que acon­te­ce a su alre­de­dor comen­zan­do por Naza­reth, lugar don­de resi­de. Allí, entre algu­nas de las esce­nas se encuen­tra la de un vecino que se apro­pia de los fru­tos de un limo­ne­ro que no le per­te­ne­ce, la visi­ta de Sulei­man a un cemen­te­rio, su encuen­tro con un extra­ño caza­dor y con un anciano ori­nan­do en la calle en una noche llu­vio­sa, así como la de dos sol­da­dos que via­jan­do en un auto­mó­vil lle­van en el asien­to tra­se­ro a una joven arres­ta­da con los ojos vendados.

Pos­te­rior­men­te Sulei­man via­ja a París don­de entre otras situa­cio­nes con­tem­pla un des­fi­le mili­tar en el día de la fies­ta patria, se inquie­ta via­jan­do en metro por la pre­sen­cia de un hom­bre tatua­do que lo está miran­do fija­men­te y des­de la terra­za de un café diri­ge su vis­ta a los habi­tan­tes que tran­si­tan por el lugar. Lo más des­ta­ca­do de su esta­día pari­si­na es su encuen­tro con un pro­duc­tor de cine quien habien­do leí­do el guión de un nue­vo pro­yec­to del direc­tor, gen­til­men­te se lo recha­za por­que su con­te­ni­do no es lo sufi­cien­te­men­te palestino.

De allí Sulei­man se tras­la­da a Nue­va York don­de un locuaz taxis­ta que lo tras­la­da des­de el aero­puer­to le pre­gun­ta de dón­de vie­ne a lo que él le res­pon­de “Naza­ret” para inme­dia­ta­men­te agre­gar “soy pales­tino”, las tres úni­cas pala­bras que pro­nun­cia a lo lar­go del film. En otra de las esce­nas neo­yor­ki­nas obser­va cómo los clien­tes de un super­mer­ca­do por­tan armas, pre­su­mi­ble­men­te para defen­der­se fren­te a even­tua­les actos de vio­len­cia. La nota deci­di­da­men­te gra­cio­sa del film se refle­ja en la ante­sa­la de una pro­duc­to­ra don­de estan­do pró­xi­mo a Gael Gar­cía Ber­nal, oye cómo el popu­lar actor y direc­tor en una con­ver­sa­ción tele­fó­ni­ca mani­fies­ta su frus­tra­ción por haber­le sido pro­pues­to rea­li­zar un film sobre Her­nán Cor­tes y la con­quis­ta de Méxi­co pero dia­lo­ga­do en inglés.

Cuan­do al final de su peri­plo Sulei­man regre­sa a su hogar des­pués de haber com­pro­ba­do que nada de lo que vio se dife­ren­cia mucho de lo que ocu­rre en don­de habi­ta, el reen­cuen­tro con su gen­te a la que ve can­tan­do y bai­lan­do con fer­vor le per­mi­te rati­fi­car su iden­ti­dad palestina.

A dife­ren­cia de sus sóli­dos tra­ba­jos pre­ce­den­tes, este liviano docu­fic­ción care­ce de enver­ga­du­ra rele­van­te al no haber con­flic­tos ni mayo­res sor­pre­sas pre­sen­tan­do una suce­sión de bos­que­jos incon­clu­sos que cual­quier turis­ta podría cons­ta­tar visi­tan­do otros cen­tros urba­nos del mun­do occi­den­tal. Sin embar­go estas obser­va­cio­nes no ame­dren­ta­rán a los fie­les segui­do­res de Sulei­man que se com­pla­ce­rán apre­cian­do su expre­sión facial imper­tur­ba­ble como pro­ta­go­nis­ta de esta come­dia surrea­lis­ta nutri­da de cier­to humor absur­do que bor­dea con la cari­ca­tu­ra. Jor­ge Gutman

Elo­gia­da Pro­duc­ción Musical

HAMIL­TON. Esta­dos Uni­dos, 2020. Una obra musi­cal de Lin-Manuel Miran­da diri­gi­da por Tho­mas Kail. 160 minutos

Des­de su estreno en 2015 en el Tea­tro Públi­co de Nue­va York has­ta su tras­la­do a Broad­way poco tiem­po des­pués, Hamil­ton ha sido la obra musi­cal más elo­gia­da por la crí­ti­ca y públi­co en lo que va del pre­sen­te siglo. Su gran reper­cu­sión más los pre­mios obte­ni­dos ‑Pullitzer, Grammys y Tonys, entre otros– moti­vó a los estu­dios Dis­ney a adqui­rir los dere­chos exclu­si­vos de la fil­ma­ción de este espec­tácu­lo para estre­nar­lo comer­cial­men­te en octu­bre de 2021; sin embar­go, los pla­nes de la com­pa­ñía cam­bia­ron al deci­dir su pre­sen­ta­ción en línea a par­tir del 3 de julio en su pla­ta­for­ma strea­ming Dis­ney+; en con­se­cuen­cia eso facul­ta a sus millo­nes de abo­na­dos poder juz­gar­la con­for­ta­ble­men­te des­de sus hogares.

Lin-Manuel Miran­da

La fil­ma­ción se reali­zó con el elen­co ori­gi­nal duran­te 3 repre­sen­ta­cio­nes efec­tua­das en junio de 2016 en el tea­tro Richard Rod­gers de Broad­way en don­de Tho­mas Kail, que había diri­gi­do el musi­cal, asu­mió la super­vi­sión del roda­je; median­te el empleo de varias cáma­ras enfo­ca­das de dife­ren­tes ángu­los logra cap­tar en pri­me­ros pla­nos la expre­si­vi­dad de los acto­res. obte­nien­do un resul­ta­do inmejorable.

El alma de esta pro­duc­ción es Lin-Manuel Miran­da quien ha sido el autor (basa­do en el libro Ale­xan­der Hamil­ton de Ron Cher­now), así como el com­po­si­tor de la músi­ca, las letras de las can­cio­nes y el actor protagónico.

En una bre­ve sín­te­sis, el rela­to gira en torno de Ale­xan­der Hamil­ton (1755 – 1804), el cari­be­ño de humil­de ori­gen que logró con­ver­tir­se en uno de los revo­lu­cio­na­rios héroes de la inde­pen­den­cia ame­ri­ca­na. Así, bajo el logo de “soy como mi país, joven, pobre y ham­brien­to”, él ha sido uno de los fun­da­do­res de la patria de Esta­dos Uni­dos así como par­ti­ci­pó acti­va­men­te en la ela­bo­ra­ción de la Cons­ti­tu­ción. Como nota­ble eco­no­mis­ta, abo­ga­do y ave­za­do polí­ti­co cuan­do Geor­ge Washing­ton asu­mió como pri­mer pre­si­den­te (1789 – 1797) de la nue­va nación, él se con­vir­tió en el Secre­ta­rio del Teso­ro y ade­más tuvo una impor­tan­te influen­cia en las medi­das eco­nó­mi­cas y finan­cie­ras adop­ta­das por el gobierno. En todo caso el pro­pó­si­to de Miran­da no ha sido ofre­cer una lec­ción de his­to­ria sino, adop­tan­do cier­tas licen­cias, brin­dar un recuen­to de algu­nos momen­tos de la actua­ción polí­ti­ca de Hamil­ton en sus encuen­tros y des­en­cuen­tros con algu­nas de las figu­ras pro­mi­nen­tes de su épo­ca; entre ellos su rela­ción con su ami­go revo­lu­cio­na­rio y pos­te­rior­men­te archi­ene­mi­go Aaron Burr, así como sus víncu­los con otros patrio­tas como John Adams, Tho­mas Jef­fer­son y James Madi­son. Al pro­pio tiem­po Miran­da otor­ga cier­to espa­cio a la vida sen­ti­men­tal en su rela­ción román­ti­ca con Eli­za Schuy­ler con quien con­tra­jo enlace.

En esta obra per­ma­nen­te­men­te can­ta­da, la músi­ca adquie­re vital impor­tan­cia; en tal sen­ti­do cabe dis­tin­guir la super­vi­sión y orques­ta­ción efec­tua­da por Alex Laca­moi­re com­bi­nan­do hip hop con jazz y músi­ca popu­lar afro­ame­ri­ca­na en las nume­ro­sas can­cio­nes que impul­san mag­ní­fi­ca­men­te el desa­rro­llo de la tra­ma. A ello se agre­ga la exce­len­te coreo­gra­fía de Andy Blan­ken­buehl y en espe­cial la nota­ble pues­ta escé­ni­ca de Kail per­mi­tien­do que esta his­to­ria crea­ti­va­men­te narra­da cons­ti­tu­ya un espec­tácu­lo de con­si­de­ra­ble nivel.

Ade­más de Miran­da, que tras­cien­de más como escri­tor que como voca­lis­ta, el espec­tácu­lo se nutre con un elen­co mul­ti­cul­tu­ral de exce­len­tes pro­fe­sio­na­les quie­nes a tra­vés de la actua­ción, el can­to y el bai­le trans­mi­ten un con­ta­gio­so brío y dina­mis­mo al espec­tácu­lo; entre algu­nos nom­bres a des­ta­car se encuen­tran los del exce­len­te Les­lie Odom Jr como Aaron Burr, Daveed Diggs en el rol dual del Mar­qués de Lafa­yet­te y Tho­mas Jef­fer­son, Phi­lli­pa Soo como Eli­za Hamil­ton, Renée Eli­se Golds­berry como Ange­li­ca Schuy­ler, Anthony Ramos en el doble rol de John Lau­rens y Phi­lip Hamil­ton (el hijo de Ale­xan­der), Chris­topher Jack­son ani­man­do a Geor­ge Washing­ton y espe­cial­men­te Jonathan Groff quien a pesar de su bre­ve inter­ven­ción brin­da momen­tos de inne­ga­ble hila­ri­dad con su per­so­nal carac­te­ri­za­ción del monar­ca Geor­ge III.

Más allá de sus valo­res intrín­se­cos rese­ña­dos, esta pie­za ha teni­do un impor­tan­te impac­to cul­tu­ral en la medi­da que la apro­xi­ma­ción his­tó­ri­ca de Miran­da resal­ta los nobles idea­les sus­ten­ta­dos por los padres de la nación ame­ri­ca­na bus­can­do de uni­fi­car a su gen­te; pre­ci­sa­men­te eso es más rele­van­te que nun­ca fren­te a la dra­má­ti­ca pola­ri­za­ción y divi­sión que en la actua­li­dad vive el país. Jor­ge Gutman

Al Ser­vi­cio de la Verdad

MR. JONES. Polo­nia-Ucra­nia-Gran Bre­ta­ña, 2019. Un film de Agniesz­ka Holland.
118 minu­tos. Dis­po­ni­ble en VOD en varias pla­ta­for­mas de streaming

La pres­ti­gio­sa cineas­ta pola­ca Agniesz­ka Holland vuel­ve a ofre­cer un sóli­do thri­ller polí­ti­co des­ta­can­do la valen­tía de Gareth Jones, un ínte­gro perio­dis­ta galés que deno­da­da­men­te refle­ja­ba en sus repor­tes la vera­ci­dad de los acon­te­ci­mien­tos testimoniados.

James Nor­ton

El guión de Andrea Cha­lu­pa ubi­ca el rela­to en 1933 intro­du­cien­do a Jones (James Nor­ton) como ase­sor del pri­mer minis­tro bri­tá­ni­co Lloyd Geor­ge (Ken­neth Cranham), quien había adqui­ri­do con­si­de­ra­ble noto­rie­dad al haber sido el pri­mer perio­dis­ta extran­je­ro que logró entre­vis­tar al recién desig­na­do can­ci­ller de Ale­ma­nia Adolf Hitler; es así que al regre­sar a Lon­dres trans­mi­te al alto man­da­ta­rio sus rece­los sobre la per­so­na­li­dad de su entre­vis­ta­do y los peli­gros que podrían ace­char al mun­do con su gran caris­ma e influen­cia en el pue­blo alemán.

Pos­te­rior­men­te, como repor­te­ro free­lan­ce está deter­mi­na­do en entre­vis­tar a Sta­lin; por lo tan­to, des­pués de obte­ner una visa para visi­tar la Unión Sovié­ti­ca lle­ga a Mos­cú a fin de lograr su come­ti­do. Allí es reci­bi­do por Wal­ter Duranty (Peter Sars­gard), el jefe de la repre­sen­ta­ción del New York Times en Rusia, quien es un cíni­co par­ti­da­rio de Sta­lin. Al poco tiem­po, Jones alcan­za a vis­lum­brar un muro de silen­cio sobre situa­cio­nes equí­vo­cas que exis­ten en la URSS y que son sutil­men­te con­fir­ma­das por infor­ma­cio­nes brin­da­das por la perio­dis­ta bri­tá­ni­ca Ada Brooks (Vanes­sa Kirby) que inte­gra el equi­po de Duranty; eso lo impul­sa a via­jar a Ucra­nia, a pesar de la inter­dic­ción a extran­je­ros de movi­li­zar­se fue­ra de Mos­cú, para com­pro­bar por sí mis­mo el “mila­gro” de la colec­ti­vi­za­ción soviética.

Al des­cen­der del tren que lo con­du­ce a des­tino, el pano­ra­ma que Jones con­tem­pla a pri­me­ra vis­ta deja que desear; a tra­vés de las zonas mon­ta­ño­sas de Ucra­nia cubier­tas de nie­ve duran­te el duro invierno obser­va cuer­pos api­la­dos así como a pobres gran­je­ros que se encuen­tran impo­ten­tes de com­pro­bar cómo sus gra­nos cose­cha­dos son trans­por­ta­dos a Mos­cú en tan­to que el ham­bre cun­de en la región. Tras cons­ta­tar la mise­ria rei­nan­te, el momen­to más dra­má­ti­co que expe­ri­men­ta es cuan­do des­pués de haber com­par­ti­do una cena con una fami­lia de huér­fa­nos des­cu­bre horro­ri­za­do de dón­de pro­vino la comida.

Habien­do sigo tes­ti­go de la tre­men­da e inten­cio­nal ham­bru­na ins­tau­ra­da en Ucra­nia por los jerar­cas de la URSS, cuan­do regre­sa a Ingla­te­rra Jones inten­ta des­mi­ti­fi­car la pro­pa­gan­da esta­li­nis­ta para que a tra­vés de sus artícu­los se lle­gue a cono­cer la expe­rien­cia vivi­da: sin embar­go él es cen­su­ra­do y des­acre­di­ta­do por­que su país no desea crear fric­cio­nes diplo­má­ti­cas con Rusia. No obs­tan­te, final­men­te la ver­dad lle­ga a impo­ner­se cuan­do William Hearst, el céle­bre mag­na­te de la pren­sa bri­tá­ni­ca, publi­ca su infor­me alcan­zan­do amplia reper­cu­sión internacional.

Una vez más Holland rati­fi­ca su maes­tría en la pues­ta escé­ni­ca de este sóli­do dra­ma basa­do en una his­to­ria real que ade­más se valo­ri­za por la remar­ca­ble carac­te­ri­za­ción que Nor­ton obtie­ne del idea­lis­ta y osa­do repor­te­ro. Al pro­pio tiem­po la direc­to­ra ofre­ce un mere­ci­do tri­bu­to al perio­dis­mo libre e inde­pen­dien­te a tra­vés de la per­so­na­li­dad de Jones, un hom­bre valien­te y empren­de­dor no dis­pues­to a clau­di­car de su com­pro­mi­so con la ver­dad y que de algu­na mane­ra ha sido ago­re­ro de lo que suce­de­ría años des­pués con la gue­rra mun­dial pro­vo­ca­da por Hitler. Jor­ge Gutman

Un Ser­vi­cial Aprendiz

DOC­TEUR?. Fran­cia, 2019. Un film de Tris­tan Ségué­la. 90 minutos

Al comen­zar el film se acla­ra que la his­to­ria del mis­mo está basa­da en hechos reales y que sus auto­res man­tie­nen toda su con­fian­za en la pro­fe­sión médi­ca. Si lo que se ve en Doc­teur? pudo haber acon­te­ci­do o no poco impor­ta pero el espec­ta­dor está pre­ve­ni­do de ante­mano para apre­ciar una come­dia y a no tomar­se muy seria­men­te lo que el direc­tor Tris­tan Ségué­la rela­ta en la misma.

Hakim Jemi­li y Michel Blanc

El vete­rano actor y rea­li­za­dor Michel Blanc inter­pre­ta a Ser­ge, un soli­ta­rio médi­co pari­sino que en la noche de la vís­pe­ra navi­de­ña, mien­tras todo el mun­do se dis­po­ne a fes­te­jar en fami­lia, él atien­de los lla­ma­dos de emer­gen­cia. Des­de la pri­me­ra esce­na en que aus­cul­ta a un bebé recién naci­do delan­te de sus ansio­sos padres, ya mues­tra su carác­ter espe­cial de indi­vi­duo de poca pacien­cia que cum­ple su obli­ga­ción de mane­ra mecá­ni­ca y sin mucho entusiasmo.

Una lla­ma­da urgen­te requie­re su pre­sen­cia para asis­tir a Rose (Solè­ne Rigot), una joven que ha tra­ga­do un con­si­de­ra­ble exce­so de pas­ti­llas medi­ci­na­les; como ella no pue­de abrir­le la puer­ta del edi­fi­cio dado su esta­do, logra acce­der al mis­mo gra­cias a Malek (Hakim Jemi­li), un joven repar­ti­dor Uber de comi­da a domi­ci­lio que esa noche lle­ga al mis­mo inmue­ble para entre­gar un pedi­do. Curio­sa­men­te se pro­du­ce un víncu­lo entre el hura­ño médi­co y el jovial y ani­ma­do mucha­cho cuan­do Ser­ge, debi­do a sus fuer­tes dolo­res de colum­na que le han sobre­ve­ni­do, se encuen­tra prác­ti­ca­men­te inmo­vi­li­za­do para con­ti­nuar sus con­sul­tas y enton­ces le pide a Malek que lo reem­pla­ce don­de éste ter­mi­na acep­tan­do el inau­di­to requerimiento.

El peso del rela­to des­can­sa en las dife­ren­tes situa­cio­nes que el fal­so doc­tor debe enfren­tar aten­dien­do a pacien­tes afec­ta­dos por dis­tin­tas cau­sas, don­de su diag­nós­ti­co se basa en lo que tele­fó­ni­ca­men­te Ser­ge le trans­mi­te des­de el vehícu­lo en que se encuen­tra. En ese accio­nar se pro­du­cen situa­cio­nes gra­cio­sas, como cuan­do Malek exa­mi­na a un niño con alta tem­pe­ra­tu­ra mien­tras que su padre que es ciru­jano con­tem­pla su extra­ño com­por­ta­mien­to; otro caso es cuan­do debe asis­tir a una mujer con fuer­tes dolo­res de estó­ma­go y en ese momen­to se le rom­pe la bol­sa de agua por estar pron­ta a dar a luz.

Aun­que Ségué­la no siem­pre logra un rit­mo nive­la­do, el film adquie­re brío gra­cias a sus dos acto­res pro­ta­gó­ni­cos. Blanc da en el tono pre­ci­so como el des­en­can­ta­do pro­fe­sio­nal cuyo carác­ter se ha avi­na­gra­do a cau­sa de haber per­di­do a su hijo en un acci­den­te años atrás; con todo, a ins­tan­cias de Malek logra­rá vol­ver a cobrar huma­ni­dad con Rose, que ha sido la com­pa­ñe­ra del difun­to. Aun­que bien cono­ci­do en Fran­cia como ver­sa­do humo­ris­ta, en su debut para el cine Jemi­li impre­sio­na gra­ta­men­te como el ama­ble y ser­vi­cial apren­diz de Serge.

Que­da como resul­ta­do una afa­ble come­dia que sin mayor pre­ten­sión des­pier­ta la son­ri­sa que hoy día es tan nece­sa­ria para ate­nuar la ten­sión vivi­da a cau­sa de la malé­fi­ca pan­de­mia. Jor­ge Gutman

Una Elec­tri­zan­te Acusación

J’AC­CU­SE. Fran­cia, 2019. Un film de Roman Polans­ki. 126 minutos.

Ante­ce­den­tes

Resul­ta difí­cil ana­li­zar este film sin hacer refe­ren­cia a los aspec­tos per­so­na­les de su pres­ti­gio­so rea­li­za­dor. Como es bien sabi­do, en 1977 Roman Polans­ki ha sido acu­sa­do de haber vio­la­do a una menor de 13 años. Sin haber retor­na­do a Esta­dos Uni­dos, don­de ocu­rrió el lamen­ta­ble inci­den­te, a tra­vés del “mea cul­pa” y com­pen­sa­ción mone­ta­ria de por medio, la víc­ti­ma logró per­do­nar­lo y él pro­si­guió con su exi­to­sa carre­ra en Euro­pa don­de reafir­mó su talen­to en varios de sus fil­mes siguien­tes; así, El Pia­nis­ta obtie­ne la Pal­ma de Oro en el Fes­ti­val de Can­nes de 2002 y en 2003 es dis­tin­gui­do con el Oscar al mejor direc­tor. Todo cam­bió a par­tir de octu­bre de 2017 con la apa­ri­ción del movi­mien­to #metoo en don­de el rea­li­za­dor cayó en des­gra­cia al ser­le reti­ra­do la mem­bre­sía de la Aca­de­mia de Holly­wood a la vez que su film D’A­près une his­to­ire vrai que en mayo de 2017 clau­su­ró el Fes­ti­val de Can­nes no pudo ser estre­na­do en varios paí­ses del mun­do, inclui­do Canadá.

Con res­pec­to a J’ac­cu­se, su últi­mo opus y uno de los títu­los que fue ele­gi­do para com­pe­tir en el Fes­ti­val de Vene­cia de 2019, la direc­to­ra argen­ti­na Lucre­cia Mar­tel que pre­si­dió el jura­do comen­tó que no asis­ti­ría al estreno ofi­cial para no ofen­der a las víc­ti­mas que fue­ron obje­to de vio­la­ción sexual. Con esa afir­ma­ción ya esta­ba sem­bra­da la semi­lla del escán­da­lo aun­que a pesar de todo, el film obtu­vo el Gran Pre­mio del Jura­do. De todos modos, eso no aca­lló los comen­ta­rios nega­ti­vos sobre el cineas­ta que se mani­fes­ta­ron en oca­sión de su estreno en Fran­cia y pos­te­rior­men­te con el movi­mien­to de pro­tes­ta en oca­sión de la cere­mo­nia de entre­ga de los César de este año don­de la pelí­cu­la obtu­vo 3 dis­tin­cio­nes, inclui­da la del mejor director.

¿Y aho­ra? Lamen­ta­ble­men­te nada ha cam­bia­do y es así que el públi­co cana­dien­se se ve por segun­da vez impe­di­do de apre­ciar un valio­so tra­ba­jo de Polans­ki debi­do a que nin­gún dis­tri­bui­dor se ha atre­vi­do a adqui­rir­lo por temor a las pro­tes­tas que pudie­ra gene­rar su exhi­bi­ción en sala. Dada la situa­ción des­crip­ta, por el momen­to uno de los medios para juz­gar J’ac­cu­se es adqui­rien­do el DVD o Blu-ray en línea.

Eva­lua­ción

Dejan­do de lado cual­quier tipo de pre­jui­cio, se pue­de ade­lan­tar que el film es una obra maes­tra. Polans­ki, valién­do­se del guión por el escri­to en cola­bo­ra­ción con Robert Harris quien es el autor de la nove­la en que se basa, ofre­ce una admi­ra­ble repro­duc­ción de un deni­gran­te acto de into­le­ran­cia que tuvo lugar en Fran­cia en 1895; eso acon­te­ció cuan­do el capi­tán del ejér­ci­to fran­cés de ori­gen judío Alfred Drey­fus fue juz­ga­do por sus pares como trai­dor por haber actua­do como espía de los ale­ma­nes. A pesar de cla­mar viva­men­te su ino­cen­cia, Drey­fus (Louis Garrel) fue des­po­ja­do de su inves­ti­du­ra mili­tar y cas­ti­ga­do a pri­sión per­pe­tua en la terro­rí­fi­ca cár­cel de Isla del Dia­blo en la Gua­ya­na francesa.

Jean Dujar­din

En su sobria narra­ción Polans­ki evi­ta la nota emo­cio­nal para que en cam­bio el espec­ta­dor cere­bral­men­te ana­li­ce los por­me­no­res que pos­te­rior­men­te acae­cie­ron a tra­vés de la ópti­ca del coro­nel Geor­ges Pic­quart (Jean Dujar­din). Este fun­cio­na­rio del ejér­ci­to que había sido pro­fe­sor de Drey­fus en la escue­la mili­tar no tuvo empa­cho alguno en hacer­le saber en su momen­to que a pesar de su ani­mo­si­dad a los judíos él lo res­pe­ta­ba como ser humano.

La acción empie­za des­pués de que Drey­fus es con­de­na­do y cuan­do Pic­quart es pro­mo­vi­do a coro­nel actuan­do como jefe del ser­vi­cio de con­tra­es­pio­na­je de Fran­cia Por impe­rio de for­tui­tas cir­cuns­tan­cias, este alto fun­cio­na­rio mili­tar lle­ga a deter­mi­nar que real­men­te ha habi­do un gra­ve error en las prue­bas que fue­ron some­ti­das duran­te el jui­cio de Drey­fus y por lo tan­to deci­de inves­ti­gar a fon­do el per­ti­nen­te lega­jo. Sin embar­go, su tarea se ve obs­ta­cu­li­za­da por los incon­ve­nien­tes inter­pues­tos por sus supe­rio­res, entre ellos el del des­de­ña­ble y arro­gan­te gene­ral Gon­se (Her­vé Pie­rre); a pesar de las evi­den­cias demos­tra­das de que el ver­da­de­ro cul­pa­ble había sido el mayor Fer­di­nand Wal­sin Esterhazy y que Drey­fus fue obje­to de una vil mani­pu­la­ción, Pic­quart reci­be la orden de no pro­se­guir con la inves­ti­ga­ción; cla­ra­men­te, el ejér­ci­to no esta­ba dis­pues­to a reco­no­cer la ver­dad para no menos­ca­bar su reputación.

Lo que sigue es his­to­ria bien cono­ci­da por la gran difu­sión alcan­za­da a nivel públi­co. En gran par­te eso es debi­do a que el abe­rran­te acto de injus­ti­cia hacia el ex capi­tán es denun­cia­do en 1898 por el renom­bra­do escri­tor Émi­le Zola; su valien­te ale­ga­to inti­tu­la­do J’ accu­se diri­gi­do al pri­mer minis­tro fran­cés Félix Fau­re, alcan­za dimen­sión nacio­nal al apa­re­cer en pri­me­ra pla­na del perió­di­co L’Au­ro­re.

Con gran pre­ci­sión y sumi­nis­tran­do con­si­de­ra­ble dosis de intri­ga al rela­to, Polans­ki sin recu­rrir a exqui­si­te­ces visua­les des­cri­be magis­tral­men­te a un hom­bre que a pesar de su anti­pa­tía hacia los semi­tas se con­vier­te en el devo­to defen­sor de un con­de­na­do ino­cen­te. El rea­li­za­dor ha encon­tra­do en Dujar­din al intér­pre­te ideal quien de mane­ra con­te­ni­da carac­te­ri­za a un indi­vi­duo que debien­do su leal­tad al ejér­ci­to, sin embar­go se nie­ga a cum­plir las ins­truc­cio­nes de sus supe­rio­res res­pon­dien­do así al dic­ta­do que le sumi­nis­tra su con­cien­cia de actuar como un ínte­gro pro­fe­sio­nal. Aun­que en muy segun­do plano, igual­men­te satis­fa­ce Garrel como el chi­vo expia­to­rio de la mons­truo­si­dad come­ti­da por el ejér­ci­to fran­cés infec­ta­do por un fuer­te antisemitismo.

El film per­ma­ne­ce en la memo­ria lar­go tiem­po des­pués de su visión dejan­do una impre­sión de pro­fun­da tris­te­za y amar­gu­ra. A pesar de que Drey­fus es final­men­te reha­bi­li­ta­do en 1906 por el deli­to que nun­ca come­tió, el anti­se­mi­tis­mo per­sis­tió. Lo más lamen­ta­ble es que este nega­ti­vo sen­ti­mien­to de recha­zo hacia las per­so­nas de ascen­den­cia o nacio­na­li­dad judía se man­tie­ne vigen­te, sobre todo con su recru­de­ci­mien­to tan­to en Fran­cia como en otros sitios del mun­do. De allí que este excep­cio­nal dra­ma de Polans­ki impac­ta sen­si­ble­men­te en la medi­da que per­mi­te al públi­co refle­xio­nar sobre uno de los endé­mi­cos males que afli­ge a la huma­ni­dad. Jor­ge Gutman