La Quie­ta Niña

THE QUIET GIRL. Irlan­da, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Colm Bai­read. 94 minutos

Pre­ce­di­do por los bue­nos ante­ce­den­tes de haber sido pre­mia­do como mejor film en la sec­ción Gene­ra­tion Kplus del fes­ti­val de Ber­lín 2022 y por su nomi­na­ción como uno de los cin­co títu­los para optar al Oscar de este año en la cate­go­ría de mejor film inter­na­cio­nal, The Quiet Girl es una lumi­no­sa pelí­cu­la que a nadie deja­rá insensible.

El film del novel rea­li­za­dor Colm Bai­read es un ejem­plo de cómo se pue­de expre­sar a tra­vés de las imá­ge­nes un rela­to ínti­mo, sereno y con­te­ni­do que lle­ga a emo­cio­nar por la inmen­sa ter­nu­ra que des­ti­la y agra­cia­do por su exce­len­te repar­to lide­ra­do por una sobre­sa­lien­te actriz.

Cathe­ri­ne Clinch

El quión del direc­tor está basa­do en el cuen­to “Fos­ter” de la escri­to­ra irlan­de­sa Clai­re Kee­gan, cuya acción se desa­rro­lla en una zona rural de Irlan­da. Tal como lo anti­ci­pa su títu­lo el film cen­tra su aten­ción en la quie­ta niña Cáit (Cathe­ri­ne Clinch). Esta peque­ña de 8 años es reser­va­da y calla­da a la vez que su natu­ra­le­za intros­pec­ti­va se debe a que es igno­ra­da por su humil­de y nume­ro­sa fami­lia, en don­de su madre (Kate Nic Cho­nao­naigh) aguar­da un nue­vo hijo en tan­to que su indi­fe­ren­te padre (Michael Patric) es pro­pen­so a la bebi­da y al jue­go; en el ámbi­to esco­lar tam­po­co es gra­ti­fi­ca­da por sus com­pa­ñe­ros de aula.

La vida de esta chi­qui­lla expe­ri­men­ta un sor­pren­den­te giro cuan­do es envia­da a pasar el verano a la casa de una pri­ma de su madre. En ese nue­vo hogar es reci­bi­da por el matri­mo­nio de edad madu­ra inte­gra­do por Eibh­lin (Carrie Crow­ley) y Sean (Andrew Ben­nett) que no pudie­ron tener hijos. Si bien al prin­ci­pio Cáit adop­ta una cir­cuns­pec­ta acti­tud, gra­dual­men­te va cam­bian­do su mane­ra de actuar a medi­da que reci­be de sus parien­tes el cari­ño y amor que has­ta enton­ces no había expe­ri­men­ta­do. Es así como su sole­dad y tris­te­za van des­apa­re­cien­do para ceder paso a la niña que res­plan­de­ce al sen­tir el calor humano que toda per­so­na requie­re; de este modo el rela­to ilus­tra cómo el amor de fami­lia pue­de gene­rar­se aun­que no exis­tan lazos biológicos.

Den­tro de un esti­lo sen­ci­llo y evi­tan­do gran­di­lo­cuen­cia algu­na, Bai­read esbo­zó mag­ní­fi­ca­men­te la psi­co­lo­gía de los per­so­na­jes de esta his­to­ria muy bien carac­te­ri­za­dos por su cali­fi­ca­do elen­co don­de se des­ta­ca la pro­di­gio­sa inter­pre­ta­ción de Cathe­ri­ne Clinch; en tal sen­ti­do, el cineas­ta ha encon­tra­do a la artis­ta ideal que ha sido capaz de haber­se invo­lu­cra­do por com­ple­to en la per­so­na­li­dad de Cáit, trans­mi­tien­do mag­ní­fi­ca­me­te con su expre­si­vo ros­tro la desa­zon con­te­ni­da en su inte­rior sin nece­si­dad de hablar demasiado.

A los valo­res apun­ta­dos de direc­ción e inter­pre­ta­ción se agre­gan la esme­ra­da foto­gra­fía de Kate McCu­llough y el tra­ba­jo de mon­ta­je de John Murphy que con­tri­bu­yen a ele­var el nivel narra­ti­vo de Bairead.

Con un con­mo­ve­dor des­en­la­ce el espec­ta­dor tie­ne opor­tu­ni­dad de juz­gar una bella, vibran­te y muy huma­na pelí­cu­la, a la vez que cons­ti­tu­ye una vale­de­ra car­ta de pre­sen­ta­ción del debu­tan­te cineas­ta quien con este tra­ba­jo demues­tra poseer una inusual madu­rez. Jor­ge Gutman