FNC 2025 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 4 pelí­cu­las de Amé­ri­ca Lati­na pre­sen­ta­das en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinema.

El Dia­blo Fuma (Méxi­co)

Habien­do sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor ópe­ra pri­ma en la nue­va sec­ción Pers­pec­ti­vas de la Ber­li­na­le, la pelí­cu­la del rea­li­za­dor Ernes­to Mar­tí­nez Bucio se dis­tin­gue fun­da­men­tal­men­te por sus valo­res visua­les agra­cia­dos en gran medi­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Odei Zabaleta.

El Dia­blo Fuma

Con una narra­ti­va difu­sa, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Karen Pla­ta, ubi­ca la acción en 1990 en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Ciu­dad de Méxi­co, en opor­tu­ni­dad en que tie­ne lugar por segun­da vez la visi­ta del pon­tí­fi­ce Juan Pablo II. El rela­to enfo­ca las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por cin­co her­ma­nos cuya edad varía entre 7 y 12 años, inte­gra­dos por Vanes­sa (Lau­ra Uri­be Rojas), Víc­tor (Dono­van Said), Elsa (Maria­pau Bra­vo Avi­na), Mari­sol (Regi­na Ale­jan­dra) y Tomas (Rafael Nie­to Mar­tí­nez). Su padre Emi­liano (Ber­nar­do Gam­boa), cuya pre­ci­sa acti­vi­dad se des­co­no­ce, ha par­ti­do en pro­cu­ra de ubi­car a su espo­sa des­apa­re­ci­da dejan­do a los chi­cos a car­go de su frá­gil abue­la (Car­men Ramos) que sufre de esqui­zo­fre­nia y les hace creer que el dia­blo está ron­dan­do por la casa. Es así que son los her­ma­nos mayo­res (Vanes­sa y Víc­tor), quie­nes asu­men la res­pon­sa­bi­li­dad hoga­re­ña aun­que no pue­den evi­tar el des­or­den que allí impera.

Des­pués de una pro­lon­ga­da pri­me­ra mitad, el rela­to adquie­re vue­lo cuan­do los her­ma­nos, prác­ti­ca­men­te olvi­da­dos y deja­dos de la mano de Dios, lla­man la aten­ción de la poli­cía luga­re­ña y del ser­vi­cio de asis­ten­cia social de que algo extra­ño está acon­te­cien­do. Cuan­do lle­gan a la casa para inte­rro­gar­los, las res­pues­tas de los chi­cos no lle­gan a ser con­vin­cen­tes, sobre todo cuan­do que­rien­do saber sobre sus padres, ellos le res­pon­den que se encuen­tran en un via­je de vaca­cio­nes en Can­cún. No resul­ta difí­cil pre­ver el des­tino de esta extra­ña uni­dad familiar.

En varias opor­tu­ni­da­des y con resul­ta­dos mucho más exi­to­sos, el cine ha con­si­de­ra­do el pro­ble­ma de la infan­cia olvi­da­da, pero en este caso y a pesar de las bue­nas inten­cio­nes del cineas­ta el resul­ta­do obte­ni­do es des­igual debi­do a su difu­sa narra­ti­va y a la caren­cia de un pre­ci­so enfo­que; es así que por una par­te, El Dia­blo Huye asu­me el carác­ter de come­dia dra­má­ti­ca rea­lis­ta y a su veces incu­rre en el terreno de la fan­ta­sía a tra­vés de esce­nas frag­men­ta­rias sobre­na­tu­ra­les no muy bien cohe­sio­na­das que impi­den sus­ci­tar emo­ción. Más allá de los des­ni­ve­les apun­ta­dos, cabe reco­no­cer el cui­da­do del novel direc­tor en su mane­jo de cáma­ras y el logro obte­ni­do en cada uno de los foto­gra­mas. Asi­mis­mo es elo­gia­ble la nota­ble carac­te­ri­za­ción de los jóve­nes intér­pre­tes que sin pre­via expe­rien­cia acto­ral con­vin­cen­te­men­te trans­mi­ten el sen­ti­mien­to de con­fu­sión emo­cio­nal expe­ri­men­ta­do por la ausen­cia paternal.

Como nota al mar­gen, el títu­lo del film se ve acom­pa­ña­do por la alar­ga­da fra­se “y guar­da las cabe­zas de los ceri­llos que­ma­dos en la mis­ma caja” que ha sido extraí­da de una poe­sía de la guio­nis­ta Pla­ta, sugi­rien­do el tono fan­tás­ti­co del relato.

Un Poe­ta (Colom­bia-Ale­ma­nia-Sue­cia)

En su segun­do film, el rea­li­za­dor colom­biano Simón Mesa Soto, tras haber impre­sio­na­do con la Pal­ma de Oro en Can­nes con su cor­to­me­tra­je Lei­di (2014) y su ini­cial lar­go­me­tra­je Ampa­ro (2022), rati­fi­ca amplia­men­te su ido­nei­dad con esta remar­ca­ble come­dia que nave­ga entre lo trá­gi­co y lo hilarante.

Un Poe­ta

La his­to­ria escri­ta por el cineas­ta se desa­rro­lla en Mede­llín pre­sen­tan­do a Oscar Res­tre­po (Ubei­mar Ríos), un indi­vi­duo de media­na edad que como poe­ta en 1990 logró un gran éxi­to lite­ra­rio. Pero las glo­rias del pasa­do han que­da­do atrás y hoy día es el típi­co repre­sen­tan­te del indi­vi­duo per­de­dor. Sin una ocu­pa­ción esta­ble, sien­do un frus­tra­do borra­cho a la vez que soña­dor impe­ni­ten­te vive sus penu­rias con su enfer­ma madre Tere­si­ta (Mar­ga­ri­ta Soto) y ade­más humi­llan­te­men­te pide pres­ta­do dine­ro a su hija ado­les­cen­te (Alis­son Correa) para con­su­mir bebi­da y aun­que ella lo menos­pre­cia en últi­ma ins­tan­cia se com­pa­de­ce de su situa­ción. En el terreno de su pre­di­lec­ción ido­la­tra al emi­nen­te poe­ta colom­biano José Asun­ción Sil­va que se sui­ci­dó a los 30 años en tan­to que dese­cha a Gabriel Gar­cía Már­quez. Tra­tan­do de vol­ver a triun­far su buen ami­go Efraín (Gui­ller­mo Car­do­na) le hace notar que pre­via­men­te con­ci­ba un poe­ma que lle­gue repercutir.

Su vida cobra nue­vo alien­to cuan­do al ser­le ofre­ci­do un pues­to como docen­te en una escue­la, lle­ga a asom­brar­se con los dibu­jos y mag­ní­fi­cos poe­mas que se encuen­tran en el cua­derno de Yur­lady (Rebe­ca Andra­de), una de las alum­nas asis­ten­tes de 15 años, estan­do así con­ven­ci­do que podría lle­gar a ser una gran poe­ti­sa y por lo tan­to está dis­pues­to a ayu­dar­la. De allí en más, él se con­vier­te en su men­tor y lle­ga­da la oca­sión Yur­lady demues­tra su talen­to en un fes­ti­val de poe­sía leyen­do un poe­ma acer­ca de su color de piel more­na; sin embar­go a ella solo le intere­sa la poe­sía como un medio de obte­ner bene­fi­cios pecu­nia­rios, un cri­te­rio que en tal sen­ti­do Oscar dis­cre­pa con su pun­to de vista.

Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les, el film es alta­men­te meri­to­rio por varias razo­nes. En pri­mer lugar por la sobrie­dad emplea­da por Mesa Soto en su sen­si­ble narra­ción, agra­cia­do por la inge­nio­si­dad ema­na­da de su esme­ra­do guión. Cla­ro está que resul­ta memo­ra­ble la inter­pre­ta­ción brin­da­da por Ríos quien no sien­do un actor pro­fe­sio­nal sino un pres­ti­gio­so filó­so­fo colom­biano en la vida real, con abso­lu­ta per­fec­ción ani­ma al misán­tro­po pro­ta­go­nis­ta en pro­cu­ra de su reden­ción a tra­vés de la ins­pi­ra­ción brin­da­da por Yur­lady; en tal sen­ti­do mere­ce ala­bar la auten­ti­ci­dad que Andra­de refle­ja en su rol y su nota­ble com­pli­ci­dad con el de Ríos.

Cier­ta­men­te este rele­van­te film cede paso a la refle­xión acer­ca de lo que acon­te­ce en mate­ria cul­tu­ral, con espe­cial refe­ren­cia a la poe­sía, don­de pare­cie­ra que en los fes­ti­va­les, con­fe­ren­cias y/o encuen­tros rea­li­za­dos por sus orga­ni­za­do­res, ellos están más intere­sa­dos en el dine­ro y pres­ti­gio que les pue­da brin­dar, dejan­do en un segun­do plano el inte­lec­tual pro­ce­so creativo.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Fla­men­co. (Chi­le-Fran­cia-Ale­ma­nia-Espa­ña-Bél­gi­ca)

Siem­pre es gra­ti­fi­can­te salu­dar la pre­sen­ta­ción de un nue­vo rea­li­za­dor lati­no­ame­ri­cano, como es el caso del chi­leno Die­go Cés­pe­des y más aún cuan­do su pelí­cu­la obtu­vo en Can­nes el pre­mio al mejor film en la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard. De allí que resul­ta más que bien­ve­ni­do que el FNC con­si­de­ró su inclu­sión en la pro­gra­ma­ción del pano­ra­ma internacional.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Flamenco

Con admi­ra­ble auda­cia el novel direc­tor y guio­nis­ta abor­da un intré­pi­do tema refle­jan­do el mun­do de quie­nes están orien­ta­dos sexual­men­te hacia el mis­mo géne­ro. Su his­to­ria está ambien­ta­da en el nor­te del desier­to de Chi­le en los pri­me­ros años de la déca­da del 80 giran­do en torno a una fami­lia queer. En dicho con­tex­to trans­cu­rre la vida de Lidia (Tama­ra Cor­tés), una niña de 11 años rodea­da de Mamá Boa (Pau­la Dina­mar­ca) que tie­ne a su car­go un caba­ret musi­cal, y de Fla­men­co (Matías Cata­lán) que actúa en el local y que es una suer­te de madre sus­ti­tu­ta de la pequeña.

A tra­vés de una narra­ción no exen­ta de un poé­ti­co liris­mo, Lidia aten­ta­men­te obser­va cómo los mine­ros del lugar asis­ten al local para con­tem­plar los bai­les y can­cio­nes de los tra­ves­tis y muy espe­cial­men­te de la encan­ta­do­ra Fla­men­co cuya suges­ti­va mira­da es cau­sa de atrac­ción al mis­mo tiem­po que des­pier­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to pre­jui­cio­so de los parro­quia­nos. En tal sen­ti­do Cés­pe­des refle­ja acer­ta­da­men­te la épo­ca impe­ran­te don­de quie­nes asu­men un dife­ren­te com­por­ta­mien­to sexual son fuer­te­men­te dis­cri­mi­na­dos y mar­gi­na­dos de la socie­dad. Ese fac­tor y el agra­van­te de que comien­za a sur­gir el Sida inten­si­fi­ca la ten­sión de un pue­blo teme­ro­so de lo que la homo­se­xua­li­dad pue­de gene­rar. Es así que la ino­cen­te Lidia se pre­gun­ta si es posi­ble que un genuino amor pue­de oca­sio­nar la muerte.

Con inusi­ta­da madu­rez el direc­tor impri­me en su mayor par­te un rit­mo diná­mi­co den­tro de un cli­ma atmos­fé­ri­co que adquie­re el carác­ter de un moderno wes­tern; si bien el film pue­de a veces resul­tar un poco con­fu­so, dicho repa­ro de mane­ra algu­na miti­ga sus autén­ti­cos valo­res mer­ced a la ori­gi­na­li­dad del rela­to que refle­ja una hones­ta crí­ti­ca a la dis­cri­mi­na­ción sexual, como asi­mis­mo agra­cia­do con un elen­co de enco­mia­ble nivel artístico.

O Últi­mo Azul (Bra­sil-Méxi­co-Chi­le-Paí­ses Bajos)

Aun­que copro­du­ci­da por 4 paí­ses, este bello film de Gabriel Mas­ca­ro es esen­cial­men­te bra­si­le­ño. A tra­vés de una fábu­la sen­ci­lla, con­ci­sa pero deci­di­da­men­te efec­ti­va, el espec­ta­dor se encuen­tra invo­lu­cra­do en una deli­cio­sa aven­tu­ra acuática.

0 Últi­mo Azul

El ori­gi­nal guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tibé­rio Azul está ambien­ta­do en un Bra­sil dis­tó­pi­co. El tono futu­ris­ta de mane­ra algu­na impli­ca que la his­to­ria carez­ca de visos realís­ti­cos, abor­dan­do el tema de la dis­cri­mi­na­ción por par­te de quie­nes lle­gan al cre­púscu­lo de la vida.

La pro­ta­go­nis­ta es Tere­za (Deni­se Wein­berg), una madre sol­te­ra de 77 años de nota­ble vita­li­dad físi­ca tra­ba­jan­do en una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de car­ne en una peque­ña zona del Ama­zo­nas. Acon­te­ce que un decre­to guber­na­men­tal ha deci­di­do dis­mi­nuír la edad del reti­ro obli­ga­to­rio de los 80 a los 75 años, para que la joven gene­ra­ción pue­da reem­pla­zar a quie­nes han lle­ga­do a la mayo­ría de edad; es así que no obs­tan­te que aún le habría que­da­do 3 años más de estar ocu­pa­da, su situa­ción cam­bia rotun­da­men­te al tener que dejar su empleo; a ello se agre­ga que estas per­so­nas son envia­das a una suer­te de Colo­nia que obra como resi­den­cia de ancia­nos de don­de has­ta el pre­sen­te poco se sabe de la mis­ma por­que nadie ha retor­na­do y por el momen­to es su hija Joa­na (Cla­ris­sa Pinhei­ro) quien debe­rá cuidarla.

El núcleo del rela­to se pre­sen­ta cuan­do esta deci­di­da dama desea cum­plir sus deseos de efec­tuar un via­je aéreo y al que­rer adqui­rir un pasa­je se impo­ne que debe con­tar con la auto­ri­za­ción de su hija quien rehú­sa a hacer­lo. En con­se­cuen­cia, ella no se ame­dren­ta y es así que con­si­gue con­tac­tar a Cadu Rodri­go San­to­ro), un navie­ro flu­vial para que la tras­la­de ile­gal­men­te en su embar­ca­ción a tra­vés del Ama­zo­nas has­ta la loca­li­dad de Ita­coa­tia­ra, don­de pare­ce­ría indi­car que allí podría adqui­rir el ansia­do pasa­je aéreo sin pro­ble­ma alguno. A tra­vés de un via­je acci­den­ta­do en don­de el peri­plo se des­vía de su ruta ori­gi­nal, Cadu le trans­mi­te cier­tos pode­res mági­cos, como asi­mis­mo ella lle­ga a cono­cer a Rober­ta (Miriam Soca­rrás), una ani­ma­da mujer de su mis­ma edad que le ofre­ce una visión dife­ren­te de la vida.

El impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Day­se Barre­to y la estu­pen­da foto­gra­fía de Gui­ller­mo Gar­za con­tri­bu­yen a valo­ri­zar esta impe­ca­ble come­dia futu­rís­ti­ca de Mas­ca­ro, nutri­da de un inme­jo­ra­ble elen­co enca­be­za­do por Wein­berg. La actriz mara­vi­llo­sa­men­te trans­mi­te la deter­mi­na­ción de una mujer que no está dis­pues­ta a que la des­po­jen de su auto­no­mía, a la vez que con gran fide­li­dad arti­cu­la su trans­for­ma­ción espi­ri­tual; su actua­ción no des­me­ri­ta la muy con­vin­cen­te par­ti­ci­pa­ción de San­to­ro, como asi­mis­mo la de Soca­rrás cuyo cáli­do y expre­si­vo per­so­na­je gene­ra una quí­mi­ca con­mo­ve­do­ra con el asu­mi­do por Weinberg.

Lo que real­men­te tras­cien­de de este film es el dejo opti­mis­ta que tras­lu­ce al ilus­trar la resi­lien­cia huma­na que demues­tra la no exis­ten­cia de edad lími­te para su des­agre­ga­ción social. Por sus inne­ga­bles méri­tos los miem­bros del jura­do del fes­ti­val de Ber­lín pre­mia­ron con el Oso de Pla­ta a esta bri­llan­te película.

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