Crónica de Jorge Gutman
He aquí el comentario de 4 películas de América Latina presentadas en el Festival du Nouveau Cinema.
El Diablo Fuma (México)
Habiendo sido distinguida con el premio a la mejor ópera prima en la nueva sección Perspectivas de la Berlinale, la película del realizador Ernesto Martínez Bucio se distingue fundamentalmente por sus valores visuales agraciados en gran medida por la magnífica fotografía de Odei Zabaleta.

El Diablo Fuma
Con una narrativa difusa, el guión del realizador escrito con Karen Plata, ubica la acción en 1990 en un lugar no especificado de Ciudad de México, en oportunidad en que tiene lugar por segunda vez la visita del pontífice Juan Pablo II. El relato enfoca las peripecias atravesadas por cinco hermanos cuya edad varía entre 7 y 12 años, integrados por Vanessa (Laura Uribe Rojas), Víctor (Donovan Said), Elsa (Mariapau Bravo Avina), Marisol (Regina Alejandra) y Tomas (Rafael Nieto Martínez). Su padre Emiliano (Bernardo Gamboa), cuya precisa actividad se desconoce, ha partido en procura de ubicar a su esposa desaparecida dejando a los chicos a cargo de su frágil abuela (Carmen Ramos) que sufre de esquizofrenia y les hace creer que el diablo está rondando por la casa. Es así que son los hermanos mayores (Vanessa y Víctor), quienes asumen la responsabilidad hogareña aunque no pueden evitar el desorden que allí impera.
Después de una prolongada primera mitad, el relato adquiere vuelo cuando los hermanos, prácticamente olvidados y dejados de la mano de Dios, llaman la atención de la policía lugareña y del servicio de asistencia social de que algo extraño está aconteciendo. Cuando llegan a la casa para interrogarlos, las respuestas de los chicos no llegan a ser convincentes, sobre todo cuando queriendo saber sobre sus padres, ellos le responden que se encuentran en un viaje de vacaciones en Cancún. No resulta difícil prever el destino de esta extraña unidad familiar.
En varias oportunidades y con resultados mucho más exitosos, el cine ha considerado el problema de la infancia olvidada, pero en este caso y a pesar de las buenas intenciones del cineasta el resultado obtenido es desigual debido a su difusa narrativa y a la carencia de un preciso enfoque; es así que por una parte, El Diablo Huye asume el carácter de comedia dramática realista y a su veces incurre en el terreno de la fantasía a través de escenas fragmentarias sobrenaturales no muy bien cohesionadas que impiden suscitar emoción. Más allá de los desniveles apuntados, cabe reconocer el cuidado del novel director en su manejo de cámaras y el logro obtenido en cada uno de los fotogramas. Asimismo es elogiable la notable caracterización de los jóvenes intérpretes que sin previa experiencia actoral convincentemente transmiten el sentimiento de confusión emocional experimentado por la ausencia paternal.
Como nota al margen, el título del film se ve acompañado por la alargada frase “y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja” que ha sido extraída de una poesía de la guionista Plata, sugiriendo el tono fantástico del relato.
Un Poeta (Colombia-Alemania-Suecia)
En su segundo film, el realizador colombiano Simón Mesa Soto, tras haber impresionado con la Palma de Oro en Cannes con su cortometraje Leidi (2014) y su inicial largometraje Amparo (2022), ratifica ampliamente su idoneidad con esta remarcable comedia que navega entre lo trágico y lo hilarante.

Un Poeta
La historia escrita por el cineasta se desarrolla en Medellín presentando a Oscar Restrepo (Ubeimar Ríos), un individuo de mediana edad que como poeta en 1990 logró un gran éxito literario. Pero las glorias del pasado han quedado atrás y hoy día es el típico representante del individuo perdedor. Sin una ocupación estable, siendo un frustrado borracho a la vez que soñador impenitente vive sus penurias con su enferma madre Teresita (Margarita Soto) y además humillantemente pide prestado dinero a su hija adolescente (Alisson Correa) para consumir bebida y aunque ella lo menosprecia en última instancia se compadece de su situación. En el terreno de su predilección idolatra al eminente poeta colombiano José Asunción Silva que se suicidó a los 30 años en tanto que desecha a Gabriel García Márquez. Tratando de volver a triunfar su buen amigo Efraín (Guillermo Cardona) le hace notar que previamente conciba un poema que llegue repercutir.
Su vida cobra nuevo aliento cuando al serle ofrecido un puesto como docente en una escuela, llega a asombrarse con los dibujos y magníficos poemas que se encuentran en el cuaderno de Yurlady (Rebeca Andrade), una de las alumnas asistentes de 15 años, estando así convencido que podría llegar a ser una gran poetisa y por lo tanto está dispuesto a ayudarla. De allí en más, él se convierte en su mentor y llegada la ocasión Yurlady demuestra su talento en un festival de poesía leyendo un poema acerca de su color de piel morena; sin embargo a ella solo le interesa la poesía como un medio de obtener beneficios pecuniarios, un criterio que en tal sentido Oscar discrepa con su punto de vista.
Sin entrar en detalles adicionales, el film es altamente meritorio por varias razones. En primer lugar por la sobriedad empleada por Mesa Soto en su sensible narración, agraciado por la ingeniosidad emanada de su esmerado guión. Claro está que resulta memorable la interpretación brindada por Ríos quien no siendo un actor profesional sino un prestigioso filósofo colombiano en la vida real, con absoluta perfección anima al misántropo protagonista en procura de su redención a través de la inspiración brindada por Yurlady; en tal sentido merece alabar la autenticidad que Andrade refleja en su rol y su notable complicidad con el de Ríos.
Ciertamente este relevante film cede paso a la reflexión acerca de lo que acontece en materia cultural, con especial referencia a la poesía, donde pareciera que en los festivales, conferencias y/o encuentros realizados por sus organizadores, ellos están más interesados en el dinero y prestigio que les pueda brindar, dejando en un segundo plano el intelectual proceso creativo.
La Misteriosa Mirada del Flamenco. (Chile-Francia-Alemania-España-Bélgica)
Siempre es gratificante saludar la presentación de un nuevo realizador latinoamericano, como es el caso del chileno Diego Céspedes y más aún cuando su película obtuvo en Cannes el premio al mejor film en la sección oficial Un Certain Regard. De allí que resulta más que bienvenido que el FNC consideró su inclusión en la programación del panorama internacional.

La Misteriosa Mirada del Flamenco
Con admirable audacia el novel director y guionista aborda un intrépido tema reflejando el mundo de quienes están orientados sexualmente hacia el mismo género. Su historia está ambientada en el norte del desierto de Chile en los primeros años de la década del 80 girando en torno a una familia queer. En dicho contexto transcurre la vida de Lidia (Tamara Cortés), una niña de 11 años rodeada de Mamá Boa (Paula Dinamarca) que tiene a su cargo un cabaret musical, y de Flamenco (Matías Catalán) que actúa en el local y que es una suerte de madre sustituta de la pequeña.
A través de una narración no exenta de un poético lirismo, Lidia atentamente observa cómo los mineros del lugar asisten al local para contemplar los bailes y canciones de los travestis y muy especialmente de la encantadora Flamenco cuya sugestiva mirada es causa de atracción al mismo tiempo que despierta un profundo sentimiento prejuicioso de los parroquianos. En tal sentido Céspedes refleja acertadamente la época imperante donde quienes asumen un diferente comportamiento sexual son fuertemente discriminados y marginados de la sociedad. Ese factor y el agravante de que comienza a surgir el Sida intensifica la tensión de un pueblo temeroso de lo que la homosexualidad puede generar. Es así que la inocente Lidia se pregunta si es posible que un genuino amor puede ocasionar la muerte.
Con inusitada madurez el director imprime en su mayor parte un ritmo dinámico dentro de un clima atmosférico que adquiere el carácter de un moderno western; si bien el film puede a veces resultar un poco confuso, dicho reparo de manera alguna mitiga sus auténticos valores merced a la originalidad del relato que refleja una honesta crítica a la discriminación sexual, como asimismo agraciado con un elenco de encomiable nivel artístico.
O Último Azul (Brasil-México-Chile-Países Bajos)
Aunque coproducida por 4 países, este bello film de Gabriel Mascaro es esencialmente brasileño. A través de una fábula sencilla, concisa pero decididamente efectiva, el espectador se encuentra involucrado en una deliciosa aventura acuática.

0 Último Azul
El original guión del realizador compartido con Tibério Azul está ambientado en un Brasil distópico. El tono futurista de manera alguna implica que la historia carezca de visos realísticos, abordando el tema de la discriminación por parte de quienes llegan al crepúsculo de la vida.
La protagonista es Tereza (Denise Weinberg), una madre soltera de 77 años de notable vitalidad física trabajando en una planta procesadora de carne en una pequeña zona del Amazonas. Acontece que un decreto gubernamental ha decidido disminuír la edad del retiro obligatorio de los 80 a los 75 años, para que la joven generación pueda reemplazar a quienes han llegado a la mayoría de edad; es así que no obstante que aún le habría quedado 3 años más de estar ocupada, su situación cambia rotundamente al tener que dejar su empleo; a ello se agrega que estas personas son enviadas a una suerte de Colonia que obra como residencia de ancianos de donde hasta el presente poco se sabe de la misma porque nadie ha retornado y por el momento es su hija Joana (Clarissa Pinheiro) quien deberá cuidarla.
El núcleo del relato se presenta cuando esta decidida dama desea cumplir sus deseos de efectuar un viaje aéreo y al querer adquirir un pasaje se impone que debe contar con la autorización de su hija quien rehúsa a hacerlo. En consecuencia, ella no se amedrenta y es así que consigue contactar a Cadu Rodrigo Santoro), un naviero fluvial para que la traslade ilegalmente en su embarcación a través del Amazonas hasta la localidad de Itacoatiara, donde parecería indicar que allí podría adquirir el ansiado pasaje aéreo sin problema alguno. A través de un viaje accidentado en donde el periplo se desvía de su ruta original, Cadu le transmite ciertos poderes mágicos, como asimismo ella llega a conocer a Roberta (Miriam Socarrás), una animada mujer de su misma edad que le ofrece una visión diferente de la vida.
El impecable diseño de producción de Dayse Barreto y la estupenda fotografía de Guillermo Garza contribuyen a valorizar esta impecable comedia futurística de Mascaro, nutrida de un inmejorable elenco encabezado por Weinberg. La actriz maravillosamente transmite la determinación de una mujer que no está dispuesta a que la despojen de su autonomía, a la vez que con gran fidelidad articula su transformación espiritual; su actuación no desmerita la muy convincente participación de Santoro, como asimismo la de Socarrás cuyo cálido y expresivo personaje genera una química conmovedora con el asumido por Weinberg.
Lo que realmente trasciende de este film es el dejo optimista que trasluce al ilustrar la resiliencia humana que demuestra la no existencia de edad límite para su desagregación social. Por sus innegables méritos los miembros del jurado del festival de Berlín premiaron con el Oso de Plata a esta brillante película.
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