La Viri­li­dad del Boxeo

LA DAN­SE DES RENARDS. Bél­gi­ca-Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Valery Car­noy. 92 minutos

Des­pués de varios exi­to­sos cor­tos, el cineas­ta bel­ga Valery Car­noy debu­ta en el lar­go­me­tra­je expo­nien­do la otra cara del boxeo en un rela­to depor­ti­vo pocas veces frecuentado.


Samuel Kir­cher

La his­to­ria con­ce­bi­da por Car­noy cen­tra su aten­ción en el joven pugi­lis­ta Cami­lle (Samuel Kir­cher) quien en una escue­la depor­ti­va se des­ta­ca por su gran talen­to en don­de tras varios años de inten­si­vo entre­na­mien­to ha demos­tra­do su inven­ci­bi­li­dad en el ring, es por eso que es admi­ra­do por sus com­pa­ñe­ros y espe­cial­men­te por su ami­go Mat­teo (Fay­cal Ana­flous) que tam­bién es otro de los inter­nos del establecimiento.

Inde­pen­dien­te­men­te de su acti­vi­dad depor­ti­va, el joven vuel­ca su afec­to por los zorros dejan­do en los árbo­les del bos­que ali­men­tos para obser­var cómo los atra­pan. Esa demos­tra­ción de ter­nu­ra le per­mi­te a Cami­lle con­tra­rres­tar el cli­ma de tóxi­ca mas­cu­li­ni­dad impe­ran­te en el ambien­te del internado.

La vida nor­mal del boxea­dor se ve obs­trui­da cuan­do pasean­do por el bos­que con Mat­teo, cae en un escar­pa­do acan­ti­la­do, sien­do res­ca­ta­do por su ami­go. Si bien el acci­den­te le deja algu­nas heri­das de las que va recu­pe­rán­do­se, cier­tos sín­to­mas psi­co­so­má­ti­cos hacen pre­sa de su per­so­na; eso se evi­den­cia a tra­vés de ata­ques de páni­co y su inse­gu­ri­dad de poder actuar en futu­ros com­ba­tes, a pesar de los esfuer­zos de su entre­na­dor Bog­dan (Bap­tis­te Durand), quien tra­ta de encon­trar la cau­sa del extra­ño com­por­ta­mien­to de su discípulo.

De allí en más el rela­to rese­ña cómo la vul­ne­ra­bi­li­dad de Cami­lle con­du­ce a que sus com­pa­ñe­ros comien­cen a des­pla­zar­lo a tra­vés de acti­tu­des de des­pre­cio y de humi­lla­ción públi­ca, con excep­ción de Mat­teo y de Yas­mi­na (Anna Hec­kel), la joven estu­dian­te de músi­ca con la cual sim­pa­ti­za Así, la secue­la del acci­den­te del otro­ra bri­llan­te lucha­dor al tam­ba­lear su for­ta­le­za físi­ca y su esta­do de ines­ta­bi­li­dad emo­cio­nal afec­ta los códi­gos de viri­li­dad que requie­re el boxeo.

Si bien resul­ta intere­san­te la ana­to­mía de la mas­cu­li­ni­dad que el cineas­ta ofre­ce en su guión, es impor­tan­te tener en cuen­ta que en las últi­mas déca­das se han des­ta­ca­do lucha­do­ras muje­res que han lle­ga­do a la cús­pi­de del boxeo pro­fe­sio­nal. Cla­ro está que ese hecho no ate­núa los méri­tos de esta ópe­ra pri­ma agra­cia­da por su enco­mia­ble pues­ta escé­ni­ca que ape­lan­do a una sucin­ta y efec­ti­va narra­ción trans­mi­te con nota­ble sen­si­bi­li­dad la psi­co­lo­gía de Cami­lle. En tal sen­ti­do. es remar­ca­ble la inter­pre­ta­ción de Kir­cher al haber mag­ní­fi­ca­men­te cap­ta­do la gama de varia­dos sen­ti­mien­tos expe­ri­men­ta­dos por el trau­ma psi­co­ló­gi­co de su per­so­na­je que en ple­na cri­sis emo­cio­nal inten­ta for­jar una nue­va identidad.

Sin pre­ten­cio­si­dad algu­na La Dan­se des Renards repre­sen­ta un buen apor­te cine­ma­to­grá­fi­co de Car­noy a la vez que cons­ti­tu­ye un ante­ce­den­te posi­ti­vo para sus futu­ros pro­yec­tos. Jor­ge Gutman

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