125, RUE DES MALAISES. Canadá, 2026. Un film de Louis Bélanger. 94 minutos
Aunque parezca difícil que un tema muy delicado pueda reflejarse en una comedia dramática, en 125 Rue des Malaises el director Louis Bélanger permite que sea factible.
En términos generales, la eutanasia es una práctica que no está permitida para personas que se encuentran en buen estado de salud. En todo caso es preciso hacer abstracción de esa condición para sumergirse en la historia plasmada por Denise Robert y trasladada eficazmente por Bélanger.

Geneviève Schmidt
En su comienzo se observa al septuagenario ingeniero de sonido Laurent Perner (Rémy Girard), bailando alegremente al compás de una música en su campestre chalet bordeando un lago ubicado en la provincia de Quebec. Sin embargo las apariencias engañan; eso acontece cuando llega su hija soltera Marie-Claude (Geneviève Schmidt) y después de un rato de amistoso reencuentro él le comunica que ha decidido recurrir a la ayuda médica para morir dentro de pocos días. Naturalmente la noticia deja estupefacta a la mujer al saber que su padre se encuentra en buenas condiciones físicas y mentalmente; su progenitor le explica que él ha sido muy afectado por el sufrimiento que agobió a su madre enferma antes de su deceso como así también comprobar que uno de sus amigos ha perdido la memoria; es así que está convencido de que su decisión es correcta y que después de haber vivido plenamente pueda evitar lo que aconteció a su madre. La chica queda aún más sorprendida cuando arriba Jacob Boucher (Pier-Luc Funk), otro hijo de Laurent que tuvo extramatrimonialmente y que ocultó ese hecho a Marie-Claude; Jacob que en toda su existencia estuvo alejado de su padre fue llamado por él para hacerle saber su decisión de morir anticipadamente; esa circunstancia motiva a que los hermanastros se conozcan y prontamente cimenten un vínculo de afinidad. Algo semejante acontece con Martin Lagace (Claude Legault), un buen vecino y amigo de Laurent desde hace más de dos décadas quien al enterarse de lo que Laurent está determinado a proceder, lamenta de que pronto dejará de verlo. El momento decisivo se produce con la llegada de la vital notaria Chantal Pitre (Guylaine Tremblay), otra gran amiga de Laurent, quien con su presencia y la de sus dos hijos procede a leer el testamento dispuesto por él.
Bélanger ha reunido un talentoso elenco donde tanto Girard como Schmidt, Funk, Legault y Tremblay estando plenamente inmersos en sus respectivos personajes ofrecen completa autenticidad además de haber recurrido a una magnífica improvisación en la concepción de ciertas secuencias.
Con una minimalista puesta escénica el realizador logra situaciones de gran emoción, incluyendo entre otras las que emanan de la lectura del testamento como asimismo cuando Jacob y Marie-Claude leen la carta que cada uno ha recibido de su padre expresándoles su profundo amor.
Más allá de que el film permite reflexionar sobre si es pertinente que una persona siendo dueña de su vida tenga el derecho de determinar el momento de partir, lo cierto es que Bélanger ha brindado una esmerada película entremezclando armoniosamente un chispeante humor que emerge en ciertas escenas con otras de gran ternura que resuenan hondamente en el ánimo de la audiencia.
Finalmente, en el rubro técnico cabe destacar la banda sonora de Martin y Simon Roy y la participación de la pianista Viviane Audet ofreciendo bellas melodías complementarias que intercaladas en el relato constituyen un grato obsequio para el oído del espectador. Jorge Gutman