Con la Músi­ca en el Alma

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

DETROIT. MUSIC OF THE MOTOR CITYCon­cep­ción: Andrew Pen­ner, Frank Cox-O’Con­nell, & Tra­vis Knights — Tex­to: Erin Bran­den­burg, Frank Cox-O’Con­nell y Tra­vis Knights — Direc­ción Escé­ni­ca: Frank Cox-O’Con­nell — Elen­co: Hai­ley Gillis, Tra­vis Knights, Andrew Pen­ner, SATE —  Direc­ción Musi­cal: Andrew Pen­ner – Músi­cos: Joel Joseph, Joe Bow­den, Jacob Gorzhal­tsan, Raha Javan­far y Andrew McAnsh — Ilu­mi­na­ción: – Noah Fea­ver — Dise­ño de Soni­do: Andrés Cas­ti­llo-Smith — Dise­ño de Pro­yec­ción: Frank Dona­to — Dura­ción: 75 minu­tos sin entre­ac­to — Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 3 de mayo en la sala prin­ci­pal del Segal Cen­tre (www.segalcentre.org)

En el mar­co de un inusual y remar­ca­ble espec­tácu­lo el Segal Cen­tre rin­de un emo­ti­vo tri­bu­to a Detroit a tra­vés de un con­cier­to docu­men­tal tes­ti­mo­nian­do lo acon­te­ci­do en dicha ciu­dad a lo lar­go del siglo pasa­do has­ta la épo­ca actual.

La pie­za con­ce­bi­da por Andrew Pen­ner, Frank Cox-O’Con­nell y Tra­vis Knights pre­sen­ta a cua­tro estu­pen­dos acto­res y can­tan­tes don­de cada uno de ellos sepa­ra­da­men­te y en con­jun­to dan cuen­ta de la evo­lu­ción y pos­te­rior­men­te invo­lu­ción de Detroit.

Una esce­na. (Foto: Moni­ca Wong)

El rela­to se ini­cia seña­lan­do cómo la fun­da­ción de la Ford Motor Com­pany en 1903 por el visio­na­rio Henry Ford creó un auge eco­nó­mi­co inusi­ta­do moti­van­do a su vez una gran migra­ción de habi­tan­tes del sur de Esta­dos Uni­dos a Detroit con­si­de­ra­da como “la ciu­dad del futu­ro”. Eso a su vez moti­vó un remar­ca­ble impul­so en su músi­ca que lle­ga­ría a ocu­par un vital ele­men­to con la crea­ción de Motown, un sello dis­co­grá­fi­co que desem­pe­ñó un impor­tan­te rol en la inte­gra­ción racial de la músi­ca popu­lar afro­ame­ri­ca­na. Sin embar­go, el dina­mis­mo y auge de Detroit se ve que­bran­tan­do con los dra­má­ti­cos moti­nes acae­ci­dos en julio de 1967 a cau­sa de la dis­cri­mi­na­ción racial, pro­du­cien­do un trá­gi­co sal­do de muer­tos, heri­dos e innu­me­ra­bles edi­fi­cios des­trui­dos; eso impli­có una drás­ti­ca dis­mi­nu­ción de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca con las fábri­cas aban­do­na­das y el tras­la­do de miles de empre­sas a otros sitios del país. Con­ver­ti­da prác­ti­ca­men­te en una ciu­dad fan­tas­ma, eso no impi­dió que se gene­ra­ra un alto índi­ce de cri­mi­na­li­dad, al extre­mo tal que en 2013 fue cata­lo­ga­da por el FBI como la ciu­dad más peli­gro­sa de Esta­dos Uni­dos que a su vez coin­ci­dió con la decla­ra­ción de ban­ca­rro­ta muni­ci­pal más gran­de regis­tra­da en la his­to­ria del país.

SATE, Tra­vis Knights y Hai­ley Gillis. (Foto, Dah­lia Katz)

La des­crip­ción que ante­ce­de es remar­ca­da a tra­vés de la vibran­te músi­ca median­te varia­dos géne­ros, en el que entre otros el jazz se entre­mez­cla con el rock y el Hip-Hop.

El espec­tácu­lo se valo­ri­za con las nota­bles actua­cio­nes de Andrew Pen­ner, Hai­ley Gillis y muy espe­cial­men­te por la efer­ves­cen­cia, apa­sio­na­mien­to y vita­li­dad vol­ca­dos en sus cuer­das voca­les por Tra­vis Knights y Sai­dah Baba Tali­bah cuyo nom­bre artís­ti­co es SATE. A su vez cabe des­ta­car el brío de la ban­da musi­cal inte­gra­da por Joel Joseph, Joe Bow­den, Jacob Gorzhal­tsan, Raha Javan­far y Andrew McAnsh eje­cu­tan­do gran­des éxi­tos inclu­yen­do entre otros Lose Your­self, What’s Going On y la con­mo­ve­do­ra can­ción Black Day in July que refle­ja el dolor sufri­do por los acon­te­ci­mien­tos de 1967.

La músi­ca cuya fuer­za uni­ver­sal es capaz de trans­for­mar emo­cio­nes se apre­cia en la expe­rien­cia de Detroit en la que a tra­vés de su crea­ción artís­ti­ca ha per­mi­ti­do ele­var el espí­ri­tu de la ciu­dad con su deter­mi­na­ción, resi­lien­cia y ener­gía para supe­rar su decli­na­ción, aguar­dan­do su rena­ci­mien­to y vol­ver a dis­fru­tar de la glo­ria de antaño.

En esen­cia, Detroit. Music of the Motor City es un vibran­te show que nutri­do de melan­co­lía autén­ti­ca­men­te trans­mi­te el alien­to de una metró­po­li que con­lle­va la músi­ca en el alma. Tenien­do en cuen­ta sus inne­ga­bles méri­tos esta pie­za con­tri­bu­ye a enri­que­cer el pano­ra­ma tea­tral de Montreal.