I SWEAR. Gran Bretaña, 2025. Un film escrito y dirigido por Kirk Jones. 121 minutos
Un film trascendente es I Swear del director británico Kirk Jones en el que enfoca a John Davidson, un activista escocés que a través de su experiencia personal aboga por defender a quienes padecen del Síndrome de Tourette. Si bien a los 16 años Davidson protagonizó el documental John’s Not Mad en el que relata su vivencia acarreando ese desafortunado síndrome, el presente relato de ficción guionizado por Jones es más que bienvenido en la medida que sin sentimentalismo alguno y con máxima sobriedad describe la relación de Davidson con el mundo que le rodea.

Robert Aramayo
La historia comienza a principios de la década del 80 en el pequeño pueblo escocés de Galashiels en el que John (Scott Ellis Watson) ve transcurrir su existencia de manera normal hasta que su vida se ve seriamente alterada cuando a los 14 años es afectado por el Síndrome de Tourette; esta anomalía del sistema nervioso produce en este adolescente continuados tics, gruñidos, repetición de palabras incluyendo algunas de contenido obsceno y en general un comportamiento incontrolable que aunque involuntario es socialmente inaceptable. En consecuencia de lo que antecede, el muchacho que a veces no puede evitar escupir durante la comida, sufre la incomprensión de sus padres David (Steven Creen) y Heather Davidson (Shirley Henderson) que lo apartan de la mesa para que coma separadamente en otro lugar; a su vez esa alteración de conducta antisocial influye para ser severamente reprendido por los profesores de su escuela.
El relato se traslada 13 años después cuando John (Robert Aramayo) logra encontrar solaz y profundo afecto en Dottie (Maxine Peake), una ex enfermera que no obstante su grave estado de salud llega a comprenderlo y pródigamente lo ayuda a lograr una autoestima que le permita confiar en sí mismo y pueda convivir mejor con las condiciones de su afección; a eso se agrega su afectivo vínculo con Tommy (Peter Mullan), el encargado de mantenimiento de un centro comunitario en el que consigue un empleo como cuidador.
Teniendo en cuenta que Aramayo acarrea el mayor peso del relato, resulta nada menos que admirable la composición que logra de su protagonista; sin duda alguna para una persona que no sufre del desafortunado síndrome, es encomiable cómo el actor logró vencer el desafío de poder reproducir con máxima autenticidad los gestos, muecas, encogimiento de hombros, la vocalización, expresiones y restantes modalidades de John. La excepcional actuación de Aramayo no desestima las remarcables caracterizaciones que Henderson, Peake y Mullen realizan de sus respectivos personajes.
En el marco de una narración bien articulada y cuidando de no caricaturizar a su protagonista el realizador permite que con I Swear la audiencia adquiera concientización de este síndrome. Ilustrando la perseverancia y constancia de Davidson, con la ayuda de generosas personas como Dottie y Tommy, la película refleja su conversión en notable educador hacia quienes padecen de esta afección para que no se sientan aislados o marginados de la sociedad.
En suma, he aquí un drama sensible, conmovedor y aleccionador que consigue la plena empatía de la audiencia. Jorge Gutman