1982. Perú, 2025. Un film escrito y dirigido por Garcia JC. 84 minutos
Resulta agradable apreciar el debut del realizador peruano Juan Carlos García ‑conocido como García JC- quien en 1982 ofrece un drama bien estructurado a través de la visión de un chico en la etapa final de su infancia.
El protagonista es el adulto Tato, que a través de la voz en off pasa revista a su memoria de los episodios vividos en 1982 cuando tenía 12 años de edad, en Talavera, una localidad peruana ubicada en la provincia de Andahuaylas. Ese es un período de profunda crisis económica y social que afecta al país, en donde apenas se deja entrever la lucha de las fuerzas armadas contra el grupo revolucionario Sendero Luminoso.

Una escena del film
Tato (Jhordano Álvarez Huarcaya), viviendo con sus padres Juan (Alain Salinas) y Mercedes (Julia Thays), atraviesa las vicisitudes propias de la edad, teniendo como compinche a su inseparable amigo Teodoro (Jesús Colque) y a su amiga Carola (Kailani Pineda). Al propio tiempo se destaca la actuación de su padre como animador de un programa radial, donde además de las noticias locales, se vale para anunciar la inminente apertura de un café local que le pertenece. Precisamente es el fiscal provincial César (Alberick García) quien acompañado de su mujer Emilia (Dalia Ivanova) declara oficialmente la inauguración de la cafetería; durante esa celebración, en un momento dado Tato observa una actitud violenta del fiscal hacia su esposa; ese episodio llega a afectarlo y días después relata ese incidente a sus padres; si bien al principio esa noticia les resulta a ellos increíble, la misma se confirma cuando Emilia llega al hogar pidiendo ayuda por el abuso físico de su marido, lo que impulsa a Juan a efectuar la denuncia pertinente.
La historia adquiere un tono lúgubre cuando vengándose de Juan, el fiscal emite una orden de arresto bajo el pretexto de ser un terrorista. Es allí que comienza para la familia un vía crucis donde el falsamente acusado Juan es trasladado a Abancay a fin de ser juzgado.
Sin recurrir a efectistas escenas, el director refleja hasta qué punto la corrupción institucional puede afectar la vida de un hombre honesto y la de su familia. Más allá de la crítica efectuada, la película refleja la vivencia íntima de Tato que en su interior cree haber sido el responsable de lo que sucede por haber comentado a sus padres la violencia del fiscal.
El joven actor Álvarez Huarcaya asumiendo el mayor peso del relato transmite elocuentemente el final de la infancia interrumpida de su personaje con vívida emoción. De todos modos, el resto del elenco convincentemente se desempeña en sus respectivos personajes.
En la experiencia vivida por el realizador que obligó a él y a su padre trasladarse a Lima, deja la pregunta abierta del porqué las cosas bellas tienen un fin.
En esencia, 1982 es una melancólica ópera prima que por su buena narración permite que la audiencia se involucre y emocione con la historia relatada, como asimismo tener la oportunidad de apreciar la sólida cinematografía de Perú. Jorge Gutman