Tran­si­tan­do por la Ruta

THE LAST ONE FOR THE ROAD / LA CIT­TA DI PIA­NU­RA. Ita­lia-Ale­ma­nia, 2025. Un film de Fran­ces­co Sos­sai. 100 minutes.

El direc­tor ita­liano Fran­ces­co Sos­sai ofre­ce en The Last One for the Road, una afec­tuo­sa his­to­ria con­ce­bi­da con el co-guio­nis­ta Adriano Can­dia­go leja­na­men­te basa­da en sus pro­pias expe­rien­cias. Es así que ins­pi­ra­do por los rumo­res, anéc­do­tas de la Vene­cia natal, revi­ve aspec­tos que pare­cie­ran extraí­das de la Com­me­dia all’Italiana carac­te­ri­za­da por su enfo­que en la vida coti­dia­na y las vici­si­tu­des que atra­vie­san sus personajes.

Pier­pao­lo Capo­vi­lla, Filip­po Scot­ti y Ser­gio Romano

La his­to­ria que se desa­rro­lla en la región del Vene­to en Ita­lia pre­sen­ta a Car­lo­bian­chi (Ser­gio Romano) y Doriano (Pier­pao­lo Capo­vi­lla), dos excén­tri­cos hom­bres de edad mayor que entre­tie­nen su tiem­po ocio­so bebien­do de bar en bar y con­ven­cién­do­se que será “la últi­ma copa”. Esa viven­cia com­par­ti­da con deli­cio­sas comi­das loca­les está imbui­da de la nos­tal­gia de años idos y de la cri­sis finan­cie­ra de 2008 que ha car­co­mi­do sus ingre­sos. Que­da­ría aguar­dar la posi­bi­li­dad de apo­de­rar­se de una suma de dine­ro que un vie­jo ami­go de ambos dejó en algún lugar cer­cano antes de haber via­ja­do a Argentina.

La exis­ten­cia ruti­na­ria de estos dos com­pin­ches cam­bia cuan­do una noche via­jan­do en un coche veni­do a menos salen al encuen­tro de Giu­lio (Filip­po Scot­ti), un joven estu­dian­te de arqui­tec­tu­ra de natu­ra­le­za tími­da e intro­ver­ti­da que no tie­ne cla­ras ideas sobre su porvenir.

A tra­vés de un via­je por carre­te­ra sin rum­bo fijo y en don­de el alcohol no habrá de fal­tar, el trío va reco­rrien­do las lla­nu­ras vene­cia­nas en cuyo trans­cur­so se esta­ble­ce un sin­gu­lar víncu­lo de los dos vete­ra­nos ami­gos con Giu­lio. Car­lo­bian­chi y Doriano le van trans­mi­tien­do al mucha­cho su sabi­du­ría poco con­ven­cio­nal pero que de algún modo influi­rá para que él pue­da pro­ce­sar sus ansie­da­des acer­ca de la vida y su futu­ro a tra­vés de la inusual expe­rien­cia surgida.

Aun­que en este rela­to no hay nada nue­vo sobre lo que se ha vis­to en oca­sio­nes ante­rio­res, lo que aquí resal­ta es la cali­dez que el direc­tor brin­da en su narra­ti­va sazo­na­da con algu­nas ins­tan­cias de buen humor. Así, a tra­vés de una visión genui­na­men­te con­vo­ca­do­ra sobre el sen­ti­mien­to de la amis­tad, Sos­sai demues­tra que el enve­je­ci­mien­to no es un obs­tácu­lo para que dos nobles indi­vi­duos pue­dan trans­mi­tir algu­nas lec­cio­nes úti­les a quie­nes per­te­ne­cen a una más recien­te generación.

Tan­to Romano como Capo­vi­lla y Scot­ti man­te­nien­do una enco­mia­ble quí­mi­ca están com­ple­ta­men­te inmer­sos en sus per­so­na­jes per­mi­tien­do que uno olvi­de que están actuan­do y asu­ma que real­men­te son Car­lo­bian­chi, Doriano y Giu­lio. Para con­cluir, la pelí­cu­la bella­men­te fil­ma­da y agra­cia­da por la efi­caz foto­gra­fía de Mas­si­mi­liano Kuvei­ller des­ti­la una espe­cial atmós­fe­ra ilus­tran­do el pai­sa­je rural de la región.
Jor­ge Gutman