Peno­sas Huellas

TRA­CES. Ucra­nia-Polo­nia, 2026. Un docu­men­tal de Ali­sa Kova­len­ko y Mary­sia Niki­tiuk. 85 minu­tos. Pre­sen­ta­do en el fes­ti­val Hot Docs

Si bien la inva­sión de Rusia a Ucra­nia ha sido obje­to de varios docu­men­ta­les e his­to­rias de fic­ción, el docu­men­tal de las ucra­nia­nas Ali­sa Kova­len­ko y Mary­sia Niki­tiuk cobra dimen­sión espe­cial al enfo­car el horro­ro­so tra­to ejer­ci­do por sol­da­dos rusos hacia inde­fen­sas muje­res del país atacado.

Como guio­nis­ta del film Kova­len­ko ha sido la pri­mer sobre­vi­vien­te del con­flic­to vin­cu­la­do con la vio­len­cia sexual ‑cono­ci­do en inglés con la sigla CRSV- des­pués de haber esta­do cau­ti­va en Dun­bas en 2014. Para expo­ner ese gra­ve deli­to ha entre­vis­ta­do a seis muje­res de varia­da edad que han logra­do sal­var sus vidas. Es así que en su comien­zo, el docu­men­tal pre­sen­ta a Iry­na Dovhan obser­van­do las plan­tas de su boni­to jar­dín en tan­to que la voz en off va rela­tan­do el com­por­ta­mien­to inhu­mano expe­ri­men­ta­do por par­te de jóve­nes sol­da­dos del ejér­ci­to ruso. A ello le siguen las ver­sio­nes brin­da­das por otras muje­res entre­vis­ta­das por las docu­men­ta­lis­tas, tales como Tatia­na Vasy­len­ko quien fue ata­ca­da por los per­pe­tra­do­res en su casa, Lud­mi­la Mefo­di­vi­na Mymry­ko­va con­tan­do como su cara ha sido inten­sa­men­te gol­pea­da con la cula­ta del rifle de un sol­da­do que per­pe­tró en su hogar, así como los dolo­ro­sos rela­tos de Olha Cher­niak, Galy­na Tysh­chen­ko y Nina.

Una esce­na de TRACES

En 2019 Iry­na fun­da la SEMA de Ucra­nia que cons­ti­tu­ye la red glo­bal de las super­vi­vien­tes de CRSV, toman­do a su car­go la loa­ble tarea de reco­ger tes­ti­mo­nios de muje­res que en el con­tex­to del con­flic­to béli­co han sido víc­ti­mas de vio­la­ción sexual; ade­más de recon­for­tar­las psi­co­ló­gi­ca­men­te del trau­ma aca­rrea­do, jun­to con otras acti­vis­tas de dere­chos huma­nos via­ja a La Haya para denun­ciar esos crí­me­nes en la Cor­te Cri­mi­nal Inter­na­cio­nal. A su vez es enco­mia­ble la labor de esta valien­te mujer que aún duran­te su per­ma­nen­cia en Irlan­da para su tra­ta­mien­to onco­ló­gi­co sigue per­ma­nen­te­men­te los acon­te­ci­mien­tos de sus com­pa­trio­tas ucranianos.

En los cré­di­tos fina­les el docu­men­tal des­ta­ca que des­de que comen­zó la inva­sión de Ucra­nia SEMA ha tri­pli­ca­do su tama­ño como asi­mis­mo logró que doce­nas de sobre­vi­vien­tes se hagan oír. A su vez agre­ga que los tes­ti­mo­nios docu­men­ta­dos de los sobre­vi­vien­tes de Ucra­nia con­fir­man el sis­te­má­ti­co empleo de vio­len­cia sexual uti­li­za­da por Rusia como tác­ti­ca de terror a la pobla­ción civil. Lo que que­da abso­lu­ta­men­te cla­ro es que ese atroz cri­men de gue­rra cons­ti­tu­ye una de las más extre­ma­das for­mas de humi­lla­ción de la dig­ni­dad humana.

No obs­tan­te la natu­ra­le­za lúgu­bre del tema con­si­de­ra­do, Kova­len­ko y Niki­tiuk han evi­ta­do exhi­bir esce­nas esca­bro­sas sino que han pre­fe­ri­do tes­ti­mo­niar la resi­lien­cia de las víc­ti­mas dejan­do una luz opti­mis­ta en el pro­ce­so de sana­ción de las hue­llas deja­das por la cru­da expe­rien­cia atravesada.

En esen­cia, he aquí un sobrio, deli­ca­do y didác­ti­co docu­men­to sobre una de las face­tas de la cri­sis huma­ni­ta­ria de Ucra­nia. Jor­ge Gutman