ATONEMENT. Estados Unidos, 2026. Un film escrito y dirigido por Reed Van Dyk. 118 minutos
Conocido como buen guionista y con dos cortos en su haber, Reed Van Dyk debuta en el largometraje con Atonement, un poderoso drama basado en hechos reales. A tal efecto, el novel cineasta se inspiró en un artículo publicado por Dexter Filkins en la revista The New Yorker.
La primera parte del relato transcurre en Irak en 2003, época en que se inicia la gran guerra liderada por Estados Unidos con el propósito de derrocar al régimen de Saddam Hussein, alegando como excusa la posesión de armas de destrucción nuclear.

Hiam Abbass T
Después de que explotó una bomba en la vivienda temporal de la familia iraquí de Mariam (Hiam Abbass), en un intento de encontrar refugio en la vieja casa donde solía vivir, en una intersección del vehículo en la que ella viaja con su familia, el vehículo es atacado desde una terraza por un escuadrón militar americano a cargo del subteniente Lou D’Alessandro (Boyd Holbrook). El cruento episodio acarrea la muerte del marido de Mariam y de sus dos hijos adultos con la desesperación de la mujer evidenciando lo irreparable. A todo ello Michael Reid (Kenneth Branagh), el reportero de guerra de The New York Times ‑que hace las veces de Dexter Filkins‑, va registrando en sus apuntes lo que está testimoniando. Prontamente los marines cobran noción del terrible error cometido ametrallando al vehículo y es así que tratan de lograr asistencia hospitalaria para la herida Nora (Gheed), la hija de Mariam, quien teniendo en sus brazos a su bebé ensangrentado también logró sobrevivir.
Esta primera parte es realísticamente estremecedora, en la que el director con el valioso apoyo de la fotografía de Jon Peter capta en su total dimensión los horrores de la invasión.
La acción se traslada a 2013 en donde Lou habiendo dejado el ejército vive en San Diego donde efectúa trabajos de diferente naturaleza en tanto que trata de enrolarse en la facultad de abogacía. Aunque no se exhibe lo que ha sucedido con él durante el lapso transcurrido se nota que padece del estrés postraumático como consecuencia de lo experimentado en la guerra; eso se agrava con los ataques de pánico que lo acosan y si bien en parte encuentra solaz con su novia Anna (Gratiela Brancusi), eso no atenúa el tremendo cargo de conciencia que acarrea por el mortal ataque a la familia de Mariam.
El relato nuevamente se desplaza un año y medio después en donde Michael Reid, periodista de The New Yorker prepara un artículo vinculado con la familia de Mariam que ahora reside en Glendale, California con su hija Nora y su yerno Assad (Maj Eid); es entonces que el reportero es contactado por Lou quien buscando la expiación ‑de allí el título del film- le pide que interceda en solicitar a Mariam para que pueda llegar a verla y rogarle que lo perdone; como consecuencia la mujer accede a recibirlo.
Lo más trascendente del film acontece durante la visita de Michael y Lou a la casa de Mariam quien está rodeada de su hija y Assad. Es allí que entrelazando minutos de silencio con mínimos diálogos, un Lou que no puede ocultar su emoción, se despliega en lágrimas buscando el perdón de su víctima donde ella con su rostro severo mirándolo fijamente se lo otorga. Esa reunión adquiere visos antológicos donde queda expuesta en su total dimensión cómo se manifiesta la reparación por la falta cometida.
Sin sensacionalismo alguno, Van Dyk demuestra una encomiable madurez en su ópera prima en donde tuvo la oportunidad de dirigir a un irreprochable elenco; en el mismo se destaca Holbrook volcando con intensidad el gran conflicto que atormenta a su personaje, en tanto que la gran veterana Abbass sin exageración alguna llega a hipnotizar con su presencia expresando con su austera mirada y su silencio lo que interiormente vive la viuda iraquí, logrando una interpretación excepcional.
Dicho lo que antecede Van Dyk brinda un muy conmovedor drama, dejando a su vez tiempo de reflexionar sobre lo que hoy día acontece con los conflictos bélicos que azotan en varias regiones del mundo cobrando inocentes víctimas. Jorge Gutman