VIOLENCE DU CORPS DE L’AUTRE / NOBODY’S VIOLENCE. Canadá, 2026. Un film escrito y dirigido por Denis Côté.118 minutos
En su décimo séptimo trabajo Violence du corps de l’autre Denis Côté reafirma una vez más de ser el más radical y uno de los más talentosos cineastas de Canadá. Esta extraña, enigmática y un tanto misteriosa película guionizada por el realizador podrá resultar a cierta audiencia un tanto incómoda de presenciar pero sin duda no dejará de apreciar la curiosa y a la vez particular manera de tratar el peliagudo tema de la mortalidad.

Larisa Corriveau
Larissa Corriveau que ya interpretó varios filmes del cineasta aquí retorna animando a Mira, una mujer extraña y misteriosa a la vez cuyo semblante no deja traslucir lo que está pasando por su mente. Sin mucho diálogos en su primera parte, la trama la expone recorriendo con su miniván las carreteras canadienses acompañada de Mario, su perro faldero. En cada parada se acerca a personas que han requerido eutanasia suministrándoles un brebaje preparado para lograr la muerte asistida.
Poco tiempo después habrá de develarse que ella cumple su trabajo comisionado por Ludo (Philippe Rebbot), un hombre que habita en una casa ubicada en una zona forestal y que está acompañado por Madeleine (Amélie Dallaire); en el momento en que ella lo visita esas dos personas excéntricas y de libre espíritu están celebrando una fiesta con amigos de los cuales Mira se mantiene marginada. El relato adquiere particular tensión cuando su empleador le encomienda su próxima misión vinculada con Pierric (Xavier Bergeron); la íntima relación que ella mantiene con este joven pleno de energía y un tanto inestable, le permitirá reflexionar acerca del sentido que le significa actuar como “el ángel de la muerte” y poder redefinir su identidad.
Corriveau logra una estupenda caracterización de su enigmático personaje donde no obstante los escasos diálogos que mantiene, permite transmitir lo que experimenta en su imprevisible estado mental, aportando una singular riqueza emocional. Asimismo se destaca el resto del reparto, integrado entre otros nombres por Gabrielle Lazure, Pierrette Robitaille, Eve Pressault y Christian Lapointe.
Côté consigue que el espectador quede atrapado en esta oscura historia que filmada en 16 milímetros se ve realzada por la fotografía de Vincent Biron que le otorga una apropiada textura difusamente granulada.
En esencia queda como resultado una obra absorbente y ciertamente estimulante del prolífico cineasta que deja abierta la pregunta de si acaso existe una muerte sin violencia alguna. Jorge Gutman