Ente­ve­ra­da Comedia

LO DEJA­MOS ACÁ. Argen­ti­na, 2026. Un film de Her­nán Gold­frid. 98 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Con la expec­ta­ti­va de ver a dos exce­len­tes acto­res como lo son el con­sa­gra­do Ricar­do Darín y el mag­ní­fi­co Die­go Peret­ti, todo hacía supo­ner que se apre­cia­ría un buen film, sin embar­go el resul­ta­do decep­cio­na un poco dado que Lo Deja­mos Acá pro­me­te más de lo que con­cre­ta­men­te ofrece.

Ricar­do Darín y Die­go Peretti

Tras una lar­ga ausen­cia, des­pués de haber rea­li­za­do el mag­ní­fi­co film Tesis sobre un homi­ci­dio (2013), Her­nán Gold­frid retor­na para ofre­cer en prin­ci­pio un dra­ma psi­co­ló­gi­co que pos­te­rior­men­te cam­bia de rum­bo al con­ver­tir­se en una entre­ve­ra­da come­dia de enre­dos con piz­ca de thriller.

El rea­li­za­dor, basa­do en un guión de Ema­nuel Diez pre­sen­ta en su comien­zo a Uli­ses Verón (Darín), un pres­ti­gio­so psi­co­ana­lis­ta que es galar­do­na­do con el pre­mio a su exce­len­cia pro­fe­sio­nal; sin embar­go, al pro­nun­ciar su dis­cur­so de agra­de­ci­mien­to seña­la que Argen­ti­na, a pesar de ser el país con la mayor can­ti­dad de psi­co­ana­lis­tas en el mun­do, en las últi­mas déca­das ha vis­to que el por­cen­ta­je de quie­nes requie­ren de asis­ten­cia psi­co­ló­gi­ca se ha dupli­ca­do. En tal sen­ti­do y tenien­do en cuen­ta que un ami­go psi­có­lo­go que era a su vez su pacien­te recien­te­men­te se ha sui­ci­da­do, Verón se pre­gun­ta si aca­so hubie­ra podi­do hacer algo por él para evi­tar su tris­te fin; en con­se­cuen­cia deci­de recha­zar el pre­mio adjudicado.

De lo ante­di­cho, todo pre­dis­po­ne a seguir con inte­rés la tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal del tera­peu­ta quien asis­ti­do por su hija Pau­la (Anto­nia Ben­goe­chea) como secre­ta­ria, atien­de con buen cri­te­rio pro­fe­sio­nal a sus pacien­tes, entre ellas a Flo­ren­cia (Inés Efrón), así como es invia­do a par­ti­ci­par en un pro­gra­ma tele­vi­si­vo don­de su ani­ma­do­ra (Andrea Polit­ti) le hace cono­cer las pre­gun­tas for­mu­la­das por los tele­vi­den­tes a las que él res­pon­de con precisión.

La ruti­na de este pro­fe­sio­nal se alte­ra cuan­do reci­be en su con­sul­ta la visi­ta de Mar­tín Bou­chard (Peret­ti), un céle­bre escri­tor de 57 años cuyos 3 libros pre­ce­den­tes han logra­do un gran éxi­to por par­te de la crí­ti­ca y de sus lec­to­res. El hom­bre le dice que para escri­bir pre­via­men­te nece­si­ta beber, pero aho­ra eso ya no le da resul­ta­do; es así que pade­cien­do de un blo­queo psi­co­ló­gi­co por el que no pue­de con­cre­tar su cuar­ta nove­la, le pide a Verón que lo ayu­de en cali­dad de pacien­te a supe­rar su problema.

Sin entrar a deve­lar lo que pro­si­gue se pue­de anti­ci­par que la aus­pi­cio­sa pre­mi­sa ini­cial del rela­to va deri­van­do en situa­cio­nes entre­ve­ra­das y deci­di­da­men­te irrea­lis­tas en el víncu­lo gene­ra­do del psi­co­ana­lis­ta con el escri­tor. En gran par­te, eso se debe a que el guión sin pro­fun­di­zar sufi­cien­te­men­te en sus per­so­na­jes tra­ta de gene­rar un sus­pen­so des­vián­do­se del tema cen­tral que en últi­ma ins­tan­cia miti­ga la atrac­ción sus­ci­ta­da en la pime­ra par­te del film. A su favor, la pue­na pues­ta escé­ni­ca y el sóli­do elen­co enca­be­za­dio por las acer­ta­das inter­pre­ta­cio­nes de Darín y Peret­ti per­mi­ten que la pelí­cu­la se deje ver, aun­que sin que lle­gue a tras­cen­der. Jor­ge Gutman