Un Buen Thri­ller Psicológico

PARA­DI­SE LOST. Corea del Sur, 2026. Un film de Yeon Sang-ho. 101 minutos

Des­pués de su rotun­do éxi­to con Tren a Busan (2016), el direc­tor sur­co­reano Yeon Sang-ho es muy cono­ci­do por abar­car en su fil­mo­gra­fía diver­sos géne­ros. Así, tras haber pre­sen­ta­do este año en Can­nes el dra­ma terro­rí­fi­co Colony, con Para­di­se Lost brin­da un thri­ller psi­co­ló­gi­co de cien­cia fic­ción que con­ci­ta con­si­de­ra­ble atención.

El guión del rea­li­za­dor escri­to con Ryu Yong-jae está basa­do en la nove­la Black Inferno de Oh Seong-sun en el que se explo­ra el due­lo mater­nal y el modo en que pue­de ate­nuar­se median­te la inte­li­gen­cia artificial.

Kim Hyun-joo

So-young (Kim Hyun-joo) es una madre mono­pa­ren­tal que vela por su úni­co hiji­to Sun-woo (Yu Ji-wan); no obs­tan­te está lejos de ima­gi­nar lo que habría de acon­te­cer cuan­do el niño jun­to con otros 12 com­pa­ñe­ros de su escue­la son trans­por­ta­dos en un auto­bús para un via­je de cam­ping. La des­gra­cia acon­te­ce cuan­do mis­te­rio­sa­men­te des­apa­re­ce el vehícu­lo y si bien cin­co cadá­ve­res y el del con­duc­tor logran ser res­ca­ta­dos, nin­guno es el de Sun Woo, que­dan­do final­men­te la inves­ti­ga­ción archivada.

La dolo­ri­da So-young no encuen­tra for­ma algu­na de con­so­lar su gran dolor has­ta que apa­re­ce una luz al final del túnel; eso se la brin­da una com­pa­ñía tec­no­ló­gi­ca de inte­li­gen­cia arti­fi­cial que median­te unos len­tes de aumen­to le per­mi­ti­rá visi­tar­lo dia­ria­men­te. Median­te esta crea­ción visual, esta madre se sien­te psi­co­ló­gi­ca­men­te con­for­ta­ble al tener la opor­tu­ni­dad de inter­ac­tuar con su hijo revi­vi­do artificialmente.

Si bien esta pre­mi­sa pue­de en prin­ci­pio resul­tar rebus­ca­da, a decir ver­dad hoy día ya nada lle­ga a sor­pren­der y no resul­ta des­car­ta­ble la idea de has­ta qué medi­da la inte­li­gen­cia arti­fi­cial pue­da influen­ciar nues­tras vidas en un futu­ro pró­xi­mo. Dejan­do de lado esta elu­cu­bra­ción la his­to­ria adquie­re una ines­pe­ra­da ten­sión cuan­do al cabo de 9 años el ver­da­de­ro Sun-woo (Bae Hyeon-seong), ya ado­les­cen­te retor­na. Sin entrar a cues­tio­nar qué es lo que acon­te­ció duran­te ese lar­go perío­do, lo cier­to es que el hijo vir­tual encon­tra­rá un rival en el hijo ver­da­de­ro y es así que So-young se encuen­tra con­fu­sa al no saber a quién vol­car su amor mater­nal. ¿Debe eli­mi­nar a su vás­ta­go vir­tual que sigue sin haber cre­ci­do en el tiem­po y acep­tar la reali­dad de que Sun-woo está vivo y por lo tan­to mere­ce­dor de su pro­fun­do cariño?

Para apre­ciar esta his­to­ria de cien­cia fic­ción es impor­tan­te acep­tar la pre­mi­sa pro­pues­ta y tener en cuen­ta has­ta qué pun­to el avan­ce de la tec­no­lo­gía pue­de ser a la vez por­ta­dor de un pro­ble­ma éti­co como el que atra­vie­sa su per­so­na­je protagónico.

Des­de una visión estric­ta­men­te cine­ma­to­grá­fi­ca el rea­li­za­dor logra un rela­to absor­ben­te a tra­vés de una narra­ti­va que muy bien opo­ne al uni­ver­so vir­tual con el mun­do real. Con las mag­ní­fi­cas inter­pre­ta­cio­nes de Kim Hyun-joo y Bae Hyeon-seong, Para­di­se Lost ofre­ce una bue­na refle­xión sobre el due­lo mater­nal y su gra­vi­ta­ción emo­cio­nal. Jor­ge Gutman