QUEEN AT SEA. Gran Bretaña-Estados Unidos, 2026. Un film escrito y dirigido por Lance Hammer. 121 minutos
No es frecuente que un director efectúe un segundo largometraje después de una larga ausencia; ese es el caso del cineasta estadounidense Lance Hammer quien habiendo realizado su aplaudida ópera prima Ballast en 2008, ahora retorna con Queen at Sea para ofrecer un drama familiar que en algunos aspectos se asemeja a Amour (2012), el galardonado film de Michael Haneke.
El tema abordado es ciertamente fascinante considerando lo que acontece con la vida sexual de gente de edad madura con demencia senil. En tal caso, según muchos gerontólogos el deseo sexual puede persistir porque la demencia afecta las funciones cognitivas y la memoria sin llegar a eliminar las necesidades afectivas o físicas de hacer el amor.
Dicho lo que precede, Hammer presenta a Leslie (Anna Calder Marshall) y Martin (Tom Courtenay) que conforman, una pareja octogenaria londinense casados hace 18 años, cuando en ese entonces ambos eran viudos; se trata de un matrimonio bien avenido a pesar de que Leslie padece de declinación mental.

Juliette Binoche en QUEEN AT SEA
En el comienzo del relato Amanda (Juliette Binoche), una académica de Newcastle que en su año sabático reside en la capital inglesa, llega al hogar de su madre Leslie y al entrar en su habitación descubre sorprendida que su padrastro que se encuentra en perfecto estado de salud mantiene sexo con ella. Escandalizada de lo que considera una violación a su madre, ella le recrimina a Martin y le exige que de aquí en más no cometa ese acto en la medida que su madre no está en condiciones aptas para expresar su consentimiento; él rehúsa el pedido de su hijastra argumentando de que no hay nada que objetar porque el inmenso amor que persiste entre ambos incluye el contacto sexual en el que para ella constituye un motivo de satisfacción. Es entonces que Amanda comunica esa situación a la policía local que a su arribo procede a arrestar a Martin generando la posibilidad de que él deba mantenerse alejado de su amada compañera. Por si fuera poco, el procedimiento iniciado incluye que Leslie sea auscultada por los médicos para verificar si existe algún daño en su vagina; a pesar de que el resultado es negativo, la situación se complica aún más cuando a su vez el protocolo a seguir incluye la intervención del servicio social a través de la visita efectuada por una representante de dicho organismo. Frente a lo que acontece, Amanda no pudo imaginar las consecuencias provocadas por su denuncia y aunque está muy arrepentida por lo que hizo, ya es tarde para revertir la situación.
Con mucha sutileza el encomiable guión describe el modo cómo transcurre la vida rutinaria de este matrimonio reflejando la devoción de Martin hacia su mujer, manifestada en numerosas situaciones, ya sea llevándola diariamente de paseo, ayudándola a ingerir sus comidas, prestando atención en el suministro de sus remedios o bien lavando su cabellera. A todo ello, queda abierto el dilema si acaso la solución al problema planteado es que Leslie permanezca en un hogar de ancianos, separada de Martin.
Paralelamente a la trama central, Hammer establece cómo se manifiesta el impulso sexual de la adolescencia a través de Sara (Florence Hunt), la joven hija de Amanda, en la intimidad amorosa que mantiene con James (Cody Molko), un compañero escolar.
El nivel del elenco liderado por el trío protagónico es nada menos que deslumbrante. Binoche transmite con gran convicción el sentimiento de una hija que queriendo a su madre se siente confusa al comprobar cómo su padrastro la adora incluyendo el vínculo sexual. Por su parte el veterano Courtney nuevamente ratifica su gran talento actoral expresando la inmensa ternura y devoción hacia su compañera; a su vez con escasos diálogos, a través de sus gestos Calder Marshal con asombrosa autenticidad se posesiona de su personaje quien sufriendo las consecuencias que acarrea su demencia, eso no la inhabilita de sentir comunicación emocional y agradecimiento al amor que su amante esposo le brinda.
Con una sobria puesta escénica y sin caer en un artificioso sentimentalismo, Hammer ha logrado un film que hondamente conmueve por su profunda humanidad, al reflejar cómo el amor en su total dimensión puede perdurar en el crepúsculo de la vida, no obstante la discapacitación mental. Jorge Gutman