La Cru­da Reali­dad del Mercado

UN AUTRE MON­DE / ANOTHER WORLD.  Fran­cia, 2021. Un film de Stépha­ne Bri­zé. 96 minutos

En su quin­ta cola­bo­ra­ción con el actor Vin­cent Lin­don el rea­li­za­dor Stépha­ne Bri­zé ofre­ce otro vibran­te rela­to que com­ple­ta la tri­lo­gía refe­ren­te a las rela­cio­nes de tra­ba­jo. Así como en La Loi du Mar­ché (2015) Bri­zé enfo­ca­ba la situa­ción de un des­em­plea­do tra­ba­ja­dor y en En gue­rre (2018) la del movi­mien­to sin­di­cal, aquí la obser­va­ción es rea­li­za­da des­de una ópti­ca diferente.

Vin­cent Lindon

El guión del direc­tor com­par­ti­do con Oli­vier Gor­ce se cen­tra en Phi­lip­pe Lemes­le (Lin­don), el direc­tor de una de las cin­co plan­tas con asien­to en París de una cor­po­ra­ción mul­ti­na­cio­nal dedi­ca­da a pro­du­cir artícu­los del hogar cuya sede social se encuen­tra en Esta­dos Uni­dos. Este ínte­gro y hones­to indi­vi­duo, dejan­do en segun­do plano su vida fami­liar, se vuel­ca por com­ple­to a su tra­ba­jo. Ese es uno de los pro­ble­mas que con­fron­ta pues a pesar de haber man­te­ni­do una bue­na rela­ción con su espo­sa Anne (San­dri­ne Kiber­lain), ha lle­ga­do un momen­to en que ella ya no pue­de seguir tole­ran­do la situa­ción de tener un espo­so que absor­bi­do por su tra­ba­jo, se mues­tra ausen­te inclu­yen­do los fines de sema­na; ese es el moti­vo por el cual ella ha deci­di­do divor­ciar­se. A todo ello su situa­ción se com­pli­ca dado que Lucas (Anthony Bajon), su hijo ado­les­cen­te, expe­ri­men­ta un colap­so men­tal y requie­re que se le pres­te la máxi­ma aten­ción posi­ble; esta his­to­ria sub­si­dia­ria está muy bien tra­ta­da por Bri­zé sin des­en­to­nar con el tema central.

Gran par­te del rela­to se cen­tra en las reunio­nes de direc­to­rio que Phi­lip­pe man­tie­ne con la jun­ta direc­ti­va sobre la mar­cha de la empre­sa y el pun­to de infle­xión se pro­du­ce cuan­do Clai­re Bon­net-Gué­rin (Marie Druc­ker), la eje­cu­ti­va fran­ce­sa, reci­be ins­truc­cio­nes pro­ve­nien­tes del geren­te gene­ral (Jerry Hic­key) de la mul­ti­na­cio­nal ame­ri­ca­na que deben ser cum­pli­das de inme­dia­to; se tra­ta de tener que supri­mir par­te del per­so­nal de la filial. No obs­tan­te que los tra­ba­ja­do­res dedi­can todo su esfuer­zo para cum­plir con sus labo­res sin que haya dis­mi­nui­do la pro­duc­ti­vi­dad, esa argu­men­ta­ción no resul­ta per­sua­si­va. En un mer­ca­do inter­na­cio­nal com­pe­ti­ti­vo para el con­glo­me­ra­do mul­ti­na­cio­nal lo que cuen­ta en pri­me­ra ins­tan­cia es redu­cir los cos­tos de pro­duc­ción a fin de acre­cen­tar el valor de las accio­nes y satis­fa­cer a sus posee­do­res. En suma he aquí la impla­ca­ble reali­dad impe­ran­te don­de se impo­ne la ley del mercado.

Si bien Phi­lip­pe con el apo­yo de algu­nos miem­bros del direc­to­rio tra­ta de con­ven­cer a Clai­re de no redu­cir el per­so­nal, ella no atien­de su suge­ren­cia pues­to que a su vez debe obe­de­cer el man­da­to reci­bi­do de la sede cen­tral. De este modo la tra­ma enfo­ca a Phi­lip­pe enfren­tan­do la misión impo­si­ble de no defrau­dar las expec­ta­ti­vas de los tra­ba­ja­do­res que con­fían en él y espe­ran no ser despedidos.

Sin nece­si­dad de avan­zar en el desa­rro­llo de esta his­to­ria como así tam­po­co en su des­en­la­ce, lo con­cre­to es que Bri­zé ha logra­do un film de nota­ble inten­si­dad gra­fi­can­do una situa­ción abso­lu­ta­men­te rea­lis­ta que refle­ja la des­hu­ma­ni­za­ción vigen­te en las rela­cio­nes labo­ra­les; así poco impor­ta la dedi­ca­ción y leal­tad de la cla­se tra­ba­ja­do­ra cuan­do es nece­sa­rio pri­vi­le­giar a los accio­nis­tas. Con una narra­ción diná­mi­ca, el cineas­ta se ha vali­do de un inta­cha­ble elen­co en don­de Lin­don con­fir­ma una vez más ser uno de los más estu­pen­dos intér­pre­tes de la cine­ma­to­gra­fía inter­na­cio­nal; carac­te­ri­zan­do el pesar de un héroe arrin­co­na­do dis­pues­to a man­te­ner su dig­ni­dad, el actor expre­sa con gran inten­si­dad la pro­fun­da huma­ni­dad de su per­so­na­je en este per­tur­ba­dor dra­ma social. Jor­ge Gutman

Un Trá­gi­co Evento

NOVEM­BRE. Fran­cia, 2022. Un film de Cédric Jime­nez 105 minutos

El rea­li­za­dor Cédric Jime­nez con­si­de­ra las con­se­cuen­cias del trá­gi­co 13 de noviem­bre de 2015, fecha en el que se pro­du­jo el tre­men­do ata­que terro­ris­ta en la sala de espec­tácu­los Bata­clan de París, dejan­do el tris­te sal­do de 131 muer­tos, 494 heri­dos ade­más de nume­ro­sas víc­ti­mas. En su tra­ta­mien­to, el cineas­ta no repro­du­ce la tra­ge­dia sino que enfo­ca la cace­ría huma­na rea­li­za­da duran­te los cin­co días pos­te­rio­res a fin de loca­li­zar a los yiha­dis­tas responsables.

Jean Dujar­din

Al comen­zar el rela­to basa­do en el guión de Jime­nez y Oli­vier Deman­gel, se obser­va al agen­te pari­sino Fred (Jean Dujar­din) quien diez meses antes de la tra­ge­dia, se encuen­tra en Ate­nas, per­si­guien­do a un sos­pe­cho­so terro­ris­ta. De inme­dia­to, la acción se tras­la­da a París en don­de Fred y Héloi­se (San­dri­ne Kiber­lain), enca­be­zan la bri­ga­da anti­te­rro­ris­ta con la acti­va par­ti­ci­pa­ción de Mar­co (Jéré­mie Renier) e Ines (Anaïs Demous­tier) vol­can­do sus esfuer­zos para dar con los asesinos.

Jime­nez per­so­nal­men­te invo­lu­cra­do en el tema recrea muy bien toda la ten­sión que se va gene­ran­do entre el 14 y 18 de noviem­bre por par­te de cada miem­bro del equi­po; así inte­rro­gan­do a un buen núme­ro de sos­pe­cho­sos esa bús­que­da moti­va a que no sola­men­te se efec­túe en París sino tam­bién en Marrue­cos y Bélgica.

De algún modo, es muy fácil que el espec­ta­dor recuer­de Zero Dark Thirty (2012) de la rea­li­za­do­ra Kathryn Bige­low dra­ma­ti­zan­do ejem­plar­men­te la caza de Osa­ma bin Laden; en este caso, con carac­te­rís­ti­cas dis­tin­ti­vas, Jime­nez hace lo pro­pio y en la inves­ti­ga­ción rea­li­za­da se vale igual­men­te de las pis­tas que sue­len sumi­nis­trar los deno­mi­na­dos infor­man­tes. En tal sen­ti­do es Ines quien sien­do una de las per­so­nas del gru­po que incan­sa­ble­men­te per­sis­te en que la inves­ti­ga­ción lle­gue a fruc­ti­fi­car, con­tac­ta a Samia Khe­louf (Lyna Khou­dri), una chi­ca musul­ma­na que denun­cia a Has­na (Sarah Afchain), su com­pa­ñe­ra de cuar­to que ha esta­do vin­cu­la­da con los terro­ris­tas. Para lograr su pro­pó­si­to Ines está for­za­da a men­tir a Samia a fin de obte­ner la infor­ma­ción nece­sa­ria; sin sos­pe­char que en el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos eso con­ver­ti­rá a la infor­man­te en una trá­gi­ca heroí­na, lo que habrá de reper­cu­tir emo­cio­nal­men­te en la investigadora.

Con un rit­mo ágil impre­so por el rea­li­za­dor y apo­ya­do por un pre­ci­so guión nutri­do de muy bue­nos diá­lo­gos, este his­tó­ri­co dra­ma adquie­re asom­bro­sa vero­si­mi­li­tud. Den­tro de un cli­ma de logra­do sus­pen­so, el film lle­ga a su cli­max en su tra­mo final con la vio­len­cia des­ata­da por la auto­ri­dad poli­cial al haber logra­do arrin­co­nar en el subur­bio de Sei­ne-Saint Denis a dos de los terro­ris­tas. Aun­que la des­crip­ción de los prin­ci­pa­les per­so­na­jes inte­gran­tes del coman­do no inda­ga mayor­men­te sobre sus vidas pri­va­das, al mar­gen de su acti­vi­dad poli­cial, eso no inva­li­da la cali­dad de este film muy bien carac­te­ri­za­do por su cali­fi­ca­do y homo­gé­neo elenco.

En los cré­di­tos fina­les ade­más de refle­jar el núme­ro de víc­ti­mas ya men­cio­na­dos se infor­ma que la com­ple­ta inves­ti­ga­ción duró más de 5 años rea­li­za­da a tra­vés de cua­tro con­ti­nen­tes y 25 paí­ses, y en don­de más de 1000 inda­ga­do­res estu­vie­ron involucrados.
Jor­ge Gutman

Simu­la­cro de Via­je Espacial

VIKING. Cana­dá, 2022. Un film de Stépha­ne Lafleur 105 minutos

Ausen­te des­de 2014 en que ofre­ció su nota­ble lar­go­me­tra­je Tu Dors Nico­le, Stépha­ne Lafleur retor­na con su cuar­to opus en Viking en el que rati­fi­ca su con­di­ción de ser uno de los más crea­ti­vos rea­li­za­do­res de Cana­dá. En esta opor­tu­ni­dad abor­da un tema deci­di­da­men­te ori­gi­nal que a pri­me­ra vis­ta pue­de cata­lo­gar­se de cien­cia fic­ción, pero que bien podría ase­me­jar­se a una situa­ción realista.

Ste­ve Laplante

La his­to­ria con­ce­bi­da por Lafleur con la cola­bo­ra­ción de Éric K. Bou­lan­ne trans­cu­rre en la épo­ca en que la NASA deci­de enviar la pri­me­ra misión huma­na a Mar­te. Al comien­zo del rela­to se obser­va a David (Ste­ve Laplan­te), un pro­fe­sor de edu­ca­ción físi­ca, que des­pués de haber par­ti­ci­pa­do con su com­pa­ñe­ra Isa­be­lle (Marie-Lau­ren­ce Moreau) y unos ami­gos en una cena cor­dial, se des­pi­de de ellos por cuan­to se ausen­ta­rá por dos años y medio para par­ti­ci­par en un sin­gu­lar pro­yec­to. Él ha sido ele­gi­do por la Viking Society como volun­ta­rio para inte­grar un gru­po de 5 par­ti­ci­pan­tes en un simu­la­cro de via­je espa­cial a Mar­te, como répli­ca de la real expe­di­ción que está a pun­to de comen­zar. El obje­ti­vo per­se­gui­do es el de poder anti­ci­par los ines­pe­ra­dos pro­ble­mas inter­per­so­na­les que los ver­da­de­ros astro­nau­tas ten­drán que enfren­tar duran­te el pro­lon­ga­do via­je espacial.

La selec­ción efec­tua­da por la com­pa­ñía ha teni­do en cuen­ta de que cada uno de los inte­gran­tes inde­pen­dien­te­men­te de su sexo, res­pon­da a la simi­lar natu­ra­le­za psi­co­ló­gi­ca de sus homólogos.

Bajo la super­vi­sión de Jean-Marc (Mar­tin-David Peters) y Chris­tia­ne (Marie Bras­sard), David, que de ahí en más será el simu­la­do astro­nau­ta John, con­vi­vi­rá ais­la­do con los cua­tro res­tan­tes volun­ta­rios del equi­po fic­ti­cio que serán cono­ci­dos con los nom­bres de Ste­ven (Laris­sa Corri­veau), Janet (Fabio­la N. Ala­din), Gary (Ham­za Haq) y Liz (Denis Hou­le). La supues­ta astro­na­ve es un bun­ker ubi­ca­do en una desér­ti­ca región de Esta­dos Uni­dos y en su inte­rior se desa­rro­lla­rá el via­je espa­cial don­de cada uno de los volun­ta­rios tie­ne asig­na­do una tarea especial.

Duran­te el trans­cur­so de esa misión inter­pla­ne­ta­ria van suce­dién­do­se algu­nas situa­cio­nes absur­das que gene­ran un logra­do humor equi­li­bran­do de este modo los aspec­tos más serios que se gene­ran en la inter­ac­ción de los miem­bros del equi­po; es pre­ci­sa­men­te en ese deve­nir don­de el rela­to resal­ta las difi­cul­ta­des que pue­den pro­du­cir­se cuan­do resul­ta pro­ble­má­ti­co vis­lum­brar la con­duc­ta huma­na al estar ale­ja­do de la Tie­rra duran­te un pro­lon­ga­do espa­cio de tiempo.

Todos los per­so­na­jes están muy bien deli­nea­dos en el inge­nio­so guión, sobre todo el de David mos­tran­do cómo su asu­mi­da iden­ti­dad del astro­nau­ta John le resul­ta difí­cil dejar­la de lado, al lle­gar a supo­ner que ver­da­de­ra­men­te es un explo­ra­dor espacial.

Gra­cias a la esme­ra­da rea­li­za­ción de Lafleur, Viking cons­ti­tu­ye una muy bue­na explo­ra­ción del com­por­ta­mien­to moti­va­cio­nal, mos­tran­do la fali­bi­li­dad del ser humano como asi­mis­mo las reac­cio­nes emo­cio­na­les que se gene­ran fren­te a situa­cio­nes imprevistas.

Con inta­cha­bles inter­pre­ta­cio­nes del elen­co y resal­ta­do por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Sara Misha­ra, a tra­vés de este ima­gi­na­rio via­je espa­cial Lafleur ha logra­do un cau­ti­van­te retra­to de la con­di­ción huma­na que sin duda el ciné­fi­lo sabrá apre­ciar. Jor­ge Gutman

La Inol­vi­da­ble Rubia

BLON­DE. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Andrew Domi­nik. 165 minu­tos. Dis­tri­bui­do por Netflix

Aún per­du­ra en la memo­ria colec­ti­va la muer­te de Marilyn Mon­roe acae­ci­da el 4 de agos­to de 1962 a cau­sa de una sobre­do­sis de bar­bi­tú­ri­cos inge­ri­da y cuyo dece­so ha sido con­si­de­ra­do como pro­ba­ble sui­ci­dio. Intere­sa­do por quien fue­ra una de las estre­llas más des­lum­bran­tes de la déca­da del 50, el direc­tor Andrew Domi­nik deci­dió abor­dar su vida toman­do como refe­ren­cia la bio­gra­fía fic­cio­nal de Joy­ce Carol Oates publi­ca­da en 2000 y que en su momen­to fue muy controvertida.

Más allá de con­si­de­rar si lo que el film refle­ja se adhie­re estric­ta­men­te a la exis­ten­cia de la gla­mo­ro­sa Marilyn, mucho de lo que se pre­sen­cia ha sido bien cono­ci­do a tra­vés de los dife­ren­tes medios de difu­sión. Adop­tan­do el clá­si­co esti­lo de una bio­gra­fía con­ven­cio­nal aun­que con impor­tan­tes sal­tos en su desa­rro­llo, la pri­me­ra ima­gen exhi­be a Nor­ma Jea­ne Baker (Lily Fisher), don­de su madre Gladys (Julian­ne Nichol­son) le fes­te­ja su sép­ti­mo cum­plea­ños. Sin embar­go muy pron­to esta mujer, seria­men­te des­equi­li­bra­da que abu­sa de su hiji­ta al pun­to de inten­tar aho­gar­la en la bañe­ra, es inter­na­da en una clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca; así, la niña sin su padre a quien nun­ca ha cono­ci­do es for­za­da a pasar su infan­cia en un orfanato.

Ana de Armas

Des­pués de su tris­te niñez, en su eta­pa adul­ta la joven Nor­ma Jea­ne, ya apo­da­da Marilyn Mon­roe (Ana de Armas), en su aspi­ra­ción de ser actriz sufre la humi­lla­ción de la vio­la­ción ejer­ci­da por un pro­duc­tor de Holly­wood (David Warshofsky) que la entre­vis­ta. De allí en más Marilyn se con­ver­ti­rá pron­ta­men­te en la gran bom­ba sexual del espec­tácu­lo don­de se la ve ase­dia­da y cele­bra­da por el públi­co y los fotó­gra­fos en oca­sión del estreno de Gentle­men Pre­fer Blon­des (1953). Con todo, su cele­bri­dad no lle­ga a com­pen­sar su sen­ti­mien­to de pena fren­te a su madre enfer­ma, al padre que tan­to habría que­ri­do cono­cer y espe­cial­men­te al ver frus­tra­da su voca­ción mater­nal debi­do al abor­to for­za­do al que estu­vo suje­ta por impo­si­ción de los estu­dios de Holly­wood para seguir gozan­do de los bene­fi­cios deri­va­dos de su éxi­to en futu­ros filmes.

De allí en más Domi­ni­ik ilus­tra su tumul­tuo­sa vida sen­ti­men­tal, inclu­yen­do el casa­mien­to con el famo­so beis­bo­lis­ta Joe DiMag­gio (Bobby Can­na­va­le) y su pron­to divor­cio en la medi­da que él no está dis­pues­to a que ella siga con su tra­ba­jo cen­tra­do fun­da­men­tal­men­te en su belle­za sexual. El otro derro­te­ro sen­ti­men­tal será con el gran dra­ma­tur­go Arthur Miller (Adrien Brody) con quien con­trae enla­ce y lle­ga a com­par­tir algu­nos momen­tos de feli­ci­dad, sobre todo al haber que­da­do emba­ra­za­da y con­cre­tar su aspi­ra­ción mater­nal; pero la dicha es de cor­to alcan­ce al pro­du­cir­se un abor­to invo­lun­ta­rio, fac­tor que moti­va a que su sufri­mien­to la ale­je gra­dual­men­te de su marido.

A tra­vés de la exce­len­te carac­te­ri­za­ción de Ana de Armas quien se sumer­ge en cuer­po y alma en su per­so­na­je, se pue­de empa­ti­zar con la vida en últi­ma ins­tan­cia tris­te y deso­la­da de la des­pam­pa­nan­te rubia; la artis­ta trans­mi­te ple­na­men­te la fra­gi­li­dad, des­am­pa­ro y tris­te­za de una cele­bri­dad que nun­ca pudo supe­rar la amar­gu­ra de no ser madre; a ello se agre­ga la pesa­dum­bre de no haber teni­do con­tac­to alguno con su padre en don­de esa figu­ra es reem­pla­za­da en par­te por quie­nes man­tu­vo amo­ríos, lla­mán­do­les “daddy”.

El tra­ta­mien­to brin­da­do por Domi­nik resul­ta un tan­to dis­cu­ti­ble en tan­to que con­ti­nua­men­te la fil­ma­ción en color cede lugar al blan­co y negro a lo lar­go de su desa­rro­llo, sin que exis­ta razón algu­na que lo jus­ti­fi­que. Asi­mis­mo resul­ta inne­ce­sa­rio enfa­ti­zar en el “mena­ge a trois” que Marilyn man­tie­ne con Eddy Robin­son Jr (Evan Williams), el hijo de Edwar Robin­son, y Cass Cha­plin (Xavier Samuel), el vás­ta­go de Char­les Cha­plin; igual­men­te resul­ta de poco gus­to la esce­na en que ella se degra­da prac­ti­can­do el coi­to oral con el pre­si­den­te Ken­nedy (Cas­par Phillipson).

Al mar­gen de las obje­cio­nes seña­la­das y adop­tan­do un tra­ta­mien­to visual impre­sio­nis­ta, cabe pon­de­rar la bue­na pues­ta en esce­na del direc­tor brin­dan­do un rela­to glo­bal­men­te atrac­ti­vo aun­que no excep­cio­nal del emble­má­ti­co ícono sexual. Jor­ge Gutman

FNC 2022 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A con­ti­nua­ción se ofre­ce una rese­ña de cua­tro fil­mes pre­sen­ta­dos en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinéma 

After­sun (Gran Bretaña)

En su ópe­ra pri­ma la direc­to­ra Char­lot­te Wells enfo­ca la espe­cial rela­ción esta­ble­ci­da entre un padre y su hija. En un guión que le per­te­ne­ce Wells pre­sen­ta a la adul­ta Sophie (Celia Rowl­son-Hall) miran­do videos gra­ba­dos en una mini cáma­ra DV; ahí revi­ve su eta­pa pre­ado­les­cen­te con su padre divor­cia­do de 31 años en oca­sión de haber efec­tua­do un via­je de vacaciones.

A tra­vés de flash­backs la acción retro­ce­de a 1990 don­de Sofía (Fran­kie Corio) de 11 años vivien­do en Edim­bur­go con su madre, acep­ta la invi­ta­ción de su padre Callum (Paul Mes­cal) radi­ca­do en Lon­dres para pasar un par de sema­nas en un peque­ño resor­te ubi­ca­do en Turquía.

After­sun

Prác­ti­ca­men­te la mayor par­te del metra­je trans­cu­rre en ese bal­nea­rio don­de se pue­de apre­ciar la cáli­da amis­tad que sur­ge entre ambos per­so­na­jes. A pesar de que Callum está sepa­ra­do de su espo­sa des­de hace varios años, la ex pare­ja man­tie­ne una acti­tud cor­dial que se vis­lum­bra en un lla­ma­do tele­fó­ni­co que él le efec­túa des­de Tur­quía. Duran­te esas jor­na­das, los días trans­cu­rren vien­do a padre e hija bañar­se en la pis­ci­na, sumer­gién­do­se en el mar, jugar a las car­tas, asis­tir a algu­nos espec­tácu­los que se ofre­cen, com­par­tir los almuer­zos y cenas, así como las res­tan­tes acti­vi­da­des pro­pias de un via­je de placer.

La narra­ti­va es muy escue­ta sin que ofrez­ca gran­des sobre­sal­tos o mayo­res exci­ta­cio­nes. Sin embar­go, en este melan­có­li­co rela­to sobre­sa­len algu­nos ras­gos tan­to de Sophie, obser­van­do y vin­cu­lán­do­se con la gen­te de su edad que le salen al paso, así como por par­te de Callum impreg­nan­do en todo momen­to inmen­so cari­ño a la peque­ña. De todos modos, sin ofre­cer deta­lles sobre el pasa­do de este indi­vi­duo hay un ins­tan­te en el que vuel­ca su llan­to, pre­su­mien­do que hay algo serio que lo afli­ge aun­que se igno­ra la causa.

Con bue­nos intér­pre­tes, la novel rea­li­za­do­ra demues­tra una espe­cial sen­si­bi­li­dad y deli­ca­de­za expo­nien­do una nos­tál­gi­ca his­to­ria bien cons­trui­da que a pesar de no exis­tir un con­flic­to dra­má­ti­co de todos modos resul­ta emotiva.

A Pie­ce of Sky (Sui­za-Ale­ma­nia)

En su segun­da pelí­cu­la el direc­tor Michael Koch narra un ínti­mo dra­ma román­ti­co que trans­cu­rre en los Alpes de Sui­za en don­de la natu­ra­le­za ejer­ce espe­cial influen­cia en el desa­rro­llo del relato.

A Pie­ce of Sky

El guión del rea­li­za­dor ilus­tra a una comu­ni­dad rural que aun­que ais­la­da y afe­rra­da a sus tra­di­cio­nes fun­cio­na armo­nio­sa­men­te. Es allí don­de se sale al encuen­tro de Anna (Michè­le Brand), que tra­ba­ja en un café local a la vez que tam­bién se desem­pe­ña como emplea­da de correo y es madre mono­pa­ren­tal de Julia (Elin Zgrag­gen). En el bar ella cono­ce a Mar­co (Simon Wis­ler), un muscu­loso gran­je­ro de natu­ra­le­za poco comu­ni­ca­ti­va con quien esta­ble­ce inme­dia­ta sin­to­nía; es así que en las pri­me­ras esce­nas que­da expues­to el apa­sio­na­do amor que los une tra­du­ci­do en mani­fies­ta carnalidad.

Expo­nien­do satis­fac­to­ria­men­te esce­nas de la vida coti­dia­na en ese ámbi­to cam­pe­sino, el rea­li­za­dor enfa­ti­za el com­por­ta­mien­to errá­ti­co de Mar­co que podría deber­se al serio tumor cere­bral que le está afec­tan­do. Esa angus­tio­sa situa­ción reper­cu­te inten­sa­men­te en Anna, sobre todo cuan­do lo obser­va adop­tan­do una con­duc­ta ambi­gua fren­te a su hijita.

Adqui­rien­do el rela­to un carác­ter frag­men­ta­rio e inter­ca­lan­do un cam­bio de tono con la fil­ma­ción en el lugar de un Bolly­wood musi­cal, la pelí­cu­la pier­de vita­li­dad y su tema cen­tral va dilu­yén­do­se. Eso cons­pi­ra aún más debi­do a que el film trans­cu­rre con pas­mo­sa len­ti­tud y su dura­ción de más de dos horas y media resul­ta extre­ma­da­men­te exce­si­va, pudien­do haber­se redu­ci­do en por lo menos 45 minu­tos. Aun­que la inter­pre­ta­ción es correc­ta y es remar­ca­ble la foto­gra­fía de Armin Die­rolf, a pesar de sus bue­nas inten­cio­nes, el film no lle­ga a trascender.

The Novelist’s Film (Corea del Sur)

El pro­lí­fi­co rea­li­za­dor sur­co­reano Hong Sang­soo vuel­ve a delei­tar con esta agra­da­bi­lí­si­ma come­dia en don­de con una mini­ma­lis­ta narra­ción enfo­ca las vici­si­tu­des de una vete­ra­na nove­lis­ta duran­te el trans­cur­so de una jornada.

The Novelist’s Film

La pelí­cu­la comien­za con la visi­ta que la escri­to­ra men­cio­na­da Junhee (Lee Hye­young) efec­túa a una libre­ría en los subur­bios de Seúl en don­de su due­ña Sweon (Seo Youngh­wa) es una anti­gua ami­ga con quien había per­di­do con­tac­to; es allí que en ese encuen­tro y com­par­tien­do pos­te­rior­men­te una taza de té Junhee le mani­fies­ta que des­pués de muchos años de tra­ba­jo se sien­te un tan­to blo­quea­da en su con­di­ción de nove­lis­ta; en el lugar igual­men­te se encuen­tra la joven asis­ten­te de la due­ña a quien la visi­tan­te le soli­ci­ta que le ense­ñe a uti­li­zar el len­gua­je de los sig­nos para apre­ciar la belle­za de un poema..

Pos­te­rior­men­te Junhee deci­de efec­tuar un paseo en don­de encuen­tra a Hyo­jin (Kwon Haeh­yo), un direc­tor de cine acom­pa­ña­do de su espo­sa, a quien ella cono­ce des­de hace tiem­po y en cier­to modo le resien­te por no haber fil­ma­do nin­gu­na de sus nove­las; mien­tras los tres siguen cami­nan­do por un par­que se topan con Kil­soo (Kim Minheey), una reco­no­ci­da actriz que tie­ne la inten­ción de dejar su pro­fe­sión; inme­dia­ta­men­te sur­ge una comu­ni­ca­ción espe­cial entre Junhee y Kil­soo, en don­de ambas deci­den que van a hacer un cor­to­me­tra­je con Gyeong­woo (Ha Seong­guk), un estu­dian­te de cine sobrino del mari­do de Kil­soo, en don­de la actriz vol­ve­rá a actuar basa­do en un libre­to con­ce­bi­do por la nove­lis­ta. ¿Pero en que esta­rá basa­do el guión? ¿Es nece­sa­rioi saber­lo de ante­mano o mejor comen­zar a rodar refle­jan­do en ese momen­to lo que está ocurriendo?

Cada uno de estos per­so­na­jes pare­ce atra­ve­sar momen­tos deci­si­vos en su res­pec­ti­va carre­ra y a ello se agre­ga la pre­sen­cia de Man­soo (Ki Joo­bong), un vie­jo poe­ta con quien Junhee man­tu­vo en el pasa­do un víncu­lo sen­ti­men­tal y que indi­rec­ta­men­te influi­rá en el film de la novelista.

Con meri­dia­na cla­ri­dad y sin sofis­ti­ca­ción algu­na, el direc­tor deja plan­tea­da algu­nas pre­gun­tas sobre la reafir­ma­ción del pro­ce­so de crea­ti­vi­dad pero lo impor­tan­te es que a tra­vés de agra­da­bles y filo­só­fi­cas con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das entre los per­so­na­jes de esta his­to­ria, el direc­tor va hil­va­nan­do el espon­tá­neo guión ima­gi­na­do por Junhee. En esen­cia, he aquí una chis­pean­te his­to­ria fil­ma­da en blan­co y negro por el rea­li­za­dor que el espec­ta­dor selec­ti­vo sabrá apre­ciar así como lo con­si­de­ró el jura­do del Fes­ti­val de Ber­lín de este año adju­di­cán­do­le el Gran Premio.

Tchaikovsky’s Wife (Rusia-Fran­cia-Sui­za)

El renom­bra­do cineas­ta ruso Kiril Sere­bren­ni­kov abor­da en este film un ambi­cio­so pro­yec­to en el que como su títu­lo lo anti­ci­pa se refie­re a la mujer que el céle­bre com­po­si­tor ruso espo­só duran­te un bre­ve lap­so de su vida.

Tchaikovsky’s Wife

La acción comien­za en Mos­cú en noviem­bre de 1893 en don­de Anto­ni­na Mili­uko­va (Alyo­na Mikhai­lo­va), la viu­da de Tchai­kovsky, acu­de a su fune­ral. De inme­dia­to el rela­to basa­do en el guión del rea­li­za­dor retro­ce­de a 1871 en don­de en una reu­nión social la joven Anto­ni­na cono­ce al emble­má­ti­co com­po­si­tor (Odin Biron) y como joven aspi­ran­te a pia­nis­ta le hace saber la pro­fun­da admi­ra­ción que sien­te por él y su deseo de ingre­sar al Con­ser­va­to­rio de Músi­ca en don­de Tchai­kovsky es docen­te. No pasa mucho tiem­po en el que ella le expre­sa su amor y es así que final­men­te Tchai­kovsky le pro­po­ne matri­mo­nio el cual habrá de con­cre­tar­se en 1877. Es evi­den­te que ese arre­glo matri­mo­nial cons­ti­tu­yó una for­ma de encu­brir la homo­se­xua­li­dad del artis­ta aun­que su espo­sa igno­ra­ba su orien­ta­ción sexual. La dicha de Anto­ni­na es de cor­to alcan­ce por­que su mari­do hace todo lo posi­ble por evi­tar­la man­te­nién­do­se ale­ja­do. Lle­ga un momen­to en que los ami­gos del com­po­si­tor le soli­ci­tan a Anto­ni­na que acep­te divor­ciar­se de él, pero ella ence­gue­ci­da por com­ple­to se nie­ga a hacerlo.

De allí en más, el rela­to trans­mi­te el cal­va­rio que atra­vie­sa esta mujer para sal­var un amor impo­si­ble den­tro del mar­co de un desas­tro­so matri­mo­nio, agra­va­do por el hecho de ser des­pre­cia­da y humi­lla­da por un mari­do que no la desea. El inten­so mar­ti­rio sufri­do por su mar­ca­da obs­ti­na­ción de seguir sien­do a toda cos­ta su mujer la con­du­ce a un esta­do de com­ple­ta ena­je­na­ción que le hace per­der el sen­ti­do de la razón.

De impe­ca­ble rea­li­za­ción ilus­tran­do muy bien algu­nos aspec­tos de la socie­dad rusa del siglo 19, el tra­ba­jo de Sere­bren­ni­kov se real­za por el exce­len­te dise­ño de pro­duc­ción de Vlad Ogal repro­du­cien­do feha­cien­te­men­te los esce­na­rios en que trans­cu­rre el rela­to. Con todo, el úni­co bemol es la exce­si­va dura­ción del metra­je que pue­de lle­gar a exas­pe­rar con­tem­plan­do en for­ma casi per­ma­nen­te la deses­pe­ran­te alie­na­ción de la trá­gi­ca Anto­ni­na, ideal­men­te inter­pre­ta­da por Mikhai­lo­va. En todo caso la obje­ción apun­ta­da no des­me­dra la cali­dad de este sen­si­ble dra­ma conyugal.