La Hora de la Verdad

SHE SAID. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Maria Schra­der. 135 minutos

Un film con­tun­den­te y estu­pen­da­men­te efec­tua­do es lo que apor­ta la direc­to­ra ale­ma­na Maria Schra­der en She Said. Per­fec­ta­men­te imbui­da de lo que impli­ca y per­si­gue el cali­fi­ca­do perio­dis­mo de inves­ti­ga­ción, la rea­li­za­do­ra se cen­tra en el dolo­ro­so affai­re Weins­tein que pro­du­jo el derrum­be de uno de los pro­duc­to­res más pode­ro­sos de la indus­tria del cine.

De nin­gún modo es nece­sa­rio per­te­ne­cer al géne­ro feme­nino para poder empa­ti­zar con la suer­te de mul­ti­tud de muje­res que duran­te lar­go tiem­po se vie­ron aca­lla­das y sojuz­ga­das sin poder pro­nun­ciar­se por el ava­sa­lla­mien­to sexual del pode­ro­so Har­vey Weins­tein. Pese a que en 2020 ha sido con­de­na­do a 23 años de pri­sión por el esta­do de Nue­va York y aún hay otro jui­cio pen­dien­te en Los Ánge­les, nin­gún cas­ti­go podrá com­pen­sar el daño rea­li­za­do a sus víc­ti­mas femeninas.

Cier­ta­men­te lo que expo­ne el film ha sido difun­di­do mun­dial­men­te, pero lo que otor­ga vlgor a este docu­fic­ción es la estu­pen­da narra­ción que rea­li­za Schra­der en base a la con­cien­zu­da tarea de inves­ti­ga­ción de Megan Twohey y Jody Kan­tor, dos enco­mia­bles muje­res de fami­lia que sien­do bue­nas madres y espo­sas no duda­ron en inver­tir deno­da­dos esfuer­zos de tiem­po y ener­gía para que salie­ra a la luz púbi­ca el repu­dia­ble caso.

Carey Mulli­gan y Zoe Kazan

La his­to­ria basa­da en el libro homó­ni­mo publi­ca­do en 2019, se ubi­ca a prin­ci­pios de 2017 cuan­do Kan­tor (Zoe Kazan) tra­ba­jan­do en el New York Times ha sido adver­ti­da sobre casos de abu­sos come­ti­dos por Weins­tein; es allí don­de se une a su cole­ga Two­ney (Carey Mulli­gan) para ini­ciar la suso­di­cha inves­ti­ga­ción a fin de escla­re­cer la ver­dad, bajo la super­vi­sión de la adjun­ta edi­to­ra geren­te Rebec­ca Cor­bett (Patri­cia Clark­son) y del afro­ame­ri­cano edi­tor eje­cu­ti­vo Dean Baquet (Andre Braugher).

El sóli­do guión de Rebec­ca Len­kie­wicz expo­ne la com­ple­jí­si­ma tarea del equi­po de inves­ti­ga­ción don­de ambas perio­dis­tas a tra­vés de lar­gas y exten­sas entre­vis­tas inclu­yen­do via­jes efec­tua­dos a Lon­dres enfren­tan el temor de las víc­ti­mas de que públi­ca­men­te apa­rez­can sus nom­bres al des­cri­bir cómo fue­ron obje­to de inti­mi­da­ción, coer­ción y opre­sión por par­te de Weins­tein; asi­mis­mo se cono­ce que hubo nume­ro­sas com­pen­sa­cio­nes y entre 8 y 12 acuer­dos pri­va­dos para tapar el asun­to. A todo ello, en ese accio­nar las perio­dis­tas con­ta­ban con el obs­tácu­lo de abo­ga­dos y eje­cu­ti­vos del pro­duc­tor tra­tan­do de silen­ciar la inves­ti­ga­ción; sin embar­go, el esfuer­zo final­men­te ren­di­rá sus fru­tos cuan­do las evi­den­cias se con­cre­tan, espe­cial­men­te por par­te de la valen­tía de la actriz Ash­ley Judd quien ofre­ce deta­lles del aco­so sexual del que ha sido víctima.

Es así que se lle­ga a la pri­me­ra sema­na de octu­bre de 2017 en que todo está dis­pues­to para que des­de el orde­na­dor en una de las ofi­ci­nas del New York Times, Kan­tor y Twhohey estén pre­pa­ra­das para apre­tar el botón “publish” y per­mi­tir que de inme­dia­to todo el mun­do se ente­re del resul­ta­do de la inves­ti­ga­ción efec­tua­da. Cabe seña­lar que simul­tá­nea­men­te a la acción del céle­bre dia­rio, al mis­mo tiem­po la revis­ta The New Yor­ker hace lo pro­pio con la publi­ca­ción de la colum­na de Ronan Farrow des­en­mas­ca­ran­do a Weinstein.

Ade­más de las inten­sas inter­pre­ta­cio­nes brin­da­das por Mulli­gan, Kazan y Clark­son, asi­mis­mo se des­ta­can en sus roles de víc­ti­mas Samantha Mor­ton, Jen­ni­fer Ehle y Ange­la Yeoh.

Como bien es sabi­do este igno­mi­nio­so affai­re gene­ró el sur­gi­mien­to del movi­mien­to #metoo que indu­da­ble­men­te abo­ga por el empo­de­ra­mien­to de la mujer. En retros­pec­ti­va que­da la pre­gun­ta de cómo fue posi­ble que el sis­te­ma judi­cial impe­ran­te hicie­ra la vis­ta gor­da de la vio­len­cia ejer­ci­da por depre­da­do­res sexua­les; pero en fin, eso sería el tema para algún otro pro­yec­to de cine. Jor­ge Gutman

Audaz Ver­sión de un Popu­lar Cuento

GUI­LLER­MO DEL TORO’S PINOC­CHIO. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Gui­ller­mo del Toro y Mark Gus­taf­son. Elen­co: Ewan McGre­gor, David Brad­ley, Gre­gory Mann, Burn Gor­man, Ron Perl­man, John Tur­tu­rro, Finn Wolfhard, Cate Blan­chett, Tim Bla­ke Nel­son, Chris­toph Waltz, Til­da Swin­ton. 117 minutos.

La popu­la­rí­si­ma his­to­ria de Pinoc­chio, inmor­ta­li­za­da por Car­lo Collo­di en 1883, adquie­re nue­va vida en el radi­cal enfo­que del remar­ca­ble direc­tor Gui­ller­mo del Toro en su pri­mer film de ani­ma­ción; efec­tua­do en stop-motion, el cineas­ta con­tó con la valio­sa con­tri­bu­ción del direc­tor aso­cia­do Mark Gus­taf­son quien es el indis­cu­ti­ble exper­to de ese género.

Una esce­na del film de animación

El libro de Car­lo Collo­di ha sido obje­to de nume­ro­sas ver­sio­nes sin olvi­dar, entre las muchas, la joyi­ta de ani­ma­ción que el genial Walt Dis­ney brin­da­ra en 1940. En todo caso, Del Toro no tuvo in men­te ofre­cer un cuen­to edul­co­ra­do para niños sino una his­to­ria para adul­tos que trans­cu­rre en la épo­ca de la Ita­lia fascista.

Apar­tán­do­se del libro ori­gi­nal, el guión del rea­li­za­dor y Patrick McHa­le, intro­du­ce un pró­lo­go en don­de el eba­nis­ta Gepet­to (David Brad­ley) habien­do per­di­do a su espo­sa man­tie­ne una estre­cha rela­ción con su hiji­to Car­lo; sin embar­go, la des­gra­cia gol­pea a su puer­ta cuan­do en un bom­bar­deo aéreo, el chi­co sucum­be dejan­do a su padre en un esta­do de com­ple­ta desolación.

Para ate­nuar su enor­me pena, el car­pin­te­ro escul­pe a Pinoc­chio (Gre­gory Mann), una mario­ne­ta de made­ra, tra­tan­do de que esta cria­tu­ra reem­pla­ce a su hijo des­apa­re­ci­do. Pero he aquí que el obje­to de su crea­ción es inquie­to, dís­co­lo, des­obe­dien­te, sem­bran­do el caos y pron­ta­men­te deja el hogar para des­con­sue­lo de Gepetto.

De ahí en más, la tra­ma man­tie­ne el esque­le­to de la fábu­la de Collo­di aun­que con la visión som­bría impre­sa por Del Toro. A tra­vés de Sebas­tian J. Cric­ket (Ewan McGre­gor) que es el narra­dor en off de la his­to­ria, se sigue la aven­tu­ra empren­di­da por el tra­vie­so muñe­qui­to; así, se verá envuel­to con un cir­co don­de explo­ta­do por su malé­vo­lo due­ño (Chris­toph Waltz), ofre­ce un espec­tácu­lo obser­va­do por el dic­ta­dor Beni­to Mus­so­li­ni; tam­po­co esta­rá ausen­te la pre­sen­cia de mons­truos mari­nos que Pinoc­chio debe enfren­tar así como sus esfuer­zos para reen­con­trar­se con su padre y la influen­cia que ejer­ce­rá en él un hada espec­tral (Til­da Swinton).

La audaz pro­po­si­ción del rea­li­za­dor per­mi­te aplau­dir una obra en la que se entre­mez­cla dra­ma, horror, humor y has­ta inclu­so algu­nos núme­ros musi­ca­les con la bue­na par­ti­tu­ra de Ale­xan­dre Desplat.

Pala­bras apar­te mere­cen el pro­di­gio de la ani­ma­ción con moder­nas téc­ni­cas digi­ta­les que dan vida a cada uno de los per­so­na­jes con las voces de un con­jun­to de valio­sos acto­res. En todo caso el resul­ta­do es un film que no obs­tan­te la tris­te­za que des­ti­la en su dra­má­ti­co des­en­la­ce, resal­ta por su ter­nu­ra e inne­ga­ble huma­ni­dad. Des­pués de varios triun­fos obte­ni­dos en su exi­to­sa fil­mo­gra­fía, el rea­li­za­dor de El Labe­rin­to del Fauno rati­fi­ca su con­di­ción de gran cineas­ta internacional.

Esta pelí­cu­la se exhi­be en salas de cine y a par­tir del 9 de diciem­bre esta­rá dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma de Net­flix para el dis­fru­te de sus abo­na­dos. Jor­ge Gutman

El Sen­ti­mien­to de un Asno

EO. Polo­nia-Ita­lia, 2022. Un film de Jerzy Sko­li­mows­ki. 87 minutos

Des­pués de haber ofre­ci­do nota­bles tra­ba­jos duran­te varias déca­das, el octo­ge­na­rio rea­li­za­dor Jer­zi Sko­li­mows­ki demues­tra no haber per­di­do la ener­gía, auda­cia e inte­li­gen­cia que lo carac­te­ri­za brin­dan­do un remar­ca­ble film pro­ta­go­ni­za­do por un burro lla­ma­do Eo.

EO

La pelí­cu­la se ins­pi­ra en el exce­len­te film Au Hazard Baltha­zar que Rober­to Bres­son reali­zó en 1966; no obs­tan­te la dife­ren­cia estri­ba en que allí la his­to­ria esta­ba más cen­tra­da en los huma­nos explo­tan­do al ani­mal con un toque de sua­ve melan­co­lía; el film del cineas­ta pola­co se cen­tra fun­da­men­tal­men­te en el ani­mal, ade­más de ser más radi­cal y estar imbui­do por un suges­ti­vo len­gua­je audiovisual.

El guión del vete­rano direc­tor escri­to con Ewa Pias­kows­ka pre­sen­ta en su comien­zo a Eo tra­ba­jan­do en un cir­co de Polo­nia mane­ja­do por la joven Kasan­dra (San­dra Drzy­mal­s­ka) don­de que­da evi­den­cia­do el afec­tuo­so víncu­lo que los une; sin embar­go el orden nor­mal se alte­ra cuan­do las mani­fes­ta­cio­nes de mili­tan­tes eco­lo­gis­tas logran que el cir­co no se val­ga de ani­ma­les. De allí en más, comien­za el lar­go pere­gri­na­je del ani­mal atra­ve­san­do aven­tu­ras y des­ven­tu­ras en la medi­da que va cam­bian­do de mano.

Al prin­ci­pio se ve coro­na­do con un collar de zanaho­rias por par­te de cier­tos fun­cio­na­rios para, pos­te­rior­men­te reca­lar en una gran­ja de caba­llos; entre otros epi­so­dios se lo ve invo­lu­cra­do en un par­ti­do de fút­bol que con su inter­ven­ción per­mi­te que el equi­po local gane aun­que eso le redun­da­rá con­se­cuen­cias nega­ti­vas al ser ata­ca­do por el equi­po opues­to; otro seg­men­to inclu­ye el encuen­tro de Eo con un camio­ne­ro (Mateusz Kos­ciu­kie­wicz) con­du­cien­do una reme­sa de equinos.

Al pro­me­diar el rela­to, el asno se vin­cu­la con un joven cura (Loren­zo Zuzo­lo) que es el hijas­tro de una con­de­sa Ita­lia­na (Isa­be­lle Hup­pert), lo que ori­gi­na un epi­so­dio extem­po­rá­neo que pare­cie­ra per­te­ne­cer a otro film, aun­que no lle­ga a empa­ñar su con­te­ni­do global.

En ese reco­rri­do que efec­túa el ani­mal, que bien podría ase­me­jar­se al de un humano bus­can­do un lugar en el mun­do, va com­pro­ban­do el exa­ge­ra­do com­por­ta­mien­to de los huma­nos; es allí que tra­du­ce su sen­ti­mien­to de pena por la explo­ta­ción de que es obje­to al atra­ve­sar situa­cio­nes crue­les y vio­len­tas en un aza­ro­so mun­do de incier­to futuro.

En líneas gene­ra­les Sko­li­mows­ki expre­sa mag­ní­fi­ca­men­te el pen­sa­mien­to del asno que aun­que gene­ral­men­te se lo aso­cia como un ani­ma­li­to ter­co y obs­ti­na­do, tam­bién es capaz de demos­trar ter­nu­ra y cari­ño cuan­do es bien tra­ta­do y por ello sufre por estar sepa­ra­do de Kasandra.

En lo que con­cier­ne al elen­co, lo más des­ta­ca­ble es el tra­ba­jo de Eo trans­mi­tien­do la emo­ción de su per­so­na­je; no obs­tan­te es impor­tan­te acla­rar que para ello el rea­li­za­dor se valió de seis burros acto­res (Hola,Tako, Mariet­ta, Etto­re, Roc­co y Mela) que al estar muy bien ensam­bla­dos resul­ta difí­cil ima­gi­nar que así haya sido. Sobria­men­te diri­gi­do, Sko­li­mows­ki con­tó con la valio­sa cola­bo­ra­ción del fotó­gra­fo Michal Dymek y la acer­ta­da músi­ca de Pawel Mykietyn.

En suma, no obs­tan­te su tris­te his­to­ria, el film des­ti­la una mági­ca poe­sía capaz de sen­si­bi­li­zar al ciné­fi­lo exi­gen­te. Por sus inne­ga­bles méri­tos, Eo obtu­vo, en situa­ción de empa­te, el Pre­mio del Jura­do en el Fes­ti­val de Can­nes de este año. Jor­ge Gutman

Una Fic­ción Histórica

LE TIGRE ET LE PRÉ­SI­DENT. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film de Jean-Marc Pey­re­fit­te. 98 minutos

En su pri­mer lar­go­me­tra­je como rea­li­za­dor, Jean-Marc Pey­re­fit­te abor­da un rela­to his­tó­ri­co de Francia.

Tenien­do en cuen­ta que lo que se narra res­pon­de a la reali­dad de lo acon­te­ci­do, eso no impli­ca que en la fic­ción exis­tan algu­nas licen­cias dado que Le Tigre et le Pre­si­dent adop­ta el tono de come­dia antes que el de un autén­ti­co dra­ma político.

La acción que trans­cu­rre en 1920 cen­tra­li­za en prin­ci­pio su aten­ción en el Pre­si­den­te Paul Des­cha­nel (Jac­ques Gam­blin), un polí­ti­co que ese año lle­gó al poder imbui­do de gran­des idea­les. Sin embar­go sus nobles inten­cio­nes no pudie­ron con­cre­tar­se como él lo hubie­ra desea­do debi­do a su enfer­me­dad men­tal que lo con­du­jo a acti­tu­des extra­va­gan­tes; así, en un epi­so­dio acon­te­ci­do en la madru­ga­da del 20 de mayo de 1920, des­pués de haber inge­ri­do varios som­ní­fe­ros, des­apa­re­ció de su des­pa­cho por­que se cayó por la ven­ta­na del tren pre­si­den­cial ves­ti­do en pija­ma, esta situa­ción lo ridi­cu­li­zó por com­ple­to ante la ima­gen públi­ca, moti­van­do que a los pocos meses pre­sen­ta­ra su dimisión.

Jac­ques Gam­blin y André Dussollier

Simul­tá­nea­men­te el guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Marc Syri­gas pre­sen­ta a Geor­ges Clé­men­ceau (André Dus­so­llier), quien como ave­za­do Pri­mer Minis­tro del país entre 1906 y 1920 esta­ba segu­ro de ganar las elec­cio­nes de ese año al haber sido con­si­de­ra­do el favo­ri­to en la con­tien­da pre­si­den­cial. De allí que entre él y Des­cha­nel haya sur­gi­do una máxi­ma riva­li­dad, gene­ran­do el pun­to de infle­xión de esta comedia.

Sepa­ra­da­men­te, cada uno de estos dos per­so­na­jes reúne valo­res que jus­ti­fi­can su paso por la polí­ti­ca a pesar de adop­tar una visión dife­ren­te. En el caso de Des­cha­nel es loa­ble su labor como mili­tan­te con la inten­ción de abo­lir la pena de muer­te, adju­di­car el dere­cho del voto feme­nino así como otras medi­das inno­va­do­ras para su pue­blo; por su par­te, acu­dien­do a los regis­tros his­tó­ri­cos que­da cons­ta­ta­da la con­tri­bu­ción de Clé­men­ceau a su país duran­te los emba­tes de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial y su par­ti­ci­pa­ción como uno de los prin­ci­pa­les nego­cia­do­res de la Con­fe­ren­cia de Paz de París en 1919.

Evo­can­do ese espe­cial perío­do, el rea­li­za­dor per­mi­te que el rela­to ade­cua­da­men­te narra­do inclu­ya algu­nas situa­cio­nes hila­ran­tes que aun­que a veces resis­ten cre­di­bi­li­dad no obs­tan­te están satis­fac­to­ria­men­te resueltas.

Es en la inter­pre­ta­ción don­de resi­den los aspec­tos más salien­tes de esta his­to­ria en el mar­co de un elen­co inte­gra­do por dos acto­res exce­len­tes del cine fran­cés. Gam­blin expre­sa viva­men­te la situa­ción de un pre­si­den­te aba­ti­do por la ansie­dad y angus­tia que lo lle­va al esta­do depre­si­vo para con­ver­tir­lo en un ser ende­ble y ridícu­lo. Por su par­te Dus­so­llier ilus­tra estu­pen­da­men­te el cinis­mo de un polí­ti­co con­ser­va­dor fuer­te y viril que habien­do vis­to sus aspi­ra­cio­nes pre­si­den­cia­les frus­tra­das no disi­mu­la su ren­cor hacia Des­cha­nel mofán­do­se de él en la medi­da de lo posible.

Dicho lo que ante­ce­de, esta ópe­ra pri­ma de Pey­re­fit­te cum­ple con su come­ti­do de ofre­cer una come­dia que aun­que sin ser excep­cio­nal, resul­ta agra­da­ble de con­tem­plar ade­más de haber incor­po­ra­do datos his­tó­ri­cos que aun­que no todos com­ple­ta­men­te feha­cien­tes han sido poco cono­ci­dos por el públi­co masi­vo. Jor­ge Gutman

Recuer­dos de un Cineasta

THE FABEL­MANS. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Ste­ven Spiel­berg. 150 minutos

Con The Fabel­mans Ste­ven Spiel­berg refle­ja sus recuer­dos de infan­cia y ado­les­cen­cia en un rela­to semi­au­to­bio­grá­fi­co en el que des­ta­ca su víncu­lo fami­liar y su amor por el cine a tra­vés de un perío­do de apro­xi­ma­da­men­te 13 años. Con gran afec­to y empa­tía se asis­te a una his­to­ria que aun­que evi­den­te­men­te emo­cio­nal, el rea­li­za­dor evi­ta car­gar las tin­tas a fin de no caer en fal­sos sentimentalismos.

Con un esme­ra­do guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con el dra­ma­tur­go Tony Kush­ner, la acción comien­za en enero de 1952 en New Jer­sey don­de se con­tem­pla al peque­ño Sammy Fabel­man (Mateo Zor­yon Fran­cis-DeFord), alter ego de Spiel­berg, asis­tien­do con sus padres al cine para ver The Grea­test Show on Earth; esa pelí­cu­la que mucho le impre­sio­nó mar­ca­ría de algún modo su inte­rés por la cinematografía.

De retorno al hogar se lo con­tem­pla fes­te­jan­do con su fami­lia judía la fes­ti­vi­dad de Janu­cá y el ambien­te cir­cun­dan­te es de feliz con­vi­ven­cia; allí están reu­ni­dos su padre Burt (Paul Dano) que es un inge­nie­ro eléc­tri­co, su madre Mitzi (Miche­lle Williams), sus her­ma­ni­tas, la abue­la pater­na (Jean­nie Ber­lin) como asi­mis­mo Ben­nie (Seth Rogen) quien como emplea­do de su padre a la vez que su gran ami­go es con­si­de­ra­do un miem­bro más de dicho núcleo. A todo ello con una peque­ña cama­ri­ta Sammy comien­za a rea­li­zar bre­ves pelí­cu­las case­ras fil­man­do a sus hermanas.

Gabriel LaBe­lle

Pasan los años y ya se está en pre­sen­cia del joven Sammy (Gabriel LaBe­lle) quien ve aumen­ta­da su pasión por el cine y ya con una cáma­ra más sofis­ti­ca­da empren­de varios cor­tos. Ese aspec­to no va en detri­men­to de su amor por la fami­lia en don­de él guar­da una muy bue­na rela­ción con sus padres. Con su mamá exis­te un víncu­lo muy espe­cial dado que se tra­ta de una mujer emo­cio­nal­men­te débil y due­ña de un talen­to artís­ti­co como pia­nis­ta que no lo desa­rro­lló para dedi­car­se al hogar y es quien más valo­ra la voca­ción de Sammy; en cuan­to a su padre que es un muy buen com­pa­ñe­ro con­si­de­ra que la afi­ción de su hijo es un mero hobby.

A todo ello, el tra­ba­jo de Burt moti­va que tras­la­de la fami­lia a Ari­zo­na don­de tam­bién está inclui­do su ami­go Ben­nie. Allí lle­ga ines­pe­ra­da­men­te de visi­ta el tío abue­lo Boris (Judd Hirsch), un extra­va­gan­te vete­rano artis­ta de cine que tam­bién actuó en el cir­co, quien duran­te su bre­ve esta­día ofre­ce a Sammy algu­nas nocio­nes pre­ci­sas sobre el arte, enfa­ti­zan­do que lle­ga­rá un momen­to en que ten­drá que balan­cear su pasión artís­ti­ca con el amor por su familia.

La nota dra­má­ti­ca del rela­to se pro­du­ce cuan­do en un paseo cam­pes­tre hacien­do pic­nic, Sammy fil­ma a su fami­lia y en un momen­to dado al enfo­car su cáma­ra efec­túa un des­cu­bri­mien­to que lo impac­ta fuer­te­men­te y que habrá de reper­cu­tir en su vida.

Nue­va­men­te el empleo de su padre moti­va la mudan­za de la fami­lia al nor­te de Cali­for­nia; es allí don­de en la escue­la secun­da­ria a la que asis­te Sammy comien­za a expe­ri­men­tar los cole­ta­zos del sutil anti­se­mi­tis­mo exis­ten­te por par­te de algu­nos de sus com­pa­ñe­ros, pero a la pos­tre el sen­si­ble mucha­cho sabrá dar­les una muy bue­na lec­ción. A nivel fami­liar, pron­ta­men­te se pro­du­ce la sepa­ra­ción de sus padres, hecho que le pro­du­ce a Sammy una gran pena que es com­par­ti­da con su her­ma­na Reg­gie (Julia Butters).

El gran Spiel­berg ofre­ce aquí una estu­pen­da lec­ción de cine. No hay ele­men­to alguno que que­de libra­do al azar y su tra­ba­jo es uno de los más impor­tan­tes de su bri­llan­te carre­ra pro­fe­sio­nal. Sin ape­lar nece­sa­ria­men­te a la clá­si­ca nos­tal­gia, el guión se nutre con per­so­na­jes exce­len­te­men­te desa­rro­lla­dos en don­de se nota la maes­tría del rea­li­za­dor como asi­mis­mo la de Kush­ner que es un gran cono­ce­dor del cineasta.

Come­dia y dra­ma están bien cohe­sio­na­dos a tra­vés del rela­to. Entre algu­nas de las memo­ra­bles esce­nas que cun­den inten­sa­men­te en el áni­mo del espec­ta­dor es la del enfren­ta­mien­to de Sammy con su que­ri­da madre. Alta­men­te atra­yen­te a la vez que joco­so es el pri­mer víncu­lo román­ti­co que Sammy man­tie­ne con Moni­ca (Chloe East) una chi­ca de fe cris­tia­na. Pero indu­da­ble­men­te la más con­mo­ve­do­ra secuen­cia es la del des­en­la­ce de esta his­to­ria que tie­ne lugar en Los Ánge­les y que resul­ta­ría suma­men­te indis­cre­to reve­lar­lo sal­vo seña­lar que a par­tir de allí comen­za­rá el gran derro­te­ro cine­ma­to­grá­fi­co de Sammy (léa­se Spielberg).

El direc­tor ha con­vo­ca­do un anto­ló­gi­co repar­to don­de en los roles más impor­tan­tes que­dan resal­ta­das las exce­len­tes pres­ta­cio­nes de Williams y Dano quie­nes en sus per­so­na­jes sobria­men­te van trans­mi­tien­do las suti­les ten­sio­nes de la rela­ción matri­mo­nial; sus actua­cio­nes no van en detri­men­to del res­to del elen­co en don­de en una bre­ve apa­ri­ción se des­ta­ca la inter­ven­ción del emi­nen­te direc­tor David Lynch. Una autén­ti­ca reve­la­ción cons­ti­tu­ye la actua­ción pro­ta­gó­ni­ca de LaBe­lle quien en cuer­po y alma se sumer­ge en la per­so­na­li­dad de Sammy, trans­mi­tien­do con gran auten­ti­ci­dad la inse­gu­ri­dad de un mucha­cho ado­les­cen­te que tra­ta de for­jar su des­tino a la vez que vuel­ca un gran amor a su familia.

No obs­tan­te su lar­ga dura­ción la impe­ca­ble edi­ción de Michael Kahn y Srah Broshar impi­de que exis­tan tiem­pos muer­tos. Una valio­sa con­tri­bu­ción es la rea­li­za­da por el lau­rea­do com­po­si­tor John Williams quien ha sabi­do com­po­ner una músi­ca aso­cia­da emo­cio­nal­men­te a la tra­ma del relato.

A tra­vés de sus recuer­dos, he aquí el noble y logra­do tri­bu­to que Spiel­berg ofre­ce al cine con este tierno y con­mo­ve­dor film. Jor­ge Gutman