Un Emi­nen­te Psiquiatra

FANON. Fran­cia-Luxem­bur­go-Cana­dá, 2025. Un film de Jean-Clau­de Barny. 133 minutos

La figu­ra del emi­nen­te psi­quia­tra Frantz Fanon duran­te un bre­ve perío­do de su vida es con­si­de­ra­da por el direc­tor Jean-Clau­de Barny en Fanon.

Ale­xan­dre Bouyer

El joven Fanon (Ale­xan­dre Bou­yer), naci­do en Mar­ti­ni­que, que sabe muy bien qué es lo que sig­ni­fi­ca ser de raza negra en esa isla de Fran­cia, en 1953 lle­ga a Arge­lia para desem­pe­ñar el car­go de jefe del ser­vi­cio de psi­quia­tría de la clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca Bli­da-Jon­vi­lle de Argel.

Estan­do acom­pa­ña­do de Josie (Debo­rah Fra­nçois), su espo­sa blan­ca fran­ce­sa, a su arri­bo Fanon es obje­to de una obser­va­ción racis­ta por par­te de uno de los male­te­ros. En todo caso, pron­ta­men­te nota­rá que el racis­mo es endé­mi­co, sobre todo cuan­do obser­va el lamen­ta­ble tra­ta­mien­to que reci­ben los pacien­tes del hos­pi­tal como si fue­sen pri­sio­ne­ros. Su acti­tud de modi­fi­car dicha situa­ción y per­mi­tir a los enfer­mos que gocen de mayor liber­tad no es bien apre­cia­da por Damian (Oli­vier Gour­met), el direc­tor del hos­pi­tal, dado que para él los nora­fri­ca­nos son por natu­ra­le­za rebel­des y muy dife­ren­tes de los euro­peos; asi­mis­mo Damian no está de acuer­do con el empleo de los méto­dos pro­fe­sio­na­les de Fanon que con­tras­tan con las de los otros doc­to­res del nosocomio.

Pron­ta­men­te Fanon logra ganar­se el res­pe­to de sus pacien­tes como asi­mis­mo el de sus com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo. Simul­tá­nea­men­te con el desem­pe­ño de su tarea él se iden­ti­fi­ca con la lucha empren­di­da por el pue­blo arge­lino debi­do a la segre­ga­cio­nis­ta colo­ni­za­ción de Fran­cia. En tal sen­ti­do man­tie­ne un enfren­ta­mien­to con Rolland (Sta­nis­las Merhar) el sar­gen­to de la arma­da fran­ce­sa, al cons­ta­tar la mane­ra bru­tal en que actúa con los pri­sio­ne­ros de guerra.

A tra­vés de sus obser­va­cio­nes de lo que acon­te­ce en Arge­lia, el psi­quia­tra reci­be el apo­yo incon­di­cio­nal de su ama­da espo­sa; ella lo ayu­da a redac­tar sus pen­sa­mien­tos anti­co­lo­nia­lis­tas que even­tual­men­te serían ver­ti­dos en su libro psi­co­ana­lí­ti­co Les Dam­nés de la terre (Los con­de­na­dos de la tie­rra), que cons­ti­tu­ye un diag­nós­ti­co pro­fun­do de la colo­ni­za­ción. En otros aspec­tos, el film bre­ve­men­te se refie­re a su satis­fac­to­ria vida matri­mo­nial, al naci­mien­to de su hijo, así como al des­pla­za­mien­to de la fami­lia a Túnez en 1957 cuan­do Fanon es expul­sa­do de Argelia.

Cier­ta­men­te, la pelí­cu­la no efec­túa un hon­do aná­li­sis de la par­ti­ci­pa­ción de Fanon en el seno del Fren­te de Libe­ra­ción Nacio­nal de Arge­lia, ni tam­po­co hace refe­ren­cia a la acti­vi­dad ejer­ci­da por su cón­yu­ge quien como escri­to­ra y perio­dis­ta había asi­mis­mo actua­do polí­ti­ca­men­te por la mis­ma cau­sa; no obs­tan­te la obje­ción seña­la­da, es loa­ble la labor de Barny quien valién­do­se de su guión com­par­ti­do con Phi­lip­pe Ber­nard, efec­túa una narra­ción apro­pia­da difun­dien­do la con­tri­bu­ción del emble­má­ti­co Fanon en su heroi­co com­ba­te polí­ti­co ten­dien­te a lograr la des­co­lo­ni­za­ción arge­li­na. Tal como se infor­ma en los cré­di­tos fina­les, la iro­nía del des­tino moti­va a que él mue­ra de un cán­cer leu­cé­mi­co en diciem­bre de 1961, seis meses antes de la inde­pen­den­cia de Argelia.

Con una sobria pues­ta escé­ni­ca y un buen elen­co en el que resal­ta la actua­ción de Bou­yer trans­mi­tien­do auten­ti­ci­dad al per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co, la pelí­cu­la es lo sufi­cien­te­men­te entre­te­ni­da para man­te­ner la aten­ción del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Incon­clu­sa His­to­ria de Misterio

VIE PRI­VÉE / A PRI­VA­TE LIFE. Fran­cia, 2025. Un film de Rebec­ca Zlotowski.103 minutos

La talen­to­sa actriz ame­ri­ca­na Jodie Fos­ter ‑pre­mia­da con dos Oscar- impre­sio­na favo­ra­ble­men­te en su pri­me­ra incur­sión en el cine fran­cés pro­ta­go­ni­zan­do Vie Pri­vée. Diri­gi­do por Rebec­ca Zlo­tows­ki el rela­to de mis­te­rio pro­pues­to sufre del alam­bi­ca­do guión de Anne Berest y Gae­lle Mace que impi­de que el film pue­da ser seria­men­te considerado.

Jodie Fos­ter y Daniel Auteuil

El pro­mi­so­rio ini­cio de la tra­ma pro­por­cio­na cier­ta intri­ga de mis­te­rio en don­de la psi­quia­tra y psi­co­ana­lis­ta ame­ri­ca­na Lilian Stei­ner (Jodie Fos­ter) resi­den­te en París se impo­ne que Pau­la Cohen-Solal (Vir­gi­nie Efi­ra) una de sus pacien­tes judías que ha esta­do ausen­te en las últi­mas tres sesio­nes, se ha sui­ci­da­do. Cuan­do Lilia­na se aper­so­na al velo­rio de la difun­ta, su mari­do Simon (Mathieu Ama­ric), recha­za con brus­que­dad su pre­sen­cia por­que está con­ven­ci­do que Pau­la puso fin a su vida con las pas­ti­llas que ella le había pres­crip­to. Sin embar­go hay cier­tos indi­cios por los que Lilian supo­ne que su pacien­te no se sui­ci­dó sino que la han ase­si­na­do. ¿Aca­so podría ser Simon con el pro­pó­si­to de obte­ner una impor­tan­te heren­cia de su mujer pro­ve­nien­te de su tía, o qui­zás su pro­pia hija Valé­rie (Luà­na Baj­ra­ni), o bien algún otro familiar?

La duda de Lilian moti­va que de tera­peu­ta se con­vier­ta en una detec­ti­ve inves­ti­ga­do­ra jun­to con la cola­bo­ra­ción de su oftal­mó­lo­go ex espo­so Gabriel Had­dad (Daniel Auteuil). Esa bús­que­da de lo que real­men­te acon­te­ció con Pau­la se acre­cien­ta cuan­do Lilian com­prue­ba que de su des­pa­cho ha sido sus­traí­do un case­te que ella gra­bó en la entre­vis­ta que man­tu­vo con Pau­la en la últi­ma sesión.

Aun­que en prin­ci­pio uno podría ima­gi­nar que el rela­to se ase­me­ja en par­te al nota­ble film que Hitch­cock reali­zó en Sha­dow of a Doubt (1943), la situa­ción urdi­da por el guión no per­mi­te que exis­ta tal com­pa­ra­ción a tra­vés de la incor­po­ra­ción de absur­das situa­cio­nes surrea­lis­tas que des­vir­túa la pro­pues­ta ini­cial; eso acon­te­ce cuan­do Lilian acu­de a lo de Jes­si­ca Gran­ge (Sophie Gui­lle­min), una hip­no­ti­za­do­ra que le hace ver que ella man­tu­vo un víncu­lo con Pau­la en una pre­via encar­na­ción en don­de ambas inte­gra­ban una orques­ta sin­fó­ni­ca, ade­más de cier­tas alu­sio­nes al nazis­mo duran­te la segun­da gue­rra mun­dial. A todo ello, en una sub­tra­ma que nada agre­ga a la pro­ble­má­ti­ca cen­tral, el rela­to alu­de al difi­cul­to­so víncu­lo de Lilian con su dis­tan­cia­do hijo Julien (Vin­cent Lacoste).

Si bien la direc­ción de la rea­li­za­do­ra se dis­tin­gue por su sobrie­dad, la pelí­cu­la no logra crear un legí­ti­mo sus­pen­so capaz de sus­ci­tar emo­ción al care­cer de un rum­bo fijo. Con todo, los ele­men­tos favo­ra­bles resi­den en la irre­pro­cha­ble actua­ción que Fos­ter trans­mi­te como la clí­ni­ca­men­te fría y repu­tada pro­fe­sio­nal, ade­más de un elen­co inte­gra­do por pres­ti­gio­sos artis­tas del cine fran­cés, con espe­cial refe­ren­cia a la iln­ter­pre­ta­ción de Auteuil cuyo per­so­na­je bien des­crip­to man­tie­ne una bue­na com­pli­ci­dad con el de Foster.

Para quie­nes estén dis­pues­tos a pres­cin­dir de la cre­di­bi­li­dad de esta his­to­ria incon­clu­sa, el film les pro­cu­ra­rá un acep­ta­ble entre­te­ni­mien­to, aun­que para quien escri­be estas líneas le resul­te falli­do por care­cer de un cohe­ren­te sus­pen­so. Jor­ge Gutman

Ecos del Pasado

SOUND OF FALLING / LES ECHOS DU PAS­SÉ. Ale­ma­nia, 2025. Un film de Mas­cha Schi­lins­ki. 148 minutos

Extra­ña, enig­má­ti­ca, mis­te­rio­sa a la vez que fas­ci­nan­te, son las impre­sio­nes que dejan la visión de Sound of Falling, el segun­do lar­go­me­tra­je de la direc­to­ra Mas­cha Schi­lins­ki cuya ópe­ra pri­ma Dark Blue Girl (2017) reci­bió cáli­dos elogios.

La tra­ma con­ce­bi­da por la rea­li­za­do­ra con la cola­bo­ra­ción de Loui­se Peter enfo­ca la vida de 4 muje­res que viven en una mis­ma gran­ja fami­liar situa­da en una aldea rural de Alt­mark (al nor­te de Ale­ma­nia) pero en dife­ren­tes perío­dos a lo lar­go de un siglo.

Han­na Heckt

En el pri­mer epi­so­dio que trans­cu­rre en 1918 se sale al cru­ce de Alma (Han­na Heckt) una niña de 7 años cuya curio­si­dad se con­cen­tra en una foto­gra­fía en la que se halla su madre y una niña ya muer­ta que pare­cie­ra ser ella mis­ma. En la déca­da del 40 se obser­va a la ado­les­cen­te Eri­ka (Lea Drin­da) que se obse­sio­na obser­van­do la pier­na ampu­tada de su tío Fritz (Mar­tin Rother) pos­tra­do en su lecho. Hacia fina­les de los años 80 se apre­cia a Ange­li­ka (Lena Urzen­dowsky), la sobri­na de Eri­ka, quien en la eta­pa en que des­pier­ta su sexua­li­dad man­tie­ne una per­tur­ba­da rela­ción con su tío Uwe (Kons­tan­tin Lindhorst) y su pri­mo Rai­ner (Flo­rian Gei­bel­mann). En el últi­mo seg­men­to que trans­cu­rre en la épo­ca actual, nue­vos pro­pie­ta­rios adquie­ren la gran­ja don­de la tími­da Len­ka (Lae­ni Gei­se­ler), una de las hijas de la fami­lia, man­tie­ne una espe­cial amis­tad con Nelly (Zoë Baier), una chi­ca veci­na que tra­ta de recom­po­ner­se del dolor cau­sa­do por la pér­di­da de su madre.

La pelí­cu­la que está frag­men­ta­ria­men­te con­fi­gu­ra­da requie­re una con­si­de­ra­ble con­cen­tra­ción para cap­tar la esen­cia de su con­te­ni­do tenien­do en cuen­ta que la ausen­cia de una cro­no­ló­gi­ca narra­ción resul­ta en cier­tos momen­tos con­fu­sa; en todo caso sin ser nece­sa­ria­men­te un rom­pe­ca­be­zas, a la pos­tre todas las pie­zas suel­tas logran conectarse.

La cineas­ta con­si­gue aden­trar­se psi­co­ló­gi­ca­men­te en sus pro­ta­go­nis­tas feme­ni­nas a tra­vés de los víncu­los man­te­ni­dos con sus madres, her­ma­nas y parien­tes cer­ca­nos don­de los ecos del pasa­do influ­yen en la vida presente.

Emplean­do el recur­so de la memo­ria, con gran suti­li­dad el film expo­ne situa­cio­nes urti­can­tes inclu­yen­do entre otros aspec­tos, la muer­te de seres que­ri­dos, la vio­la­ción, el inces­to, la escla­vi­tud labo­ral, fan­ta­sías sui­ci­das y una estu­pe­fac­ta este­ri­li­za­ción de emplea­das domés­ti­cas a fin de pro­te­ger la segu­ri­dad de los hom­bres que las explotan.

Con una cáma­ra ágil y agra­cia­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Fabian Gam­per, la direc­to­ra cap­ta viva­men­te el mun­do pas­to­ral en cada una de las épo­cas, per­mi­tien­do una visión espec­ta­cu­lar. La logra­da pues­ta escé­ni­ca, la actua­ción de un sóli­do elen­co, el buen mon­ta­je de Evelyn Rack, y el impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Cosi­ma Vellen­zer con­tri­bu­yen a real­zar los valo­res de este ambi­cio­so a la vez que líri­co film cuyo estreno mun­dial en Can­nes le valió el Pre­mio del Jura­do. Jor­ge Gutman

Una Con­ser­va­do­ra Vida Rural

DJ AHMET. Mace­do­nia del Nor­te-Repú­bli­ca Che­ca- Croa­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Geor­gi M. Unkovs­ki. 99 minutos

Rara­men­te se pre­sen­ta la opor­tu­ni­dad de apre­ciar un film pro­ce­den­te de Mace­do­nia del Nor­te y es por ello que resul­ta muy opor­tu­na la pre­sen­ta­ción del film mace­dó­ni­co DJ Ahmet del novel direc­tor Geor­gi M. Unkovs­ki, cuyo cor­to­me­tra­je Stic­ker (2020) fue elo­gia­do en varios festivales.

Arif Jakup y Agush Agusheve

La acción está ambien­ta­da en la remo­ta región rural del nor­te del país en don­de habi­ta Ahmet (Arif Jakup), un ado­les­cen­te de 15 años huér­fano de madre que con­vi­ve con su padre gran­je­ro (Aksel Meh­met) y su her­ma­ni­to Naim (Agush Agushev). En la pri­me­ra esce­na se obser­va cómo el mucha­cho es reti­ra­do de la escue­la por su auto­ri­ta­rio y domi­nan­te pro­ge­ni­tor a fin de que se encar­gue de pas­to­rear el gana­do de ove­jas; asi­mis­mo él se ocu­pa de cui­dar a Naim quien des­de que murió la madre ha per­di­do el habla.

La afi­ción por la músi­ca de dan­za elec­tró­ni­ca desean­do lle­gar a ser un DJ cons­ti­tu­ye para Ahmet un medio para mati­zar su vida así como lo es el entra­ña­ble lazo fra­terno que man­tie­ne con Naim. Su ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do un día lle­ga a la aldea la joven Aya (Dora Akan Zla­ta­no­va) pro­ce­den­te de Ale­ma­nia quien igual­men­te sien­te una gran afi­ni­dad hacia la músi­ca pop y la dan­za. Cuan­do ambos jóve­nes se encuen­tran pron­ta­men­te sur­ge un víncu­lo román­ti­co sin embar­go hay cier­tos obs­tácu­los que se inter­po­nen; ello se debe a que la chi­ca per­te­ne­ce a una fami­lia de supe­rior nivel eco­nó­mi­co que la de Ahmet, como asi­mis­mo sus padres deci­den median­te un casa­mien­to arre­gla­do que ella una su vida a un hom­bre de mayor edad que no cono­ce ni tam­po­co desea que así sea. Desa­fian­do las con­ven­cio­nes socia­les, Aya repe­le la deci­sión de sus padres ade­más de par­ti­ci­par con sus ami­gas en un fes­ti­val de dan­za local.

La ópe­ra pri­ma de Unkovs­ki se carac­te­ri­za por su cali­bra­da direc­ción y por su guión en el que muy bien se ilus­tra cómo la reli­gión y la tra­di­ción son ele­men­tos que gra­vi­tan en un medio social deci­di­da­men­te con­ser­va­dor, patriar­cal y misó­gino don­de la mujer ejer­ce un rol secun­da­rio y sumi­so. Cla­ra­men­te se expo­ne cómo en ese entorno, los jóve­nes pro­ta­go­nis­tas desean eman­ci­par­se y deci­dir por sí mis­mos el camino a adoptar.

Es elo­gia­ble la auten­ti­ci­dad logra­da por el elen­co don­de sus acto­res no son pro­fe­sio­na­les; en ese aspec­to cau­ti­va la inter­pre­ta­ción de Jakup trans­mi­tien­do la deter­mi­na­ción del mucha­cho dis­pues­to a lograr su pro­pó­si­to a tra­vés de la músi­ca y tenien­do ade­más como ali­cien­te el amor y res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal hacia su her­ma­ni­to; asi­mis­mo es admi­ra­ble la natu­ra­li­dad que demues­tra Agushev en un rol que a tra­vés de su expre­sión ges­tual tra­du­ce el sen­ti­mien­to que ani­ma a Naim; por su par­te Zla­ta­no­va se des­ta­ca como la inte­li­gen­te ado­les­cen­te deci­di­da a afron­tar su pro­pio destino.

En los rubros téc­ni­cos tras­cien­de la muy bue­na foto­gra­fía de Naum Dok­sevs­ki cap­tan­do mag­ní­fi­ca­men­te el esce­na­rio don­de trans­cu­rre la vida pas­to­ral de la aldea, así como la ban­da sono­ra de Alen Sin­kauz y Nenad Sinhauz inclu­yen­do can­cio­nes de la región alter­nan­do con otras en inglés. Final­men­te, men­ción espe­cial mere­ce el ves­tua­rio de Roza Traj­ces­ka con el dise­ño de los tra­di­cio­na­les y colo­ri­dos atuen­dos de las bailarinas.

He aquí una ópe­ra pri­ma muy bien narra­da que entre­mez­clan­do dra­ma y come­dia, su visión depa­ra satis­fac­ción. Jor­ge Gutman

Una Voz Supli­can­do Ayuda

THE VOI­CE OF HIND RAJAB. Túnez-Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kaouther Ben Hania. 89 minutos

Des­pués de su nota­ble docu­men­tal Les filles d’Ol­fa (2023), la direc­to­ra tune­ci­na Kaouther Ben Hania ofre­ce en The Voi­ce of Hind Rajab un dra­ma híbri­do entre­mez­clan­do docu­men­tal y fic­ción basa­do en un gra­ví­si­mo inci­den­te acon­te­ci­do en el mar­co del con­flic­to béli­co de Israel con las fuer­zas de Hamas en Gaza..

Siguien­do las ins­truc­cio­nes reci­bi­das del ejér­ci­to israe­lí, el 29 de enero de 2024 la niña pales­ti­na Hind Rajab Hama­da de 6 años de edad jun­to con sus tíos y cua­tro pri­mas dejan el vecin­da­rio Tel al-Hawa de Gaza para diri­gir­se en coche hacia el sur de la fran­ja.. A esca­sos 400 metros de la par­ti­da, el vehícu­lo es balea­do por un tan­que arma­do israe­lí gene­ran­do la muer­te de sus ocu­pan­tes, excep­to Hind que que­da atra­pa­da en el inte­rior del mismo.

Motaz Mathees y Saja Kilani

El trá­gi­co inci­den­te moti­va que la orga­ni­za­ción pales­ti­na Red Cres­cent ubi­ca­da en la ciu­dad cis­jor­da­na de Rama­llah que se dedi­ca a ofre­cer ayu­da huma­ni­ta­ria lle­ga a impo­ner­se de lo ocu­rri­do en Gaza cuan­do Hind deses­pe­ra­da­men­te des­de el auto fami­liar efec­túa con el telé­fono móvil una lla­ma­da de emer­gen­cia pidien­do que la socorran.

La pelí­cu­la es vis­ta des­de el pun­to de vis­ta pales­tino don­de obvia­men­te el villano de la tra­ge­dia es la fuer­za de defen­sa de Israel. En tal sen­ti­do la direc­to­ra ape­la a un espe­cial meca­nis­mo don­de los regis­tros de la voz real de la niña supli­can­do ayu­da se entre­mez­cla con la fic­ción dra­ma­ti­za­da por quie­nes tra­tan de rescatarla.

Resul­ta alta­men­te con­mo­ve­dor el sen­ti­mien­to huma­ni­ta­rio de Omar (Motaz Mal­hees), el ague­rri­do volun­ta­rio de Red Cres­cent quien no pue­de ocul­tar su frus­tra­ción por la fal­ta de la urgen­te acción que se debe empren­der, sobre todo por la implo­ra­ción de la niña que llo­ran­do se halla ate­mo­ri­za­da; asi­mis­mo es enco­mia­ble la par­ti­ci­pa­ción de Rana (Saja Kila­ni) que de mane­ra entra­ña­ble se comu­ni­ca con Hind a quien tra­ta de tran­qui­li­zar fren­te a los angus­tio­sos momen­tos que está vivien­do. Otro per­so­na­je del orga­nis­mo es el coor­di­na­dor Mah­di (Amer Hlehel) que remi­tién­do­se a seguir con los pro­to­co­los vigen­tes debe afron­tar los alter­ca­dos vio­len­tos de Omar por exi­gir­le más allá de lo que pue­de rea­li­zar; final­men­te se encuen­tra la super­vi­so­ra Nis­reen (Cla­ra Khoury) quien tra­ta de apa­ci­guar el cli­ma de alta ten­sión rei­nan­te entre sus cole­gas. A todo ello, tam­bién real­men­te par­ti­ci­pa la ver­da­de­ra madre de Hind de quien se oye su voz al comu­ni­car­se con su hijita.

La ner­vio­si­dad ambien­tal se apa­ci­gua un poco cuan­do des­pués de 3 horas de demo­ra es logra­da la auto­ri­za­ción para que una ambu­lan­cia pue­da lle­gar al lugar don­de se halla el auto con la peque­ña en su inte­rior. Pero la ale­gría es de cor­to alcan­ce dado que la ruta está blo­quea­da y al alte­rar el camino el lap­so de tiem­po insu­mi­do moti­va que el esfuer­zo resul­te infruc­tuo­so ya que al lle­gar a des­tino la ino­cen­te cria­tu­ra ha deja­do de existir..

No obs­tan­te cono­cer su des­en­la­ce, la fil­ma­ción efec­tua­da en tiem­po real y en un úni­co esce­na­rio, dada su nota­ble auten­ti­ci­dad per­mi­te que la audien­cia se iden­ti­fi­que ple­na­men­te con el horror vivi­do por la niña. Asi­mis­mo la excep­cio­nal actua­ción de Mal­hees, Kila­ni y Hlehel inmer­sos ple­na­men­te en sus per­so­na­jes, trans­mi­ten la sen­sa­ción de que son ver­da­de­ros volun­ta­rios de Red Crescent.

Esta pelí­cu­la, cuya tra­ge­dia gol­pea fuer­te­men­te en el áni­mo del espec­ta­dor, meri­to­ria­men­te ha sido dis­tin­gui­da con el Gran Pre­mio del Jura­do en el fes­ti­val de Vene­cia en opor­tu­ni­dad de su estreno mun­dial. Jor­ge Gutman