Una Gran Opor­tu­ni­dad Perdida

THE HUMAN FAC­TOR. Gran Bre­ta­ña-Israel, 2019. Un film de Dror Moreh. 112 minutos.

Habien­do sido el autor de The Gate­kee­pers (2012), un remar­ca­ble docu­men­tal sobre la agen­cia de ser­vi­cios de segu­ri­dad israe­lí Shin Bet, el direc­tor Dror Moreh retor­na con otro pujan­te docu­men­to refe­ri­do a las com­pli­ca­das y lar­gas nego­cia­cio­nes que tuvie­ron lugar entre israe­líes y pales­ti­nos para poder con­cre­tar un defi­ni­ti­vo acuer­do de paz.

Yitzhak Rabin, Bill Clin­ton y Yas­ser Arafat

Este pro­ce­so comen­zó en 1991 cuan­do al final de la gue­rra fría Esta­dos Uni­dos se con­vier­te en la poten­cia más pode­ro­sa del mun­do; en con­se­cuen­cia, el pre­si­den­te Geor­ge H.W. Bush a tra­vés de su secre­ta­rio de esta­do James Baker, con­si­de­ró que había lle­ga­do el momen­to de actuar como inter­me­dia­rio entre los israe­líes y sus veci­nos ára­bes con el pro­pó­si­to de que pudie­ra crear­se un esta­do pales­tino a la vez que Israel fue­ra reco­no­ci­do como el legí­ti­mo hogar del pue­blo judío que a lo lar­go de su his­to­ria ha sufri­do la ame­na­za de exterminación.

El guión del docu­men­ta­lis­ta escri­to con Oron Adar, está basa­do en la minu­cio­sa y didác­ti­ca expli­ca­ción de los diplo­má­ti­cos nego­cia­do­res ame­ri­ca­nos Den­nis Ross. Mar­tin Indyk, Daniel Kur­tzer, Aaron Miller, Robert Malley y Gamal Helal como intér­pre­te y envia­do espe­cial de Medio Orien­te; los encuen­tros man­te­ni­dos con repre­sen­tan­tes de Israel y con los de la con­tra­par­te inclu­yen­do al líder de la OLP Yas­ser Ara­fat, el rey Hus­sein de Jor­da­nia y el pre­si­den­te de Siria Hafez al-Assad adquie­ren capi­tal impor­tan­cia en el mar­co del relato.

En esa reco­pi­la­ción se pasa revis­ta a los esfuer­zos rea­li­za­dos duran­te la déca­da del 90, en un prin­ci­pio por Bush y Baker con el pre­si­den­te de Israel Yitzhak Sha­mir y pos­te­rior­men­te por el elec­to pre­si­den­te Clin­ton y el nue­vo pri­mer minis­tro israe­lí Yitzhak Rabin para alcan­zar el desea­do obje­ti­vo. Es así que los Acuer­dos de Oslo de 1992, que ofi­cial­men­te cons­ti­tu­ye­ron una Decla­ra­ción de Prin­ci­pios entre Israel y la OLP que avi­zo­ra­ba un gobierno autó­no­mo pro­vi­sio­nal pales­tino, fue­ron final­men­te fir­ma­dos en los jar­di­nes de la Casa Blan­ca el 13 de sep­tiem­bre de 1993 por repre­sen­tan­tes de la OLP, Esta­dos Uni­dos, Israel y Rusia, con­tan­do ade­más con la pre­sen­cia de Clin­ton, Ara­fat y Rabin; es intere­san­te des­ta­car que en esa oca­sión Rabin acep­tó estre­char la mano de quien fue­ra su enemi­go a con­di­ción de que en esa cere­mo­nia Ara­fat no por­ta­ra arma algu­na, no uti­li­za­ra ves­ti­men­ta mili­tar ni que tam­po­co inten­ta­ra besar­lo, como es cos­tum­bre en la cul­tu­ra ára­be; con todo, cabe apre­ciar que los res­que­mo­res y rece­los entre el pri­mer minis­tro israe­lí y Ara­fat fue­ron gra­dual­men­te des­apa­re­cien­do ori­gi­nan­do una afec­ti­va rela­ción entre ambos.

Ese his­tó­ri­co acon­te­ci­mien­to que augu­ra­ba un por­ve­nir lumi­no­so para la solu­ción del can­den­te con­flic­to no fue bien reci­bi­do por algu­nos sec­to­res polí­ti­cos israe­líes y por par­te de la pobla­ción que en demos­tra­cio­nes calle­je­ras a viva voz mani­fes­ta­ban que Rabin era un trai­dor. Lamen­ta­ble­men­te su ase­si­na­to del 4 de noviem­bre de 1995 en Tel Aviv sig­ni­fi­có un duro gol­pe para Esta­dos Uni­dos; anec­dó­ti­ca­men­te, el diplo­má­ti­co Den­nis Ross mani­fies­ta ante la cáma­ra cómo al impo­ner­se de la tris­te noti­cia no pudo ocul­tar sus lágri­mas fren­te a su espo­sa y sus tres peque­ños hijos.

Con la muer­te de Rabin, el pro­ce­so se estan­có duran­te el man­da­to de Shi­mon Perez y pos­te­rior­men­te con el gobierno de dere­cha de Ben­ja­min Netan­yahu quien fue elec­to en 1996 y per­ma­ne­ció en el car­go has­ta 1999; cuan­do Ehud Barak lo suce­dió como pri­mer minis­tro, los nego­cia­do­res logra­ron per­sua­dir­lo a con­ti­nuar con las tra­ta­ti­vas de paz; todo hacía pre­su­mir que en la cum­bre de Camp David de julio de 2000 con la pre­sen­cia de Clin­ton, Barak y Ara­fat se lle­ga­ría a un exi­to­so resul­ta­do. Lamen­ta­ble­men­te, la tras­cen­den­tal reu­nión con­clu­yó con un rotun­do fra­ca­so en la medi­da que pales­ti­nos e israe­líes no logra­ron un con­sen­so sobre el futu­ro de Jerusalén.

En los pri­me­ros tra­mos del docu­men­tal que­da des­ta­ca­da la impor­tan­cia del fac­tor humano don­de la misión de los inter­me­dia­rios del pro­ce­so con­sis­te en esta­ble­cer la con­fian­za y la nece­sa­ria empa­tía entre las par­tes en la que cada una de las mis­mas debe ubi­car­se en la situa­ción real vivi­da por la otra a fin de ceder algo para poder cubrir la bre­cha que las sepa­ra. Lamen­ta­ble­men­te eso no ha sido posi­ble has­ta el pre­sen­te y por el momen­to no hay moti­vos para infe­rir que la dra­má­ti­ca situa­ción vigen­te pue­da alterarse.

El empleo de foto­gra­fías de la Biblio­te­ca Pre­si­den­cial William J. Clin­ton, las imá­ge­nes de tele­vi­sión regis­tra­das así como un impor­tan­te mate­rial de archi­vo del cual se ha vali­do Moreh, cons­ti­tu­yen un valio­so apo­yo para ilus­trar los acon­te­ci­mien­tos des­crip­tos en el film; eso per­mi­te obte­ner una bue­na pers­pec­ti­va sobre cómo las dife­ren­tes polí­ti­cas, cul­tu­ras, idio­mas e intere­ses de los acto­res anta­gó­ni­cos de este pro­ce­so han echa­do a per­der la gran opor­tu­ni­dad de lograr la paz.

Con el estu­pen­do mon­ta­je de Oron Adar, el direc­tor logró un excep­cio­nal docu­men­tal que resul­ta suma­men­te escla­re­ce­dor no solo por expli­car lo acon­te­ci­do en la mesa de las nego­cia­cio­nes sino tam­bién por ilus­trar lo que fue­ra de la mis­ma deja­ron entre­ver sus par­ti­ci­pan­tes. Jor­ge Gutman

La Angus­tia del Confinamiento

OXY­GÈ­NE. Fran­cia, 2021. Un film de Ale­xan­dre Aja. 101 minutos.

Des­pués de haber incur­sio­na­do en el géne­ro de terror en High Ten­sion (2003), Piranha 3D (2010) y Crawl (2019), entre otros títu­los, Ale­xan­dre Aja abor­da el tema de la super­vi­ven­cia en un rela­to de cien­cia ficción.

Méla­nie Lau­rent en OXIGĖNE

La idea del con­fi­na­mien­to y el mie­do que se expe­ri­men­ta en espa­cios cerra­dos cons­ti­tu­ye la idea cen­tral que sus­ten­ta el guión de Chris­tie LeBlanc. En la secuen­cia de aper­tu­ra se obser­va una rata de labo­ra­to­rio que inten­ta encon­trar un camino dis­po­ni­ble a tra­vés de un labe­rin­to. Esa pre­sen­ta­ción encuen­tra su corres­pon­den­cia en lo que le suce­de a Eli­za­beth Han­sen (Méla­nie Lau­rent), una amné­si­ca mujer quien suje­ta a elec­tro­dos se ve atra­pa­da en una cáp­su­la crio­gé­ni­ca; al no poder abrir­la, deses­pe­ra­da­men­te pide auxi­lio para reco­brar su liber­tad. Ella solo tie­ne como inter­lo­cu­tor la voz de MILO (Mathieu Amalric), un compu­tador robot que se com­por­ta como un médi­co inter­faz y liga­zón de ope­ra­cio­nes; él le comu­ni­ca que debi­do a una falla del apa­ra­to en el que se encuen­tra solo dis­po­ne de 33% de capa­ci­dad de oxí­geno y que por lo tan­to le sugie­re que reduz­ca su con­su­mo para no morir asfi­xia­da. La comu­ni­ca­ción con el exte­rior man­te­ni­da con la uni­dad poli­cial a car­go del capi­tán Moreau (Eric Her­son-Maca­rel) logra en par­te apa­ci­guar­la. Median­te los recuer­dos de Eli­za­beth, que pue­den o no refle­jar la reali­dad, se sabe que está casa­da con el doc­tor Léo Fer­gu­son (Malik Zidi), aun­que se des­co­no­ce por­qué está encerrada.

Por razo­nes de dis­cre­ción y acce­dien­do al pedi­do de los pro­duc­to­res de no reve­lar cómo la tra­ma se va desa­rro­llan­do, se pue­de ade­lan­tar que el rela­to gene­ra cier­to sus­pen­so pero su pre­vi­si­bi­li­dad ate­núa la intri­ga ini­cial. En tal sen­ti­do resul­ta difí­cil no remi­tir­se al exce­len­te film que en 2010 ofre­cie­ra el direc­tor Rodri­go Cor­tés con Buried don­de un camio­ne­ro tra­ba­jan­do en Iraq se encuen­tra ente­rra­do vivo y en com­ple­ta sole­dad. La inten­si­dad y emo­ción de esa recor­da­da pelí­cu­la, no alcan­za la mis­ma reper­cu­sión en Oxi­gè­ne, ya que en esta fan­ta­sía exis­ten muchos hilos suel­tos que debi­li­tan su cohe­ren­cia; ade­más, la alu­sión a la tec­no­lo­gía en mate­ria de clo­na­cio­nes, inte­li­gen­cia arti­fi­cial y a cier­tos aspec­tos pseu­do filo­só­fi­cos dis­tan de convencer.

Todo el peso de esta his­to­ria recae en Lau­rent que a pesar de las limi­ta­cio­nes del guión rea­li­za un mag­ní­fi­co tra­ba­jo uni­per­so­nal trans­mi­tien­do el sen­ti­mien­to de angus­tia y des­es­pe­ran­za expe­ri­men­ta­do por su per­so­na­je tra­tan­do de sobre­vi­vir fren­te a una situa­ción extre­ma. Dado el claus­tro­fó­bi­co espa­cio en que trans­cu­rre la acción, la pues­ta escé­ni­ca de Aja está bien logra­da en tan­to que mere­cen espe­cia­les elo­gios la exce­len­te foto­gra­fía de Maxi­me Ale­xan­dre y los dise­ños de pro­duc­ción de Jean Rabas­se. Jor­ge Gutman

Un Día Llu­vio­so en New York

A RAINY DAY IN NEW YORK. Esta­dos Uni­dos, 2018. Un film escri­to y diri­gi­do por Woody Allen. 92 minutos.

Con más de 2 años de demo­ra, como con­se­cuen­cia del movi­mien­to #metoo en el que Woody Allen fue til­da­do de haber abu­sa­do sexual­men­te a su hija adop­ti­va de 7 años en 1992 ‑a pesar de haber sido sobre­seí­do en ese entonces‑, final­men­te A Rainy Day in New York pue­de ser juz­ga­do por el públi­co Mon­treal en oca­sión de su estreno exclu­si­vo en la sala Dollar Cinéma.

Timothée Cha­la­met

Des­pués de varios fil­mes rea­li­za­dos en Euro­pa, Allen retor­na a su que­ri­da Manhat­tan a tra­vés de una his­to­ria enre­da­da de cues­tio­na­da efi­ca­cia. Sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes son Gatsby (Timothée Cha­la­met) y Ash­leigh (Elle Fan­ning), una pare­ja de jóve­nes estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios que deci­den pasar un fin de sema­na román­ti­co en Manhat­tan; ella que sigue la carre­ra de perio­dis­mo y debe pre­pa­rar un artícu­lo de su espe­cia­li­dad apro­ve­cha la oca­sión para entre­vis­tar al legen­da­rio rea­li­za­dor Roland Pollard (Lie­ve Schrei­ber); duran­te ese inter­va­lo Gatsby la esta­rá aguar­dan­do en el hotel de Soho don­de se alo­jan para lue­go ir a almor­zar. Sin embar­go nada resul­ta como esta­ba pre­vis­to y duran­te el trans­cur­so de una lar­ga jor­na­da en que aso­ma­rá la llu­via ‑como lo anti­ci­pa su títu­lo- estos dos ena­mo­ra­dos ter­mi­na­rán des­en­con­trán­do­se. Así, des­pués de la entre­vis­ta con Pollard, Ash­leigh cono­ce a Ted (Jude Law), su guio­nis­ta, para pos­te­rior­men­te ser sedu­ci­da por un apues­to y famo­so galán de cine (Die­go Luna). Por su par­te, Gatsby deam­bu­lan­do por la ciu­dad se encon­tra­rá con Shan­non (Sele­na Gómez), la her­ma­na de una ex pare­ja suya, con quien man­ten­drá un ines­pe­ra­do víncu­lo sentimental.

Deci­di­da­men­te este cua­dra­gé­si­mo octa­vo opus de Allen es uno de los menos logra­dos y aun­que su visión de nin­gún modo abu­rre, sus fie­les segui­do­res que­da­rán des­en­can­ta­dos al con­tem­plar una tra­ma que aun­que des­ti­le cier­ta sim­pa­tía pare­cie­ra estar rea­li­za­da en el pasa­do dejan­do un sabor añe­jo con olor a naf­ta­li­na. Hay que admi­tir que la pelí­cu­la tie­ne cier­tos momen­tos chis­pean­tes así como algu­nos que otros mor­da­ces diá­lo­gos, ade­más de lan­zar cier­tos dar­dos crí­ti­cos a las cele­bri­da­des del mun­do del cine; sin embar­go aquí están ausen­tes la inge­nio­si­dad y maes­tría que el renom­bra­do rea­li­za­dor demos­tró en nume­ro­sos títu­los de su pro­lí­fi­ca filmografía.

La actua­ción de Cha­la­met es nada más que correc­ta ani­man­do al avis­pa­do y neu­ró­ti­co inte­lec­tual pro­ve­nien­te de una fami­lia pudien­te neo­yor­qui­na, en tan­to que Fan­ning se defien­de como la inge­nua y un poco aton­ta­da joven pro­ve­nien­te de Ari­zo­na que avi­zo­ra un nue­vo hori­zon­te en la Gran Man­za­na. Es en los pape­les secun­da­rios don­de más se des­ta­ca el nivel inter­pre­ta­ti­vo, con el caso de Schrei­ber ani­man­do al cineas­ta que vive una cri­sis exis­ten­cial, Law carac­te­ri­zan­do al libre­tis­ta que es enga­ña­do por su espo­sa (Rebec­ca Hall) y Cherry Jones que se dis­tin­gue en un bre­ve papel como la madre de Gatsby. En los aspec­tos for­ma­les sobre­sa­len la esme­ra­da foto­gra­fía de Vit­to­rio Sto­ra­ro cap­tan­do la belle­za de la ama­da ciu­dad de Allen así como la agra­da­ble ban­da sono­ra que siem­pre acom­pa­ña a sus fil­mes. Jor­ge Gutman

El Infor­me Auschwitz

ESCA­PE FROM AUSCH­WITZ / THE AUSCH­WITZ REPORT. Eslo­va­quia, 2020. Un film de Peter Beb­jak. 93 minutos

Son innu­me­ra­bles los fil­mes refe­ri­dos al Holo­caus­to. ¿Es nece­sa­rio vol­ver a ese tema? La res­pues­ta es afir­ma­ti­va si aca­so su tra­ta­mien­to es rea­li­za­do sóli­da­men­te y con res­pe­to a sus víc­ti­mas. La muy bue­na pelí­cu­la que aquí se ana­li­za con­fir­ma la nece­si­dad de vol­ver a ello y ya se verá el porqué.

Noel Czuc­zor y Peter Ondrejicka

El film escri­to por el rea­li­za­dor Peter Beb­jak con la cola­bo­ra­ción de Josef Pas­te­ka y Tomas Bom­bik está basa­do en el libro de Alfred Wetz­ler, uno de los per­so­na­jes de esta verí­di­ca tris­te his­to­ria. El rela­to comien­za en el cam­po de con­cen­tra­ción de Ausch­witz, Polo­nia, el 7 de abril de 1944; en ese infa­me sitio don­de apro­xi­ma­da­men­te dos millo­nes y medio de per­so­nas han sido depor­ta­das, se encuen­tran Freddy (Noël Czuc­zor) y Valér (Peter Ondre­jic­ka), dos jóve­nes judíos eslo­va­cos quie­nes con­si­guen esca­par de su barra­ca para refu­giar­se en unos cajo­nes de made­ra. Al ser des­cu­bier­ta la hui­da los ofi­cia­les nazis ator­men­tan sádi­ca­men­te a los res­tan­tes pri­sio­ne­ros a fin de que infor­men sobre el para­de­ro de los ausentes.

Duran­te 3 días y en situa­ción alta­men­te pre­ca­ria Freddy y Valér viven momen­tos de angus­tia por temor a ser des­cu­bier­tos mien­tras aguar­dan la oca­sión pro­pi­cia para poder salir de ese encie­rro. Cuan­do lo logran ambos se inter­nan en los fron­do­sos bos­ques ale­da­ños tra­tan­do de lle­gar a la fron­te­ra. Ven­cien­do gran­des obs­tácu­los y a pesar de que Freddy tie­ne su pier­na heri­da, des­pués de varios días de lar­gas cami­na­tas atra­vie­san las mon­ta­ñas de Eslo­va­quia dejan­do atrás Polo­nia. La par­te sus­tan­cial del rela­to se cen­tra en la redac­ción de un infor­me efec­tua­do por los dos sobre­vi­vien­tes acer­ca de las atro­ci­da­des come­ti­das en Aus­chi­witz. Cuan­do ese vital docu­men­to es some­ti­do al repre­sen­tan­te bri­tá­ni­co de la Cruz Roja (John Han­nah), mien­tras lo está leyen­do no pue­de disi­mu­lar su asom­bro por el con­te­ni­do del dra­má­ti­co texto.

La com­pi­la­ción rea­li­za­da por Freddy y Valér es cono­ci­da como el Infor­me Vrba-Wetz­ler, los ver­da­de­ros ape­lli­dos de los per­so­na­jes fic­ti­cios de Freddy y Valér. Trans­cu­rrió 7 meses has­ta que dicho infor­me fue­ra publi­ca­do por los medios de difu­sión de los paí­ses alia­dos; más aún, fren­te al des­co­no­ci­mien­to deta­lla­do de las bar­ba­ries come­ti­das en Ausch­witz, el docu­men­to fue en par­te trun­ca­do y vuel­to a redac­tar por­que los edi­to­res esta­ban preo­cu­pa­dos de que nadie iría a creer las evi­den­cias sumi­nis­tra­das por sus redac­to­res en don­de más de un millón de per­so­nas fue­ron gasi­fi­ca­dos en ese cam­po de con­cen­tra­ción. Ese famo­so repor­te per­mi­tió sal­var la vida de 120.000 judíos de Buda­pest que aguar­da­ban ser depor­ta­dos al cam­po de la muerte.

Exce­len­te­men­te fil­ma­do, Beb­jak ofre­ce un docu­men­to lace­ran­te pero alta­men­te efec­ti­vo que se encuen­tra agra­cia­do con las mag­ní­fi­cas inter­pre­ta­cio­nes de Czuc­zor y Ondre­jic­ka; ambos carac­te­ri­zan mag­ní­fi­ca­men­te a los ver­da­de­ros sobre­vi­vien­tes Alfred Wetz­ler (1918 – 1988) y Rudolph Vrba (1924 – 2006) quie­nes valien­te­men­te han brin­da­do tes­ti­mo­nio de lo que real­men­te acon­te­ció duran­te los dos años que han vivi­do en Ausch­witz y que el mun­do ignoraba.

Es impor­tan­te des­ta­car la sabia fra­se del filó­so­fo y escri­tor espa­ñol Jor­ge San­ta­ya­na (1863 – 1962) que apa­re­ce escri­ta en la pri­me­ra ima­gen del film “Aqué­llos que no pue­den recor­dar el pasa­do están con­de­na­dos a que se repi­ta”. Sin duda se tra­ta de una ver­da­de­ra pro­fe­cía tenien­do en cuen­ta la dra­má­ti­ca rele­van­cia que adquie­ren los detes­ta­bles men­sa­jes de los movi­mien­tos de extre­ma dere­cha popu­lis­ta que en este siglo 21 ani­dan en dife­ren­tes regio­nes del mun­do; así es de lamen­tar el ata­que a la dife­ren­te orien­ta­ción sexual, a los gru­pos étni­cos mino­ri­ta­rios, como tam­bién la dis­cri­mi­na­ción reli­gio­sa y el resur­gi­mien­to de un acen­tua­do anti­se­mi­tis­mo. Jor­ge Gutman

El Ines­pe­ra­do Pasajero

STO­WA­WAY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Joe Pen­na. 116 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Ama­zon Pri­me Video

El tema de la super­vi­ven­cia es con­si­de­ra­do en este logra­do dra­ma del direc­tor bra­si­le­ño Joe Pen­na. Den­tro del mar­co de una expe­di­ción espa­cial, Sto­wa­way se dis­tin­gue por pre­sen­tar una situa­ción lími­te que enfren­tan los pro­ta­go­nis­tas de esta historia.

Toni Collet­te

El ori­gi­nal y efi­cien­te guión del rea­li­za­dor escri­to con Ryan Morri­son enfo­ca a tres astro­nau­tas lis­tos para aven­tu­rar­se en una misión espa­cial con des­tino a Mar­te. En el comien­zo del rela­to se obser­va en un peque­ño módu­lo espa­cial a la coman­dan­te Mari­na (Toni Collet­te), la inves­ti­ga­do­ra médi­ca Zoe (Anna Ken­drick) y al bió­lo­go David (Daniel Dae Kim); ellos demues­tran cier­to ner­vio­sis­mo al des­pe­gar la nave por las moles­tias pro­du­ci­das al aban­do­nar la gra­ve­dad de la tie­rra. Ya en ple­na órbi­ta se apre­cia en el trío un espí­ri­tu de cama­ra­de­ría y todo pare­ce­ría enca­mi­nar­se nor­mal­men­te has­ta el momen­to en que se des­cu­bre que en uno de los con­duc­tos del apa­ra­to se halla des­ma­ya­do y heri­do el inge­nie­ro Michael (Sha­mier Ander­son) quien que­dó ence­rra­do cuan­do tuvo a su car­go orde­nar el des­pe­gue del vehícu­lo espa­cial.. Al reac­cio­nar, el ines­pe­ra­do pasa­je­ro desea regre­sar a la Tie­rra para cui­dar a su her­ma­na menor; como su deseo es impo­si­ble de satis­fa­cer, Michael se tran­qui­li­za al saber que el equi­po terres­tre se encar­ga­rá de ella. A pesar de que él no dis­po­ne del entre­na­mien­to nece­sa­rio para el via­je inter­pla­ne­ta­rio que se está rea­li­zan­do, los tres astro­nau­tas demues­tran su bue­na volun­tad tra­tan­do de que se sien­ta con­for­ta­ble al pro­pio tiem­po que Zoe le va curan­do sus heridas.

El pun­to de infle­xión de la his­to­ria se pro­du­ce cuan­do David obser­va que al haber que­da­do atra­pa­do el cuer­po de Michael esto afec­tó el sis­te­ma de extrac­ción de monó­xi­do de car­bono des­tru­yen­do par­te del oxí­geno con­te­ni­do; eso impli­ca que ese ele­men­to quí­mi­co vital para la res­pi­ra­ción solo pue­de alber­gar a no más de tres per­so­nas ya que de lo con­tra­rio peli­gra la vida de los cua­tro ocu­pan­tes de la nave debi­do a la caren­cia de aire; ade­más, nin­guno de ellos podría arri­bar al pla­ne­ta rojo. En con­se­cuen­cia Michael debe sacri­fi­car­se para sal­var a sus com­pa­ñe­ros de vue­lo. ¿Por qué tie­ne que ser él ya que invo­lun­ta­ria­men­te que­dó ence­rra­do en la nave? ¿Por qué ten­dría que des­apa­re­cer algu­nos de los tres astro­nau­tas si ellos están cum­plien­do su misión tal como está pro­gra­ma­da? Si bien estas pre­gun­tas son impo­si­bles de res­pon­der, lo cier­to es que la situa­ción plan­tea­da crea a bor­do una vívi­da ten­sión don­de Michael está dis­pues­to a per­der su vida, mien­tras que Zoe se empe­ña en bus­car una solu­ción al gra­ve pro­ble­ma ape­lan­do a una audaz maniobra.

Sería indis­cre­to ade­lan­tar cómo pro­si­gue el rela­to; con todo cabe ade­lan­tar que esta ima­gi­na­ti­va his­to­ria ofre­ce sufi­cien­te sus­pen­so para con­ci­tar la aten­ción del espec­ta­dor has­ta su impre­vi­si­ble des­en­la­ce. El film se valo­ri­za por un guión carac­te­ri­za­do por su racio­ci­nio lógi­co, así como por el nota­ble talen­to del rea­li­za­dor que a pesar del limi­ta­do espa­cio en que se des­en­vuel­ve la acción evi­ta que su desa­rro­llo resul­te claus­tro­fó­bi­co. Final­men­te mere­cen elo­gios los cua­tro pro­ta­go­nis­tas del rela­to quie­nes remar­ca­ble­men­te logran trans­mi­tir la dimen­sión huma­na de sus per­so­na­jes; así por ejem­plo una esce­na emo­cio­nan­te acon­te­ce cuan­do Michael des­cri­be a Zoe cómo él y su her­ma­na que­da­ron huér­fa­nos a tem­pra­na edad debi­do a un horri­ble incen­dio que cobró la vida de sus padres.

No es ésta la pri­me­ra pelí­cu­la sobre explo­ra­cio­nes espa­cia­les dado que, entre otros títu­los, Gra­vity (2013) y Ad Astra (2019) han sido muy bue­nos expo­nen­tes del géne­ro. Con todo, lo que dis­tin­gue a Sto­wa­way es que más allá del peli­gro de que una tri­pu­la­ción que­de vara­da en el espa­cio, plan­tea un con­flic­to éti­co y moral que por la for­ma en que es tra­ta­do por Pen­na resul­ta ple­na­men­te con­mo­ve­dor. Jor­ge Gutman