La Gran Dama del Champán

WIDOW CLIC­QUOT. Fran­cia-Esta­dos Uni­dos-Gran Bre­ta­ña, 2023. Un film de Tho­mas Nap­per. 89 minutos

Abor­dan­do a quien es cono­ci­da como la “Gran Dama del Cham­pán”, el rea­li­za­dor Tho­mas Nap­per con­si­de­ra en Widow Clic­quot a‑Bar­be-Nico­le Pon­sar­din (1777 – 1866), quien naci­da en Reims a los 20 años se casa con Fra­nçois Clic­quot, inte­gran­te de una fami­lia dedi­ca­da a la ela­bo­ra­ción y dis­tri­bu­ción de vinos.

Haley Ben­nett

Sin estar estruc­tu­ra­da cro­no­ló­gi­ca­men­te la pelí­cu­la se vale del guión de Erin Dig­nam, adap­ta­do a su vez del libro homó­ni­mo de la pro­fe­so­ra Tilar J. Mazeo publi­ca­do en 2008. En su comien­zo que trans­cu­rre en 1805 se asis­te al fune­ral de la tem­pra­na muer­te de Fra­nçois (Tom Stu­rrid­ge), don­de se obser­va a su com­pun­gi­da espo­sa Bar­be-Nico­le (Haley Ben­nett) expe­ri­men­tan­do su dolor por la pér­di­da del com­pa­ñe­ro a quien entra­ña­ble­men­te amó.

Cuan­do su sue­gro Phi­lip­pe Clic­quot (Ben Miles) le mani­fies­ta su inten­ción de ven­der los viñe­dos al com­pe­ti­dor Jean-Remy Moët (Nick Farrell), la viu­da Clic­quot recha­za fir­me­men­te esa pro­po­si­ción, a pesar de los pro­ble­mas finan­cie­ros de la com­pa­ñía debi­do a expe­ri­men­tos malo­gra­dos de su difun­to mari­do. Es así que ella está fir­me­men­te deci­di­da a pre­ser­var el lega­do de su mari­do, vol­can­do sus esfuer­zos en la ela­bo­ra­ción de bue­nos vinos.

La tarea empren­di­da por Bar­be-Nico­le resul­ta ardua en la medi­da que afron­ta gran­des difi­cul­ta­des, entre otros moti­vos por su con­di­ción gené­ri­ca, difi­cul­ta­des cli­má­ti­cas, embar­go ejer­ci­do por Napo­léon en la expor­ta­ción de vinos, como asi­mis­mo por la duda de sus emplea­dos y riva­les acer­ca de su habi­li­dad empre­sa­rial; no obs­tan­te, la viu­da Clic­quot logra supe­rar esos incon­ve­nien­tes demos­tran­do su incues­tio­na­ble capa­ci­dad en el mane­jo de la empre­sa familiar.

Para­le­la­men­te, el retra­to regis­tra los recuer­dos de esta mujer acer­ca de los momen­tos de feli­ci­dad vivi­dos con su espo­so. Si bien la pare­ja esta­ba nutri­da de un autén­ti­co amor, eso no impi­dió alti­ba­jos en la rela­ción debi­do a la con­duc­ta errá­ti­ca de Fra­nçois al estar imbui­do de vio­len­tos impul­sos; pre­ci­sa­men­te su ines­ta­ble con­di­ción men­tal fue lo que lo con­du­jo al suicidio.

Aun­que el metra­je deta­lla aspec­tos vin­cu­la­dos a la téc­ni­ca de fabri­ca­ción de vinos así como a los ensa­yos rea­li­za­dos por Bar­be-Nico­le en la ela­bo­ra­ción de cham­pán, ese aspec­to cons­ti­tu­ye la par­te menos atra­yen­te del rela­to; su mayor inte­rés radi­ca en el amor román­ti­co que Bar­be-Nico­le entre­tu­vo con su espo­so y ya como viu­da con el víncu­lo sen­ti­men­tal man­te­ni­do con Louis Boh­ne (Sam Riley), el hom­bre de con­fian­za de la com­pa­ñía como ven­de­dor y dis­tri­bui­dor de vinos. Es de obser­var que cuan­do Louis le pro­po­ne matri­mo­nio, ella recha­za la pro­po­si­ción tenien­do en cuen­ta que según el códi­go napo­leó­ni­co per­de­ría las atri­bu­cio­nes por las que sola­men­te las viu­das tie­nen dere­cho a invo­lu­crar­se en los negocios.

La remar­ca­ble actua­ción de la talen­to­sa Ben­net es uno de los pun­ta­les del film; ella trans­mi­te con elo­cuen­cia la deter­mi­na­ción y fir­me­za de una fas­ci­nan­te dama que desa­fian­do las con­ven­cio­nes exis­ten­tes demues­tra su empu­je empre­sa­rial, pro­cu­ran­do ser la for­ja­do­ra de su pro­pio des­tino en un mun­do patriar­cal. Los inte­gran­tes del res­to del elen­co cum­plen con aplo­mo los roles asignados.

En los cré­di­tos fina­les se lee que gra­cias a su deter­mi­na­ción y visión las inno­va­cio­nes de Bar­ba­ra-Nico­le revo­lu­cio­na­ron la indus­tria duran­te los siguien­tes 50 años que siguie­ron a su muer­te y los méto­dos emplea­dos por ella se apli­can hoy día por todos los pro­duc­to­res de cham­pán. En con­se­cuen­cia, no resul­ta extra­ño que la mar­ca “Veu­ve Clic­quot” sea con­si­de­ra­da como una de las más pre­fe­ri­das por los con­su­mi­do­res de esta bebi­da cristalina.

En suma, Nap­per ha logra­do un agra­da­ble film femi­nis­ta resal­tan­do el empo­de­ra­mien­to feme­nino y que al fina­li­zar su pro­yec­ción tien­ta al públi­co para degus­tar el céle­bre cham­pán fran­cés. Jor­ge Gutman

Her­ma­na, Cuña­da y Vecinas

NOS BELLES-SOEURS.  Cana­dá, 2024. Un film de René Richard Cyr. 105 minutos.

Basa­da en la obra Les Belles Soeurs del emi­nen­te dra­ma­tur­go Michel Trem­blay estre­na­da en 1968 y mon­ta­da mun­dial­men­te, el direc­tor tea­tral René Richard Cyr la adap­tó en 2010 para su con­ver­sión en pie­za musi­cal. Es aho­ra que el rea­li­za­dor efec­túa su debut detrás de la cáma­ra para su ver­sión fíl­mi­ca con el nom­bre de Nos Belles-Soeurs.

Una esce­na de NOS BELLES-SOEURS

Para evi­tar que la pelí­cu­la resul­ta­ra como una pie­za musi­cal fil­ma­da, en esta nue­va adap­ta­ción el direc­tor efec­tuó cier­tas modi­fi­ca­cio­nes al tex­to inclu­yen­do la reduc­ción de los núme­ros musi­ca­les, como asi­mis­mo la de los per­so­na­jes feme­ni­nos, aun­que siem­pre res­pe­tan­do la esen­cia de la obra original.

El film trans­cu­rre duran­te los años 60 en el Pla­teau Mont Royal, un barrio de cla­se obre­ra de Mon­treal, don­de resi­de Ger­maine Lau­zon (Gene­viè­ve Sch­midt), una muy humil­de mujer de fami­lia que aca­ba de ganar un con­curso orga­ni­zado por una fir­ma comer­cial reci­bien­do como pre­mio un millón de cupo­nes; a fin de mate­ria­li­zar esa pro­me­sa de feli­ci­dad para su inter­cam­bio se requie­re que los cupo­nes deban estar adhe­ri­dos a un con­junto de car­ti­llas Es así que Ger­mai­ne con­vo­ca en la coci­na de su hogar a su her­ma­na, cuña­da y a varias veci­nas, todas ellas per­te­ne­cien­tes a la mis­ma cla­se social, para que la ayu­den a con­cre­tar la enor­me tarea. Duran­te el tra­ba­jo en con­jun­to, a tra­vés de las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das en el seno gru­pal que­dan expues­tos varios aspec­tos sobre sus vidas ruti­na­rias, sus frus­tra­cio­nes, sue­ños no con­cre­ta­dos, pro­ble­mas de comu­ni­ca­ción inter­ge­ne­ra­cio­nal y otros tópi­cos vin­cu­la­dos con las con­ven­cio­nes socia­les vigen­tes. Des­afor­tu­na­da­men­te en esas supues­ta­mente ami­ga­bles reunio­nes salen a relu­cir algu­nas debi­li­da­des de la con­di­ción huma­na, inclu­yendo los celos, la envi­dia y la encu­bierta mal­dad de sus per­so­na­jes, has­ta desem­bo­car en un paté­tico desen­lace.  

Uno de los pro­ble­mas de esta ambi­cio­sa come­dia dra­má­ti­ca es que en varias de sus secuen­cias adquie­re el tono vode­vi­les­co con los exce­sos y exa­ge­ra­dos com­por­ta­mien­tos de sus per­so­na­jes bor­dean­do la cari­ca­tu­ra. A eso se aña­de los núme­ros musi­ca­les inser­ta­dos de mane­ra errá­ti­ca en la narra­ción, a pesar de las bellas can­cio­nes de Daniel Belan­ger, co-escri­tas por el com­po­si­tor, Michel Trem­blay y Cyr.

Uno de los pun­ta­les de la pelí­cu­la resi­de en la bri­llan­te actua­ción de Gene­viè­ve Sch­midt quien apor­ta viva­ci­dad, emo­ción y ter­nu­ra en la com­po­si­ción de Ger­mai­ne Luzon; el res­to del elen­co inte­gra­do entre otros por Guy­lai­ne Trem­blay, Anne-Éli­sa­beth Bos­sé, Deb­bie Lynch-Whi­te, Véro­nic DiCai­re, Aria­ne Mof­fatt, Valé­rie Blais, Pie­rret­te Robi­tai­lle, Dia­ne Lava­llée, Véro­ni­que Le Fla­guais y Jean­ne Belle­feui­lle cum­plen satis­fac­to­ria­men­te los reque­ri­mien­tos deman­da­dos por el des­igual guión.

Asi­mis­mo cabe des­ta­car la acer­ta­da pues­ta escé­ni­ca de Cyr y la mag­ní­fi­ca coreo­gra­fía de los her­ma­nos Kate­ri­ne y Ale­xan­dre Leblanc en las dan­zas que acom­pa­ñan a algu­nas canciones..

Sin que el film alcan­ce el exce­len­te nivel de la pie­za musi­cal, el humano men­sa­je de Michel Trem­blay que­da aquí refle­ja­do y en defi­ni­ti­va eso jus­ti­fi­ca su visión.
Jor­ge Gutman

Un Per­tur­ba­dor Relato

LON­GLEGS. Cana­dá-Esta­dos Uni­dos, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por Ozgood Per­kins. 101 minutos

Con­si­de­ra­do como un adep­to rea­li­za­dor en el géne­ro de terror, tal como lo ha demos­tra­do en Gre­tel & Han­sel (2020), el rea­li­za­dor Ozgood Per­kins — hijo de Anthony Per­kins- retor­na con Lon­glegs. Enfo­can­do nue­va­men­te el horror, este rela­to deci­di­da­men­te per­tur­ba­dor pue­de ser apre­cia­do siem­pre y cuan­do se deje a un lado el cri­te­rio lógico.

Mai­ka Monroe

El pró­lo­go de dos minu­tos que trans­cu­rre en los años 70 y está fil­ma­do en un recua­dro esta­ble­ce el tono de lo que acon­te­ce­rá pos­te­rior­men­te. La his­to­ria cen­tral desa­rro­lla­da por Per­kins se ubi­ca en un subur­bio resi­den­cial del oes­te de Esta­dos Uni­dos en la déca­da de los 90 don­de pro­li­fe­ra un mis­te­rio­so ase­sino en serie deno­mi­na­do Lon­glegs (Nico­las Cage), cuyos crí­me­nes pare­cen estar moti­va­dos entre otras razo­nes por influen­cias satá­ni­cas. Curio­sa­men­te, no hay evi­den­cia de que este mal­he­chor esté pre­sen­te cuan­do acon­te­ce el homi­ci­dio en casas de fami­lia y que gene­ral­men­te se pro­du­ce en fechas deter­mi­na­das. Para acla­rar el mis­te­rio el FBI ha reclu­ta­do a Lee Har­ker (Mai­ka Mon­roe), una joven con cier­ta habi­li­dad psí­qui­ca, quien tra­ba­ja­rá bajo las órde­nes del afa­ble agen­te Car­ter (Blair Underwood).

En su inves­ti­ga­ción Lee cree intuir hacia dón­de el homi­ci­da se diri­ge y en prin­ci­pio al visi­tar la resi­den­cia de las fami­lias ase­si­na­das veri­fi­ca que no hay indi­cio de que las casas hayan sido vio­la­das, des­cu­brien­do en cam­bio misi­vas codi­fi­ca­das con la fir­ma “Lon­glegs”. Es así que sur­ge la intri­ga de saber cómo se pro­du­je­ron las matan­zas; ¿hay una per­so­na cóm­pli­ce que actúa en nom­bre de Lon­glegs o aca­so los ase­si­na­tos res­pon­den a una inter­ven­ción demoníaca?

La situa­ción cobra mayor sus­pen­so cuan­do se sabe que Lon­glegs cono­ce a Lee y dón­de ella resi­de. A medi­da que la joven inten­si­fi­ca su tarea, va cobran­do en ella tur­ba­do­res recuer­dos de su infan­cia como asi­mis­mo la rela­ción man­te­ni­da con su frá­gil y reli­gio­sa madre (Ali­cia Witt) que jue­ga un sig­ni­fi­ca­ti­vo rol en el desa­rro­llo de la tra­ma. Para crear el omi­no­so cli­ma de horror el rea­li­za­dor se vale de demo­nía­cas imá­ge­nes, sím­bo­los ocul­tos y ele­men­tos super­na­tu­ra­les que alte­ran la reali­dad; en tal sen­ti­do, la nota­ble foto­gra­fía de Andrés Aro­chi y el logra­do dise­ño de soni­do de Euge­nio Bat­ta­glia con­tri­bu­yen a crear la atmós­fe­ra inquie­tan­te capaz de estre­me­cer a la audiencia.

La obje­ción que mere­ce esta his­to­ria es que a medi­da que se va reve­lan­do el mis­te­rio y la cone­xión que vin­cu­la a Lee con el ase­sino, su atrac­ción ini­cial se ve ate­nua­da por la ausen­cia de un razo­na­mien­to plau­si­ble que resis­te cre­di­bi­li­dad; asi­mis­mo se agre­ga un des­en­la­ce gra­tui­ta­men­te vio­len­to, gro­tes­co y cho­can­te que deja una sen­sa­ción inconfortable.

Ade­más del remar­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción es elo­gia­ble la actua­ción de Mai­ka Mon­roe quien autén­ti­ca­men­te trans­mi­te el trau­ma vivi­do por la joven detec­ti­ve, social­men­te dis­tan­te y afec­ta­da por los resa­bios de su pasa­do. Igual­men­te Nico­las Cage, com­ple­ta­men­te irre­co­no­ci­ble, rati­fi­ca su soli­dez acto­ral ofre­cien­do una bri­llan­te inter­pre­ta­ción como el psi­có­pa­ta cri­mi­nal, ase­me­ján­do­se en cier­to modo a lo que en un rol pare­ci­do Anthony Hop­kins ofre­ció en The Silen­ce of the Lambs (1991).

Dicho lo que pre­ce­de, el film de Per­kins sin lle­gar a un nivel de gran con­mo­ción segu­ra­men­te con­ten­ta­rá a los aman­tes del géne­ro. Jor­ge Gutman

Un Ardien­te Verano

L’ÉTÉ DER­NIER. Fran­cia, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Cathe­ri­ne Brei­llat. 104 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do en 2013 Abus de fai­bles­se, la trans­gre­so­ra rea­li­za­do­ra y guio­nis­ta Cathe­ri­ne Brei­llat retor­na con L’été der­nier, una osa­da come­dia dra­má­ti­ca basa­da en el exi­to­so film danés Queen of Hearts (2019) de May El-Thoukhy. Sin alcan­zar el nivel de cali­dad de la ver­sión ori­gi­nal, su esca­bro­so tema es ade­cua­da­men­te tra­ta­do por la realizadora.

Samuel Kir­cher y Léa Drucker

La his­to­ria se cen­tra en Anna (Léa Druc­ker), una exi­to­sa abo­ga­da de trein­ta y tan­tos años de edad que vive con Pie­rre (Oli­vier Rabour­din), su mari­do empre­sa­rio y varios años mayor que ella y dos niñas asiá­ti­cas que han sido adop­ta­das dado que bio­ló­gi­ca­me­ne Anna no pue­de tener hijos. Sin apre­mios eco­nó­mi­cos, la fami­lia habi­ta en una sun­tuo­sa resi­den­cia ubi­ca­da en los subur­bios de París y cer­ca­na a un lago. Tal como se apre­cia en la secuen­cia ini­cial, como empe­ño­sa pro­fe­sio­nal Anna se ocu­pa de defen­der judi­cial­men­te los abu­sos que pue­dan sufrir los meno­res, recu­rrien­do en cier­tos casos a soli­ci­tar la inter­ven­ción de los ser­vi­cios socia­les cuan­do lo con­si­de­ra necesario.

La ruti­na nor­mal se alte­ra cuan­do en el verano en que trans­cu­rre la acción lle­ga tem­po­ral­men­te al hogar Theo (Samuel Kir­cher), el desa­pren­si­vo hijo de 17 años de Pie­rre; pro­duc­to de un matri­mo­nio ante­rior y que su madre no pue­de con­tro­lar­lo. En un prin­ci­pio la con­vi­ven­cia con el recién lle­ga­do no resul­ta cor­dial debi­do a su rebel­de com­por­ta­mien­to; con todo, cuan­do Anna des­cu­bre que el mucha­cho ha efec­tua­do robos en el hogar, ella le pro­me­te de no denun­ciar­lo a su padre con tal de que cam­bie de acti­tud; es así que la con­vi­ven­cia se vuel­ve tolerable.

Gra­dual­men­te va sur­gien­do una eta­pa de com­pa­ñe­ris­mo entre ella y Theo que se con­vier­te en atrac­ción sexual y que la mis­ma se con­su­ma duran­te un via­je de nego­cios de Pie­rre; ambos lle­gan a un acuer­do de que el prohi­bi­do affai­re per­ma­ne­ce­rá en un abso­lu­to secre­to. Arries­gan­do el bien­es­tar de su fami­lia así como el de su pro­fe­sión, Anna pro­si­gue dan­do rien­da suel­ta al apa­sio­na­do amor con su hijas­tro. La situa­ción devie­ne en escán­da­lo cuan­do el mucha­cho reve­la a su padre la ver­dad y la adúl­te­ra espo­sa fuer­te­men­te lo nie­ga seña­lan­do que Theo es un empe­der­ni­do mentiroso.

Median­te una rea­li­za­ción con­ven­cio­nal Brei­llat se aden­tra en la psi­co­lo­gía de sus dos pro­ta­go­nis­tas sin tra­tar de juz­gar­los ni menos aún de cul­par­los. A tra­vés de la mag­ní­fi­ca com­po­si­ción de Duc­ker, la rea­li­za­do­ra con­si­gue retra­tar a una mujer que impo­si­bi­li­ta­da de refre­nar su deseo con­tra­ría lo que abo­ga en su pro­fe­sión al man­te­ner un víncu­lo con un menor a pesar de ser con­sen­sua­do. Por su par­te Kir­cher que había gra­ta­men­te impre­sio­na­do en Le Lycéen (2022) con­fir­ma su domi­nio acto­ral expre­san­do los sen­ti­mien­tos de un ado­les­cen­te inca­paz de con­tro­lar sus emo­cio­nes debi­do a la fuer­za impul­si­va del sexo.

Dado lo que ante­ce­de Brei­llat sin ofre­cer una res­pues­ta moral al esca­bro­so tema obtie­ne un rela­to eró­ti­co no des­pro­vis­to de inte­rés que se des­me­jo­ra con un seg­men­to final com­ple­ta­men­te incon­sis­ten­te, con­tra­di­cien­do lo ante­rior­men­te expuesto.
Jor­ge Gutman

El Sín­dro­me de Asperger

GOYO. Argen­ti­na, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por Mar­cos Car­ne­va­le. 107 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Ade­más de las com­pla­cien­tes pelí­cu­las des­ti­na­das para un públi­co case­ro, Net­flix, el gigan­te de las pla­ta­for­mas de strea­ming, tam­bién apor­ta fil­mes de cali­dad supe­rior como es el caso de Goyo, una con­mo­ve­do­ra his­to­ria escri­ta y diri­gi­da por Mar­cos Carnevale.

El rea­li­za­dor que depa­ró agra­da­bles come­dias como lo fue­ron entre otras Elsa y Fred (2005), Viu­das (2011) e Inse­pa­ra­bles (2016), en esta oca­sión abor­da el deli­ca­do tema del Sín­dro­me de Asper­ger a tra­vés de una tra­gi­co­me­dia de visos románticos.

Las per­so­nas con asper­ger reci­bien­do apo­yo ade­cua­do pue­den lle­var una vida satis­fac­to­ria y ade­más en cier­tos casos demues­tran poseer un nivel supe­rior de inte­li­gen­cia. Es así que Car­ne­va­le, habien­do toma­do con­tac­to con per­so­nas invo­lu­cra­das en el tra­ta­mien­to y otros aspec­tos vin­cu­la­dos con este tipo espe­cial de autis­mo, ha per­mi­ti­do que su guión des­ti­le máxi­ma autenticidad.

Nancy Dupláa y Nico­lás Furtado

La his­to­ria se desa­rro­lla en Bue­nos Aires don­de el asper­ger Gre­go­rio Villa­nue­va (Nico­lás Fur­ta­do) ‑apo­da­do Goyo – a pesar de ser cons­cien­te de su con­di­ción espe­cial vive a gus­to con su her­mano y exper­to chef Matu­te (Pablo Rago) y su her­ma­na Sau­la (Sole­dad Villa­mil), una con­cer­tis­ta de piano que delei­ta inter­pre­tan­do el Con­cier­to para Piano N° 1 de Cho­pin (eje­cu­ta­do por la pia­nis­ta Nata­lia Anto­ne­lla Soriano).

Habien­do sido estu­dian­te de Bellas Artes y obte­ni­do en Espa­ña un doc­to­ra­do en Arte, Goyo tra­ba­ja como un remar­ca­ble guía en el Museo Nacio­nal de Bellas Artes de la ciu­dad. A tra­vés de las minu­cio­sas expli­ca­cio­nes que rea­li­za a los visi­tan­tes sobre los cua­dros exhi­bi­dos demues­tra poseer un nivel de cono­ci­mien­to excep­cio­nal en la mate­ria y ade­más una memo­ria pro­di­gio­sa recor­dan­do fechas sobre los dife­ren­tes tra­ba­jos con espe­cial refe­ren­cia a Van Gogh en una de las pin­tu­ras del museo, a quien mucho admi­ra; ade­más del tra­ba­jo habi­tual, en el tiem­po libre se dedi­ca a pin­tar en su hogar.

Para­le­la­men­te el guión intro­du­ce a Eva Mon­te­ro (Nancy Dupláa) quien recien­te­men­te ha sido con­tra­ta­da en el Museo como guar­dia de segu­ri­dad. Ella es madre de dos hijos, el ado­les­cen­te y dís­co­lo Cuti (Baltha­zar Muri­llo) y el menor Tato (Milo Zeus Lis) con quien se lle­va exce­len­te­men­te, pero no obs­tan­te es una mujer sufri­da a cau­sa de estar sepa­ra­da de Miguel (Die­go Alon­so), un mari­do abu­sa­dor y deci­di­da­men­te violento.

Cuan­do Goyo avi­zo­ra en el Museo a Eva, des­pier­ta en él una atrac­ción que nun­ca había expe­ri­men­ta­do has­ta ese enton­ces por el sexo opues­to. Ade­más de uti­li­zar su memo­ria para efec­tuar una pin­tu­ra de su per­so­na, esti­mu­la­do por Matu­tee quien lo alec­cio­na sobre cómo acer­car­se a ella, Goyo logra­rá que Eva sim­pa­ti­ce con él.

Si a pri­me­ra vis­ta resul­ta­ría un tan­to difí­cil admi­tir que un neu­ro diver­gen­te y una mujer de mani­fies­ta edad supe­rior pue­dan unir sus cora­zo­nes, el tra­ta­mien­to rea­li­za­do por Car­ne­va­le a tra­vés de su exce­len­te guión en la des­crip­ción de dichos per­so­na­jes per­mi­te que el rela­to de estos dos soli­ta­rios adquie­ra ple­na con­vic­ción. Mucho más que una tra­di­cio­nal pelí­cu­la román­ti­ca su des­en­la­ce que­da apro­pia­da­men­te abierto.

A nivel inter­pre­ta­ti­vo resul­ta admi­ra­ble la carac­te­ri­za­ción de Nico­lás Fur­ta­do que en todo momen­to pare­cie­ra que no actúa sino que real­men­te es un joven neu­ro­di­ver­gen­te; sin duda algu­na que el actor mere­ce­ría ser un serio can­di­da­to al Oscar. Asi­mis­mo es elo­gia­ble la com­po­si­ción de Dupláa como una per­so­na dota­da de amplia ter­nu­ra que cas­ti­ga­da en su matri­mo­nio encuen­tra en Goyo el solaz para una vida más apa­ci­ble. Ade­más de la homo­gé­nea cola­bo­ra­ción de los acto­res men­cio­na­dos en roles de apo­yo, la vete­ra­na Ceci­lia Roth efec­túa su apor­te como la dis­tan­cia­da madre que aun­que tar­día­men­te, tra­ta­rá de com­pren­der y recom­po­ner la rela­ción con su hijo.

Con­si­de­ran­do el tema de la inclu­sión, tal como lo había tra­ta­do en Ani­ta (2009) con el Sín­dro­me Dawn, Car­ne­va­le ofre­ce un film de nota­ble sen­si­bi­li­dad que pene­tra hon­da­men­te en el cora­zón de la audien­cia. Jor­ge Gutman