Visi­ta a Washing­ton, La Ciu­dad de Renom­bre Mundial

Cró­ni­ca de José Ridoutt Polar

Gra­cias a la gen­ti­le­za de Des­ti­na­tion DC, pudi­mos visi­tar Washing­ton DC.

Ciu­dad de polí­ti­ca y poder. Ciu­dad de intri­ga, pasión e his­to­ria. Museos y monu­men­tos de renom­bre mun­dial, amplias ave­ni­das, vas­tos espa­cios ver­des y una arqui­tec­tu­ra impre­sio­nan­te se com­bi­nan para hacer de esta una de las ciu­da­des más bellas, cau­ti­va­do­ras y emo­cio­nan­tes del mun­do. La capi­tal fede­ral de Esta­dos Uni­dos tie­ne la par­ti­cu­la­ri­dad de que se pue­de dis­fru­tar a pleno sin ero­gar un dólar en sus par­ques y museos o con­cier­tos al aire libre.

Músi­ca en el Second World War Memo­rial. (Foto: Sil­via Vale­ria Cárdenas)

Lle­na de sím­bo­los monu­men­ta­les y museos intere­san­tes. Washing­ton es ade­más, uno de los mayo­res cen­tros polí­ti­cos del pla­ne­ta, con todo lo que esto con­lle­va, y una ciu­dad enor­me­men­te diná­mi­ca. Los turis­tas sue­len dedi­car todo el día a visi­tar sus nume­ro­sos museos y duran­te la tar­de y la noche a bus­car el lugar don­de tomar una cer­ve­za o cenar en barrios muy animados.

Un paseo por el Natio­nal Mall

Inclu­so los habi­tan­tes de Washing­ton, cuya vida dia­ria rara vez los lle­va al Natio­nal Mall, con­si­de­ran este mag­ní­fi­co par­que como el cora­zón de la ciu­dad. Tal como lo visua­li­zó Pie­rre Char­les L’En­fant en su plan ori­gi­nal para Washing­ton, DC, se extien­de 4 km des­de el Capi­to­lio has­ta el río Poto­mac, un poco más allá del Monu­men­to a Lin­coln. Al lado y cer­ca se encuen­tran sím­bo­los cla­ve de la ciu­dad y la nación: monu­men­tos a los sufri­mien­tos y triun­fos del pasa­do, los luga­res de tra­ba­jo del gobierno fede­ral y los museos Smith­so­nian. El Natio­nal Mall tam­bién sir­ve como pla­za públi­ca nacio­nal: se lle­na al máxi­mo para los des­lum­bran­tes fue­gos arti­fi­cia­les del 4 de julio y se lle­na a dia­rio con gen­te local para correr, pasear o sim­ple­men­te dis­fru­tar de las extra­or­di­na­rias vistas.

El Natio­nal Mall es la pri­me­ra para­da impres­cin­di­ble de nues­tro reco­rri­do. Hay quien lla­ma al Mall “el jar­dín delan­te­ro de EE UU”. Y se com­pren­de al ver el ver­de cés­ped que se extien­de des­de el Capi­to­lio has­ta el Lin­coln Memo­rial y que con­for­ma el gran espa­cio públi­co del país; ese es, el lugar don­de se acu­de tan­to para pro­tes­tar con­tra el Gobierno como a inyec­tar­se una dosis de orgu­llo patrio, pues aquí están los sacro­san­tos sím­bo­los, plas­ma­dos en már­mol y pie­dra, que dan for­ma al idea­rio patrió­ti­co esta­dou­ni­den­se. En el Mall se encuen­tran la mayo­ría de los museos y gran­des monu­men­tos de la ciudad.

Vis­ta de Reflec­ting Pool y el obe­lis­co del Washing­ton Memo­rial. (Foto: Sil­via Vale­ria Cárdenas)

En un día se pue­de ver bas­tan­te, aun­que será una lar­ga jor­na­da total­men­te recom­pen­sa­da. Se sue­le empe­zar en el Viet­nam Vete­rans Memo­rial y se sigue en direc­ción con­tra­ria a las agu­jas del reloj, con el inol­vi­da­ble Lin­coln Memo­rial, el entra­ña­ble Mar­tin Luther King Jr. Memo­rial y el obe­lis­co del Washing­ton Monu­ment. Hacia el oes­te se pue­den apre­ciar otros monu­men­tos tales como los dedi­ca­dos a los caí­dos en la Gue­rra de Corea o la II Gue­rra Mun­dial.

Viet­nam Vete­rans Memo­rial. (Foto: Sil­via Vale­ria Cárdenas)

El extre­mo occi­den­tal del Natio­nal Mall está pre­si­di­do por el Lin­coln Memo­rial, un edi­fi­cio de esti­lo neo­clá­si­co dedi­ca­do al pre­si­den­te Abraham Lin­coln, cuya esta­tua con­tem­pla sere­na­men­te las aguas del estan­que Reflec­ting Pool tras una colum­na­ta dóri­ca. El Washing­ton Monu­ment, de 169 metros, es el edi­fi­cio más alto de la ciu­dad. Se tar­dó tan­to en cons­truir­lo que la can­te­ra de már­mol ori­gi­nal se ago­tó: a un ter­cio de altu­ra se obser­va el cam­bio de color entre la pie­dra nue­va y la vie­ja. Otro memo­rial que se visi­ta gra­tui­ta­men­te es el dedi­ca­do a Mar­tin Luther King Jr., el monu­men­to más recien­te del Mall, inau­gu­ra­do en 2011.

Smith­so­nian: arte y cien­cia a lo grande

Alre­de­dor del Mall están los museos del Smith­so­nian que hacen una fabu­lo­sa labor edu­ca­ti­va mos­tran­do muchos de los teso­ros cul­tu­ra­les y cien­tí­fi­cos de EE UU. Se pue­de comen­zar en el Smith­so­nian Castle, un edi­fi­cio de are­nis­ca roja con torreo­nes cons­trui­do a media­dos del siglo XIX que alber­ga el cen­tro de visi­tan­tes y aco­ge expo­si­cio­nes sobre his­to­ria, ade­más de mos­trar infor­ma­ción sobre la ins­ti­tu­ción en pan­ta­llas tác­ti­les en varios idio­mas. Allí está tam­bién la tum­ba de James Smith­son, el excén­tri­co inglés que en 1826 donó el dine­ro con el que se creó el ins­ti­tu­to que lle­va su nombre.

Uno de los más visi­ta­dos es el Museo Nacio­nal de His­to­ria Natu­ral. Tras salu­dar a Henry, el enor­me ele­fan­te afri­cano que vigi­la la roton­da, hay que subir al segun­do piso a ver el dia­man­te Hope (Espe­ran­za). Sus 45,52 qui­la­tes arras­tran una fama de mal­di­tis­mo sobre sus suce­si­vos pro­pie­ta­rios, entre los que se cuen­ta la rei­na fran­ce­sa María Anto­nie­ta, deca­pi­ta­da en la gui­llo­ti­na. Tam­bién hay dino­sau­rios, cala­ma­res gigan­tes, tarán­tu­las… un paraí­so para aman­tes de las cien­cias natu­ra­les y los niños curiosos.

Para quie­nes pre­fie­ran la his­to­ria y empa­par­se de la cul­tu­ra ame­ri­ca­na, el Natio­nal Museum of Ame­ri­can His­tory expo­ne todo tipo de obje­tos del uni­ver­so esta­dou­ni­den­se, con una ban­de­ra como pie­za este­lar: es la mis­ma que ondeó en el fuer­te McHenry de Bal­ti­mo­re duran­te la gue­rra de inde­pen­den­cia de 1812 y en la que se ins­pi­ró el himno nacio­nal Barras y estre­llas.

Los aman­tes del arte tie­nen otra visi­ta impres­cin­di­ble y gra­tui­ta: la Natio­nal Gallery of Art, con una ingen­te colec­ción que abar­ca des­de la Edad Media has­ta la actua­li­dad, y su vecino jar­dín de escul­tu­ras. Lo más prác­ti­co es ir direc­ta­men­te a la gale­ría 6 a ver el úni­co cua­dro de Leo­nar­do da Vin­ci en el hemis­fe­rio occi­den­tal. En el exte­rior podre­mos pasear entre las capri­cho­sas escul­tu­ras de Miró, Cal­der y Lich­tens­tein, o fijar­nos en el dise­ño del edi­fi­cio este, del arqui­tec­to Leoh Ming Pei, que con­tie­ne arte moderno a lo gran­de, con obras de Picas­so, Mati­lles y Pollock.

El Natio­nal Air and Spa­ce Museum es otro de los luga­res más visi­ta­dos del Smith­so­nian. Solo un vis­ta­zo ya impre­sio­na. La sala cen­tral de Hitos de Vue­lo del museo, los impo­nen­tes misi­les nuclea­res Pershing-II de EE. UU. y SS-20 sovié­ti­cos, se encuen­tra jun­to a la popu­lar esta­ción de rocas luna­res, don­de los visi­tan­tes pue­den tocar una mues­tra lunar adqui­ri­da en la misión Apo­lo 17 de 1972. Entre los avio­nes que cuel­gan del techo está el Spi­rit of St. Louis —el aero­plano con el que el pilo­to Char­les Lind­bergh cru­zó el Atlán­ti­co en el pri­mer vue­lo en soli­ta­rio sin esca­las de Nue­va York a París en mayo de 1927— y el reac­tor Bell X‑1c con el que Chuck Yea­ger rom­pió por pri­me­ra vez la barre­ra del soni­do. Las expo­si­cio­nes per­ma­nen­tes del museo deta­llan la his­to­ria de la avia­ción a reac­ción, los via­jes espa­cia­les y las comu­ni­ca­cio­nes por saté­li­te. Hay una sala IMAX, un pla­ne­ta­rio, simu­la­do­res de vue­lo… una visi­ta lle­na de emo­cio­nes para niños y toda la familia.

El Capi­to­lio y los cen­tros del poder

Hay pocos sitios en el mun­do tan reco­no­ci­bles uni­ver­sal­men­te como el Capi­to­lio, omni­pre­sen­te en pelí­cu­las y series. El cen­tro geo­grá­fi­co y legis­la­ti­vo de Washing­ton sor­pren­de por ser un barrio resi­den­cial de casas ado­sa­das. Esta enor­me zona alber­ga luga­res tan sig­ni­fi­ca­ti­vos como la Biblio­te­ca del Con­gre­so o el Holo­caust Memo­rial Museum.

Gra­tis son tam­bién las visi­tas guia­das al Capi­to­lio, aun­que las entra­das son limi­ta­das, así que es mejor reser­var­las onli­ne. Des­de 1800, este es el lugar don­de el Con­gre­so se reúne para redac­tar las leyes del país. Duran­te una hora los guías ense­ñan los ante­ce­den­tes com­ple­tos de un edi­fi­cio lleno de his­to­ria. Para ver una sesión ple­na­ria es nece­sa­rio un pase dis­tin­to: los ciu­da­da­nos esta­dou­ni­den­ses lo pue­den pedir a sus repre­sen­tan­tes, pero los extran­je­ros deben pedir­lo allí mis­mo mos­tran­do su pasaporte.

Tam­bién está abier­ta gra­tui­ta­men­te la Biblio­te­ca del Con­gre­so, la mayor del mun­do, con 164 millo­nes de libros, manus­cri­tos, mapas, fotos, pelí­cu­las y otros muchos artícu­los, un lugar asom­bro­so, tan­to por sus dimen­sio­nes como por su dise­ño. El cen­tro de todo es el Jef­fer­son Buil­ding, pero son impre­sio­nan­tes tam­bién el Great Hall, deco­ra­do con vidrie­ras, már­mol y mosai­cos, la Biblia de Guten­berg (1455), la biblio­te­ca de Tho­mas Jef­fer­son y el mira­dor de la sala de lectura.

Otra biblio­te­ca de visi­ta gra­tui­ta es la Fol­ger Sha­kes­pea­re Library, don­de se con­ser­va la mayor colec­ción de libros de Sha­kes­pea­re del mun­do. Se pue­de pasear por el Great Hall para ver pin­tu­ras, gra­ba­dos y manus­cri­tos isa­be­li­nos o aso­mar­se a un evo­ca­dor tea­tro, répli­ca del Glo­be Thea­tre de Lon­dres, que por la noche ofre­ce representaciones.

La Casa Blan­ca don­de el pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se resi­de, com­par­te espa­cio en el cen­tro del barrio con otras ins­ti­tu­cio­nes como el Depar­ta­men­to de Esta­do y el Ban­co Mun­dial, que están muy cer­ca. De día esta es una zona de nego­cios y de noche es reco­men­da­ble dar un sal­to al Ken­nedy Cen­ter, un espa­cio de artes escé­ni­cas muy con­cu­rri­do. No per­der­se la exhi­bi­ción inmer­si­va del Pre­si­den­te John F. Kennedy.

Si se tie­ne la suer­te de con­se­guir entra­das para la Casa Blan­ca, se podrá pasear por varias salas de la resi­den­cia prin­ci­pal, todas reple­tas de leyen­das presidenciales.

Y que­da toda­vía por ver la fábri­ca de mone­da: el Bureau of Engra­ving and Prin­ting es don­de se dise­ña e impri­me el papel mone­da de EE UU. Hay visi­tas guia­das de 40 minu­tos para ver la plan­ta baja, de don­de salen de las pren­sas millo­nes de dólares.

Geor­ge­town

Geor­ge­town es el barrio más aris­to­crá­ti­co, don­de viven estu­dian­tes de las uni­ver­si­da­des de éli­te, aca­dé­mi­cos en sus torres de mar­fil y diplo­má­ti­cos. En con­so­nan­cia, las calles están lle­nas de tien­das ele­gan­tes. Tam­bién rin­co­nes que todos tene­mos muy pre­sen­tes, como las esca­le­ras de El exor­cis­ta, unas empi­na­das esca­le­ras de pie­dra que son famo­sas por ser el lugar don­de el padre Karras, poseí­do por el demo­nio, mue­re tras bajar rodan­do por ellas en la pelí­cu­la de terror de William Friedkin.

Geor­ge­town Uni­ver­sity. (Foto: Sil­via Vale­ria Cárdenas)

Pero el sím­bo­lo de todo es la Uni­ver­si­dad, una de las más pres­ti­gio­sas del país, fun­da­da en 1789. Aquí han estu­dia­do Bill Clin­ton, muchos miem­bros de la reale­za de todo el mun­do y jefes de Esta­do inter­na­cio­na­les. Impre­sio­na espe­cial­men­te el Healy Hall, con su aire medie­val y su alta torre del reloj con aires de Hogwarts.

Cru­zan­do el río 

Téc­ni­ca­men­te, en la ori­lla oes­te del Poto­mac ya no esta­mos en Washing­ton D. C., sino en Vir­gi­nia, aun­que en reali­dad allí es don­de se encuen­tran algu­nas de las atrac­cio­nes más impre­sio­nan­tes y visi­ta­das de Washing­ton, como el Cemen­te­rio Nacio­nal de Arling­ton, don­de des­can­san 400.000 mili­ta­res y sus fami­lia­res. Aquí hay muer­tos de todas las gue­rras en las que ha par­ti­ci­pa­do EE UU des­de la de la Independencia.

Hay que des­ta­car que la tum­ba más visi­ta­da es la del Pre­si­den­te John F. Ken­nedy. La lla­ma eter­na jun­to a la tum­ba del pre­si­den­te ase­si­na­do fue encen­di­da por la enton­ces pri­me­ra dama Jac­que­li­ne Ken­nedy el día de su funeral.

Ubi­ca­do fue­ra del Cemen­te­rio de Arling­ton se encuen­tra la famo­sa esta­tua de Mari­nes de EE. UU. cono­ci­do como Iwo Jima Memo­rial. Repre­sen­ta a los seis sol­da­dos que iza­ron la segun­da ban­de­ra esta­dou­ni­den­se en Iwo Jima, en las islas vol­cá­ni­cas japo­ne­sas, el 23 de febre­ro de 1945. , sig­ni­fi­can­do la con­clu­sión de la cam­pa­ña esta­dou­ni­den­se en el Pací­fi­co duran­te la Segun­da Gue­rra Mundial.

Vida noc­tur­na

No hace fal­ta decir­lo, pero la gran atrac­ción gra­tui­ta de cual­quier ciu­dad es pasear por sus barrios. Las zonas de Eas­tern Mar­ket y H Street NE son muy popu­la­res y rebo­san de pro­pues­tas. U Street Corre­dor mucha his­to­ria. En otros tiem­pos se cono­cía como el “Black Broad­way” y en él actua­ron Duke Elling­ton y Ella Fitz­ge­rald des­de la déca­da de 1920 has­ta los años cin­cuen­ta. Tam­bién fue el epi­cen­tro de los dis­tur­bios racia­les de 1968. Pasó por un tur­bu­len­to decli­ve, pero en las últi­mas déca­das ha vivi­do un resur­gir. Hoy resul­ta impres­cin­di­ble pasear por sus calles, con sus calle­jo­nes lle­nos de mura­les, clubs musi­ca­les y tien­das de antigüedades.

Otro lugar imper­di­ble es Union Mar­ket, con epi­cen­tro en 5th St NE. El his­tó­ri­co Mer­ca­do alber­ga dece­nas de comer­cian­tes de ali­men­tos, bebi­das y tien­das. Hay de todo, des­de opcio­nes gas­tro­nó­mi­cas de pri­mer nivel has­ta tien­das de plan­tas, café e inclu­so artis­tas. En cual­quier maña­na de fin de sema­na, se pue­de ubi­car a luga­re­ños pri­va­dos de cafeí­na toman­do su dosis y desa­yu­nan­do con sus perros a cuestas.

Si no pue­de hallar nada en Union Mar­ket que se adap­te a sus gus­tos, sim­ple­men­te cru­ce la calle y encuen­tre más opcio­nes en La Cose­cha, un mer­ca­do con­tem­po­rá­neo de Amé­ri­ca Lati­na y una emba­ja­da culi­na­ria que cele­bra siglos de herencia.

Este artícu­lo se hizo gra­cias al apor­te de:

Des­ti­na­tion DC

Hotel Royal Sones­ta Dupont Circle

USA Gui­ded Tours

City Crui­ses

Sfo­gli­na Pas­ta House

Mez­ca­le­ro

Cra­nes

The Grill (At the Wharf)

Martin’s Tavern (Oldest family-run res­tau­rant in DC)

Cola­da Shop (Dupont Cir­cle location)

Fotos: Sil­via Vale­ra Cardenas

Un Musi­cal de Corea del Sur

Es posi­ble que para algu­nos los nom­bres de SUGA y August D  resul­ten en prin­ci­pio des­co­no­ci­dos, sin embar­go ambos son los nom­bres artís­ti­cos de Min Yoon-gi, el famo­so rape­ro, com­po­si­tor y pro­duc­tor sur­co­reano de 30 años de edad que hoy día es ído­lo de multitudes.

Lo ante­rior vie­ne al caso en la medi­da que en los pró­xi­mos días será estre­na­do mun­dial­men­te el docu­men­tal cuyo lar­guí­si­mo nom­bre inti­tu­la­do Suga-Agust D Tour “D‑Day” The Movie en don­de el músi­co cons­ti­tu­ye la atrac­ción central.

El film diri­gi­do por Jun­soo Park revi­ve el con­cier­to del gran final rea­li­za­do en su gira mun­dial de 2023 que abar­có 25 actua­cio­nes en el perío­do de 10 días. Su sen­sa­cio­nal éxi­to atra­jo a 290.000 espec­ta­do­res quie­nes dis­fru­ta­ron de una expe­rien­cia úni­ca a tra­vés de la músi­ca eje­cu­ta­da por el icó­ni­co Yoon-gi. Des­ple­gan­do una ener­gía increí­ble el con­cier­to con­tó con los emo­cio­nan­tes dúos de los repu­tados miem­bros del gru­po Bang­tan Boys (BTS) que inclu­ye a Jin, J‑Hoope, RM, Jimin, V y Jung Kook.

El docu­men­tal será exhi­bi­do en nume­ro­sas salas del cir­cui­to Cine­plex, el 10 y 13 de abril.

Una Exi­to­sa Ban­da Rockera

HATE TO LOVE: NICKELBACK

La carre­ra de la ban­da cana­dien­se Nic­kel­back está expues­ta en el docu­men­tal Hate to Love: Nic­kel­back estre­na­do en pri­mi­cia mun­dial en el TIFF de 2023 y que en los pró­xi­mos días será pro­yec­ta­do en más de mil salas de dife­ren­tes paí­ses del mun­do, inclu­yen­do Canadá.

El film del rea­li­za­dor Leigh Brooks pasa revis­ta a los orí­ge­nes de esta agru­pa­ción y su derro­te­ro pro­fe­sio­nal a par­tir de su fun­da­ción en 1995 en la ciu­dad de Han­na (Alber­ta), la ban­da está inte­gra­da por el gui­ta­rris­ta y voca­lis­ta prin­ci­pal Chad Kroe­ger, el gui­ta­rris­ta, tecla­dis­ta y coris­ta Ryan Pea­ke, el bajis­ta Mike Kroe­ger y el bate­rís­ta Daniel Adar. El esti­lo de esta agru­pa­ción se carac­te­ri­za por su soni­do de rock moderno con cier­tas con­no­ta­cio­nes del grun­ge y algu­nas influen­cias del heavy metal y de la músi­ca country.

Des­pués de varios regis­tros efec­tua­dos des­de su crea­ción has­ta 2000, en 2001 este con­jun­to lan­zó el álbum Sil­ver Side que per­mi­tió cata­pul­tar­lo a la fama. En ese mis­mo año el sen­ci­llo How You Remind Me logró un sen­sa­cio­nal éxi­to en las car­te­le­ras de mains­tream de Cana­dá y Esta­dos Uni­dos; a ello siguió el sin­gle Too Bad y pos­te­rior­men­te Never Again obte­nien­do simi­lar suceso.

Si bien es indis­cu­ti­ble que comer­cial­men­te es el gru­po más exi­to­so de la his­to­ria con­cer­nien­te a la músi­ca rock de Cana­da habien­do ven­di­do mun­dial­men­te más de 50 millo­nes de álbu­mes; eso no ha impe­di­do que haya exis­ti­do des­agra­da­bles epí­te­tos a sus miem­bros sien­do víc­ti­mas de la deno­mi­na­da cul­tu­ra de la can­ce­la­ción; sin embar­go a ello se con­tra­po­ne la leal­tad y apo­yo dis­pen­sa­dos por sus innu­me­ra­bles fanáticos.

El docu­men­tal será exhi­bi­do en diver­sas ciu­da­des cana­dien­ses en las salas de Cine­plex el 27 y 30 de mar­zo de 2024

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Una Espec­ta­cu­lar Huída

THE FUGI­TI­VE

Den­tro de la serie de Clas­sic Films, Cine­plex repon­drá The Fugi­ti­ve, uno de los fil­mes esta­dou­ni­den­ses más espec­ta­cu­la­res de 1993 y que a 31 años de su estreno con­ser­va su total frescura.

El film de Andrew Davis se basa en la popu­lar serie homó­ni­ma tele­vi­si­va que por la cade­na ABC logró man­te­ner­se duran­te 4 tem­po­ra­das con­se­cu­ti­vas (1963 a 1967). Si bien el actor David Jans­sen ani­mó en ese enton­ces a su pro­ta­go­nis­ta, en la ver­sión cine­ma­to­grá­fi­ca es Harri­son Ford quien lo encarna.

Harri­son Ford

El guión mag­ní­fi­ca­men­te adap­ta­do por Jeb Stuart y David Twohy, dos exper­tos en la mate­ria, enfo­ca el via cru­cis atra­ve­sa­do por el renom­bra­do ciru­jano de Chica­go Richard Kim­ble (Ford) cuan­do ines­pe­ra­da­men­te su que­ri­da mujer es bru­tal­men­te ase­si­na­da por un enig­má­ti­co hom­bre man­co (Andreas Katsu­las). Para peor, el doc­tor es acu­sa­do del cri­men y con­de­na­do a muer­te. Cuan­do el auto­bús don­de via­ja con otros pre­sos para ser lle­va­do a la pri­sión sufre un vio­len­to acci­den­te, él logra fugar­se. Como con­se­cuen­cia de lo ocu­rri­do, el agen­te fede­ral Sam Gerard (Tommy Lee Jones) con su equi­po tie­ne a su car­go atra­par al fugi­ti­vo. Por su par­te Kim­ble sabe muy bien que para sal­var su vida debe pro­bar su ino­cen­cia; con ese pro­pó­si­to tie­ne que loca­li­zar al mis­te­rio­so ase­sino como asi­mis­mo ten­drá que elu­dir al impla­ca­ble y tenaz ins­pec­tor Gerard.

Tommy Lee Jones

Con la remar­ca­ble direc­ción de Davis, la pelí­cu­la reúne todos los ingre­dien­tes nece­sa­rios para con­fi­gu­rar un rela­to de acción y sus­pen­so alta­men­te entre­te­ni­do que logró en su opor­tu­ni­dad un extra­or­di­na­rio éxi­to de taqui­lla a nivel mun­dial como asi­mis­mo muy bien reci­bi­do por la crí­ti­ca espe­cia­li­za­da. Si bien el film per­mi­tió rati­fi­car la popu­la­ri­dad de Ford, asi­mis­mo con­sa­gró a Lee Jones quien en 1994 fue dis­tin­gui­do con el Oscar al mejor actor de repar­to. El elen­co se com­ple­ta, entre otros artis­tas, con Joe Pan­to­liano, Jeroen Krab­bé, Jane Lynch y las fuga­ces apa­ri­cio­nes de Julian­ne Moo­re y Sela Ward.

Para quie­nes no hayan vis­to o desean vol­ver a recrear­se con este buen thri­ller, la repo­si­ción de The Fugi­ti­ve ten­drá lugar a en selec­tas salas de Cine­plex des­de el 15 has­ta el 21 de mar­zo de 2024.

Tri­bu­to a un Remar­ca­ble Político

NAVALNY.

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

En un cau­ti­van­te rela­to don­de la reali­dad supera amplia­men­te a cual­quier fan­ta­sía, el docu­men­ta­lis­ta Daniel Roher cen­tra su aten­ción en la odi­sea atra­ve­sa­da por el famo­so opo­si­tor polí­ti­co ruso Ale­xei Navalny, cuya per­so­na­li­dad tras­cen­dió mun­dial­men­te fren­te a la ten­ta­ti­va de ase­si­na­to del que fue objeto.

El rea­li­za­dor entre­vis­ta al caris­má­ti­co Navalny pasan­do revis­ta a su exis­ten­cia tres años antes de su enve­ne­na­mien­to. Aun­que en par­te lo que se exhi­be es cono­ci­do, el docu­men­tal adquie­re un inusi­ta­do inte­rés gra­cias a la alo­cu­ción de su pro­ta­go­nis­ta como asi­mis­mo a la par­ti­ci­pa­ción, entre otros, del perio­dis­ta búl­ga­ro Chris­to Gro­zev y del efi­cien­te equi­po de tra­ba­jo de María Pev­chikh quie­nes con­tri­bu­ye­ron a des­en­mas­ca­rar el complot.

Con­si­de­ra­do como el prin­ci­pal enemi­go públi­co del Pre­si­den­te Putin, Navalny no tuvo empa­cho alguno de mani­fes­tar­se abier­ta­men­te en su cam­pa­ña polí­ti­ca para aspi­rar a la pre­si­den­cia denun­cian­do el alto nivel de corrup­ción del equi­po gober­nan­te. El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce cuan­do el 17 de agos­to de 2020 en el vue­lo des­de la remo­ta ciu­dad de Tomsk en Sibe­ria en direc­ción a Mos­cú, Navalny comien­za a sen­tir­se muy mal y en con­se­cuen­cia el avión ate­rri­za de emer­gen­cia en Omsk, tam­bién en Sibe­ria. Sos­pe­cho­sa del tra­ta­mien­to reci­bi­do por el ser­vi­cio hos­pi­ta­la­rio del lugar, su abne­ga­da espo­sa Yulia enfren­tan­do a la poli­cía logra final­men­te que el enfer­mo sea tras­la­da­do a Ale­ma­nia don­de en un labo­ra­to­rio mili­tar se detec­ta que ha sido enve­ne­na­do por el agen­te ner­vio­so Novichock.

Duran­te la esta­día en Ale­ma­nia, el equi­po de Navalny lle­ga a detec­tar a varios sos­pe­cho­sos agen­tes de segu­ri­dad del Esta­do ruso que habían via­ja­do a Sibe­ria con el pro­pó­si­to de con­cre­tar el enve­ne­na­mien­to. De allí en más el rela­to adquie­re el carác­ter de un ten­so rela­to de espio­na­je. Es así que el docu­men­ta­lis­ta ilus­tra la esce­na en que Navalny rodea­do de sus cola­bo­ra­do­res comien­za a efec­tuar lla­ma­das tele­fó­ni­cas a varios de los sos­pe­cho­sos cri­mi­na­les pero éstos cor­tan de inme­dia­to la comu­ni­ca­ción al saber quién les está lla­man­do; es enton­ces que él cam­bia de tác­ti­ca lla­man­do a otro de los impli­ca­dos y hacién­do­se pasar por un ofi­cial del Krem­lin; al pre­gun­tar­le por­qué la ope­ra­ción cri­mi­nal fra­ca­só, el enga­ña­do ofi­cial le res­pon­de que lamen­ta­ble­men­te eso se debió a que el ate­rri­za­je de emer­gen­cia del avión impi­dió su muerte.

Lo demás es lamen­ta­ble­men­te his­to­ria cono­ci­da; el deseo de Navalny de retor­nar a Rusia para con­ti­nuar la misión empren­di­da en pro de la liber­tad moti­vó a que en enero de 2021 al arri­bar a su tie­rra fue­se arres­ta­do y con­de­na­do a varios años de pri­sión en un jui­cio far­ses­co en el que ha sido acu­sa­do de frau­de, obvia­men­te imple­men­ta­do por el gobierno ruso. En todo caso, en su men­sa­je trans­mi­ti­do des­de su pri­sión el valien­te disi­den­te mani­fies­ta que la úni­ca for­ma de ven­cer al demo­nio es el de no clau­di­car y seguir luchan­do para que el pue­blo de Rusia se impon­ga de lo que está ocurriendo.

Mere­ci­da­men­te dis­tin­gui­do con el pre­mio de la audien­cia del públi­co y como mejor docu­men­tal en el Fes­ti­val de Sun­dan­ce de este año, el públi­co tie­ne la oca­sión de asis­tir a un apa­sio­nan­te rela­to en don­de a nivel fami­liar se des­ta­ca la inter­ven­ción de su espo­sa como así tam­bién la de su hija Dasha de 19 años y su hijo menor Zahar; cla­ro está que lo que más tras­cien­de son los repor­ta­jes al acti­vis­ta de la anti­co­rrup­ción quien mane­ján­do­se en ruso ade­más de su impe­ca­ble cono­ci­mien­to de inglés con­quis­ta de inme­dia­to la sim­pa­tía del públi­co. Con un ágil cri­te­rio perio­dís­ti­co y una flui­da narra­ción Roher ofre­ce un imper­di­ble documental

Tenien­do en con­si­de­ra­ción la lamen­ta­ble muer­te del valien­te disi­den­te polít­co que vivió de acuer­do a sus dig­nos prin­ci­pios, acae­ci­da el 16 de febre­ro últi­mo en el ser­vi­cio penin­ten­cia­rio de la pri­sión del Árti­co„ es más que bien­ve­ni­do la repo­si­ción de este valio­so docu­men­tal. La exhi­bi­ción del docu­men­tal será rea­li­za­da el 7 y 8 de mar­zo de 2024 en selec­tas salas de Cine­plex