Fes­ti­val de Films Francófonos

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

CINE­MA­NIA 2025

El Fes­ti­val de Films Cine­ma­nía crea­do en 1995 con el pro­pó­si­to de des­ta­car la impor­tan­cia de la cine­ma­to­gra­fía fran­có­fo­na, ini­cia­rá su tri­gé­si­ma pri­me­ra edi­ción en Mon­treal des­de el 4 al 16 de noviembre.

En esta edi­ción se han pro­gra­ma­do 175 obras de cor­to y lar­go­me­tra­je pro­ve­nien­tes de los más des­ta­ca­dos fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les como asi­mis­mo habrá nume­ro­sos fil­mes que serán pre­sen­ta­dos en carác­ter de pri­mi­cia inter­na­cio­nal, nor­te­ame­ri­ca­na y canadiense.

El film de aper­tu­ra del 4 de noviem­bre es On Sera Heu­reux, una pro­duc­ción cana­dien­se de Léa Pool que cuen­ta con un elen­co pro­ta­go­ni­za­do por Meh­di Mes­kar, Ale­xan­dre Landry y Céli­ne Bon­nier. Con un guión de Michel Marc Bou­chard, la pelí­cu­la gira en torno de un joven marro­quí exi­lia­do en Que­bec que tra­ta de sal­var a un refu­gia­do ira­ní ame­na­za­do de ser depor­ta­do a su país don­de una cer­te­ra muer­te le aguarda.

La mues­tra será clau­su­ra­da con la pro­yec­ción de Les Enfants Vont Bien, film de Fran­cia escri­to y rea­li­za­do por Nathan Ambro­sio­ni con las actua­cio­nes cen­tra­les de Cami­lle Cot­tin, Juliet­te Arma­net y Monia Cho­kri, que esta­rán pre­sen­tes para su exhibición.

El fes­ti­val con­si­de­ra varios pro­gra­mas com­pe­ti­ti­vos cuyo pro­pó­si­to es el de des­ta­car los nue­vos talen­tos del cine fran­có­fono. La com­pe­ti­ción “Films de Que­bec” inclu­ye 10 lar­go­me­tra­jes, “Visa­ges de la Fran­copho­nie está integ­tra­da con 12 lar­go­me­tra­jes, “Docu­men­ta­les con 11 títu­los fran­có­fo­nos y “Cor­to­me­tra­jes” con 28 cor­tos de los cua­les 12 son pro­du­ci­dos en Quebec.

Siguien­do la tra­di­ción anual de con­si­de­rar la pro­duc­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de un país de la fran­co­fo­nía, este año es Marrue­cos el país de honor pre­sen­tan­do una selec­ción de atrac­ti­vos cor­tos y largometrajes.

La lis­ta com­ple­ta de la pro­gra­ma­ción con todas las sec­cio­nes com­pren­di­das, las salas de cine de exhi­bi­ción, los hora­rios per­ti­nen­tes, las nume­ro­sas acti­vi­da­des alu­si­vas al fes­ti­val, así como los artis­tas invi­ta­dos pue­de obte­ner­se en el sitio festivalcinemania.com

A con­ti­nua­ción se comen­tan dos fil­mes que se verán en el Festival.

Calle Mála­ga (Marrue­cos-Fran­cia-Espa­ña-Ale­ma­nia-Bél­gi­ca)

Des­pués de su mag­ní­fi­co penúl­ti­mo opus The Blue Caf­tan (2022), la direc­to­ra marro­quí Mar­yam Tou­za­ni retor­na en Calle Mála­ga, su pri­me­ra pelí­cu­la en len­gua his­pa­na que resul­ta alta­men­te satisfactoria.

Calle Mála­ga

Cola­bo­ran­do nue­va­men­te con su mari­do Nabil Ayouch, la his­to­ria rela­ta­da está imbui­da de gran melan­co­lía a la vez que cobran nota­ble auten­ti­ci­dad las vici­si­tu­des que atra­vie­sa el per­so­na­je protagónico.

La gran actriz espa­ño­la Car­men Mau­ra, ani­ma a la sep­tua­ge­na­ria viu­da María Ánge­les vivien­do en su depar­ta­men­to de la calle Mála­ga, ubi­ca­do en el dis­tri­to his­pano de Tán­ger. Como mujer inde­pen­dien­te y valién­do­se por sí mis­ma con su ale­gría de vida ella se sien­te ple­na­men­te a gus­to en ese lugar don­de ha pasa­do la mayor par­te de su exis­ten­cia, des­de que sus padres espa­ño­les se exi­lia­ron duran­te el franquismo.

Su dia­ria ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do reci­be con ale­gría la visi­ta de su hija Cla­ra (Mar­ta Etu­ra), resi­dien­do en Madrid que recien­te­men­te se divor­ció. Sin embar­go la dicha de ver­la es de cor­to alcan­ce cuan­do Cla­ra le comu­ni­ca su deci­sión de ven­der la casa don­de ella resi­de, dado que su sala­rio como enfer­me­ra no le es sufi­cien­te para para supe­rar las difi­cul­ta­des finan­cie­ras que está afron­tan­do. Es así que le pro­po­ne mudar­se a Madrid y vivir con ella. Deci­di­da­men­te María Ánge­les se opo­ne a tal medi­da y no pue­de evi­tar la tre­men­da frus­tra­ción que le cau­sa la deci­sión adop­ta­da por su hija que deten­ta el títu­lo de pro­pie­dad, sim­ple­men­te por­que su mari­do antes de morir la había pues­to a su nom­bre por razo­nes de pre­cau­ción. En últi­ma ins­tan­cia lo que esta mujer sí acep­ta es el de vivir en una resi­den­cia para gen­te mayor y por lo tan­to ve con gran pena cómo su hija ven­de sus mue­bles en un nego­cio de anti­güe­da­des a car­go de Abs­lam (Ahmed Bou­la­ne), un hom­bre de edad mayor. Con todo, la dili­gen­te y astu­ta mujer des­pués de pasar un par de días en el nue­vo domi­ci­lio don­de no está dis­pues­ta a ser man­da­da por sus super­vi­so­res; tenien­do en cuen­ta que Cla­ra ya regre­só a Espa­ña, aban­do­na el lugar y vuel­ve a su domi­ci­lio en tan­to que su depar­ta­men­to aún no está ven­di­do, a la vez que recu­pe­ra sus per­te­nen­cias acu­dien­do a lo de Abslam.

La ten­sa rela­ción de María Ánge­les con Cla­ra, el víncu­lo román­ti­co oto­ñal que emer­ge entre ella con Abs­lam y las con­fi­den­cias que rea­li­za con su ami­ga mon­ja Jose­fa (María Alfon­sa Ros­so), cons­ti­tu­yen el eje sobre el que se nutre esta huma­na his­to­ria que aun­que pre­de­ci­ble, es cier­ta­men­te con­mo­ve­do­ra y muy bien narra­da por Tou­za­ni sin acu­dir a gol­pes bajos.

Mau­ra trans­mi­te mara­vi­llo­sa­men­te la resi­lien­cia de una mujer com­ple­ta­men­te iden­ti­fi­ca­da con su que­ri­da Calle Mála­ga y la comu­ni­dad his­pa­na que allí habi­ta; su lumi­no­sa pre­sen­cia y la cali­dez que otor­ga a su per­so­na­je hace de que la vete­ra­na actriz cons­ti­tu­ya la razón prin­ci­pal de con­tem­plar esta ínti­ma come­dia dra­má­ti­ca que resal­ta la impor­tan­cia de tener en cuen­ta la opi­nión y deseos de la gen­te de la ter­ce­ra edad. Con una apre­cia­ble foto­gra­fía de Vir­gi­nie Sur­daj, cap­tan­do acer­ta­da­men­te los luga­res en que trans­cu­rre la acción con espe­cial refe­ren­cia al depar­ta­men­to de María Ánge­les, así como la músi­ca del her­mo­so bole­ro “Toda una Vida” del cubano Osval­do Farrés, el espec­ta­dor que­da agra­de­ci­do de haber con­tem­pla­do esta nota­ble come­dia dramática.

L’Inconnue de la Gran­de Arche (Fran­cia-Dina­mar­ca)

Quien haya visi­ta­do París y pasea­do por el dis­tri­to de La Défen­se segu­ra­men­te que habrá apre­cia­do la majes­tuo­si­dad de su gran arco. Pre­ci­sa­men­te, la géne­sis de su cons­truc­ción y las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por su autor es lo que se vis­lum­bra en este esti­ma­ble film del cineas­ta Stépha­ne Demous­tier quien es tam­bién el res­pon­sa­ble del guión com­par­ti­do con Lau­ren­ce Cossé.

L’ Incon­nue de la Gran­de Arche

La his­to­ria real que ha sido adap­ta­da del libro de Cos­se The Great Arch trans­por­ta al espec­ta­dor hacia comien­zos de 1983 cuan­do el enton­ces pre­si­den­te Fra­nçois Mit­te­rrand (Michel Fau) deci­dió embe­lle­cer la lumi­no­sa ciu­dad con una impor­tan­te obra arqui­tec­tó­ni­ca, el Arco de la Défen­se. Es así que en el lla­ma­do a con­cur­so se pre­sen­ta el docen­te y arqui­tec­to danés de media­na edad Johan Otto von Sprec­kel­sen (Claes Bang), cuyo ante­ce­den­te es el de haber cons­trui­do su casa y algu­nas igle­sias en su tie­rra natal; es así que a tra­vés de su pre­sen­ta­ción en la que ilus­tra una con­cep­ción inno­va­do­ra, este des­co­no­ci­do pro­fe­sio­nal des­co­no­ci­do en Fran­cia resul­ta el gana­dor de la competición.

A medi­da que va dise­ñan­do el tra­ba­jo al prin­ci­pio cuen­ta con el apo­yo de Mite­rrand como así tam­bién del talen­to­so arqui­tec­to local Paul Andreu (Swann Arlaud) y del téc­ni­co Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan). Vol­can­do su pasión en esa tarea, su con­cep­ción de lo que él deno­mi­na El Cubo (otra deno­mi­na­ción del Gran arco) es obje­to de cier­tos obs­tácu­los; eso es debi­do a la la inevi­ta­ble buro­cra­cia, como asi­mis­mo a cier­tos intere­ses que entran en jue­go ten­dien­tes a alte­rar el pro­ce­so crea­ti­vo del autor quien sin­tien­do deso­la­ción obtie­ne el incon­di­cio­nal sopor­te de su mujer (Sid­se Babett Knudsen).

Los deta­lles de la cons­truc­ción así como el fer­vien­te deseo del arqui­tec­to de que el dise­ño de pro­duc­ción no sea obje­to de cam­bio alguno, per­mi­te que esta his­to­ria mag­ní­fi­ca­men­te rela­ta­da por Demous­tier cobre un nivel de ten­sión capaz de con­cen­trar por com­ple­to la aten­ción del espec­ta­dor, a par­tir del momen­to en que Von Sprec­kel­sen comien­za a per­der el con­trol de su obra.

Como coro­la­rio de este even­to his­tó­ri­co, la iro­nía del des­tino hace que el exce­len­te arqui­tec­to fallez­ca en mar­zo de 1987 sin haber vis­to su cubo con­clui­do. El tra­ba­jo fue com­ple­ta­do por el arqui­tec­to fran­cés Paul Andreu sien­do Mit­te­rand quien inau­gu­ró el Arco de La Défen­se el 14 de julio de 1989, cele­bran­do el bicen­te­na­rio de la Revo­lu­ción de Francia.

FNC 2025 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 4 pelí­cu­las de Amé­ri­ca Lati­na pre­sen­ta­das en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinema.

El Dia­blo Fuma (Méxi­co)

Habien­do sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor ópe­ra pri­ma en la nue­va sec­ción Pers­pec­ti­vas de la Ber­li­na­le, la pelí­cu­la del rea­li­za­dor Ernes­to Mar­tí­nez Bucio se dis­tin­gue fun­da­men­tal­men­te por sus valo­res visua­les agra­cia­dos en gran medi­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Odei Zabaleta.

El Dia­blo Fuma

Con una narra­ti­va difu­sa, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Karen Pla­ta, ubi­ca la acción en 1990 en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Ciu­dad de Méxi­co, en opor­tu­ni­dad en que tie­ne lugar por segun­da vez la visi­ta del pon­tí­fi­ce Juan Pablo II. El rela­to enfo­ca las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por cin­co her­ma­nos cuya edad varía entre 7 y 12 años, inte­gra­dos por Vanes­sa (Lau­ra Uri­be Rojas), Víc­tor (Dono­van Said), Elsa (Maria­pau Bra­vo Avi­na), Mari­sol (Regi­na Ale­jan­dra) y Tomas (Rafael Nie­to Mar­tí­nez). Su padre Emi­liano (Ber­nar­do Gam­boa), cuya pre­ci­sa acti­vi­dad se des­co­no­ce, ha par­ti­do en pro­cu­ra de ubi­car a su espo­sa des­apa­re­ci­da dejan­do a los chi­cos a car­go de su frá­gil abue­la (Car­men Ramos) que sufre de esqui­zo­fre­nia y les hace creer que el dia­blo está ron­dan­do por la casa. Es así que son los her­ma­nos mayo­res (Vanes­sa y Víc­tor), quie­nes asu­men la res­pon­sa­bi­li­dad hoga­re­ña aun­que no pue­den evi­tar el des­or­den que allí impera.

Des­pués de una pro­lon­ga­da pri­me­ra mitad, el rela­to adquie­re vue­lo cuan­do los her­ma­nos, prác­ti­ca­men­te olvi­da­dos y deja­dos de la mano de Dios, lla­man la aten­ción de la poli­cía luga­re­ña y del ser­vi­cio de asis­ten­cia social de que algo extra­ño está acon­te­cien­do. Cuan­do lle­gan a la casa para inte­rro­gar­los, las res­pues­tas de los chi­cos no lle­gan a ser con­vin­cen­tes, sobre todo cuan­do que­rien­do saber sobre sus padres, ellos le res­pon­den que se encuen­tran en un via­je de vaca­cio­nes en Can­cún. No resul­ta difí­cil pre­ver el des­tino de esta extra­ña uni­dad familiar.

En varias opor­tu­ni­da­des y con resul­ta­dos mucho más exi­to­sos, el cine ha con­si­de­ra­do el pro­ble­ma de la infan­cia olvi­da­da, pero en este caso y a pesar de las bue­nas inten­cio­nes del cineas­ta el resul­ta­do obte­ni­do es des­igual debi­do a su difu­sa narra­ti­va y a la caren­cia de un pre­ci­so enfo­que; es así que por una par­te, El Dia­blo Huye asu­me el carác­ter de come­dia dra­má­ti­ca rea­lis­ta y a su veces incu­rre en el terreno de la fan­ta­sía a tra­vés de esce­nas frag­men­ta­rias sobre­na­tu­ra­les no muy bien cohe­sio­na­das que impi­den sus­ci­tar emo­ción. Más allá de los des­ni­ve­les apun­ta­dos, cabe reco­no­cer el cui­da­do del novel direc­tor en su mane­jo de cáma­ras y el logro obte­ni­do en cada uno de los foto­gra­mas. Asi­mis­mo es elo­gia­ble la nota­ble carac­te­ri­za­ción de los jóve­nes intér­pre­tes que sin pre­via expe­rien­cia acto­ral con­vin­cen­te­men­te trans­mi­ten el sen­ti­mien­to de con­fu­sión emo­cio­nal expe­ri­men­ta­do por la ausen­cia paternal.

Como nota al mar­gen, el títu­lo del film se ve acom­pa­ña­do por la alar­ga­da fra­se “y guar­da las cabe­zas de los ceri­llos que­ma­dos en la mis­ma caja” que ha sido extraí­da de una poe­sía de la guio­nis­ta Pla­ta, sugi­rien­do el tono fan­tás­ti­co del relato.

Un Poe­ta (Colom­bia-Ale­ma­nia-Sue­cia)

En su segun­do film, el rea­li­za­dor colom­biano Simón Mesa Soto, tras haber impre­sio­na­do con la Pal­ma de Oro en Can­nes con su cor­to­me­tra­je Lei­di (2014) y su ini­cial lar­go­me­tra­je Ampa­ro (2022), rati­fi­ca amplia­men­te su ido­nei­dad con esta remar­ca­ble come­dia que nave­ga entre lo trá­gi­co y lo hilarante.

Un Poe­ta

La his­to­ria escri­ta por el cineas­ta se desa­rro­lla en Mede­llín pre­sen­tan­do a Oscar Res­tre­po (Ubei­mar Ríos), un indi­vi­duo de media­na edad que como poe­ta en 1990 logró un gran éxi­to lite­ra­rio. Pero las glo­rias del pasa­do han que­da­do atrás y hoy día es el típi­co repre­sen­tan­te del indi­vi­duo per­de­dor. Sin una ocu­pa­ción esta­ble, sien­do un frus­tra­do borra­cho a la vez que soña­dor impe­ni­ten­te vive sus penu­rias con su enfer­ma madre Tere­si­ta (Mar­ga­ri­ta Soto) y ade­más humi­llan­te­men­te pide pres­ta­do dine­ro a su hija ado­les­cen­te (Alis­son Correa) para con­su­mir bebi­da y aun­que ella lo menos­pre­cia en últi­ma ins­tan­cia se com­pa­de­ce de su situa­ción. En el terreno de su pre­di­lec­ción ido­la­tra al emi­nen­te poe­ta colom­biano José Asun­ción Sil­va que se sui­ci­dó a los 30 años en tan­to que dese­cha a Gabriel Gar­cía Már­quez. Tra­tan­do de vol­ver a triun­far su buen ami­go Efraín (Gui­ller­mo Car­do­na) le hace notar que pre­via­men­te con­ci­ba un poe­ma que lle­gue repercutir.

Su vida cobra nue­vo alien­to cuan­do al ser­le ofre­ci­do un pues­to como docen­te en una escue­la, lle­ga a asom­brar­se con los dibu­jos y mag­ní­fi­cos poe­mas que se encuen­tran en el cua­derno de Yur­lady (Rebe­ca Andra­de), una de las alum­nas asis­ten­tes de 15 años, estan­do así con­ven­ci­do que podría lle­gar a ser una gran poe­ti­sa y por lo tan­to está dis­pues­to a ayu­dar­la. De allí en más, él se con­vier­te en su men­tor y lle­ga­da la oca­sión Yur­lady demues­tra su talen­to en un fes­ti­val de poe­sía leyen­do un poe­ma acer­ca de su color de piel more­na; sin embar­go a ella solo le intere­sa la poe­sía como un medio de obte­ner bene­fi­cios pecu­nia­rios, un cri­te­rio que en tal sen­ti­do Oscar dis­cre­pa con su pun­to de vista.

Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les, el film es alta­men­te meri­to­rio por varias razo­nes. En pri­mer lugar por la sobrie­dad emplea­da por Mesa Soto en su sen­si­ble narra­ción, agra­cia­do por la inge­nio­si­dad ema­na­da de su esme­ra­do guión. Cla­ro está que resul­ta memo­ra­ble la inter­pre­ta­ción brin­da­da por Ríos quien no sien­do un actor pro­fe­sio­nal sino un pres­ti­gio­so filó­so­fo colom­biano en la vida real, con abso­lu­ta per­fec­ción ani­ma al misán­tro­po pro­ta­go­nis­ta en pro­cu­ra de su reden­ción a tra­vés de la ins­pi­ra­ción brin­da­da por Yur­lady; en tal sen­ti­do mere­ce ala­bar la auten­ti­ci­dad que Andra­de refle­ja en su rol y su nota­ble com­pli­ci­dad con el de Ríos.

Cier­ta­men­te este rele­van­te film cede paso a la refle­xión acer­ca de lo que acon­te­ce en mate­ria cul­tu­ral, con espe­cial refe­ren­cia a la poe­sía, don­de pare­cie­ra que en los fes­ti­va­les, con­fe­ren­cias y/o encuen­tros rea­li­za­dos por sus orga­ni­za­do­res, ellos están más intere­sa­dos en el dine­ro y pres­ti­gio que les pue­da brin­dar, dejan­do en un segun­do plano el inte­lec­tual pro­ce­so creativo.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Fla­men­co. (Chi­le-Fran­cia-Ale­ma­nia-Espa­ña-Bél­gi­ca)

Siem­pre es gra­ti­fi­can­te salu­dar la pre­sen­ta­ción de un nue­vo rea­li­za­dor lati­no­ame­ri­cano, como es el caso del chi­leno Die­go Cés­pe­des y más aún cuan­do su pelí­cu­la obtu­vo en Can­nes el pre­mio al mejor film en la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard. De allí que resul­ta más que bien­ve­ni­do que el FNC con­si­de­ró su inclu­sión en la pro­gra­ma­ción del pano­ra­ma internacional.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Flamenco

Con admi­ra­ble auda­cia el novel direc­tor y guio­nis­ta abor­da un intré­pi­do tema refle­jan­do el mun­do de quie­nes están orien­ta­dos sexual­men­te hacia el mis­mo géne­ro. Su his­to­ria está ambien­ta­da en el nor­te del desier­to de Chi­le en los pri­me­ros años de la déca­da del 80 giran­do en torno a una fami­lia queer. En dicho con­tex­to trans­cu­rre la vida de Lidia (Tama­ra Cor­tés), una niña de 11 años rodea­da de Mamá Boa (Pau­la Dina­mar­ca) que tie­ne a su car­go un caba­ret musi­cal, y de Fla­men­co (Matías Cata­lán) que actúa en el local y que es una suer­te de madre sus­ti­tu­ta de la pequeña.

A tra­vés de una narra­ción no exen­ta de un poé­ti­co liris­mo, Lidia aten­ta­men­te obser­va cómo los mine­ros del lugar asis­ten al local para con­tem­plar los bai­les y can­cio­nes de los tra­ves­tis y muy espe­cial­men­te de la encan­ta­do­ra Fla­men­co cuya suges­ti­va mira­da es cau­sa de atrac­ción al mis­mo tiem­po que des­pier­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to pre­jui­cio­so de los parro­quia­nos. En tal sen­ti­do Cés­pe­des refle­ja acer­ta­da­men­te la épo­ca impe­ran­te don­de quie­nes asu­men un dife­ren­te com­por­ta­mien­to sexual son fuer­te­men­te dis­cri­mi­na­dos y mar­gi­na­dos de la socie­dad. Ese fac­tor y el agra­van­te de que comien­za a sur­gir el Sida inten­si­fi­ca la ten­sión de un pue­blo teme­ro­so de lo que la homo­se­xua­li­dad pue­de gene­rar. Es así que la ino­cen­te Lidia se pre­gun­ta si es posi­ble que un genuino amor pue­de oca­sio­nar la muerte.

Con inusi­ta­da madu­rez el direc­tor impri­me en su mayor par­te un rit­mo diná­mi­co den­tro de un cli­ma atmos­fé­ri­co que adquie­re el carác­ter de un moderno wes­tern; si bien el film pue­de a veces resul­tar un poco con­fu­so, dicho repa­ro de mane­ra algu­na miti­ga sus autén­ti­cos valo­res mer­ced a la ori­gi­na­li­dad del rela­to que refle­ja una hones­ta crí­ti­ca a la dis­cri­mi­na­ción sexual, como asi­mis­mo agra­cia­do con un elen­co de enco­mia­ble nivel artístico.

O Últi­mo Azul (Bra­sil-Méxi­co-Chi­le-Paí­ses Bajos)

Aun­que copro­du­ci­da por 4 paí­ses, este bello film de Gabriel Mas­ca­ro es esen­cial­men­te bra­si­le­ño. A tra­vés de una fábu­la sen­ci­lla, con­ci­sa pero deci­di­da­men­te efec­ti­va, el espec­ta­dor se encuen­tra invo­lu­cra­do en una deli­cio­sa aven­tu­ra acuática.

0 Últi­mo Azul

El ori­gi­nal guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tibé­rio Azul está ambien­ta­do en un Bra­sil dis­tó­pi­co. El tono futu­ris­ta de mane­ra algu­na impli­ca que la his­to­ria carez­ca de visos realís­ti­cos, abor­dan­do el tema de la dis­cri­mi­na­ción por par­te de quie­nes lle­gan al cre­púscu­lo de la vida.

La pro­ta­go­nis­ta es Tere­za (Deni­se Wein­berg), una madre sol­te­ra de 77 años de nota­ble vita­li­dad físi­ca tra­ba­jan­do en una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de car­ne en una peque­ña zona del Ama­zo­nas. Acon­te­ce que un decre­to guber­na­men­tal ha deci­di­do dis­mi­nuír la edad del reti­ro obli­ga­to­rio de los 80 a los 75 años, para que la joven gene­ra­ción pue­da reem­pla­zar a quie­nes han lle­ga­do a la mayo­ría de edad; es así que no obs­tan­te que aún le habría que­da­do 3 años más de estar ocu­pa­da, su situa­ción cam­bia rotun­da­men­te al tener que dejar su empleo; a ello se agre­ga que estas per­so­nas son envia­das a una suer­te de Colo­nia que obra como resi­den­cia de ancia­nos de don­de has­ta el pre­sen­te poco se sabe de la mis­ma por­que nadie ha retor­na­do y por el momen­to es su hija Joa­na (Cla­ris­sa Pinhei­ro) quien debe­rá cuidarla.

El núcleo del rela­to se pre­sen­ta cuan­do esta deci­di­da dama desea cum­plir sus deseos de efec­tuar un via­je aéreo y al que­rer adqui­rir un pasa­je se impo­ne que debe con­tar con la auto­ri­za­ción de su hija quien rehú­sa a hacer­lo. En con­se­cuen­cia, ella no se ame­dren­ta y es así que con­si­gue con­tac­tar a Cadu Rodri­go San­to­ro), un navie­ro flu­vial para que la tras­la­de ile­gal­men­te en su embar­ca­ción a tra­vés del Ama­zo­nas has­ta la loca­li­dad de Ita­coa­tia­ra, don­de pare­ce­ría indi­car que allí podría adqui­rir el ansia­do pasa­je aéreo sin pro­ble­ma alguno. A tra­vés de un via­je acci­den­ta­do en don­de el peri­plo se des­vía de su ruta ori­gi­nal, Cadu le trans­mi­te cier­tos pode­res mági­cos, como asi­mis­mo ella lle­ga a cono­cer a Rober­ta (Miriam Soca­rrás), una ani­ma­da mujer de su mis­ma edad que le ofre­ce una visión dife­ren­te de la vida.

El impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Day­se Barre­to y la estu­pen­da foto­gra­fía de Gui­ller­mo Gar­za con­tri­bu­yen a valo­ri­zar esta impe­ca­ble come­dia futu­rís­ti­ca de Mas­ca­ro, nutri­da de un inme­jo­ra­ble elen­co enca­be­za­do por Wein­berg. La actriz mara­vi­llo­sa­men­te trans­mi­te la deter­mi­na­ción de una mujer que no está dis­pues­ta a que la des­po­jen de su auto­no­mía, a la vez que con gran fide­li­dad arti­cu­la su trans­for­ma­ción espi­ri­tual; su actua­ción no des­me­ri­ta la muy con­vin­cen­te par­ti­ci­pa­ción de San­to­ro, como asi­mis­mo la de Soca­rrás cuyo cáli­do y expre­si­vo per­so­na­je gene­ra una quí­mi­ca con­mo­ve­do­ra con el asu­mi­do por Weinberg.

Lo que real­men­te tras­cien­de de este film es el dejo opti­mis­ta que tras­lu­ce al ilus­trar la resi­lien­cia huma­na que demues­tra la no exis­ten­cia de edad lími­te para su des­agre­ga­ción social. Por sus inne­ga­bles méri­tos los miem­bros del jura­do del fes­ti­val de Ber­lín pre­mia­ron con el Oso de Pla­ta a esta bri­llan­te película.

. .

FNC 2025 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Des­de el 8 has­ta el 19 de octu­bre, la ciu­dad de Mon­treal es la sede del Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC) que en su 54ª edi­ción los fes­ti­va­le­ros ten­drán la oca­sión de des­cu­brir las obras de impor­tan­tes cineas­tas con­sa­gra­dos como asi­mis­mo de talen­tos emer­gen­tes. y de pelí­cu­las que han obte­ni­do una cáli­da recep­ción crí­ti­ca en Que­bec y el res­to de Cana­dá. La pro­gra­ma­ción inclu­ye 106 lar­go­me­tra­jes y 162 cor­tos pro­ve­nien­tes de 46 paí­ses que han sido des­ta­ca­dos en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les de Ber­lín, Can­nes, Locarno y Toron­to así como lo más rele­van­te del cine que­be­quen­se y del res­to de Canadá.

El FNC se inau­gu­ra con Spa­ce Cadet, pelí­cu­la de ani­ma­ción del cineas­ta cana­dien­se Kid Koa­la (Eric San), adap­ta­da de la nove­la grá­fi­ca del rea­li­za­dor y guio­ni­za­do por Mylè­ne Cho­llet. El film que clau­su­ra­rá la mues­tra es Le Train  de la direc­to­ra cana­dien­se Marie Bras­sard con un elen­co pro­ta­go­ni­za­do por Laris­sa Corri­veau, Thai­le Rainds, Élec­tra Kla­ra Codi­na y Lennikim.

Para una infor­ma­ción com­ple­ta acer­ca de la pro­gra­ma­ción, salas de exhi­bi­ción, hora­rios así como nume­ro­sas acti­vi­da­des temá­ti­cas orga­ni­za­das por el fes­ti­val, el sitio a con­sul­tar es nouveaucinema.ca

A con­ti­nua­ción se comen­ta algu­nas de las pelí­cu­las que han sido visionadas.

What does that natu­re say to you (Corea del Sur)

En una carre­ra suma­men­te pro­lí­fi­ca el reco­no­ci­do direc­tor sur­co­reano Hong Sang­soo ofre­ce en su tri­gé­si­mo ter­cer tra­ba­jo, un film que des­ti­la su sin­gu­lar esti­lo de sim­pli­ci­dad dejan­do entre­ver algu­nos aspec­tos intere­san­tes de apreciar.

What does that natu­re say to you

El pro­ta­go­nis­ta es Dongh­wa (Ha Seong­guk), un apren­diz de poe­ta de 35 años que está de novio des­de hace tres años con la joven Junhee (Kang Soyi). Des­pués del tra­yec­to que efec­túa en su auto tras­la­dán­do­la des­de Seúl a Incheon don­de se halla la casa cam­pes­tre en la cual resi­de, cir­cuns­tan­cial­men­te lle­ga a cono­cer a su afa­ble padre Oryeong (Kwon Haeh­yo) quien con­tem­plan­do el coche de Dongh­wa le gus­ta­ría pro­bar­lo; el joven acce­de a que lo mane­je ganán­do­se de este modo la sim­pa­tía de este hom­bre por lo cual lo invi­ta a cono­cer su resi­den­cia por él dise­ña­da, situa­da al pie de una mon­ta­ña con una esplen­do­ro­sa vis­ta pano­rá­mi­ca. Duran­te ese encuen­tro, su poten­cial sue­gro le hace saber lo mucho que sin­tió por la muer­te de su empren­de­do­ra madre mos­trán­do­le su tum­ba ubi­ca­da en las cer­ca­nías, al pro­pio tiem­po que va obser­van­do el com­por­ta­mien­to de su posi­ble yerno a quien hala­ga por sus espe­cia­les bigotes.

Des­pués de una sali­da con su novia y su her­ma­na mayor Neunghee (Park Miso) para almor­zar y pos­te­rior­men­te dar un paseo por el lugar que trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te, mien­tras dia­lo­gan en torno de la poe­sía, la belle­za del lugar y del amor que el visi­tan­te sien­te por su novia; pos­te­rior­men­te tie­ne lugar la invi­ta­ción a cenar don­de allí él cono­ce­rá a Sunhee, (Cho Yunhee), la espo­sa de Oryeong, que es poe­ti­sa y una efi­cien­te coci­ne­ra. Alre­de­dor de esa mesa sur­gen dife­ren­tes tópi­cos de con­ver­sa­ción, pero lle­ga­do un momen­to el cli­ma se enra­re­ce cuan­do ante la pre­gun­ta que se le hace al invi­ta­do sobre su padre, que es un reco­no­ci­do abo­ga­do de exce­len­te posi­ción eco­nó­mi­ca; el exce­so de alcohol con­su­mi­do impul­sa a Dongh­wa a res­pon­der con cier­ta vio­len­cia mani­fes­tan­do que nun­ca depen­dió de él eco­nó­mi­ca­men­te y que su ocu­pa­ción como autor de videos de boda en Seúl le per­mi­te sol­ven­tar su inde­pen­den­cia sin nece­si­dad de recu­rrir a sus pro­ge­ni­to­res y vivir ale­ja­dos de ellos. Ya con­clui­do el ága­pe, los padres de Junhee se pre­gun­tan si real­men­te Dongh­wa es el mejor can­di­da­to para su hija.

Median­te un final abier­to, en don­de que­da la duda si real­men­te Junhee está ya deci­di­da a con­traer enla­ce, el film se carac­te­ri­za por su natu­ra­li­dad median­te un rela­to que adop­ta un tono cos­tum­bris­ta a la vez que con­tem­pla­ti­vo que se evi­den­cia a tra­vés de la diná­mi­ca esta­ble­ci­da entre sus cin­co personajes.

Indu­da­ble­men­te pue­de cali­fi­car­se a Hong Sang­soo como un hom­bre orques­ta, dado que ade­más de diri­gir y ser el autor del guión, tie­ne a su car­go, la foto­gra­fía, la músi­ca y el mon­ta­je del film. Cier­ta­men­te los ciné­fi­los del rea­li­za­dor que­da­rán satis­fe­chos con esta sen­ci­lla y hones­ta entre­ga, aguar­dan­do su pró­xi­mo proyecto.

Blue Heron (Cana­dá-Hun­gría)

Resul­ta siem­pre agra­da­ble des­cu­brir el talen­to artís­ti­co de jóve­nes cineas­tas. Este es el caso de Sophy Rom­va­ri, la novel direc­to­ra cana­dien­se quien con inusi­ta­do dis­cer­ni­mien­to tras­la­da a la pan­ta­lla una his­to­ria de con­si­de­ra­ble gra­vi­ta­ción basa­da en sus expe­rien­cias de infan­cia, que por sus méri­tos ha sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor pri­me­ra pelí­cu­la en el Fes­ti­val de Locarno de este año.

Blue Heron

A tra­vés de su memo­ria, el guión de la rea­li­za­do­ra pre­sen­ta en su pri­me­ra mitad a Sasha (Eylul Guven), una niña de 8 ocho años quien jun­to con su fami­lia pro­ce­den­te de Hun­gría arri­ban en la déca­da del 90 a la isla de Van­cou­ver para el ini­cio de una nue­va vida. En apa­rien­cia, el lugar resul­ta pro­mi­so­rio don­de ella dis­cu­rre y goza de su belle­za; con todo hay un ele­men­to que la per­tur­ba cuan­do en una con­ver­sa­ción de su madre (Irin­go Reti) con su padras­tro (Adam Tom­pa) se deja entre­ver que Jeremy (Eddik Bedoes), el hijo mayor, pade­ce de un com­por­ta­mien­to errá­ti­co que sugie­re un esta­do de ines­ta­bi­li­dad men­tal; eso evi­den­te­men­te afec­ta a la fami­lia y fun­da­men­tal­men­te a su pro­ge­ni­to­ra que le gene­ra gran ansie­dad, en tan­to que la peque­ña Sasha obser­va cómo al pro­pio tiem­po Jeremy quie­re a sus her­ma­nos no obs­tan­te sus arre­ba­tos de furia, sin que ella, muy sen­si­ble y ape­na­da, pue­da modi­fi­car la situa­ción rei­nan­te. Rom­va­ri con la cola­bo­ra­ción de la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Maya Ban­ko­vic trans­mi­te con fide­li­dad la ten­sión que gene­ran las acti­tu­des de Jeremy, que nadie pue­de deter­mi­nar a qué se debe.

Ya es en su segun­da mitad que trans­cu­rre 2 déca­das des­pués don­de se obser­va a Sasha (Amy Zim­mer) quien con­ver­ti­da en cineas­ta deci­de abor­dar a su her­mano ya falle­ci­do a fin de tra­tar de feha­cien­te­men­te enten­der lo que le ha suce­di­do. Ape­lan­do a su memo­ria frag­men­ta­da, Sas­cha retor­na al hogar fami­liar de su pasa­do man­te­nien­do una ima­gi­na­ria con­ver­sa­ción con sus pro­ge­ni­to­res acer­ca del pro­ble­ma que afec­tó a Jeremy. Dejan­do entre­abier­ta la fic­ción enca­ra­da por Sas­cha y de lo que no lo es, el film va gene­ran­do esce­nas de con­te­ni­da emoción.

Median­te un rela­to meticu­losa­men­te narra­do, a la vez que sen­si­ble, tierno y genui­na­men­te con­mo­ve­dor, Rom­va­ri expo­ne cómo la lucha empren­di­da por la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria ha deja­do mar­ca­das hue­llas en su men­te para com­pren­der a su hermano.

100 Sun­set (Cana­dá)

Habien­do sido pre­sen­ta­do en el Fes­ti­val de Toron­to en la sec­ción dedi­ca­da a emer­gen­tes cineas­tas, des­pués de haber rea­li­za­do dos cor­to­me­tra­jes, la direc­to­ra y escri­to­ra Kun­sang Kyrong enfo­ca en su pri­mer lar­go­me­tra­je una his­to­ria ambien­ta­da en Park­da­le, una zona veci­na de Toron­to ubi­ca­da en el oes­te de la ciudad.

100 Sun­set

Lo que carac­te­ri­za a esta come­dia es que habien­do cola­bo­ra­do con miem­bros de la comu­ni­dad tibe­ta­na de Toron­to, la novel rea­li­za­do­ra ambien­ta su rela­to en don­de habi­ta gran par­te de esa agru­pa­ción cen­tran­do su aten­ción en dos per­so­nas de ese origen.

La pro­ta­go­nis­ta es Kun­sel (Ten­zin Kun­zel), una joven mujer intro­ver­ti­da que se sien­te un tan­to extra­ña en su pro­pio medio social. Vivien­do en un blo­que de depar­ta­men­tos del men­cio­na­do vecin­da­rio, ella des­ti­na su tiem­po espian­do a sus veci­nos median­te una cáma­ra de video adqui­ri­da, como asi­mis­mo rea­li­zan­do peque­ños hur­tos. Su vida ruti­na­ria cobra impul­so cuan­do lle­ga a cono­cer a Pas­sang (Sonam Choek­yi), una mujer que lle­ga a vivir en el mis­mo edi­fi­cio con su mari­do mucho mayor que ella y que expre­sa asi­mis­mo una ocul­ta insa­tis­fac­ción. Ese encuen­tro va gene­ran­do una ama­ble rela­ción don­de entre otros aspec­tos ambas asis­ten a las cla­ses de inglés así como con­jun­ta­men­te van tran­si­tan­do los alre­de­do­res de la zona.

A tra­vés de varia­das viñe­tas el film ofre­ce una cla­ra visión de la con­gre­ga­ción tibe­ta­na ade­más de estar favo­re­ci­do por las con­vin­cen­tes actua­cio­nes de Kun­sel y Choek­yi y de la bue­na foto­gra­fía del cama­ró­gra­fo Nico­lay Michay­lov. Sin embar­go, el len­to rit­mo que impri­me la rea­li­za­do­ra miti­ga la enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca nece­sa­ria para sus­ci­tar genui­na emo­ción. Lo con­cre­to es que a pesar de la obje­ción seña­la­da la pelí­cu­la con­ci­ta inte­rés al per­mi­tir que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en un medio cul­tu­ral rara­men­te abor­da­do por el cine canadiense.

Dites-lui que Je l’aime (Fran­cia)

La com­pli­ca­da rela­ción mater­no­fi­lial es ana­li­za­da por la direc­to­ra Roma­ne Boh­rin­ger a tra­vés de una narra­ti­va docu­men­tal fusio­na­da con la ficción.

Dites-lui que Je l’aime

La pelí­cu­la está basa­da en el libro Dites-lui que Je l’aime escri­to en 1919 por la polí­ti­ca fran­ce­sa Clé­men­ti­ne Autain quien rela­ta el trau­má­ti­co víncu­lo man­te­ni­do con su madre Domi­ni­que Laf­fin, una actriz que aban­do­nó a su hija y murió a los 33 años jus­to cuan­do Autain era una pre ado­les­cen­te de 12 años.

La lec­tu­ra de ese libro cun­dió hon­da­men­te en Boh­rin­ger en la medi­da que curio­sa­men­te ella a los nue­ve meses de edad tam­bién fue deja­da de lado por su pro­pia madre Mar­gue­ri­te Bourry quien murió a los 36 años. Esa inau­di­ta sime­tría moti­va a que Boh­rin­ger, gran ami­ga de la escri­to­ra le soli­ci­ta adap­tar su libro para su filmación.

En el mar­co de esa pro­pues­ta que fue acep­ta­da por la auto­ra, el guión de Boh­rin­ger escri­to con Gabor Ras­sov adop­ta un pro­ce­di­mien­to nada con­ven­cio­nal don­de se rela­tan dos his­to­rias trau­má­ti­cas en las que ambias muje­res con­fron­tan su pasa­do a tra­vés de epi­so­dios recons­trui­dos. En la pri­me­ra par­te del film se obser­va a Autain leyen­do pasa­jes del libro y a tra­vés del mis­mo se va con­tem­plan­do cómo la niña sufrió los emba­tes de su madre con su adic­ción al alcohol y su ausen­cia del hogar. En tal sen­ti­do, una impac­tan­te esce­na acae­ce cuan­do la joven Autain (Lilia­ne Sanry-Baud), obser­va a su madre (Eva Yel­ma­ni) soli­ci­tan­do con vio­len­cia a un emplea­do de un hotel que le pro­por­cio­ne un tra­go alcohó­li­co cuan­do el bar ya esta­ba cerrado.

La segun­da mitad del film se con­cen­tra en Roma­ne, don­de aten­di­da por una psi­quia­tra (Josia­ne Sto­lé­ru) mani­fies­ta su pesar fren­te a no haber cono­ci­do a su pro­ge­ni­to­ra. Asi­mis­mo valién­do­se de pape­les y escri­tos de su madre (igual­men­te inter­pre­ta­da por Eva Yel­ma­ni) con la cola­bo­ra­ción de su joven hijo Raoul Reb­bot-Boh­rin­ger actuan­do como supues­to detec­ti­ve, se van cono­cien­do deta­lles de su vida. Es así que se sabe que Mar­gue­ri­te nació en Viet­nam cuyo padre fran­cés la cedió en adop­ción para vivir gran par­te de su juven­tud en un con­ven­to; ya mayor se intere­sa por actuar en cine y al pro­pio tiem­po devie­ne fuer­te­men­te adic­ta a las drogas.

Esa mira­da hacia el pasa­do de dos muje­res que han sido olvi­da­das del afec­to mater­nal, hecho que ha impac­ta­do sus vidas, cons­ti­tu­ye una catar­sis para que ambas pue­dan seguir ade­lan­te sin clau­di­car. Con todo, la for­ma híbri­da que adop­ta Boh­rin­ger para ilus­trar las carac­te­rís­ti­cas que asu­me la memo­ria es un tan­to des­igual al no lograr una com­ple­ta armo­nía entre los dos rela­tos hacien­do que en cier­tos lap­sos su len­ti­tud cons­pi­re emo­cio­nal­men­te. De todos modos, el film tie­ne sufi­cien­tes méri­tos para con­cen­trar su aten­ción con su men­sa­je de recon­ci­lia­ción de las hijas per­do­nan­do a sus madres. Como nota final, cabe des­ta­car la mag­ní­fi­ca carac­te­ri­za­ción de Eva Yel­ma­ni ani­man­do a Mar­gue­ri­te y Laf­fin logran­do nota­ble autenticidad.

Fil­mes Eva­lua­dos ‑TIFF 2025 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Miroirs No. 3. (Ale­ma­nia)

Un nota­ble ejem­plo de con­ci­sión se apre­cia en este inusual psi­co­dra­ma de Chris­tian Petzold quien es con­si­de­ra­do como uno los más rele­van­tes rea­li­za­do­res del cine inter­na­cio­nal. No obs­tan­te su redu­ci­da dura­ción y con no muchos recur­sos a su dis­po­si­ción, este cineas­ta con­si­gue atra­par la aten­ción del espec­ta­dor a tra­vés de un sin­gu­lar cru­ci­gra­ma fílmico.

Miroirs No. 3

La remar­ca­ble actriz Pau­la Beer en su cuar­ta cola­bo­ra­ción con el rea­li­za­dor inter­pre­ta a Lau­ra, una estu­dian­te de piano que en su comien­zo estan­do en Ber­lín y fren­te a un río apa­re­ce tur­ba­da como si pade­cie­ra de una cri­sis men­tal, dan­do la impre­sión de que qui­sie­ra sui­ci­dar­se. De inme­dia­to se la ve acom­pa­ña­da de su novio Jakob (Phi­lip Frois­sant) via­jan­do de vaca­cio­nes en su coche hacia la zona cam­pes­tre; estan­do com­ple­ta­men­te abs­traí­da, ella desea retor­nar a Ber­lín y cuan­do a su pesar Jacob deci­de con­du­cir­la a la esta­ción de tren para su retorno, un acci­den­te en la ser­pen­tean­te ruta pro­du­ce un lamen­ta­ble acci­den­te don­de el hom­bre falle­ce y Lau­ra logra sal­var su vida a pesar de algu­nas heri­das sufri­das. Ella es auxi­lia­da por Betty (Bar­ba­ra Auer), una ama­ble mujer veci­na del lugar con algo inquie­tan­te en su mira­da que la reco­ge en su casa y en don­de Lau­ra pre­fie­re que­dar­se allí antes que asis­tir a un hos­pi­tal. Reci­bien­do la afec­ción de su anfi­trio­na que la tra­ta como si fue­se su hija, se gene­ra entre ambas muje­res un curio­so víncu­lo, al pun­to tal que con el correr de los días y cada vez más repues­ta Lau­ra opta por seguir estan­do en ese hogar. Pron­ta­men­te lle­gan a la casa Richard (Matthias Brandt) y su hijo adul­to Max (Enno Trebs) que ven con agra­do la pre­sen­cia de la hués­ped quien a su vez se ve com­pla­ci­da con su sus­ti­tu­ta familia.

En la inter­re­la­ción que se va esta­ble­cien­do entre estos cua­tro per­so­na­jes irán deve­lán­do­se varios secre­tos don­de van emer­gien­do fan­tas­mas del pasa­do que gene­ran una fas­ci­nan­te intri­ga que se man­tie­ne has­ta su impre­vi­si­ble y satis­fac­to­rio desenlace.

Resul­ta intere­san­te sub­ra­yar que el cineas­ta apre­cia la músi­ca de Mau­ri­ce Ravel dado que el títu­lo del film obe­de­ce a una esce­na en don­de Lau­ra inter­pre­ta en el piano el ter­cer movi­mien­to de su Sui­te Miroirs.

En suma el públi­co asis­te a una deli­ca­da, sutil y sen­si­ble pelí­cu­la psi­co­ló­gi­ca en don­de Petzold inte­li­gen­te­men­te refle­ja con ter­nu­ra y con algu­nas esce­nas no exen­tas de humor, cómo actúa la memo­ria revi­vien­do el trau­ma de Lau­ra como asi­mis­mo los expe­ri­men­ta­dos por la fami­lia de Betty.

Ade­más de la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca del con­sa­gra­do rea­li­za­dor y su mag­ní­fi­ca direc­ción del elen­co con­vo­ca­do, cabe resal­tar la mara­vi­llo­sa inter­pre­ta­ción de Pau­la Beer trans­mi­tien­do las viven­cias emo­cio­na­les que atra­vie­sa su frá­gil personaje.

The President’s Cake (Irak-Esta­dos Unidos-Qatar).

Así como en 1995 Jafar Panahi obtu­vo la Cáma­ra de Oro en el Fes­ti­val de Can­nes, eso vuel­ve a ocu­rrir con el film escri­to y diri­gi­do por el novel rea­li­za­dor Hasan Hadi quien este año logró este pres­ti­gio­so pre­mio como pri­me­ra obra pre­sen­ta­da en la Quin­ce­na de Cineas­tas. Esa es una coin­ci­den­cia en la medi­da que ambos direc­to­res, uno en Irán y el otro Ira­quí refle­jan tro­zos de vida a tra­vés de la ino­cen­cia de cria­tu­ras que obser­van lo que suce­de en su entorno.

The President’s Cake

El aus­pi­cio­so debut de Hadi ubi­ca la acción en el Irak de 1990 don­de el sinies­tro dic­ta­dor Sad­dam Hus­sein gobier­na el país con mano fir­me. Su tira­nía moti­va que el país sea ais­la­do inter­na­cio­nal­men­te y es así que debi­do a las san­cio­nes eco­nó­mi­cas reci­bi­das la pobla­ción atra­vie­sa por serios pro­ble­mas. Es en ese peno­so esce­na­rio don­de se sale al encuen­tro de Lamia (Banin Ahmad Nayef) de 9 años vivien­do en una rús­ti­ca aldea pan­ta­no­sa del sur de Irak con su abue­la Bibi (Waheed Tha­bet Khrei­bat) y el gallo Hin­di que la niña tie­ne como mascota.

Entre otro de los capri­chos del dés­po­ta pre­si­den­te es que el pue­blo fes­te­je su inmi­nen­te cum­plea­ños y es así que eso no exclu­ye a los niños. Por tal razón en la escue­la a la que acu­de Lamia se rea­li­za un sor­teo por el cual, infe­liz­men­te ella es ele­gi­da para pre­pa­rar una tor­ta des­ti­na­da a Hus­sein. Asi­mis­mo su buen com­pa­ñe­ro Saeed (Sajad Moha­mad Qasem) debe apor­tar fru­tas frescas.

Con­se­cuen­te­men­te la abue­la y su nie­ta, ayu­da­das por un ama­ble car­te­ro (Rahim AlHaj). logran lle­gar a la más cer­ca­na ciu­dad en pro­cu­ra de ingre­dien­tes, inclu­yen­do azú­car, hari­na y hue­vos. Al lle­gar a des­tino, la niña des­cu­bre que su frá­gil y enfer­ma abue­la tie­ne como pro­pó­si­to poner­la a dis­po­si­ción de nue­vos padres en la medi­da que ella debe inter­nar­se en un hos­pi­tal; en con­se­cuen­cia Lamia deci­de esca­par y jun­to con Saeed tra­ta­rán de obte­ner los ele­men­tos nece­sa­rios para cum­plir con la obli­ga­ción que les ha sido impues­ta por el cole­gio a fin de satis­fa­cer al dic­ta­dor. Entre­tan­to la afli­gi­da abue­la se esfuer­za en per­sua­dir a la poli­cía para ubi­car a su nieta.

El núcleo de esta tra­gi­co­me­dia se nutre de los encuen­tros de ambos ami­gos, siem­pre acom­pa­ña­dos por la mas­co­ta de Lamia, con algu­nos per­so­na­jes de diver­sa natu­ra­le­za median­te con­tra­tiem­pos que gene­ran una ten­sión natu­ral. Esa inter­ac­ción es exce­len­te­men­te refle­ja­da por Hadi ayu­da­do por la valio­sa cola­bo­ra­ción foto­grá­fi­ca de Tudor Vla­di­mir Pan­du­ru que cap­ta la vida de una socie­dad que­bra­da, a tra­vés de las calles, mer­ca­dos, hos­pi­ta­les y mezquitas.

El gran méri­to del rea­li­za­dor es que sin caer en el mise­ra­bi­lis­mo, per­mi­te que su ópe­ra pri­ma esté impreg­na­da de una entra­ña­ble ter­nu­ra. Fil­ma­do ínte­gra­men­te en Irak, el film se ha vis­to favo­re­ci­do por un repar­to inte­gra­do casi por com­ple­to por artis­tas no pro­fe­sio­na­les y en tal sen­ti­do es admi­ra­ble cómo la peque­ña Nayef y el niño Qasem se pose­sio­nan de sus res­pec­ti­vos roles olvi­dan­do que están actuando.

Esen­cial­men­te, esta dra­má­ti­ca fábu­la moral de dos esco­la­res vivien­do bajo un régi­men auto­ri­ta­rio ple­na­men­te con­mue­ve a la vez que per­mi­te des­cu­brir en Hadi a un remar­ca­ble cineasta.

Amour Apo­caly­pse (Cana­dá)

La direc­to­ra y guio­nis­ta Anne Émond abor­da un dra­ma psi­co­ló­gi­co entre­mez­cla­do con come­dia román­ti­ca, expo­nien­do uno de los pro­ble­mas gra­ves que afec­tan a la humanidad.

Amour Apo­caly­pse

Patrick Hivon ani­ma a Adam, un soli­ta­rio indi­vi­duo de 45 años que es due­ño de una perre­ra y vive con su padre Eugè­ne (Gilles Renaud) en un pue­blo de la pro­vin­cia de Que­bec. Su gran preo­cu­pa­ción radi­ca en los brus­cos cam­bios cli­má­ti­cos y las con­se­cuen­cias que ese even­to pue­de aca­rrear en un futu­ro no muy lejano. Es así que su vida trans­cu­rre de mane­ra poco apa­ci­ble don­de en prin­ci­pio el cui­da­do de los perros moti­va su mayor aten­ción; para ello cuen­ta con la asis­ten­cia de su emplea­da Romy (Eli­za­beth Mage­ren), una ado­les­cen­te poco res­pon­sa­ble en su tra­ba­jo que pasi­va­men­te lo mani­pu­la y lo inci­ta a man­te­ner encuen­tros corporales.

Para ate­nuar su pro­ble­ma es aten­di­do por una psi­quia­tra a quien con vehe­men­cia le hace saber su temor de que el mun­do asis­ta a un colap­so apo­ca­líp­ti­co del medio ambien­tal don­de ele­men­tos vita­les como el petró­leo, el agua, el car­bón, así como un buen núme­ro de ali­men­tos bási­cos e inclu­so el aire a cau­sa de la polu­ción tien­dan a ago­tar­se. Sin embar­go la pro­fe­sio­nal poco con­tri­bu­ye para cal­mar su esta­do depre­si­vo ni tam­po­co le sir­ve de ayu­da el empleo de medi­ca­men­tos pertinentes.

Tra­tan­do de con­tra­rres­tar su extre­ma desa­zón, Adam se ha pro­cu­ra­do una lám­pa­ra solar tera­péu­ti­ca; a fin de lograr su buen fun­cio­na­mien­to se comu­ni­ca tele­fó­ni­ca­men­te con el depar­ta­men­to téc­ni­co de la com­pa­ñía que ven­de esos arte­fac­tos sien­do aten­di­do por Tina (Piper Pera­bo), quien radi­ca­da en Sud­bury, Onta­rio, se ocu­pa del cen­tro de lla­ma­das. Adop­tan­do un tono más ani­ma­do, las con­ver­sa­cio­nes entre ambos se van fre­cuen­tan­do has­ta que un acon­te­ci­mien­to cli­má­ti­co don­de Tina tra­ba­ja moti­va a que Adam apro­ve­che la opor­tu­ni­dad de via­jar a Sud­bury para res­ca­tar­la y así cono­cer­la per­so­nal­men­te; como resul­ta pre­vi­si­ble pron­ta­men­te se gene­ra una rela­ción romántica.

La direc­to­ra logra muy bien esbo­zar la psi­co­lo­gía de Adam pro­fun­di­zan­do en los moti­vos que asis­ten a su com­por­ta­mien­to de ansie­dad para­li­zan­te y cómo el amor con la radian­te Tina pue­de cam­biar su vida. Por su par­te el guión igual­men­te refle­ja los pro­ble­mas per­so­na­les de ella que uni­da a Scott (Gord Rand) en un matri­mo­nio poco feliz, su víncu­lo con Adam es posi­ble que le brin­de una vida más luminosa.

Aun­que sin pro­fun­di­zar por com­ple­to en los per­so­na­jes secun­da­rios la pelí­cu­la logra atraer por la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Patrick Hivon y por la sen­si­ble pues­ta escé­ni­ca de Émond. En tal sen­ti­do, la cineas­ta con­si­gue refle­jar la impor­tan­cia que adquie­re la comu­ni­ca­ción huma­na como medio de supe­rar las limi­ta­cio­nes, fobias y trau­mas; asi­mis­mo, el film cons­ti­tu­ye un buen lla­ma­do de aler­ta al dra­ma pro­vo­ca­do por los per­tur­ba­do­res fenó­me­nos meteo­ro­ló­gi­cos que se cons­ta­tan mun­dial­men­te median­te incen­dios no pro­vo­ca­dos, hura­ca­nes, inun­da­cio­nes y otras tra­ge­dias de la caó­ti­ca naturaleza.

.

Fil­mes Eva­lua­dos-TIFF 2025 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

My Father’s Sha­dow (Gran Bre­ta­ña-Nige­ria).

No es fre­cuen­te pre­sen­ciar fil­mes pro­ve­nien­tes de Nige­ria, por lo tan­to resul­ta más que bien­ve­ni­do esta dra­má­ti­ca pelí­cu­la del novel rea­li­za­dor Aki­no­la Davies Jr. en el que median­te un rela­to semi bio­grá­fi­co el aspec­to polí­ti­co se entre­mez­cla con su pro­pia vivencia.

My Father’s Shadow

El guión del cineas­ta escri­to con su her­mano Wale Davis ubi­ca la acción en 1993, en la vís­pe­ra de las pri­me­ra elec­ción demo­crá­ti­ca don­de el pue­blo espe­ran­za­do de Nige­ria, des­pués de varios años de dic­ta­du­ra mili­tar aguar­da el triun­fo del can­di­da­to pre­si­den­cial MKO Abio­la. En ese mar­co ambien­tal Fola­rin (Sope Diri­su) des­pués de cier­to tiem­po de haber esta­do ale­ja­do de su fami­lia regre­sa a la remo­ta aldea don­de viven sus hijos Remi (Chi­bui­ke Mar­ve­llous Egbo) de 11años y Akin (God­win Egbo) tres años menor. Des­pués de dis­cul­par­se ante ellos por su lar­ga ausen­cia Fola­rin deci­de lle­var a los niños a la ciu­dad de Lagos que ellos des­co­no­cen, en tan­to que la madre se encuen­tra tra­ba­jan­do fue­ra del hogar.

Des­pués de una acci­den­ta­da tra­ve­sía en auto­bús, al lle­gar a des­tino el padre los lle­va al lugar don­de tra­ba­ja para tra­tar de reco­brar de su super­vi­sor seis meses de sala­rio impa­go. En otros aspec­tos, duran­te esa jor­na­da tran­si­tan­do por la ciu­dad, los chi­cos lle­gan a cono­cer a los ami­gos de su pro­ge­ni­tor, pos­te­rior­men­te se diri­gen a una pla­ya, a ello le sigue un paseo en un par­que de diver­sio­nes, para con­ti­nuar en luga­res de bue­na comi­da y una visi­ta a un bar don­de Fola­rin reme­mo­ra haber cono­ci­do a la mujer que lle­ga­ría ser su esposa.

El direc­tor efec­túa una impe­ca­ble narra­ción al enfo­car cómo los niños van des­cu­brien­do un mun­do total­men­te des­co­no­ci­do como a su vez va emer­gien­do un sóli­do lazo con el padre que has­ta enton­ces había per­ma­ne­ci­do ausen­te de sus vidas. La ama­ble atmós­fe­ra crea­da a tra­vés del pla­cer com­par­ti­do entre el pro­ge­ni­tor y sus hijos se ve per­tur­ba­da cuan­do la pobla­ción dis­pues­ta a fes­te­jar el resul­ta­do de las elec­cio­nes ve ese sue­ño trun­co dado que el dic­ta­dor mili­tar Ibrahim Baban­gi­da anu­la el sufra­gio rea­li­za­do; la gran des­ilu­sión de los habi­tan­tes gene­ra la erup­ción de vio­len­tos dis­tur­bios; en con­se­cuen­cia Fola­rin no pue­de deter­mi­nar cómo podrá retor­nar sus hijos a la aldea y reen­con­trar a su madre.

Que­da como resul­ta­do una con­mo­ve­do­ra ópe­ra pri­ma de Aki­no­la Davies refle­jan­do el sen­ti­mien­to pater­nal de un hom­bre que ale­ja­do del hogar por razo­nes de tra­ba­jo, a lo lar­go de un inten­so día con­si­gue gran­jear­se el cari­ño de sus hijos, dejan­do la impre­sión de que rea­li­za­rá todo lo que esté a su alcan­ce para que ellos pue­dan acce­der a un futu­ro más pro­mi­so­rio. A la inme­jo­ra­ble actua­ción de Diri­su se une la auten­ti­ci­dad brin­da­da por los dos chi­cos, que son igual­men­te her­ma­nos en la vida real.

To the Vic­tory (Ucra­nia-Lithua­nia)

La impla­ca­ble gue­rra a la que Ucra­nia ha sido cas­ti­ga­da por Rusia des­de febre­ro de 2022 adquie­re una dimen­sión dis­tin­ti­va en este dis­tó­pi­co dra­ma con­ce­bi­do por el rea­li­za­dor, guio­nis­ta y actor Valentyn Vas­ya­novych ima­gi­nan­do qué es lo que ocu­rre con su país des­pués que el con­flic­to concluya.

To the Victory

La pelí­cu­la trans­cu­rre en Ucra­nia en octu­bre de 2026 en don­de en los cré­di­tos ini­cia­les se lee que la pobla­ción ha dis­mi­nui­do con­si­de­ra­ble­men­te y que actual­men­te 12 millo­nes de ucra­nia­nos viven fue­ra del país y no ven nin­gún futu­ro pro­mi­so­rio. En ese con­tex­to se halla Valik (Vas­ya­novych) un direc­tor de cine de 50 años que resi­de en Kiev y está en el pro­ce­so de roda­je de un film con­tan­do con el apo­yo de su pro­duc­tor (Volodymyr Yatsen­ko).

Vivien­do con su hijo Yaros­lav (Hryho­riy Nau­mov) de 18 años, Valik dis­ta de sen­tir­se con­for­ta­ble tenien­do en cuen­ta que su que­ri­da espo­sa Sofia (Marian­na Novi­ko­va) y su joven hija deja­ron Ucra­nia al prin­ci­pio de la gue­rra para ins­ta­lar­se en Vie­na. Sin tener gran comu­ni­ca­ción con su hijo por estar ape­ga­do todo el día en el compu­tador y en tan­to que su anciano padre Tato (Volodymyr Kuz­netsov) requie­re de su cui­da­do, el úni­co solaz lo encuen­tra en el víncu­lo man­te­ni­do con su noble ami­go Vlad (Vla­dien Odudenko).

El pro­pó­si­to de Vas­ya­novych es ilus­trar a tra­vés de su per­so­na­je cómo los cole­ta­zos de la gue­rra han sem­bra­do un cli­ma emo­cio­nal de inse­gu­ri­dad en la pobla­ción que ha sobre­vi­vi­do el con­flic­to; eso con­tras­ta con quie­nes han emi­gra­do y en tal sen­ti­do la nota emo­ti­va del film radi­ca cuan­do des­pués de una visi­ta de Sofia a Kiev, ella le comu­ni­ca a su espo­so que segui­rá vivien­do en Aus­tria, por lo que la vida en común con él ya no será posible.

No obs­tan­te las bue­nas inten­cio­nes del rea­li­za­dor, su narra­ti­va es errá­ti­ca al ir intro­du­cien­do esce­nas pres­cin­di­bles que dis­traen de su tema cen­tral; eso influ­ye para que el rela­to no lle­gue a cobrar el vigor dra­má­ti­co capaz de sus­ci­tar la aguar­da­da emo­ción. De todos modos, es loa­ble el men­sa­je opti­mis­ta de Vas­ya­novych dejan­do entre­ver que quie­nes han opta­do seguir resi­dien­do en Ucra­nia alber­gan la espe­ran­za de que el país habrá de recu­pe­rar­se con­du­cien­do final­men­te hacia la vic­to­ria, tal como lo enun­cia el títu­lo del film.

Nou­ve­lle Vague (Fran­cia)

Habien­do sido aplau­di­da en el Fes­ti­val de Can­nes de este año, el públi­co asis­ten­te al TIFF ha teni­do la opor­tu­ni­dad de apre­ciar esta pelí­cu­la del talen­to­so rea­li­za­dor esta­dou­ni­den­se Richard Lin­kla­ter que cons­ti­tu­ye su pri­me­ra incur­sión rea­li­za­da en idio­ma fran­cés. Des­pués de nota­bles tra­ba­jos regis­tra­dos en su fil­mo­gra­fía, Nou­ve­lle Vague rati­fi­ca su gran ver­sa­ti­li­dad en la, recrea­ción del roda­je de À bout de souf­flé, la revo­lu­cio­na­ria pelí­cu­la de 1960 del míti­co cineas­ta Jean-Luc Godard.

Nou­ve­lle Vague

La pres­ti­gio­sa revis­ta fran­ce­sa Cahiers du Ciné­ma ha sido la cuna don­de han emer­gi­do renom­bra­dos crí­ti­cos de cine que al poco tiem­po irrum­pie­ron en cali­dad de direc­to­res dota­dos de un espí­ri­tu reno­va­dor y que por tal moti­vo fue­ron con­si­de­ra­dos los expo­nen­tes de la Nou­ve­lle Vague (nue­va ola). Es así que apro­pia­da­men­te Lin­kla­ter, antes de con­si­de­rar el foco cen­tral del rela­to, en una sober­bia recrea­ción ambien­tal mues­tra al renom­bra­do direc­tor ita­liano Rober­to Ros­se­lli­ni visi­tan­do las ofi­ci­nas de Cahiers du Ciné­ma don­de rea­li­za una expo­si­ción a los crí­ti­cos allí pre­sen­tes sobre los fun­da­men­tos de la cinematografía.

De inme­dia­to, la acción trans­cu­rre algu­nos años des­pués don­de ya habían hecho sus pri­me­ras armas los rea­li­za­do­res Clau­de Cha­brol, Eric Roh­mer, Jac­ques Rivet­te, entre otros, en tan­to que Fran­co­is Truf­faut se apres­ta­ba a estre­nar en el Fes­ti­val de Can­nes de 1959 su estu­pen­da ópe­ra pri­ma Los 400 Gol­pes. Es así que tra­tan­do de emu­lar a sus cole­gas de la revis­ta y deseo­so de con­cre­tar su pri­mer lar­go­me­tra­je, Jean-Luc Godard (Gui­llau­me Mar­beck) logra con­ven­cer al pro­duc­tor Geor­ges de Beau­re­gard (Bruno Drey­fürst) para su finan­cia­mien­to. El paso siguien­te es el de selec­cio­nar a los pro­ta­go­nis­tas del film y es así que con­tra­ta al joven boxea­dor Jean-Paul Bel­mon­do (Aubry Dui­llin) y la actriz ame­ri­ca­na Jean Seberg (Zoey Deu­tch) para asu­mir los roles pro­ta­gó­ni­cos, tenien­do como cola­bo­ra­dor espe­cial al direc­tor de foto­gra­fía Raoul Coutard (Matthieu Penchinat).

De allí en más se asis­te a las dife­ren­tes vici­si­tu­des que moti­va el pro­ce­so de fil­ma­ción inclu­yen­do lo que acon­te­ce detrás de la esce­na en don­de se gene­ran algu­nos roces y des­en­cuen­tros moti­va­dos por la mane­ra par­ti­cu­lar que adop­ta Godard en el roda­je, aña­dien­do asi­mis­mo algu­nos ras­gos excén­tri­cos de su per­so­na­li­dad. Así el equi­po de fil­ma­ción está suje­to a los capri­chos de Godard en la medi­da que el guión del film depen­de de su ins­pi­ra­ción y cuan­do la mis­ma está ausen­te, el novel direc­tor sus­pen­de momen­tá­nea­men­te el roda­je y man­da a su casa a cada uno de los miem­bros del equi­po; eso pro­du­ce la ira de Beau­re­gard ame­na­zan­do can­ce­lar la fil­ma­ción como asi­mis­mo la gran frus­tra­ción de Seberg que hubie­ra pre­fe­ri­do fil­mar con Cha­brol o Truf­faut. Con todo la san­gre no lle­ga al río y es así que des­pués de 20 días con­clu­ye el roda­je con la con­sa­bi­da ale­gría de todo el equipo.

El guión de Holly Gent y Vin­ce Pal­mo es lo sufi­cien­te­men­te ilus­tra­ti­vo mos­tran­do la habi­li­dad de Coutard en refle­jar el alma de las calles de París como esce­na­rio cen­tral de À bout de souf­flé y eso a su vez se refle­ja en la estu­pen­da foto­gra­fía en blan­co y negro que David Cham­bi­lle logra en Nou­ve­lle Vague cap­tan­do mag­ní­fi­ca­men­te a la capi­tal de Fran­cia de aque­lla época.

Fres­ca, lúci­da, esti­mu­lan­te son algu­nos de los adje­ti­vos que mere­ce lo que Lin­kla­ter sin con­ce­sión algu­na logró con este film que con­tó con un exce­len­te elen­co de artis­tas fran­ce­ses y un cuer­po téc­ni­co de pro­duc­ción de remar­ca­ble nivel. Demos­tran­do al igual que Godard su pasión por el cine, Lin­kla­ter efec­túa un mere­ci­do tri­bu­to a los pio­ne­ros de la Nue­va Ola que revo­lu­cio­na­ron al cine francés.