Por Siem­pre Michel

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

CHER TCHEKHOV – Autor: Michel Trem­blay — Direc­ción: Ser­ge Denon­co­urt – Elen­co: Mikhail Ahoo­ja, Anne-Marie Cadieux, Hen­ri Chas­sé, Mau­de Gué­rin, Patrick Hivon, Hubert Proulx, Gilles Renaud, Isa­be­lle Vin­cent — Esce­no­gra­fía: Gui­llau­me Lord — Ves­tua­rio: Syl­vain Genois – Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Labrec­que – Músi­ca Ori­gi­nal: Lau­rier Rajot­te — Maqui­lla­je: Amé­lie Bru­neau-Long­pré – Acce­so­rios: Julie Meas­roch – Asis­ten­te de Direc­ción: Marie-Chris­ti­ne Mar­tel. Dura­ción: 1h45 (sin entre­ac­to). Repre­sen­ta­cio­nes: has­ta el 28 de mayo de 2022 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde

(Foto: Yves Renaud)

Men­cio­nar a Michel Trem­blay es refe­rir­se a una de las glo­rias de la cul­tu­ra y del tea­tro cana­dien­se cuyos tra­ba­jos han alcan­za­do reper­cu­sión inter­na­cio­nal; por ello no resul­ta extra­ño que sus 28 pie­zas de tea­tro y 32 nove­las, entre su vas­to queha­cer, hayan sido tra­du­ci­das a nume­ro­sos idio­mas. En con­se­cuen­cia, resul­ta más que bien­ve­ni­da la deci­sión de Lorrai­ne Pin­tal, la direc­to­ra artís­ti­ca del TNM, de clau­su­rar la actual tem­po­ra­da con la últi­ma pie­za de Trem­blay en la que rin­de home­na­je al inmor­tal Antón Ché­jov por quien sien­te una pro­fun­da afi­ni­dad con su extra­or­di­na­ria pro­duc­ción teatral.

El títu­lo de la pie­za es total­men­te apro­pia­do por cuan­to se ase­me­ja a una misi­va que Trem­blay le diri­ge ima­gi­na­ti­va­men­te al escri­tor ruso comen­zan­do con “Esti­ma­do Ché­jov”. Basa­da en su nove­la de 2020 Un coeur en ban­dou­liè­re Trem­blay uti­li­za al per­so­na­je de Jean-Marc (Gilles Renaud) como su alter ego. Él es un escri­tor de edad madu­ra que hace algu­nos años había comen­za­do a escri­bir una pie­za tea­tral con la inten­ción de hono­rar a Ché­jov; sin embar­go al haber­se cor­ta­do su ins­pi­ra­ción resol­vió dejar­la incon­clu­sa des­pués de haber escri­to 80 pági­nas y es aho­ra que se sien­te impul­sa­do a con­ti­nuar­la. Ubi­ca­do en su escri­to­rio pasa­rá lec­tu­ra a la mis­ma para ver qué cam­bios podrá efec­tuar a lo ya rea­li­za­do; al hacer­lo Cher Tchekhov adquie­re la moda­li­dad de una pie­za tea­tral den­tro de otra.

(Foto: Yves Renaud)

Jean Marc ha ubi­ca­do la acción en Vau­dreuil en las últi­mas horas del atar­de­cer de un solea­do día oto­ñal. En la casa se reúne una fami­lia de artis­tas dis­pues­ta a cele­brar la fes­ti­vi­dad de Acción de Gra­cias. Entre los inte­gran­tes se halla Benoît (Hen­ri Chas­sé), el her­mano mayor del núcleo fami­liar quien es un renom­bra­do dra­ma­tur­go que atra­vie­sa un perío­do de blo­queo ins­pi­ra­cio­nal, jun­to con su pare­ja Lau­rent (Patrick Hivon), un come­dian­te tele­vi­si­vo; igual­men­te se hallan pre­sen­tes tres her­ma­nos de Benoit inte­gra­dos por Gisè­le (Isa­be­lle Vin­cent), Marie (Mau­de Gué­rin), y Ben­ja­min (Hubert Proulx) quie­nes son artis­tas en roles de apo­yo. La últi­ma en unir­se al gru­po es la her­ma­na Clai­re (Anne-Marie Cadieux), una vedet­te tea­tral de 62 años admi­ra­da por el públi­co, quien está acom­pa­ña­da por Chris­tian (Mikhaïl Ahoo­ja), su recien­te con­quis­ta amo­ro­sa; él es un crí­ti­co tea­tral que publi­có un comen­ta­rio poco elo­gio­so de la últi­ma obra escri­ta por Benoît. Aun­que todo se encuen­tra dis­pues­to para el ága­pe, eso no evi­ta los alter­ca­dos y repro­ches que van sur­gien­do entre los pre­sen­tes, lo que de nin­gún modo impli­ca que Trem­blay, o mejor dicho Jean-Marc no sien­ta afec­to por los artistas.

(Foto: Yves Renaud)

Des­pués de haber releí­do lo que ya había escri­to, ha lle­ga­do el momen­to en que el escri­tor debe apli­car su talen­to para com­ple­tar su tex­to iné­di­to; es allí cuan­do comien­za a corroer­le la duda sobre si lo que está com­po­nien­do podrá inte­re­sar al públi­co que habrá de juzgarlo.

El exce­len­te direc­tor tea­tral Ser­ge Denon­co­urt man­tie­ne una gran com­pli­ci­dad con Trem­blay al haber exi­to­sa­men­te mon­ta­do en esce­na varias de sus pie­zas; en esta opor­tu­ni­dad nue­va­men­te logra impreg­nar­se del pro­pó­si­to que ani­ma al céle­bre autor en don­de que­da refle­ja­do el espí­ri­tu de Ché­jov a tra­vés del per­so­na­je de Clai­re que inter­pre­ta a Iri­na Arká­di­na en La Gavio­ta. Denon­co­urt per­mi­te que el públi­co se invo­lu­cre en la men­te de Jean-Marc trans­mi­tien­do el difí­cil pro­ce­so de ges­ta­ción de una obra. Asi­mis­mo es nota­ble la coor­di­na­ción que logra entre Jean-Marc y sus cria­tu­ras; en cada refle­xión que rea­li­za la acción se detie­ne y sus per­so­na­jes per­ma­ne­cen inmó­vi­les en el esce­na­rio, en tan­to que se des­li­zan unas melan­có­li­cas notas de piano. Para su esme­ra­da pues­ta escé­ni­ca con­tó con el valio­so apo­yo de ocho mag­ní­fi­cos acto­res que inte­gran el elen­co; todos ellos alcan­zan amplio luci­mien­to; no obs­tan­te, por la impor­tan­cia de los roles asig­na­dos Gilles Renaud está insu­pe­ra­ble efec­tuan­do una colo­sal pres­ta­ción de Jean-Marc, así como Anne-Marie Cadieux trans­mi­te la dimen­sión de una artis­ta que a pesar de su popu­la­ri­dad no pue­de ocul­tar su fra­gi­li­dad por temor a que con sus 62 años de edad no esté leja­na la hora en que ten­ga que resig­nar su carre­ra de actriz.

Esta huma­na pie­za ade­más de aden­trar­se en el pro­ce­so de crea­ción men­cio­na­do ante­rior­men­te, per­mi­te refle­xio­nar sobre otros temas pro­pues­tos por Trem­blay. Así en la esce­na de con­fron­ta­ción entre Benoît y Chris­tian que­da plan­tea­do el inte­rro­gan­te de si aca­so el comen­ta­rio crí­ti­co de la pren­sa espe­cia­li­za­da pue­de o no influir en los futu­ros pro­yec­tos de un dra­ma­tur­go. En otra esce­na en que Benoît dis­cu­te a viva voz con Clai­re cri­ti­cán­do­la por adop­tar la onda moder­nis­ta de adap­tar­se a roles más jóve­nes que los de su real edad que­da abier­ta la duda si aca­so el enve­je­ci­mien­to pue­de obrar nega­ti­va­men­te en el buen desem­pe­ño de un artis­ta. Eso mis­mo acon­te­ce con Jean-Marc cuan­do una vez que con­clu­ye su tra­ba­jo pien­sa que en el cre­púscu­lo de su vida ya es hora de abdi­car en seguir escri­bien­do y ceder el lugar a la joven generación.

El excep­cio­nal dra­ma­tur­go que­be­quen­se, pró­xi­mo a cele­brar su octo­gé­si­mo ani­ver­sa­rio, al ren­dir­le tri­bu­to a Ché­jov con esta valio­sa pie­za demues­tra que es más joven que nun­ca y por eso cabe expre­sar como pala­bras fina­les de este comen­ta­rio “Por siem­pre Michel”

Remar­ca­ble Espec­tácu­lo Musical

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

APRIL FOOLS. Auto­ra: Keren Peles. Adap­ta­ción: Aki­va Romer-Segal. Tra­duc­cion del Hebreo al Inglés:: Shelly Ben Sha­char. Direc­ción: Moshe Kep­ten. Direc­ción Músi­cal: Nick Bur­gess. Coreo­gra­fía: Sean Chees­man. Elen­co: Eva Foo­te, Daniel Murphy, Julia Juhas, Domi­ni­que LeBlanc, Heather McGui­gan, Jamie McRo­berts, Ruthie Nkut, Zou Zou Robi­doux, Rosie Callaghan y Andrew Sha­ver. Deco­ra­dos: Brian Dud­kie­wicz. Ves­tua­rio: Loui­se Bou­rret. Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Sirois. Video: Video­Com­pany. Soni­do: Sly Sévigny. Asis­ten­te de Direc­ción: Lisa Rubin. Dura­ción: 1h35 sin entre­ac­to. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 22 de mayo de 2022 en la sala prin­ci­pal del Segal Cen­tre.

Des­pués del últi­mo cie­rre de las salas de espec­tácu­los, el Cen­tro Segal retor­na en gran for­ma ofre­cien­do un remar­ca­ble espec­tácu­lo musi­cal con April Fools. Esta obra fue con­ce­bi­da por la exi­to­sa pia­nis­ta, can­tan­te y com­po­si­to­ra israe­lí Keren Peles quien habién­do­la estre­na­do en Israel en 2018 ha sido acla­ma­da por el púbi­co; más aún, esta cele­bra­da artis­ta que en dos opor­tu­ni­da­des fue con­sa­gra­da como “la can­tan­te israe­lí del año”, es con­si­de­ra­da como una super estre­lla en Israel cuya popu­la­ri­dad es com­pa­ra­ble a la de Celi­ne Dion a nivel muindial.

Elen­co (Foto:Leslie Schachter)

La pie­za asu­me el carác­ter de un espec­tácu­lo musi­cal don­de a tra­vés de sus can­cio­nes va desa­rro­llán­do­se la tra­ma argu­men­tal cen­tra­da en la infi­de­li­dad con­yu­gal. La actriz Eva Foo­te que hace cua­tro años incur­sio­nó en el Cen­tro Segal dejan­do una mag­ní­fi­ca impre­sión en el musi­cal Once aquí retor­na exi­to­sa­men­te para ani­mar a Eva, una can­tan­te y pia­nis­ta de músi­ca pop que actúa dia­ria­men­te en un caba­ret acom­pa­ña­da de una peque­ña ban­da musi­cal. No obs­tan­te que lle­va una vida matri­mo­nial apa­ren­te­men­te per­fec­ta como espo­sa y madre de dos hijos, per­so­nal­men­te no logra sen­tir­se satis­fe­cha; es así que ha logra­do vin­cu­lar­se con Daniel (Daniel Murphy), un fotó­gra­fo ade­más de can­tan­te gui­ta­rris­ta, con quien lle­ga a man­te­ner un apa­sio­na­do affai­re. Aun­que ella está pro­fun­da­men­te ena­mo­ra­da de él, para su aman­te ‑quien está pró­xi­mo a con­traer matri­mo­nio con una joven que habi­ta en Nue­va Zelan­dia- es solo el pla­cer sexual lo que le une a Eva; así, entre la comu­ni­ca­ción man­te­ni­da a tra­vés de sus apa­ra­tos móvi­les y los encuen­tros físi­cos pro­si­gue el desa­rro­llo de la tra­ma. Den­tro de este con­tex­to, Eva no pue­de elu­dir de su men­te su infi­de­li­dad con­yu­gal y es así que en la mis­ma acu­den varias voces inter­na­li­za­das a tra­vés del accio­nar de 6 muje­res adop­tan­do los roles de la con­fi­den­cia (Julia Juhas), la duda (Domi­ni­que LeBlanc), la mora­li­dad (Heather McGui­gan), la libi­do (Jamie McRo­berts, la poe­ta (Ruthie Nkut).y la músi­ca (Zou Zou Robidoux).

Como ele­men­to dis­tin­ti­vo del rela­to, el espec­tácu­lo per­mi­te que la audien­cia se con­vier­ta en par­te acti­va del mis­mo emplean­do sus celu­la­res para seguir las alter­na­ti­vas de los tex­tos que inter­cam­bian los amantes.

No es muy fre­cuen­te apre­ciar una auda­cia como la que se exhi­be en este eró­ti­co y sen­sual musi­cal, pero lo enco­mia­ble es la for­ma de su tra­ta­mien­to. En tal sen­ti­do cabe elo­giar la pro­pues­ta escé­ni­ca del direc­tor Moshe Kep­ten quien es el direc­tor artís­ti­co del Tea­tro Nacio­nal Habi­ma de Israel y ade­más ha sido aplau­di­do por su tra­ba­jo en obras musi­ca­les inclu­yen­do la pre­sen­te. En esta opor­tu­ni­dad ver­tió su amplio cono­ci­mien­to tea­tral para lograr que el ero­tis­mo ema­na­do de la pie­za inclu­yen­do las esce­nas de inti­mi­dad sexual con simu­la­cro de orgas­mo, hayan sido mon­ta­das con máxi­ma pul­cri­tud para que de nin­gún modo lle­ga­ra a inco­mo­dar a la audien­cia; a ello se agre­ga la habi­li­dad de haber logra­do la flui­dez en el des­pla­za­mien­to con­ti­nuo de los artis­tas en el mar­co de un redu­ci­do esce­na­rio. Asi­mis­mo no menos impor­tan­te es que Kep­ten haya con­ta­do con la cola­bo­ra­ción de Lisa Rubin como asis­ten­te de direc­ción, quien es la diná­mi­ca direc­to­ra eje­cu­ti­va y artís­ti­ca del Cen­tro Segal.

Daniel Murphy, Eva Foo­te y elen­co (Foto:Leslie Schachter)

Otro fac­tor rele­van­te de esta pro­duc­ción es la exce­len­te coreo­gra­fía alcan­za­da por Sean Chees­man. Con la acer­ta­da pre­ci­sión de un fino reloj de orfe­bre­ría, el coreó­gra­fo logra un ensam­ble per­fec­to de las can­cio­nes y dan­zas rea­li­za­das por el elenco.

Y a pro­pó­si­to del elen­co si bien en pri­me­ra ins­tan­cia el foco de la his­to­ria se cen­tra­li­za en Foo­te y Murphy trans­mi­tien­do el ardor de la pasión sexual, no menos impor­tan­te es la actua­ción de las seis artis­tas que a la mane­ra de un coro grie­go inter­pre­tan las voces inter­nas de Eva y que ade­más se lucen como ins­tru­men­tis­tas de la peque­ña ban­da de músi­ca bajo la direc­ción musi­cal de Nick Bur­gess; la ener­gía y entu­sias­mo des­ple­ga­dos duran­te todo el espec­tácu­lo lle­ga a con­ta­giar viva­men­te al espectador.

Pala­bras fina­les ame­ri­tan el efi­cien­te dise­ño de ilu­mi­na­ción de Mar­tin Sirois y en espe­cial el dise­ño de video que para quie­nes no dis­po­nen de celu­la­res pue­den seguir los diá­lo­gos tex­tea­dos, ade­más de las comu­ni­ca­cio­nes que man­tie­ne Eva con su hiji­to Josh (voz de Andrew Shaver).

En con­clu­sión: el públi­co de Mon­treal tie­ne la opor­tu­ni­dad de apre­ciar un espec­tácu­lo de nota­ble jerar­quía a tra­vés de un eró­ti­co dra­ma román­ti­co ata­via­do de una atrac­ti­va par­ti­tu­ra con 8 acto­res de pri­mer nivel, una impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca y una extra­or­di­na­ria coreografía.

Una Ins­pi­ra­do­ra Enemiga

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

UN ENNE­MI DU PEU­PLE.  Autor: Hen­rik Ibsen – Tra­duc­ción y Adap­ta­ción: Sarah Berthiau­me —  Direc­ción: Édith Pate­nau­de – Elen­co: Emma­nuel Bédard, Ste­ve Gag­non, Eve Landry, Éric Leblanc, Marian­ne Mar­ceau, Kevin McCoy, Noé­mie O’Fa­rrell, Jean-Sébas­tien Oue­llet­te y Domi­ni­que Pétin – Esce­no­gra­fía: Odi­le Gama­che — Ves­tua­rio: Cynthia St-Gelais – Ilu­mi­na­ción: Jean-Fra­nçois Lab­bé – Músi­ca Ori­gi­nal: Josué Beau­ca­ge — Asis­ten­te de Direc­ción: Caro­li­ne Bou­cher-Bou­dreault — Copro­duc­ción: Théâ­tre du Nou­veau Mon­de y Théâ­tre Du Tri­dent. Dura­ción: 2 horas con un inter­va­lo de 20 minu­tos. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 9 de abril de 2022 en el Théâ­tre du Nou­veau Mon­de (www.tnm.qc.ca)

Esta exce­len­te obra de Ibsen que ha sido repre­sen­ta­da mun­dial­men­te cobra nue­va vida en la adap­ta­ción rea­li­za­da por Sarah Berthiau­me con la pues­ta en esce­na de Édith Pate­nau­de. No cabe duda que la rique­za de un clá­si­co como lo es Un Enemi­go del Pue­blo resi­de en que pue­de adap­tar­se a tra­vés de dife­ren­tes enfo­ques y de acuer­do a las cir­cuns­tan­cias rei­nan­tes, con todo, la ver­sión ofre­ci­da por el TNM abre paso a la dis­cu­sión por diver­sas razones.

Comen­zan­do por un aspec­to for­mal que de nin­gún modo afec­ta a la esen­cia de la obra, la direc­to­ra deci­dió femi­ni­zar el per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co. Eso se debe a que Pate­nau­de con­si­de­ra que gene­ral­men­te las pie­zas son escri­tas por hom­bres otor­gan­do al géne­ro mas­cu­lino mayor rele­van­cia. Sin embar­go, eso no es el caso de Ibsen quien pre­ci­sa­men­te resal­tó a la mujer en varias de sus crea­cio­nes como La Dama del Mar (1888), Hed­da Gabler (1890) y sobre todo a la emble­má­ti­ca Nora de Casa de Muñe­cas (1879).

Ste­ve Gag­non y Eve Landry. (Foto: Yves Renaud)

Para quie­nes aún no estén fami­lia­ri­za­dos con el argu­men­to de la obra, he aquí una bre­ve rese­ña. Katri­ne Stock­man es una ínte­gra doc­to­ra tra­ba­jan­do en un esta­ble­ci­mien­to ter­mal de Norue­ga que vita­li­za la eco­no­mía local. Cuan­do ella sos­pe­cha que las aguas ter­ma­les están con­ta­mi­na­das, sus temo­res se con­fir­man des­pués de haber efec­tua­do los aná­li­sis quí­mi­cos per­ti­nen­tes; eso la indu­ce a pre­pa­rar un infor­me alert­tan­do que el empleo del agua es noci­vo para la salud de la pobla­ción; eso pro­vo­ca la con­tun­den­te reac­ción nega­ti­va de su her­mano Peter quien como alcal­de del muni­ci­pio, tra­ta de disua­dir a Katri­ne de su pro­pó­si­to. No tar­da­rá mucho en pro­du­cir­se una reac­ción en cade­na en don­de la doc­to­ra final­men­te será con­si­de­ra­da “una enemi­ga del pueblo”.

Jean-Sébas­tien Oue­llet­te y Eve Landry. (Foto: Yves Renaud)

Aun­que escri­ta en 1882, la pie­za de Ibsen adquie­re com­ple­ta vigen­cia. Así que­da cla­ro como el mag­ne­tis­mo del dine­ro es más impor­tan­te que la vida huma­na; ter­gi­ver­san­do la ver­dad de lo que acon­te­ce por par­te de la cla­se diri­gen­te, poco impor­ta mani­pu­lar la opi­nión públi­ca bas­tar­dean­do de este modo el legí­ti­mo obje­ti­vo de la democra­cia. Al pro­pio tiem­po, tal como lo expre­sa­ra Bal­zac en su magis­tral libro Illu­sions Per­dues, el autor norue­go ilus­tra cómo la pren­sa libre se des­na­tu­ra­li­za al tener que ave­nir­se a pac­tar con la auto­ri­dad local.

La obra pre­sen­cia­da no se apar­ta de su esen­cia fun­da­men­tal pero en opi­nión de quien escri­be estas líneas es su imple­men­ta­ción la que la vuel­ve des­con­cer­tan­te. Así el dra­ma rea­lis­ta de Ibsen se con­vier­te por momen­tos en un fran­co vode­vil y a medi­da que pro­gre­sa cede lugar a una dudo­sa sáti­ra que impi­de com­pe­ne­trar­se con la pro­fun­da frus­tra­ción y amar­gu­ra que su pro­ta­go­nis­ta atra­vie­sa. Por ejem­plo, las alo­cu­cio­nes entre Katri­ne y el alcal­de adquie­ren el carác­ter de un fre­né­ti­co gri­te­río cuyo diá­lo­go a veces se vuel­ve difi­cul­to­so de seguir. Igual­men­te inau­di­ta resul­ta la esce­na de la asam­blea públi­ca que ini­cián­do­se con la mar­cha de La Mar­se­lle­sa (?) adquie­re el carác­ter de un espec­tácu­lo típi­ca­men­te cir­cen­se. A todo ello igual­men­te cues­tio­na­ble es que mien­tras algu­nos acto­res están en el esce­na­rio repre­sen­tan­do sus roles, hay otros que aguar­dan el momen­to de entrar ubi­cán­do­se detrás de la esce­na a la vis­ta del espectador.

¿Qué decir de la inter­pre­ta­ción? Den­tro de las limi­ta­cio­nes impues­tas por las obser­va­cio­nes rea­li­za­das a la dis­cu­ti­ble pues­ta escé­ni­ca, el elen­co inte­gra­do por con­sa­gra­dos artis­tas de Que­bec hacen lo posi­ble por defen­der sus res­pec­ti­vos roles. Como pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria, Eve Landry trans­mi­te satis­fac­to­ria­men­te las aris­tas de la valien­te mujer resuel­ta a denun­ciar la con­ta­mi­na­ción de las aguas ter­ma­les; Ste­ve Gag­non se luce como el idea­lis­ta perio­dis­ta que ilu­sio­na­do de impri­mir el infor­me de Katri­na, a la pos­tre se corrom­pe; Jean-Sébas­tien Oue­llet­te expre­sa con­vin­cen­te­men­te las mali­cio­sas manio­bras del alcal­de, en tan­to que en un bre­ve papel de apo­yo Domi­ni­que Pétin se desem­pe­ña airo­sa­men­te como la pre­si­den­ta de la Cáma­ra de Comercio.

Dicho lo que ante­ce­de es la audien­cia la que en últi­ma ins­tan­cia juz­ga­rá los méri­tos de esta ver­sión del dra­ma ibse­niano, que a mane­ra de inno­va­ción recu­rre a dudo­sos gol­pes de efec­to teatral.

La Cima de la Montaña

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

AU SOM­MET DE LA MON­TAG­NE – Autor: Katory Hall – Tra­duc­ción: Edith Kabu­yat — Direc­ción: Cathe­ri­ne Vidal – Elen­co: Sha­ron James, Didier Lucien — Esce­no­gra­fía: Gene­viè­ve Lizot­te — Ves­tua­rio: Ange Blé­dia – Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Labrec­que – Músi­ca: Fran­cis Ros­sig­nol — . Video; Gas­pard Phi­liip­pe, Tho­mas Payet­te / mina­ri – Acce­so­rios; Carol-Anne Bour­gon Sicard —  Maqui­lla­je y Pei­na­do: Jus­ti­ne Denon­co­urt-Bélan­ger Dura­ción: 1h 40m, sin entre­ac­to. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 26 de mar­zo de 2022 en el Théâ­tre Ducep­pe (www.duceppe.com)

Esta obra cuyo títu­lo ori­gi­nal inglés es The Moun­tain­top per­te­ne­ce a la escri­to­ra afro­ame­ri­ca­na Katory Hall que la con­ci­bió en 2007 y fue estre­na­da en 2009 en el West End de Lon­dres don­de fue con­sa­gra­da con el Pre­mio Oli­vier. Sin entrar a con­si­de­rar los méri­tos de la auto­ra que en 2021 obtu­vo el pres­ti­gio­so Pre­mio Pullitzer, lo cier­to es que la pie­za no alcan­za a satis­fa­cer las expec­ta­ti­vas aguardadas.

La obra se desa­rro­lla en la habi­ta­ción 306 del motel Lorrai­ne de la ciu­dad de Memphis don­de el Dr. Mar­tin Luther King (Didier Lucien), el inmor­tal ada­lid defen­sor de los dere­chos cívi­cos, ha deci­di­do per­noc­tar el 3 de abril de 1968, un día antes de su ase­si­na­to. En esa noche tor­men­to­sa King entra a su cuar­to un tan­to fati­ga­do des­pués de haber pro­nun­cia­do horas antes su legen­da­rio dis­cur­so “I’ve Been to the Moun­tain­top” (He esta­do en la Cima de la Mon­ta­ña).en una igle­sia local fren­te a un audi­to­rio de 300 per­so­nas. Antes de comen­zar a pre­pa­rar su pró­xi­ma alo­cu­ción soli­ci­ta a la recep­ción el ser­vi­cio a su habi­ta­ción de una taza de café. Pron­ta­men­te arri­ba la cama­re­ra Camae (Sha­ron James), una nue­va emplea­da del motel en su pri­mer día de tra­ba­jo; des­pués de un inter­cam­bio infor­mal, con dife­ren­tes excu­sas él la retie­ne en la pie­za y gra­dual­men­te se pro­du­ce una ama­ble con­ver­sa­ción sobre algu­nos aspec­tos socia­les. Si bien Camae apre­cia la labor rea­li­za­da por King, cues­tio­na su méto­do de la “no vio­len­cia” dado que ha lle­ga­do el momen­to de actuar más enér­gi­ca­men­te. Más allá de ese deba­te, la obra que comen­zó con un tono rea­lis­ta, gra­dual­men­te se trans­for­ma en una suer­te de come­dia fan­ta­sio­sa en la que sur­ge entre ambos un flir­teo casi al bor­de de una rela­ción román­ti­ca. El espec­ta­dor es quien habrá de con­si­de­rar has­ta dón­de fun­cio­na ver a estos dos per­so­na­jes jugan­do a tirar­se las almoha­das o bien con­tem­plar la enor­me car­ca­ja­da de Camae al obser­var que uno de los cal­ce­ti­nes de King está agujereado.

En su segun­da mitad, el rela­to adop­ta un rum­bo total­men­te inusi­ta­do al demos­trar que la cama­re­ra lle­gó a la habi­ta­ción del hués­ped con una agen­da pre­es­ta­ble­ci­da. Por razo­nes de dis­cre­ción resul­ta­ría impro­pio deve­lar lo que suce­de, sal­vo anti­ci­par que la dra­ma­tur­ga tra­ta de refle­jar la vul­ne­ra­bi­li­dad del his­tó­ri­co per­so­na­je enfren­tan­do su mortalidad.

Más allá de las bue­nas inten­cio­nes de Hall, la obra no alcan­za a cap­tar debi­da­men­te la dimen­sión huma­na del céle­bre acti­vis­ta. Sola­men­te en los últi­mos diez minu­tos la pie­za cobra enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca con un monó­lo­go de King diri­gi­do a la audien­cia en el que deja saber que sus sue­ños de lograr una cau­sa jus­ta e igua­li­ta­ria para todos y sin nin­gún tipo de dis­cri­mi­na­ción aún no han sido cumplidos.

Lucien y James sóli­da­men­te carac­te­ri­zan a sus per­so­na­jes cum­plien­do con lo que el tex­to les deman­da, con la úni­ca sal­ve­dad de la sobre­ac­tua­ción en algu­nas esce­nas de ten­sión que debe­rían haber sido mode­ra­das por par­te de la direc­to­ra Cathe­ri­ne Vidal.

Den­tro del mar­co de una pues­ta escé­ni­ca correc­ta, se dis­tin­gue la meri­to­ria esce­no­gra­fía de Gene­viè­ve Lizot­te y la des­lum­bran­te ilu­mi­na­ción de Mar­tin Labrec­que en el momen­to cul­mi­nan­te de Au som­met de la mon­tag­ne.

La Reale­za Conspira

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

LES REINES. Autor: Nor­mand Chau­ret­te — Direc­ción: Denis Mar­leau – Cola­bo­ra­ción Artís­ti­ca: Stépha­nie Jas­min —  Elen­co: Céli­ne Bon­nier, Sophie Cadieux, Kath­leen For­tin, Marie-Pier Labrec­que, Loui­se Mar­leau y Moni­que Spa­zia­ni — Esce­no­gra­fía: Michel Gou­let — Ves­tua­rio: Ginet­te Noi­seux — Ilu­mi­na­ción: Marc Parent – Video Stépha­nie Jas­min — Músi­ca Ori­gi­nal: Ale­xan­der Macs­ween — Acce­so­rios: Kari­ne Cus­son — Maqui­lla­jes y Pei­na­dos: Ange­lo Bar­set­ti — Asis­ten­te de Direc­ción: Carol-Anne Bour­gon Sicard — Dura­ción: 90 minu­tos (sin entre­ac­to). Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 11 de diciem­bre de 2021 en el Théâ­tre du Nou­veau Mon­de

La pie­za del dra­ma­tur­go Nor­mand Chau­ret­te que data de 1991 y ha sido repre­sen­ta­da una quin­ce­na de veces no sólo en Cana­dá sino a nivel inter­na­cio­nal, inclu­yen­do la céle­bre com­pa­ñía Royal Sha­kes­pea­re y la pro­du­ci­da por la renom­bra­da Comé­die-Fra­nçai­se, resul­ta más que bien­ve­ni­da con la pre­sen­te repo­si­ción del TNM tenien­do en cuen­ta su remar­ca­ble nivel de calidad.

Céli­ne Bon­nier (Foto: Yves Renaud)

Como es bien sabi­do, Chau­ret­te, un fer­vien­te admi­ra­dor de Sha­kes­pea­re, tra­du­jo al fran­cés 11 de sus obras; al sen­tir­se espe­cial­men­te ins­pi­ra­do por Richard III, deci­dió dar vida a los per­so­na­jes feme­ni­nos deri­va­dos de ese tex­to. Si bien la pro­po­si­ción his­tó­ri­ca que efec­túa el dra­máur­go cana­dien­se sobre la reale­za de Ingla­te­rra hacia fina­les del siglo 15 no es nece­sa­ria­men­te la mis­ma que la del Bar­do de Avon, el resul­ta­do de Les Reines es a todas luces fascinante.

La acción tie­ne lugar en Lon­dres, el 14 de enero de 1483, cuan­do Eduard IV, el monar­ca que fue una figu­ra cen­tral en La Gue­rra de las Dos Rosas, está ago­ni­zan­do en su lecho de enfer­mo y muy pró­xi­mo de su muer­te. Len­ta­men­te cada una de las rei­nas sur­ge en el esce­na­rio don­de a tra­vés de sus monó­lo­gos y diá­lo­gos mor­da­ces van des­nu­dan­do la ambi­ción común que les envuel­ve. Eli­za­beth (Kath­leen For­tin), la frá­gil rei­na con­sor­te, sien­te que con la muer­te del sobe­rano per­de­rá todo los pri­vi­le­gios goza­dos y sobre todo su preo­cu­pa­ción esen­cial es la pro­tec­ción de sus hiji­tos. En tan­to Isa­be­lle War­wick (Céli­ne Bon­nier) aguar­da que su mari­do Geor­ge, her­mano del rey, asu­ma el trono lue­go de su dece­so. A todo ello, su her­ma­na menor Anne War­wick (Sophie Cadieux) es la ambi­cio­sa mani­pu­la­do­ra que tra­ta­rá de con­quis­tar el poder con­tra­yen­do enla­ce con el malé­fi­co Richard, el her­mano menor del rey. Pos­te­rior­men­te apa­re­ce la ancia­na Mar­gue­ri­te d’An­jou (Moni­que Spa­zia­ni), viu­da del pre­ce­den­te rey Hen­ri VI quien cons­cien­te de su des­tino deja de lado su orgu­llo deci­dien­do tras­la­dar­se a Chi­na. Al pro­me­diar el rela­to se sale al encuen­tro de la Duque­sa de York (Loui­se Mar­leau), que es madre del rey, Geor­ge y Richard como tam­bién de Anne Dex­ter (Marie Pier Labrec­que); la mons­truo­sa mujer no guar­da repa­ro alguno en rene­gar y ampu­tar las manos de Anne por el amor inces­tuo­so que ella man­tu­vo con Geor­ge; la vio­len­ta con­fron­ta­ción entre madre e hija gene­ra una de las esce­nas más tras­cen­den­tes y fuer­tes del relato.

El direc­tor Denis Mar­leau, quien duran­te 25 años ha teni­do opor­tu­ni­dad de tra­ba­jar con Chau­ret­te inclu­yen­do la pues­ta escé­ni­ca de esta pie­za en 2005, refle­ja su gran com­pli­ci­dad con el autor obte­nien­do con esta nue­va pre­sen­ta­ción un sóli­do éxi­to al haber con­vo­ca­do a un elen­co inte­gra­do por seis estu­pen­das actri­ces de Que­bec; ellas trans­mi­ten con ple­na con­vic­ción las alian­zas, leal­ta­des, trai­cio­nes y com­ba­tes ver­ba­les gene­ra­dos por la codi­cia del poder que nutre a sus personajes.

El elen­co (Foto: Yves Renaud)

Com­ple­men­tan­do los valo­res de la obra, Mar­leau ha con­ta­do con la con­tri­bu­ción del pres­ti­gio­so esce­nó­gra­fo Michel Gou­let quien ha crea­do un inge­nio­so deco­ra­do median­te un muro ver­ti­cal pro­vis­to de esca­le­ras en las que se des­pla­zan sus per­so­na­jes. Por su par­te Stépha­nie Jas­min, cola­bo­ra­do­ra artís­ti­ca de la obra, es tam­bién res­pon­sa­ble de la con­cep­ción del video que lúci­da­men­te va refle­jan­do la tor­men­ta de nie­ve pro­du­ci­da duran­te la jor­na­da inver­nal en que trans­cu­rre la acción.

En esen­cia, el TNM siem­pre aten­to en real­zar con su pre­sen­cia el nivel cul­tu­ral de Mon­treal, ofre­ce con la repo­si­ción de esta bri­llan­te pie­za la opor­tu­ni­dad para que el públi­co dis­fru­te de una gra­ti­fi­can­te vela­da teatral.