Valio­so Espec­tácu­lo Musical

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

THE TIMES THEY ARE A CHAN­GIN.  A Con­cert Cele­bra­tion – Intér­pre­tes: Loui­se Pitre y W. Joseph Mathe­son —  Direc­ción: Avery Sal­tz­man –- Inte­gran­tes del Con­jun­to Musi­cal: Nick Bur­guess, Simon Legault, Jason Field, Evan Ste­wart y Peter Colan­to­nio –  Orques­ta­dor y Super­vi­sor Musi­cal: Mark Cami­lle­ri — Direc­tor Musi­cal en Mon­treal: Nick Bur­guess — Esce­no­gra­fía: Sabri­na Miller — Ves­tua­rio: Loui­se Bou­rret – Ilu­mi­na­ción: Emily Sous­sa­na – Dise­ño de Pro­yec­ción: Dan Bow­man — Dura­ción: 1h30 sin entre­ac­to- Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 22 de Mar­zo de 2020 en la sala prin­ci­pal del Segal Cen­tre (www.segalcentre.org)

En una afor­tu­na­da cola­bo­ra­ción del Segal Cen­tre con la Com­pa­ñía Harold Green Jewish Thea­tre de Toron­to diri­gi­da por Avery Sal­tz­man y David Eis­ner, Mon­treal asis­te a un espec­tácu­lo ori­gi­nal e inge­nio­so que lle­va como títu­lo una de las can­cio­nes que com­pu­so en 1964 el gran com­po­si­tor fol­kló­ri­co Bob Dylan.

Loui­se Pitre (Foto: Andrée Lanthier)

La pie­za-con­cier­to está con­for­ma­da por un esti­mu­lan­te ciclo de can­cio­nes y fue crea­da en 2017 por Loui­se Pitre y W. Joseph Mathe­son para la Com­pa­ñía de Toron­to don­de en esa ciu­dad obtu­vo un rotun­do suce­so. Tan­to Mathe­son como su espo­sa Loui­se deci­die­ron refle­jar la crea­ti­vi­dad de com­po­si­to­res judíos que en la déca­da del 60 logra­ron infun­dir genui­na emo­ción con sus can­cio­nes. Den­tro del vas­to reper­to­rio que exis­tió en ese enton­ces des­pués de un arduo tra­ba­jo han logra­do selec­cio­nar 24 can­cio­nes com­pues­tas por Dylan, Leo­nard Cohen, Woody Guth­rie, Caro­le King, Randy New­man, Janis Ian, el dúo de Paul Simon y Art Gar­fun­kel, Phil Ochs y Lau­ra Nyro, entre otros.

¿Por qué ubi­car el con­tex­to de las can­ciio­nes en los años 60? Por­que ha sido una épo­ca que de algún modo revo­lu­cio­nó las cos­tum­bres impe­ran­tes en la cul­tu­ra ame­ri­ca­na has­ta ese enton­ces. Ése ha sido un perío­do en que el idea­lis­mo fer­vien­te de los jóve­nes pron­ta­men­te deven­dría en una pro­fun­da des­ilu­sión que engen­dró en los artis­tas la nece­si­dad de vol­car su frus­tra­ción y rabia con­te­ni­da en la letra de sus canciones.

Joseph Mathe­son (Foto: Andrée Lanthier)

El espec­ta­dor no asis­te a un tra­di­cio­nal espec­tácu­lo del géne­ro, sino que en este caso las melo­días no están diso­cia­das de la rique­za con­te­ni­da en sus letras. De este modo, estos jóve­nes poe­tas con­ci­bie­ron ver­da­de­ros him­nos de rebe­lión fren­te a los dra­má­ti­cos acon­te­ci­mien­tos que tuvie­ron lugar en esos años. Gra­cias a los clips e imá­ge­nes pro­yec­ta­dos al com­pás de las can­cio­nes se van refle­jan­do en pan­ta­lla en rápi­dos bro­cha­zos los ase­si­na­tos de John Ken­nedy, de su her­mano Robert y el de Mar­tin Luther King, la trá­gi­ca gue­rra de Viet­nam, como así tam­bién aspec­tos vin­cu­la­dos con los comien­zos de la libe­ra­ción de la mujer para encon­trar un lugar en el mun­do sin depen­den­cia alguna.

Si The Times They Are A Chan­gin’ alcan­za un ópti­mo nivel de cali­dad eso es debi­do a la acer­ta­da direc­ción de Avery Sal­tz­man y fun­da­men­tal­men­te a la actua­ción de sus dos voca­lis­tas crea­do­res. Loui­se Pitre es una figu­ra bien cono­ci­da en Mon­treal don­de el públi­co tuvo la opor­tu­ni­dad de juz­gar­la en la inol­vi­da­ble carac­te­ri­za­ción rea­li­za­da de Edith Piaf en The Angel and the Spa­rrow en la tem­po­ra­da ante­rior del Segal Cen­tre; ella infun­de colo­ri­do, sen­ti­mien­to y enor­me pasión en sus can­cio­nes modu­lan­do su voz en fun­ción de la letra escri­ta. W. Joseph Mathe­son brin­da su encum­bra­da voz varo­nil al ser­vi­cio de las melo­días que ento­na así como su expre­si­va ges­tua­li­dad. Más allá del víncu­lo con­yu­gal de estos dos estu­pen­dos intér­pre­tes, exis­te una remar­ca­ble com­pli­ci­dad entre ambos al brin­dar una ele­gan­te sin­cro­ni­za­ción en los temas que les toca can­tar a dúo. La ban­da musi­cal lide­ra­da por el pia­nis­ta Nick Bur­gess acom­pa­ña a la dis­tin­gui­da pare­ja per­mi­tien­do que la audien­cia se con­ta­gie de las melo­días y resul­te gra­ti­fi­ca­da en los 90 minu­tos de espec­tácu­lo que, debi­do a la rela­ti­vi­dad del tiem­po, trans­cu­rren mucho más rápi­do que lo deseado.

W. Joseph Mathe­son y Loui­se Pitre. (Foto: Andrée Lanthier)

Este con­cier­to des­ti­lan­do un sabor nos­tál­gi­co para quie­nes han vivi­do esos años va mucho más allá. Cuan­do a tra­vés de las can­cio­nes de pro­tes­ta se des­ta­can algu­nos tópi­cos mal­sa­nos vin­cu­la­dos con la polí­ti­ca, la ambi­ción por el poder, las gue­rras con el sal­do de víc­ti­mas ino­cen­tes ade­más de los gra­ves pro­ble­mas de des­pla­za­mien­tos pro­du­ci­dos en los sobre­vi­vien­tes, uno com­prue­ba que lamen­ta­ble­men­te nada ha cam­bia­do hoy día. Con todo, el espec­tácu­lo deja abier­ta la puer­ta al opti­mis­mo con algu­nos de sus núme­ros, en espe­cial el reso­nan­te Tze­na, Tze­na, Tze­na de Issa­char Miron así como el vibran­te final con Fore­ver Young de Bob Dylan.

Para con­cluir esta nota cabe des­ta­car una vez más a Lisa Rubin, la exce­len­te direc­to­ra eje­cu­ti­va del Segal Cen­tre, quien en su pro­gra­ma­ción anual ofre­ce pro­duc­cio­nes que sus­ci­tan el entu­sias­mo del públi­co, como lo es esta esplen­do­ro­sa “cele­bra­ción de concierto” .

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Lejos del Mun­da­nal Ruido

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

SMALL MOUTH SOUNDS. Libro: Bess Wohl. Músi­ca y Orques­ta­ción: Oran Eldor.  Direc­ción: Caitlin Murphy. Elen­co: Andreas Aper­gis, Mar­ce­lo Arro­yo, Ali­son Darcy, Matthew Gag­non, Gabe Grey, Zara Jes­tadt, Waro­na Setsh­wae­lo. Esce­no­gra­fía: Bruno-Pie­rre Hou­le. Dise­ño del Ves­tua­rio: Sophie El Assaad. Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Sirois: Músi­ca y Soni­do: Rob Den­ton. Dura­ción: 1 hora y 20 minu­tos sin entre­ac­to. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 1 de mar­zo de 2020 de noviem­bre de 2019 en la sala The Stu­dio del Segal Cen­tre (www.segalcentre.org)

Nadie podrá dis­cu­tir la ori­gi­na­li­dad de esta pie­za escri­ta por Bess Holl pero en todo caso eso no impli­ca que nece­sa­ria­men­te gra­vi­te en el áni­mo del espec­ta­dor. Una obra no habla­da en don­de el silen­cio es fun­da­men­tal resul­ta proimi­so­ria, pero lo más impor­tan­te es saber si logra su objetivo.

Todo pare­ce indi­car que la auto­ra se ins­pi­ró en el pro­ble­ma de comu­ni­ca­ción exis­ten­te en la era actual, en don­de los dife­ren­tes acon­te­ci­mien­tos que se vie­nen regis­tran­do en el mun­do, acom­pa­ña­do de los cam­bios obli­ga­dos a que nos some­te la tec­no­lo­gía moder­na, cau­san un pro­fun­do estrés. De allí que se pro­po­ne ilus­trar qué es lo que posi­ti­va­men­te pue­de brin­dar un reti­ro espi­ri­tual capaz de ali­viar las ten­sio­nes a fin de eli­mi­nar las angus­tias que inte­rior­men­te nos aquejan.

Setsh­wae­lo, Grey, Darcy, Gag­non y Arpe­gis. Foto: Les­lie Schachter

Es así que Wohl intro­du­ce a 6 per­so­nas que por dife­ren­tes razo­nes han deci­di­do optar por un cen­tro de reti­ro duran­te cin­co días en un lugar apar­ta­do del mun­da­nal rui­do que se ase­me­ja a un bos­que. A tra­vés de un líder gurú (Mar­ce­lo Arro­yo), al que sólo se le oye su voz, al comien­zo del pri­mer día de esta­día, se diri­ge al gru­po bri­dán­do­le ins­truc­cio­nes pre­ci­sas de cómo com­por­tar­se, en don­de lo esen­cial es efec­tuar un voto de silen­cio y des­pren­der­se de cual­quier apa­ra­to elec­tró­ni­co, inclu­yen­do celu­la­res y compu­tado­ras. De este modo, este sin­gu­lar pro­fe­sor ins­ta a los pre­sen­tes a libe­rar­se de sus demo­nios inte­rio­res median­te la meditación.

Dicho lo que ante­ce­de, la pre­mi­sa ini­cial de apre­ciar una come­dia dra­má­ti­ca se trans­for­ma en una sáti­ra bor­dean­do la cari­ca­tu­ra. Es así que se sale al encuen­tro de Jan (Andreas Aper­gis), quien pade­ce la pica­du­ra de los insec­tos dado que se lo ve ras­can­do su cuer­po casi en for­ma per­ma­nen­te; a tra­vés de una foto se apre­cia que sufre el dolor de haber per­di­do a su espo­sa. Igual­men­te se encuen­tran Joan (Ali­son Darcy) y Judy (Waro­na Setsh­wae­lo) quie­nes son las úni­cas que se cono­cen antes de este reti­ro y que man­tie­nen entre ellas un víncu­lo amo­ro­so; en una bre­ve con­ver­sa­ción que man­tie­nen uno se impo­ne que Judy pade­ce de una gra­ve enfer­me­dad. Por su par­te Ned (Matthew Gag­non) es un per­so­na­je paté­ti­co que en un momen­to dado a tra­vés de un micró­fono rela­ta su vida mise­ra­ble; él tra­ta de recom­po­ner­se de las penu­rias sufri­das por un gra­ve acci­den­te por el que ha que­da­do des­em­plea­do y de la infi­de­li­dad de su mujer que lo enga­ñó con su her­mano. Rod­ney (Gabe Grey), es otro miem­bro par­ti­ci­pan­te que es pro­fe­sor de yoga y que con su per­so­na­li­dad nar­ci­sis­ta hace gala de su muscu­loso físi­co. El gru­po se com­ple­ta con la tar­día lle­ga­da de Ali­cia (Zara Jes­tadt), una joven neu­ras­té­ni­ca que quie­bra las nor­mas esta­ble­ci­das envian­do eno­jo­sos tex­tos en su celu­lar; ade­más, a des­pe­cho de Ned que gus­ta de ella, esta gru­ño­na poco sim­pá­ti­ca pre­fie­re a Rod­ney con quien man­tie­ne rela­cio­nes sexua­les (fue­ra de la esce­na) y que se mani­fies­tan a tra­vés de los gemi­dos pla­cen­te­ros que ambos emiten.

Arpe­gis, Darcy, Jes­tadt, Grey, Gag­non y Setsh­wae­lo. Foto: L. Schachter

Excep­to el per­so­na­je de Rod­ney que se hace escu­char y las fur­ti­vas con­ver­sa­cio­nes de Joan y Judy, poco se sabe del gru­po, excep­to que deja la impre­sión de que todos los par­ti­ci­pan­tes han sido daña­dos y se sien­ten vul­ne­ra­bles por la cri­sis exis­ten­cial que atra­vie­san. Cuan­do ter­mi­na la repre­sen­ta­ción no que­da cla­ro si la bús­que­da de la “ilu­mi­na­ción” per­se­gui­da ha logra­do transformarlos.

Si bien la obra cuen­ta con algu­nos momen­tos que evi­den­cian ter­nu­ra, glo­bal­men­te con­si­de­ra­da care­ce de una enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca nece­sa­ria capaz de gene­rar emo­ción. Lo enco­mia­ble de esta sin­gu­lar expe­rien­cia es el mag­ní­fi­co desem­pe­ño del elen­co, don­de cada uno de sus inte­gran­tes con sus ges­tos y movi­mien­tos se esfuer­za en trans­mi­tir las penu­rias de sus per­so­na­jes. Igual­men­te remar­ca­ble es la ágil pues­ta escé­ni­ca de Caitlin Murphy al lograr que los acto­res se des­pla­cen sin­cro­ni­za­da­men­te den­tro y fue­ra del esce­na­rio al mis­mo tiem­po que supe­rar las limi­ta­cio­nes de un rela­to no hablado. .

Dicho lo que ante­ce­de esta obra expe­ri­men­tal, para­fra­sean­do a Piran­de­llo, bien podría titu­lar­se “Seis per­so­na­jes en bus­ca de una auto­ra”.

Han­sard

UNA OBRA DE SIMON WOOD

En el mar­co de la serie de obras de Natio­nal Thea­tre Live, el públi­co cana­dien­se podrá ver la pie­za Han­sard del dra­ma­tur­go Simon Wood que ha sido cap­ta­da en vivo en las repre­sen­ta­cio­nes que tuvie­ron lugar en el tea­tro Lyt­tel­ton de Lon­dres has­ta el 25 de noviem­bre de 2019 bajo la direc­ción escé­ni­ca de Simon God­win.

Alex Jen­nings y Lynd­say Dun­can. (Foto: Cathe­ri­ne Ashmore)

El títu­lo de la obra es la pala­bra refe­ri­da al infor­me ofi­cial de los deba­tes que tie­nen lugar en el en el par­la­men­to bri­tá­ni­co, lo que per­mi­te anti­ci­par que su tema está vin­cu­la­do con la polí­ti­ca y algo más.

Alex Jen­nings. (Foto: Cathe­ri­ne Ashmore)

La acción que trans­cu­rre en una maña­na de verano de 1988 comien­za con el regre­so del minis­tro con­ser­va­dor Robin Hes­keth a su hogar de Oxfordshi­re, en el sudes­te de Ingla­te­rra, des­pués de haber par­ti­ci­pa­do en Leed en una reu­nión como minis­tro del gobierno con­ser­va­dor de Mar­ga­ret That­cher. Allí lo aguar­da su espo­sa Dia­na quien tras 30 años de matri­mo­nio, la has­ta enton­ces armo­nía con­yu­gal pare­ce diluir­se al enta­blar­se entre ellos una bata­lla ver­bal que en par­te se ase­me­ja a lo que se apre­cia en Who’s Afraid of Vir­gi­nai Woolf de Edward Albee. Así él cri­ti­ca a su espo­sa su incli­na­ción alcohó­li­ca como tam­bién le remar­ca sus sim­pa­tías hacia la izquier­da del espec­tro polí­ti­co, pese a que en el pasa­do ella comul­gó con la posi­ción polí­ti­ca de su mari­do. Por su par­te, adop­tan­do una acti­tud libe­ral Dia­na mani­fies­ta entre otras de sus recri­mi­na­cio­nes, el racis­mo del par­ti­do con­ser­va­dor, la nece­si­dad de que la Pri­mer Minis­tro mejo­re las con­di­cio­nes de la socie­dad, así como su inquie­tud acer­ca de un acta del gobierno local de ese año don­de las auto­ri­da­des deben abs­te­ner­se de pro­mo­cio­nar la homosexualidad.

Lynd­say Dun­can. Foto de Cathe­ri­ne Ashmore)

En este devas­ta­dor retra­to de la cla­se gober­nan­te, las crí­ti­cas lon­di­nen­ses han des­ta­ca­do sus acer­bos diá­lo­gos como así tam­bién las remar­ca­bles inter­pre­ta­cio­nes de Alex Jen­nings y Lind­say Dun­can quie­nes carac­te­ri­zan­do a los dos úni­cos per­so­na­jes deben car­gar sobre sus hom­bros todo el peso de la obra.

Han­sard será exhi­bi­da el 6, 12 y 16 de febre­ro de 2020 en las salas per­te­ne­cien­tes al cir­cui­to Cine­plex

Las Picar­días de Scapin

Den­tro del ciclo de obras de la Comé­die Fra­nçai­se se podrá ver Les Four­be­ries de Sca­pin de Moliè­re en su ver­sión ori­gi­nal fran­ce­sa con sub­tí­tu­los en inglés bajo el nom­bre de Sca­pin The Sche­mer; esta pie­za ha sido repre­sen­ta­da en el Tea­tro Riche­lieu de París des­de el 20 de sep­tiem­bre de 2017 has­ta el 11 de febre­ro de 2018.

Den­tro del pro­lí­fi­co reper­to­rio del inmor­tal dra­ma­tur­go fran­cés esta come­dia estre­na­da en 1671 es la más gra­cio­sa por él con­ce­bi­da ade­más de ser una de las más repre­sen­ta­das en el mun­do. Ins­pi­ra­da en la com­me­dia dell’ar­te ita­lia­na, la pre­sen­te obra podrá care­cer de la mor­daz crí­ti­ca social que el autor brin­da, por ejem­plo, en Tar­tuf­fe o Le Misanth­ro­pe; sin embar­go aquí des­ta­ca algu­nos aspec­tos de la con­di­ción huma­na cen­tra­dos en la inter­re­la­ción diná­mi­ca esta­ble­ci­da entre padres e hijos e igual­men­te prue­ba cómo el inge­nio pue­de ven­cer a la imbecilidad.

Ben­ja­min Lavernhe. (Foto: Chris­tophe Ray­naud de Lage)

Para quie­nes no estén fami­lia­ri­za­dos con su tema bas­ta anti­ci­par que su tra­ma hace refe­ren­cia a dos ami­gos de Nápo­les, que en ausen­cia de sus auto­ri­ta­rios padres que están de via­je se ena­mo­ran per­di­da­men­te de dos chi­cas. Uno de ellos es Léan­dre quien está embe­le­sa­do con Zer­bi­net­te, una supues­ta gita­na egip­cia, y el otro joven es Octa­ve que se ha casa­do a escon­di­das con Hya­cinthe, una humil­de huér­fa­na. El con­flic­to se pre­sen­ta cuan­do los ricos comer­cian­tes de sus padres retor­nan y desean des­an­dar esos amo­res por­que tie­nen sus pro­pios pro­yec­tos matri­mo­nia­les para sus hijos. Es aquí don­de entra a jugar Sca­pin, el ave­za­do y píca­ro cria­do de Léan­dre, quien es soli­ci­ta­do por los mucha­chos para que les ayu­de a resol­ver el pro­ble­ma con sus res­pec­ti­vos progenitores.

Gille ‑David y Ben­ja­min Lavernhe. (Foto: Chris­tophe Ray­naud de Lage)

Esta agra­da­ble far­sa con­tó con la pues­ta escé­ni­ca de Denis Podaly­dès diri­gien­do al pres­ti­gio­so elen­co de la com­pa­ñía inte­gra­do por Ben­ja­min Lavernhe, Bakary San­ga­re, Gilles David, Ade­li­ne D’Hermy, Didier San­dre, Pau­li­ne, Clé­ment, Julien Fri­son y Gaël Kami­lin­di.

Con una dura­ción de 2 horas 12 minu­tos Sca­pin the Sche­mer será exhi­bi­da en las salas de Cine­plex en varias fechas a par­tir del 30 de enero de 2020. Para infor­ma­ción sobre los cines que exhi­bi­rán la pie­za y los res­pec­ti­vos hora­rios, pre­sio­ne aquí 

La Tra­ge­dia de un Poeta

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

NELLI­GANTex­to: Michel Trem­blay – Músi­ca: André Gag­non — Direc­ción: Nor­man Choui­nard – Elen­co: Marc Her­vieux, Domi­ni­que Côté, Nadi­ne Briè­re, Natha­lie Doum­mar, Kath­leen For­tin, Noë­lla Huet, Lae­ti­tia Isam­bert, Jéré­mie L’Es­pé­ran­ce, Jean Maheux, Fray­ne McCarthy, Céci­le Muhi­re, Jean-Fra­nçois Pou­lin, Isa­beau Proulx Lemi­re, Lin­da Sor­gi­ni, Léa Weil­bren­ner Lebeau – Músi­cos: Car­la Antoun, Rosa­lie Asse­lin, Esther Gonthier, Marie-Eve Scar­fo­ne — Deco­ra­dos: Jean Bard — Ves­tua­rio: Suzan­ne Harel – Ilu­mi­na­ción: Clau­de Acco­las. Dura­ción: 2h30 (inclu­yen­do entre­ac­to). Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 16 de febre­ro de 2020 en el Théâ­tre du Nou­veau Mon­de (www.tnm.qc.ca)

Como pri­me­ra obra del nue­vo año el TNM ofre­ce la repo­si­ción de una ópe­ra tea­tral que enfo­ca la aten­ción en Émi­le Nelli­gan, con­si­de­ra­do el poe­ta nacio­nal de Que­bec. Esta mag­nï­fi­ca crea­ción nació hace tres déca­das cuan­do el renom­bra­do com­po­si­tor André Gag­non y el gran dra­ma­tur­go Michel Trem­blay ‑ins­pi­rán­do­se en la bio­gra­fía de Nelli­gan escri­ta por Paul Wyczyns­ki- man­co­mu­na­ron sus esfuer­zos para revi­vir la tra­ge­dia de este crea­ti­vo genio.

Marc Her­vieux, Domi­ni­que Côté. (Foto: Yves Renaud)

Nelli­gan, naci­do en Mon­treal en diciem­bre de 1879 como hijo de un padre inmi­gran­te irlan­dés de y de una madre fran­có­fo­na, lle­ga a con­cre­tar su voca­ción de poe­ta duran­te su eta­pa juve­nil. Esa pasión se verá que­bran­ta­da por los capri­chos del des­tino: así, con ape­nas 19 años de edad que­da atra­pa­do por una neu­ro­sis sobre­vi­nién­do­le deli­rio y alu­ci­na­cio­nes. Des­de enton­ces pier­de con­tac­to con el mun­do exte­rior al ser inter­na­do, al prin­ci­pio en el asi­lo de Saint.Benoît-Labre para pos­te­rior­men­te ser tras­la­da­do al hos­pi­tal Saint-Jean-de-Dieu de Mon­treal; en con­se­cuen­cia deja de escri­bir en ese entie­rro for­zo­so que duró 42 años has­ta su muer­te en noviem­bre de 1841.

¿Cómo poder refle­jar su vida a tra­vés de una ópe­ra? La tarea empren­di­da por el duo Gag­non-Trem­blay que­dó amplia­men­te logra­da en una crea­ción líri­ca sin­gu­lar Sin embar­go esta ópe­ra inti­mis­ta adquie­re carac­te­rís­ti­cas dis­tin­ti­vas don­de el rela­to y la músi­ca alcan­zan igual dimen­sión que­dan­do com­ple­ta­men­te fusio­na­das; así en lugar que los can­tan­tes actúen como en la ópe­ra tra­di­cio­nal, aquí son los acto­res que can­tan para dra­ma­ti­zar su contenido.

Ana­li­zan­do la esen­cia de la obra en su pri­me­ra esce­na que trans­cu­rre en la ins­ti­tu­ción psi­quiá­tri­ca don­de se encuen­tra el vie­jo Nelli­gan poco antes de su dece­so reci­be la visi­ta de un pro­fe­sor de lite­ra­tu­ra; allí él se dis­po­ne a reci­tar­le su poe­ma Vais­seau d’or pero fra­ca­sa en su inten­to; cuan­do el visi­tan­te le ins­ta a que reali­ce el esfuer­zo de recor­dar­lo, con una mira­da de con­si­de­ra­ble tris­te­za su memo­ria cobra vue­lo para pasar revis­ta a su pasado.

Kath­leen For­tin y Marc Her­vieux. (Foto: Yves Renaud)

Es así que inme­dia­ta­men­te la acción retro­ce­de a la épo­ca en que se apre­cia al joven Nelli­gan aspi­ran­te a poe­ta estan­do de vaca­cio­nes con sus padres y sus dos her­ma­nas. Des­de un prin­ci­pio se obser­va a su padre David menos­ca­ban­do y has­ta des­pre­cian­do la voca­ción de su hijo lle­gan­do a con­si­de­rar que has­ta resul­ta peli­gro­so los pasos que sigue en un medio ambien­te don­de la poe­sía dis­ta de ser valo­ra­da; a todo ello la pre­sen­cia de su devo­ta pro­ge­ni­to­ra Émi­lie es quien lle­ga a defen­der­lo de las acti­tu­des de su mari­do, ampa­ran­do e iden­ti­fi­cán­do­se con su hijo. Son esos años de juven­tud, de ple­na pasión, efer­ves­cen­cia y natu­ral ambi­ción don­de el Nelli­gan bohe­mio alter­na con sus ami­gos igual­men­te adic­tos a la poe­sía evo­can­do a dos gran­des poe­tas fran­ce­ses de la épo­ca como lo fue­ron Ver­lai­ne y Rim­baud. Cuan­do final­men­te logra rea­li­zar­se como poe­ta se encuen­tra arrin­co­na­do por una paca­ta socie­dad cató­li­ca que cri­ti­ca y recha­za sus tra­ba­jos. Eso comen­za­rá a ensom­bre­cer su juven­tud pro­du­cien­do hue­llas en su esta­bi­li­dad men­tal que final­men­te moti­van a que su padre lo interne.

Esta pro­duc­ción se ve real­za­da por la excep­cio­nal pues­ta en esce­na de Nor­mand Choui­nard quien ha con­vo­ca­do a un equi­po de artis­tas mul­ti­dis­ci­pli­na­rios que actuan­do pres­tan cabal­men­te sus voces al com­pás de las melo­días melan­có­li­cas que nutren a la ópe­ra. En pri­mer lugar cabe dis­tin­guir las mag­ní­fi­ca pres­ta­cio­nes del renom­bra­do tenor Marc Her­vieux dan­do vida al madu­ro poe­ta así como la del bri­llan­te barí­tono de Domi­ni­que Côté ani­man­do al joven autor; resul­ta asom­bro­so la sim­bio­sis exis­ten­te entre ambos, espe­cial­men­te en esce­nas cuan­do el vie­jo Nelli­gan se reen­cuen­tra a tra­vés de su memo­ria con su otro yo juve­nil. Dis­tin­ción espe­cial mere­ce la estu­pen­da carac­te­ri­za­ción de Kath­leen For­tin en el rol de una madre cora­je que ado­ra, pro­te­ge y sufre inten­sa­men­te los sin­sa­bo­res de su hijo; a su lado igual­men­te se des­ta­ca Fray­ne McCarthy como el seve­ro David quien en gran par­te es res­pon­sa­ble de la suer­te corri­da por su hijo. En otros roles resal­tan las inter­pre­ta­cio­nes de Jean Maheux y Lin­da Sor­gi­ni como los men­to­res del poe­ta así como Jean-Fra­nçois Pou­lin Isa­beau Proulx Lemi­re dan­do vida a los gran­des ami­gos de poe­sía de Nelligan.

En gene­ral, todos los come­dian­tes logran trans­mi­tir con sus voces la belle­za y pujan­za que des­ti­la la músi­ca de Gag­non que se encuen­tra expre­sa­da a tra­vés de la irre­pro­cha­ble eje­cu­ción brin­da­da por las pia­nis­tas Esther GonthierMarie-Ève Scar­fo­ne (alter­nan­do cont Rosa­lie Asse­lin) y la vio­lon­che­lis­ta Car­la Antoun.  Final­men­te la mini­ma­lis­ta esce­no­gra­fía de Jean Bard y el ves­tua­rio de épo­ca de Suzan­ne Harel son aspec­tos que esti­lís­ti­ca­men­te con­tri­bu­yen a enal­te­cer esta producción.

En esen­cia, un exce­len­te dra­ma líri­co de Trem­blay y Gag­non que pene­tra hon­da­men­te en el cora­zón del espectador.