DOSSIER 137. Francia, 2025. Un film de Dominik Moll. 116 minutos
El afamado cineasta Dominik Moll cuya notable filmografía ha sido objeto de cálidas críticas, después de su remarcable thriller La Nuit du 12 (2022) retorna con Dossier 137, un excelente film basado en un caso real en el que se expone cómo el sistema legal de justicia queda abortado.
Trabajando como es habitual con su gran coguionista Gilles Marchand, la historia ficcional se ubica en Paris en 2018; allí tienen lugar diversas demostraciones de protesta efectuadas por el movimiento social “chalecos amarillos” reclamando por la pérdida del poder adquisitivo debido a la criticable política económica del gobierno. En ese contexto Guillaume Girard (Côme Péronnet), un pacífico joven de 20 años procedente de St. Dizier ‑ciudad ubicada a 200 Km. de París– participó en las protestas del 8 de diciembre de 2018; desgraciadamente una bala de caucho disparada por la policía le hiere gravemente su cabeza.

Léa Drucker y Jonathan Turnbull
El desafortunado incidente motiva a que su angustiada madre Joëlle (Sandra Colombo) se dirija al departamento de asuntos internos de la IGPN (Inspección General de la Policía Nacional) a cargo de Stéphanie Bertrand (Léa Drucker) para que tome cartas en el asunto a fin de identificar a los responsables que dejaron maltrecho a Guillaume. A partir de ese momento Stéphanie con sus colaboradores Benoît Guérini (Jonathan Turnbull) y Camille Delarue (Mathilde Roehrich) inician la investigación pertinente. La misma comienza interrogando a Rémi Cordier (Valentin Campagne), un amigo de Guillaume que lo acompañaba en esa manifestación pero que logró huir ileso aunque posteriormente fue arrestado; lamentablemente el interrogatorio no puede ser efectuado a la víctima ya que se encuentra imposibilitada de poder hablar. Cuando Stéphanie procede a inquirir a miembros de la brigada policial que pudieron haber participado en el tiroteo, no llega a obtener respuestas claras o precisas que la ayuden a avanzar en su tarea.
Interesante resulta observar cómo Stéphanie se encuentra flanqueada en este proceso en el que además de ser reprochada por Joëlle por la lentitud de la investigación es asimismo recriminada por sus propios colegas investigados, teniendo en cuenta que su ex marido (Stanislas Merhar) es también policía. Siendo la madre del preadolescente Victor (Solàn Machado Graner) ella no puede responderle a la pregunta que le formula del porqué todo el mundo odia a la policía y por esa razón él oculta en la escuela la ocupación de sus padres.
La investigación adquiere un inesperado suspenso cuando Stéphanie entra en contacto con Alicia (Guslagie Malanda), una empleada de piel morena que se ocupa de la limpieza de un hotel, en donde en ese fatídico día ella filmó con su teléfono el momento en que Guillaume es atacado. Aunque de manera incidental el film refleja la discriminación racial y de género.
Admirable es la precisión en que Moll narra esta historia sin caer en un falso maniqueísmo de buenos o malos. En cambio queda claro la firme denuncia que efectúa acerca de la corrupción policial en la que el mecanismo de poder permite dejar absueltos de culpa y cargo a quienes son legítimamente responsables de cometer crímenes. En una escena crucial del film, surge la pregunta si tiene sentido estar ocupando un cargo como el de Stéphanie cuando a la postre el trabajo resulta desestimado.
Sin caer en un falso sentimentalismo, el desenlace del film conmueve a la vez que produce una completa tristeza. ¿Puede la policía conmiserarse de un joven que como resultado del ataque perpetrado, su cerebro quedará eternamente dañado sin poder concentrarse ni pensar convirtiéndose en una carga para su madre?
A la excelente dirección de Moll se agrega un minucioso guión donde nada falta ni sobra; no menos importante es su sólido elenco liderado por Drucker quien posesionándose por completo de su personaje de manera sobresaliente transmite la resiliencia de una intachable profesional determinada a descubrir la verdad de un acontecimiento criminal.
Ciertamente este excelente drama deja una sensación de amarga tristeza en la medida que su contenido lamentablemente adquiere resonancia actual en diversas regiones del mundo. Jorge Gutman