Come­dia Livia­na y Previsible

LES CYCLA­DES / TWO TIC­KETS TO GREE­CE. Fran­cia-Bél­gi­ca-Gre­cia, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Marc Fitoussi

Las mara­vi­llo­sas islas grie­gas brin­dan el esce­na­rio de Les Cycla­des, una come­dia de Marc Fito­us­si que mues­tra las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por dos ami­gas de lar­ga data en un via­je supues­ta­men­te pla­cen­te­ro. No obs­tan­te el tono risue­ño que impe­ra en la mis­ma, el resul­ta­do es un tan­to desigual.

Lau­re Calamy y Oli­via Côté

El guión de Fito­us­si pre­sen­ta a Blan­di­ne (Oli­via Côté), una téc­ni­ca radió­lo­ga pari­si­na que se encuen­tra depri­mi­da por su recien­te divor­cio. La tris­te­za que la embar­ga moti­va a su adul­to hijo Ben­ja­min (Ale­xan­dre Des­rous­seaux) a con­tac­tar a Maga­lie (Lau­re Calamy), una ami­ga de la ado­les­cen­cia de su madre que en ese enton­ces eran inse­pa­ra­bles pero que pos­te­rior­men­te se han per­di­do de vista.

A par­tir del reen­cuen­tro que tie­ne lugar en un sofis­ti­ca­do res­tau­ran­te se pue­de apre­ciar el fuer­te con­tras­te de carác­ter y per­so­na­li­dad que ani­ma a cada una de ellas; mien­tras que Blan­di­ne se mues­tra reser­va­da y más bien calla­da, Maga­lie es ver­ti­gi­no­sa, sal­ta­ri­na, per­ma­nen­te­men­te rien­do y cier­ta­men­te alo­ca­da en su com­por­ta­mien­to. A todo ello Ben­ja­min, pese a la reluc­tan­cia de Blan­di­ne, ha pla­nea­do un via­je de vaca­cio­nes para que ella reali­ce con Maga­lie a Amor­gos, una de las her­mo­sas islas de Las Cicla­das de Grecia.

El via­je se ini­cia con com­pli­ca­cio­nes cuan­do debi­do a las maqui­na­cio­nes de Maga­lie en la com­pra de los pasa­jes des­de Ate­nas para Amor­gos, ellas son expul­sa­das del ferry que las trans­por­ta des­em­bar­can­do en un lugar deso­la­do. A tra­vés de varias peri­pe­cias y alti­ba­jos en que Blan­di­ne debe tole­rar las locu­ras de su ami­ga que es adic­ta a la músi­ca pop por tra­ba­jar inde­pen­dien­te­men­te en ese ramo, sur­gi­rán algu­nas com­pli­ca­cio­nes que irán len­ta­men­te resol­vién­do­se. En tan­to, en una para­da efec­tua­da en Myko­nos, Maga­lie visi­ta a Bijou (Kris­tin Scott Tho­mas), una ami­ga de lar­ga data que allí vive en pare­ja con un artis­ta grie­go (Panos Koro­nis). En ese encuen­tro Blan­di­ne se halla más ani­ma­da al empa­ti­zar con Bijou quien sufre de un cán­cer al pecho y aguar­dan­do el resul­ta­do de una biopsia.

En líneas gene­ra­les, lo que se apre­cia es una livia­na y pre­vi­si­ble come­dia nutri­da de cier­tos momen­tos bien logra­dos aun­que no pue­de evi­tar algu­nos este­reo­ti­pos que ate­núan su nivel. Con la inten­ción de demos­trar cómo a pesar de las anta­gó­ni­cas per­so­na­li­da­des de sus dos pro­ta­go­nis­tas pue­de sub­sis­tir una autén­ti­ca amis­tad, la des­crip­ción dema­sia­do hila­ran­te de Maga­lie que el direc­tor efec­túa en su guión tor­na poco rea­lis­ta a este per­so­na­je. En todo caso, con un nivel de actua­ción satis­fac­to­rio y la gra­ti­fi­ca­ción visual brin­da­da por la muy bue­na foto­gra­fía de Antoi­ne Roch cap­tan­do las belle­zas para­di­sía­cas de las islas San­to­ri­ni, Myko­nos y Amor­gos, esta pelí­cu­la es fac­ti­ble de ser apre­cia­da por una audien­cia no muy exi­gen­te. Jor­ge Gutman

Una Agra­da­ble Comedia

L’INNOCENT / THE INNO­CENT. Fran­cia, 2022. Un film de Louis Garrel. 99 minutos

He aquí una ele­gan­te come­dia nutri­da de gra­cia, roman­ce, sus­pen­so y acción que el rea­li­za­dor y actor Louis Garrel ha logra­do con L’Innocent. El pro­pó­si­to de diver­tir y entre­te­ner a gra­nel ha sido posi­ble mer­ced a la efi­ca­cia del buen guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tan­guy Viel y Naï­la Gui­guet, a su rit­mo flui­do y a un cuar­te­to de bue­nos acto­res que le insu­flan brío y dina­mis­mo a la his­to­ria narrada.

Louis Garrel y Noé­mie Merlant

El comien­zo del rela­to es suma­men­te ocu­rren­te en don­de se obser­va al viu­do ictió­lo­go Abel (Garrel) que no pue­de ocul­tar su inquie­tud cuan­do su sexa­ge­na­ria madre Syl­vie (Anouk Grin­berg) le comu­ni­ca que se casa­rá con Michel (Roschdy Zem), un rein­ci­den­te con­vic­to al que cono­ció mien­tras impar­tía cla­ses de tea­tro en la cár­cel. Con gran reluc­tan­cia y con un ros­tro lejos de expre­sar con­for­mi­dad, Abel acu­de al enla­ce de la feliz pare­ja que tie­ne lugar en la prisión.

Una vez que obtie­ne su liber­tad, Michel se com­por­ta de la mane­ra más noble con Syl­vie a quien le abre una flo­re­ría para que se ocu­pe de la mis­ma. Sin embar­go, el impe­tuo­so y des­con­fia­do Louis a fin de pro­te­ger a su madre se dedi­ca a inves­ti­gar los pasos de su padras­tro y en esa tarea detec­ti­ves­ca cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de su gran ami­ga Clé­men­ce (Noé­mie Merlant).

Si bien todo resul­ta dema­sia­do bueno para que sea cier­to, el rela­to cobra un giro impre­vis­to cuan­do Abel a ocul­tas de su madre entra en con­tac­to direc­to con Michel quien con­jun­ta­men­te con Clé­men­ce par­ti­ci­pa­rán en una ope­ra­ción non sanc­ta que invo­lu­cra apo­de­rar­se de un cos­to­so car­ga­men­to de caviar pro­ve­nien­te de Irán. No es nece­sa­rio pro­se­guir deta­llan­do lo que sobre­vie­ne, excep­to anti­ci­par que a par­tir de allí el film adop­ta un con­vin­cen­te giro gene­ran­do un muy buen thri­ller. A todo ello se agre­ga el ingre­dien­te román­ti­co de Abel con Clé­men­ce que aun­que pre­de­ci­ble evi­ta los este­reo­ti­pos que a veces fre­cuen­ta este género.

Esta pelí­cu­la nada pre­ten­cio­sa logra lo que se pro­po­ne como es el de diver­tir sana­men­te sin recar­gar las tin­tas. Ade­más de estar mag­ní­fi­ca­men­te rela­ta­da, la for­ma en que están esbo­za­dos sus per­so­na­jes per­mi­te crear una inme­dia­ta empa­tía con los mis­mos; cla­ro está que eso es debi­do a la mag­ní­fi­ca carac­te­ri­za­ción logra­da por el cuar­te­to inte­gra­do por Garrel, Zem, Mer­lant y Grinberg.

Man­te­nien­do un tono pre­ci­so y cohe­ren­te en la com­bi­na­ción de sus diver­sos com­po­nen­tes, el rea­li­za­dor per­mi­te que el inte­rés del espec­ta­dor se man­ten­ga cons­tan­te des­de el prin­ci­pio has­ta su des­en­la­ce, evi­tan­do que su metra­je se extien­da más allá de lo estric­ta­men­te necesario.

En suma, L’Innocent con­fi­gu­ra un entre­te­ni­mien­to ameno y acce­si­ble, capaz de con­for­mar a todo tipo de públi­co. Jor­ge Gutman

Dos Maes­tros de Música

MAESTRO(S). Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film de Bruno Chi­che. 87 minutos

Sin otro pro­pó­si­to que el de ofre­cer una his­to­ria huma­na basa­da en la par­ti­cu­lar rela­ción paterno-filial de dos músi­cos, Maestro(s) logra su objetivo.

Pie­rre Ardi­ti e Yvan Attal

Con la músi­ca clá­si­ca como esce­na­rio de fon­do la sen­ci­lla his­to­ria guio­ni­za­da por el rea­li­za­dor Bruno Chi­che con la cola­bo­ra­ción de Yaël Lang­mann comien­za con un pre­mio que reci­be Denis Dumar (Yvan Attal), un direc­tor de orques­ta de apro­xi­ma­da­men­te 40 años que cier­ta­men­te ha esta­do desa­rro­llan­do una exi­to­sa carre­ra pro­fe­sio­nal. Él es el hijo de Fra­nçois Dumar (Pie­rre Ardi­ti) quien ya de madu­ra edad está pró­xi­mo a con­cluir su acti­vi­dad de remar­ca­ble direc­tor musi­cal y su aspi­ra­ción es la de poder lle­gar a ser el direc­tor artís­ti­co de una gran ins­ti­tu­ción musi­cal. La rela­ción entre ambos maes­tros es cor­dial aun­que des­de un prin­ci­pio se deno­ta que ese víncu­lo no se carac­te­ri­za por su cali­dez sino más bien por un mutuo respeto.

La ale­gría de Fra­nçois es enor­me cuan­do des­de La Sca­la le comu­ni­can tele­fó­ni­ca­men­te que ha sido ele­gi­do direc­tor musi­cal del mun­dial­men­te céle­bre tea­tro de ópe­ra de Milán y que debe con­fir­mar su acep­ta­ción para comen­zar en pocos meses más la pró­xi­ma tem­po­ra­da. El nudo con­flic­ti­vo del rela­to se pro­du­ce cuan­do Denis reci­be un simi­lar ofre­ci­mien­to ya que la secre­ta­ria que se comu­ni­có con el vete­rano músi­co cre­yó que lo había hecho con su hijo, al por­tar ambos el mis­mo apellido.

Para Denis, no obs­tan­te el reco­no­ci­mien­to del que es obje­to, resul­ta muy peno­so tra­tar de trans­mi­tir a su padre esa noti­cia sobre todo cuan­do con gran eufo­ria tie­ne todo dis­pues­to para par­tir con su espo­sa (Miou-Miou) a Milán. Es allí don­de fren­te a esta cir­cuns­tan­cia ines­pe­ra­da se pone a prue­ba la riva­li­dad exis­ten­te entre ambos y el momen­to más dra­má­ti­co y ten­so del film es cuan­do cara a cara man­tie­nen una pro­fun­da con­ver­sa­ción que deno­ta la razón del por­qué François,dedicado por com­ple­to a su carre­ra, dejó a un lado la aten­ción nece­sa­ria que todo padre debe a un hijo.

La pelí­cu­la ade­más del tema cen­tral enfo­ca las con­di­cio­nes que debe reu­nir un buen direc­tor para que la músi­ca pue­da trans­mi­tir toda la emo­ción debi­da y el poder líri­co que ema­na de las com­po­si­cio­nes de los gran­des auto­res; asi­mis­mo con­si­de­ra lo que acon­te­ce detrás de la esce­na duran­te los ensa­yos y antes de cada concierto.

El resul­ta­do es un bello dra­ma con­mo­ve­dor agra­cia­do por la bue­na rea­li­za­ción, la efi­caz escri­tu­ra del guión y por la exce­len­te inter­pre­ta­ción ofre­ci­da tan­to por el vete­rano gran actor Ardi­ti como asi­mis­mo por Yvan Attal quie­nes con roles per­fec­ta­men­te deli­nea­dos logran con com­ple­ta auten­ti­ci­dad expre­sar la inti­mi­dad que vin­cu­la a sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. El res­to del repar­to es igual­men­te efi­caz con la par­ti­ci­pa­ción en roles de apo­yo de Miou-Miou, Pas­ca­le Arbi­llot, Caro­li­ne Angla­de y de Nils Othe­nin-Girard como Mathieu, el hijo de Denis.

A los valo­res men­cio­na­dos, para los meló­ma­nos se agre­ga el pla­cer adi­cio­nal de escu­char extrac­tos musi­ca­les de Brahms, Beetho­ven y en espe­cial la eje­cu­ción com­ple­ta de la ober­tu­ra de la ópe­ra Las Bodas de Fíga­ro de Mozart. Jor­ge Gutman

Una Adúl­te­ra Zapatera

LA COR­DON­NIÈ­RE. Cana­dá, 2023. Un film de Fra­nçois Bou­vier. 104 minutos

Con el buen ante­ce­den­te de su penúl­ti­ma pelí­cu­la La Bol­duc (2017), el rea­li­za­dor Fra­nçois Bou­vier retor­na con un rela­to melo­dra­má­ti­co enfo­ca­do en la per­so­na­li­dad de Vic­toi­re Du Sault, una mujer de Que­bec que cobró noto­rie­dad por haber fun­da­do en 1891 jun­to con su mari­do y otro aso­cia­do la fábri­ca Dufres­ne & Loc­ke dedi­ca­da a la manu­fac­tu­ra de calzado.

Valién­do­se del guión pre­pa­ra­do por Sil­vain Guy, quien se basó en una serie de nove­las de Pau­li­ne Gill sobre esta mujer, el film en vez de con­cen­trar­se fun­da­men­tal­men­te en su pro­fe­sión de zapa­te­ra, se enfo­ca más en su vida sen­ti­men­tal que pue­de o no ajus­tar­se a la estric­ta realidad.

Todo comien­za en Mon­treal cuan­do a prin­ci­pios del siglo pasa­do la ancia­na Vic­toi­re (Éli­se Guil­bault) que se encuen­tra enfer­ma gra­ve­men­te de cán­cer, sabien­do que le res­ta poco tiem­po de vida soli­ci­ta a Oscar (Fré­de­ric Millai­re-Zou­vi), el mayor de sus hijos, que la tras­la­de a su lugar natal de Poin­te-du-Lac don­de trans­cu­rrió su infan­cia y juventud.

Rose-Marie Perreault

Es así que a tra­vés de flash­backs, se ve a Vic­toi­re (Rose-Marie Perreault) de 17 años que ha resuel­to aban­do­nar sus estu­dios en un con­ven­to para dedi­car­se de lleno a su voca­ción de zapa­te­ra. No obs­tan­te que para la épo­ca su voca­ción no encua­dra pre­ci­sa­men­te con una acti­vi­dad más bien apro­pia­da para el hom­bre, esta joven empe­ña­da con­tra vien­to y marea lle­ga­rá al poco tiem­po en ser una de las pri­me­ras pio­ne­ras en la con­cep­ción de calzado.

Pron­ta­men­te el rela­to ilus­tra la atrac­ción que esta mucha­cha sien­te hacia Geor­ges-Noël Dufres­ne (Pie­rre-Yves Car­di­nal), un vecino de la zona con­si­de­ra­ble­men­te mayor que ella y que es casa­do. Ella lo inci­ta a ini­ciar un amor prohi­bi­do que obvia­men­te debe man­te­ner­se en la mayor dis­cre­ción; es así que para sal­var las apa­rien­cias y evi­tar el posi­ble des­ho­nor, Vic­toi­re con­trae enla­ce con Tho­mas (Nico­las Fon­tai­ne), el joven hijo de Georges-Noël.

Si aca­so lo que ante­ce­de sue­na inve­ro­sí­mil, más lo es cuan­do Vic­toi­re, ya casa­da y madre de fami­lia, a escon­di­das pro­si­gue man­te­nien­do una irre­fre­na­ble pasión con Geor­ges-Noël. A pesar de que Tho­mas está al corrien­te de la doble vida de su mujer, a él poco le impor­ta por el amor que sien­te por ella.

Tal como está pre­sen­ta­do resul­ta difí­cil admi­tir que la ancia­na cuen­te a su hijo Oscar antes de morir, la doble vida aca­rrea­da y que para peor le reve­le un secre­to de fami­lia que sin duda daña su repu­tación. Aun­que de correc­ta rea­li­za­ción y con un irre­pro­cha­ble elen­co, resul­ta pro­ble­má­ti­co invo­lu­crar­se en una his­to­ria pasio­nal deci­di­da­men­te impro­ba­ble y que por tal moti­vo no gene­ra la emo­ción que cabría aguar­dar. En suma, La Cor­don­niè­re es un dra­ma de dis­cu­ti­ble inte­rés. Jor­ge Gutman

Bello Film Canadiense

RICE­BOY SLEEPS. Cana­dá, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Anthony Shim. 117 minutos

El direc­tor Anthony Shim, naci­do en Seúl y pos­te­rior­men­te radi­ca­do con su fami­lia en Cana­dá, se ha ins­pi­ra­do en su expe­rien­cia de inmi­gran­te para abor­dar un tópi­co simi­lar en Rice­boy Sleeps. Pese a que la migra­ción ha sido con­si­de­ra­da por el cine en varias opor­tu­ni­da­des, como en el exce­len­te film Mina­ri (2020), con todo el tra­ba­jo de Shim no le va en zaga; así, este pon­de­ra­ble dra­ma estre­na­do mun­dial­men­te en el TIFF 2022 obtu­vo el pre­mio al mejor film de la sec­ción Plat­form que tie­ne como obje­ti­vo resal­tar obras de emer­gen­tes realizadores.

Doh­yun Noel Hwang y Choi Seung-yoon

En su comien­zo una voz en off indi­ca que So-young (Choi Seung-yoon) cuan­do nació ha sido aban­do­na­da en una igle­sia de Corea del Sur, vivi­do en varios orfe­li­na­tos y final­men­te haber sido adop­ta­da. En su juven­tud se vin­cu­ló sen­ti­men­tal­men­te con un estu­dian­te quien afec­ta­do men­tal­men­te ter­mi­nó sui­ci­dán­do­se; de esa rela­ción sur­gió un hiji­to cuya ciu­da­da­nía no le ha sido reco­no­ci­da por el gobierno por haber naci­do de una madre sol­te­ra. por esa razón, So-young en 1990 deci­dió mudar­se a Cana­dá para radi­car­se en un subur­bio de Van­cou­ver, dis­pues­ta a ini­ciar una nue­va vida con Dong-Hyun (Doh­yun Noel Hwang), su niño de 7 años.

Fun­da­men­tal­men­te el direc­tor cen­tra su rela­to en la situa­ción que madre e hijo atra­vie­san para inte­grar­se a la vida cana­dien­se, aspec­to que no resul­ta sen­ci­llo. El niño que asis­te a una escue­la local es aco­sa­do por sus com­pa­ñe­ros de cla­se, en don­de se evi­den­cia la dis­cri­mi­na­ción de que es obje­to; así duran­te un recreo le son arre­ba­ta­dos los ante­ojos que por­ta y al reac­cio­nar pro­pi­na una pali­za a una de las niñas. Eso moti­va para que el direc­tor de la escue­la (Eric Keen­ley­si­de) lo sus­pen­da duran­te una sema­na de cla­ses, sin que los agre­so­res reci­ben cas­ti­go alguno.

Por su par­te, So-young que tra­ba­ja en una fábri­ca tam­bién debe tole­rar comen­ta­rios racis­tas; pero ella, como mujer fuer­te, no se deja inti­mi­dar y menos aún per­mi­ti­rá que uno de los tra­ba­ja­do­res pue­da vol­ver a posar la mano sobre su cuer­po. Afor­tu­na­da­men­te tra­tan­do de com­ba­tir su sole­dad tra­ba bue­na rela­ción con sus cole­gas muje­res y sobre todo con una de ellas que tam­bién es de ori­gen coreano. En el plano fami­liar, So-young rea­li­za todo el esfuer­zo nece­sa­rio para man­te­ner un fuer­te lazo de unión con su hijo e ins­tán­do­lo a que sepa defen­der­se cuan­do sea ata­ca­do o suje­to a bur­las por par­te de terceros.

La acción se des­pla­za a 1999 cuan­do el ado­les­cen­te Dong-Hyun (Ethan Wang), ha hecho todo lo posi­ble para asi­mi­lar­se al modo de ser de los mucha­chos cana­dien­ses de su edad y tra­tar de apa­ren­tar lo menos posi­ble como coreano, pero al pro­pio tiem­po su com­por­ta­mien­to dís­co­lo y rebel­de crea fric­cio­nes entre él y su madre; eso se debe a que ella elu­de en dar­le deta­lles sobre quien ha sido su padre, espe­cial­men­te cuan­do en su cla­se debe enca­rar un pro­yec­to rela­ti­vo sobre su fami­lia y sus orí­ge­nes. Para evi­tar que se inten­si­fi­quen los pro­ble­mas con su hijo, So-Young, no se deci­de a acep­tar la pro­pues­ta matri­mo­nial de un muy bon­da­do­so cor­te­jan­te (el direc­tor Anthony Shim), debi­do a que Dong-Hyun pue­da no que­rer acep­tar­lo como padrastro.

Una situa­ción dra­má­ti­ca ines­pe­ra­da per­mi­te la recon­ci­lia­ción del joven con su madre lo que moti­va­rá a que los dos retor­nen de visi­ta al país natal. En ese via­je, don­de la his­to­ria fami­liar que­da reve­la­da, se evi­den­cia cómo el ser humano no pue­de des­pren­der­se de sus orígenes.

Equi­li­bran­do muy bien la pro­ble­má­ti­ca del inmi­gran­te con la ínti­ma rela­ción materno-filial, Shim ha logra­do un film hones­to y suma­men­te con­mo­ve­dor que tras­cien­de, entre otros aspec­tos, por su meticu­losa narra­ción y exce­len­te inter­pre­ta­ción de sus dos pro­ta­go­nis­tas. For­mal­men­te, la pelí­cu­la se des­ta­ca por los logra­dos movi­mien­tos de cáma­ra tra­sun­tan­do una inusual belle­za como asi­mis­mo por la sub­yu­gan­te poe­sía alcan­za­da en la esce­na final con la remar­ca­ble foto­gra­fía de Chris­topher Lew. Jor­ge Gutman