Ende­ble Dra­ma Judicial

WHE­RE THE CRAW­DADS SING. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Oli­via New­man. 125 minutos

Dado el gran éxi­to obte­ni­do por Delia Owens con su nove­la Whe­re The Craw­dads Sing publi­ca­da en 2018 y que sobre­pa­só la ven­ta de más de 12 millo­nes de ejem­pla­res, no resul­ta raro que fue­se tras­la­da­da al cine. Como varias veces sue­le acon­te­cer la pági­na escri­ta que per­mi­te dar rien­da suel­ta a la ima­gi­na­ción de los lec­to­res no pro­du­ce el mis­mo efec­to cuan­do se la adap­ta cine­ma­to­grá­fi­ca­men­te; eso es lo que suce­de con esta pelí­cu­la de la novel direc­to­ra Oli­via New­man en don­de se detec­tan varias situa­cio­nes inex­pli­ca­das e implau­si­bles de concebir.

Daisy Edgar-Jones

La acción se desa­rro­lla en las tie­rras pan­ta­no­sas ubi­ca­das al nor­te del esta­do de North Caro­li­na en tres épo­cas, comen­zan­do el 30 de octu­bre de 1969. En su pri­me­ra ima­gen se ve el cadá­ver de Cha­se (Harris Dic­kin­son), un seduc­tor joven que estu­vo envuel­to sen­ti­men­tal­men­te con Kya (Daisy Edgar-Jones), una joven de 25 años. Que­dan­do la duda si se tra­tó de un sui­ci­dio o si ella lo ase­si­nó, lo con­cre­to es que es arres­ta­da lo que moti­va a Tom (David Strathairn)„un afa­ble abo­ga­do local de media­na edad, a asu­mir su defen­sa por­que está con­ven­ci­do de su inocencia.

De allí en más, alter­na­ti­va­men­te van sur­gien­do en la memo­ria de la mucha­cha recuer­dos de su infan­cia, con el rela­to retro­tra­yén­do­se a 1953. Vivien­do en una modes­ta casa con su fami­lia, Kya (Jojo Regi­na) de ape­nas 5 años sufre el abu­so de su tirá­ni­co padre (Garret Dillahunt) que ade­más vuel­ca su vio­len­cia hacia su madre (Ahna O’Reilly); por esa razón, la mujer huye con sus otros hijos del hogar dejan­do sola a la niña. Aun­que momen­tá­nea­men­te la acción se tras­la­da al pre­sen­te, nue­va­men­te acu­de a la memo­ria de Kya aspec­tos de su eta­pa de ado­les­cen­te en 1962.

El guión de Lucy Ali­bar no expli­ca cómo vivió la chi­ca duran­te esos 9 años trans­cu­rri­dos, sin haber reci­bi­do edu­ca­ción for­mal; lo que en cam­bio se apre­cia es que en su humil­de con­di­ción con­tó con el apo­yo de dos comer­cian­tes veci­nos de nota­ble bene­vo­len­cia (Ster­ling Mar­cer Jr. y Michael Hyatt), que la ayu­da­ron a sub­sis­tir. A su vez, ella cono­ce a Tate (Tay­lor John Smith), un noble mucha­cho bien inten­cio­na­do que le ense­ña a leer y escri­bir, a la vez que sur­ge entre ambos un cas­to roman­ce; sin embar­go la dicha de la joven es bre­ve dado que Tate deja el lugar para efec­tuar sus estu­dios en otra región y aun­que le ase­gu­ra que regre­sa­rá para estar nue­va­men­te jun­to a ella, la pro­me­sa no es cum­pli­da. Otra vez la acción retor­na al pre­sen­te en don­de se desa­rro­lla la audien­cia judi­cial; duran­te la mis­ma el pasa­do retor­na en la men­te de Kya con suce­sos acae­ci­dos en 1969; allí se refle­ja el amor que ella man­tu­vo con el apues­to Cha­se, pero que ella deci­dió no con­ti­nuar­lo debi­do a su machis­mo e inusual vio­len­cia al que solía emplear su padre hacia su madre.

Aun­que el rela­to man­tie­ne un tenue sus­pen­so por cono­cer el vere­dic­to del jui­cio, lo sus­tan­cio­so de este melo­dra­ma resi­de en las esce­nas román­ti­cas. Por lo demás, no que­da cla­ro por­qué Kya es mar­gi­na­da por la pobla­ción local que la con­si­de­ra des­pec­ti­va­men­te como “la chi­ca del pan­tano”; tam­po­co se sabe por­qué ella es acu­sa­da de homi­ci­dio sin que exis­ta evi­den­cia algu­na que lo demues­tre cuan­do todo hace pre­su­mir que la muer­te de Cha­se se pro­du­jo acci­den­tal­men­te. A su vez resul­ta inex­pli­ca­ble cómo Kya adqui­rió las dotes de nota­ble dibu­jan­te lle­gan­do a publi­car un libro de ilustraciones.

Que­da como resul­ta­do un film que cuen­ta a su favor con las con­vin­cen­tes inter­pre­ta­cio­nes de Edgar-Jones, Smith y Dic­kin­son, aun­que resul­te irrea­lis­ta con­ce­bir que los ros­tros de sus per­so­na­jes no hayan sufri­do modi­fi­ca­ción algu­na a tra­vés de los años. En los pape­les de apo­yo resal­tan Macer Jr., Hyatt y en espe­cial Strathairn como el abo­ga­do defen­sor. Jor­ge Gutman

Amo­ríos Frustrantes

PLAY­LIST. Fran­cia, 2021. Un film de Nine Anti­co. 84 minutos

En su ópe­ra pri­ma la direc­to­ra Nine Anti­co, una renom­bra­da ilus­tra­do­ra y auto­ra de comics, abor­da una come­dia román­ti­ca que se entre­mez­cla con la bús­que­da de la rea­li­za­ción profesional.

Sara Fores­tier

El argu­men­to basa­do en el gulón de Anti­co com­par­ti­do con Marc Syri­gas cen­tra­li­za su aten­ción en Sophie (Sara Fores­tier), una pari­si­na de 28 años que tra­ba­ja como cama­re­ra en un café res­tau­ran­te aun­que ese empleo dis­ta de satis­fa­cer­la en la medi­da que como dibu­jan­te desea­ría rea­li­zar­se como artis­ta grá­fi­ca. Al ser deja­da de lado sen­ti­men­tal­men­te por Jean (Pie­rre Lot­tin), el chef del local, des­pués de haber que­da­do emba­ra­za­da deci­de abor­tar y renun­ciar a su empleo. Su suer­te pare­ce cam­biar cuan­do con­si­gue un tra­ba­jo con un sala­rio míni­mo de remu­ne­ra­ción en una edi­to­rial de nove­las grá­fi­cas a car­go del edi­tor Jean-Luc (Gré­goi­re Colin), aguar­dan­do que ese empleo podría repre­sen­tar el paso ini­cial para col­mar su aspi­ra­ción de ilus­tra­do­ra de comics.

A tra­vés de la voz en off de un narra­dor (Ber­trand Belin) se va siguien­do los pasos de Sophia aspi­ran­do a encon­trar una rela­ción de pare­ja esta­ble, pro­ban­do suer­te median­te suce­si­vas rela­cio­nes afec­ti­vas has­ta que a lo mejor podría lograr­lo con Ben­ja­min (Andra­nic Manet), un joven que tie­ne a su car­go un nego­cio de col­cho­nes. A su vez en el cam­po pro­fe­sio­nal tam­po­co logra lo que aguar­da­ba dado que Jean-Luc no está dis­pues­to a publi­car sus dibu­jos; la reco­men­da­ción de ins­cri­bir­se en una escue­la de arte a fin de desa­rro­llar su talen­to se ve impe­di­da por­que su edad supera el lími­te esta­ble­ci­do de 25 años. Asi­mis­mo, su mejor ami­ga Julia (Lae­ti­tia Dosch) con ambi­cio­nes de actriz tam­bién está luchan­do por con­cre­tar su propósito.

La prin­ci­pal obje­ción atri­bui­da a Play­list resi­de en su tra­ma narra­ti­va­men­te epi­só­di­ca y des­or­de­na­da que aten­ta su cohe­sión. A todo ello, la incer­ti­dum­bre y des­orien­ta­ción de Sophie con res­pec­to a su futu­ro y sus pro­ble­mas afec­ti­vos, es una temá­ti­ca que ha sido con­si­de­ra­da por el cine en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des con mucha mejor suer­te recor­dan­do los fil­mes de Eric Roh­mer o bien últi­ma­men­te con la bue­na come­dia dra­má­ti­ca de Joa­chim Trier The Worst Per­son in the World. 

A pesar del ende­ble guión, el film cuen­ta a su favor con la bue­na actua­ción de Sara Fores­tier, la logra­da foto­gra­fía en blan­co y negro de Julie Con­te y la ban­da sono­ra de Mar­tin Caraux con bellas melo­días inclu­yen­do entre otras Les Yeux Pour Pleu­rer de Nana Mous­kou­ri, y la melan­có­li­ca can­ción de Daniel Johns­ton True Love Will Find You at the End que se repi­te en varia­das ocasiones.

En resu­men, con cier­ta con­des­cen­den­cia pue­de cali­fi­car­se de ama­ble a esta pelí­cu­la que per­mi­te ver­se aun­que sin lle­gar a tras­cen­der. Jor­ge Gutman

Una Far­sa Italiana

TOLO TOLO. Ita­lia, 2020. Un film de Chec­co Zalo­ne. 90 minutos

Aun­que el nom­bre de Luca Medi­ci, más cono­ci­do como Chec­co Zalo­ne, sea poco fami­liar en Nor­te­amé­ri­ca, lo cier­to es que en Ita­lia es un cómi­co de extra­or­di­na­ria popu­la­ri­dad y que Tolo Tolo, su pri­mer film como rea­li­za­dor don­de al mis­mo tiem­po asu­me el rol pro­ta­gó­ni­co, ha sido pre­mia­do con el Glo­bo de Oro ita­liano a la mejor come­dia. En todo caso, lejos de las gran­des come­dias satí­ri­cas y/o far­ses­cas que el cine de Ita­lia ha brin­da­do con los fil­mes de Dino Risi, esta pelí­cu­la no obs­tan­te se dis­tin­gue por su inten­ción de resal­tar los ras­gos huma­ni­ta­rios que su tra­ma trasluce.

Chec­co Zalo­ne y Sou­ley­ma­ne Sylla

En el guión del direc­tor com­par­ti­do con el rea­li­za­dor Pao­lo Vir­zi se asis­te a las des­ven­tu­ras sufri­das por Chec­co (Zalo­ne), a car­go de un res­tau­ran­te de suchi ubi­ca­do en su pue­blo natal de Poui­lles. Al poco tiem­po, en la medi­da que el nego­cio no mar­cha como espe­ra­ba, se decla­ra en quie­bra; para esca­par de sus acree­do­res, aban­do­na a los suyos y deci­de esta­ble­cer­se en Kenia don­de obtie­ne un empleo de cama­re­ro en un hotel de lujo ubi­ca­do en un bal­nea­rio turís­ti­co. En ese lugar enta­bla amis­tad con Oumar (Zou­ley­ma­ne Sylla) ‑un aman­te del cine ita­liano- y cono­ce a la bella Idja­ba (Man­da Tou­ré) de quien pron­ta­men­te se sien­te atraí­do. Cuan­do todo pare­ce esta­bi­li­zar­se para Chec­co, el sitio es inva­di­do por un gru­po de terro­ris­tas. Debi­do a esta situa­ción él se ve obli­ga­do jun­to con sus dos ami­gos a empren­der el via­je de retorno a Euro­pa; en ese pere­gri­na­je, el tono humo­rís­ti­co del rela­to adquie­re un matiz más seve­ro al ir con­tem­plan­do cómo Chec­co jun­to con el niño Dou­dou (Nas­sor Said Bir­ya) y otros afri­ca­nos tra­tan­do de sal­var sus vidas ter­mi­nan en un bote en el Medi­te­rrá­neo don­de todos son res­ca­ta­dos en medio de una seve­ra tor­men­ta. Con todo, Chec­co deci­de esta­ble­cer­se en el Prin­ci­pa­do de Liech­tens­tein por­que allí rige el secre­to ban­ca­rio y ade­más la car­ga tri­bu­ta­ria es menor que en Italia.

Si bien el prin­ci­pal sopor­te de la pelí­cu­la resi­de en la actua­ción del rea­li­za­dor, no menos impor­tan­te es dis­tin­guir la escri­tu­ra del libre­to com­bi­nan­do ade­cua­da­men­te esce­nas de un humor absur­do con mati­ces en el que se refle­ja uno de los pro­ble­mas más acu­cian­tes como es el dra­ma de los migran­tes pro­cu­ran­do un refu­gio a fin de reanu­dar sus vidas. Dejan­do de lado algu­nas situa­cio­nes este­reo­ti­pa­das, el resul­ta­do es satis­fac­to­rio gra­cias a una efi­cien­te rea­li­za­ción, esme­ra­da foto­gra­fía y encua­dre de Fabio Zama­rion así como por la muy agra­da­ble músi­ca com­pues­ta por Zalo­ne.  Jor­ge Gutman

Muy Bue­na Come­dia Dramática

LES PAS­SA­GERS DE LA NUIT /THE PAS­SEN­GERS OF THE NIGHT. Fran­cia, 2021. Un film de Mikhaël Hers. 111 minutos

Sin estri­den­cia ni gran­di­lo­cuen­cia algu­na, Mikhaël Hers ofre­ce un film inti­mis­ta sobre las cosas sim­ples y com­pli­ca­das que afec­tan a dos muje­res tra­tan­do de encon­trar la mane­ra de encau­zar su existencia.

Char­lot­te Gainsbourg

El rela­to comien­za el 10 de mayo de 1981 con la pobla­ción de París vol­ca­da en las calles, cele­bran­do con ale­gría el triun­fo elec­to­ral de Fra­nçois Mit­te­rand como Pre­si­den­te de Fran­cia en el ini­cio de una nue­va era. De inme­dia­to la acción se tras­la­da a 1984 ubi­cán­do­se en el depar­ta­men­to de Éli­sa­beth (Char­lot­te Gains­bourg), una mujer de tem­pra­na media­na edad que no ocul­ta su pena cau­sa­da por el ale­ja­mien­to de su mari­do; con todo no pue­de repro­char­le como debie­ra tenien­do en cuen­ta que él la cui­dó solí­ci­ta­men­te cuan­do fue obje­to de una mas­tec­to­mía a cau­sa de un cán­cer de pecho. No obs­tan­te reci­bir el incon­di­cio­nal apo­yo de su anciano padre (Didier San­dre) y de sus dos hijos, el ado­les­cen­te Matthias (Qui­to Rayon Rich­ter) de 16 años y Judith (Megan Northam) algo mayor, la aban­do­na­da espo­sa se sien­te com­ple­ta­men­te inú­til al cobrar con­cien­cia de que toda su vida con­yu­gal estu­vo con­sa­gra­da a desem­pe­ñar­se exclu­si­va­men­te como bue­na ama de casa.

Con el pro­pó­si­to de lograr un tra­ba­jo y man­te­ner­se por sí mis­ma Éli­sa­beth con­tac­ta a Van­da Dor­val (Emma­nue­lle Béart), la anfi­trio­na del pro­gra­ma radial noc­turno Les pas­sa­gers de la nuit que ella sin­to­ni­za con fre­cuen­cia, a quien logra con­ven­cer para que le dé una opor­tu­ni­dad de empleo en la emi­so­ra; su tarea con­sis­te en reci­bir tele­fó­ni­ca­men­te el lla­ma­do de los oyen­tes insom­nes que en medio de la noche están nece­si­ta­dos de pro­cu­rar un con­se­jo o ayu­da. En ese deve­nir se pre­sen­ta duran­te el pro­gra­ma Talu­lah (Noée Abi­ta), una joven de 18 años, quien huyen­do de una des­afor­tu­na­da rela­ción fami­liar, está vol­ca­da a las dro­gas y deam­bu­la sin rum­bo fijo. Com­pa­de­ci­da de esta chi­ca, Éli­sa­beth le ofre­ce alo­ja­mien­to en su hogar en el depar­ta­men­to pari­sino que habi­ta con sus dos hijos.

A tra­vés de peque­ñas viñe­tas muy bien entre­la­za­das el guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Maud Ame­li­ne y Mariet­te Désert va ilus­tran­do la evo­lu­ción del núcleo fami­liar. Éli­za­beth encuen­tra con­fort en su tra­ba­jo radial don­de tie­ne un encuen­tro sexual con uno de sus cole­gas (Lau­rent Poi­tre­naux); por su par­te Matthias y Judith for­jan un estre­cho víncu­lo de amis­tad con Talu­lah, en don­de el ado­les­cen­te se ena­mo­ra de ella; al cabo de un tiem­po, Talu­lah deja el hogar al no haber podi­do dejar su drogadicción.

Cua­tro años des­pués el rea­li­za­dor enfo­ca la trans­for­ma­ción emo­cio­nal de Éli­za­beth quien ade­más de su pro­gra­ma noc­turno, tra­ba­ja medio tiem­po en una biblio­te­ca en la que lle­ga a cono­cer a Hugo (Thi­bault Vinçon), un asi­duo lec­tor; con él encon­tra­rá la posi­bi­li­dad de ini­ciar una nue­va rela­ción esta­ble de pare­ja. Cuan­do ines­pe­ra­da­men­te Talu­lah regre­sa, Éli­za­beth nue­va­men­te la admi­te en su hogar pero con la ter­mi­nan­te con­di­ción de dejar defi­ni­ti­va­men­te las dro­gas; es así que con esfuer­zo la joven logra ven­cer su adic­ción, con­si­gue tra­ba­jar en la bole­te­ría de un cine local y pos­te­rior­men­te actuar como extra en una pelí­cu­la. Asi­mis­mo, Judith, ya inde­pen­dien­te, invi­ta a su madre y her­mano a visi­tar su domi­ci­lio, en tan­to que Matthias, con­ver­ti­do en un aspi­ran­te a escri­tor pro­fe­sio­nal, siguien­do muy ena­mo­ra­do de Talu­lah sien­te el des­en­can­to al com­pro­bar que ella solo lo con­si­de­ra como un muy buen her­mano y amigo.

En el retra­to de fami­lia que Hers expo­ne con mag­ní­fi­ca soli­dez narra­ti­va hay esce­nas con­mo­ve­do­ras y una que espe­cial­men­te sobre­sa­le es cuan­do los cua­tro inte­gran­tes del núcleo fami­liar bai­lan entre­la­za­dos al com­pás de una bella melo­día com­par­tien­do de este modo un ins­tan­te de ple­na felicidad.

Des­ti­lan­do una sin­gu­lar melan­co­lía, al ir evo­can­do situa­cio­nes del pasa­do no siem­pre gra­tas, este dra­ma sober­bia­men­te cons­trui­do deja una remar­ca­ble impre­sión en el áni­mo del espec­ta­dor. Resal­tan­do la noble­za del ser humano, que­da refle­ja­da la mane­ra en que el apo­yo reci­bi­do de Van­da Dor­val per­mi­tió a Éli­za­beth encon­trar la fuer­za nece­sa­ria para vis­lum­brar un futu­ro opti­mis­ta y cómo ella a su vez lo ha retri­bui­do a Talu­lah al haber­le brin­da­do la opor­tu­ni­dad de vis­lum­brar un rum­bo posi­ti­vo a su vida.

Ade­más de la exce­len­te rea­li­za­ción e impe­ca­ble guión, el film se valo­ri­za por el mag­ní­fi­co desem­pe­ño de su elen­co, sobre todo el de la vete­ra­na Char­lot­te Gains­bourg. Asi­mis­mo, en los fac­to­res téc­ni­cos se dis­tin­guen la esplen­do­ro­sa foto­gra­fía de Sébas­tien Buch­mann y el irre­pro­cha­ble mon­ta­je de Marion Mon­nier. Jor­ge Gutman

Un Buen Divertimento

COM­PE­TEN­CIA OFI­CIAL. Espa­ña-Argen­ti­na, 2022. Un film de Mariano Cohn y Gas­tón Duprat. 114 minutos

Des­pués de logra­dos tra­ba­jos como lo fue­ron entre otros El Artis­ta (2008), El Hom­bre de al Lado (2009) y El Ciu­da­dano Ilus­tre (2016), los cineas­tas Mariano Cohn y Gas­tón Duprat retor­nan con una come­dia dedi­ca­da al cine. En un guión que les per­te­ne­ce jun­to con Andrés Duprat lo que fun­da­men­tal­men­te que­da resal­ta­do es el ego acto­ral, aun­que eso no des­car­ta que sea atri­bu­to exclu­si­vo del mun­do del espectáculo.

Anto­nio Ban­de­ras, Pené­lo­pe Cruz y Osar Martínez

La acción se desa­rro­lla en Espa­ña en don­de Hum­ber­to Suá­rez (José Luis Gómez), un millo­na­rio empre­sa­rio de la indus­tria far­ma­céu­ti­ca, en oca­sión de cele­brar su octo­gé­si­mo ani­ver­sa­rio quie­re que se lo recuer­de cuan­do ya no esté; es así que ade­más de pro­yec­tar la cons­truc­ción de un puen­te que lle­va­rá su nom­bre su pro­pó­si­to es el de finan­ciar una pelí­cu­la tras­cen­den­te que lo inmor­ta­li­ce como pro­duc­tor de la mis­ma. Para ello su asis­ten­te Matías (Mano­lo Soto) con­vo­ca a Lola Cue­vas (Pené­lo­pe Cruz), una pres­ti­gio­sa direc­to­ra que ha reci­bi­do nume­ro­sos pre­mios y uno de sus fil­mes obtu­vo la Pal­ma de Oro en Can­nes. A su vez ella pien­sa reu­nir a dos intér­pre­tes de per­so­na­li­da­des com­ple­ta­men­te dife­ren­tes y que nun­ca han tra­ba­ja­do jun­tos; uno de ellos es Félix Rive­ro (Anto­nio Ban­de­ras), un nar­ci­sis­ta que triun­fa en Holly­wood y está acos­tum­bra­do a reci­bir los hala­gos del públi­co; el otro es Iván Torres (Oscar Mar­tí­nez), un pro­fe­sor de inter­pre­ta­ción y pres­ti­gio­so actor tea­tral, preo­cu­pa­do por man­te­ner un com­por­ta­mien­to éti­co en su pro­fe­sión. La pelí­cu­la a ser roda­da por Lola se basa en una nove­la escri­ta por el Pre­mio Nobel de Lite­ra­tu­ra Daniel Man­to­va­ni (per­so­na­je extraí­do de El Ciu­da­dano Ilus­tre) que rela­ta la riva­li­dad exis­ten­te entre dos her­ma­nos adul­tos; coin­ci­den­te­men­te ese sen­ti­mien­to asi­mis­mo se refle­ja­rá entre los dos acto­res que habrán de caracterizarlos.

La mayor par­te de esta his­to­ria se desa­rro­lla en los ensa­yos pre­vios a la fil­ma­ción refle­jan­do la inter­ac­ción que se pro­du­ce entre la direc­to­ra y los acto­res. Lola, adop­tan­do un méto­do de tra­ba­jo deci­di­da­men­te excén­tri­co, está obse­sio­na­da en gene­rar la máxi­ma ten­sión en la carac­te­ri­za­ción que Iván y Félix deben lograr de sus per­so­na­jes. En ese tra­ji­nar, ellos no ocul­tan la ani­mo­si­dad que les asis­te en la medi­da que cada uno tra­ta de demos­trar al otro que es supe­rior como actor; es así que a medi­da que dia­ria­men­te pro­si­guen los ensa­yos la hos­ti­li­dad entre ambos se va inten­si­fi­can­do al pun­to tal de lle­gar a inter­cam­biar exas­pe­ra­dos insul­tos; a todo ello, Lola apro­ve­cha esa situa­ción a fin de que sus acto­res pue­dan aden­trar­se mejor en la psi­co­lo­gía de los per­so­na­jes del film.

Ilus­tran­do el mar­ca­do ego­cen­tris­mo de Iván y Félix, el guión intro­du­ce momen­tos de efec­ti­va comi­ci­dad, a tra­vés de inge­nio­sas juga­rre­tas emplea­das por ambos para demos­trar quién de los dos es el mejor. Con todo, hay situa­cio­nes en que el efec­to cómi­co se dilu­ye como en el caso de la esce­na en que Lola demues­tra a sus intér­pre­tes cómo besar apa­sio­na­da­men­te a la pros­ti­tu­ta inter­pre­ta­da por Dia­na Suá­rez (Ire­ne Esco­lar), la hija del productor.

Lo más sus­tan­cio­so de esta his­to­ria es su impre­vi­si­ble des­en­la­ce que natu­ral­men­te no se habrá de reve­lar; en todo caso su reso­lu­ción rati­fi­ca el pro­pó­si­to de Cohn y Duprat de des­nu­dar las men­ti­ras, hipo­cre­sía y cinis­mo tra­sun­ta­dos en la des­crip­ción de los tres prin­ci­pa­les per­so­na­jes. Asi­mis­mo, los cineas­tas no elu­den en ilus­trar la fri­vo­li­dad demos­tra­da en oca­sión del estreno de “Riva­li­dad” don­de en la alfom­bra roja los prin­ci­pa­les res­pon­sa­bles son foto­gra­fia­dos por cen­te­na­res de fotó­gra­fos, así como en la con­fe­ren­cia de pren­sa que sigue a la con­clu­sión del film, no fal­tan algu­nas pre­gun­tas bana­les for­mu­la­das a Lola y a Iván.

Esta come­dia se des­ta­ca por la soli­dez acto­ral de sus tres figu­ras este­la­res. Si bien el per­so­na­je de López es el menos desa­rro­lla­do, la remar­ca­ble actriz per­mi­te que su excén­tri­ca Lola pro­vis­ta de una enri­za­da cabe­lle­ra roji­za atrai­ga la aten­ción cada vez que impar­te las ins­truc­cio­nes duran­te los ensa­yos. Ban­de­ras com­po­ne impe­ca­ble­men­te al fan­fa­rrón come­dian­te con ansias de derrum­bar a su adver­sa­rio quien fren­te al públi­co fal­sa­men­te lo ala­ba como su “maes­tro, ami­go y her­mano”. Por su par­te Mar­tí­nez igual­men­te des­lum­bra ani­man­do al pedan­te elitista

Aun­que Com­pe­ten­cia Ofi­cial con­tem­pla algu­nas esce­nas repe­ti­ti­vas que ami­no­ran su rit­mo, lo cier­to es que sin ser el mejor tra­ba­jo de la dupla Cohen-Duprat, ambos cineas­tas logran un diver­ti­men­to que se deja ver con agra­do refle­jan­do algu­nas de las situa­cio­nes que pue­den acon­te­cer en el pro­ce­so crea­ti­vo de un film. Jor­ge Gutman