Simu­la­cro de Via­je Espacial

VIKING. Cana­dá, 2022. Un film de Stépha­ne Lafleur 105 minutos

Ausen­te des­de 2014 en que ofre­ció su nota­ble lar­go­me­tra­je Tu Dors Nico­le, Stépha­ne Lafleur retor­na con su cuar­to opus en Viking en el que rati­fi­ca su con­di­ción de ser uno de los más crea­ti­vos rea­li­za­do­res de Cana­dá. En esta opor­tu­ni­dad abor­da un tema deci­di­da­men­te ori­gi­nal que a pri­me­ra vis­ta pue­de cata­lo­gar­se de cien­cia fic­ción, pero que bien podría ase­me­jar­se a una situa­ción realista.

Ste­ve Laplante

La his­to­ria con­ce­bi­da por Lafleur con la cola­bo­ra­ción de Éric K. Bou­lan­ne trans­cu­rre en la épo­ca en que la NASA deci­de enviar la pri­me­ra misión huma­na a Mar­te. Al comien­zo del rela­to se obser­va a David (Ste­ve Laplan­te), un pro­fe­sor de edu­ca­ción físi­ca, que des­pués de haber par­ti­ci­pa­do con su com­pa­ñe­ra Isa­be­lle (Marie-Lau­ren­ce Moreau) y unos ami­gos en una cena cor­dial, se des­pi­de de ellos por cuan­to se ausen­ta­rá por dos años y medio para par­ti­ci­par en un sin­gu­lar pro­yec­to. Él ha sido ele­gi­do por la Viking Society como volun­ta­rio para inte­grar un gru­po de 5 par­ti­ci­pan­tes en un simu­la­cro de via­je espa­cial a Mar­te, como répli­ca de la real expe­di­ción que está a pun­to de comen­zar. El obje­ti­vo per­se­gui­do es el de poder anti­ci­par los ines­pe­ra­dos pro­ble­mas inter­per­so­na­les que los ver­da­de­ros astro­nau­tas ten­drán que enfren­tar duran­te el pro­lon­ga­do via­je espacial.

La selec­ción efec­tua­da por la com­pa­ñía ha teni­do en cuen­ta de que cada uno de los inte­gran­tes inde­pen­dien­te­men­te de su sexo, res­pon­da a la simi­lar natu­ra­le­za psi­co­ló­gi­ca de sus homólogos.

Bajo la super­vi­sión de Jean-Marc (Mar­tin-David Peters) y Chris­tia­ne (Marie Bras­sard), David, que de ahí en más será el simu­la­do astro­nau­ta John, con­vi­vi­rá ais­la­do con los cua­tro res­tan­tes volun­ta­rios del equi­po fic­ti­cio que serán cono­ci­dos con los nom­bres de Ste­ven (Laris­sa Corri­veau), Janet (Fabio­la N. Ala­din), Gary (Ham­za Haq) y Liz (Denis Hou­le). La supues­ta astro­na­ve es un bun­ker ubi­ca­do en una desér­ti­ca región de Esta­dos Uni­dos y en su inte­rior se desa­rro­lla­rá el via­je espa­cial don­de cada uno de los volun­ta­rios tie­ne asig­na­do una tarea especial.

Duran­te el trans­cur­so de esa misión inter­pla­ne­ta­ria van suce­dién­do­se algu­nas situa­cio­nes absur­das que gene­ran un logra­do humor equi­li­bran­do de este modo los aspec­tos más serios que se gene­ran en la inter­ac­ción de los miem­bros del equi­po; es pre­ci­sa­men­te en ese deve­nir don­de el rela­to resal­ta las difi­cul­ta­des que pue­den pro­du­cir­se cuan­do resul­ta pro­ble­má­ti­co vis­lum­brar la con­duc­ta huma­na al estar ale­ja­do de la Tie­rra duran­te un pro­lon­ga­do espa­cio de tiempo.

Todos los per­so­na­jes están muy bien deli­nea­dos en el inge­nio­so guión, sobre todo el de David mos­tran­do cómo su asu­mi­da iden­ti­dad del astro­nau­ta John le resul­ta difí­cil dejar­la de lado, al lle­gar a supo­ner que ver­da­de­ra­men­te es un explo­ra­dor espacial.

Gra­cias a la esme­ra­da rea­li­za­ción de Lafleur, Viking cons­ti­tu­ye una muy bue­na explo­ra­ción del com­por­ta­mien­to moti­va­cio­nal, mos­tran­do la fali­bi­li­dad del ser humano como asi­mis­mo las reac­cio­nes emo­cio­na­les que se gene­ran fren­te a situa­cio­nes imprevistas.

Con inta­cha­bles inter­pre­ta­cio­nes del elen­co y resal­ta­do por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Sara Misha­ra, a tra­vés de este ima­gi­na­rio via­je espa­cial Lafleur ha logra­do un cau­ti­van­te retra­to de la con­di­ción huma­na que sin duda el ciné­fi­lo sabrá apre­ciar. Jor­ge Gutman

La Inol­vi­da­ble Rubia

BLON­DE. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Andrew Domi­nik. 165 minu­tos. Dis­tri­bui­do por Netflix

Aún per­du­ra en la memo­ria colec­ti­va la muer­te de Marilyn Mon­roe acae­ci­da el 4 de agos­to de 1962 a cau­sa de una sobre­do­sis de bar­bi­tú­ri­cos inge­ri­da y cuyo dece­so ha sido con­si­de­ra­do como pro­ba­ble sui­ci­dio. Intere­sa­do por quien fue­ra una de las estre­llas más des­lum­bran­tes de la déca­da del 50, el direc­tor Andrew Domi­nik deci­dió abor­dar su vida toman­do como refe­ren­cia la bio­gra­fía fic­cio­nal de Joy­ce Carol Oates publi­ca­da en 2000 y que en su momen­to fue muy controvertida.

Más allá de con­si­de­rar si lo que el film refle­ja se adhie­re estric­ta­men­te a la exis­ten­cia de la gla­mo­ro­sa Marilyn, mucho de lo que se pre­sen­cia ha sido bien cono­ci­do a tra­vés de los dife­ren­tes medios de difu­sión. Adop­tan­do el clá­si­co esti­lo de una bio­gra­fía con­ven­cio­nal aun­que con impor­tan­tes sal­tos en su desa­rro­llo, la pri­me­ra ima­gen exhi­be a Nor­ma Jea­ne Baker (Lily Fisher), don­de su madre Gladys (Julian­ne Nichol­son) le fes­te­ja su sép­ti­mo cum­plea­ños. Sin embar­go muy pron­to esta mujer, seria­men­te des­equi­li­bra­da que abu­sa de su hiji­ta al pun­to de inten­tar aho­gar­la en la bañe­ra, es inter­na­da en una clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca; así, la niña sin su padre a quien nun­ca ha cono­ci­do es for­za­da a pasar su infan­cia en un orfanato.

Ana de Armas

Des­pués de su tris­te niñez, en su eta­pa adul­ta la joven Nor­ma Jea­ne, ya apo­da­da Marilyn Mon­roe (Ana de Armas), en su aspi­ra­ción de ser actriz sufre la humi­lla­ción de la vio­la­ción ejer­ci­da por un pro­duc­tor de Holly­wood (David Warshofsky) que la entre­vis­ta. De allí en más Marilyn se con­ver­ti­rá pron­ta­men­te en la gran bom­ba sexual del espec­tácu­lo don­de se la ve ase­dia­da y cele­bra­da por el públi­co y los fotó­gra­fos en oca­sión del estreno de Gentle­men Pre­fer Blon­des (1953). Con todo, su cele­bri­dad no lle­ga a com­pen­sar su sen­ti­mien­to de pena fren­te a su madre enfer­ma, al padre que tan­to habría que­ri­do cono­cer y espe­cial­men­te al ver frus­tra­da su voca­ción mater­nal debi­do al abor­to for­za­do al que estu­vo suje­ta por impo­si­ción de los estu­dios de Holly­wood para seguir gozan­do de los bene­fi­cios deri­va­dos de su éxi­to en futu­ros filmes.

De allí en más Domi­ni­ik ilus­tra su tumul­tuo­sa vida sen­ti­men­tal, inclu­yen­do el casa­mien­to con el famo­so beis­bo­lis­ta Joe DiMag­gio (Bobby Can­na­va­le) y su pron­to divor­cio en la medi­da que él no está dis­pues­to a que ella siga con su tra­ba­jo cen­tra­do fun­da­men­tal­men­te en su belle­za sexual. El otro derro­te­ro sen­ti­men­tal será con el gran dra­ma­tur­go Arthur Miller (Adrien Brody) con quien con­trae enla­ce y lle­ga a com­par­tir algu­nos momen­tos de feli­ci­dad, sobre todo al haber que­da­do emba­ra­za­da y con­cre­tar su aspi­ra­ción mater­nal; pero la dicha es de cor­to alcan­ce al pro­du­cir­se un abor­to invo­lun­ta­rio, fac­tor que moti­va a que su sufri­mien­to la ale­je gra­dual­men­te de su marido.

A tra­vés de la exce­len­te carac­te­ri­za­ción de Ana de Armas quien se sumer­ge en cuer­po y alma en su per­so­na­je, se pue­de empa­ti­zar con la vida en últi­ma ins­tan­cia tris­te y deso­la­da de la des­pam­pa­nan­te rubia; la artis­ta trans­mi­te ple­na­men­te la fra­gi­li­dad, des­am­pa­ro y tris­te­za de una cele­bri­dad que nun­ca pudo supe­rar la amar­gu­ra de no ser madre; a ello se agre­ga la pesa­dum­bre de no haber teni­do con­tac­to alguno con su padre en don­de esa figu­ra es reem­pla­za­da en par­te por quie­nes man­tu­vo amo­ríos, lla­mán­do­les “daddy”.

El tra­ta­mien­to brin­da­do por Domi­nik resul­ta un tan­to dis­cu­ti­ble en tan­to que con­ti­nua­men­te la fil­ma­ción en color cede lugar al blan­co y negro a lo lar­go de su desa­rro­llo, sin que exis­ta razón algu­na que lo jus­ti­fi­que. Asi­mis­mo resul­ta inne­ce­sa­rio enfa­ti­zar en el “mena­ge a trois” que Marilyn man­tie­ne con Eddy Robin­son Jr (Evan Williams), el hijo de Edwar Robin­son, y Cass Cha­plin (Xavier Samuel), el vás­ta­go de Char­les Cha­plin; igual­men­te resul­ta de poco gus­to la esce­na en que ella se degra­da prac­ti­can­do el coi­to oral con el pre­si­den­te Ken­nedy (Cas­par Phillipson).

Al mar­gen de las obje­cio­nes seña­la­das y adop­tan­do un tra­ta­mien­to visual impre­sio­nis­ta, cabe pon­de­rar la bue­na pues­ta en esce­na del direc­tor brin­dan­do un rela­to glo­bal­men­te atrac­ti­vo aun­que no excep­cio­nal del emble­má­ti­co ícono sexual. Jor­ge Gutman

FNC 2022 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A con­ti­nua­ción se ofre­ce una rese­ña de cua­tro fil­mes pre­sen­ta­dos en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinéma 

After­sun (Gran Bretaña)

En su ópe­ra pri­ma la direc­to­ra Char­lot­te Wells enfo­ca la espe­cial rela­ción esta­ble­ci­da entre un padre y su hija. En un guión que le per­te­ne­ce Wells pre­sen­ta a la adul­ta Sophie (Celia Rowl­son-Hall) miran­do videos gra­ba­dos en una mini cáma­ra DV; ahí revi­ve su eta­pa pre­ado­les­cen­te con su padre divor­cia­do de 31 años en oca­sión de haber efec­tua­do un via­je de vacaciones.

A tra­vés de flash­backs la acción retro­ce­de a 1990 don­de Sofía (Fran­kie Corio) de 11 años vivien­do en Edim­bur­go con su madre, acep­ta la invi­ta­ción de su padre Callum (Paul Mes­cal) radi­ca­do en Lon­dres para pasar un par de sema­nas en un peque­ño resor­te ubi­ca­do en Turquía.

After­sun

Prác­ti­ca­men­te la mayor par­te del metra­je trans­cu­rre en ese bal­nea­rio don­de se pue­de apre­ciar la cáli­da amis­tad que sur­ge entre ambos per­so­na­jes. A pesar de que Callum está sepa­ra­do de su espo­sa des­de hace varios años, la ex pare­ja man­tie­ne una acti­tud cor­dial que se vis­lum­bra en un lla­ma­do tele­fó­ni­co que él le efec­túa des­de Tur­quía. Duran­te esas jor­na­das, los días trans­cu­rren vien­do a padre e hija bañar­se en la pis­ci­na, sumer­gién­do­se en el mar, jugar a las car­tas, asis­tir a algu­nos espec­tácu­los que se ofre­cen, com­par­tir los almuer­zos y cenas, así como las res­tan­tes acti­vi­da­des pro­pias de un via­je de placer.

La narra­ti­va es muy escue­ta sin que ofrez­ca gran­des sobre­sal­tos o mayo­res exci­ta­cio­nes. Sin embar­go, en este melan­có­li­co rela­to sobre­sa­len algu­nos ras­gos tan­to de Sophie, obser­van­do y vin­cu­lán­do­se con la gen­te de su edad que le salen al paso, así como por par­te de Callum impreg­nan­do en todo momen­to inmen­so cari­ño a la peque­ña. De todos modos, sin ofre­cer deta­lles sobre el pasa­do de este indi­vi­duo hay un ins­tan­te en el que vuel­ca su llan­to, pre­su­mien­do que hay algo serio que lo afli­ge aun­que se igno­ra la causa.

Con bue­nos intér­pre­tes, la novel rea­li­za­do­ra demues­tra una espe­cial sen­si­bi­li­dad y deli­ca­de­za expo­nien­do una nos­tál­gi­ca his­to­ria bien cons­trui­da que a pesar de no exis­tir un con­flic­to dra­má­ti­co de todos modos resul­ta emotiva.

A Pie­ce of Sky (Sui­za-Ale­ma­nia)

En su segun­da pelí­cu­la el direc­tor Michael Koch narra un ínti­mo dra­ma román­ti­co que trans­cu­rre en los Alpes de Sui­za en don­de la natu­ra­le­za ejer­ce espe­cial influen­cia en el desa­rro­llo del relato.

A Pie­ce of Sky

El guión del rea­li­za­dor ilus­tra a una comu­ni­dad rural que aun­que ais­la­da y afe­rra­da a sus tra­di­cio­nes fun­cio­na armo­nio­sa­men­te. Es allí don­de se sale al encuen­tro de Anna (Michè­le Brand), que tra­ba­ja en un café local a la vez que tam­bién se desem­pe­ña como emplea­da de correo y es madre mono­pa­ren­tal de Julia (Elin Zgrag­gen). En el bar ella cono­ce a Mar­co (Simon Wis­ler), un muscu­loso gran­je­ro de natu­ra­le­za poco comu­ni­ca­ti­va con quien esta­ble­ce inme­dia­ta sin­to­nía; es así que en las pri­me­ras esce­nas que­da expues­to el apa­sio­na­do amor que los une tra­du­ci­do en mani­fies­ta carnalidad.

Expo­nien­do satis­fac­to­ria­men­te esce­nas de la vida coti­dia­na en ese ámbi­to cam­pe­sino, el rea­li­za­dor enfa­ti­za el com­por­ta­mien­to errá­ti­co de Mar­co que podría deber­se al serio tumor cere­bral que le está afec­tan­do. Esa angus­tio­sa situa­ción reper­cu­te inten­sa­men­te en Anna, sobre todo cuan­do lo obser­va adop­tan­do una con­duc­ta ambi­gua fren­te a su hijita.

Adqui­rien­do el rela­to un carác­ter frag­men­ta­rio e inter­ca­lan­do un cam­bio de tono con la fil­ma­ción en el lugar de un Bolly­wood musi­cal, la pelí­cu­la pier­de vita­li­dad y su tema cen­tral va dilu­yén­do­se. Eso cons­pi­ra aún más debi­do a que el film trans­cu­rre con pas­mo­sa len­ti­tud y su dura­ción de más de dos horas y media resul­ta extre­ma­da­men­te exce­si­va, pudien­do haber­se redu­ci­do en por lo menos 45 minu­tos. Aun­que la inter­pre­ta­ción es correc­ta y es remar­ca­ble la foto­gra­fía de Armin Die­rolf, a pesar de sus bue­nas inten­cio­nes, el film no lle­ga a trascender.

The Novelist’s Film (Corea del Sur)

El pro­lí­fi­co rea­li­za­dor sur­co­reano Hong Sang­soo vuel­ve a delei­tar con esta agra­da­bi­lí­si­ma come­dia en don­de con una mini­ma­lis­ta narra­ción enfo­ca las vici­si­tu­des de una vete­ra­na nove­lis­ta duran­te el trans­cur­so de una jornada.

The Novelist’s Film

La pelí­cu­la comien­za con la visi­ta que la escri­to­ra men­cio­na­da Junhee (Lee Hye­young) efec­túa a una libre­ría en los subur­bios de Seúl en don­de su due­ña Sweon (Seo Youngh­wa) es una anti­gua ami­ga con quien había per­di­do con­tac­to; es allí que en ese encuen­tro y com­par­tien­do pos­te­rior­men­te una taza de té Junhee le mani­fies­ta que des­pués de muchos años de tra­ba­jo se sien­te un tan­to blo­quea­da en su con­di­ción de nove­lis­ta; en el lugar igual­men­te se encuen­tra la joven asis­ten­te de la due­ña a quien la visi­tan­te le soli­ci­ta que le ense­ñe a uti­li­zar el len­gua­je de los sig­nos para apre­ciar la belle­za de un poema..

Pos­te­rior­men­te Junhee deci­de efec­tuar un paseo en don­de encuen­tra a Hyo­jin (Kwon Haeh­yo), un direc­tor de cine acom­pa­ña­do de su espo­sa, a quien ella cono­ce des­de hace tiem­po y en cier­to modo le resien­te por no haber fil­ma­do nin­gu­na de sus nove­las; mien­tras los tres siguen cami­nan­do por un par­que se topan con Kil­soo (Kim Minheey), una reco­no­ci­da actriz que tie­ne la inten­ción de dejar su pro­fe­sión; inme­dia­ta­men­te sur­ge una comu­ni­ca­ción espe­cial entre Junhee y Kil­soo, en don­de ambas deci­den que van a hacer un cor­to­me­tra­je con Gyeong­woo (Ha Seong­guk), un estu­dian­te de cine sobrino del mari­do de Kil­soo, en don­de la actriz vol­ve­rá a actuar basa­do en un libre­to con­ce­bi­do por la nove­lis­ta. ¿Pero en que esta­rá basa­do el guión? ¿Es nece­sa­rioi saber­lo de ante­mano o mejor comen­zar a rodar refle­jan­do en ese momen­to lo que está ocurriendo?

Cada uno de estos per­so­na­jes pare­ce atra­ve­sar momen­tos deci­si­vos en su res­pec­ti­va carre­ra y a ello se agre­ga la pre­sen­cia de Man­soo (Ki Joo­bong), un vie­jo poe­ta con quien Junhee man­tu­vo en el pasa­do un víncu­lo sen­ti­men­tal y que indi­rec­ta­men­te influi­rá en el film de la novelista.

Con meri­dia­na cla­ri­dad y sin sofis­ti­ca­ción algu­na, el direc­tor deja plan­tea­da algu­nas pre­gun­tas sobre la reafir­ma­ción del pro­ce­so de crea­ti­vi­dad pero lo impor­tan­te es que a tra­vés de agra­da­bles y filo­só­fi­cas con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das entre los per­so­na­jes de esta his­to­ria, el direc­tor va hil­va­nan­do el espon­tá­neo guión ima­gi­na­do por Junhee. En esen­cia, he aquí una chis­pean­te his­to­ria fil­ma­da en blan­co y negro por el rea­li­za­dor que el espec­ta­dor selec­ti­vo sabrá apre­ciar así como lo con­si­de­ró el jura­do del Fes­ti­val de Ber­lín de este año adju­di­cán­do­le el Gran Premio.

Tchaikovsky’s Wife (Rusia-Fran­cia-Sui­za)

El renom­bra­do cineas­ta ruso Kiril Sere­bren­ni­kov abor­da en este film un ambi­cio­so pro­yec­to en el que como su títu­lo lo anti­ci­pa se refie­re a la mujer que el céle­bre com­po­si­tor ruso espo­só duran­te un bre­ve lap­so de su vida.

Tchaikovsky’s Wife

La acción comien­za en Mos­cú en noviem­bre de 1893 en don­de Anto­ni­na Mili­uko­va (Alyo­na Mikhai­lo­va), la viu­da de Tchai­kovsky, acu­de a su fune­ral. De inme­dia­to el rela­to basa­do en el guión del rea­li­za­dor retro­ce­de a 1871 en don­de en una reu­nión social la joven Anto­ni­na cono­ce al emble­má­ti­co com­po­si­tor (Odin Biron) y como joven aspi­ran­te a pia­nis­ta le hace saber la pro­fun­da admi­ra­ción que sien­te por él y su deseo de ingre­sar al Con­ser­va­to­rio de Músi­ca en don­de Tchai­kovsky es docen­te. No pasa mucho tiem­po en el que ella le expre­sa su amor y es así que final­men­te Tchai­kovsky le pro­po­ne matri­mo­nio el cual habrá de con­cre­tar­se en 1877. Es evi­den­te que ese arre­glo matri­mo­nial cons­ti­tu­yó una for­ma de encu­brir la homo­se­xua­li­dad del artis­ta aun­que su espo­sa igno­ra­ba su orien­ta­ción sexual. La dicha de Anto­ni­na es de cor­to alcan­ce por­que su mari­do hace todo lo posi­ble por evi­tar­la man­te­nién­do­se ale­ja­do. Lle­ga un momen­to en que los ami­gos del com­po­si­tor le soli­ci­tan a Anto­ni­na que acep­te divor­ciar­se de él, pero ella ence­gue­ci­da por com­ple­to se nie­ga a hacerlo.

De allí en más, el rela­to trans­mi­te el cal­va­rio que atra­vie­sa esta mujer para sal­var un amor impo­si­ble den­tro del mar­co de un desas­tro­so matri­mo­nio, agra­va­do por el hecho de ser des­pre­cia­da y humi­lla­da por un mari­do que no la desea. El inten­so mar­ti­rio sufri­do por su mar­ca­da obs­ti­na­ción de seguir sien­do a toda cos­ta su mujer la con­du­ce a un esta­do de com­ple­ta ena­je­na­ción que le hace per­der el sen­ti­do de la razón.

De impe­ca­ble rea­li­za­ción ilus­tran­do muy bien algu­nos aspec­tos de la socie­dad rusa del siglo 19, el tra­ba­jo de Sere­bren­ni­kov se real­za por el exce­len­te dise­ño de pro­duc­ción de Vlad Ogal repro­du­cien­do feha­cien­te­men­te los esce­na­rios en que trans­cu­rre el rela­to. Con todo, el úni­co bemol es la exce­si­va dura­ción del metra­je que pue­de lle­gar a exas­pe­rar con­tem­plan­do en for­ma casi per­ma­nen­te la deses­pe­ran­te alie­na­ción de la trá­gi­ca Anto­ni­na, ideal­men­te inter­pre­ta­da por Mikhai­lo­va. En todo caso la obje­ción apun­ta­da no des­me­dra la cali­dad de este sen­si­ble dra­ma conyugal.

Enco­mia­ble Docu­men­tal Híbrido

ETER­NAL SPRING / PRIN­TEMPS ÉTER­NEL Cana­dá, 2022. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Jason Lof­tus. 86 minutos

Con el ante­ce­den­te de la cáli­da recep­ción reci­bi­da en el Fes­ti­val Hot Docs de este año aho­ra se estre­na Eter­nal Spring, un enco­mia­ble híbri­do docu­men­tal de Jason Lof­tus que repre­sen­ta­rá a Cana­dá en la com­pe­ten­cia del Oscar a Mejor Pelí­cu­la Internacional.

Una esce­na del docu­men­tal ETER­NAL SPRING

La his­to­ria se remon­ta a un epi­so­dio acon­te­ci­do en la ciu­dad de Chang­chun, loca­li­za­da al nor­te de Chi­na con una pobla­ción de 7 millo­nes, tenien­do como ante­ce­den­te la deci­sión adop­ta­da por el gobierno chino que prohi­bió en julio de 1999 las ope­ra­cio­nes de Falun Gong. Esta aso­cia­ción espi­ri­tual crea­da en 1992 tenía como pro­pó­si­to la prác­ti­ca de ejer­ci­cios de medi­ta­ción fun­da­dos en la ver­dad, bene­vo­len­cia y tole­ran­cia, pero su gran popu­la­ri­dad logra­da al poco tiem­po cons­ti­tu­yó una ame­na­za para el gobierno dic­ta­to­rial de Jiang Zemin quien lan­zó una gran repre­sión con­tra sus miembros.

Como con­se­cuen­cia de esa inter­dic­ción, casi una vein­te­na de prac­ti­can­tes de ese gru­po espi­ri­tual recu­rrie­ron a una audaz manio­bra que se cris­ta­li­zó el 5 de mar­zo de 2002. Ese día ellos logra­ron pira­tear una emi­so­ra de tele­vi­sión esta­tal por cable en el espa­cio de mayor difu­sión para denun­ciar la des­in­for­ma­ción efec­tua­da por el gobierno y la repre­sión ejer­ci­da con­tra la etnia musul­ma­na de los uigu­res y los musul­ma­nes budistas.

Mer­ced a la exce­len­te par­ti­ci­pa­ción del dibu­jan­te chino Daxiong, hoy resi­den­te en Toron­to y que aun­que no estu­vo impli­ca­do direc­ta­men­te en la ope­ra­ción fue tes­ti­go de la mis­ma, este docu­men­tal cobra una inusual soli­dez. A tra­vés de sus mag­ní­fi­cos esbo­zos e ilus­tra­cio­nes rea­li­za­dos con su com­pa­ñía que­dan repro­du­ci­das de mane­ra estu­pen­da la eje­cu­ción del plan, su reper­cu­sión y las dra­má­ti­cas con­se­cuen­cias pro­du­ci­das por este sor­pren­den­te suce­so don­de más de 5000 inte­gran­tes de Falun Gong, sien­do algu­nos de ellos eje­cu­ta­dos. Asi­mis­mo, en un enfo­que más trad­cio­nal, el docu­men­tal des­ta­ca el encuen­tro de Daxiong con algu­nos de los sobre­vi­vien­tes que pudie­ron esca­par de Chi­na y logra­ron exi­liar­se en Corea del Sur, Esta­dos Uni­dos y Canadá.

Median­te una impe­ca­ble rea­li­za­ción en la que Lof­tus men­cio­nó la con­tri­bu­ción de su espo­sa Masha, que pre­ci­sa­men­te es oriun­da de Chang­chun, este docu­men­tal cons­ti­tu­ye una dra­má­ti­ca denun­cia hacia toda for­ma de supre­sión de los dere­chos huma­nos, inclu­yen­do la liber­tad de expre­sión y del cre­do reli­gio­so. Lamen­ta­ble­men­te, a pesar de haber trans­cu­rri­do más de dos déca­das de lo que refle­ja este film, el gra­ve pro­ble­ma sigue sub­sis­tien­do al cons­ta­tar las medi­das que el actual gobierno chino ejer­ce en la pobla­ción de Hong Kong, Xin­jiang y Tibet así como lo que acon­te­ce en Myan­mar y en otras regio­nes del mundo.

Por su con­te­ni­do y sus exce­len­tes valo­res visua­les de ani­ma­ción, este remar­ca­ble docu­men­tal impi­de que el espec­ta­dor se man­ten­ga indi­fe­ren­te y es deci­di­da­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

En Defen­sa de un Hijo

GOD’S CREA­TU­RES. Irlan­da-Gran Bre­ta­ña, 2022. Un film de Sae­la Davis y Anna Rose Hol­mer. 100 minutos.

El dile­ma de una madre pro­te­gien­do a su hijo por haber come­ti­do un deli­to es lo que se enfo­ca en God’s Crea­tu­res, segun­do lar­go­me­tra­je de las rea­li­za­do­ras Sae­la Davis y Anna Rose Holmer.

Paul Mes­cal y Emily Watson

El guión de Sha­ne Crow­ley y Fodh­la Cro­nin O’Reilly Fod ubi­ca la acción en una peque­ña aldea de pes­ca­do­res situa­da en la cos­ta del noroes­te de Irlan­da. Es allí don­de fun­cio­na una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de pro­duc­tos marí­ti­mos pro­vis­tos por las aguas del océano y que cons­ti­tu­yen la prin­ci­pal fuen­te de sub­sis­ten­cia de la humil­de comu­ni­dad. En la mis­ma se desem­pe­ña como super­vi­so­ra Aileen (Emily Watson) quien man­tie­ne una muy bue­na rela­ción con sus cole­gas de trabajo.

Esta mujer que aca­ba de ser abue­la por par­te de su hija Erin (Toni O’Rourke), reci­be ines­pe­ra­da­men­te la visi­ta de su otro hijo Brian (Paul Mes­cal) quien retor­na tras un lar­go tiem­po de haber per­ma­ne­ci­do en Aus­tra­lia. Se igno­ra el moti­vo por el que Brian se ausen­tó aun­que la poca ani­mo­si­dad de su padre Con (Declan Con­lan) hacia él sugie­re que hubo algo extra­ño en el pasa­do; de todos modos eso no empa­ña la ale­gría de Aileen de tener nue­va­men­te a su vás­ta­go inte­gran­do la familia.

El ele­men­to que impul­sa el rela­to es cuan­do Sarah (Ais­ling Fran­cio­si), una de las tra­ba­ja­do­ras de la fábri­ca que en su juven­tud man­tu­vo un roman­ce con Brian, lo acu­sa a las auto­ri­da­des por haber sido vio­la­da en oca­sión de haber sali­do de un bar en horas de la noche regre­san­do a su hogar. Cuan­do la poli­cía abor­da el hogar de Aileen, ella fal­ta a la ver­dad mani­fes­tan­do abier­ta­men­te que Brian había esta­do en la casa al pro­du­cir­se la agre­sión sexual denunciada.

Las rea­li­za­do­ras ofre­cen una muy bue­na pin­tu­ra de ese peque­ño pue­blo regi­do patriar­cal­men­te, don­de sus inte­gran­tes recha­zan abier­ta­men­te cual­quier indi­cio de vio­len­cia por lo cual pre­fie­ren igno­rar que la mis­ma pue­da exis­tir, mar­gi­na­li­zan­do de este modo a Sarah. Por esa razón el pro­ble­ma de con­cien­cia afec­ta pro­fun­da­men­te a Aileen al saber que habien­do men­ti­do se ha con­ver­ti­do en cóm­pli­ce de su hijo; por su par­te Erin más cons­cien­te del daño pro­vo­ca­do por su her­mano, de mane­ra seve­ra no tole­ra la acti­tud adop­ta­da por su madre defendiéndolo.

El film no ofre­ce en momen­to alguno mues­tras de la vio­la­ción men­cio­na­da y ade­más el per­so­na­je de Sarah per­ma­ne­ce ausen­te en gran par­te del metra­je, amor­ti­guan­do de ese modo el impac­to dra­má­ti­co del gra­ve inci­den­te; a ello cabe agre­gar la incor­po­ra­ción de per­so­na­jes secun­da­rios en situa­cio­nes esque­má­ti­cas que no con­tri­bu­yen al tema cen­tral planteado.

El gran sos­tén de este dra­ma rural resi­de en la nota­ble inter­pre­ta­ción brin­da­da por Emily Watson quien se la recuer­da por su remar­ca­ble debut de 1996 en Brea­king the Waves. En esta opor­tu­ni­dad gra­ta­men­te impre­sio­na carac­te­ri­zan­do a una devo­ta madre que sabe que su acción coli­sio­na con los valo­res mora­les que han regi­do su vida; en tal sen­ti­do en una de las esce­nas cul­mi­nan­tes del rela­to la actriz trans­mi­te con ple­ni­tud el esta­do emo­cio­nal de tris­te­za que la embarga.

Aun­que el guión se mues­tra osci­lan­te en cier­tas par­tes del rela­to ate­nuan­do su desa­rro­llo, la bue­na pues­ta escé­ni­ca de las rea­li­za­do­ras y el cali­fi­ca­do elen­co, ade­más de Watson como así tam­bién la con­vin­cen­te inter­pre­ta­ción de Paul Mes­cal, per­mi­ten apre­ciar un dra­ma rural que sin apa­sio­nar no obs­tan­te con­ci­ta inte­rés, espe­cial­men­te por su con­no­ta­ción moral. Jor­ge Gutman