El Rey Revi­vi­do por Luhrmann

ELVIS. Aus­tra­lia, 2022. Un film de Baz Luhr­mann. 159 minutos

Des­pués de su estreno mun­dial en Can­nes final­men­te el públi­co cana­dien­se tie­ne opor­tu­ni­dad de juz­gar Elvis, una de las pelí­cu­las que gene­ró gran expec­ta­ti­va no solo por con­si­de­rar la figu­ra del indis­cu­ti­do rey del rock and roll sino por lle­var la fir­ma de Baz Luh­mann. El talen­to­so direc­tor aus­tra­liano tie­ne en su currí­cu­lum la rea­li­za­ción de fil­mes de gran espec­ta­cu­la­ri­dad como lo han sido Strictly Ball­room (1992), Romeo +Juliet (1996), Mou­lin Rou­ge (2001) y su penúl­ti­mo tra­ba­jo The Great Gatsby (2013); de allí que todo esta­ba con­fi­gu­ra­do para aguar­dar otra pelí­cu­la de igual enver­ga­du­ra. Se pue­de anti­ci­par que Elvis sin ser el mejor tra­ba­jo de Luhr­mann no deja­rá a nadie indi­fe­ren­te a tra­vés de la alu­ci­nan­te expe­rien­cia sen­so­rial vivi­da a lo lar­go de poco más de dos horas y media de metraje.

Aus­tin Butler

El pro­pó­si­to del rea­li­za­dor, valién­do­se del guión por él pre­pa­ra­do jun­to con Sam Bro­mell, Craig Pear­ce y Jeremy Doner, es el de des­cri­bir la rela­ción de Elvis (Aus­tin Butler) con el coro­nel Tom Par­ker (Tom Hanks) ‑que no era coro­nel como tam­po­co “Par­ker” fue su ver­da­de­ro nombre‑, su empre­sa­rio por espa­cio de 21 años. Es así que unos años des­pués de la muer­te de Elvis, es Par­ker quien en esta­do mori­bun­do des­de su lecho de enfer­mo pasa revis­ta a ese víncu­lo, seña­lan­do que si no hubie­ra sido por él, Elvis jamás habría sido el ído­lo incues­tio­na­ble que resul­tó ser.

Sin ser rigu­ro­sa­men­te una minu­cio­sa bio­gra­fía, el film sigue los pasos de Elvis, quien naci­do en Tupe­lo, Mis­sis­sip­pi, a los 13 años su fami­lia se muda a Memphis, Ten­nes­see. La influen­cia reci­bi­da de haber vivi­do su infan­cia en un vecin­da­rio afro­ame­ri­cano, se hará sen­tir al comen­zar su carre­ra artís­ti­ca, en don­de el juve­nil can­tan­te emplea en su reper­to­rio temas de blues, gós­pel, músi­ca country y hip hop, sin obvia­men­te des­car­tar el rock and roll.

El fun­da­men­tal impul­so pro­fe­sio­nal lo reci­be a prin­ci­pios de 1955 cuan­do Par­ker, hom­bre de gran expe­rien­cia en el mun­do del cir­co, le ofre­ce ser su pro­mo­tor artís­ti­co; aun­que en prin­ci­pio su madre Gla­dis (Helen Thom­son) se mues­tra cau­te­lo­sa de la pro­po­si­ción, final­men­te con el vis­to bueno de su mari­do Ver­non (Richard Rox­burgh) que­da fir­ma­do el con­tra­to que uni­rá a su hijo con Par­ker. Al poco tiem­po, ade­más de sus exi­to­sos con­cier­tos públi­cos, su fama alcan­za nive­les insos­pe­cha­dos con la difu­sión de sus con­cier­tos en la tele­vi­sión nacio­nal; asi­mis­mo su popu­la­ri­dad se inten­si­fi­ca con su incur­sión como actor en el mun­do del cine.

Ade­más de ilus­trar el ascen­so, estre­lla­to y caí­da del excep­cio­nal ícono, el film refle­ja la impla­ca­ble dis­cri­mi­na­ción exis­ten­te hacia los negros, la lucha por los dere­chos civi­les, los ase­si­na­tos de Mar­tin Luther King y Robert Ken­nedy como asi­mis­mo los impor­tan­tes cam­bios cul­tu­ra­les y socia­les de Esta­dos Uni­dos duran­te la déca­da del 60.

El gran des­plie­gue visual y musi­cal cons­ti­tu­ye uno de los sóli­dos pila­res del film como igual­men­te cabe des­ta­car la excep­cio­nal inter­pre­ta­ción que Butler rea­li­za como copro­ta­go­nis­ta del rela­to. Sin duda algu­na, el actor revi­ve la magia del des­en­fa­do de Elvis en sus actua­cio­nes fren­te al públi­co; cau­sa admi­ra­ción vien­do la for­ma en que con­tor­nea su cuer­po, sus expre­sio­nes facia­les y sobre todo en el movi­mien­to de sus pier­nas mien­tras ento­na las can­cio­nes jun­to con su gui­ta­rra; sen­ci­lla­men­te Butler des­lum­bra dan­do la impre­sión de que Elvis resu­ci­tó. En cuan­to a Hanks, mag­ní­fi­ca­men­te encar­na al amo­ral mani­pu­la­dor que en pro­cu­ra de un gran bene­fi­cio pecu­nia­rio sabe cómo con­tro­lar y explo­tar a su repre­sen­ta­do; con el ros­tro com­ple­ta­men­te maqui­lla­do su carac­te­ri­za­ción de Par­ker resul­ta en cier­tas oca­sio­nes cari­ca­tu­res­ca, aun­que pue­de que esa haya sido la inten­ción de Luhr­mann de que­rer así presentarlo.

No obs­tan­te los aspec­tos favo­ra­bles de esta pro­duc­ción, lo que no está sufi­cien­te­men­te esbo­za­do es lo que tra­sun­ta Elvis fue­ra del esce­na­rio. En los esca­sos momen­tos de inti­mi­dad, el rela­to escue­ta­men­te expo­ne el gran dolor cau­sa­do por la muer­te de su madre duran­te su esta­día en el ejér­ci­to, su roman­ce con Pris­ci­lla (Oli­via DeJon­ge), casa­mien­to, naci­mien­to de su hiji­ta Lise Marie, su exhaus­ti­va dedi­ca­ción pro­fe­sio­nal que malo­gró su matri­mo­nio, así como su afi­ción hacia las anfe­ta­mi­nas. Tam­po­co está del todo expli­ci­ta­da la rela­ción de Elvis con Par­ker, tenien­do en cuen­ta que tar­día­men­te el can­tan­te se per­ca­tó de la per­so­na­li­dad mefis­to­fé­li­ca y repug­nan­te de su repre­sen­tan­te quien adue­ñán­do­se del 50 por cien­to de los ingre­sos, inclu­yen­do la par­ti­ci­pa­ción en un con­tra­to millo­na­rio de 5 años en Las Vegas, lo abu­só finan­cie­ra­men­te con sus sucias maniobras.

Más allá de los repa­ros apun­ta­dos que­da como resul­ta­do un gran­di­lo­cuen­te espec­tácu­lo visual en don­de Luhr­mann rin­de tri­bu­to al Rey, un ícono cul­tu­ral que fue capaz de cau­sar una estre­me­ce­do­ra eufo­ria a mul­ti­tud de espec­ta­do­res a tra­vés del mun­do. Esta cró­ni­ca con­clu­ye con la men­ción de una nota nos­tál­gi­ca que se intro­du­ce en los cré­di­tos fina­les con “Unchai­ned Melody”, la últi­ma can­ción que se le escu­chó can­tar a Elvis en direc­to. Jor­ge Gutman

Falli­do Dra­ma Psicológico

LA IRA DE DIOS. Argen­ti­na, 2022. Un film de Sebas­tián Schin­del. 98 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Con tres remar­ca­bles lar­go metra­jes en su haber como lo fue­ron El Patrón, radio­gra­fia de un cri­men (2014), El Hijo (2019) y Crí­me­nes de Fami­lia (2020, el rea­li­za­dor Sebas­tián Schin­del retor­na con un dra­ma psi­co­ló­gi­co que dis­ta de satis­fa­cer. Si bien La Ira de Dios está basa­do en el best seller de Gui­ller­mo Mar­tí­nez La muer­te len­ta de Lucia­na B” (2007), lo cier­to es que la adap­ta­ción del rea­li­za­dor jun­to con Pablo Del Teso ado­le­ce de muchos hilos suel­tos que que­dan flo­tan­do en el aire.

Die­go Peretti

El comien­zo mis­te­rio­so de la tra­ma es alen­ta­dor. En una inmen­sa y pres­ti­gio­sa libre­ría de Bue­nos Aires tie­ne lugar el lan­za­mien­to de la últi­ma nove­la de Klost­ner (Die­go Peret­ti), un exi­to­so escri­tor de media­na edad que goza de enor­me popu­la­ri­dad. Des­pués de refe­rir­se a su con­te­ni­do de mane­ra glo­bal, está dis­pues­to a fir­mar autó­gra­fos a los lec­to­res allí pre­sen­tes que han com­pra­do su libro. En medio del inmen­so gen­tío, el perio­dis­ta Este­ban Rey (Juan Minu­jin) se le apro­xi­ma dicién­do­le que Lucia­na Blan­co (Maca­re­na Acha­ga) se encuen­tra en el ter­cer piso del local y le indi­ca que vaya a ver­la de inme­dia­to si quie­re evi­tar un escán­da­lo; cuan­do lo hace, al estar fren­te a ella, un estruen­do­so rui­do fue­ra de ima­gen se hace sen­tir y lo úni­co que se sabe es que un cuer­po ha caí­do al vacío. ¿Qué es lo que suce­dió? Mejor no res­pon­der a la pre­gun­ta para no malo­grar el inte­rés del even­tual espectador.

Con sal­tos tem­po­ra­les en el rela­to, la narra­ción no cro­no­ló­gi­ca se ubi­ca diez años atrás, don­de en el hogar de Klost­ner inte­gra­do por su depre­si­va espo­sa Mer­ce­des (Móni­ca Anto­nó­puu­los) y la encan­ta­do­ra hiji­ta Pau­li (Jua­ni­ta Reale), se lo ve en su escri­to­rio pre­pa­ran­do su pró­xi­ma nove­la; para ello va dic­tan­do a Lucia­na, su joven asis­ten­te, las ideas que le van sur­gien­do en la men­te a fin de que ella las vaya tipean­do en la compu­tado­ra. Esta chi­ca que está muy uni­da a sus padres (Gui­ller­mo Aren­go y Romi­na Pin­to) y sus her­ma­nos Bruno (Pedro Mer­lo), Rami­ro (San­tia­go Acha­ga) y Valen­ti­na (Orne­la D’elia), se sien­te igual­men­te satis­fe­cha de cola­bo­rar con Klost­ner y a su vez de entrar en con­tac­to con Pau­li a quien adora.

Un des­afor­tu­na­do inci­den­te con­sis­ten­te en un beso en los labios por par­te de Klost­ner a Lucia­na mien­tras están tra­ba­jan­do, se con­vier­te en una bola de nie­ve gene­rán­do­se una insos­pe­cha­da reac­ción en cadena..Luciana aban­do­na defi­ni­ti­va­men­te su labor con el escri­tor y a pesar de que en el acto no hubo vio­len­cia algu­na por par­te de él, la joven ase­so­ra­da por su abo­ga­da (Sil­vi­na Saba­ter) deci­de ini­ciar una deman­da judi­cial por abu­so sexual; para evi­tar que el caso reper­cu­ta públi­ca­men­te y que afec­te la repu­tación del nove­lis­ta, él la com­pen­sa con una impor­tan­te suma monetaria.

De allí en más la his­to­ria cae en pica­da a tra­vés de una serie de des­gra­cias que afec­ta­rán a Lucia­na y que infun­da­da­men­te las atri­bu­ye a Klost­ner por­que está con­ven­ci­da de que es el cau­san­te de lo que le está suce­dien­do al supo­ner que quie­re ven­gar­se de ella. Así en un esta­do de com­ple­ta ena­je­na­ción Lucia­na le soli­ci­ta a Este­ban que escri­ba un artícu­lo denun­cian­do a Klost­ner por lo que ella está sufriendo.

Como bien seña­la el refrán “quien mucho abar­ca poco aprie­ta” y eso es lo que le suce­de a Schin­del al impreg­nar su rela­to con enfren­ta­mien­tos, con­fa­bu­la­cio­nes, acci­den­tes, per­se­cu­cio­nes, ase­si­na­tos, tra­ge­dias y has­ta un con­te­ni­do mís­ti­co que alu­de a la ira de Dios ejer­cien­do la jus­ti­cia divina.

Sin una bue­na des­crip­ción de per­so­na­jes debi­do a la ende­ble adap­ta­ción de la nove­la, los acto­res se desem­pe­ñan correc­ta­men­te afe­rrán­do­se a lo que el guión les deman­da; sin embar­go, Acha­ga no ter­mi­na de con­ven­cer como la psi­co­ló­gi­ca­men­te ines­ta­ble Luciana..

No obs­tan­te con­tar con una muy bue­na fac­tu­ra téc­ni­ca, éste es un falli­do film por­que su estruc­tu­ra narra­ti­va impi­de lograr el nivel dra­má­ti­co nece­sa­rio de lo que se aguar­da de un buen thri­ller psi­co­ló­gi­co. Jor­ge Gutman

La poe­sía en la cul­tu­ra árabe

UNE HIS­TO­IRE D’AMOUR ET DE DÉSIR. Fran­cia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Ley­la Bou­zid. 102 minutos

Des­pués de su exi­to­so debut con À pei­ne j’ouvre les yeux (2015), la direc­to­ra Ley­la Bou­zi retor­na con Une his­to­ire d’amour et de désir, una pelí­cu­la de exqui­si­ta sen­si­bi­li­dad que como lo anti­ci­pa su títu­lo es de amor y de deseo den­tro del con­tex­to de la cul­tu­ra ára­be. Habien­do reci­bi­do una cáli­da aco­gi­da en oca­sión de su estreno mun­dial en la Sema­na de la Crí­ti­ca de Can­nes 2021, lo cier­to es que el sin­gu­lar tra­ta­mien­to en que Bou­zid impri­me a su rela­to gene­ra en la audien­cia una fas­ci­nan­te atracción.

Si ideal­men­te se supo­ne que el deseo y el amor van siem­pre uni­dos para lograr la feli­ci­dad de dos seres que se aman, lo cier­to es que la exci­ta­ción sexual como impul­sor del víncu­lo car­nal no siem­pre impli­ca la exis­ten­cia de un sen­ti­mien­to amoroso.

Sami Outal­ba­li y Zbei­da Belhajamor

La rea­li­za­do­ra ubi­ca la tra­ma en París pre­sen­tan­do a Ahmed (Sami Outal­ba­li), un joven de 18 años que ha naci­do en Fran­cia per­te­ne­cien­do a una fami­lia arge­li­na y que ha logra­do entrar a la Sor­bo­na para efec­tuar sus estu­dios de lite­ra­tu­ra; es ahí don­de cono­ce a Farah (Zbei­da Belha­ja­mor) naci­da en Túnez quien aca­ba de lle­gar al país para estu­diar tam­bién en la céle­bre uni­ver­si­dad pari­si­na. No obs­tan­te tra­tar­se de dos per­so­na­li­da­des opues­tas en don­de él es tími­do y un retraí­do vir­gen mien­tras que ella es diná­mi­ca y de espí­ri­tu libe­ral, la atrac­ción es mutua. Lo que más tras­cien­de en la narra­ción es la for­ma de com­pa­ti­bi­li­zar el com­por­ta­mien­to de Ahmed, fuer­te­men­te influi­do por algu­nas de las limi­ta­cio­nes impues­tas por la cul­tu­ra ára­be, con la acti­tud de Farah quien está más des­pren­di­da de la tra­di­ción reli­gio­sa de su país de ori­gen. Un hecho cru­cial que con­fi­gu­ra el núcleo cen­tral del rela­to es cuan­do la pro­fe­so­ra de lite­ra­tu­ra soli­ci­ta a Ahmed la lec­tu­ra de un poe­ma ára­be del siglo XII y que expli­que a la cla­se su con­te­ni­do; ese tex­to imbui­do de ero­tis­mo en el que un poe­ta román­ti­co es inca­paz de con­su­mar su amor, impul­sa­rá a Ahmed a tener que encau­zar su acti­tud repre­si­va en torno al deseo para no malo­grar el fuer­te sen­ti­mien­to amo­ro­so que le ins­pi­ra Farah.

Ple­na­men­te ori­gi­nal ilus­tran­do la reso­nan­cia de la lite­ra­tu­ra poé­ti­ca median­te la cele­bra­ción del amor la direc­to­ra ofre­ce una inge­nio­sa his­to­ria nutri­da de sen­sua­li­dad que es narra­da con suma deli­ca­de­za, cui­dan­do que el con­te­ni­do lite­ra­rio no lle­gue a abru­mar ni afec­tar su flui­do rit­mo. Para ello Bou­zid ha con­vo­ca­do a dos jóve­nes acto­res quie­nes a tra­vés de sus per­so­na­jes man­tie­nen una nota­ble com­pli­ci­dad. La mag­ní­fi­ca inter­pre­ta­ción de Outal­ba­li tra­sun­ta viva­men­te el esta­do emo­cio­nal de Ahmed mani­fes­ta­do en su inse­gu­ri­dad, vul­ne­ra­bi­li­dad y en sus con­tra­dic­to­rias acti­tu­des; en cuan­to a Belha­ja­mor, ella trans­mi­te con com­ple­ta con­vic­ción el espí­ri­tu de eman­ci­pa­ción y for­ta­le­za de la juven­tud ára­be dis­pues­ta a for­jar su pro­pio destino.

En esen­cia, Bou­zid con­fir­ma su con­di­ción de madu­ra rea­li­za­do­ra median­te este crea­ti­vo film capaz de sedu­cir al espec­ta­dor por su indu­da­ble reper­cu­sión en la épo­ca actual.
Jor­ge Gutman

Una Lar­ga Ruta

HIT THE ROAD. Irán, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Panah Panahi. 93 minutos

Sien­do el hijo del exce­len­te direc­tor ira­ní Jafar Panahi, des­per­tó expec­ta­ti­vas Hit The Road, la ópe­ra pri­ma de su hijo Panah Panahi. Lo cier­to es que este es un film difí­cil de cata­lo­gar en la medi­da que como road movie el rea­li­za­dor adop­ta dife­ren­tes tonos sin que nin­guno de los mis­mos adquie­ra com­ple­ta con­vic­ción narrativa.

Rayan Sar­lak

Como su títu­lo lo anti­ci­pa todo trans­cu­rre a lo lar­go de una ruta don­de en un SUV via­ja una fami­lia deci­di­da­men­te dis­fun­cio­nal que en su reco­rri­do efec­túa la pri­me­ra de las varias para­das rea­li­za­das; el gru­po está inte­gra­do por el padre (Has­san Maj­noo­ni) que tie­ne su pier­na izquier­da enye­sa­da, su espo­sa (Pan­tea Panahiha), el hijo mayor Farid (Amin Simiar) y el más peque­ño (Rayan Sariak) que al prin­ci­pio toca el piano en el tecla­do dibu­ja­do en el yeso de su padre. Con ellos via­ja tam­bién la mas­co­ta de la fami­lia que se encuen­tra en gra­ve esta­do al tener una de sus patas quebradas.

La pri­me­ra des­ave­nen­cia fami­liar se pro­du­ce cuan­do la madre del menor logra que se des­pren­da de su telé­fono celu­lar pro­du­cien­do un gri­te­río de este chi­co píca­ro, tra­vie­so, hiper­ac­ti­vo a más no poder que cen­tra la aten­ción duran­te los pri­me­ros 20 minu­tos del rela­to. El via­je pro­si­gue mane­ja­do por Farid en tan­to que la madre y el niño comien­zan a ento­nar can­cio­nes popu­la­res de Irán. En ese tra­yec­to el vehícu­lo atro­pe­lla invo­lun­ta­ria­men­te a un ciclis­ta que com­pi­te en una carre­ra y por esa razón la fami­lia lo trans­por­ta en un tra­mo de la ruta.

Gra­dual­men­te se va reve­lan­do que el lar­go reco­rri­do des­de Tehe­rán hacia el nor­te del país tie­ne por obje­ti­vo dejar que Farid cru­ce clan­des­ti­na­men­te la fron­te­ra con Tur­quía para rea­li­zar con alguien del lugar una incier­ta ope­ra­ción ilegal.

En este via­je, don­de en cier­tas para­das se sale al cru­ce con extra­ños, Panahi tra­ta de refle­jar en una serie de viñe­tas la diná­mi­ca fami­liar pero sin que que­de cla­ro los ras­gos per­so­na­les de sus per­so­na­jes ni tam­po­co se detec­ta si lo que se pre­sen­cia es lo que real­men­te acon­te­ce; en tal sen­ti­do hay momen­tos en que se duda si la pier­na que­bra­da del padre es ver­da­de­ra o simu­la­da como tam­po­co se avi­zo­ra cla­ra­men­te si el perro al que están lle­van­do con­si­go es para poner­lo a dor­mir a fin de que no sufra más; asi­mis­mo se igno­ra si el via­je de Farid sin retorno cons­ti­tu­ye un acto de que­rer inde­pen­di­zar­se de su fami­lia y lle­var una vida por su pro­pia cuenta.

A todo ello, fue­ra de las con­ver­sa­cio­nes tri­via­les que se esta­ble­cen duran­te el reco­rri­do, Panahi home­na­jea al direc­tor Stan­ley Kubrick cuan­do en una esce­na el hijo mayor que es un apa­sio­na­do del cine le dice a su madre que 2001, Odi­sea del Espa­cio es la mejor pelí­cu­la que ha vis­to en su vida.

Ade­más de sus estu­dios de cine­ma­to­gra­fía, Panahi en el esti­lo visual sin­tió la impor­tan­te influen­cia de Abbas Kia­ros­ta­mi y de su padre Jafar al haber tra­ba­ja­do con ellos como asis­ten­te de direc­ción. Con todo, a dife­ren­cia de estos dos anto­ló­gi­cos rea­li­za­do­res del cine ira­ní, en su narra­ti­va el novel cineas­ta pre­fie­re pre­sen­tar ambi­gua­men­te a sus cua­tro per­so­na­jes a fin de que los espec­ta­do­res adquie­ran su pro­pia per­cep­ción de los mis­mos; así, en las notas de pren­sa Panahi mani­fies­ta que “!a vida y el arte están nutri­dos de para­do­jas y que son más ricas si se deja que cada uno las explo­re individualmente”.

Panahi con­tó con un irre­pro­cha­ble elen­co don­de Maj­noo­ni y Panahiha, dos gran­des acto­res de la esce­na tea­tral de Irán, rati­fi­can su inne­ga­ble talen­to; del mis­mo modo cabe des­ta­car a Sar­lak, un peque­ño gran intér­pre­te que lle­ga a des­lum­brar con su vital ener­gía así como Simiar per­sua­de ani­man­do al per­so­na­je más racio­nal del núcleo familiar.

En suma, Hit the Road es un intere­san­te film que aun­que no com­ple­ta­men­te cohe­ren­te, con­ju­ga dra­ma, come­dia musi­cal e inclu­so surrea­lis­mo a tra­vés del com­por­ta­mien­to de una enig­má­ti­ca fami­lia cuyos inte­gran­tes cam­bian con­ti­nua­da­men­te su esta­do anímico.

De modo alguno pue­de des­pren­der­se de que la fami­lia de esta fic­ción repre­sen­te a las de Irán„ como tam­po­co Panahi ‑a dife­ren­cia de su padre- refle­ja aquí algu­nos de los pro­ble­mas socia­les que atra­vie­sa su país. No obs­tan­te, él se des­ta­ca como un pro­mi­so­rio rea­li­za­dor que con su cáma­ra logra sóli­dos efec­tos de esce­nas bien resuel­tas fil­ma­das en pri­me­ros pla­nos, y de otras roda­das a leja­na dis­tan­cia. En los fac­to­res téc­ni­cos de pro­duc­ción Panahi ha con­ta­do con la valio­sa con­tri­bu­ción del expe­ri­men­ta­do direc­tor de foto­gra­fía Amin Jafa­ri, cap­tan­do el esce­na­rio de los pai­sa­jes mon­ta­ño­sos y desér­ti­cos a lo lar­go de la tra­ve­sía rea­li­za­da. Jor­ge Gutman

Un Excep­cio­nal Escritor

Nota: Este film ha sido pro­gra­ma­do por el Toron­to Jewish Film Fes­ti­val (TJFF) 

THE FOURTH WIN­DOW. Israel, 2021. Un film de Yair Que­dar. 88 minutos

Aspec­tos de la vida per­so­nal y pro­fe­sio­nal del gran escri­tor israe­lí Amos Oz (1939 – 2018) que­dan esbo­za­dos en The Fourth Win­dow, un apre­cia­ble docu­men­tal de Yair Quedar.

Amos Oz

Para su imple­men­ta­ción, el rea­li­za­dor se ha vali­do de impor­tan­te mate­rial de archi­vo, la voz en off del escri­tor, extrac­tos de sus libros leí­dos por Dror Keren y de las entre­vis­tas rea­li­za­das a quie­nes direc­ta o indi­rec­ta­men­te estu­vie­ron vin­cu­la­dos con Oz; así se encuen­tran los comen­ta­rios de dis­tin­gui­das per­so­na­li­da­des del mun­do lite­ra­rio como David Gross­man, Nico­le Krauss y Etgar Keret, el his­to­ria­dor Simon Scha­ma, el perio­dis­ta Jonathan Freed­land, como asi­mis­mo la actriz Nata­lie Port­man quien como guio­nis­ta y direc­to­ra en 2015 tras­la­dó a la pan­ta­lla A Tale of Love and Dark­ness, una de las nove­las más impor­tan­tes del autor.

El film comien­za con el pedi­do que poco antes de su muer­te Oz le hace a su ami­ga Nurith Gertz ‑pres­ti­gio­sa pro­fe­so­ra de lite­ra­tu­ra israe­lí– para que escri­ba su bio­gra­fía. A par­tir de allí van sur­gien­do epi­so­dios de su niñez con espe­cial refe­ren­cia a lo pro­fun­da­men­te afec­ta­do que que­dó por el sui­ci­dio de su madre cuan­do él tenía 12 años y que a pesar del tiem­po trans­cu­rri­do no lo ha podi­do dige­rir. Ese epi­so­dio moti­vó a que adop­tan­do una acti­tud de rebel­día deja­ra Jeru­sa­lén para mudar­se al kibutz Hul­da, don­de trans­cu­rrió gran par­te de su vida, habien­do con­traí­do enla­ce con Nily Zuc­ker­man en 1960. En el tiem­po libre que le per­mi­tía su tra­ba­jo se dedi­có a escri­bir adqui­rien­do noto­rie­dad con la publi­ca­ción en 1968 de su nove­la My Michael. Pron­ta­men­te Oz se con­vier­te en una figu­ra públi­ca carac­te­ri­za­da por su acti­vis­mo polí­ti­co como sio­nis­ta pero que al pro­pio tiem­po es un resuel­to crí­ti­co de la polí­ti­ca israe­lí acer­ca de los terri­to­rios ocu­pa­dos a par­tir de la gue­rra de los seis días de 1967. Un momen­to poco agra­da­bles para Oz se pro­du­ce en 1987 con la apa­ri­ción de su nove­la Black Book que fue des­pia­da­da­men­te cri­ti­ca­da; en todo caso pron­ta­men­te logró recu­pe­rar su pres­ti­gio y ser con­si­de­ra­do como el más renom­bra­do nove­lis­ta israe­lí, ade­más de haber logra­do reper­cu­sión inter­na­cio­nal con la tra­duc­ción de sus obras a nume­ro­sos idiomas.

En otros aspec­tos de su vida, el autor no deja de expe­ri­men­tar una pro­fun­da pena por la ene­mis­tad que su hija Galia sien­te hacia él acu­sán­do­lo de haber­la abu­sa­do de mane­ra sádi­ca. Con todo, este epi­so­dio que­da flo­tan­do en el aire sin haber sido sufi­cien­te­men­te explo­ra­do por Quedar.

No obs­tan­te los máxi­mos elo­gios y nume­ro­sas dis­tin­cio­nes reci­bi­das, en el oca­so de su vida Oz no pue­de ocul­tar cier­ta tris­te­za e insa­tis­fac­ción per­so­nal, sos­te­nien­do que no es mere­ce­dor de sí mis­mo. Que­da como resul­ta­do un muy buen docu­men­tal que tras­cien­de en la medi­da que per­mi­te cono­cer por­me­no­res iné­di­tos de este gigan­te de la lite­ra­tu­ra israe­lí. Jor­ge Gutman