Demen­cia Senil

VOR­TEX. Fran­cia-Bél­gi­ca-Móna­co, 2021. Un film de Gas­par Noé. 140 minutos

Los ciné­fi­los que aguar­den otro film radi­cal de Gas­par Noé, l’en­fant terri­ble del cine fran­cés, se encon­tra­rán con la gran sor­pre­sa de aplau­dir una obra total­men­te dife­ren­te aun­que por cier­to es la más direc­ta y, emo­ti­va que haya rea­li­za­do has­ta la fecha. Aquí enca­ra un tema cier­ta­men­te tabú como lo es la demen­cia senil y si bien el cine lo ha con­si­de­ra­do remar­ca­ble­men­te en ante­rio­res opor­tu­ni­da­des, como lo fue­ron entre otros títu­los Tok­yo Story (1953) y Amour (2012), lo cier­to es que Noé impri­me en Vor­tex un dis­tin­ti­vo esti­lo en su tra­ta­mien­to pero igual­men­te trascendente.

Dario Argen­to y Fra­nçoi­se Lebrun

Des­de el vamos, el cineas­ta advier­te acer­ca de lo que ven­drá. al dedi­car su pelí­cu­la “a todos aqué­llos cuyas men­tes se des­com­po­nen antes que sus cora­zo­nes”. El apa­ci­ble comien­zo mues­tra a una pare­ja de ancia­nos (Dario Argen­to y Fra­nçoi­se Lebrun) ‑cuyos nom­bres se des­co­no­cen- sen­ta­dos en el bal­cón terra­za del depar­ta­men­to en que habi­tan con­tem­plan­do la ciu­dad de París a la vez que mur­mu­ran “la vida es un sue­ño den­tro de otro”. Pos­te­rior­men­te los vemos des­per­tan­do en la cama matri­mo­nial y a par­tir de ese momen­to Noé divi­de en dos la pan­ta­lla; ese inge­nio­so recur­so agra­cia­do por la exce­len­te foto­gra­fía de Benoît Debie per­mi­te que el espec­ta­dor con­cen­tran­do una mayor aten­ción pue­da seguir simul­tá­nea­men­te los pasos de cada uno de ellos. Bas­ta­rán pocos minu­tos para com­pro­bar que mien­tras que él es un crí­ti­co cine­ma­to­grá­fi­co sen­ta­do en su escri­to­rio fren­te a su máqui­na de escri­bir pre­pa­ran­do un libro sobre el cine y su vin­cu­la­ción con el sue­ño, ella sigi­lo­sa­men­te deja su hogar y con­fu­sa­men­te se diri­ge a un nego­cio sin tener cla­ra idea de lo que va a adqui­rir. Al veri­fi­car su ausen­cia, preo­cu­pa­dí­si­mo él se apres­ta a bus­car a su espo­sa has­ta ubi­car­la y hacién­do­la ver que el mun­do exte­rior es peli­gro­so y que no pue­de seguir adop­tan­do esa acti­tud. No es mucho lo que fal­ta para saber que esa mujer está men­tal­men­te muy enfer­ma; si bien él es más lúci­do y capaz de mane­jar­se por sí mis­mo, tie­ne serios pro­ble­mas de salud al haber sufri­do tiem­po atrás una hemo­rra­gia cere­bral y estan­do afec­ta­do actual­men­te de una seria dolen­cia cardíaca.

Pron­ta­men­te arri­ba al depar­ta­men­to Stépha­ne (Alex Lutz), el hijo del matri­mo­nio, acom­pa­ña­do de su hiji­to Kiki (Kylian Dhe­ret); es allí que ella le hace saber que hay un extra­ño en su casa (su mari­do) y que alguien la está per­si­guien­do. El cua­dro es paté­ti­co y dolo­ro­so para Stépha­ne quien con gran sor­pre­sa des­cu­bre que su madre que era psi­quia­tra y sigue con­ser­van­do su licen­cia médi­ca pres­cri­be medi­ca­men­tos para su mari­do. Si bien Stépha­ne rue­ga a su padre de que lo más con­ve­nien­te es mudar­se a una resi­den­cia de gen­te mayor don­de podrán reci­bir los cui­da­dos per­ti­nen­tes dado que su madre no pue­de seguir sin ser asis­ti­da per­ma­nen­te­men­te, su obs­ti­na­do pro­ge­ni­tor se nie­ga a hacer­lo. Uno de los momen­tos más emo­ti­vos del film se pro­du­ce en la esce­na en que ella en un momen­tá­neo esta­do de luci­dez y com­pren­dien­do lo que está ocu­rrien­do expre­sa su deseo de morir para no hacer sufrir más a su mari­do y a su hijo.

Hay deta­lles adi­cio­na­les que no agre­gan mucho al tema cen­tral, como la rela­ción extra­ma­tri­mo­nial man­te­ni­da por él pero que de nin­gún modo afec­tó el pro­fun­do cari­ño que sien­te hacia su espo­sa. No es nece­sa­rio agre­gar deta­lles sobre cómo pro­si­gue esta his­to­ria en la que con gran deli­ca­de­za Noé abor­da el amor en el cre­púscu­lo de la vida y cómo ese pro­fun­do sen­ti­mien­to pre­va­le­ce fren­te a un mal incurable.

Así como en Amour dos mons­truos sagra­dos del cine como Jean-Louis Tring­ti­nant y Emma­nue­lle Riva ilu­mi­na­ron el film, aquí no le va en saga la fas­ci­nan­te actua­ción de Lebrun y Argen­to. El pres­ti­gio­so direc­tor ita­liano ofre­ce una sub­yu­gan­te pres­ta­ción ani­man­do al devo­to y tierno mari­do que com­prue­ba peno­sa­men­te cómo el gran amor de su vida va inexo­ra­ble­men­te degra­dán­do­se. Por su par­te Lebrun con muy poco diá­lo­go a su car­go trans­mi­te a tra­vés de su ros­tro el tor­be­llino de emo­cio­nes que la envuel­ve al estar diso­cia­da de la reali­dad que la cir­cun­da. No menos impor­tan­te es la par­ti­ci­pa­ción de Lutz quien ofre­ce total con­vic­ción como el des­em­plea­do hijo que aún tie­ne que lidiar con sus pro­ble­mas pasa­dos de dro­ga­dic­ción y que ocu­pán­do­se de su hiji­to, se sien­te inca­pa­ci­ta­do de poder aten­der con­ti­nua­da­men­te a sus que­ri­dos padres.

Con una impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca Noé ofre­ce una pelí­cu­la des­ga­rra­do­ra y peno­sa de con­tem­plar pero abso­lu­ta­men­te rea­lis­ta expo­nien­do con com­pa­sión y ter­nu­ra el dete­rio­ro físi­co y men­tal de quie­nes están aco­sa­dos por la cruel dolen­cia des­crip­ta. Jor­ge Gutman

Un Buen Dra­ma Histórico

ADIEU MON­SIEUR HAFF­MANN. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2021. Un film de Fred Cava­yé. 116 minutos

Basa­do en la obra tea­tral de 2016 del dra­ma­tur­go Jean-Phi­lip­pe Dague­rre, el rea­li­za­dor Fred Cava­yé la tras­la­dó al cine en una adap­ta­ción por él efec­tua­da con la cola­bo­ra­ción de Sarah Kaminsky.

Ambien­ta­da en la Segun­da Gue­rra duran­te la ocu­pa­ción nazi en Fran­cia, la pelí­cu­la se desa­rro­lla en la Fran­cia ocu­pa­da por las fuer­zas nazis des­de febre­ro de 1941 has­ta sep­tiem­bre de 1942.

Giles Lellou­che y Daniel Auteuil

Joseph Haff­mann (Daniel Auteuil) es un exce­len­te joye­ro judío de ori­gen pola­co cuyo nego­cio ubi­ca­do en París a la vez le sir­ve de hogar con­vi­vien­do con su que­ri­da mujer Han­nah (Anne Coes­sens) y tres hijos. En la medi­da que los nazis van inten­si­fi­can­do su acción con­tra los judíos él ha adop­ta­do las medi­das nece­sa­rias para que su fami­lia esca­pe de la ciu­dad con el pro­pó­si­to de radi­car­se en la zona de Fran­cia que aún es libre. Asi­mis­mo, tenien­do como inten­ción ausen­tar­se para unir­se a su fami­lia, él soli­ci­ta a su emplea­do Fra­nçois Mer­cier (Giles Lellou­che) para que se haga car­go del local a tra­vés de una fal­sa ven­ta en don­de tran­si­to­ria­men­te que­de como pro­pie­ta­rio para que al final de la gue­rra pue­da recu­pe­rar­lo. Tras estar sor­pren­di­do por el pedi­do Mer­cier que está aque­ja­do por una coje­ra y por lo tan­to exen­to de actuar como sol­da­do, acep­ta la pro­po­si­ción. En tan­to, Hoff­man ya está lis­to para dejar París y de inme­dia­to acu­de a una cita con­ve­ni­da con una per­so­na que subrep­ti­cia­men­te se ocu­pa­rá de sacar­lo; sin embar­go, la hui­da fra­ca­sa y por lo tan­to el joye­ro regre­sa al nego­cio a fin de ocul­tar­se tran­si­to­ria­men­te, hecho que gene­ra intran­qui­li­dad para Mer­cier y su que­ri­da espo­sa Blan­che (Sara Girar­deau) por el ries­go asumido.

Pron­ta­men­te se gene­ra una extra­ña rela­ción entre los tres pro­ta­go­nis­tas don­de Mer­cier que era un calla­do y leal emplea­do comien­za a refle­jar su cata­du­ra amo­ral. Tenien­do en cuen­ta su deseo fer­vien­te de tener un hijo legí­ti­mo y no poder lograr­lo por estar inca­pa­ci­ta­do de gene­rar, le pide a Haff­mann que se acues­te con su mujer a fin de emba­ra­zar­la; si bien Blan­che se resis­te a pres­tar­se a ello como asi­mis­mo el joye­ro se nie­ga a hacer­lo, ambos final­men­te acep­ta­rán rea­li­zar el encuen­tro sexual, en don­de Haff­mann reci­be a cam­bio la pro­me­sa de Mer­cier de des­pa­char las car­tas que escri­be a su ama­da Hannah.

Cuan­do nue­vos clien­tes del ejér­ci­to nazi visi­tan la joye­ría, sobre todo el coman­dan­te Jün­ger (Niko­lai Kins­ki) quien se encuen­tra gra­ta­men­te impre­sio­na­do por la pre­ci­sión en los tra­ba­jos rea­li­za­dos, esa situa­ción con­tri­bu­ye a aumen­tar el cli­ma de ten­sión; eso se debe a que Haff­mann pre­sio­na­do por Mer­cier y para sal­var su vida debe­rá ocu­par­se de efec­tuar los pedi­dos soli­ci­ta­dos por el coman­dan­te y sus secua­ces. De allí en más, esta his­to­ria devie­ne un lúgu­bre thriller.

Obvian­do algu­nos aspec­tos rebus­ca­dos del guión, lo cier­to es que Cava­yé ela­bo­ra un film opre­si­vo desa­rro­lla­do en su mayor par­te en el inte­rior de la joye­ría, en don­de el trío pro­ta­gó­ni­co está muy bien carac­te­ri­za­do. Giles Lellou­che se des­ta­ca des­ti­lan­do el lado oscu­ro de Mer­cier quien como un des­pre­cia­ble opor­tu­nis­ta y envi­dio­so de la habi­li­dad arte­sa­nal de su ex patrón no tie­ne escrú­pu­lo alguno para recu­rrir a un repu­dia­ble acto cobar­de. Girar­deau ofre­ce una pres­ta­ción irre­pro­cha­ble como la mujer de Mer­cier que al com­pro­bar su mal­dad no duda en con­mi­se­rar­se y ayu­dar a Haff­mann. Al lado de ambos el vete­rano Auteuil nue­va­men­te con­fir­ma su talen­to acto­ral en un rol que aun­que emo­cio­nal­men­te con­te­ni­do expre­sa muy bien el sen­ti­mien­to de des­ilu­sión y frus­tra­ción de Haff­mann al ver que es humi­lla­do y trai­cio­na­do por el emplea­do que había mere­ci­do su ente­ra confianza.

En esen­cia, la exce­len­te actua­ción de su elen­co es lo que valo­ri­za a este dra­ma his­tó­ri­co refle­jan­do en la fic­ción una de las dra­má­ti­cas situa­cio­nes acae­ci­das duran­te el trá­gi­co con­flic­to béli­co. Jor­ge Gutman

.

Cho­co­la­te para la Paz

PEA­CE BY CHO­CO­LA­TE. Cana­da, 2021. Un film de Jonathan Keij­ser. 96 minutos

Una huma­na his­to­ria basa­da en acon­te­ci­mien­tos reales es lo que se apre­cia en el lar­go­me­tra­je Pea­ce by Cho­co­la­te, ópe­ra pri­ma del direc­tor Jonathan Keijser.

Vivien­do en este momen­to los dolo­ro­sos momen­tos que sufre el pue­blo ucra­niano por la inva­sión rusa, no resul­ta difí­cil com­pren­der lo que muchas fami­lias de Siria han expe­ri­men­ta­do por los gra­ves con­flic­tos que azo­tan al país y por el que bus­ca­ron refu­gio en otros sitios del mun­do. Entre ellos se encuen­tra la fami­lia del joven Tarek (Ayham Abou Ammar) que des­pués de haber sido bom­bar­dea­da la fábri­ca de cho­co­la­te de su padre Isam Hadhad (Hatem Ali), tra­ta­rá de encon­trar jun­to con los suyos una nue­va vida en Canadá.

El elen­co que inter­pre­ta a la fami­lia Hadhad

Con el aus­pi­cio de una fami­lia cana­dien­se de Nova Sco­tia, el pri­me­ro en lle­gar en 2016 como refu­gia­do es el joven Tarek quien es reci­bi­do con gran afec­to por Frank (Mark Cama­cho) y su mujer en el aero­puer­to de Hali­fax e inme­dia­to tras­la­da­do a Anti­go­nish, peque­ño pue­blo de Nova Sco­tia. Domi­nan­do el idio­ma inglés, el úni­co con­tras­te para el recién lle­ga­do es el inver­nal frío que lo aco­ge al que no está ambien­ta­do. Pron­ta­men­te sus padres Issam (Hatem Ali) y Shah­naz (Yara Sabri) obtie­nen la visa per­ti­nen­te unién­do­se a él; aco­gién­do­se a la ini­cia­ti­va del gobierno cana­dien­se de aco­mo­dar a los refu­gia­dos aus­pi­cia­dos, la fami­lia per­ci­bi­rá 2000 dóla­res men­sua­les por el perío­do de un año para pos­te­rior­men­te man­te­ner­se por sí mis­ma. Mien­tras tan­to la hija Alaa (Naj­laa Al Kham­ri) que resi­de en Siria sufre la pér­di­da de su espo­so en la gue­rra, que­dan­do a solas con su hiji­ta y si bien su soli­ci­tud de visa en prin­ci­pio es dene­ga­da por Cana­dá final­men­te logra obte­ner­la per­mi­tien­do así que toda la fami­lia que­de inte­gra­da en Antigonish.

Sin nece­si­dad de aden­trar­se en mayor deta­lle, lo cier­to es que con la ayu­da mone­ta­ria de un prés­ta­mo de 12 mil dóla­res sin inte­rés alguno, Issam aun­que igno­ra el idio­ma inglés vuel­ca su cono­ci­mien­to de exi­mio cho­co­la­te­ro para que uti­li­zan­do una humil­de ins­ta­la­ción físi­ca como lugar de tra­ba­jo logre pro­du­cir dis­tin­tos man­ja­res de cho­co­la­te que los clien­tes loca­les sabo­rean deliciosamente.

Sien­do Issam alta­men­te depen­dien­te de su hijo para la tarea que rea­li­za, aquí se gene­ra el con­flic­to entre ambos en la medi­da que la mayor aspi­ra­ción de Tarek es la de pro­se­guir sus estu­dios uni­ver­si­ta­rios de medi­ci­na comen­za­dos en Siria; eso impli­ca­ría dejar de tra­ba­jar con su padre, pero final­men­te el joven resig­na­rá su voca­ción médi­ca para seguir cola­bo­ran­do con él. En con­se­cuen­cia, con el apo­yo de la comu­ni­dad de Anti­go­nish y de la gen­te de Nova Sco­tia, los Hadhad logran que el sue­ño de recons­ti­tuir la com­pa­ñía de cho­co­la­te de Siria se con­vier­ta en reali­dad, sien­do bau­ti­za­da con el nom­bre de Pea­ce by Cho­co­la­te, como emble­ma de paz en el mundo.

A tra­vés del tema cen­tral, es des­ta­ca­ble la habi­li­dad narra­ti­va del novel rea­li­za­dor en refle­jar varios de los aspec­tos que sub­ya­cen en el film. En pri­mer lugar que­da expues­ta el esfuer­zo de los refu­gia­dos de tener que aco­mo­dar­se a nue­vas con­di­cio­nes de vida. Eso se apre­cia en Issam y Shah­naz tra­tan­do de ajus­tar­se a una cul­tu­ra dife­ren­te, sobre todo cuan­do el idio­ma, las cos­tum­bres y el cli­ma ambien­tal son deci­di­da­men­te dis­tin­tas a las del país de ori­gen; a mane­ra de ejem­plo, que­da cla­ra­men­te expues­to cómo la auto­ri­dad pater­nal que Issam quie­re impo­ner a su hijo adul­to siguien­do la tra­di­ción siria de nin­gún modo cua­ja en la cul­tu­ra canadiense.

Dicho lo que pre­ce­de, este cáli­do film mag­ní­fi­ca­men­te rea­li­za­do y muy bien inter­pre­ta­do per­mi­te que la audien­cia empa­ti­ce fácil­men­te con los pro­ta­go­nis­tas de esta his­to­ria real. La pelí­cu­la está dedi­ca­da a Hatem Ali, el remar­ca­ble actor falle­ci­do en 2020.

En los cré­di­tos fina­les se lee que des­de el arri­bo de Tareq, el pue­blo de Anti­go­nish reci­bió a más de 100 sirios en tan­to que la fami­lia Hadhad se sien­te orgu­llo­sa de con­si­de­rar a esta loca­li­dad su ver­da­de­ro hogar en don­de ha sido posi­ble que el esfuer­zo con­jun­to de Tarek y su padre logra­ra que Pea­ce by Cho­co­la­te sea una de las fábri­cas de cho­co­la­te más impor­tan­tes de Cana­dá. Ade­más de sus tareas en la empre­sa fami­liar Tarek es un ávi­do ora­dor públi­co abo­gan­do por la paz en sus dis­cur­sos pro­nun­cia­dos en diver­sas ins­ti­tu­cio­nes. Jor­ge Gutman

Pros­ti­tu­ción Juvenil

NOÉ­MIE DIT OUI. Cana­dá, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Gene­viè­ve Albert. 113 minutos.

La ven­ta del cuer­po a per­so­nas adul­tas como acti­vi­dad habi­tual con­fi­gu­ra lo que se cono­ce como la pro­fe­sión más anti­gua del mun­do. Con todo, más cues­tio­na­ble lo es si chi­cas que tran­si­tan el perío­do de la ado­les­cen­cia, se pros­ti­tu­yen para estar al ser­vi­cio de des­pre­cia­bles explo­ta­do­res que las uti­li­zan para obte­ner un bene­fi­cio pecu­nia­rio. La novel rea­li­za­do­ra Gene­viè­ve Albert quien des­de hace tiem­po está intere­sa­da en la pros­ti­tu­ción juve­nil deci­dió abor­dar este urti­can­te tópi­co en Noé­mie dit oui con resul­ta­dos alta­men­te satisfactorios.

Kelly Depeault y James Edward Métayer

La acción se desa­rro­lla en Mon­treal y en la pri­me­ra esce­na se con­tem­pla a Noé­mie (Kelly Depeault) de 15 años resi­dien­do en un cen­tro juve­nil; aun­que se igno­ra des­de cuán­do esta ahí, lo que sí se obser­va es que se encuen­tra a dis­gus­to, expre­san­do su males­tar a tra­vés de ges­tos poco ami­ga­bles con algu­nas de sus com­pa­ñe­ras. Cuan­do todo pare­cía indi­car que pron­to deja­ría el lugar, su madre en una audien­cia judi­cial mani­fies­ta a la jue­za actuan­te que no está en con­di­cio­nes de reci­bir a su hija.

Deses­pe­ra­da­men­te y des­pro­vis­ta del afec­to de su pro­ge­ni­to­ra, Noé­mie huye de la resi­den­cia para unir­se a su ami­ga Léa (Emi Chi­coi­ne) quien habi­tó en ese cen­tro; de allí en más se vin­cu­la sen­ti­men­tal­men­te con Zach (James Edward Méta­yer), un joven caris­má­ti­co que tra­ta de con­ven­cer­la para que actúe de cor­te­sa­na y con el dine­ro obte­ni­do poder en un futu­ro pró­xi­mo vivir jun­tos libre­men­te. Bien reluc­tan­te al prin­ci­pio de acep­tar la tarea, Noé­mie final­men­te es per­sua­di­da y dis­pues­ta a tra­ba­jar como tal en el fin de sema­na en que el Gran Pre­mio de Fór­mu­la 1 tie­ne lugar en Montreal.

Lo que pro­si­gue es el vía cru­cis atra­ve­sa­do por esta joven en el hotel en que se encuen­tra reci­bien­do a suce­si­vos hom­bres de dife­ren­tes orí­ge­nes, sedien­tos de sexo. Con gran sobrie­dad y sin sen­sa­cio­na­lis­mo alguno Albert cui­da que los encuen­tros ínti­mos man­te­ni­dos sean míni­ma­men­te ilus­tra­dos, evi­tan­do expo­ner grá­fi­ca­men­te a Noé­mie; lo que en cam­bia sí se ilus­tra es su ros­tro tris­te, angus­tia­do y alta­men­te peno­so al tener que some­ter su cuer­po e inclu­so su boca al sexo oral deman­da­do por los clien­tes de turno; lo más humi­llan­te resul­ta cuan­do en una esce­na se ve obli­ga­da a reci­bir a dos hom­bres al mis­mo tiem­po y en otra a un padre ‑con quien ya había man­te­ni­do sexo- retor­nan­do con su hijo de 18 años para que debu­te con ella.

Según lo mani­fes­ta­do a la pren­sa, al pre­pa­rar su film Albert entró en con­tac­to con jóve­nes pros­ti­tu­tas e inclu­so con un joven pro­xe­ne­ta para invo­lu­crar­se mejor en dicho mun­do. Cier­ta­men­te lo logró por­que esta pelí­cu­la rebo­sa com­ple­ta auten­ti­ci­dad y en cier­tos momen­tos la audien­cia pare­ce­ría estar con­tem­plan­do un docu­men­tal sobre esta materia.

Si bien cabe apre­ciar la madu­rez que refle­ja la direc­to­ra en su ópe­ra pri­ma, ella encon­tró en Depeault a una estu­pen­da actriz quien car­gan­do todo el peso del rela­to en cuer­po y alma se ha vol­ca­do ínte­gra­men­te para brin­dar a su per­so­na­je los dife­ren­tes mati­ces emo­cio­na­les que la envuel­ven; con gran sen­si­bi­li­dad ella trans­mi­te la cri­sis de iden­ti­dad de la ado­les­cen­te que en pro­cu­ra del amor que estu­vo ausen­te en su vida, equi­vo­ca­da­men­te cree haber encon­tra­do en el pro­xe­ne­ta de Zach su alma gemela.

En los cré­di­tos fina­les se lee que Le Con­seil du sta­tu de la fem­me del gobierno de Que­bec indi­ca que la edad pro­me­dio de incor­po­ra­ción a la pros­ti­tu­ción en Cana­dá es entre los 14 y 15 años. En todo caso, más allá de ese dato esta­dís­ti­co, lo cier­to es que denun­cian­do ese tre­men­do dra­ma social, Albert logró un film duro, incon­for­ta­ble y alta­men­te per­tur­ba­dor que hon­da­men­te sen­si­bi­li­za al espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Carre­ra Con­tra el Tiempo

A PLEIN TEMPS. Fran­cia 2021, Un film escri­to y diri­gi­do por Éric Gravel.

Podría ser un docu­men­tal en don­de la ima­gen cuen­ta mucho más que los diá­lo­gos, pero no lo es. Con todo, el rea­li­za­dor Éric Gra­vel ins­pi­ra­do en acon­te­ci­mien­tos verí­di­cos efec­túa en A Plein Temps una seve­ra crí­ti­ca a una reali­dad social cuan­do la inten­si­dad del tra­ba­jo no per­mi­te un minu­to de respiro.

Lau­re Cala­may en A PLEIN TEMPS

Car­gan­do sobre sus espal­das todo el peso del rela­to, Lau­re Calamy ofre­ce una anto­ló­gi­ca inter­pre­ta­ción de Julie, una madre mono­pa­ren­tal cuya ace­le­ra­da jor­na­da comien­za a las 6 y media de la maña­na y se pro­lon­ga has­ta las horas noc­tur­nas en un con­ti­nua­do galo­pe con­tra el reloj. Sepa­ra­da de su mari­do, ella está a car­go de sus hijos en edad esco­lar y des­pués del apu­ra­do desa­yuno debe dejar­los en lo de una veci­na quien se ocu­pa de enviar­los a la escue­la. Vivien­do en las afue­ras de París, Julie debe valer­se del tren para lle­gar al cen­tro de la ciu­dad y comen­zar sus tareas lide­ran­do a un gru­po de emplea­das de lim­pie­za en un hotel de 5 estre­llas. Todo está per­fec­ta­men­te cro­no­me­tra­do a fin de que nin­gún deta­lle que­de libra­do al azar y en ese accio­nar que­da refle­ja­do el exte­nuan­te tra­ba­jo que debe ser rea­li­za­do por ella y sus cola­bo­ra­do­res en un tiem­po estre­cha­men­te ajus­ta­do. A todo ello, se apre­cia cómo debe lidiar con su ex mari­do quien al no cum­plir con el depó­si­to de la pen­sión ali­men­ta­ria de los niños, no le res­pon­de a sus lla­ma­dos telefónicos.

La espe­ran­za de con­se­guir un tra­ba­jo en mejo­res con­di­cio­nes se le pre­sen­ta a Julie para un pues­to que esta­ba desean­do hace tiem­po por ajus­tar­se a su for­ma­ción aca­dé­mi­ca. Para ello, debe equi­li­brar sus tareas en el hotel con las fur­ti­vas sali­das que rea­li­za para pre­sen­tar­se a la entre­vis­ta. Pero todo se com­pli­ca cuan­do una huel­ga de trans­por­te de los ser­vi­cios públi­cos y mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta calle­je­ra crean los obs­tácu­los para su des­pla­za­mien­to. El sen­ti­mien­to de esco­zor, angus­tia y ansie­dad de esta joven que lle­ga a movi­li­zar­se en vehícu­los com­par­ti­dos y la bue­na dis­po­si­ción de quie­nes están dis­pues­tos a trans­por­tar­la le gene­ra un tor­be­llino de emo­cio­nes, cla­ra­men­te fáci­les de com­pren­der y empa­ti­zar con su suerte.

A tra­vés del movi­mien­to rápi­do de la cáma­ra de Gra­vel con el apor­te de la foto­gra­fía de Vic­tor Seguin cap­tan­do per­ma­nen­te­men­te las carre­ras de su pro­ta­go­nis­ta, A Plein Temps trans­mi­te ple­na­men­te el cli­ma de fre­ne­sí reper­cu­tien­do aní­mi­ca­men­te en el espectador.

El rea­li­za­dor logra demos­trar cómo la moda­li­dad del tra­ba­jo en la socie­dad com­pe­ti­ti­va de la era actual pue­de con­du­cir a situa­cio­nes como las que sin exa­ge­ra­ción algu­na que­dan refle­ja­das en este dra­ma muy bien expuesto.

Ade­más del bri­llan­te tra­ba­jo de Calamy, en pape­les de apo­yo Gra­vel logró con­vo­car un cali­fi­ca­do elen­co inte­gra­do entre otros nom­bres por Anne Sua­rez, Gene­viè­ve Mnich, Nolan Ariz­men­di, Sasha Lemai­tre Cre­mas­chi y Mathil­de Weil.

Por sus inne­ga­bles méri­tos, este retra­to de la vida real estre­na­do en el Fes­ti­val de Vene­cia de 2021 obtu­vo el pre­mio al mejor direc­tor y a la mejor actriz. Jor­ge Gutman