Los Valien­tes Partisanos

Nota: Este film ha sido pro­gra­ma­do por el Toron­to Jewish Film Fes­ti­val (TJFF) 

FOUR WIN­TERS: A Story of Jewish Par­ti­san Resis­tan­ce and Bra­very. Esta­dos Uni­dos„ 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Julia Mintz. 90 minutos

La his­to­ria de gue­rri­lle­ros judíos duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial es lo que la direc­to­ra Julia Mintz con­si­de­ra en este vibran­te documental..

Una ima­gen del documental

En la tra­ge­dia del Holo­caus­to pere­cie­ron 6 millo­nes de judíos aun­que alre­de­dor de 25.500 han podi­do esca­par ocul­tán­do­se en las fores­tas de Euro­pa Orien­tal; es así que estos sobre­vi­vien­tes logra­ron armar­se a fin de luchar y con­tra­ata­car al enemi­go nazi.

Tenien­do en con­si­de­ra­ción lo que ante­ce­de, la direc­to­ra ras­treó y logró con­tac­tar a algu­nos de los ex osa­dos com­ba­tien­tes cuyos comen­ta­rios, ade­más de las fotos y archi­vos de fil­mes obte­ni­dos han per­mi­ti­do nutrir a Four Win­ters.

A dife­ren­cia de otros fil­mes del géne­ro, aquí Mintz no for­mu­la pre­gun­tas a los entre­vis­ta­dos sino que per­mi­te que cada uno de ellos se expla­ye y rela­te sus pro­pias expe­rien­cias gue­rri­lle­ras. Entre los mis­mos se encuen­tran Ger­tru­de Boyars­ki (recien­te­men­te falle­ci­da), Michael Stoll, Franck Blach­man, Cha­le­ye Pales­yi, Luba Abra­mo­vitz, Sara Ginai­te, Faye Schul­man e Isa­do­re Farbstein.

Cada uno de ellos rela­ta a tra­vés de fas­ci­nan­tes anéc­do­tas las expe­rien­cias atra­ve­sa­das. Ade­más de las difi­cul­ta­des de vivir en la sel­va, sobre todo duran­te la eta­pa inver­nal, el espec­ta­dor se impo­ne sobre las difi­cul­ta­des expe­ri­men­ta­das fren­te al ham­bre, la fal­ta de medi­ci­na ade­cua­da, el naci­mien­to de un bebé en dra­má­ti­cas cir­cuns­tan­cias y la for­ma de haber supe­ra­do los incon­ve­nien­tes. Así­mis­mo se lle­ga a saber cómo logra­ron armar­se, el modo en que eje­cu­ta­ron sus misio­nes de sabo­ta­je inclu­yen­do la des­truc­ción de tre­nes, puen­tes, esta­cio­nes poli­cia­les, líneas tele­grá­fi­cas y cómo han pro­ce­di­do con el peque­ño gru­po de nazis y pola­cos cola­bo­ra­do­res que fue­ron cap­tu­ra­dos en las embos­ca­das preparadas.

Remar­ca­ble­men­te fil­ma­do y edi­ta­do, el docu­men­tal tie­ne espe­cial sig­ni­fi­ca­ción fren­te al aumen­to del anti­se­mi­tis­mo que se vie­ne regis­tran­do en las últi­mas déca­das y sobre todo tenien­do en cuen­ta que gran par­te de la actual gene­ra­ción de jóve­nes ame­ri­ca­nos igno­ra lo que sig­ni­fi­có Ausch­witz y el Holocausto.

El can­den­te docu­men­tal con­clu­ye con la cita del judío par­ti­sano Sha­lom Yoran: “Nin­gu­na per­so­na debe­ría sucum­bir la bru­ta­li­dad sin ejer­cer resis­ten­cia. Indi­vi­dual­men­te una vida pue­de sal­var­se pero actuan­do con­jun­ta­men­te se pue­de lle­gar a modi­fi­car el cur­so de la his­to­ria”. En los cré­di­tos fina­les se pasa revis­ta a varias fotos de los valien­tes par­ti­sa­nos tenien­do como fon­do musi­cal la her­mo­sa melo­día de Leo­nard Cohen “Dan­ce me to the end of love”. Jor­ge Gutman

La Mafia Calabresa

A CHIA­RA. Ita­lia-Fran­cia, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Jonas Car­pig­nano. 121 minutos.

Den­tro de un esti­lo natu­ra­lis­ta y con cier­ta remi­nis­cen­cia del cine neo­rrea­lis­ta ita­liano, el direc­tor Jonas Car­pig­nano com­ple­ta con A Chia­ra la tri­lo­gía cala­bre­sa. Es así que des­pués de haber con­si­de­ra­do en Medi­te­rra­nea (2015), las vici­si­tu­des de refu­gia­dos afri­ca­nos y en A Ciam­bra (2017) la comu­ni­dad gita­na, aquí nue­va­men­te impre­sio­na gra­ta­men­te en un rela­to vin­cu­la­do con la mafia ope­ran­do en el muni­ci­pio de Gioia Tau­ro ubi­ca­do en la región de Calabria.

Swamy Roto­lo

El guión del rea­li­za­dor se cen­tra en Chia­ra Gue­rra­sio (Swamy Roto­lo), una chi­ca de 15 años que es la hija del matri­mo­nio inte­gra­do por su padre Clau­dio (Clau­dio Roto­lo) y su madre Car­me­la (Car­me­la Fumo). La vida de ella trans­cu­rre plá­ci­da­men­te y a mane­ra de pró­lo­go se obser­va la rela­ción man­te­ni­da con su her­ma­na mayor Giu­lia (Gre­cia Roto­lo) y con la peque­ña Gior­gia (Gior­gia Roto­lo). De inme­dia­to, el rela­to se dina­mi­za con la cele­bra­ción de los 18 años de Giu­lia en una fies­ta a la que asis­ten sus fami­lia­res y nume­ro­sos ami­gos; duran­te el trans­cur­so de la mis­ma se pue­de apre­ciar el cáli­do vincu­lo exis­ten­te entre Chia­ra y su padre don­de que­da cla­ro que ella es su hija preferida.

El fac­tor que gene­ra el dra­ma de esta his­to­ria es cuan­do al día siguien­te, Chia­ra obser­va que su padre deja el hogar y minu­tos siguien­tes se pro­du­ce una explo­sión en su coche esta­cio­na­do en la calle. Ese acci­den­te inten­cio­nal moti­va a que ella quie­ra saber dón­de se encuen­tra su padre; a todo ello, al poco tiem­po, a tra­vés de las redes socia­les, la chi­ca se impo­ne que Clau­dio es con­si­de­ra­do un fugi­ti­vo de la jus­ti­cia y que está vin­cu­la­do como nar­co­tra­fi­can­te con los miem­bros de “Ndranghe­ta”, la orga­ni­za­ción cri­mi­nal de Cala­bria. Para Chia­ra, esa reve­la­ción cons­ti­tu­ye un fuer­te impac­to des­es­ta­bi­li­za­dor tenien­do en cuen­ta que la per­so­na que tan­to ido­la­tra es un delincuente.

De allí en más ella desea estar más ente­ra­da sobre las acti­vi­da­des de su padre pero se encuen­tra con un muro de silen­cio en la medi­da que su madre al igual que su her­ma­na Giu­lia tra­tan de ocul­tar­le la ver­dad; es así que por su cuen­ta deci­de tomar car­tas en el asun­to inten­tan­do ubi­car el para­de­ro de Claudio.

Sin entrar en adi­cio­na­les deta­lles, pue­de anti­ci­par­se que la deter­mi­na­ción de Chia­ra de encon­trar a su pro­ge­ni­tor afec­ta­rá su vida fami­liar, reper­cu­ti­rá en su asis­ten­cia esco­lar al fal­tar a algu­nas cla­ses de su cole­gio, como así tam­bién moti­va­rá la inter­ven­ción de una asis­ten­te social tra­tan­do de que ella deje a su fami­lia ofre­cién­do­le un hogar adop­ti­vo más estable.

Car­pig­nano logra un muy con­mo­ve­dor rela­to no exen­to de sus­pen­so retra­tan­do exce­len­te­men­te el pro­ce­so de madu­rez de la ado­les­cen­te a tra­vés de su con­tac­to con el sin­di­ca­to del cri­men orga­ni­za­do. A la soli­dez de un guión muy bien estruc­tu­ra­do se aña­de la inter­ven­ción de acto­res no pro­fe­sio­na­les que inter­pre­tán­do­se a sí mis­mos gene­ran máxi­ma auten­ti­ci­dad al rela­to; en todo caso, la gran reve­la­ción es Swamy Roto­lo quien con su casi per­ma­nen­te pre­sen­cia trans­mi­te una sor­pren­den­te cre­di­bi­li­dad refle­jan­do la varia­da gama emo­cio­nal que atra­vie­sa su Chia­ra. La úni­ca obje­ción del film radi­ca en el ambi­guo des­en­la­ce deci­di­da­men­te fan­ta­sio­so que no con­di­ce con el tra­ta­mien­to rea­lis­ta impe­ran­te a lo lar­go del mis­mo; en todo caso eso no lle­ga a afec­tar su indis­cu­ti­ble nivel de calidad.
Jor­ge Gutman

.

La Evo­lu­ción del Cuer­po Humano

CRI­MES OF THE FUTU­RE. Cana­dá-Gre­cia, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por David Cro­nen­berg. 107 minutos

Dada la exce­len­cia de su direc­tor, Cri­mes of the Futu­re es una de las pelí­cu­las que más inte­rés ha des­per­ta­do antes de su estreno comer­cial. Has­ta dón­de las expec­ta­ti­vas están jus­ti­fi­ca­das depen­de del jui­cio que merez­ca a cada espec­ta­dor. Lo que sí se pue­de anti­ci­par es que David Cro­nen­berg ofre­ce un rela­to en el que algu­nas de las inquie­tu­des mani­fes­ta­das en otros tra­ba­jos de su fil­mo­gra­fía vuel­ven a resur­gir aquí.

El guión del rea­li­za­dor ubi­ca la acción en un futu­ro no muy lejano, en algún lugar no espe­ci­fi­ca­do de Gre­cia, a pesar de que la ubi­ca­ción geo­grá­fi­ca dis­ta de tener impor­tan­cia. La pri­me­ra secuen­cia imbui­da de horror lle­va la impron­ta “Cro­nen­berg” y esta­ble­ce el tono de lo que sobre­ven­drá des­pués; allí se obser­va a una madre que vien­do a su hiji­to de 8 años mas­ti­can­do un plás­ti­co del tarro de basu­ras que se halla en el baño, apro­ve­cha para asfi­xiar­lo con una almoha­da cuan­do está dor­mi­do en su lecho.

Léa Sey­doux y Vig­go Mortensen

Inme­dia­ta­men­te des­pués se pre­sen­cia a Saul Ten­ser (Vig­go Mor­ten­sen), quien acos­ta­do en una cama ten­ta­cu­lar es asis­ti­do por su socia y pare­ja Capri­ce (Léa Sey­doux), una anti­gua ciru­ja­na; a tra­vés de un meca­nis­mo de con­trol el cuer­po de Saul es abier­to y des­pués de haber sido sus entra­ñas tatua­das, vuel­ve a cerrar­se don­de él no ha expe­ri­men­ta­do dolor alguno en esa maca­bra ope­ra­ción. De allí en más ese acto es eje­cu­ta­do públi­ca­men­te fren­te a una sor­pren­di­da audien­cia don­de Capri­ce va remo­vien­do los órga­nos tatua­dos de Saul a la vez que su cuer­po es capaz de gene­rar otros nue­vos que serán igual­men­te obje­to de abla­cio­nes y tatuajes.

La fama sus­ci­ta­da por la per­for­man­ce de Saul con­ci­ta la aten­ción de Tim­lin (Kris­ten Ste­wart) una inves­ti­ga­do­ra de la Ofi­ci­na del Regis­tro Nacio­nal de Órga­nos que tra­ba­ja a las órde­nes de Wip­pit (Don McKe­llar) y cuya fun­ción es la de con­si­de­rar la evo­lu­ción huma­na con la muta­ción de cuer­pos y órga­nos nue­vos, asu­mien­do el ries­go de que des­apa­rez­ca la con­fi­gu­ra­ción gené­ti­ca. En este uni­ver­so dis­tó­pi­co la ciru­gía no pro­du­ce dolor y cons­ti­tu­ye el nue­vo sexo que per­mi­te unir a dos per­so­nas que se atraen.

Si bien la fan­ta­sio­sa pre­mi­sa de Cro­nen­berg pue­de fas­ci­nar por su auda­cia, lo cier­to es que muchos de los aspec­tos con­sig­na­dos en el guión ori­gi­nan situa­cio­nes irre­suel­tas y en algu­nos casos no siem­pre fáci­les de com­pren­der. La visión de esta his­to­ria de cien­cia fic­ción per­tur­ba en su mayor par­te en la medi­da que resul­ta incon­for­ta­ble pre­sen­ciar la muti­la­ción del cuer­po humano como si se des­pe­lle­ja­ra a un ani­mal expo­nien­do sus san­grien­tas entra­ñas y vís­ce­ras; eso es lo que pre­ci­sa­men­te se apre­cia en una dra­má­ti­ca esce­na en que el con­mo­vi­do padre del niño ase­si­na­do en la pri­me­ra secuen­cia le pide a Saul que prac­ti­que su autopsia.

No es la pri­me­ra vez que el inte­li­gen­te rea­li­za­dor ofre­ce una obra pro­vo­ca­ti­va como lo fue Crash, que en 1996 Can­nes la dis­tin­guió con el Pre­mio Espe­cial del Jura­do. El tiem­po ha trans­cu­rri­do y hoy día este film está lejos de gene­rar un escán­da­lo; en todo caso lo que no está suje­to a dis­cu­sión es el sóli­do sopor­te que Mor­ten­sen, Sey­doux y Ste­wart brin­dan en sus res­pec­ti­vos roles. Más allá de las obser­va­cio­nes apun­ta­das, no hay duda que una resi­lien­te audien­cia que inclu­ye a los nume­ro­sos incon­di­cio­na­les de Cro­nen­berg sal­drá satis­fe­cha de haber con­tem­pla­do la cine­má­ti­ca pro­po­si­ción de su autor. Jor­ge Gutman

Un Excep­cio­nal Fotógrafo

GABOR. Cana­dá, 2021. Un docu­men­tal de Joan­nie Lafre­niè­re. 100 minutos

Un encuen­tro entre la novel direc­to­ra Joan­nie Lafre­niè­re y Gabor Szi­la­zi que tuvo lugar en 2015 en un fes­ti­val de foto­gra­fía de Gas­pé­sie ha sido la géne­sis de este mag­ní­fi­co docu­men­tal que cen­tra­li­za la aten­ción en este excep­cio­nal fotó­gra­fo de Quebec.

Gabor Szla­si

A tra­vés de una mag­ní­fi­ca sim­bio­sis entre la rea­li­za­do­ra que es tam­bién fotó­gra­fa y Szi­la­si se sigue la tra­yec­to­ria de una per­so­na que con sus 93 años de edad está lejos de clau­di­car; es así que pro­si­gue vol­can­do su inmen­sa pasión por la foto­gra­fía tal como lo ha veni­do hacien­do a lo lar­go de casi sie­te décadas.

Oriun­do de Hun­gría, Szi­la­si era un estu­dian­te de medi­ci­na en Buda­pest cuan­do sur­gió su inte­rés por la foto­gra­fía con la com­pra de su pri­me­ra cáma­ra en 1952. El cli­ma de anti­se­mi­tis­mo rei­nan­te en su país natal lo impul­só a aban­do­nar­lo en 1951 pero fra­ca­só en el inten­to sien­do arres­ta­do por varios meses, aun­que final­men­te pudo con­cre­tar su hui­da en 1957, un año des­pués de la revo­lu­ción hún­ga­ra. Des­pués de su pri­mer des­tino en Vie­na pos­te­rior­men­te lle­ga a Cana­dá para esta­ble­cer­se en Mon­treal en 1958, ajus­tán­do­se a las nue­vas con­di­cio­nes de vida impe­ran­tes en Que­bec, poco antes del movi­mien­to que secu­la­ri­zó a la pro­vin­cia en la déca­da del 60. De allí en más logró desa­rro­llar una bri­llan­te carre­ra pro­fe­sio­nal en la foto­gra­fía que lo con­sa­gró a nivel nacio­nal e internacional.

Aun­que algu­nos deta­lles téc­ni­cos de la labor de Szi­la­si son muy bien ilus­tra­dos, ade­más de expo­ner su tra­ba­jo median­te fotos y mate­rial de archi­vo, de mane­ra sen­ci­lla y efec­ti­va la direc­to­ra per­mi­te que se conoz­can aspec­tos de su vida per­so­nal. Así el artis­ta reme­mo­ra el dra­ma sufri­do por su fami­lia judía duran­te el nazis­mo y a pesar de ocul­tar su iden­ti­dad median­te la con­ver­sión al pro­tes­tan­tis­mo su madre fue ase­si­na­da en 1944. Muy agra­da­ble resul­ta saber cómo él y su que­ri­da espo­sa se cono­cie­ron, sim­pa­ti­za­ron román­ti­ca­men­te para final­men­te con­cre­tar el lazo matri­mo­nial y fun­dar una fami­lia con la lle­ga­da de la hiji­ta Andrea.

El docu­men­tal ilus­tra el encuen­tro con veci­nos que apre­cian de que Szi­la­si los cap­te foto­grá­fi­ca­men­te, así como tam­bién expo­ne el fes­te­jo con ami­gos y miem­bros de la fami­lia cele­bran­do jubi­lo­sa­men­te sus 90 años en 2018. Entre otros aspec­tos, la cáma­ra de la rea­li­za­do­ra se tras­la­da a Buda­pest y a zonas rura­les de la región en don­de el fotó­gra­fo reen­cuen­tra a un vie­jo ami­go y com­pa­ñe­ro de estu­dios de su ado­les­cen­cia; al inter­cam­biar comen­ta­rios sobre lo que sus vidas han sido a tra­vés del tiem­po, la melan­co­lía se hace sen­tir cuan­do Szi­la­si le mues­tra foto­gra­fías cap­ta­das en ese entonces.

Sien­do cons­cien­te de su mor­ta­li­dad, un momen­to cier­ta­men­te con­mo­ve­dor del film tie­ne lugar cuan­do el inmen­so mate­rial foto­grá­fi­co jun­to con los innu­me­ra­bles nega­ti­vos son reti­ra­dos de la resi­den­cia del artis­ta para ser dona­dos al Museo de Bellas Artes de Montreal.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do Gabor es un docu­men­tal remar­ca­ble­men­te fil­ma­do e irre­pro­cha­ble­men­te mon­ta­do en don­de las imá­ge­nes expre­san más que las pala­bras; de este modo Lafre­niè­re ofre­ce un cáli­do tri­bu­to a Gabor Szi­la­si, un hom­bre sereno, noble y humil­de que valo­ri­za el per­ma­nen­te apo­yo que reci­be de su entra­ña­ble com­pa­ñe­ra y que­ri­da hija y que con­si­de­ra al amor como lo más impor­tan­te en su vida. Jor­ge Gutman

Muy Bue­na Secuela

TOP GUN: MAVE­RICK. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Joseph Kosins­ki. 131 minutos

Des­pués de varias pos­ter­ga­cio­nes debi­do a la pan­de­mia final­men­te el públi­co tie­ne la oca­sión de juz­gar Top Gun: Mave­rick pro­ta­go­ni­za­do por el popu­la­rí­si­mo Tom Crui­se, en el mejor film de su carrera.

Para quie­nes han teni­do la opor­tu­ni­dad de haber vis­to en 1986 Top Gun del rea­li­za­dor Tony Scott, esta secue­la diri­gi­da aho­ra por Joseph Kosins­ki es deci­di­da­men­te supe­rior debi­do en gran par­te al muy buen guión de Ehren Kru­ger, Eric Warren Sin­ger y Chris­topher McQuarrie.

Tom Crui­se

¿Que ha sido de la vida de Pete “Mave­rick” Mit­chell (Crui­se)? Aun­que más enve­je­ci­do, dado que los 36 años trans­cu­rri­dos dejan sus hue­llas, este soli­ta­rio capi­tán y excep­cio­nal pilo­to de caza no pue­de con su genio al supe­rar los lími­tes de velo­ci­dad per­mi­ti­da, fas­ti­dian­do de este modo a su supe­rior Beau “Cyclo­ne” Sim­pson (Jon Hamm); es así que tras ven­cer los rece­los del almi­ran­te Cain (Ed Harris), pero apo­ya­do por el almi­ran­te Ice­man (Val Kil­mer) que fue­ra su anti­guo rival y lo con­si­de­ra como un insu­pe­ra­ble ins­truc­tor, el rebel­de Mave­rick es tras­la­da­do des­de el desier­to de Moja­va don­de se encuen­tra has­ta San Die­go a fin de desem­pe­ñar­se como pro­fe­sor en la renom­bra­da escue­la de éli­tes Top Gun. En ese esta­ble­ci­mien­to don­de se gra­dúan los mejo­res pilo­tos del pla­ne­ta el desig­na­do pro­fe­sor ten­drá la misión de adies­trar duran­te el lap­so de tres sema­nas a aven­ta­ja­dos alum­nos; el pro­pó­si­to es que pue­dan par­ti­ci­par en una deli­ca­da y arries­ga­dí­si­ma misión con­sis­ten­te en la des­truc­ción de una plan­ta enri­que­ce­do­ra de ura­nio de una poten­cia enemi­ga y en don­de son muy bajas las posi­bi­li­da­des de éxito.

De lo que ante­ce­de una con­si­de­ra­ble par­te del metra­je se cen­tra en dicha eta­pa de for­ma­ción don­de Mave­rick inter­ac­túa con los nue­vos pilo­tos de com­ba­te (inter­pre­ta­dos entre otros por Glen Powell, Jay Ellis, Moni­ca Bar­ba­ro y Danny Ramí­rez) y en espe­cial con el tenien­te Brad­ley “Roos­ter” Bradshaw (Miles Teller); este joven que es el hijo de Goo­se, un gran ami­go de Mave­rick que en el film pre­ce­den­te mue­re en un acci­den­te de vue­lo, man­tie­ne una ten­sa rela­ción con el ins­truc­tor debi­do al resen­ti­mien­to que le guar­da por haber­lo decep­cio­na­do tiem­po atrás. En otros aspec­tos, la tra­ma alter­na con el víncu­lo sen­ti­men­tal de Mave­rick con Penny (Jen­ni­fer Con­nelly), un anti­guo amor suyo que aho­ra es due­ña del bar que se encuen­tra pró­xi­mo al lugar de la academia.

Si has­ta ese enton­ces el rea­li­za­dor logra que la pelí­cu­la flu­ya de mane­ra inta­cha­ble, lo más impac­tan­te se pro­du­ce cuan­do el pro­fe­sor Mave­rick se invo­lu­cra en la peli­gro­sa misión. Así, en los últi­mos vein­te minu­tos del rela­to se asis­te a un mag­ní­fi­co espec­tácu­lo de acción con­tem­plan­do la carre­ra empren­di­da por los avio­nes de caza en don­de la mayo­ría de las sor­pren­den­tes esce­nas aéreas han sido fil­ma­das sin haber recu­rri­do a la tec­no­lo­gía digi­tal; es allí que que­da reafir­ma­da la dies­tra direc­ción de Kosins­ki real­za­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Clau­dio Miranda.

Si hay algo que dis­tin­gue a este block­bus­ter de otros del géne­ro es su gran con­te­ni­do humano y el extra­or­di­na­rio mag­ne­tis­mo que Crui­se des­pier­ta en la carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je. Hay varias esce­nas en que trans­mi­te con­si­de­ra­ble emo­ción inclu­yen­do la de la visi­ta que Mave­rick efec­túa al gra­ve­men­te enfer­mo Ice­man quien lucha con­tra el cán­cer de gar­gan­ta que lo afec­ta; igual­men­te rebo­sa ter­nu­ra la rela­ción man­te­ni­da con Penny y en espe­cial el con­mo­ve­dor abra­zo de recon­ci­lia­ción con Bradshaw.

En suma, este film con­fir­ma que con un repar­to de lujo enca­be­za­do por un exce­len­te actor y un buen direc­tor es posi­ble lograr un entre­te­ni­mien­to de cali­dad supe­rior que sin duda el públi­co habrá de dis­fru­tar­lo. Jor­ge Gutman