Una Entra­ña­ble Amistad

MI MEJOR AMI­GA ANNE FRANK. Holan­da, 2021. Un film de Ben Som­bo­gaart 103 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Nume­ro­sos films han revi­vi­do la tra­ge­dia del Holo­caus­to como así tam­bién las vici­si­tu­des de Anne Frank a tra­vés de su emble­má­ti­co dia­rio. Sin embar­go lo que no ha sido muy difun­di­do es la rela­ción man­te­ni­da entre Anne y Han­nah Gos­lar; esta emo­ti­va pelí­cu­la del rea­li­za­dor Ben Som­bo­gaart la expo­ne adop­tan­do el pun­to de vis­ta de Hannah.

Josephi­ne Arend­sen y Aiko Beemsterboer

El guión de Marian Bata­vier y Paul Ruven, basa­do en el libro Memo­ries of Anne Frank: Reflec­tions of a Chilldhood Friend de la escri­to­ra ame­ri­ca­na Ali­son Les­lie Gold, cro­no­ló­gi­ca­men­te comien­za en 1942 cuan­do la capi­tal de Holan­da está com­ple­ta­men­te ocu­pa­da por el ejér­ci­to nazi. En ese entorno, la joven judía Han­nah (Josephi­ne Arend­sen) de 12 años y Anne (Aiko Beems­ter­boer) de simi­lar edad han lle­ga­do a ser ínti­mas ami­gas y ven trans­cu­rrir sus vidas plá­ci­da­men­te; cada una mani­fies­ta sus sue­ños, inquie­tu­des, el comien­zo de la atrac­ción hacia los chi­cos y otros aspec­tos carac­te­rís­ti­cos de quie­nes tran­si­tan la ado­les­cen­cia. La situa­ción se alte­ra cuan­do obser­van­do el atroz tra­to que los ale­ma­nes dis­pen­san a los que son judíos ellas cobran total con­cien­cia de la gra­ve­dad de vivir en un ambien­te inva­di­do de vio­len­cia y muer­te. Cuan­do un buen día Anne des­apa­re­ce, Han­nah cree que pudo esca­par con su fami­lia a Sui­za, igno­ran­do que en reali­dad ella y su fami­lia logra­ron escon­der­se en el áti­co del edi­fi­cio de la com­pa­ñía de su padre.

Entre­tan­to, debi­do a que la per­se­cu­ción de los judíos adquie­re mayor inten­si­dad, Vader Gos­lar (Roe­land Fernhout) ‑el padre de Han­nah- espe­ra obte­ner los pasa­por­tes que le per­mi­tan a él, su seño­ra Mut­ti (Lot­te Helling­man), pró­xi­ma a dar a luz, la bebi­ta Gabi y Han­nah para tras­la­dar­se a Ingla­te­rra en pro­cu­ra de poder estar a sal­vo de la atro­ci­dad nazi. Sin embar­go esa inten­ción se malo­gra cuan­do los sol­da­dos del ejér­ci­to ale­mán irrum­pen en su hogar des­pués de que Mut­ti falle­ce por ausen­cia de asis­ten­cia sani­ta­ria en el momen­to del par­to. Es así como Vader, Han­nah y su her­ma­ni­ta ter­mi­nan sien­do depor­ta­dos al cam­po de con­cen­tra­ción de Ber­gen-Bel­sen; en ese tétri­co lugar de exter­mi­nio Han­nah reme­mo­ra los momen­tos de feli­ci­dad vivi­dos con su gran ami­ga del alma. Quie­re el des­tino que en el mis­mo cam­po, pero en luga­res dife­ren­tes se encuen­tren tam­bién Anne con su her­ma­na Mar­got malnu­tri­das y pade­cien­do de hambre.

Uno de los logros del film se debe a la muy bue­na des­crip­ción de sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes y la carac­te­ri­za­ción logra­da por las jóve­nes actri­ces exis­tien­do entre ellas una sin­gu­lar com­pli­ci­dad. Beems­ter­boer da con el jus­to tono de la Anne vívi­da y de espí­ri­tu rebel­de con­tras­tan­do en per­so­na­li­dad con la más sose­ga­da, tími­da y tran­qui­la Han­nah que Arend­sen carac­te­ri­za mara­vi­llo­sa­men­te. Cuan­do la his­to­ria se apro­xi­ma hacia su des­en­la­ce se pro­du­ce una esce­na de pro­fun­da emo­ción que es pre­fe­ri­ble no comentarla.

La direc­ción de Som­bo­gaart es correc­ta no obs­tan­te que en su pri­me­ra par­te la narra­ción no alcan­za la sufi­cien­te flui­dez para evi­tar que el rit­mo ami­no­re; sin embar­go, esta obser­va­ción no lle­ga a afec­tar el resul­ta­do posi­ti­vo de este buen dra­ma resal­tan­do la entra­ña­ble amis­tad y el des­per­tar de la ino­cen­cia de Han­nah y Anne.

Como es bien sabi­do, Anne mue­re en 1945 pocos meses antes de que la gue­rra con­clu­ye­ra; afor­tu­na­da­men­te Han­nah y su her­ma­na logra­ron sobre­vi­vir el Holo­caus­to. Los cré­di­tos fina­les apun­tan que Han­nah emi­gró a Pales­ti­na para tra­ba­jar de enfer­me­ra; en la actua­li­dad con sus 93 años de edad vive en Jeru­sa­lén, el lugar don­de pudo recons­truir su vida con su mari­do médi­co, sus 3 hijos, 11 nie­tos y 20 bis­nie­tos. Jor­ge Gutman

Muer­te en el Nilo

DEATH ON THE NILE. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Ken­neth Branagh

Tras haber incur­sio­na­do en Mur­der on the Orient Express (2017) con un resul­ta­do poco efi­caz Ken­neth Bra­nagh vuel­ve a con­si­de­rar otra nove­la de Agatha Chris­tie en Death on the Nile, esta vez con mejor fortuna.

La pre­gun­ta for­mu­la­da es si era nece­sa­rio una nue­va ver­sión cine­ma­to­grá­fi­ca de ese libro cuya últi­ma adap­ta­ción la reali­zó exi­to­sa­men­te John Gui­ller­min (1978); la mis­ma con­ta­ba con un elen­co de lujo que inclu­yó entre otros nom­bres a Bet­te Davis, Mia Farrow, Ange­la Lans­bury, David Niven, Mag­gie Smith y en espe­cial Peter Usti­nov dan­do vida al céle­bre detec­ti­ve Hér­cu­les Poi­rot. La pre­sen­te rema­ke pue­de jus­ti­fi­car­se en la medi­da que el direc­tor deseó brin­dar­le un toque moderno a la his­to­ria ori­gi­nal efec­tuan­do algu­nos cam­bios; es así que intro­du­ce un pró­lo­go ambien­ta­do duran­te la Gran Gue­rra de 1914 con un epí­lo­go que trans­cu­rre dos déca­das des­pués, ambos vin­cu­la­dos con la vida per­so­nal de Poi­rot y la expli­ca­ción de su pin­to­res­co bigote.

Ken­neth Branagh

El rea­li­za­dor se vale del guión de Michael Green en don­de ade­más de incluir a nume­ro­sos per­so­na­jes secun­da­rios, cen­tra su aten­ción en Poi­rot (Bra­nagh) y en un trián­gu­lo román­ti­co; el mis­mo está con­for­ma­do por la rica here­de­ra lon­di­nen­se Lin­net Rid­ge­way (Gal Gadot), el joven seduc­tor Simon Doy­le (Armie Ham­mer) con quien aca­ba de con­traer enla­ce y por Jac­que­li­ne de Belle­fort (Emma Mac­key), la ex novia de Simon que jura ven­gar­se de ambos por haber sido trai­cio­na­da. El nudo dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do los recién casa­dos invi­tan a un gru­po de ami­gos a efec­tuar un cru­ce­ro a lo lar­go del Nilo y en ese sun­tuo­so navío se entro­me­te Jac­que­li­ne; al poco tiem­po una per­so­na resul­ta ase­si­na­da y es allí que Poi­rot, tam­bién pasa­je­ro del cru­ce­ro, uti­li­za­rá su bri­llan­te olfa­to y pers­pi­ca­cia para des­cu­brir quién es el o la cri­mi­nal, en el que no fal­tan algu­nos sos­pe­cho­sos que ten­drían sus moti­vos para eli­mi­nar a la víctima.

Narra­da en for­ma dema­sia­do esque­má­ti­ca y con una reso­lu­ción dema­sia­do pre­ci­pi­ta­da, la pelí­cu­la se des­ta­ca fun­da­men­tal­men­te por su esme­ra­da ele­gan­cia; la mis­ma se evi­den­cia en los exce­len­tes dise­ños de pro­duc­ción como así tam­bién refle­jan­do la belle­za de los esce­na­rios natu­ra­les de Egip­to con vis­tas de las remar­ca­bles pirá­mi­des, que han sido repro­du­ci­dos en los estu­dios de fil­ma­ción median­te la tec­no­lo­gía digital.

Bra­nagh ofre­ce una bue­na carac­te­ri­za­ción del ego­cen­tris­ta detec­ti­ve y del res­to del elen­co de apo­yo inte­gra­do entre otros por Tom Bate­man, Annet­te Bening, Rus­sell Brand, Ali Fazal y Jen­ni­fer Saun­ders, quien más se dis­tin­gue es Sophie Oko­ne­do ani­man­do a una gui­ta­rris­ta y can­tan­te de blues y jazz

A tra­vés de algu­nos giros ten­dien­tes a gene­rar ten­sión con algu­nas situa­cio­nes inve­ro­sí­mi­les, esta ver­sión inte­re­sa­rá espe­cial­men­te a los que des­co­noz­can la nove­la o no hayan vis­to algu­nos de los fil­mes pre­ce­den­tes; para los demás es un pasa­tiem­po que se deja ver pero en esen­cia pron­ta­men­te olvi­da­ble. En la apre­cia­ble fil­mo­gra­fía de Bra­nagh, este tra­ba­jo no pasa­rá a la his­to­ria, pero en cam­bio que­da com­pen­sa­da con Bel­fast, su últi­mo remar­ca­ble opus que ha obte­ni­do varias nomi­na­cio­nes en los Oscar de este año.
Jor­ge Gutman

La Ambi­ción del Poder

THE TRA­GEDY OF MAC­BETH. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Joel Coen

Des­pués de haber diri­gi­do con su her­mano Ethan casi una vein­te­na de films, por pri­me­ra vez Joel Coen asu­me en soli­ta­rio la direc­ción de esta pelí­cu­la basa­da en el dra­ma sha­kes­pe­riano La Tra­ge­dia de Mac­beth escri­ta en 1606. No obs­tan­te que la obra ha sido tras­la­da­da al cine en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des, como en los casos de Orson Welles (1948), Aki­ra Kuro­sa­wa (1957), Roman Polans­ki (1971) y Jus­tin Kur­zel (2015), el rea­li­za­dor qui­so inten­tar suer­te a tra­vés de su pro­pia visión.

La adap­ta­ción rea­li­za­da por Coen res­pe­ta la obra de Sha­kes­pea­re sin inno­var. Mac­beth (Den­zel Washing­ton) es el heroi­co gue­rre­ro que por su leal­tad al rey Dun­can de Esco­cia (Bren­dan Glee­son), des­pués de haber aplas­ta­do una rebe­lión para derro­tar­lo es nom­bra­do Barón de Caw­dor. Con todo, él aspi­ra a algo más, sobre todo tenien­do en con­si­de­ra­ción la pro­fe­cía de las tres bru­jas (exce­len­te Kathryn Hun­ter) de que lle­ga­rá a ser rey.

Den­zel Washing­ton y Fran­ces McDormand

Des­pués de que Dun­can hace saber que su joven hijo (Harry Melling) será quien here­da­rá el el trono, Mac­beth impul­sa­do por su ambi­cio­sa espo­sa Lady Mac­beth (Fran­ces McDor­mand) come­te el regi­ci­dio des­ha­cién­do­se de Dun­can para inme­dia­ta­men­te pro­cla­mar­se sobe­rano de Esco­cia, Cum­pli­do con los deseos de su mujer, el nue­vo monar­ca comien­za su rei­na­do sem­bran­do un sen­de­ro de san­gre con todos aqué­llos que pue­dan inter­po­ner­se en su camino, inclu­yen­do el ase­si­na­to de su fiel ami­go y cola­bo­ra­dor Ban­quo (Ber­tie Car­vel). El sen­ti­mien­to de cul­pa que va envol­vien­do a Mac­beth por la vio­len­cia de los crí­me­nes come­ti­dos, sobre todo en el caso de Ban­quo cuya figu­ra fan­tas­mal lo va aco­san­do, pro­du­ce su des­es­ta­bi­li­za­ción psi­co­ló­gi­ca; algo seme­jan­te acon­te­ce con Lady Mac­beth, que gra­dual­men­te va enlo­que­cién­do­se has­ta lle­gar al suicidio.

Las inter­pre­ta­cio­nes de Washing­ton y McDor­mand son remar­ca­bles. El talen­to­so actor ofre­ce una exce­len­te carac­te­ri­za­ción del codi­cio­so, des­pó­ti­co y san­grien­to tirano cuyo pro­ce­so de degra­da­ción lo con­du­ce a un ineluc­ta­ble final; su inter­pre­ta­ción le ha vali­do ser nomi­na­do como mejor actor para el Oscar de este año. La vete­ra­na McDor­mand una vez más demues­tra su con­di­ción de excep­cio­nal intér­pre­te y des­pués de haber obte­ni­do el Oscar por Nomad­land nue­va­men­te aquí sus­ci­ta entu­sias­mo ani­man­do a la dia­bó­li­ca ins­ti­ga­do­ra Lady Mac­beth. El res­to del elen­co acom­pa­ña mag­ní­fi­ca­men­te a los dos pro­ta­go­nis­tas; ade­más de los nom­bres ya cita­dos, igual­men­te se dis­tin­guen, entre otros, Corey Haw­kins como Lord Mac­duff que habrá de ven­gar­se de Mac­beth por haber orde­na­do la muer­te de su mujer (Moses Ingram) y de su hijo, Alex Has­sell como Ross y Miles Ander­son como Len­nox, dos nobles escoceses.

Visual­men­te, la pelí­cu­la es mara­vi­llo­sa gra­cias en gran par­te a la valio­sa con­tri­bu­ción del direc­tor de foto­gra­fía Bruno Del­bon­nel; en una mag­ní­fi­ca fil­ma­ción en blan­co y negro va crean­do una atmós­fe­ra de lúgu­bre pesa­di­lla con algu­nas esce­nas memo­ra­bles como la de las bru­jas con los cuer­vos sobre­vo­lan­do el espa­cio. La músi­ca de Car­ter Bur­well y la dise­ña­do­ra de ves­tua­rio Mary Zoph­res asi­mis­mo real­zan los valo­res de esta producción.

Final­men­te mere­ce dis­tin­guir la meticu­losa pues­ta escé­ni­ca de Coen cuyo resul­ta­do es un film que tras­cien­de más inte­lec­tual­men­te que en su dimen­sión emo­cio­nal; si bien el direc­tor no agre­ga algo dife­ren­te a lo ya cono­ci­do, de todos modos esta nue­va ver­sión sigue sien­do vale­de­ra tenien­do en cuen­ta que la esen­cia de la obra con­ce­bi­da hace cua­tro siglos tie­ne rele­van­cia actual; así bas­ta con­si­de­rar que la demo­cra­cia es una uto­pía para cier­tas regio­nes del mun­do en don­de per­sis­ten regí­me­nes dic­ta­to­ria­les no muy dife­ren­tes del ejer­ci­do por Mac­beth. Jor­ge Gutman

Un Exce­len­te Dra­ma Humano

DRI­VE MY CAR. Japón, 2021. Un film de Ryü­su­ke Hama­gu­chi. 178 minutos

Adap­tan­do los cuen­tos del libro “Hom­bres Sin Muje­res” del escri­tor japo­nés Haru­ki Mura­ka­mi, el des­ta­ca­do rea­li­za­dor japo­nés Ryü­su­ke Hama­gu­chi ofre­ce con Dri­ve My Car un dra­ma de nota­ble cali­dad que habien­do sido estre­na­do en Can­nes fue dis­tin­gui­do con el pre­mio al mejor guión.

Si bien su dura­ción de 3 horas pue­de resul­tar un incon­ve­nien­te, el públi­co que se sumer­ja en la pro­ble­má­ti­ca de este remar­ca­ble film que­da­rá amplia­men­te gra­ti­fi­ca­do. Con su estu­pen­da pues­ta escé­ni­ca Hama­gu­chi resal­ta la sole­dad que afron­ta un hom­bre que ha per­di­do a su mujer y la nece­si­dad de encon­trar una vía para poder superarla.

Hide­toshi Nishi­ji­ma y Toko Miura

En un pró­lo­go de apro­xi­ma­da­men­te 40 minu­tos, se asis­te al apa­sio­na­do víncu­lo sexual de Yasu­ke Kafu­ku (Hide­toshi Nishi­ji­ma), un repu­tado direc­tor tea­tral, con su mujer Oto (Reika Krishi­ma), una renom­bra­da guio­nis­ta de la tele­vi­sión quien duran­te su orgas­mo le va narran­do el libre­to que está pre­pa­ran­do. Cuan­do un día regre­san­do al hogar Yasu­ke com­prue­ba que su com­pa­ñe­ra lo enga­ña con un joven actor (Masa­ki Oka­da) de la tele­vi­sión, él opta por callar debi­do al gran amor que por ella sien­te; al poco tiem­po, Oto mue­re ines­pe­ra­da­men­te debi­do a un derra­me cere­bral y él no pue­de ocul­tar su dolor des­pués de 20 años de haber com­par­ti­do su vida con ella.

Han pasa­do dos años y es aho­ra que Yasu­ke con­ver­ti­do en un indi­vi­duo soli­ta­rio y con su trau­ma a cues­tas deja Tokio para lle­gar a Hiroshi­ma don­de se dis­po­ne a mon­tar una ver­sión mul­ti­lin­güe de Tío Vania de Antón Chée­jov. Para ello, los orga­ni­za­do­res loca­les han dis­pues­to que Misa­ki Wata­ri (Toko Miu­ra), una exper­ta con­duc­to­ra, sea la encar­ga­da de trans­por­tar­lo en los des­pla­za­mien­tos que deba realizar.

De aquí en más la acción se desa­rro­lla en dos luga­res simul­tá­nea­men­te. Por un lado, se asis­te a los ensa­yos que se están rea­li­zan­do y la sin­gu­lar téc­ni­ca uti­li­za­da por el direc­tor con acto­res pro­ve­nien­tes de Japón, Chi­na y Corea, hablan­do dife­ren­tes idio­mas; en el repar­to se encuen­tra Koshi, el actor con el cual su espo­sa lo había enga­ña­do, como tam­bién una chi­ca corea­na (Park Yoo-rim) sor­da pero no muda que se expre­sa median­te el len­gua­je de los sig­nos. La míti­ca obra che­jo­via­na es en par­te un refle­jo de la sole­dad del direc­tor pero en todo caso mon­tar­la en esce­na cons­ti­tu­ye una catar­sis para ali­viar su pena.

El otro esce­na­rio es el via­je en coche que Kafu­ku rea­li­za con la cho­fer en don­de el vehícu­lo cons­ti­tu­ye un per­so­na­je más de esta his­to­ria, mien­tras él va oyen­do los casets que había gra­ba­do su difun­ta mujer. En el con­ti­nuo acer­ca­mien­to man­te­ni­do con Misa­ki duran­te los via­jes rea­li­za­dos él encuen­tra solaz con su com­pa­ñía ade­más de trans­mi­tir­le sus con­fi­den­cias; por su par­te, ella le expre­sa su gran remor­di­mien­to por sen­tir­se cul­pa­ble de la muer­te de su madre acae­ci­da por el derrum­be de la casa en que vivían.

Con suti­li­dad a la vez que con gran sen­si­bi­li­dad Hama­gu­chi ilus­tra un rela­to pro­fun­da­men­te humano refle­jan­do las varia­das emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das a tra­vés del amor, la cul­pa, la pena y el arre­pen­ti­mien­to. Mara­vi­lla la actua­ción de Nishi­ji­ma y Miu­ra tan­to en los diá­lo­gos como en los silen­cios man­te­ni­dos mien­tras el vehícu­lo va atra­ve­san­do la ciu­dad de Hiroshi­ma en la que se apre­cia las mag­ní­fi­cas tomas cap­ta­das por la foto­gra­fía de Hide­toshi Shinomiya.

En esen­cia, el espec­ta­dor tie­ne la opor­tu­ni­dad de apre­ciar un bello rela­to no exen­to de melan­co­lía que mere­ci­da­men­te le ha vali­do obte­ner 4 nomi­na­cio­nes en los pre­mios Oscar de este año: Mejor Film, Mejor Film Inter­na­cio­nal, Mejor Direc­tor y Mejor Guión Adap­ta­do. Jor­ge Gutman

La Pér­di­da de Audición

ON EST FAIT POUR S’EN­TEN­DRE (Hear me out). Fran­cia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Pas­cal Elbé. 92 minutos.

Des­pués de haber incur­sio­na­do en Tête de Turc (2010) y Je comp­te sur vous (2015), el popu­lar actor fran­cés Pas­cal Elbé nue­va­men­te se ubi­ca detrás de la cáma­ra en On est fait pour s’en­ten­dre, cuyo guión le per­te­ne­ce y tam­bién asu­me el rol pro­ta­gó­ni­co. Típi­ca­men­te esta come­dia sin ser excep­cio­nal resul­ta pla­cen­te­ra en la medi­da que está hecha con buen gus­to, no hay situa­cio­nes inve­ro­sí­mi­les y por tra­sun­tar huma­ni­dad ape­lan­do a recur­sos honestos.

Pas­cal Elbé

Elbé ani­ma a Antoi­ne, un pro­fe­sor de his­to­ria de un liceo, cuya vida con­yu­gal de 10 años nau­fra­ga cuan­do por razo­nes de incom­pa­ti­bi­li­dad su com­pa­ñe­ra (Julia Fau­re) deci­de dejar­lo. Ponien­do en su depar­ta­men­to la músi­ca a alto volu­men, el rui­do pro­du­ce un noto­rio des­agra­do en Clai­re (San­dri­ne Kiber­lain), su veci­na del piso infe­rior; ella habien­do que­da­do viu­da vive tem­po­ra­ria­men­te con su peque­ña hija Vio­let­te (Manon Lemoi­ne) en el depar­ta­mewn­to de su her­ma­na Léna (Valé­rie Don­ze­lli) y su cuña­do Julien (Antoi­ne Gouy).

El pun­to de infle­xión del rela­to se pro­du­ce cuan­do Antoi­ne pier­de el sen­ti­do de la audi­ción y se encuen­tra for­za­do a recu­rrir al uso de audí­fo­nos. Sin­tién­do­se inca­pa­ci­ta­do por dicho pro­ble­ma él ocul­ta su defi­cien­cia con quie­nes le rodean con la úni­ca excep­ción de Fran­cis (Fra­nçois Ber­léand), un gran ami­go bona­chón que es asi­mis­mo su cole­ga en la escue­la don­de enseña.

A todo ello Clai­re está preo­cu­pa­da por su hiji­ta que sufre de pesa­di­llas y ade­más per­ma­ne­ce sin hablar debi­do a la reper­cu­sión psí­qui­ca cau­sa­da por la muer­te acci­den­tal de su padre. Quie­re la cir­cuns­tan­cia que se for­je un acer­ca­mien­to entre Antoi­ne y la niña por lo que el mutis­mo de ella gra­dual­men­te des­apa­re­ce. Sin­tién­do­se recon­for­ta­da al ver que Vio­let­te se va recu­pe­ran­do gra­cias a su vecino, Clai­re adop­ta una acti­tud con­ci­lia­to­ria con Antoi­ne que en últi­ma ins­tan­cia desem­bo­ca en un víncu­lo romántico.

Simul­tá­nea­men­te Elbé agre­ga a su his­to­ria la rela­ción de Antoi­ne con su her­ma­na Jean­ne (Emma­nue­lle Devos), don­de ambos deben lidiar con el esta­do de Alzhei­mer de su ancia­na madre Angè­le (Marthe Villalonga).

El film se nutre de muchas esce­nas hila­ran­tes que deri­van del pro­ble­ma audi­ti­vo de Antoi­ne. En la medi­da que el uso del dis­po­si­ti­vo audi­ti­vo le ampli­fi­ca el volu­men que lle­ga a moles­tar­lo fuer­te­men­te, él tra­ta de des­pren­der­se del mis­mo cuan­do está inter­ac­tuan­do con ter­ce­ros. Es así que en la pri­me­ra sali­da con Clai­re a cenar se pro­du­cen situa­cio­nes joco­sas cuan­do sin el apa­ra­to no alcan­za a oír con­ve­nien­te­men­te lo que ella le está hablan­do. Algo simi­lar acon­te­ce en una reu­nión de pro­fe­so­res don­de él incre­pa a una cole­ga (Clau­dia Tag­bo) debi­do a un malen­ten­di­do cau­sa­do por su sordera.

Con un rit­mo pre­ci­so y sin decaer en momen­to alguno el rea­li­za­dor extrae pro­ve­cho de su guión en don­de las his­to­rias de Clai­re, Antoi­ne y la de éste con su her­ma­na y su madre están satis­fac­to­ria­men­te cohe­sio­na­das. Con per­so­na­jes bien desa­rro­lla­dos, Elbé ha reu­ni­do un homo­gé­neo elen­co para ani­mar­los; comen­zan­do por sí mis­mo, el rea­li­za­dor trans­mi­te con­vin­cen­te­men­te la fra­gi­li­dad de un indi­vi­duo afec­ta­do por su defi­cien­cia audi­ti­va y que pre­fie­re callar su pro­ble­ma para no des­per­tar com­pa­sión; el res­to del repar­to cum­ple acer­ta­da­men­te con cada uno de los roles asig­na­dos per­mi­tien­do que se cree una natu­ral empa­tía con los mismos.

Imbui­do de con­si­de­ra­ble dosis de ter­nu­ra y sin com­pla­cen­cia algu­na Elbé ofre­ce un diver­ti­men­to capaz de entre­te­ner gra­ta­men­te a la audien­cia. Jor­ge Gutman