La Ambi­ción del Poder

THE TRA­GEDY OF MAC­BETH. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Joel Coen

Des­pués de haber diri­gi­do con su her­mano Ethan casi una vein­te­na de films, por pri­me­ra vez Joel Coen asu­me en soli­ta­rio la direc­ción de esta pelí­cu­la basa­da en el dra­ma sha­kes­pe­riano La Tra­ge­dia de Mac­beth escri­ta en 1606. No obs­tan­te que la obra ha sido tras­la­da­da al cine en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des, como en los casos de Orson Welles (1948), Aki­ra Kuro­sa­wa (1957), Roman Polans­ki (1971) y Jus­tin Kur­zel (2015), el rea­li­za­dor qui­so inten­tar suer­te a tra­vés de su pro­pia visión.

La adap­ta­ción rea­li­za­da por Coen res­pe­ta la obra de Sha­kes­pea­re sin inno­var. Mac­beth (Den­zel Washing­ton) es el heroi­co gue­rre­ro que por su leal­tad al rey Dun­can de Esco­cia (Bren­dan Glee­son), des­pués de haber aplas­ta­do una rebe­lión para derro­tar­lo es nom­bra­do Barón de Caw­dor. Con todo, él aspi­ra a algo más, sobre todo tenien­do en con­si­de­ra­ción la pro­fe­cía de las tres bru­jas (exce­len­te Kathryn Hun­ter) de que lle­ga­rá a ser rey.

Den­zel Washing­ton y Fran­ces McDormand

Des­pués de que Dun­can hace saber que su joven hijo (Harry Melling) será quien here­da­rá el el trono, Mac­beth impul­sa­do por su ambi­cio­sa espo­sa Lady Mac­beth (Fran­ces McDor­mand) come­te el regi­ci­dio des­ha­cién­do­se de Dun­can para inme­dia­ta­men­te pro­cla­mar­se sobe­rano de Esco­cia, Cum­pli­do con los deseos de su mujer, el nue­vo monar­ca comien­za su rei­na­do sem­bran­do un sen­de­ro de san­gre con todos aqué­llos que pue­dan inter­po­ner­se en su camino, inclu­yen­do el ase­si­na­to de su fiel ami­go y cola­bo­ra­dor Ban­quo (Ber­tie Car­vel). El sen­ti­mien­to de cul­pa que va envol­vien­do a Mac­beth por la vio­len­cia de los crí­me­nes come­ti­dos, sobre todo en el caso de Ban­quo cuya figu­ra fan­tas­mal lo va aco­san­do, pro­du­ce su des­es­ta­bi­li­za­ción psi­co­ló­gi­ca; algo seme­jan­te acon­te­ce con Lady Mac­beth, que gra­dual­men­te va enlo­que­cién­do­se has­ta lle­gar al suicidio.

Las inter­pre­ta­cio­nes de Washing­ton y McDor­mand son remar­ca­bles. El talen­to­so actor ofre­ce una exce­len­te carac­te­ri­za­ción del codi­cio­so, des­pó­ti­co y san­grien­to tirano cuyo pro­ce­so de degra­da­ción lo con­du­ce a un ineluc­ta­ble final; su inter­pre­ta­ción le ha vali­do ser nomi­na­do como mejor actor para el Oscar de este año. La vete­ra­na McDor­mand una vez más demues­tra su con­di­ción de excep­cio­nal intér­pre­te y des­pués de haber obte­ni­do el Oscar por Nomad­land nue­va­men­te aquí sus­ci­ta entu­sias­mo ani­man­do a la dia­bó­li­ca ins­ti­ga­do­ra Lady Mac­beth. El res­to del elen­co acom­pa­ña mag­ní­fi­ca­men­te a los dos pro­ta­go­nis­tas; ade­más de los nom­bres ya cita­dos, igual­men­te se dis­tin­guen, entre otros, Corey Haw­kins como Lord Mac­duff que habrá de ven­gar­se de Mac­beth por haber orde­na­do la muer­te de su mujer (Moses Ingram) y de su hijo, Alex Has­sell como Ross y Miles Ander­son como Len­nox, dos nobles escoceses.

Visual­men­te, la pelí­cu­la es mara­vi­llo­sa gra­cias en gran par­te a la valio­sa con­tri­bu­ción del direc­tor de foto­gra­fía Bruno Del­bon­nel; en una mag­ní­fi­ca fil­ma­ción en blan­co y negro va crean­do una atmós­fe­ra de lúgu­bre pesa­di­lla con algu­nas esce­nas memo­ra­bles como la de las bru­jas con los cuer­vos sobre­vo­lan­do el espa­cio. La músi­ca de Car­ter Bur­well y la dise­ña­do­ra de ves­tua­rio Mary Zoph­res asi­mis­mo real­zan los valo­res de esta producción.

Final­men­te mere­ce dis­tin­guir la meticu­losa pues­ta escé­ni­ca de Coen cuyo resul­ta­do es un film que tras­cien­de más inte­lec­tual­men­te que en su dimen­sión emo­cio­nal; si bien el direc­tor no agre­ga algo dife­ren­te a lo ya cono­ci­do, de todos modos esta nue­va ver­sión sigue sien­do vale­de­ra tenien­do en cuen­ta que la esen­cia de la obra con­ce­bi­da hace cua­tro siglos tie­ne rele­van­cia actual; así bas­ta con­si­de­rar que la demo­cra­cia es una uto­pía para cier­tas regio­nes del mun­do en don­de per­sis­ten regí­me­nes dic­ta­to­ria­les no muy dife­ren­tes del ejer­ci­do por Mac­beth. Jor­ge Gutman

Un Exce­len­te Dra­ma Humano

DRI­VE MY CAR. Japón, 2021. Un film de Ryü­su­ke Hama­gu­chi. 178 minutos

Adap­tan­do los cuen­tos del libro “Hom­bres Sin Muje­res” del escri­tor japo­nés Haru­ki Mura­ka­mi, el des­ta­ca­do rea­li­za­dor japo­nés Ryü­su­ke Hama­gu­chi ofre­ce con Dri­ve My Car un dra­ma de nota­ble cali­dad que habien­do sido estre­na­do en Can­nes fue dis­tin­gui­do con el pre­mio al mejor guión.

Si bien su dura­ción de 3 horas pue­de resul­tar un incon­ve­nien­te, el públi­co que se sumer­ja en la pro­ble­má­ti­ca de este remar­ca­ble film que­da­rá amplia­men­te gra­ti­fi­ca­do. Con su estu­pen­da pues­ta escé­ni­ca Hama­gu­chi resal­ta la sole­dad que afron­ta un hom­bre que ha per­di­do a su mujer y la nece­si­dad de encon­trar una vía para poder superarla.

Hide­toshi Nishi­ji­ma y Toko Miura

En un pró­lo­go de apro­xi­ma­da­men­te 40 minu­tos, se asis­te al apa­sio­na­do víncu­lo sexual de Yasu­ke Kafu­ku (Hide­toshi Nishi­ji­ma), un repu­tado direc­tor tea­tral, con su mujer Oto (Reika Krishi­ma), una renom­bra­da guio­nis­ta de la tele­vi­sión quien duran­te su orgas­mo le va narran­do el libre­to que está pre­pa­ran­do. Cuan­do un día regre­san­do al hogar Yasu­ke com­prue­ba que su com­pa­ñe­ra lo enga­ña con un joven actor (Masa­ki Oka­da) de la tele­vi­sión, él opta por callar debi­do al gran amor que por ella sien­te; al poco tiem­po, Oto mue­re ines­pe­ra­da­men­te debi­do a un derra­me cere­bral y él no pue­de ocul­tar su dolor des­pués de 20 años de haber com­par­ti­do su vida con ella.

Han pasa­do dos años y es aho­ra que Yasu­ke con­ver­ti­do en un indi­vi­duo soli­ta­rio y con su trau­ma a cues­tas deja Tokio para lle­gar a Hiroshi­ma don­de se dis­po­ne a mon­tar una ver­sión mul­ti­lin­güe de Tío Vania de Antón Chée­jov. Para ello, los orga­ni­za­do­res loca­les han dis­pues­to que Misa­ki Wata­ri (Toko Miu­ra), una exper­ta con­duc­to­ra, sea la encar­ga­da de trans­por­tar­lo en los des­pla­za­mien­tos que deba realizar.

De aquí en más la acción se desa­rro­lla en dos luga­res simul­tá­nea­men­te. Por un lado, se asis­te a los ensa­yos que se están rea­li­zan­do y la sin­gu­lar téc­ni­ca uti­li­za­da por el direc­tor con acto­res pro­ve­nien­tes de Japón, Chi­na y Corea, hablan­do dife­ren­tes idio­mas; en el repar­to se encuen­tra Koshi, el actor con el cual su espo­sa lo había enga­ña­do, como tam­bién una chi­ca corea­na (Park Yoo-rim) sor­da pero no muda que se expre­sa median­te el len­gua­je de los sig­nos. La míti­ca obra che­jo­via­na es en par­te un refle­jo de la sole­dad del direc­tor pero en todo caso mon­tar­la en esce­na cons­ti­tu­ye una catar­sis para ali­viar su pena.

El otro esce­na­rio es el via­je en coche que Kafu­ku rea­li­za con la cho­fer en don­de el vehícu­lo cons­ti­tu­ye un per­so­na­je más de esta his­to­ria, mien­tras él va oyen­do los casets que había gra­ba­do su difun­ta mujer. En el con­ti­nuo acer­ca­mien­to man­te­ni­do con Misa­ki duran­te los via­jes rea­li­za­dos él encuen­tra solaz con su com­pa­ñía ade­más de trans­mi­tir­le sus con­fi­den­cias; por su par­te, ella le expre­sa su gran remor­di­mien­to por sen­tir­se cul­pa­ble de la muer­te de su madre acae­ci­da por el derrum­be de la casa en que vivían.

Con suti­li­dad a la vez que con gran sen­si­bi­li­dad Hama­gu­chi ilus­tra un rela­to pro­fun­da­men­te humano refle­jan­do las varia­das emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das a tra­vés del amor, la cul­pa, la pena y el arre­pen­ti­mien­to. Mara­vi­lla la actua­ción de Nishi­ji­ma y Miu­ra tan­to en los diá­lo­gos como en los silen­cios man­te­ni­dos mien­tras el vehícu­lo va atra­ve­san­do la ciu­dad de Hiroshi­ma en la que se apre­cia las mag­ní­fi­cas tomas cap­ta­das por la foto­gra­fía de Hide­toshi Shinomiya.

En esen­cia, el espec­ta­dor tie­ne la opor­tu­ni­dad de apre­ciar un bello rela­to no exen­to de melan­co­lía que mere­ci­da­men­te le ha vali­do obte­ner 4 nomi­na­cio­nes en los pre­mios Oscar de este año: Mejor Film, Mejor Film Inter­na­cio­nal, Mejor Direc­tor y Mejor Guión Adap­ta­do. Jor­ge Gutman

La Pér­di­da de Audición

ON EST FAIT POUR S’EN­TEN­DRE (Hear me out). Fran­cia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Pas­cal Elbé. 92 minutos.

Des­pués de haber incur­sio­na­do en Tête de Turc (2010) y Je comp­te sur vous (2015), el popu­lar actor fran­cés Pas­cal Elbé nue­va­men­te se ubi­ca detrás de la cáma­ra en On est fait pour s’en­ten­dre, cuyo guión le per­te­ne­ce y tam­bién asu­me el rol pro­ta­gó­ni­co. Típi­ca­men­te esta come­dia sin ser excep­cio­nal resul­ta pla­cen­te­ra en la medi­da que está hecha con buen gus­to, no hay situa­cio­nes inve­ro­sí­mi­les y por tra­sun­tar huma­ni­dad ape­lan­do a recur­sos honestos.

Pas­cal Elbé

Elbé ani­ma a Antoi­ne, un pro­fe­sor de his­to­ria de un liceo, cuya vida con­yu­gal de 10 años nau­fra­ga cuan­do por razo­nes de incom­pa­ti­bi­li­dad su com­pa­ñe­ra (Julia Fau­re) deci­de dejar­lo. Ponien­do en su depar­ta­men­to la músi­ca a alto volu­men, el rui­do pro­du­ce un noto­rio des­agra­do en Clai­re (San­dri­ne Kiber­lain), su veci­na del piso infe­rior; ella habien­do que­da­do viu­da vive tem­po­ra­ria­men­te con su peque­ña hija Vio­let­te (Manon Lemoi­ne) en el depar­ta­mewn­to de su her­ma­na Léna (Valé­rie Don­ze­lli) y su cuña­do Julien (Antoi­ne Gouy).

El pun­to de infle­xión del rela­to se pro­du­ce cuan­do Antoi­ne pier­de el sen­ti­do de la audi­ción y se encuen­tra for­za­do a recu­rrir al uso de audí­fo­nos. Sin­tién­do­se inca­pa­ci­ta­do por dicho pro­ble­ma él ocul­ta su defi­cien­cia con quie­nes le rodean con la úni­ca excep­ción de Fran­cis (Fra­nçois Ber­léand), un gran ami­go bona­chón que es asi­mis­mo su cole­ga en la escue­la don­de enseña.

A todo ello Clai­re está preo­cu­pa­da por su hiji­ta que sufre de pesa­di­llas y ade­más per­ma­ne­ce sin hablar debi­do a la reper­cu­sión psí­qui­ca cau­sa­da por la muer­te acci­den­tal de su padre. Quie­re la cir­cuns­tan­cia que se for­je un acer­ca­mien­to entre Antoi­ne y la niña por lo que el mutis­mo de ella gra­dual­men­te des­apa­re­ce. Sin­tién­do­se recon­for­ta­da al ver que Vio­let­te se va recu­pe­ran­do gra­cias a su vecino, Clai­re adop­ta una acti­tud con­ci­lia­to­ria con Antoi­ne que en últi­ma ins­tan­cia desem­bo­ca en un víncu­lo romántico.

Simul­tá­nea­men­te Elbé agre­ga a su his­to­ria la rela­ción de Antoi­ne con su her­ma­na Jean­ne (Emma­nue­lle Devos), don­de ambos deben lidiar con el esta­do de Alzhei­mer de su ancia­na madre Angè­le (Marthe Villalonga).

El film se nutre de muchas esce­nas hila­ran­tes que deri­van del pro­ble­ma audi­ti­vo de Antoi­ne. En la medi­da que el uso del dis­po­si­ti­vo audi­ti­vo le ampli­fi­ca el volu­men que lle­ga a moles­tar­lo fuer­te­men­te, él tra­ta de des­pren­der­se del mis­mo cuan­do está inter­ac­tuan­do con ter­ce­ros. Es así que en la pri­me­ra sali­da con Clai­re a cenar se pro­du­cen situa­cio­nes joco­sas cuan­do sin el apa­ra­to no alcan­za a oír con­ve­nien­te­men­te lo que ella le está hablan­do. Algo simi­lar acon­te­ce en una reu­nión de pro­fe­so­res don­de él incre­pa a una cole­ga (Clau­dia Tag­bo) debi­do a un malen­ten­di­do cau­sa­do por su sordera.

Con un rit­mo pre­ci­so y sin decaer en momen­to alguno el rea­li­za­dor extrae pro­ve­cho de su guión en don­de las his­to­rias de Clai­re, Antoi­ne y la de éste con su her­ma­na y su madre están satis­fac­to­ria­men­te cohe­sio­na­das. Con per­so­na­jes bien desa­rro­lla­dos, Elbé ha reu­ni­do un homo­gé­neo elen­co para ani­mar­los; comen­zan­do por sí mis­mo, el rea­li­za­dor trans­mi­te con­vin­cen­te­men­te la fra­gi­li­dad de un indi­vi­duo afec­ta­do por su defi­cien­cia audi­ti­va y que pre­fie­re callar su pro­ble­ma para no des­per­tar com­pa­sión; el res­to del repar­to cum­ple acer­ta­da­men­te con cada uno de los roles asig­na­dos per­mi­tien­do que se cree una natu­ral empa­tía con los mismos.

Imbui­do de con­si­de­ra­ble dosis de ter­nu­ra y sin com­pla­cen­cia algu­na Elbé ofre­ce un diver­ti­men­to capaz de entre­te­ner gra­ta­men­te a la audien­cia. Jor­ge Gutman

Una Poé­ti­ca Fábula

¿QUÉ VEMOS CUAN­DO MIRA­MOS AL CIE­LO? Geor­gia-Ale­ma­nia, 2021. Un film escri­to, diri­gi­do y mon­ta­do por Ale­xan­dre Kobe­rid­ze. 150 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma de strea­ming MUBI

Aplau­di­da tan­to en la Ber­li­na­le don­de obtu­vo el pre­mio de la crí­ti­ca (Fipres­ci) como en otros fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les, el ciné­fi­lo tie­ne opor­tu­ni­dad de juz­gar la remar­ca­ble pelí­cu­la del rea­li­za­dor geor­giano Ale­xan­dre Kobe­rid­ze. Si hubie­ra que ate­ner­se al títu­lo del film podría afir­mar­se que lo que real­men­te se ve en el fir­ma­men­to es una subli­me fan­ta­sía que se dis­tin­gue por la mane­ra en que está narra­da y por adop­tar una for­ma dife­ren­te de abor­dar el cine.

Ani Kar­se­lad­ze

El direc­tor ubi­ca la acción en la vie­ja ciu­dad de Kutai­si, Geor­gia, sin pre­ci­sar el momen­to en que trans­cu­rre, lo que poco impor­ta tenien­do en cuen­ta el rea­lis­mo mági­co de esta his­to­ria. En su minús­cu­la tra­ma, al comen­zar se ve a dos extra­ños que se topan en la calle de mane­ra casual; él es el fut­bo­lis­ta Gior­gi (Gior­gi Ambro­lad­ze) y ella es Lisa (Oli­ko Bar­ba­kad­ze), una estu­dian­te de medi­ci­na que tra­ba­ja en una far­ma­cia. Según infor­ma el narra­dor del rela­to (la voz en off del direc­tor), sur­ge de inme­dia­to una atrac­ción afec­ti­va por la cual los dos deci­den vol­ver a ver­se al día siguien­te en un café local; sin embar­go, eso ya no será posi­ble por­que en el día de la cita, un male­fi­cio pro­du­ci­do moti­va a que ambos muten su aspec­to físi­co per­te­ne­cien­do aho­ra a otros cuer­pos con dife­ren­te per­so­na­li­dad. En con­se­cuen­cia, Gior­gi (Gior­gi Bocho­rish­vli) ya no es más el ave­za­do fut­bo­lis­ta ni tam­po­co Lisa (Ani Kar­se­lad­ze) con­ser­va sus cono­ci­mien­tos sani­ta­rios; no obs­tan­te, el des­tino quie­re que de mane­ra inde­pen­dien­te los dos des­co­no­ci­dos encuen­tren empleo en el café en que debían haber­se reu­ni­do, don­de su pro­pie­ta­rio (Vakh­tang Pan­chu­lid­ze), les ha asig­na­do dife­ren­tes tra­ba­jos. Se deja­rá al espec­ta­dor para que se impon­ga sobre lo que acon­te­ce­rá con estos jóve­nes en su nue­va encarnación.

A par­tir de allí Kobe­rid­ze adop­ta una línea narra­ti­va dife­ren­te con cier­tas esce­nas que remi­ten al cine de otras épo­cas, como a algu­nos clá­si­cos de Cha­plin del cine mudo. Entre algu­nos de los epi­so­dios se encuen­tra un cineas­ta que jun­to a su direc­tor de foto­gra­fía y otro fotó­gra­fo inten­tan fil­mar un docu­men­tal abor­dan­do a varias pare­jas román­ti­cas en dis­tin­tos luga­res de la ciu­dad. Asi­mis­mo, la ciu­dad se apres­ta a pre­sen­ciar un cam­peo­na­to mun­dial de fút­bol que tie­ne lugar en ese momen­to, con su gen­te agru­pa­da en los bares para con­tem­plar su desa­rro­llo; entre los mis­mos se encuen­tra Gior­gi que como apa­sio­na­do del fút­bol es un faná­ti­co de la selec­ción argen­ti­na y sobre todo de Lio­nel Mes­si; asi­mis­mo se ve a dos perri­tos ami­gos dis­pues­tos a seguir las alter­na­ti­vas del even­to depor­ti­vo. En otras secuen­cias se obser­va a chi­cos salien­do de las escue­las así como jugan­do al fút­bol entre ellos.

Más impor­tan­te que la línea argu­men­tal estruc­tu­ra­da en inde­pen­dien­tes viñe­tas es su cau­ti­van­te esti­lo visual refle­jan­do la rela­ja­da vida coti­dia­na de la ciu­dad con sus calles, par­ques, puen­tes, su tumul­tuo­so río y el movi­mien­to de sus habi­tan­tes, den­tro de una atmós­fe­ra de vívi­da lumi­no­si­dad y gra­cia pas­to­ral; en gran medi­da eso es logra­do gra­cias a la exce­len­te foto­gra­fía de Faraz Fesha­ra­ki com­bi­nan­do la fil­ma­ción digi­tal con la de 16 milí­me­tros. Asi­mis­mo corres­pon­de des­ta­car el colla­ge musi­cal de melo­días pro­por­cio­na­das por Gior­gi Kobe­rid­ze (her­mano de Ale­xan­dre), y el mag­ní­fi­co mon­ta­je del cineasta.

En esen­cia, el encan­to, liris­mo y belle­za que ani­da a esta poé­ti­ca fábu­la per­mi­te que las dos horas y media de metra­je no se hagan sen­tir para que la audien­cia la dis­fru­te con ple­ni­tud. Jor­ge Gutman

Irre­le­van­te Comedia

RIF­KI­N’S FES­TI­VAL. Espa­ña-Esta­dos Uni­dos-Ita­lia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Woody Allen. 91 minu­tos. Dis­po­ni­ble en VOD en diver­sas pla­ta­for­mas de strea­ming.

No mucho tiem­po atrás, aguar­dar un tra­ba­jo de Woody Allen gene­ra­ba una con­si­de­ra­ble expec­ta­ti­va. Más allá de algu­nos fil­mes meno­res aun­que nun­ca dese­cha­bles, su vas­ta fil­mo­gra­fía regis­tra títu­los memo­ra­bles como Annie Hall, Manhattan, Han­na and her Sis­ters, Cri­mes and Mis­de­mea­nors, Match Point, Mid­night in París y sigue la cuen­ta. Sin embar­go sus últi­mos tra­ba­jos no han sido sufi­cien­te­men­te ins­pi­ra­dos y eso nue­va­men­te se repi­te con Rif­ki­n’s Fes­ti­val, su cua­dra­gé­si­ma nove­na pelí­cu­la rea­li­za­da en 2020 que no se ha estre­na­do en las salas de cine de Cana­dá pero que se la pue­de juz­gar en línea. Esta come­dia pare­ce haber sido hecha con dema­sia­da rapi­dez y con cier­to des­gano dan­do como resul­ta­do un film fácil­men­te olvidable.

Walla­ce Shawn y Ele­na Anaya

Doce años des­pués de haber diri­gi­do Vicky, Cris­ti­na, Bar­ce­lo­na, Allen ha vuel­to a Espa­ña, esta vez al país vas­co, como esce­na­rio de la his­to­ria rela­ta­da. Mort Rif­kin (Walla­ce Shawn) ‑alter ego de Allen- es un sep­tua­ge­na­rio neo­yor­kino quien se ha desem­pe­ña­do como pro­fe­sor de cine y es un apa­sio­na­do de los direc­to­res de la vie­ja nou­ve­lle vague del cine fran­cés; con su joven y sexi espo­sa Sue (Gina Gershon) arri­ba a San Sebas­tián en oca­sión del fes­ti­val Inter­na­cio­nal de cine que allí tie­ne lugar; con tal moti­vo, Sue que es rela­cio­nis­ta de pren­sa tie­ne como pro­pó­si­to entre­vis­tar a Phi­lip­pe (Louis Garrel), un direc­tor bas­tan­te snob que tie­ne como pro­pó­si­to rodar una pelí­cu­la en el Medio Orien­te. Dado que la mayor par­te del tiem­po Sue se ausen­ta, Rif­kin sos­pe­cha que ella man­tie­ne un affai­re con Phi­lip­pe. De este modo, que­dan­do solo a la vez que frus­tra­do al estar blo­quea­do en su inten­to de redac­tar su pri­me­ra nove­la, el hipo­con­dría­co Mort cree per­ci­bir un dolor de pecho lo que lo indu­ce a efec­tuar una con­sul­ta a una car­dió­lo­ga (Ele­na Aya­la), más de 30 años menor que él, quien está infe­liz­men­te casa­da con un inso­por­ta­ble pin­tor muje­rie­go (Ser­gi López). A pesar de que la doc­to­ra no encuen­tra nada serio en su salud, Mort se sien­te infa­tua­do por ella y es así que con la inten­ción de con­quis­tar­la, retor­na con nimias excu­sas a su consulta.

Si bien el libre­to con­ce­bi­do por Allen se ase­me­ja más a un pri­mer borra­dor suje­to a ulte­rio­res modi­fi­ca­cio­nes, hay algu­nos aspec­tos des­ta­ca­bles. Así es intere­san­te la obser­va­ción de Rif­kin al apre­ciar que los fes­ti­va­les de cine ya no son como lo eran en el pasa­do ya que hoy día rei­na una con­si­de­ra­ble fri­vo­li­dad y en don­de la pre­sen­ta­ción de pelí­cu­las cons­ti­tu­ye una excu­sa para rea­li­zar bue­nos nego­cios por par­te de sus pro­duc­to­res. Asi­mis­mo, el gran amor de Allen por el cine moti­va a que por inter­me­dio de los sue­ños de Rif­kin inser­te secuen­cias en las que home­na­jea a gran­des maes­tros del sép­ti­mo arte como lo han sido, entre otros, Welles, Truf­faut, Buñuel, Felli­ni y en espe­cial su vene­ra­do Ing­mar Bergman.

En líneas gene­ra­les el film es un lige­ro pasa­tiem­po que cier­ta­men­te no abu­rre y pue­de diver­tir en algu­nas ins­tan­cias, pero en esen­cia no lle­ga a impac­tar. A su favor cabe des­ta­car la bue­na actua­ción de su elen­co, sobre todo la inter­pre­ta­ción de Shawn dan­do vida al neu­ró­ti­co y obse­si­vo per­so­na­je de Rif­kin; asi­mis­mo se dis­tin­gue la impe­ca­ble foto­gra­fía de Vit­to­rio Sto­ra­ro cap­tan­do la belle­za de San Sebas­tián. Sin embar­go estos fac­to­res no alcan­zan a com­pen­sar la media­nía de esta come­dia, sobre todo si se tie­ne en cuen­ta que vie­ne de la mano de uno de los rea­li­za­do­res más remar­ca­bles del cine ame­ri­cano e inter­na­cio­nal como lo es Woody Allen. Jor­ge Gutman