Un Tríp­ti­co Audaz y Provocativo

BAD LUCK BAN­GING OR LOONY PORN (Ruma­nia-Luxem­bur­go-Croa­cia-Repú­bli­ca Che­ca, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Radu Jude. 106 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do en 2020 Upper­ca­se Print, un remar­ca­ble docu­men­tal polí­ti­co expo­nien­do los abu­sos sis­te­má­ti­cos come­ti­dos en la Ruma­nia comu­nis­ta de Cea­ses­cu, Radu Jude retor­na con Bad Luck Ban­ging or Loony Porn. Habien­do com­pe­ti­do este año en el fes­ti­val de Ber­lín, por sus indis­cu­ti­bles méri­tos el film fue galar­do­na­do con el Oso de Oro.

Katia Pas­ca­riu

En esta audaz y pro­vo­ca­ti­va sáti­ra roda­da en ple­na pan­de­mia, el direc­tor ilus­tra con inusi­ta­da fran­que­za algu­nos de los males que afec­tan a su país. Con­fi­gu­ra­do como un tríp­ti­co, en su pró­lo­go se con­tem­pla por espa­cio de 3 minu­tos una grá­fi­ca esce­na sexual de Emi (Katia Pas­ca­riu) con su mari­do en el dor­mi­to­rio con­yu­gal en la que ellos deci­die­ron fil­mar­se. Aun­que la for­ma en que dos per­so­nas hacen el amor es asun­to exclu­si­vo de quie­nes lo prac­ti­can resul­ta que ese video case­ro se ha fil­tra­do en las redes socia­les y ése es el pun­ta­pié que gene­ra el con­flic­to dra­má­ti­co del film.

En su pri­me­ra par­te se obser­va a Emi deam­bu­lan­do en pleno verano por las calles de Buca­rest con la más­ca­ra adhe­ri­da a su cara, mos­trán­do­se extre­ma­da­men­te preo­cu­pa­da por la vira­li­za­ción del video y que aho­ra cir­cu­la en el cole­gio don­de ella es una res­pe­ta­da pro­fe­so­ra de ense­ñan­za media. En el segun­do capí­tu­lo, com­ple­ta­men­te inde­pen­dien­te del ante­rior, el rea­li­za­dor se vale de un mate­rial de archi­vo que pasa revis­ta a acon­te­ci­mien­tos his­tó­ri­cos del país con algu­nos ecos del régi­men comu­nis­ta así como de la vio­len­cia domés­ti­ca imperante.

Reto­man­do lo que acon­te­ció en el seg­men­to ini­cial, en el últi­mo epi­so­dio la deses­pe­ra­da maes­tra enfren­ta al tri­bu­nal inte­gra­do por los padres de los alum­nos del cole­gio quie­nes habrán de deci­dir si ella debe o no ser expul­sa­da; en tan­to, la acu­sa­da tra­ta de defen­der su vida pri­va­da y sobre todo su dig­ni­dad. A tra­vés de ese jui­cio don­de en nom­bre de una fal­sa moral se cri­ti­ca la obs­ce­ni­dad del video que invo­lun­ta­ria­men­te ha lle­ga­do a domi­nio púbi­co, van aflo­ran­do las hipo­cre­sías y mise­rias de gru­pos reac­cio­na­rios de la socie­dad rumana.

Con una impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Jude y un cali­fi­ca­do elen­co en el que ade­más de Pas­ca­riu par­ti­ci­pan Clau­dia Iere­mia, Olim­pia Malai, Nico­dim Ungu­rea­nu, Andi Vas­luia­nu y Ale­xan­dru Poto­cean, el espec­ta­dor tie­ne la opor­tu­ni­dad de juz­gar esta agu­da e impre­sio­nan­te crí­ti­ca social; median­te la mis­ma que­da rati­fi­ca­da la maes­tría del rea­li­za­dor, uno de los más impor­tan­tes de la nue­va ola del cine rumano.  Jor­ge Gutman

La Saga de una Fami­lia Italiana

HOU­SE OF GUC­CI. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Rid­ley Scott. 157 minutos

A pocas sema­nas de haber­se estre­na­do The Last Duel, el vete­rano rea­li­za­dor Rid­ley Scott retor­na con Hou­se of Guc­ci, un film sobre la fami­lia Guc­ci que de acuer­do con la visión que cada espec­ta­dor ten­ga del mis­mo pue­de cali­fi­car­se como dra­ma, come­dia, melo­dra­ma o tra­ge­dia sha­kes­pe­ria­na. Más allá de la for­ma en que pue­da ser cata­lo­ga­do, este es un tra­ba­jo menor del rea­li­za­dor, sobre todo en com­pa­ra­ción con la exce­len­cia de su pre­ce­den­te film.

Basa­do en el libro de Sarah Gay For­den, el guión de Rober­to Ben­ti­veg­na y Becky Johns­ton se asien­ta en hechos reales, aun­que algu­nos acon­te­ci­mien­tos están con­fu­sa­men­te esbozados.

Lady Gaga y Adam Driver

En un bre­ve pró­lo­go que ocu­rre en la fatí­di­ca maña­na del 27 de mar­zo de 1995 en la ciu­dad de Milán, la acción se retro­trae a media­dos de la déca­da del 70 en el que en una fies­ta Patri­zia Reg­gia­ni (Ste­fa­ni Ger­ma­not­ta cono­ci­da como Lady Gaga) cono­ce a Mau­ri­zio Guc­ci (Adam Dri­ver), nie­to de Guc­cio Guc­ci, quien en 1921 fun­dó en Flo­ren­cia la famo­sa casa de modas. Rápi­da­men­te, la astu­ta joven logra sedu­cir y ena­mo­rar al más bien tími­do Mau­ri­zio quien con su aspi­ra­ción de ser abo­ga­do no está muy invo­lu­cra­do en los nego­cios de su fami­lia mane­ja­do por su padre Rodol­fo (Jeremy Irons) vivien­do en Ita­lia y su tío Aldo (Al Pacino) asen­ta­do en Nue­va York.

Cuan­do Mau­ri­zio mani­fies­ta su inten­ción de casar­se con Patri­zia, su padre con buen olfa­to des­aprue­ba su deci­sión al con­si­de­rar a la joven como una tre­pa­do­ra en pro­cu­ra de fama, pres­ti­gio y dine­ro que le brin­da­rá el ape­lli­do Guc­ci. Eso deter­mi­na una rup­tu­ra entre padre e hijo por lo que Mau­ri­zio comien­za a tra­ba­jar como emplea­do en la com­pa­ñía de trans­por­tes de su sue­gro; a todo ello, el afec­to que aho­ra no encuen­tra en su pro­ge­ni­tor Mau­ri­zio lo obtie­ne de su ver­bo­rrá­gi­co tío Aldo quien por su par­te menos­pre­cia a su inep­to hijo Pao­lo (Jared Leto). Con el naci­mien­to de Ales­san­dra, la pri­me­ra hija de la pare­ja, se pro­du­ce la recon­ci­lia­ción de Mau­ri­zio con Rodol­fo, pero la pron­ta muer­te de su padre abre el camino de las ten­sio­nes fami­lia­res gene­ra­das en gran medi­da por Patri­zia quien con­fa­bu­lan­do y trai­cio­nan­do a los fami­lia­res de su espo­so lo indu­ce para que que­de a su car­go el con­trol com­ple­to de la empresa.

Es en su pri­me­ra par­te don­de el film gene­ra mayor inte­rés; sin embar­go, lo que sigue a con­ti­nua­ción ‑obvian­do des­cri­bir su con­te­ni­do- no está rese­ña­do ade­cua­da­men­te; eso se acen­túa en su tra­mo final en el que el rela­to se ase­me­ja a un tele­film que desem­bo­ca en el ase­si­na­to de Mau­ri­zio come­ti­do por un sica­rio con­tra­ta­do por Patrizia.

Den­tro de un elen­co de pri­me­ras figu­ras, en su segun­da actua­ción cine­ma­to­grá­fi­ca Lady Gaga con­fir­ma que ade­más de ser una bue­na can­tan­te es tam­bién una talen­to­sa intér­pre­te; ella ani­ma mag­ní­fi­ca­men­te a una per­ver­sa Lady Mac­beth ita­lia­na, capaz de no esca­ti­mar medio alguno con tal de satis­fa­cer su ambi­ción de poder y saciar su sed de ven­gan­za. Los demás intér­pre­tes, inclu­yen­do a Jack Hus­ton como el dis­cre­to eje­cu­ti­vo de la com­pa­ñía y abo­ga­do de Mau­ri­zio y a Sal­ma Hayek como la viden­te ami­ga de Patri­zia, actúan correc­ta­men­te; si bien resul­ta obje­ta­ble el cari­ca­tu­res­co per­so­na­je de Pao­lo, el pri­mo de Mau­ri­zio, eso es debi­do a que el efi­cien­te Jared Leto debió ceñir­se a lo deman­da­do por el des­igual guión.

La direc­ción de Scott no per­mi­te que uno se invo­lu­cre dema­sia­do en esta his­to­ria sobre todo al no ilus­trar el modo en que ope­ra la com­pa­ña ni tam­po­co cla­ri­fi­car quién la mane­ja (¿es Aldo o Rodol­fo?). La ausen­cia de un tono pre­ci­so impi­de que el film cobre el alien­to nece­sa­rio para lle­gar a con­mo­ver dramáticamente.

A su favor, resul­ta alta­men­te atrac­ti­vo con­tem­plar la rique­za del ves­tua­rio dise­ña­do por Janty Yates así como el exce­len­te dise­ño de pro­duc­ción de Arthur Max repro­du­cien­do los lujo­sos deco­ra­dos de Milán y Nue­va York en que se des­en­vuel­ven los per­so­na­jes de esta saga. En suma, si bien es apre­cia­ble el esfuer­zo de pro­duc­ción de este film, lle­van­do la rúbri­ca de Rid­ley Scott cabía aguar­dar un mejor resul­ta­do. Jor­ge Gutman

Home­na­jean­do a Céline

ALI­NE. Fran­cia-Cana­dá, 2020. Un film de Valé­rie Lemer­cier. 123 minutos

Ins­pi­ra­da libre­men­te en la vida de la super diva Céli­ne Dion, la actriz, guio­nis­ta y rea­li­za­do­ra Valé­rie Lemer­cier con­si­de­ra su tra­yec­to­ria des­de su infan­cia has­ta la épo­ca actual.  Aun­que es bien cono­ci­da la carre­ra artís­ti­ca de Dion, gran par­te del inte­rés de esta bio­gra­fía resi­de en abor­dar deta­lles de su vida per­so­nal; aun­que los per­so­na­jes son autén­ti­cos, sus nom­bres han sido modificados.

Valé­rie Lemercier

En el guión de la rea­li­za­do­ra escri­to con Bri­git­te Buc se enfo­ca a la gran fami­lia de la estre­lla don­de ella es la menor de los 14 hijos que tuvie­ron sus padres Anglo­mard (Roc Lafor­tu­ne) y Syl­vet­te Dieu (Danie­lle Fichaud) en Char­le­mag­ne, Que­bec. Ya a los 12 años de edad Ali­ne (Lemer­cier) demues­tra nota­bles dotes para el can­to; esti­mu­la­da por su empren­de­do­ra madre no tar­da­rá mucho para que el pro­duc­tor Guy-Clau­de Kamar (Syl­vain Mar­cel) habien­do escu­cha­do un caset gra­ba­do por la ado­les­cen­te que­de gra­ta­men­te sor­pren­di­do por su remar­ca­ble voz. Aun­que siem­pre guia­da y acom­pa­ña­da por Syl­vet­te será Guy-Clau­de quien hará que su carre­ra empren­da vue­lo has­ta lle­gar a la cumbre.

Ya a los 17 años de edad Ali­ne se ena­mo­ra de su repre­sen­tan­te pro­fe­sio­nal inquie­tan­do a su pose­si­va madre que no ve con bue­nos ojos que su hija una su vida con un hom­bre 26 años mayor que ella y a la vez divor­cia­do; con todo, dejan­do de lado las obje­cio­nes de Syl­vet­te, el amor pue­de más para Ali­ne en don­de en una esce­na muy emo­ti­va sabo­rean­do en Ita­lia un hela­do de cho­co­la­te ella encuen­tra el ani­llo de casa­mien­to que su ama­do Guy-Clau­de colo­có en su inte­rior. Ape­na­da en un prin­ci­pio por no poder que­dar emba­ra­za­da, des­pués de un tra­ta­mien­to ella logra con­ce­bir un varón y varios años des­pués su hogar se com­ple­ta con mellizos.

Si bien el rela­to enfo­ca los con­cier­tos de la diva tan­to en Cana­dá, Esta­dos Uni­dos como asi­mis­mo en Euro­pa ‑espe­cial­men­te París- el guión demues­tra que no todo es color de rosa para Ali­ne. Es así que su mul­ti­car­ga­da agen­da pre­pa­ra­da por su mari­do moti­va que una afec­ción a las cuer­das voca­les la obli­gue en cier­to momen­to a tener que can­ce­lar sus actua­cio­nes como asi­mis­mo no hablar por 3 meses a fin de recu­pe­rar su voz y poder vol­ver al rue­do. Aun­que el cari­ño y eufo­ria de su públi­co la gra­ti­fi­ca, lo cier­to es que cuen­ta con un limi­ta­do espa­cio para su pri­va­ci­dad; en tal sen­ti­do el rela­to ilus­tra muy bien la difi­cul­tad de equi­li­brar satis­fac­to­ria­men­te el rol de la triun­fal artis­ta de Las Vegas con el de madre de sus ado­ra­dos 3 hijos quie­nes desea­rían com­par­tir más tiem­po con ella. Final­men­te, cuan­do la tra­ge­dia irrum­pe al morir Guy-Clau­de, el hom­bre de sus sue­ños, ella debe disi­mu­lar fren­te a su públi­co el inmen­so dolor y la sole­dad que la envuel­ve por­que “el espec­tácu­lo debe continuar”.

Den­tro de los cáno­nes de un rela­to clá­si­co, Lemer­cier ha logra­do trans­mi­tir mara­vi­llo­sa­men­te la per­so­na­li­dad de Céli­ne en la que la pasión y el entu­sias­mo que la embar­ga resul­ta posi­ti­va­men­te con­ta­gio­so; su mími­ca, movi­mien­tos, des­pla­za­mien­tos y su actua­ción en el esce­na­rio cons­ti­tu­ye una imi­ta­ción per­fec­ta de la can­tan­te, aun­que las can­cio­nes son muy bien inter­pre­ta­das por la soprano Vic­to­ria Sio. Igual­men­te es con­vin­cen­te la actua­ción de Mar­cel quien brin­da el per­fil que el públi­co tie­ne de René Angé­lil. No obs­tan­te quien se lle­va las pal­mas es Fichaud com­po­nien­do a Maman Dieu, una impe­tuo­sa y deci­di­da pro­ge­ni­to­ra que no repa­ra en uti­li­zar cual­quier medio con tal de lograr que su prin­ce­sa alcan­ce la cima del éxi­to; su excep­cio­nal inter­pre­ta­ción per­mi­te que esta his­to­ria se ade­re­ce con notas de sabro­so humor.

Aun­que que­de la duda si lo que el film expo­ne refle­ja feha­cien­te­men­te lo vivi­do por Céli­ne, lo cier­to es que Lemer­cier ofre­ce un her­mo­so home­na­je a la diva a tra­vés de una his­to­ria que ade­más de agra­dar a sus fie­les segui­do­res, sin duda algu­na satis­fa­rá ple­na­men­te a una inmen­sa audien­cia. Jor­ge Gutman

Un Muy Buen Western

THE POWER OF THE DOG. Aus­tra­lia-Gran Bre­ta­ña-Cana­dá-Nue­va Zelan­da, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Jane Cam­pion. 126 minutos

Des­pués de más de una déca­da de haber rea­li­za­do Bright Star (2008), la rea­li­za­do­ra Jane Cam­pion retor­na con brío en The Power of the Dog, rela­tan­do una his­to­ria de vaque­ros del vie­jo oes­te ame­ri­cano. Enca­ran­do un tema tan caro para el cine ame­ri­cano, en este remar­ca­ble psi­co­dra­ma la cineas­ta apor­ta su visión per­so­nal del wes­tern ilus­tran­do los valo­res impe­ran­tes de la épo­ca en que transcurre.

Bene­dict Cum­ber­batch y Jes­se Plemons

Basa­do en la nove­la homón­ma de Tho­mas Sava­ge publi­ca­da en 1967, el guión de Cam­pion ubi­ca la acción en Mon­ta­na en 1925. Allí viven los Bur­bank, dos ricos her­ma­nos gana­de­ros de opues­ta per­so­na­li­dad; uno de ellos es Phil (Bene­dict Cum­ber­batch), per­fec­ta repre­sen­ta­ción del cow­boy rudo y machis­ta, que se ocu­pa de las tareas físi­cas de la explo­ta­ción del gana­do; su her­mano Geor­ge (Jes­se Ple­mons) es de natu­ra­le­za tran­qui­la, capaz de gene­rar ter­nu­ra, cuya fun­ción es la de aten­der la bue­na ges­tión de la empresa.

El con­flic­to del rela­to se cen­tra en la ten­sión que va creán­do­se entre ambos her­ma­nos cuan­do Geor­ge se ena­mo­ra de Rose Gor­don (Kirs­ten Dunst) que es la viu­da pro­pie­ta­ria del res­tau­ran­te local; su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee) es un sen­si­ble mucha­cho quien debi­do a su afe­mi­na­mien­to es obje­to de bur­la por par­te de Phil y sus secuaces.

Cuan­do des­pués del casa­mien­to Rose y Peter se mudan a la casa de los her­ma­nos, Phil no pue­de con­te­ner sus celos al com­pro­bar que la mujer va ocu­pan­do un lugar impor­tan­te en la vida de Geor­ge; es así que con abier­ta mali­cia la humi­lla tra­tan­do de hacer­le su exis­ten­cia mise­ra­ble, muy en espe­cial cuan­do ella ner­vio­sa­men­te toca el piano que Geor­ge le ha comprado.

Hay varios ele­men­tos que con­cu­rren a valo­rar esta pro­duc­ción. En pri­mer lugar cabe men­cio­nar la acer­ta­da for­ma en que Cam­pion ha cons­trui­do a los com­ple­jos per­so­na­jes de la his­to­ria quie­nes se des­en­vuel­ven en un mun­do de corro­si­va mas­cu­li­ni­dad. Aun­que res­pe­tan­do el espí­ri­tu de la nove­la ori­gi­nal, la rea­li­za­do­ra intro­du­ce algu­nos cam­bios que se carac­te­ri­zan por la mane­ra ambi­gua en que los per­so­na­jes se van rela­cio­nan­do sobre todo en el víncu­lo esta­ble­ci­do entre Phil y Peter; así el ini­cial odio indi­si­mu­la­do entre ambos va cedien­do lugar a una rela­ción afec­ti­va un tan­to difí­cil de pre­ci­sar que pue­de des­ubi­car al espectador.

Los cua­tro acto­res se desem­pe­ñan estu­pen­da­men­te, sobre todo Cum­ber­bach ofre­cien­do la mejor inter­pre­ta­ción de su carre­ra como un hom­bre a la pos­tre vul­ne­ra­ble cuya repre­sión sexual la encu­bre median­te su cora­za misó­gi­na. En pape­les de apo­yo el repar­to se com­ple­ta con Keith Carra­di­ne, Tho­ma­sin McKen­zie, Gene­viè­ve Lemon y Fran­ces Conroy.Jorge

La muy bue­na foto­gra­fía de Ari Weg­ner cap­tan­do las lla­nu­ras de Mon­ta­na (no obs­tan­te que la fil­ma­ción se efec­tuó en Nue­va Zelan­da) así como la satis­fac­to­ria ban­da sono­ra de Jonny Green­wood, recu­rrien­do a extrac­tos musi­ca­les de com­po­si­to­res con­tem­po­rá­neos, refuer­zan los méri­tos de este film que Net­flix produjo.

Pala­bras fina­les para resal­tar la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca de Cam­pion que le ha vali­do el pre­mio a la mejor direc­ción en el últi­mo fes­ti­val de Vene­cia. En suma, es de aguar­dar que el pró­xi­mo pro­yec­to de la inte­li­gen­te rea­li­za­do­ra no demo­re mucho en con­cre­tar­se. Jor­ge Gutman

Un Film Inti­mis­ta y Personal

BEL­FAST. Gran Bre­ta­ña, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Ken­neth Branagh

En su recien­te tra­ba­jo, el sha­kes­pe­riano rea­li­za­dor Ken­neth Bra­nagh ofre­ce un rela­to semi-bio­grá­fi­co de su niñez trans­cu­rri­da en la capi­tal de Irlan­da del Nor­te, cuan­do se vio dra­má­ti­ca­men­te afec­ta­da por los vio­len­tos enfren­ta­mien­tos pro­du­ci­dos entre los repu­bli­ca­nos cató­li­cos y los unio­nis­tas pro­tes­tan­tes. Al igual que Alfon­so Cua­rón pro­ce­dió con su rela­to auto­bio­grá­fi­co en Roma, Bra­nagh home­na­jea a Bel­fast, su ciu­dad natal, median­te una his­to­ria ple­na de melan­co­lía y ternura.

Jude Hill

El rela­to del rea­li­za­dor comien­za en Bel­fast el 15 de agos­to de 1969 cuan­do ines­pe­ra­da­men­te la vio­len­cia explo­ta con la con­fron­ta­ción sec­ta­ria entre cató­li­cos y pro­tes­tan­tes. Es allí don­de vive Buddy (Jude Hill), un niño de 9 años cuya fami­lia pro­tes­tan­te está inte­gra­da por sus padres (Jamie Dor­man, Cai­trio­na Bal­fe), su her­mano mayor (Lewis McAs­kie) y sus abue­los (Cia­ran Hinds y Judi Dench).

Dejan­do en segun­do plano el con­tex­to polí­ti­co de la región, que no obs­tan­te cons­ti­tu­ye el telón de fon­do, el film ilus­tra la vida coti­dia­na del sec­tor en que Buddy habi­ta don­de cató­li­cos y pro­tes­tan­tes se codean sin rece­lo, no obs­tan­te las dife­ren­cias reli­gio­sas. En el queha­cer coti­diano, se pue­de obser­var, entre otros aspec­tos, los jue­gos de fút­bol del chi­co con los otros niños y la asis­ten­cia esco­lar don­de sien­te atrac­ción hacia una de sus compañeras.

En un plano más per­so­nal Buddy no es ajeno a las dispu­tas de sus padres; así su papá que por razo­nes de tra­ba­jo se tras­la­da sema­nal­men­te a Ingla­te­rra, está con­ven­ci­do que la gue­rra civil que se apro­xi­ma en Irlan­da del Nor­te no es el lugar más con­ve­nien­te para vivir y por lo tan­to es nece­sa­rio emi­grar del país en bus­ca de hori­zon­tes más pro­mi­so­rios; sin embar­go su mujer se opo­ne por­que le resul­ta­ría difí­cil ade­cuar­se a una cul­tu­ra dife­ren­te de la suya. No obs­tan­te esas dis­cre­pan­cias exis­te un sóli­do víncu­lo de amor entre ambos y que al ser pro­yec­ta­do al núcleo fami­liar Buddy se sien­te pro­te­gi­do por sus padres ade­más de gozar del cari­ño reci­bi­do de sus entra­ña­bles abuelos.

Bra­nagh ha logra­do un film inti­mis­ta que des­ti­la una sin­gu­lar dul­zu­ra que jamás lle­ga a empa­la­gar. A tra­vés de la mira­da de Buddy ‑su alter ego- que­da expre­sa­da su iden­ti­fi­ca­ción con Bel­fast que que­da resal­ta­da en una esce­na en la que el niño pata­lea por­que no quie­re de nin­gún modo que sus padres dejen la ciu­dad. Las inter­pre­ta­cio­nes son estu­pen­das a nivel glo­bal en don­de Hill lide­ran­do el elen­co sale airo­so expre­san­do el can­dor e ino­cen­cia que ema­na de su per­so­na­je; igual­men­te es bella la secuen­cia can­ta­da y bai­la­da por Dor­man y Bal­fe como tam­bién tras­cien­de la pro­fun­da huma­ni­dad que Dench y Hinds trans­mi­ten como la inque­bran­ta­ble pare­ja que han sabi­do pro­di­gar su amor a toda la familia.

El fotó­gra­fo Haris Zam­bar­lou­kos median­te una fil­ma­ción en blan­co y negro entre­mez­cla­da con esca­sas esce­nas de color, per­mi­te que la pelí­cu­la cobre nota­ble inten­si­dad. Igual­men­te des­ta­ca­ble es el dise­ño de pro­duc­ción de Jim Clay repro­du­cien­do fiel­men­te el esce­na­rio en que trans­cu­rre la acción.

Con un des­en­la­ce pro­fun­da­men­te emo­ti­vo, el rea­li­za­dor dedi­ca este buen film a quie­nes emi­gra­ron de la ciu­dad, a los que deci­die­ron que­dar­se y a las víc­ti­mas pro­du­ci­das por los con­flic­tos fra­tri­ci­das. Jor­ge Gutman