Lo Mejor del Cine de 2021

Comen­ta­rio de Jor­ge Gut­man 

A pesar de que la pan­de­mia ha segui­do afec­tan­do al mun­do duran­te el año que aca­ba de con­cluir, afor­tu­na­da­men­te la cali­dad de la pro­duc­ción cine­ma­to­grá­fi­ca no ha dis­mi­nui­do. Con la reaper­tu­ra de las salas de cine en Cana­dá, el públi­co ciné­fi­lo ha teni­do la opor­tu­ni­dad de juz­gar un buen núme­ro de pelí­cu­las de nivel supe­rior. Espe­re­mos que el nue­vo cie­rre que recien­te­men­te ha teni­do lugar en algu­nas pro­vin­cias del país debi­do a la varian­te Omi­crón resul­te muy breve.

Con­si­de­ran­do úni­ca­men­te los fil­mes estre­na­dos en sala duran­te 2021, he aquí una lis­ta dis­pues­ta alfa­bé­ti­ca­men­te de los títu­los que más han impac­ta­do a quien escri­be estas líneas.

Bad Luck Ban­ging or Loony Porn (Ruma­nia-Luxem­bur­go-Croa­cia-Repú­bli­ca Che­ca) 

Uti­li­zan­do como dis­pa­ra­dor del rela­to la fil­tra­ción en las redes socia­les de un video case­ro en el que se con­tem­pla a un matri­mo­nio en ple­na acti­vi­dad sexual, el direc­tor rumano Radu Jude ofre­ce una remar­ca­ble sáti­ra audaz y pro­vo­ca­ti­va des­pro­vis­ta de correc­ción polí­ti­ca. En una exce­len­te narra­ción y con inusi­ta­da fran­que­za, el rea­li­za­dor expo­ne los pre­jui­cios, hipo­cre­sía, fana­tis­mo, la fal­sa mora­li­dad y en gene­ral las mise­rias de gru­pos reac­cio­na­rios de la socie­dad ruma­na. Por sus inne­ga­bles méri­tos, el film obtu­vo el Oso de Oro en el Fes­ti­val de Ber­lín 2021.

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Dear Com­ra­des (Rusia) 

El renom­bra­do rea­li­za­dor ruso Andrei Kon­cha­lovsky abor­da una tra­ge­dia acon­te­ci­da en su país natal el 2 de junio de 1962 cono­ci­da como la “Masa­cre de Novo­cher­kassk”. La mis­ma fue come­ti­da en esa ciu­dad por los sol­da­dos del ejér­ci­to comu­nis­ta y los fran­co­ti­ra­do­res de la KGB con el pro­pó­si­to de con­te­ner una jus­ti­fi­ca­da pro­tes­ta gene­ra­da por una impo­nen­te mani­fes­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res de la región. La esme­ra­da rea­li­za­ción del cineas­ta per­mi­te apre­ciar un vibran­te docu­men­to expo­nien­do el san­grien­to epi­so­dio por par­te de un régi­men que teó­ri­ca­men­te esta­ba des­ti­na­do a defen­der los legí­ti­mos dere­chos de los proletarios.

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Dri­ve my Car (Japón) 

Este exce­len­te dra­ma del cineas­ta Hyü­su­ke Hama­gu­chi resal­ta la sole­dad que afron­ta un direc­tor tea­tral que ha per­di­do a su mujer y la nece­si­dad de encon­trar una vía para poder supe­rar­la; eso habrá de lograr­lo a tra­vés del víncu­lo esta­ble­ci­do con una mujer que en su auto está encar­ga­da de con­du­cir­lo en la ciu­dad de Hiroshi­ma y que igual­men­te se encuen­tra devas­ta­da por un due­lo; asi­mis­mo le ser­vi­rá de ali­cien­te el mon­ta­je de la obra de Che­jov “Tío Vania” cuyo con­te­ni­do es un espe­jo de la viven­cia por él sufri­da. Basa­do en un cuen­to del escri­tor japo­nés Haru­ki Mura­ka­mi, el rea­li­za­dor ha logra­do uno de los fil­mes más subli­mes y poé­ti­cos del año.

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El Olvi­do que Sere­mos (Colom­bia) 

El direc­tor espa­ñol Fer­nan­do True­ba abor­da la figu­ra del médi­co colom­biano Héc­tor Abad Gómez quien como ardien­te acti­vis­ta de los dere­chos huma­nos fue aba­ti­do por gru­pos para­mi­li­ta­res en Mede­llín en agos­to de 1987. Con un enfo­que clá­si­co, el cineas­ta ofre­ce un entra­ña­ble retra­to del pro­ta­go­nis­ta, evi­tan­do que el rela­to sucum­ba a un melo­dra­má­ti­co sen­ti­men­ta­lis­mo, lo que no impi­de que adquie­ra genui­na emo­ción. La bue­na expo­si­ción del rea­li­za­dor se com­ple­men­ta con la anto­ló­gi­ca inter­pre­ta­ción de Javier Cáma­ra quien trans­mi­te el idea­lis­mo, inte­gri­dad e hidal­guía de un hom­bre com­pro­me­ti­do con los pro­ble­mas socia­les y polí­ti­cos que aque­jan a su país.

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Flee (Dina­mar­ca-Fran­cia-Sue­cia-Norue­ga) 

En este valio­so docu­men­tal el direc­tor danés Jonas Poher Ras­mus­sen enfo­ca el pro­ble­ma de los refu­gia­dos cen­tran­do su aten­ción en su ami­go Amin Nawa­bi en el vía cru­cis vivi­do des­de que se vio for­za­do a dejar Afga­nis­tán, su país natal, has­ta haber lle­ga­do hace vein­te años a Dina­mar­ca en pro­cu­ra de un lugar en el mun­do don­de poder vivir. A tra­vés de la téc­ni­ca de la ani­ma­ción, este docu­men­to visual­men­te encan­ta­dor, trans­mi­te ple­na­men­te las varia­das emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das por su protagonista.

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I’m your Man (Ale­ma­nia)

Una fan­ta­sía de nota­ble ori­gi­na­li­dad es lo que se con­tem­pla en este film de Maria Schra­der. El nudo cen­tral del rela­to resi­de en el expe­ri­men­to tec­no­ló­gi­co rea­li­za­do por una antro­pó­lo­ga del Museo de Pér­ga­mo de Ber­lín con­sis­ten­te en con­vi­vir duran­te tres sema­nas con un robot espe­cial­men­te pro­gra­ma­do y com­pro­bar si se pue­de lograr que el mis­mo adop­te el com­por­ta­mien­to de un per­fec­to huma­noi­de capaz de inte­grar­se a la socie­dad. Aun­que no ha sido la inten­ción de Schra­der el plan­tear una temá­ti­ca filo­só­fi­ca sobre el empleo de la tec­no­lo­gía moder­na, lo cier­to es que a tra­vés de su impe­ca­ble rea­li­za­ción per­mi­te que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en el rele­van­te tema de la inte­li­gen­cia artificial.

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Josep (Fran­cia-Espa­ña-Bél­gi­ca) 

La Gue­rra Civil de Espa­ña es el telón de fon­do para narrar la odi­sea vivi­da por el pin­tor bar­ce­lo­nés Josep Bar­to­li. El direc­tor Aurel ha logra­do un bello y lumi­no­so film de ani­ma­ción resal­tan­do el poder del arte como enri­que­ce­dor del espí­ri­tu, el valor de la amis­tad y cómo la resi­lien­cia pudo sobre­lle­var las penu­rias sufri­das de quie­nes como Bar­to­li tuvie­ron que esca­par de la dic­ta­du­ra franquista.

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Le Club Vin­land (Cana­dá)

Este remar­ca­ble film de Benoit Pilon ilus­tra la labor des­ple­ga­da por un edu­ca­dor en el inter­na­do de un cole­gio reli­gio­so de varo­nes de Char­le­voix, en la pro­vin­cia de Que­bec, hacia fines de la déca­da del 40. Con una sobria pues­ta escé­ni­ca, Pilon ofre­ce un rela­to de fic­ción de nota­ble auten­ti­ci­dad, cons­ta­tan­do cómo la devo­ción de un docen­te pue­de influir posi­ti­va­men­te en sus estu­dian­tes a fin de estar en con­di­cio­nes de aspi­rar a un pro­mi­nen­te por­ve­nir. Ade­más de su impe­ca­ble rea­li­za­ción, el con­mo­ve­dor e ins­pi­ra­dor dra­ma his­tó­ri­co se jerar­qui­za con un irre­pro­cha­ble elen­co en el que se des­ta­ca la exce­len­te carac­te­ri­za­ción que Sébas­tien Ricard logra en el rol del bene­vo­len­te profesor.

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Mass (Esta­dos Uni­dos)

Un pun­zan­te dra­ma expues­to con gran pro­fun­di­dad es lo que Fran Kranz narra en su pri­mer tra­ba­jo como guio­nis­ta y rea­li­za­dor. El direc­tor se ha ins­pi­ra­do en la matan­za que sue­le ocu­rrir en las escue­las de Esta­dos Uni­dos, cuan­do un estu­dian­te sin razón algu­na pene­tra en las aulas y dis­pa­ra a más no poder cau­san­do nume­ro­sas víctimas.
A tra­vés del encuen­tro de los padres de la víc­ti­ma con los del vic­ti­ma­rio se asis­te a un rela­to de fic­ción que adquie­re los visos de un mag­ní­fi­co docu­men­tal. A tra­vés del mis­mo, el film per­mi­te refle­xio­nar sobre la tarea ardua que resul­ta para los padres cono­cer a fon­do lo que acon­te­ce en la men­te de sus hijos en la difí­cil eta­pa de la ado­les­cen­cia. El film del novel rea­li­za­dor se valo­ri­za por su sober­bia escri­tu­ra y la sobre­sa­lien­te actua­ción de su elenco.

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Nomad­land (Esta­dos Unidos)

Este film de Chloe Zhao trans­mi­te excep­cio­nal­men­te el dra­ma de la pobla­ción nóma­de de Esta­dos Uni­dos en pro­cu­ra de empleo. Al hacer­lo, la rea­li­za­do­ra reve­la su fina sen­si­bi­li­dad ilus­tran­do los pro­ble­mas socia­les del país median­te una narra­ción impreg­na­da de un tono poé­ti­co en la que refle­ja la noble­za del espí­ri­tu humano. La pelí­cu­la fue galar­do­na­da con el Oscar al mejor film ade­más de pre­miar a Zhao como la mejor direc­to­ra y a la vete­ra­na y talen­to­sa Fran­ces McDor­mand como la mejor actriz.

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The Power of the Dog (Aus­tra­lia-Gran Bre­ta­ña-Nue­va Zelan­da-Cana­dá-Esta­dos Uni­dos) 

Des­pués de 12 años de ausen­cia, retor­na la direc­to­ra Jane Cam­pion ofre­cien­do un remar­ca­ble psi­co­dra­ma de vaque­ros del vie­jo oes­te ame­ri­cano en una exce­len­te pues­ta escé­ni­ca que le ha vali­do el pre­mio a la mejor direc­ción en el últi­mo fes­ti­val de Vene­cia. Basa­do en la nove­la homó­ni­ma de Tho­mas Sava­ge, el guión de la direc­to­ra le per­mi­te acer­ta­da­men­te cons­truir la com­ple­ja rela­ción exis­ten­te entre los cua­tro per­so­na­jes prin­ci­pa­les quie­nes se des­en­vuel­ven en un mun­do de corro­si­va mas­cu­li­ni­dad. En esen­cia, este exce­len­te wes­tern que sub­vier­te el mito del cow­boy machis­ta cuen­ta con un mag­ní­fi­co elen­co en don­de se dis­tin­gue Bene­dict Cum­ber­batch ofre­cien­do la mejor inter­pre­ta­ción de su carre­ra de actor.

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West Side Story (Esta­dos Uni­dos) 

En esta nue­va adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca del musi­cal de Leo­nard Berns­tein, el emi­nen­te rea­li­za­dor ame­ri­cano Ste­ven Spiel­berg ha logra­do un dra­ma mara­vi­llo­so. Habien­do con­ta­do con la valio­sa cola­bo­ra­ción de Anthony Kush­ner en el guión, el direc­tor ha logra­do una extra­or­di­na­ria auten­ti­ci­dad de sus per­so­na­jes. La excep­cio­nal músi­ca, des­lum­bran­tes dan­zas, esme­ra­da rea­li­za­ción, estu­pen­dos diá­lo­gos y las nota­bles actua­cio­nes de su elen­co con­du­cen a que el trá­gi­co roman­ce moderno de Tony y María ins­pi­ra­do en Romeo y Julie­ta, cons­ti­tu­ya uno de los gran­des logros de la cine­ma­to­gra­fía de 2021.

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Cua­tro Her­ma­nos Reunidos

AU REVOIR LE BONHEUR / GOOD BYE HAP­PI­NESS. Cana­dá. Un film escri­to y diri­gi­do por Ken Scott

El rea­li­za­dor Ken Scott popu­la­ri­za­do en Cana­dá por La Gran­de Séduc­tion (2003) y Star­buck (2011), retor­na a Que­bec para incur­sio­nar nue­va­men­te en el géne­ro de la come­dia popu­lar cen­tran­do su aten­ción en los lazos fra­ter­na­les pues­tos a prue­ba como con­se­cuen­cia de un acon­te­ci­mien­to dramático.

Des­pués del falle­ci­mien­to del padre (Pie­rre-Yves Car­di­nal), sus cua­tro hijos acom­pa­ña­dos de sus fami­lias se con­gre­gan en Île de la Made­lei­ne para los fune­ra­les y con el pro­pó­si­to de dis­per­sar pos­te­rior­men­te las ceni­zas del difunto.

Como es tra­di­cio­nal en este tipo de rela­tos, el guión de Scott des­ta­ca la dife­ren­te per­so­na­li­dad de cada uno de los hijos. Char­les-Ale­xan­dre (Louis Moris­set­te), el prag­má­ti­co her­mano mayor es un rico hom­bre de nego­cios, William (Patri­ce Robi­tai­lle) es un escri­tor que sufre el blo­queo del autor al que le fal­ta ins­pi­ra­ción para com­ple­tar su pie­za tea­tral; el nos­tál­gi­co Tho­mas (Antoi­ne Ber­trand) es el que más sufre por la muer­te de su pro­ge­ni­tor y Nico­las (Fra­nçois Arnaud), el menor de los cua­tro her­ma­nos, es la per­so­ni­fi­ca­ción del típi­co bon vivant, pla­cen­te­ro e irres­pon­sa­ble indi­vi­duo que afi­cio­na­do a la coci­na aspi­ra a ser chef.

Los con­flic­tos comien­zan cuan­do Nico­las pier­de la vali­ja con­te­nien­do las ceni­zas de su padre y las com­pli­ca­cio­nes pro­si­guen cuan­do al lle­gar a la man­sión fami­liar com­prue­ban que Lilia­ne (Julie Le Bre­ton), la leal encar­ga­da de cui­dar la resi­den­cia, la ha uti­li­za­do como bread and break­fast para turis­tas que visi­tan la zona; con todo la gran sor­pre­sa se pro­du­ce con la lec­tu­ra del tes­ta­men­to del padre.

Den­tro de una his­to­ria pre­vi­si­ble, la tra­ma va ori­gi­nan­do los encuen­tros y des­en­cuen­tros que se pro­du­cen entre los her­ma­nos dis­cu­tien­do los trá­mi­tes de la suce­sión del pro­ge­ni­tor; de todos modos no se requie­re ser muy avis­pa­do para aven­tu­rar que final­men­te las dife­ren­cias de cri­te­rio que­da­rán zan­ja­das pre­do­mi­nan­do el lazo fra­ter­nal que los ter­mi­na­rá unien­do. Ausen­te de mayor emo­ción, el rela­to se nutre de algu­nas ins­tan­cias leve­men­te gra­cio­sas sin tras­cen­der dema­sia­do. A fal­ta de ideas sor­pren­den­tes, cabe des­ta­car la correc­ta actua­ción del cuar­te­to pro­ta­gó­ni­co y de Le Bre­ton en el prác­ti­ca­men­te úni­co per­so­na­je feme­nino que adquie­re rele­van­cia; asi­mis­mo es bue­na la foto­gra­fía de Norayr Kas­per cap­tan­do la belle­za natu­ral del archi­pié­la­go quebequense.

Pla­ga­da de nobles sen­ti­mien­tos, esta come­dia dra­má­ti­ca aun­que no logra­da ple­na­men­te se deja ver sin ser muy exi­gen­te.  Jor­ge Gutman

Rele­van­te Docu­men­tal Animado

FLEE. Dina­mar­ca-Fran­cia-Sue­cia-Norue­ga, 2020. Un docu­men­tal de Jonas Poher Ras­mus­sen. 89 minutos.

Si bien el tema de los refu­gia­dos ya ha sido con­si­de­ra­do por el cine en varias oca­sio­nes, este docu­men­tal del rea­li­za­dor danés Jonas Poher Ras­mus­sen se dis­tin­gue por la pro­fun­da huma­ni­dad que trasunta.

El docu­men­ta­lis­ta enfo­ca a su ami­go Amin Nawa­bi de 36 años de edad cuyo nom­bre ver­da­de­ro ha que­ri­do ocul­tar como asi­mis­mo su ros­tro, razón por la cual la fil­ma­ción se efec­tuó con la téc­ni­ca de la ani­ma­ción. Naci­do en Afga­nis­tán, Amin hace 20 años lle­gó a Dina­mar­ca como refu­gia­do pre­ten­dien­do que era un huér­fano para ser admi­ti­do; en la actua­li­dad es un indi­vi­duo com­ple­ta­men­te inte­gra­do al país anfi­trión don­de como gay vive abier­ta­men­te su orien­ta­ción sexual y está pró­xi­mo a casar­se con Kas­per, su pareja.

Una esce­na de FLEE

Los trau­má­ti­cos suce­sos vivi­dos por Amin pre­vio a su lle­ga­da a Dina­mar­ca, moti­va­ron a que­rer­los apar­tar de su memo­ria; con todo, en este docu­men­tal deci­de por pri­me­ra vez narrar­los a Ras­mus­sen median­te una tera­pia con­fe­sio­nal capaz de sanar las hon­da heri­das psi­co­ló­gi­cas del pasa­do. Ese recuen­to comien­za a par­tir de su infan­cia en Kabul con la pre­sen­cia de los muyahi­di­nes en Afga­nis­tán en la déca­da del 80; allí él es tes­ti­go de las ame­na­zas reci­bi­das por su fami­lia de las auto­ri­da­des loca­les don­de su padre fue pre­sa de las atro­ci­da­des come­ti­das por los tali­ba­nes, su her­ma­na secues­tra­da y su her­mano mayor casi for­za­do de par­ti­ci­par en la gue­rra civil afga­na. En la hui­da empren­di­da a tra­vés de tra­fi­can­tes huma­nos, Amin lle­ga a Mos­cú don­de la xeno­fo­bia del país no cons­ti­tu­ye el lugar con­ve­nien­te para resi­dir. Con los suyos dis­per­sa­dos a tra­vés de Euro­pa, el ya ado­les­cen­te mucha­cho arri­ba a Sue­cia per­ma­ne­cien­do ile­gal, para final­men­te anclar­se en Dina­mar­ca; es en Copenha­gue don­de encuen­tra un lugar en el mun­do, lejos de la opre­sión sufri­da, dis­fru­tan­do de la vida con su ama­do sin tener que ocul­tar su homo­se­xua­li­dad y en don­de pro­fe­sio­nal­men­te se desem­pe­ña como sóli­do académico.

Aun­que el rela­to guio­ni­za­do por Ras­mus­sen con Amin cons­ti­tu­ye en sí mis­mo un ele­men­to vital del docu­men­tal, no menos impor­tan­te es cómo se valo­ri­za a tra­vés de la ani­ma­ción; en tal sen­ti­do el cineas­ta se ha vali­do de la remar­ca­ble dise­ña­do­ra de arte Jess Nicholls quien emplean­do dife­ren­tes esti­los de dibu­jos logra un docu­men­to visual­men­te encan­ta­dor trans­mi­tien­do las varia­das emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das por su protagonista.

En suma, este exce­len­te y absor­ben­te docu­men­tal gene­ra un impac­to deci­di­da­men­te imbo­rra­ble median­te sus rea­lis­tas y per­tur­ba­do­ras imá­ge­nes de archi­vo capa­ces de per­mi­tir a la audien­cia some­ter­se a una inmer­si­va expe­rien­cia a tra­vés de lo que está juzgando.

Por sus inne­ga­bles méri­tos, el film reci­bió varias dis­tin­cio­nes, entre las mis­mas el Gran Pre­mio del Jura­do otor­ga­do en el fes­ti­val de Sun­dan­ce 2021 en la cate­go­ría de mejor docu­men­tal inter­na­cio­nal. Ade­más es la pelí­cu­la desig­na­da por Dina­mar­ca para com­pe­tir por el Oscar de mejor film inter­na­cio­nal. Jor­ge Gutman

Un Nar­ci­sis­ta Manipulador

RED ROC­KET. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Sean Baker. 128 minutos

Des­pués de haber impre­sio­na­do gra­ta­men­te con The Flo­ri­da Pro­ject (2017), el rea­li­za­dor Sean Baker retor­na con Red Roc­ket, don­de nue­va­men­te con­si­de­ra las con­di­cio­nes de vida de cier­tos sec­to­res des­fa­vo­re­ci­dos de Esta­dos Unidos.

Simon Rex

Con la par­ti­ci­pa­ción del guio­nis­ta Chris Ber­goch, Baker ubi­ca la acción en la peque­ña ciu­dad de Texas City duran­te el verano de 2016. Mic­key Saber (Simon Rex) de 39 años, tras haber tra­ba­ja­do en Holly­wood como actor porno de segun­da cate­go­ría, aho­ra se encuen­tra en deca­den­cia; retor­nan­do a su hogar natal des­pués de 17 años de ausen­cia apa­re­ce en la puer­ta de la casa de su dis­tan­cia­da mujer Lexi (Bree Elrod) sin avi­so pre­vio, adu­cien­do que desea vol­ver a con­vi­vir con ella. Tan­to Lexi como su madre (Bren­da Deiss), con quien resi­de, no quie­ren saber nada de él, pero des­pués de pro­me­ter­les que paga­rá el arrien­do de la vivien­da, Mikey logra ser acep­ta­do; no tar­da mucho para que él y su espo­sa estén sumi­dos en un ardien­te amor físi­co, como si nada ante­rior hubie­ra acontecido.

Aun­que en prin­ci­pio uno podría sim­pa­ti­zar con las tác­ti­cas que este suje­to uti­li­za para sobre­vi­vir, en par­te nego­cian­do la marihua­na que le pro­vee Leon­dra (Judy Hill), una tra­fi­can­te de la zona, pron­ta­men­te Mic­key reve­la su care­ta de men­ti­ro­so, nar­ci­sis­ta y deli­ran­te. Eso se mani­fies­ta cuan­do en una tien­da de donuts del lugar entra en con­tac­to con la caje­ra Ray­lee (Suzan­na Son) — de sobre­nom­bre Straw­berry- de 17 años de edad sien­do atraí­do por su belle­za e ino­cen­cia; a tra­vés de sus fre­cuen­tes visi­tas al lugar, logra con­quis­tar­la con su son­ri­sa y enga­tu­sa­do­ra sim­pa­tía. Sin ir más lejos él ve en la joven­ci­ta la opor­tu­ni­dad de retor­nar a Holly­wood con ella y uti­li­zar­la como la suges­ti­va actriz de su pró­xi­mo pro­yec­to pornográfico.

La anéc­do­ta cen­tral del rela­to per­mi­te a Baker echar una nue­va mira­da de la Amé­ri­ca pro­fun­da a tra­vés de sus per­so­na­jes que sin lle­gar a juz­gar­los, refle­jan el des­arrai­go y la fal­ta de opor­tu­ni­dad de una comu­ni­dad pro­le­ta­ria mar­gi­na­da que dejó atrás el sue­ño ame­ri­cano. Sin nada que per­der, sus inte­gran­tes apues­tan por un cam­bio de timón para pro­bar mejor suer­te, de allí que duran­te la cam­pa­ña elec­to­ral pre­si­den­cial que se esta desa­rro­llan­do les pue­da resul­tar ten­ta­dor los dis­cur­sos de Trump con su slo­gan de Make Ame­ri­ca Great Again (Que Amé­ri­ca vuel­va a ser gran­de)

A nivel de inter­pre­ta­ción, Rex trans­mi­te bri­llan­te­men­te la amo­ra­li­dad de un per­so­na­je ego­cen­tris­ta sin reden­ción algu­na; por su par­te Son apor­ta lumi­no­si­dad y ter­nu­ra como la vul­ne­ra­ble joven que a la pos­tre demues­tra que no es tan ino­cen­te como se creía fren­te a su caris­má­ti­co seduc­tor; en tal sen­ti­do, es apre­cia­ble la bue­na quí­mi­ca que exis­te entre ambos personajes.

A pesar de que su dura­ción es más lar­ga de lo real­men­te nece­sa­rio, la inter­ca­la­ción de algu­nas hila­ran­tes situa­cio­nes miti­ga ese menor incon­ve­nien­te sin afec­tar la cali­dad del fillm. Con su dis­tin­ti­vo esti­lo Baker ofre­ce una acer­ta­da pin­tu­ra rea­lis­ta de la Amé­ri­ca que el turis­ta des­co­no­ce en don­de el “sál­ve­se quien pue­da” pare­ce ser la nor­ma para esca­par de la ocul­ta pobre­za. Jor­ge Gutman

El Calle­jón de las Almas Perdidas

NIGHT­MA­RE ALLEY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Gui­ller­mo del Toro. 150 minutos

Cua­tro años des­pués de haber roda­do The Sha­pe of Water que obtu­vo el tro­feo del Oscar al mejor film, el pres­ti­gio­so rea­li­za­dor mexi­cano Gui­ller­mo del Toro retor­na con Night­ma­re Alley, un thri­ller psi­co­ló­gi­co basa­do en la nove­la de William Lind­say Gresham publi­ca­da en 1946.

La adap­ta­ción efec­tua­da por el cineas­ta y Kim Mor­gan cons­ti­tu­ye una nue­va ver­sión de la rea­li­za­da en 1947 por el direc­tor Edmund Goul­ding con la inter­pre­ta­ción pro­ta­gó­ni­ca de Tyro­ne Power, en don­de nue­va­men­te resal­ta el nivel de degra­da­ción moral que envuel­ve a varios de sus personajes.

Brad­ley Cooper

La acción comien­za en 1939 en una feria de cir­co de Chica­go don­de lle­ga Stan­ton (Brad­ley Cooper), un vaga­bun­do aven­tu­re­ro con un pasa­do no muy cla­ro. Atraí­do por el espec­tácu­lo pro­mo­cio­na­do por un hábil pre­go­ne­ro (William Dafoe), logra ser reclu­ta­do como ayu­dan­te de la cla­ri­vi­den­te Zee­na (Toni Collet­te); pron­ta­men­te se con­vier­te en su aman­te a pesar de que ella con­vi­ve con su alcohó­li­co mari­do Pete (David Strathairn) quien posee un libro deta­llan­do los intri­ca­dos pasos a adop­tar para con­ver­tir­se en men­ta­lis­ta. Como buen apren­diz, Stan­ton se impo­ne de los gajes del ofi­cio para ser un efi­cien­te lec­tor de la men­te y poder enga­ñar a la audien­cia. Al poco tiem­po logra con­quis­tar el cora­zón de Molly (Roo­ney Mara), una de las par­ti­ci­pan­tes del show, que lle­ga­rá a ser su mujer.

La pri­me­ra par­te que está nutri­da con los dife­ren­tes núme­ros del espec­tácu­lo cir­cen­se se alar­ga dema­sia­do y al vol­ver­se repe­ti­ti­va afec­ta el rit­mo del rela­to. Es a par­tir de la segun­da mitad que trans­cu­rre en 1941 don­de la his­to­ria adquie­re mayor interés.

Des­pués de haber con­ven­ci­do a Molly de dejar la feria, ambos aho­ra están ins­ta­la­dos en la ciu­dad de Búfa­lo don­de Stan­ton habien­do mon­ta­do su pro­pio espec­tácu­lo en el mun­do del vode­vil delei­ta como men­ta­lis­ta a un públi­co sofis­ti­ca­do; es así como su actua­ción cap­ta la aten­ción de Lilith (Cate Blan­chett), una psi­quia­tra que ha des­cu­bier­to sus patra­ñas y lo supera en ambición.

A par­tir de allí y dejan­do de lado a su espo­sa, Stan­ton man­tie­ne una rela­ción par­ti­cu­lar­men­te sin­gu­lar con esta doc­to­ra, don­de cada uno de ellos encuen­tra estí­mu­los para sacar el mejor pro­ve­cho de esta aso­cia­ción; en con­se­cuen­cia con­vie­nen en explo­tar la bue­na fe de Ezra (Richard Jen­kins), un cré­du­lo millo­na­rio que es pacien­te de la psi­quia­tra, a quien ter­mi­nan esquil­mán­do­lo. Si en prin­ci­pio el víncu­lo entre el embau­ca­dor y la deni­gran­te pro­fe­sio­nal mar­cha sobre rue­das, no tar­da mucho para que entre ambos sur­jan irre­con­ci­lia­bles dife­ren­cias que con­du­ci­rán a un inexo­ra­ble final.

Ale­ján­do­se en esta opor­tu­ni­dad del cine fan­tás­ti­co al cual es adep­to y ajus­tán­do­se a lo que Grasham des­ta­ca en la nove­la ori­gi­nal, Del Toro ofre­ce una lec­tu­ra som­bría del ser humano a tra­vés de la pre­sen­cia dia­bó­li­ca del mal. No es la pri­me­ra vez que en su fil­mo­gra­fía abor­da a per­so­na­jes som­bríos, pero en este caso la narra­ción es un tan­to fría sin per­mi­tir que exis­ta la emo­ción nece­sa­ria para invo­lu­crar­se con las per­so­na­li­da­des de sus pro­ta­go­nis­tas que van tran­si­tan­do por un calle­jón de almas per­di­das. El elen­co de pri­me­ras figu­ras es muy bueno con un Cooper impe­ca­ble aun­que debi­do a la insu­fi­cien­cia del guión no alcan­za la com­ple­ta enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca logra­da por Power en el mis­mo rol; cier­ta­men­te quien más se luce es Blan­chett como la cal­cu­la­do­ra y mani­pu­la­do­ra mujer fatal que no tie­ne escrú­pu­los para ejer­cer su pro­fe­sión malévolamente.

Como es usual en la fil­mo­gra­fía del rea­li­za­dor, Del Toro no esca­ti­ma deta­lle alguno para brin­dar a este dra­ma una sin­gu­lar belle­za visual median­te la esme­ra­da foto­gra­fía de Dan Laus­ten y el dise­ño de pro­duc­ción de Tama­ra Deve­rell que per­mi­ten crear una expre­si­va visión atmos­fé­ri­ca de la épo­ca en que trans­cu­rre el rela­to. Jor­ge Gutman