La Román­ti­ca Nove­la de Louis Hémon

MARIA CHAP­DE­LAI­NE. Cana­dá, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Sébas­tien Pilo­te. 158 minutos

No obs­tan­te que la román­ti­ca nove­la de Louis Hémon publi­ca­da en 2013 ha sido tras­la­da­da a la pan­ta­lla en tres opor­tu­ni­da­des por Julien Duvi­vier, Marc Allé­gret y Gilles Car­le, eso no des­es­ti­mu­ló al rea­li­za­dor Sébas­tien Pilo­te a con­si­de­rar­la por cuar­ta vez.

Sara Mont­pe­tit

La adap­ta­ción rea­li­za­da por el cineas­ta se man­tie­ne fiel a la épo­ca en que trans­cu­rre en el libro. En 1910 cer­ca de la región de Lac Saint-Jean, en la zona bos­co­sa de Péri­bon­kao se han ins­ta­la­do en una caba­ña Samuel Chap­de­lai­ne (Sébas­tien Ricard) con su espo­sa Lau­ra (Hélè­ne Flo­rent) y sus seis hijos de los cua­les Maria (Sara Mont­pe­tit) es la mayor. Como muchos colo­ni­za­do­res de esa épo­ca, esta fami­lia demues­tra la férrea volun­tad de tra­ba­jar la tie­rra vir­gen en la agri­cul­tu­ra y en la explo­ta­ción del gana­do sin que la leja­nía y el ais­la­mien­to la pue­da afectar.

En los dos pri­me­ros de los cin­co capí­tu­los en que el rela­to está estruc­tu­ra­do se con­tem­pla la labor que este núcleo fami­liar rea­li­za a lo lar­go del año don­de el rigor del cruel invierno se hace sen­tir fuer­te­men­te en con­tras­te con la bre­ve­dad del pla­cen­te­ro verano. Es pre­ci­sa­men­te aquí don­de la excep­cio­nal foto­gra­fía de Michel La Veaux cap­tan­do la natu­ra­le­za en toda su dimen­sión, com­pen­sa el rit­mo len­to de la narra­ción duran­te los ini­cia­les 70 minutos.

A par­tir del ter­cer capí­tu­lo la his­to­ria adquie­re mayor dina­mis­mo con la bús­que­da sen­ti­men­tal de Maria refle­ja­da en tres cor­te­jan­tes. Uno de ellos es el gallar­do leña­dor Fra­nçois Para­dis (Émi­le Sch­nei­der) que es el pre­fe­ri­do de la joven; ella lle­ga­rá a ator­men­tar­se cuan­do él mue­re en una brus­ca tor­men­ta de nie­ve. Loren­zo Sur­pre­nant (Robert Nay­lor) es otro de sus admi­ra­do­res quien vivien­do aho­ra en Bos­ton le pro­me­te una vida mejor en un medio urbano dia­me­tral­men­te opues­to a la dure­za del medio rural en que habi­ta; el ter­cer pre­ten­dien­te es el tími­do Eutro­pe Gag­non (Antoi­ne Oli­vier Pilon) quien sin­tien­do un gran amor hacia ella alien­ta la espe­ran­za de que lo acep­te como su futu­ro espo­so. Lo cier­to es que la deci­sión de Maria esta­rá seria­men­te influi­da por un gra­ve acon­te­ci­mien­to dra­má­ti­co acae­ci­do en el ámbi­to familiar.

Lo más impor­tan­te del film es la bue­na ilus­tra­ción del ambien­te cul­tu­ral pre­do­mi­nan­te a prin­ci­pios del siglo pasa­do en esa región apar­ta­da del nor­te de Que­bec resal­tan­do la for­ta­le­za, resi­lien­cia y deter­mi­na­ción de un cam­pe­si­na­do dis­pues­to a ofren­dar amor y devo­ción a la tie­rra ama­da como así tam­bién el fuer­te e inque­bran­ta­ble lazo de la familia.

En el cali­fi­ca­do elen­co se des­ta­can fun­da­men­tal­men­te Flo­rent como la infa­ti­ga­ble madre y devo­ta espo­sa así como Ricard ani­man­do al patriar­ca fami­liar que sin recu­rrir a nin­gún tipo de auto­ri­ta­ris­mo logra ganar el res­pe­to y cari­ño de sus hijos. Por su par­te Mont­pe­tit en su debut cine­ma­to­grá­fi­co sin lle­gar a des­co­llar satis­fa­ce por la natu­ra­li­dad que trans­mi­te al per­so­na­je titular.

Con una sobria rea­li­za­ción, Pilo­te ofre­ce un bello film con­tem­pla­ti­vo cuyo úni­co bemol resi­de en su exce­si­va dura­ción y que en cam­bio con una hora menos de metra­je habría alcan­za­do mayor flui­dez. Jor­ge Gutman

Una Com­ba­ti­va Madre

PETI­TE FILLE. Fran­cia-Dina­mar­ca, 2020. Un film de Sebas­tien Lifshitz. 90 minutos.

Un tema deli­ca­do como la dis­fo­ria de géne­ro es ana­li­za­do con minu­cio­so deta­lle por Sebas­tien Lifshitz en este con­mo­ve­dor documental.

Kari­ne Novak y su hija

La dis­cor­dan­cia exis­ten­te entre la iden­ti­dad de géne­ro y el sexo físi­co al momen­to de nacer es lo que acon­te­ce con Sasha una peque­ña de 8 años de edad vivien­do con sus padres y her­ma­nos en una peque­ña ciu­dad pro­vin­cial del nor­des­te de Fran­cia. Habien­do naci­do con el cuer­po de un niño, a los 3 años mani­fies­ta a su madre Kari­ne Novak que cuan­do crez­ca él será una chi­ca; si bien al prin­ci­pio sus padres lo atri­bu­ye­ron como gra­cia del niño al año siguien­te la madre evi­den­cia que no se tra­ta de un mero capri­cho sino de algo real en la medi­da que Sacha se iden­ti­fi­ca por com­ple­to como niña.

Kari­ne no pue­de ocul­tar la angus­tia que la afli­ge al pen­sar en prin­ci­pio que cuan­do esta­ba emba­ra­za­da de Sacha aspi­ra­ba a tener una mujer­ci­ta y que a lo mejor eso pudo haber influi­do en la iden­ti­fi­ca­ción sexual de su hijo. Pero lo que más preo­cu­pa a estos padres es la situa­ción que Sasha atra­vie­sa en la escue­la al ser mar­gi­na­do por sus com­pa­ñe­ros de cla­se. La ten­sión se inten­si­fi­ca aún más cuan­do la ins­ti­tu­ción esco­lar acu­sa a Kari­ne de pre­sio­nar a Sacha para ser una niña.

Des­pués de una visi­ta al doc­tor local que no es un enten­di­do en la mate­ria Kari­ne con todo el ímpe­tu y deter­mi­na­ción de una madre cora­je, jun­to con su hiji­ta via­jan a París para asis­tir a un cen­tro hos­pi­ta­la­rio don­de reci­ben la aten­ción de una abne­ga­da doc­to­ra espe­cia­li­za­da en psi­co­pa­to­lo­gía infan­til y ado­les­cen­te. Es allí que con la gran ayu­da reci­bi­da de dicha facul­ta­ti­va, Kari­ne obtie­ne una car­ta ofi­cial del hos­pi­tal don­de se cer­ti­fi­ca el sexo feme­nino de Sacha para que la escue­la la regis­tre como tal.

Ade­más del inte­rés didác­ti­co que ofre­ce este film es des­ta­ca­ble la saga­ci­dad del rea­li­za­dor en retra­tar a esta uni­da fami­lia y sobre todo el pro­fun­do amor y com­pren­sión de los padres hacia su que­ri­da hiji­ta. La muy bue­na narra­ción de Lifshitz se com­ple­men­ta con la mag­ní­fi­ca labor del direc­tor de foto­gra­fía Paul Ghilhau­me cap­tan­do en pri­me­ros pla­nos el sen­ti­mien­to tra­sun­ta­do por la niña y su madre a tra­vés de esta difi­cul­to­sa odisea.

Pleno de emo­ción y ter­nu­ra este impe­ca­ble docu­men­tal adquie­re espe­cial reso­nan­cia al abo­gar por la tole­ran­cia y la no dis­cri­mi­na­ción, alber­gan­do la espe­ran­za que casos simi­la­res sean tra­ta­dos con la defe­ren­cia, con­si­de­ra­ción y huma­ni­dad debi­da. Jor­ge Gutman

Falli­do Melo­dra­ma Musical

DEAR EVAN HAN­SEN. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Stephen Chbosky. 137mins.

Esta come­dia musi­cal que en 2015 se estre­nó exi­to­sa­men­te en Broad­way y fue recom­pen­sa­da con seis pre­mios Tony, inclui­do al del mejor musi­cal, en su tras­la­do al cine no logra el mis­mo impac­to; eso es debi­do a la ende­ble direc­ción de Stephen Chbosky y a una dis­cu­ti­ble adap­ta­ción de Ste­ven Leven­son, autor de la obra original.

Ben Platt y Julian­ne Moore

El rela­to se cen­tra en Evan Han­sen (Ben Platt), un estu­dian­te de ense­ñan­za media que pade­ce un des­or­den de ansie­dad social y que recien­te­men­te tie­ne uno de sus bra­zos enye­sa­dos por haber caí­do de un árbol. Su extra­ña con­duc­ta lo mar­gi­na de sus com­pa­ñe­ros e inclu­so Con­nor Murphy (Cot­ton Ryan), uno de ellos, lo des­pre­cia mali­cio­sa­men­te. Pro­te­gi­do y bien ama­do por su mono­pa­ren­tal madre Hei­di (Julian­ne Moo­re), este mucha­cho sigue los con­se­jos de su psi­quia­tra quien le reco­men­dó que dia­ria­men­te escri­ba car­tas diri­gi­das a sí mis­mo comen­zan­do con “Esti­ma­do Evan Han­sen” en el que lle­gue a valo­ri­zar­se para aumen­tar su auto­es­ti­ma. El con­flic­to ini­cial de la tra­ma se pro­du­ce cuan­do en uno de los corre­do­res de la escue­la, una de las car­tas de Evan cae al sue­lo y es reco­gi­da por Con­nor quien nue­va­men­te lo agre­de sin inten­ción de devol­vér­se­la a pesar de que pre­via­men­te escri­be su nom­bre -Connor- en el bra­zo enyesado.

Sin pro­gre­sión dra­má­ti­ca algu­na, la his­to­ria refle­ja que Con­nor se sui­ci­dó sin que se sepa la cau­sa y cuan­do sus padres ‑Cynthia (Amy Adams) y Larry Murphy (Danny Pino)- encuen­tran la car­ta de Evan, creen que fue Con­nor quien la escri­bió y es allí que des­cu­bren los nobles sen­ti­mien­tos del sui­ci­da. Es así que ellos de inme­dia­to con­tac­tan a Evan agra­de­cién­do­le la her­mo­sa amis­tad man­te­ni­da con Con­nor; con el pro­pó­si­to de apro­xi­mar­se a Zoe (Kaitlyn Dever), la her­ma­na de Con­nor de quien se sien­te atraí­do, Evan deci­de con­ti­nuar la cha­ra­da don­de con su ami­go Jared (Nik Doda­ni) comien­zan a crear fal­sos e‑mails refle­jan­do todos los gra­tos momen­tos que el ansio­so Evan com­par­tió con el “ami­go” difunto.

No obs­tan­te el gran suce­so obte­ni­do en Broad­way ‑tenien­do en cuen­ta que quien esto comen­ta no ha vis­to la pie­za tea­tral- es posi­ble que la narra­ción de esta his­to­ria haya sido com­ple­ta­men­te dife­ren­te a lo que aquí se con­tem­pla. Uno de los gran­des pro­ble­mas resi­de en la inter­ca­la­ción de can­cio­nes que en nin­gún momen­to se vin­cu­lan con lo que real­men­te está ocu­rrien­do y en don­de la músi­ca de modo alguno impul­sa la pro­gre­sión del relato.

Otra obje­ción resi­de en que los per­so­na­jes esque­má­ti­ca­men­te des­crip­tos care­cen de real car­na­du­ra, con la úni­ca excep­ción de la madre de Evan que real­men­te se mani­fies­ta creí­ble; a eso se agre­ga la defi­cien­te pues­ta escé­ni­ca que mani­pu­la emo­cio­nal­men­te al espec­ta­dor con secuen­cias poco afortunadas.

Ade­más de la muy con­vin­cen­te actua­ción de Moo­re, cabe des­ta­car a Platt quien tam­bién inter­pre­tó a Han­sen en Broad­way por el que fue pre­mia­do con un Tony; sin embar­go debi­do al malo­gra­do guión su Evan luchan­do con la salud men­tal no lle­ga a cobrar vuelo.

Dicho lo que ante­ce­de, Dear Evan Han­sen es un falli­do melo­dra­ma musi­cal que a pesar de sus bue­nos valo­res de pro­duc­ción care­ce de ins­pi­ra­ción. Jor­ge Gutman

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (5)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gut­man 

Bene­dic­tion (Gran Bretaña)

Con la ele­gan­cia, meticu­losi­dad, pre­cio­sis­mo y liris­mo que Teren­ce Davies impreg­na a sus fil­mes, nue­va­men­te esas cua­li­da­des se evi­den­cian en su recien­te tra­ba­jo abor­dan­do al poe­ta y escri­tor bri­tá­ni­co Sieg­fried Sas­soon (1886 – 1967) a tra­vés de un rela­to no lineal mag­ní­fi­ca­men­te estructurado.

Bene­dic­tion

Aun­que la crea­ti­vi­dad como poe­ta que­da tes­ti­mo­nia­da en el film, Davies ‑igual­men­te res­pon­sa­ble del guión- enfa­ti­za su aspec­to humano resal­tan­do al hom­bre aco­sa­do por los recuer­dos del impac­to vivi­do como ofi­cial del ejér­ci­to bri­tá­ni­co en la Pri­me­ra Gue­rra Mundial.

Duran­te el con­flic­to béli­co, Sas­soon (Jack Low­den) es con­de­co­ra­do como héroe de gue­rra por su valen­tía y des­ta­ca­da actua­ción; no obs­tan­te, al haber con­tem­pla­do el sacri­fi­cio de innu­me­ra­bles vidas acri­bi­lla­das en las trin­che­ras, des­pués de haber fina­li­za­do su perío­do de con­va­le­cen­cia fren­te a sus supe­rio­res cri­ti­ca a su país por con­ti­nuar par­ti­ci­pan­do en la gue­rra. Gra­cias a las cone­xio­nes de su ami­go Rob­bie Ross (Simon Rus­sell Bea­le) él evi­ta ser juz­ga­do en una cor­te mar­cial pero en cam­bio es envia­do a una clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca en Esco­cia para que sea obje­to de un tra­ta­mien­to ade­cua­do, a pesar de ser due­ño de una com­ple­ta cla­ri­dad men­tal. En el esta­ble­ci­mien­to hos­pi­ta­la­rio cono­ce a Wil­fred Owen (Matthew Tenny­son), un pacien­te que le ofre­ce su poe­ma “Disa­bled” para que lo juz­gue; la cone­xión que man­tie­ne con Owen tan­to en lo per­so­nal como en el terreno inte­lec­tual lo ins­pi­ra­rá para lle­gar a ser un emi­nen­te poe­ta don­de varias de sus poe­sías están basa­das en su expe­rien­cia vivi­da en el fren­te de batalla.

En otros aspec­tos de su vida el rela­to con­si­de­ra sus des­en­ga­ños amo­ro­sos con hom­bres, espe­cial­men­te con el actor Ivor Nove­llo (Jeremy Irvi­ne) y pos­te­rior­men­te con el joven aris­tó­cra­ta Stephen Ten­nant (Calam Lynch); con todo, a fin de cubrir las apa­rien­cias Sas­son con­trae matri­mo­nio con la joven Hes­ter (Kate Phillips).

En la eta­pa oto­ñal de su exis­ten­cia, se con­tem­pla a Sieg­fried (Peter Capal­di) acom­pa­ña­do de Hes­ter (Gema Jones) y de su hijo adul­to Geor­ge (Richard Goul­ding). Tra­tan­do de encon­trar un ver­da­de­ro sen­ti­do a su vida no pue­de borrar de su memo­ria los horro­res de la gue­rra, como asi­mis­mo sus víncu­los homo­se­xua­les; de algún modo bus­ca su reden­ción en la reli­gión con su con­ver­sión al cato­li­cis­mo, acti­tud seve­ra­men­te cri­ti­ca­da por su hijo.

Con suma pre­ci­sión, en su narra­ción Davies inter­ca­la impor­tan­te mate­rial de archi­vo fil­ma­do ilus­tran­do los horro­res de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial como así tam­bién ape­la a la voz en off reci­tan­do los poe­mas anti­bé­li­cos de su pro­ta­go­nis­ta. Que­da como resul­ta­do un valio­so film imbui­do de dolor, tris­te­za y melan­co­lía expo­nien­do a un reco­no­ci­do poe­ta que no obs­tan­te su éxi­to pro­fe­sio­nal resul­tó insa­tis­fe­cho por no haber alcan­za­do con ple­ni­tud lo que se había propuesto.

Así como el rea­li­za­dor bri­tá­ni­co ofre­ció un exce­len­te retra­to de la poe­ta ame­ri­ca­na Emily Dic­kin­son en A Quiet Pas­sion,(2016), con Bene­dic­tion nue­va­men­te se con­sa­gra des­cri­bien­do la com­ple­ja per­so­na­li­dad de su anti­be­li­cis­ta compatriota.

Unclen­ching The Fists (Rusia)

La rea­li­za­do­ra Kira Kova­len­ko abor­da un dra­ma fami­liar en el que una mucha­cha inten­ta en su pro­ce­so de ini­cia­ción libe­rar­se del medio en que vive para ser due­ña de sí mis­ma, sin que nadie deci­da por ella.

Unclen­ching The Fists

El rela­to se desa­rro­lla en Mazur, un pue­blo mine­ro ubi­ca­do en la región sure­ña rusa de Ose­tia del Nor­te, don­de resi­de Ada (Mila­na Agu­za­ro­va) quien huér­fa­na de madre con­vi­ve con su padre Zaur (Alik Karaev) y su her­mano menor Dak­ko (Khe­tag Bibi­lov). El deso­la­do e inhós­pi­to lugar no ofre­ce a la joven incen­ti­vo alguno al estar aca­rrean­do una exis­ten­cia gris y monó­to­na. Para peor, su vida está regi­da por su padre sobre­pro­tec­tor y deci­di­da­men­te hos­til quien ade­más de rete­ner­le el pasa­por­te le nie­ga dar­le la lla­ve del depar­ta­men­to en don­de habi­tan y solo le per­mi­te que sal­ga cuan­do debe diri­gir­se a su tra­ba­jo en una peque­ña tien­da de comestibles.

En esa espe­cie de cár­cel que cons­ti­tu­ye su hogar ella no pue­de obte­ner ayu­da del inma­du­ro Dak­ko ni tam­po­co de su cor­te­jan­te Tamik (Arsen Khe­ta­gu­rov). La úni­ca espe­ran­za de eman­ci­pa­ción está en Akim (Sosian Khu­gaev), su her­mano mayor que logró esca­par de su padre al haber encon­tra­do un tra­ba­jo en Ros­tov y que aho­ra ha regre­sa­do al pue­blo; sin embar­go la ines­ta­bi­li­dad men­tal de Ada como resul­ta­do de su estrés emo­cio­nal com­pli­ca la situación.

La muy bue­na foto­gra­fía de Pavel Fomin­tsev per­mi­te cap­tar ple­na­men­te el medio ambien­te claus­tro­fó­bi­co en que trans­cu­rre la acción y su reper­cu­sión en la con­duc­ta de sus per­so­na­jes. Con una efi­cien­te pues­ta escé­ni­ca, Kova­len­ko que ade­más es la coguio­nis­ta del film ha logra­do que sus acto­res, espe­cial­men­te Agu­za­ro­va y Karaev, trans­mi­tan un inten­so rea­lis­mo a sus per­so­na­jes en esta per­tur­ba­do­ra y sofo­can­te his­to­ria en don­de se insi­núa cier­to nivel de inces­to en la rela­ción de la joven con sus hermanos.

El talen­to de la rea­li­za­do­ra ha sido reco­no­ci­do en el últi­mo fes­ti­val de Can­nes cuyo tra­ba­jo obtu­vo el pre­mio al mejor film exhi­bi­do en la sec­ción Un Cer­tain Regard.

7 Pri­sio­nei­ros (Bra­sil)

El direc­tor bra­si­le­ño Ale­xan­dre Morat­to des­pués de haber obte­ni­do varios pre­mios por Socra­tes (2018), su pri­mer lar­go­me­tra­je, aho­ra entre­ga un sóli­do dra­ma de con­no­ta­ción moral.

7 Pri­sio­nei­ros

El guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Thay­ná Man­tes­so pre­sen­ta a Mateus (Chris­tian Mal­hei­ros), un mucha­cho de 18 años vivien­do humil­de­men­te con su madre y her­ma­nas en la región rural de Catan­du­va; gra­cias a la ges­tión de un inter­me­dia­rio local ha con­se­gui­do un empleo en Sao Pau­lo don­de aguar­da lograr un mejor futu­ro. Des­pués de des­pe­dir­se de los suyos es trans­por­ta­do jun­to con otros mucha­chos de simi­lar con­di­ción social a la gran metró­po­li; al lle­gar a des­tino com­prue­ban que el lugar de tra­ba­jo es un gran depó­si­to de cha­ta­rra. Allí son reci­bi­dos por Luca (Rodri­go San­to­ro), el geren­te del local, quien les retie­ne la docu­men­ta­ción de iden­ti­dad y les seña­la que en poco tiem­po más reci­bi­rán el for­mal con­tra­to de tra­ba­jo. Des­pués de pocos días de exte­nua­da labor los 7 tra­ba­ja­do­res recla­man sus sala­rios y es ahí don­de Luca con máxi­ma seve­ri­dad les seña­la que ellos debe­rán pre­via­men­te can­ce­lar la deu­da pen­dien­te gene­ra­da por el trans­por­te a la ciu­dad, la comi­da que se les brin­da y el pre­ca­rio alo­ja­mien­to en ese mis­mo lugar. Dán­do­se cuen­ta que han sido enga­ña­dos, inten­tan esca­par pero se encuen­tran impe­di­dos de salir al exte­rior del inmen­so taller como al pro­pio tiem­po Luca les retie­ne sus celu­la­res y ade­más les ame­na­za que aten­ta­rá con­tra sus fami­lia­res si aca­so per­sis­ten en aban­do­nar el tra­ba­jo. Es así que de hecho com­prue­ban que están pri­sio­ne­ros e inco­mu­ni­ca­dos con el res­to del mun­do: la efí­me­ra espe­ran­za es que podrán ser libe­ra­dos una vez que con el pro­du­ci­do de la labor rea­li­za­da pue­dan devol­ver el mon­to adeudado.

A medi­da que trans­cu­rre el tiem­po y la situa­ción se va dete­rio­ran­do, Mateus opta por nego­ciar con Luca hacién­do­le ver que él logra­rá que su gru­po incre­men­te la pro­duc­ti­vi­dad de la empre­sa. Es así que va obte­nien­do una mayor liber­tad, al pro­pio tiem­po que les hace ver a sus com­pa­ñe­ros que tra­tan­do de ganar la con­fian­za del patrón, podrá sacar­los de su encie­rro. La efi­ca­cia e inte­li­gen­cia de Mateus le per­mi­te avan­zar pro­gre­si­va­men­te en la fir­ma obte­nien­do impor­tan­tes pri­vi­le­gios pero es enton­ces cuan­do la leal­tad y soli­da­ri­dad hacia su gru­po se des­va­ne­ce por completo.

Morat­to crea un pon­de­ra­ble thri­ller que se inten­si­fi­ca con la pro­gre­sión del rela­to. A tra­vés del mis­mo efec­túa una seve­ra denun­cia al trá­fi­co humano que aquí se ejem­pli­fi­ca con jóve­nes pro­ve­nien­tes de sec­to­res pobres y sin mayor for­ma­ción quie­nes en pro­cu­ra de un mejor empleo ter­mi­nan con­vir­tién­do­se en meros escla­vos de una moder­na socie­dad. Simul­tá­nea­men­te que­da expues­to cómo los intere­ses eco­nó­mi­cos en jue­go ‑en este caso el de la empre­sa de cha­ta­rra- gene­ran una cri­mi­nal aso­cia­ción con mafio­sos, polí­ti­cos y corrup­tos guar­dia­nes de la ley.

En el buen elen­co se des­ta­can San­to­ro como el impla­ca­ble explo­ta­dor car­ce­le­ro y Mal­hei­ros brin­dan­do total nota­ble con­vic­ción al per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co que habien­do logra­do su liber­tad car­ga sobre su con­cien­cia el con­flic­to moral por su des­leal­tad y ausen­cia de soli­da­ri­dad hacia sus com­pa­ñe­ros de trabajo.

Con una narra­ción con­ci­sa y diná­mi­ca el rea­li­za­dor ha logra­do un mag­ní­fi­co film en don­de el espec­ta­dor se invo­lu­cra por com­ple­to con la suer­te de sus per­so­na­jes

I’m Your Man (Ale­ma­nia)

En esta pelí­cu­la la direc­to­ra Maria Schra­der ofre­ce una his­to­ria que cau­ti­va por su nota­ble originalidad.

I’m Your Man

Si este film hubie­se sido rea­li­za­do a media­dos del siglo pasa­do habría sido cate­go­ri­za­do como una come­dia de cien­cia fic­ción o aca­so como una fan­ta­sía bien ela­bo­ra­da. Con el increí­ble avan­ce tec­no­ló­gi­co regis­tra­do en las últi­mas déca­das, lo que ofre­ce la rea­li­za­do­ra en su exce­len­te guión escri­to con Jan Schom­burg bien podría acon­te­cer en un futu­ro cercano.

La acción trans­cu­rre en Ber­lín don­de se sale al encuen­tro de la antro­pó­lo­ga Alma (Maren Eggert) quien tra­ba­ja en el renom­bra­do Museo de Pér­ga­mo. Con el pro­pó­si­to de reu­nir los fon­dos nece­sa­rios para su pró­xi­ma inves­ti­ga­ción ella acep­ta el desa­fío de some­ter­se a un sin­gu­lar expe­ri­men­to; el mis­mo con­sis­te en con­vi­vir duran­te tres sema­nas con Tom (Dan Ste­vens), un robot espe­cial­men­te pro­gra­ma­do, debien­do obser­var su com­por­ta­mien­to a fin de deter­mi­nar si aca­so se ha logra­do el hom­bre per­fec­to que pue­da inte­grar­se a la socie­dad. A todo ello es nece­sa­rio pre­ci­sar que la super­vi­so­ra de Alma (San­dra Hüller) ha sido igual­men­te con­ce­bi­da en un labo­ra­to­rio científico.

En un comien­zo, Alma no se sien­te muy cómo­da en su hogar con la pre­sen­cia del pecu­liar anfi­trión vién­do­lo poner orden en su biblio­te­ca, pre­pa­rán­do­le el desa­yuno, tra­tan­do de hala­gar­la y com­pla­cer­la en todo sen­ti­do, pero a pesar de que ella evi­ta sen­tir­se atra­pa­da por el bello androi­de que tie­ne delan­te suyo, poco a poco va cam­bian­do de acti­tud has­ta lle­gar al pun­to en que se gene­ra una nota­ble inti­mi­dad entre ambos.

En un rela­to que se nutre con situa­cio­nes de fran­co humor, la rea­li­za­do­ra crea un sor­pren­den­te rea­lis­mo al ilus­trar el vue­lo román­ti­co entre el huma­noi­de y Alma. El film se valo­ri­za con la excep­cio­nal inter­pre­ta­ción de Eggert ‑que le valió el pre­mio a la mejor actriz en el fes­ti­val de Ber­lin- y la par­ti­ci­pa­ción de Ste­vens quien con mag­ní­fi­ca pre­ci­sión com­po­ne a un per­so­na­je que de mane­ra ambi­gua da la sen­sa­ción de adqui­rir la con­duc­ta de un hom­bre capaz de gene­rar una emo­ción simi­lar a la de un ver­da­de­ro ser humano.

Aun­que no ha sido la inten­ción de la direc­to­ra el plan­tear una temá­ti­ca filo­só­fi­ca sobre el empleo de la tec­no­lo­gía moder­na, lo cier­to es que a tra­vés de su impe­ca­ble rea­li­za­ción de mane­ra inte­li­gen­te intro­du­ce al espec­ta­dor en un rele­van­te tema. Así, del mis­mo modo que pode­mos intro­du­cir a nues­tros hoga­res al alta­voz inte­li­gen­te lla­ma­do Ale­xa, nada fan­ta­sio­so sería supo­ner que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial sea capaz de con­ce­bir a un robot con todos los atri­bu­tos de un humano tal como se con­tem­pla en el meri­to­rio tra­ba­jo de Schrader.

AHE­D’S KNEE (Israel) 

Habien­do obte­ni­do en 2019 el máxi­mo galar­dón en el fes­ti­val de Ber­lín con Synonyms, el direc­tor Nadav Lapid retor­na con otro dra­ma en el que con inusi­ta­da ener­gía expre­sa el sen­ti­mien­to que lo ani­ma como ciu­da­dano israe­lí. Es nece­sa­rio acla­rar que el roda­je del film se reali­zó antes de que Ben­ja­min Netan­yahu deja­ra el car­go de Pri­mer Ministro.

AHE­D’S KNEE

El rea­li­za­dor se vale de su pro­pio guión para des­cri­bir a un cineas­ta lla­ma­do Y (Avsha­lom Pollak) que deci­di­da­men­te es su alter ego. En la fic­ción, este per­so­na­je avi­zo­ra como pró­xi­mo pro­yec­to fil­mar Ahe­d’s Knee basa­do en la vida real de Ahed Tami­ni, una acti­vis­ta pales­ti­na que sufrió una heri­da en su rodi­lla al haber sido balea­da por un sol­da­do israe­lí. En tan­to, Y ha acep­ta­do una invi­ta­ción de Yaha­lom (Nur Fibak), una fun­cio­na­ria del Minis­te­rio de Cul­tu­ra para la pro­yec­ción de su últi­mo film en el desér­ti­co valle de Ara­vah don­de ella resi­de. Des­pués de la exhi­bi­ción se ha dis­pues­to que el direc­tor par­ti­ci­pe en un colo­quio de pre­gun­tas y res­pues­tas con el públi­co asis­ten­te. Mien­tras la pro­yec­ción se efec­túa Yaha­lom le entre­ga un for­mu­la­rio que debe lle­nar y que será des­ti­na­do al Minis­te­rio de Cul­tu­ra don­de tie­ne que some­ter­se a estric­tos tópi­cos de dis­cu­sión auto­ri­za­dos en su char­la con los espec­ta­do­res. Esa cen­su­ra a la liber­tad de expre­sión moti­va a que Y, cier­ta­men­te trau­ma­ti­za­do por lo que sufrió como sol­da­do en la gue­rra con El Líbano, no pue­da ocul­tar su indig­na­ción; en con­se­cuen­cia, a tra­vés de un lar­go monó­lo­go que gra­ba en su celu­lar se des­pa­cha con un incen­dia­rio dis­cur­so en don­de vuel­ca su repug­nan­cia y asco hacia el gobierno de Netan­yahu y su minis­tra de cultura.

En este film radi­cal y explo­si­vo Lapid lan­za una vez más sus dar­dos al país en que vive, aun­que la for­ma de expre­sar­lo no sea dema­sia­do sutil. Que­da cla­ro, que a tra­vés de su pro­ble­má­ti­co pro­ta­go­nis­ta quie­re expre­sar la seve­ra cri­sis exis­ten­cial que atra­vie­sa y de qué mane­ra el gobierno israe­lí va afec­tan­do su identidad.

Con una agi­ta­da pues­ta escé­ni­ca que recu­rre a varias rup­tu­ras para intro­du­cir núme­ros musi­ca­les un tan­to dis­cu­ti­bles, el ico­no­clas­ta rea­li­za­dor con­tó con la excep­cio­nal inter­pre­ta­ción de Pollak, el exce­len­te coreó­gra­fo de dan­za con­tem­po­rá­nea, quien trans­mi­te aca­ba­da­men­te la cóle­ra de un cineas­ta impo­ten­te de no poder modi­fi­car la reali­dad que lo envuelve.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (4)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Peti­te Maman (Fran­cia)

Céli­ne Sciam­ma, la rea­li­za­do­ra de Por­trait de la jeu­ne fille en feu que en 2019 fue calu­ro­sa­men­te aco­gi­da en el Fes­ti­val de Can­nes 2019, en su recien­te tra­ba­jo con­si­de­ra el encan­ta­dor mun­do de la infan­cia. Si como el refrán lo seña­la que “lo bre­ve si bueno, dos veces bueno” eso bien pue­de apli­car­se aquí don­de en esca­sos 70 minu­tos la direc­to­ra que es asi­mis­mo auto­ra del guión brin­da con Peti­te Maman entre­ga una exce­len­te película.

Peti­te Maman

En un geriá­tri­co de Fran­cia Nelly (Joséphi­ne Sanz) de 8 años de edad se des­pi­de de los resi­den­tes enfer­mos que allí se encuen­tran don­de en una de las habi­ta­cio­nes se halla su abue­la que aca­ba de morir y a quien no pudo dar­le su adiós como era su deseo. De allí acom­pa­ña a su madre Marion (Nina Meu­ris­se) a la casa de la difun­ta mujer a fin de vaciar los mue­bles y estan­tes don­de su padre (Stépha­ne Varu­pen­ne) las está aguar­dan­do. Angus­tia­da por el dolor, su madre aban­do­na el lugar en tan­to que su mari­do acom­pa­ña­do de su hiji­ta se ocu­pa de con­cluir la tarea de emba­la­je. Duran­te ese lap­so que dura un par de días Nelly cono­ce a Marion (Gabrie­lle Sanz), una niña de su mis­ma edad que está a pun­to de ser ope­ra­da. Entre ambas se for­ja una gran amis­tad don­de una pare­ce ser el espe­jo de la otra al pun­to tal que da la impre­sión de ser her­ma­nas gemelas.

Duran­te el par de días en que se jun­tan, a tra­vés de sus fér­ti­les ima­gi­na­cio­nes las niñi­tas con­vi­ven en un mun­do mági­co rea­li­zan­do dife­ren­tes acti­vi­da­des; así, se dedi­can a armar una cho­za en el bos­que ale­da­ño, simu­lan inter­pre­tar una obra de tea­tro don­de una de ellas asu­me el rol de la peque­ña mami­ta de la otra, como tam­bién demues­tran su habi­li­dad en el arte culi­na­rio coci­nan­do panqueques.

La des­crip­ción que efec­túa Sciam­ma es real­men­te enco­mia­ble. Su rea­lis­ta narra­ción cobra abso­lu­ta auten­ti­ci­dad gra­cias a las excep­cio­na­les inter­pre­ta­cio­nes de las her­ma­ni­tas Joséphi­ne y Gabrie­lle quie­nes prác­ti­ca­men­te lle­van sobre sus hom­bros todo el peso de la pelí­cu­la trans­mi­tien­do una con­mo­ve­do­ra dul­zu­ra. Esta emo­ti­va come­dia dra­má­ti­ca se diri­ge a todo tipo de audien­cia que segu­ra­men­te habrá de apre­ciar­la por su pon­de­ra­ble nivel.

Ven­gean­ce is mine, all others pay cash (Indo­ne­sia-Sin­ga­pur-Ale­ma­nia)

Habien­do obte­ni­do el pre­mio máxi­mo en el fes­ti­val de Locarno, esta pelí­cu­la sin ser excep­cio­nal cons­ti­tu­ye una bue­na mues­tra del cine de Indonesia.

El rea­li­za­dor indo­ne­sio Edwin, con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes del país, ofre­ce un intere­san­tí­si­mo rela­to uti­li­zan­do un tema no fre­cuen­ta­do en el cine como es el de la impo­ten­cia sexual masculina.

Ven­gean­ce is mine, all others pay cash

Basa­do en la nove­la homó­ni­ma de Eka Kur­nia­wan quien la adap­tó para el cine con la cola­bo­ra­ción del rea­li­za­dor, el rela­to se desa­rro­lla en 1989 en algún lugar no deter­mi­na­do de Indo­ne­sia. El per­so­na­je cen­tral es Ajo (Marthino Lio) quien en el lugar don­de vive los que lo rodean no igno­ran que es impo­ten­te; tra­tan­do de ocul­tar su humi­lla­ción y ver­güen­za demues­tra su viri­li­dad con vio­len­cia al pelear­se con los demás hom­bres que salen a su encuen­tro. A tra­vés de flash­backs se lle­ga a saber que su dis­fun­cio­na­li­dad geni­tal se debe al impac­to trau­má­ti­co expe­ri­men­ta­do en su juven­tud al haber teni­do que con­tem­plar for­za­da­men­te la bru­tal vio­la­ción come­ti­da por dos poli­cías a una mujer.

Su exis­ten­cia adop­ta un giro ines­pe­ra­do cuan­do cono­ce a Iteung,(Ladya Cheryl), una mujer guar­da­es­pal­das que demues­tra poseer sus mis­mas apti­tu­des para la lucha, defen­dién­do­se con sor­pren­den­te tena­ci­dad de aqué­llos que se inter­po­nen en su camino. Aun­que en un prin­ci­pio exis­te entre ambos un rece­lo y des­con­fian­za, muy pron­to sur­ge una mutua atrac­ción que cul­mi­na en un ful­gu­ran­te roman­ce. Con deli­ca­de­za ella tra­ta de.demostrarle a Ajo que la ausen­cia de erec­ción no cons­ti­tu­ye un incon­ve­nien­te para el gran amor que los une. Sin embar­go la pre­sen­cia de Budi (Reza Raha­dian), un ines­cru­pu­lo­so rival que gus­ta de Iteung, cons­ti­tu­ye un serio obs­tácu­lo para que la rela­ción pro­si­ga de mane­ra nor­mal, sobre todo cuan­do ella que­da embarazada.

En esta his­to­ria ple­na de acción y aven­tu­ras com­bi­na­da con roman­ti­cis­mo y sazo­na­da con apre­cia­ble humor, Edwin obtie­ne un film que lan­za una con­tun­den­te crí­ti­ca al machis­mo que con­fun­de la mas­cu­li­ni­dad con la hom­bría de un indi­vi­duo a tra­vés de su efi­ca­cia sexual. Asi­mis­mo, el guión vela­da­men­te alu­de al régi­men dic­ta­to­rial de Suhar­to, el pre­si­den­te de Indo­ne­sia (1967 – 1998) que afec­tó nega­ti­va­men­te a la gene­ra­ción de su época.

Con un buen elen­co a su favor y una remar­ca­ble coreo­gra­fía logra­da en las esce­nas de lucha, este film efi­caz­men­te narra­do por Edwin cons­ti­tu­ye un muy gra­to entretenimiento.

Coma­la (Méxi­co)

En este docu­men­tal el rea­li­za­dor mexi­cano Gian Cas­si­ni cen­tra su aten­ción en su padre El Jimmy que ase­si­na­do en 2010 fue en vida un sica­rio de poca mon­ta ade­más de tra­fi­can­te de dro­gas en Tijuana.

Coma­la

Cas­si­ni fue cria­do por su madre en Mon­te­rrey y prác­ti­ca­men­te vivió sin la pre­sen­cia pater­nal por cuan­to su padre aban­do­nó el hogar cuan­do él era muy peque­ño para ini­ciar una nue­va fami­lia don­de tuvo un hijo y una hija. De allí en más el cineas­ta per­ma­ne­ció dis­tan­cia­do de su pro­ge­ni­tor sal­vo espo­rá­di­cos con­tac­tos man­te­ni­dos a lo lar­go de su existencia.

A mane­ra de un rom­pe­ca­be­zas que es nece­sa­rio ir com­ple­tan­do has­ta que todas las pie­zas logran ade­cuar­se per­fec­ta­men­te, el docu­men­ta­lis­ta pro­ce­de a hacer­lo rea­li­zan­do un via­je que lo lle­va a cier­tos luga­res de Méxi­co, como así tam­bién a Esta­dos Uni­dos. Duran­te ese tra­yec­to, al entrar en con­tac­to con miem­bros de su fami­lia amplia­da, va des­cu­brien­do face­tas y deta­lles que para él eran has­ta ese enton­ces des­co­no­ci­dos. Así se impo­ne que su abue­lo estu­vo invo­lu­cra­do con la CIA en su lucha con la revo­lu­ción de Fidel Cas­tro; asi­mis­mo se ente­ra que su her­ma­nas­tro tam­bién optó por seguir el camino del deli­to y lo más impor­tan­te es cuan­do se impo­ne que la aman­te que su padre tuvo es posee­do­ra de cier­tos secre­tos acer­ca de su asesinato.

En esa bús­que­da rea­li­za­da a fin de obte­ner una com­ple­ta idea sobre la per­so­na­li­dad de El Jimmy, Cas­si­ni resal­ta algu­nos de los aspec­tos que mode­la­ron su con­duc­ta en el que se encuen­tra pre­sen­te el arrai­ga­do machis­mo, la miso­gi­nia y como telón de fon­do la des­afor­tu­na­da gue­rra de las dro­gas gene­ran­do el círcu­lo vicio­so de la vio­len­cia que afec­ta a cier­tas regio­nes del país azteca.

Con sumo cui­da­do de no caer en el fácil sen­sa­cio­na­lis­mo, el rea­li­za­dor logra un sóli­do e intri­gan­te docu­men­tal cuyo títu­lo Coma­la se refie­re a la ciu­dad en don­de trans­cu­rre la nove­la Pedro Pára­mo de Juan Rul­fo sobre un hom­bre en pro­cu­ra de su padre.