Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Medu­sa (Bra­sil)

La direc­to­ra bra­si­le­ña Ani­ta Rocha da Sil­vei­ra abor­da un rela­to en el que su tema cen­tral radi­ca en el cues­tio­na­mien­to de la fe de una joven cristiana.

Medu­sa

Con un guión que le per­te­ne­ce, la cineas­ta pre­sen­ta a Maria­na (Mari Oli­vei­ra) una joven de Rio de Janei­ro que inte­gra un gru­po de coris­tas en la igle­sia a car­go de un Pas­tor evan­ge­lis­ta (Thia­go Fra­go­so). Asi­mis­mo, estas mucha­chas enmas­ca­ra­da­men­te se dedi­can por las noches a efec­tuar una cace­ría con­sis­ten­te en cas­ti­gar a todas aque­llas muje­res que son con­si­de­ra­das peca­do­ras al apar­tar­se del sen­de­ro correc­to pre­di­ca­do por el cris­tia­nis­mo. El momen­to cru­cial se pro­du­ce cuan­do en una sali­da noc­tur­na Maria­na se dis­po­ne a gol­pear a otra supues­ta peca­do­ra pero,ella sale mal para­da al reci­bir un pro­fun­do cor­te en su cara deján­do­le una cica­triz que la ocul­ta con su mele­na. Es enton­ces cuan­do Maria­na comien­za a cobrar con­cien­cia de que ese mode­lo de mujer cris­tia­na que no pue­de tomar deci­sio­nes por sí mis­ma y tie­ne que aca­tar cie­ga­men­te el fari­seís­mo de la igle­sia a la que con­cu­rre no la con­du­ci­rán por buen camino. Para encon­trar un nue­vo sen­ti­do a su vida, lo que aho­ra le preo­cu­pa es ubi­car a una ex actriz que años atrás des­apa­re­ció con su ros­tro des­fi­gu­ra­do por haber sido expues­ta al fue­go; asi­mis­mo es emplea­da como enfer­me­ra en un hos­pi­tal don­de los pacien­tes se encuen­tran en esta­do comatoso.

La pelí­cu­la es cier­ta­men­te ambi­cio­sa en su crí­ti­ca al fun­da­men­ta­lis­mo reli­gio­so dis­pues­to a emplear la vio­len­cia hacia quie­nes no con­di­cen con su rígi­do cri­te­rio como así tam­bién al sis­te­ma patriar­cal vigen­te. Asi­mis­mo resal­ta el empo­de­ra­mien­to feme­nino rebe­lán­do­se al lava­do de cere­bro incul­ca­do por el hipó­cri­ta reli­gio­so.. Lo que ami­no­ra el impac­to de este dis­tó­pi­co film es que la direc­to­ra adop­ta un tono que alter­na entre come­dia, sáti­ra y horror sin encon­trar un foco pre­ci­so en su inten­to de abar­car varios sub­te­mas que dis­traen la aten­ción. De todos modos, el film sin estar ple­na­men­te logra­do intere­sa como metá­fo­ra del sis­te­ma polí­ti­co impe­ran­te en Brasil.

La Caja (Méxi­co-Esta­dos Unidos)

Des­pués de haber obte­ni­do en 2015 el León de Oro en el Fes­ti­val de Vene­cia con Des­de Allá, el direc­tor vene­zo­lano Loren­zo Vigas retor­na con este pujan­te film que trans­cu­rre en Chihuahua, al nor­te de México.

El dra­ma expues­to admi­te varias lec­tu­ras don­de en la pri­me­ra de ellas se refle­ja el tema de la pater­ni­dad para pos­te­rior­men­te ofre­cer un cua­dro rea­lis­ta expo­nien­do la des­hu­ma­ni­za­ción exis­ten­te a tra­vés de diver­sas formas.

La Caja

El guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Pau­la Mar­ko­vitch pre­sen­ta en su pri­me­ra ima­gen a un gru­po de per­so­nas aguar­dan­do que las auto­ri­da­des per­ti­nen­tes les entre­guen los res­tos exhu­ma­dos de sus seres que­ri­dos des­apa­re­ci­dos y encon­tra­dos en una fosa común. Entre ellos se halla el ado­les­cen­te Hatzin (Hatzin Nava­rre­te) quien vivien­do en la capi­tal de Méxi­co con su abue­la, lle­gó a Chihuahua para reco­ger la caja metá­li­ca con­te­nien­do los hue­sos de su difun­to padre; asi­mis­mo le es entre­ga­do una tar­je­ta de iden­ti­dad que se encon­tró en su cuer­po per­te­ne­cien­te a un tal Este­ban Ley­va. Cuan­do por casua­li­dad él divi­sa en la calle a un indi­vi­duo al que cree que es Ley­va, su padre, al enfren­tar­lo el hom­bre le res­pon­de que él es Mario (Her­nán Mendoza).

De mane­ra ambi­gua el rea­li­za­dor deja la duda si real­men­te Mario es o no el padre de Hatzin; lo cier­to es que este indi­vi­duo lo toma como emplea­do en su fábri­ca de tex­ti­les. Allí pue­de obser­var­se cómo reclu­tan­do mano de obra bara­ta, fun­da­men­tal­men­te feme­ni­na, la mis­ma es explo­ta­da mise­ra­ble­men­te en sus talle­res; cual­quie­ra que se que­je corre el ries­go de per­der su empleo como asi­mis­mo la posi­bi­li­dad de engro­sar la lis­ta de des­apa­re­ci­dos. El femi­ni­ci­dio que se pro­du­ce es una ilus­tra­ción de la dra­má­ti­ca reali­dad impe­ran­te que el rea­li­za­dor esbo­za con apre­cia­ble sutilidad.

Con una narra­ti­va admi­ra­ble el cineas­ta resal­ta la cone­xión que se pro­du­ce entre Hatzin y Mario en don­de el joven encuen­tra en su emplea­dor al padre real o sus­ti­tu­to ‑según cómo se lo con­si­de­re- y de qué modo la edu­ca­ción que de él reci­be moti­va a que el ado­les­cen­te mani­fies­te una ambi­va­len­te mora­li­dad, comen­zan­do a tran­si­tar por un sen­de­ro peligroso.

A la meri­to­ria rea­li­za­ción de Vigas debe aña­dir­se la satis­fac­to­ria actua­ción de Men­do­za y sobre todo la de Nava­rre­te que en su debut cine­ma­to­grá­fi­co es todo una reve­la­ción trans­mi­tien­do con su expre­si­vo ros­tro y cal­ma­da ento­na­ción vocal la nece­sa­ria inten­si­dad de un joven que se man­tie­ne aler­ta­do fren­te a la degra­da­ción huma­na de la cual es tes­ti­go y que asi­mis­mo está involucrado.

Matar a la Bes­tia (Argen­ti­na-Bra­sil-Chi­le)

Des­pués de haber incur­sio­na­do en el cor­to­me­tra­je en el que Mons­truo Dios obtu­vo una men­ción espe­cial en Can­nes 2019, la direc­to­ra Agus­ti­na San Mar­tin debu­ta con este lar­go­me­tra­je cuyo guión tam­bién le pertenece.

Matar a la Bestia

Tras la recien­te muer­te de su madre, Emi­lia (Tama­ra Roc­ca) de 17 años par­te de Bue­nos Aires para lle­gar a un pue­blo ubi­ca­do en Misio­nes pró­xi­mo con la fron­te­ra bra­si­le­ña; su pro­pó­si­to es encon­trar a su her­mano Mateo que des­apa­re­ció sin dejar hue­lla algu­na. En esa zona bos­co­sa de cli­ma tro­pi­cal, más ase­me­ja­da a la de una jun­gla, ella se alo­ja en el hos­tal de su tía Inés (Ana Brun), que se dedi­ca a ofre­cer alo­ja­mien­to a los turis­tas y via­je­ros de paso. Allí Emi­lia se impo­ne de la exis­ten­cia de mitos y leyen­das ocul­tas por los que los veci­nos luga­re­ños creen que una peli­gro­sa bes­tia ron­dan­do la zona encar­na al espí­ri­tu de un hom­bre sinies­tro capaz de adop­tar la for­ma de dife­ren­tes ani­ma­les ata­can­do a las mujeres.

Las ansie­da­des y temo­res de la joven se aca­llan con la lle­ga­da de Julieth (Julieth Micol­ta) al hos­tal quien atrai­da por su volup­tuo­sa belle­za al poco tiem­po Emi­lia ini­cia una rela­ción lesbiana.

A mane­ra de fábu­la, la direc­to­ra tra­ta de abor­dar el des­per­tar sexual de Emi­lia recu­rrien­do a una atmós­fe­ra suge­ren­te de sen­sual ero­tis­mo pero su inten­ción no lle­ga a fruc­ti­fi­car debi­do a su ende­ble narra­ción; así el para­de­ro de Mateo como igual­men­te el de la supues­ta bes­tia ase­si­na que­dan rele­ga­dos al olvido.

Lo res­ca­ta­ble del film resi­de en el aspec­to visual gra­cias a la bue­na foto­gra­fía de Cons­tan­za San­do­val y a los efec­tos sono­ros de Mer­ce­des Gavi­ria Jara­mi­llo. Pero en últi­ma ins­tan­cia, sin ten­sión ni emo­ción algu­na, esta pelí­cu­la dis­ta de satisfacer.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

The Gra­ve­dig­ge­r’s Wife (Fin­lan­dia-Ale­ma­nia-Fran­cia)

Des­pués de haber rea­li­za­do varios cor­tos éste es el pri­mer lar­go­me­tra­je del direc­tor y guio­nis­ta Kha­dar Ayde­rus Ahmed en el que con sóli­da madu­rez ofre­ce un emo­ti­vo rela­to que trans­cu­rre al este de África.

The Gra­ve­dig­ge­r’s Wife

La tra­ma intro­du­ce a Guled (Omar Abdi) de 45 años de edad que vive en uno de los sec­to­res más des­fa­vo­re­ci­dos de la ciu­dad de Dji­bou­ti en com­pa­ñía de su ado­ra­da y ani­ma­da espo­sa Nas­ra (Yas­min War­sa­me) y su ado­les­cen­te hijo Mahad (Kadar Abdoul-Aziz Ibrahim), que aun­que un tan­to rebel­de ama a sus padres. Sin saber leer ni escri­bir se desem­pe­ña como uno de los sepul­tu­re­ros de la zona y, aun­que resul­te maca­bro, dia­ria­men­te aguar­da en la puer­ta del hos­pi­tal local la muer­te de algu­nos de los pacien­tes allí inter­na­dos para poder cavar sus fosas, ente­rrar­los y pos­te­rior­men­te obte­ner la humil­de remu­ne­ra­ción por el tra­ba­jo efectuado.

En una de las con­ta­das notas de humor del rela­to se pue­de obser­var la for­ma en que la avis­pa­da Nas­ra de mane­ra inge­nio­sa con­si­gue ingre­sar con su mari­do a una fies­ta de casa­mien­to sin haber sido invitados.

A pesar de la pre­ca­rie­dad en que vive esta fami­lia, la feli­ci­dad rei­na en el hogar has­ta el momen­to en que Nas­ra comien­za a expe­ri­men­tar dolen­cias pro­ve­nien­tes de un riñón seria­men­te infec­ta­do; si bien al prin­ci­pio ella es tra­ta­da con medi­ca­men­tos de alto cos­to que Guled debe afron­tar, su esta­do empeo­ra y la úni­ca sali­da es que sea ope­ra­da urgen­te­men­te para no poner en ries­go su vida. El gran pro­ble­ma es cómo obte­ner los cin­co mil dóla­res reque­ri­dos para la ciru­gía cuan­do no exis­te ayu­da algu­na por par­te de los fami­lia­res de la pare­ja y el tiem­po apremia.

Sin recu­rrir a gol­pes bajos el rea­li­za­dor logra emo­cio­nar narran­do de mane­ra sen­ci­lla pero efec­ti­va la poé­ti­ca his­to­ria de amor de este matri­mo­nio a la vez que resal­ta el valor de la fami­lia en este rela­to de super­vi­ven­cia. A la exce­len­te inter­pre­ta­ción de acto­res no pro­fe­sio­na­les que ofre­cen com­ple­ta auten­ti­ci­dad a sus per­so­na­jes se aña­de la subli­me foto­gra­fía del cama­ró­gra­fo Art­tu Pel­to­maa quien sin pin­to­res­quis­mo alguno cap­ta y con­tras­ta la par­te moder­na de la ciu­dad con los sec­to­res más humil­des refle­jan­do la vida coti­dia­na de su gente.

Oscar Peter­son: Black + Whi­te  (Cana­dá) 

Este nota­ble docu­men­tal diri­gi­do por Barry Avrich cons­ti­tu­ye un mere­ci­do tri­bu­to a Oscar Peter­son, el gigan­te del jazz falle­ci­do en 2007 cuya actua­ción pro­fe­sio­nal es com­pa­ra­da con la de otras renom­bra­das leyen­das tales como Nat King Cole, Ella Fitz­ge­rald, Duke Elling­ton y John Col­tra­ne. Peter­son se ha dis­tin­gui­do por la inten­si­dad vol­ca­da en sus inter­pre­ta­cio­nes, su apre­cia­do esti­lo musi­cal con sus mági­cos dedos reco­rrien­do el tecla­do del piano y por su caris­má­ti­ca personalidad.

Oscar Peter­son: Black + White

El docu­men­tal pasa revis­ta a sus sie­te déca­das de carre­ra pro­fe­sio­nal, des­de sus pri­me­ros días como un niño pro­di­gio que dejó de tocar la trom­pe­ta por razo­nes de salud para vol­car­se al piano, has­ta sus gran­des triun­fos mani­fes­ta­dos a tra­vés de sus éxi­tos dis­co­grá­fi­cos y jubi­lo­sas actua­cio­nes alre­de­dor del mun­do como solis­ta, con su trío y con las par­ti­ci­pa­cio­nes de gran­des artis­tas del jazz.

El film tam­bién abor­da el detes­ta­ble racis­mo y segre­ga­ción racial que expe­ri­men­tó como afro-cana­dien­se mien­tras esta­ba reco­rrien­do Esta­dos Uni­dos; su devo­ción por la jus­ti­cia social lo ins­pi­ró a com­po­ner Hymn to Free­dom; esta crea­ción con­ce­bi­da por su autor como un acto de resis­ten­cia y un home­na­je a la vene­ra­da figu­ra de Mar­tin Luther King ha sido eje­cu­ta­da en la cere­mo­nia de inau­gu­ra­ción de la pre­si­den­cia de Oba­ma en enero de 2009.

Barry Avrich pre­sen­ta un vas­to archi­vo con entre­vis­tas a Peter­son, varios músi­cos que han teni­do la opor­tu­ni­dad de cola­bo­rar con él, el crí­ti­co neo­yor­kino de jazz Gio­van­ni Rus­so­ne­llo, la aca­dé­mi­ca y vete­ra­na perio­dis­ta Kit­ti Oli­vier, la his­to­ria­do­ra Rose­mary Sad­lier y su que­ri­da y abne­ga­da espo­sa Kelly Peter­son. Asi­mis­mo la pelí­cu­la apor­ta una serie de actua­cio­nes en vivo con una varie­dad de artis­tas inter­pre­tan­do su músi­ca: entre otras des­ta­ca­das figu­ras se encuen­tran Billy Joel, Jon Batis­te, Quincy Jones, Ram­sey Lewis, Dave Young, Her­bie Han­cock, Bran­ford Mar­sa­lis, Jac­kie Richard­son, Measha Brueg­ger­gos­man, Joe Sealy y Robi Botos que ha sido un pro­te­gi­do de Peterson.

El film per­mi­te dis­fru­tar la músi­ca de Peter­son don­de ade­más de Hymn to Free­dom se encuen­tran entre otras com­po­si­cio­nes Pla­ce St. Hen­ri ‑crea­da por el artis­ta en home­na­je a su que­ri­da ciu­dad natal de Mon­treal- Halle­lu­jah Time, A Lovely Way to Spend an Eve­ning, Blues for Big Sco­tia y Sweet Lady.

Con un exce­len­te mon­ta­je de Nico­las Klei­man, el rea­li­za­dor brin­da un docu­men­tal en el que no se requie­re ser un aman­te del jazz para poder gozarlo.

The Other Tom (Méxi­co-Esta­dos Uni­dos) 

El gran esfuer­zo de una madre lidian­do con la enfer­me­dad de su hijo y sus deri­va­cio­nes es lo que abor­dan los direc­to­res y guio­nis­tas uru­gua­yos Rodri­go Plá y Lau­ra San­tu­llo en este film. El cui­da­do­so tra­ta­mien­to del tema con­si­de­ra­do gene­ra con­si­de­ra­ble inte­rés per­mi­tien­do que no resul­te difí­cil invo­lu­crar­se en su problemática.

The Other Tom

Ele­na es una madre mono­pa­ren­tal vivien­do con su hijo Tom de nue­ve años en Esta­dos Uni­dos y poron la baja remu­ne­ra­ción obte­ni­da en su tra­ba­jo ella logra ayu­da de los ser­vi­cios socia­les. Su gran pro­ble­ma es que el chi­co pade­ce lo que se cono­ce con el nom­bre de “tras­torno por défi­cit de aten­ción e hiper­ac­ti­vi­dad” (TDAH) que es un sín­dro­me neu­ro­ló­gi­co carac­te­ri­za­do pre­ci­sa­men­te por hiper­ac­ti­vi­dad, impul­si­vi­dad y esca­sa capa­ci­dad de aten­ción. Esa afec­ción moti­va a que la rela­ción entre ambos resul­te difi­cul­to­sa y que ade­más el chi­co sea estig­ma­ti­za­do en la escue­la debi­do a su par­ti­cu­lar condición.

Cuan­do Ele­na per­ci­be que los medi­ca­men­tos pres­crip­tos al niño en su tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co le pro­du­cen serios efec­tos secun­da­rios, ella deci­de sus­pen­der­los; como con­se­cuen­cia de su acti­tud los ser­vi­cios socia­les le advier­ten que podrán reti­rar­le la cus­to­dia de Tom para ubi­car­lo en un hogar sustituto.

Plá y San­tu­llo han logra­do un film que lúci­da­men­te resal­ta algu­nos dis­cu­ti­bles diag­nós­ti­cos médi­cos y la pres­crip­ción de reme­dios sin tener en cuen­ta cómo pue­den obrar en los pacien­tes; al pro­pio tiem­po el rela­to refle­ja la mane­ra en que pue­den miti­gar­se los obs­tácu­los pro­du­ci­dos por el TDAH.

Este humano film se valo­ri­za por la muy con­vin­cen­te actua­ción de Julia Chá­vez como la abne­ga­da madre tra­tan­do de ofre­cer la máxi­ma ter­nu­ra a su hiji­to y la extra­or­di­na­ria inter­pre­ta­ción de Rodrí­guez Ber­to­re­lli dan­do la impre­sión que no actúa sino que real­men­te es un niño discapacitado.

Los Ras­tros del Pasado

THE CARD COUN­TER. Esta­dos Uni­dos-Gran Bre­ta­ña, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Paul Schrader.

La psi­co­lo­gía de un soli­ta­rio indi­vi­duo ator­men­ta­do por un vio­len­to pasa­do que tra­ta de ate­nuar su ais­la­mien­to jugan­do al póker es con­si­de­ra­do por Paul Schra­der en The Card Coun­ter. A 45 años de haber­se con­sa­gra­do como uno de los gran­des guio­nis­tas del cine ame­ri­cano con Taxi Dri­ver, Schra­der demos­tró igual­men­te su talen­to como rea­li­za­dor y des­pués de su nota­ble tra­ba­jo en The Refor­mer (2017) nue­va­men­te lo rati­fi­ca en esta remar­ca­ble película..

Oscar Isaac

Oscar Isaac ani­ma a William Tell, un hom­bre de media­na edad que se gana la vida como juga­dor de póker en los casi­nos de Esta­dos Uni­dos. Sin fami­lia que lo rodee, su vida des­can­sa en las mesas de jue­go don­de gran par­te de su habi­li­dad lo adqui­rió cuan­do estu­vo en pri­sión don­de apren­dió cómo con­tar las car­tas. Su tác­ti­ca lle­ga a ser cono­ci­da a medi­da que con su voz en off va escri­bien­do en su dia­rio que su obje­ti­vo no es ganar­le a la ban­ca sino a los otros juga­do­res, cal­cu­lan­do con sumo cui­da­do cada car­ta que va jugan­do, sin apos­tar dema­sia­do y sabien­do reti­rar­se a tiem­po con el dine­ro obtenido.

Su par­que­dad que­da inte­rrum­pi­da cuan­do en el bar del casino se le acer­ca La Lin­da (Tif­fany Had­dish), una agra­da­ble agen­te de apues­tas, quien habien­do obser­va­do las habi­li­da­des de Tell le pro­po­ne que él jue­gue por ella con su dine­ro para com­par­tir pos­te­rior­men­te las ganan­cias obte­ni­das. Con el trans­cur­so de los días Tell logra sen­tir un afec­to que pro­gre­si­va­men­te va aumen­tan­do has­ta cris­ta­li­zar­se sentimentalmente.

Tell verá su exis­ten­cia alte­ra­da cuan­do en una con­fe­ren­cia sobre temas de segu­ri­dad impar­ti­da por el ex sar­gen­to mayor John Gor­do (William Dafoe) a la que asis­te él es abor­da­do por Cirk (Tye She­ri­dan). Este joven le pide que ase­si­ne a Gor­do que había sido el jefe de los tor­tu­ra­do­res en la infa­me pri­sión ira­quí de Abu Ghraib duran­te los pri­me­ros años de gue­rra, en don­de tan­to su padre como Tell, obe­de­cien­do sus órde­nes tor­tu­ra­ron sal­va­je­men­te a los dete­ni­dos. Si bien ambos fue­ron pos­te­rior­men­te juz­ga­dos y encar­ce­la­dos por los crí­me­nes come­ti­dos, Gor­do salió impu­ne mien­tras que el padre del mucha­cho que­dó pro­fun­da­men­te trau­ma­ti­za­do lo que con­du­jo a su sui­ci­dio; por ese moti­vo Cirk desea ven­gar­se del des­pre­cia­ble ex mili­tar recu­rrien­do a Tell..

¿Podrá el infa­ti­ga­ble juga­dor vis­lum­brar la posi­bi­li­dad de redi­mir­se a tra­vés del apo­yo que pue­da brin­dar­le a Cirk? Con gran meticu­losi­dad, Schra­der cohe­sio­na el tema del jue­go con los dolo­ro­sos resa­bios de un ver­gon­zo­so pasa­do; así, inter­nán­do­se en la psi­quis de Ted refle­ja cómo las heri­das no cica­tri­za­das de las accio­nes mili­ta­res de la gue­rra en Irak lo han mar­ca­do con­fi­gu­ran­do su actual personalidad.

Len­ta­men­te y con mano fir­me el rea­li­za­dor va gene­ran­do un cau­ti­van­te rela­to que adquie­re pro­gre­si­va inten­si­dad emo­cio­nal has­ta desem­bo­car en un final impre­vi­si­ble que cie­rra mag­ní­fi­ca­men­te la odi­sea atra­ve­sa­da por su pro­ta­go­nis­ta. En tal sen­ti­do, Isaac en el mejor desem­pe­ño de su carre­ra pro­fe­sio­nal con ges­tos míni­mos rea­li­za una pro­di­gio­sa carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je que no obs­tan­te su frial­dad per­mi­te gene­rar com­ple­ta empa­tía. Asi­mis­mo cabe des­ta­car la excep­cio­nal foto­gra­fía de Ale­xan­der Dynan quien ha logra­do estu­pen­das imá­ge­nes en los flash­backs que repro­du­cen las tor­tu­ras infli­gi­das en Abu Ghraib.

Resu­mien­do, se pue­de afir­mar que Schra­der ha logra­do un poten­te dra­ma febril y alu­ci­nan­te que reper­cu­te hon­da­men­te en el áni­mo del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Fina Come­dia Culinaria

DELI­CIEUX. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2021. Un film de Éric Bes­nard. 112 minutos

Tal como lo anti­ci­pa su títu­lo, esta come­dia de épo­ca es sen­ci­lla­men­te deli­cio­sa. Ubi­cán­do­se en la Fran­cia rural en 1789, poco antes de la Revo­lu­ción Fran­ce­sa, el direc­tor Éric Bes­nard ofre­ce un rela­to culi­na­rio con cier­ta remi­nis­cen­cia a otros del géne­ro como lo fue la recor­da­da pelí­cu­la dane­sa El Fes­tin de Babet­te (1987) de Gabriel Axel.

En los cré­di­tos ini­cia­les se infor­ma que en el siglo 18 la coci­na era un pri­vi­le­gio que goza­ba la noble­za como medio de lucha con­tra el enemi­go y para demos­trar su gran­de­za. En tan­to, las posa­das y las pos­tas se encar­ga­ban de ofre­cer pla­tos sim­ples a los pasa­je­ros de paso, pero en gene­ral era raro comer fue­ra de casa dado que el res­tau­ran­te toda­vía no había sido inventado.

Isa­be­lle Carré y Gré­gory Gadebois

En base a lo que ante­ce­de, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Nico­las Boukh­rief intro­du­ce a Pie­rre Man­ce­ron (Gré­gory Gade­bois) un refi­na­do chef de coci­na tra­ba­jan­do para el duque de Cham­fort (Ben­ja­min Lavernhe). Cuan­do en una oca­sión espe­cial el duque aga­sa­ja con un ban­que­te a sus frí­vo­los ami­gos aris­tó­cra­tas con exqui­si­tos pla­tos pre­pa­ra­dos por Man­ce­ron, uno de ellos cri­ti­ca los ingre­dien­tes uti­li­za­dos; al sen­tir­se incó­mo­do por la situa­ción, el anfi­trión le pide al gas­tró­no­mo que se dis­cul­pe, pero éste rehú­sa hacer­lo al haber­se sen­ti­do humi­lla­do y afec­ta­do en su amor pro­pio; como con­se­cuen­cia él es des­pe­di­do de su cargo.

Jun­to con su inte­lec­tual hijo Ben­ja­min (Loren­zo Lefèb­vre), se ubi­ca en su sosie­ga casa cam­pes­tre situa­da en una cer­ca­na zona bos­co­sa con la inten­ción de dejar defi­ni­ti­va­men­te su vida culi­na­ria. La situa­ción se alte­ra con la lle­ga­da de Loui­se (Isa­be­lle Carré), una mis­te­rio­sa mujer, que le soli­ci­ta ser su apren­diz de coci­na; a cam­bio de ense­ñar­le los gajes del ofi­cio ella le ofre­ce sus esca­sos aho­rros. Reluc­tan­te en prin­ci­pio, Man­ce­ron, esti­mu­la­do por Loui­se y su hijo reto­ma su anti­gua pro­fe­sión con gran entu­sias­mo. Des­pués de atra­ve­sar algu­nos con­tra­tiem­pos, entre los mis­mos el de un ines­pe­ra­do-acci­den­te, con el trans­cur­so de las sema­nas Pie­rre jun­to a Loui­se, ya con­ver­ti­da en una exi­mia coci­ne­ra, ofre­cen deli­cio­sos man­ja­res a los pasa­je­ros que tran­si­tan el lugar; demás está decir que Man­ce­ron logra de este modo ven­gar­se del repu­dia­ble duque, como así mis­mo Loui­se, cuya ver­da­de­ra iden­ti­dad que­da reve­la­da, tam­bién tie­ne sobra­dos moti­vos para hacer­lo. De este modo sur­ge el pri­mer res­tau­ran­te gas­tro­nó­mi­co para que todo el mun­do sin dis­tin­ción de cla­se social pue­da dis­fru­tar de una bue­na comi­da; como es bien sabi­do, a tra­vés de los siglos la coci­na fran­ce­sa cons­ti­tu­ye un ele­men­to dis­tin­ti­vo de la iden­ti­dad del país.

Entre los valo­res posi­ti­vos de esta pelí­cu­la ‑no exen­ta de un bien­ve­ni­do humor y de cier­ta logra­da ten­sión- se des­ta­ca la inter­pre­ta­ción del dúo inte­gra­do por Gade­bois y Carré cau­ti­van­do por la nota­ble com­po­si­ción de sus per­so­na­jes y de la quí­mi­ca exis­ten­te entre ambos; igual­men­te resul­tan con­vin­cen­tes Lavernhe como el des­pre­cia­ble repre­sen­tan­te de la reale­za y Gui­llau­me de Ton­qué­dec como el jefe del equi­po de Chamf­fort. A ello se agre­ga la mara­vi­llo­sa y lumi­no­sa foto­gra­fía de Jean-Marie Dreu­jou ofre­cien­do una pano­rá­mi­ca pin­tu­ra visual a tra­vés del cam­bio de las esta­cio­nes como asi­mis­mo cap­tan­do la ela­bo­ra­ción de los ape­ti­to­sos man­ja­res. En suma, Bes­nard ha logra­do una fina come­dia de alta coci­na, muy bien diri­gi­da e imbui­da de una flui­da narra­ción; así su ágil rit­mo que en nin­gún momen­to decae per­mi­te que el públi­co la pue­da dis­fru­tar ple­na­men­te a lo lar­go de su desa­rro­llo.  Jor­ge Gut­man 

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (1)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Muri­na (Croa­cia-Bra­sil-Esta­dos Unidos-Eslovenia)

Con los bue­nos ante­ce­den­tes de haber obte­ni­do la Cáma­ra de Oro al mejor pri­mer film exhi­bi­do en el recien­te fes­ti­val de Can­nes y con Mar­tin Scor­ce­se como pro­duc­tor eje­cu­ti­vo lle­ga al TIFF Muri­na de la novel direc­to­ra Anto­ne­ta Ala­ma Kusi­ja­no­vić. En un guión que le per­te­ne­ce con la cola­bo­ra­ción de Frank Gra­ziano, la his­to­ria rela­ta­da per­mi­te crear en su ini­cio una sutil ten­sión que se va inten­si­fi­can­do a lo lar­go de su desarrollo.

Muri­na

La acción trans­cu­rre en una idí­li­ca isla croa­ta don­de su visión se ase­me­ja a una foto­gra­fía turís­ti­ca que invi­ta a visi­tar sus her­mo­sas pla­yas fren­te al inten­so mar azul. Allí habi­ta la joven Juli­ja (Gra­ci­ja Fili­po­vić) con su padre Ante (Leon Lučev) y su madre Nela (Dani­ca Cur­cic). La espe­cial atrac­ción que el mar ejer­ce en Juli­ja la moti­va a zam­bu­llir­se con fre­cuen­cia, com­pen­san­do en par­te el des­con­ten­to que expe­ri­men­ta. Des­de el comien­zo se hace evi­den­te cómo ella sufre inte­rior­men­te el bru­tal tra­to que le dis­pen­sa su auto­ri­ta­rio pro­ge­ni­tor a la vez que con­tem­pla cómo su madre lo tole­ra some­tién­do­se a su volun­tad sin protestar.

El rela­to adquie­re fuer­za cuan­do Javier (Cliff Cur­tis) arri­ba al lugar: él es un empre­sa­rio millo­na­rio y ami­go de juven­tud de Ante quien lo ha invi­ta­do para pro­po­ner­le su aso­cia­ción en un ambi­cio­so pro­yec­to que con­sis­te en trans­for­mar la isla en un paraí­so turís­ti­co que habrá de redi­tuar­les un gran bene­fi­cio. A par­tir de allí se va crean­do un cli­ma enra­re­ci­do cuan­do Nela comien­za a flir­tear con Javier y al pro­pio tiem­po Juli­ja ve en el hués­ped la for­ma de poder libe­rar­se de su bru­tal padre. Es aquí que se pro­du­ce el enfren­ta­mien­to de las dos muje­res tra­tan­do de sedu­cir a Javier como así tam­bién la vio­len­ta reac­ción de Ante al des­cu­brir las inten­cio­nes de su hija. De este modo el film va adqui­ri­len­do el carác­ter de un thri­ller en don­de todo está pre­pa­ra­do para que la tóxi­ca rela­ción de la mucha­cha con su padre lle­gue a estallar.

El elen­co se desem­pe­ña remar­ca­ble­men­te des­ta­can­do en espe­cial la nota­ble carac­te­ri­za­ción de Fili­po­vić como la joven ansio­sa de lograr su inde­pen­den­cia así como la de Lučev ani­man­do al des­pre­cia­ble machis­ta quien es cons­cien­te de que su fami­lia lo detes­ta. Por su par­te la foto­gra­fía de Hélè­ne Lou­vart cap­ta mag­ní­fi­ca­men­te la belle­za de la isla real­za­da por el colo­ri­do del ardien­te mar que se con­vier­te en un per­so­na­je adi­cio­nal de esta historia.

Este dra­ma croa­ta demues­tra la inusual madu­rez de Kusi­ja­no­vić como rea­li­za­do­ra cons­ti­tu­yen­do una muy bue­na car­ta de pre­sen­ta­ción para sus futu­ros proyectos.

Futu­ra (Ita­lia)

Pie­tro Mar­ce­llo, Ali­ce Roh­wa­cher y Fran­ce­so Mun­zi, tres impor­tan­tes direc­to­res de Ita­lia de la pre­sen­te gene­ra­ción, efec­túan un via­je a tra­vés del país con el pro­pó­si­to de entre­vis­tar a ado­les­cen­tes y jóve­nes entre 15 y 20 años de edad a fin de reca­bar sus pun­tos de vis­ta sobre cómo avi­zo­ran el futuro.

Futu­ra

Ese reco­rri­do a lo lar­go de Ita­lia que comen­zó en febre­ro de 2020 abar­có dife­ren­tes zonas urba­nas como asi­mis­mo rura­les de Roma, Milán, Nápo­les, Pisa, Turín, Savo­na, Vene­cia, Tren­to, Tre­vi­so, Pisa, Caglia­ri, Viter­bo, y Bres­cia; en esas entre­vis­tas que se rea­li­zan en gru­pos se detec­tan jóve­nes de dife­ren­te con­di­ción social, eco­nó­mi­ca e inte­lec­tual, quie­nes en mayor o menor gra­do res­pon­den a las pre­gun­tas de sus interlocutores.

Algu­nas res­pues­tas se carac­te­ri­zan por un mar­ca­do pesi­mis­mo al enfa­ti­zar que se vive en una socie­dad muy indi­vi­dua­lis­ta con un mun­do en deca­den­cia y sin aguar­dar mejo­ras en tal sen­ti­do. Otras opi­nio­nes coin­ci­den en afir­mar que no hay gran espe­ran­za de con­ce­bir un futu­ro pro­mi­so­rio en la Ita­lia actual y que resul­ta­ría con­ve­nien­te tra­ba­jar en el exte­rior. En el comen­ta­rio sobre las redes socia­les resul­ta intere­san­te escu­char cómo varios jóve­nes sos­tie­nen que las mis­mas cons­ti­tu­yen una pla­ga que alie­na a la per­so­na sin con­du­cir a algo posi­ti­vo y por lo tan­to es nece­sa­rio afir­mar­se en la vida real; indi­rec­ta­men­te hay refe­ren­cias acer­ca de cómo la tec­no­lo­gía afec­ta las rela­cio­nes personales.

La nece­si­dad de obte­ner en el futu­ro un buen tra­ba­jo que per­mi­ta una vida dig­na es lo que esta juven­tud aspi­ra pero para varios sub­sis­te la duda de si real­men­te una bue­na for­ma­ción aca­dé­mi­ca per­mi­ti­rá lograr­lo. En cuan­to a la pro­fe­sión que les gus­ta­ría ejer­cer, las res­pues­tas varían inclu­yen­do la de tra­ba­jar de actor en la tele­vi­sión, ser fut­bo­lis­ta, desem­pe­ñar­se como cri­mi­nó­lo­go foren­se, aspi­rar a ser médi­co, lograr ser exper­ta en belle­za, etc.

La pan­de­mia no se encuen­tra ausen­te del repor­ta­je y en ese aspec­to no hay res­pues­ta pre­ci­sa de cómo será el mun­do una vez que esta pesa­di­lla con­clu­ya; de todos modos, los vene­cia­nos lamen­tan la mane­ra en que el mal­di­to Covid afec­tó al turis­mo de la región que cons­ti­tu­ye su prin­ci­pal fuen­te de recursos.

De modo gene­ral que­da la impre­sión de las ansie­da­des, sue­ños y temo­res de una juven­tud cuya res­pues­ta sobre el futu­ro no resul­ta muy con­cre­ta; eso en par­te se debe a que la pre­gun­ta sobre el tema es muy amplia y no per­mi­te pro­fun­di­zar dema­sia­do; así hay quie­nes res­pon­den que en tiem­pos tan cam­bian­tes sólo se pue­de saber lo que ocu­rri­rá, maña­na, pasa­do o qui­zá has­ta algu­nos meses más pero impo­si­ble de aven­tu­rar­se a pre­de­cir lo que acon­te­ce­rá den­tro de 10 años. De todos modos, que­da como resul­ta­do un docu­men­tal que cap­ta el espí­ri­tu que ani­ma a la gene­ra­ción naci­da en el siglo actual y des­ti­na­da a vivir en un mun­do incier­to e inseguro.

Le Bal des Folles (Fran­cia)

En el fir­ma­men­to cine­ma­to­grá­fi­co de Fran­cia, Méla­nie Lau­rent se dis­tin­gue como una de las más des­ta­ca­das actri­ces y direc­to­ras. Tras su actua­ción en más de 35 pelí­cu­las y 4 lar­go­me­tra­jes como rea­li­za­do­ra, aho­ra retor­na con Le Bal des Folles don­de ade­más de asu­mir uno de los dos roles pro­ta­gó­ni­cos, es tam­bién la direc­to­ra y auto­ra del guión com­par­ti­do con Chris­tophe Deslandes.

Le Bal des Folles

El dra­ma trans­cu­rre en Fran­cia hacia fina­les del siglo 19 pre­sen­tan­do a Eugé­nie (Lou de Laâ­ge) quien es una joven que está dota­da de un don espe­cial por el que oye y ve a los muer­tos. De libre espí­ri­tu y libe­ral para las cos­tum­bres de la épo­ca y per­te­ne­cien­do a un hogar de la alta bur­gue­sía, su fami­lia se encuen­tra alar­ma­da por sus visio­nes cre­yen­do que hay algo raro en ella; con­se­cuen­te­men­te, su padre deci­de inter­nar­la ‑en con­tra de su volun­tad- en la clí­ni­ca neu­ro­ló­gi­ca de Pitié-Sal­pê­triè­re ubi­ca­da en París, diri­gi­da por el pro­fe­sor Jean-Mar­tin Char­cot (Gré­goi­re Bon­net) quien es con­si­de­ra­do un pio­ne­ro de la psiquiatría.

Prác­ti­ca­men­te ence­rra­da y pri­va­da de liber­tad, el sitio no pue­de resul­tar más depri­men­te para ella al tener que con­vi­vir con muje­res de toda edad diag­nos­ti­ca­das de his­te­ria, epi­lep­sia y de enfer­me­dad men­tal. A pesar de los esfuer­zos que Eugé­nie rea­li­za demos­tran­do que está en su sano jui­cio, nada cam­bia has­ta el momen­to en que se vin­cu­la con Gene­viè­ve (Méla­nie Lau­rent), la enfer­me­ra de la uni­dad neu­ro­ló­gi­ca que se encuen­tra ator­men­ta­da por la muer­te de su her­ma­na; cuan­do la joven le demues­tra que efec­ti­va­men­te es capaz de comu­ni­car­se con el espí­ri­tu de su her­ma­na, Gene­viè­ve le ayu­da­rá a cam­biar su destino.

Basa­da en la pre­mia­da nove­la de la escri­to­ra Vic­to­ria Mas publi­ca­da en 2019, la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de Lau­rent res­pe­ta la ver­sión ori­gi­nal, trans­mi­tien­do muy bien la miso­gi­nia de la épo­ca, el con­ro­ver­ti­do rol que en cier­tos casos asu­me la psi­quia­tría en nom­bre de la obje­ti­vi­dad cien­tí­fi­ca — en este caso a tra­vés del méto­do emplea­do por el nar­ci­sis­ta Char­cot– y sobre todo el tra­to muchas veces inhu­mano reci­bi­do por los pacientes.

A las irre­pro­cha­bles actua­cio­nes de Laâ­ge como la des­afor­tu­na­da Eugé­nie y de Lau­rent como la huma­na enfer­me­ra se aña­de la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de la cineas­ta; la mis­ma alcan­za su cli­max en el gran bai­le que rea­li­za el hos­pi­tal para los habi­tan­tes de París en don­de las inter­nas dis­fra­za­das con extra­va­gan­tes atuen­dos dan­zan al com­pás de los valses.