Bajo Un Mis­mo Cielo

SOUS UN MĒME SOLEIL / UNDER THE SAME SUN. Cana­dá, 2020. Un docu­men­tal de Fra­nçois Jacob, 97 minutos

El con­flic­to laten­te que exis­te entre Arme­nia y Azer­bai­yán con res­pec­to a la per­te­nen­cia terri­to­rial de Nagorno-Kara­baj es tra­ta­do con con­si­de­ra­ble minu­cio­si­dad por el direc­tor Fra­nçois Girard. Habien­do via­ja­do a la zona, el rea­li­za­dor con total pru­den­cia cui­da de no tomar par­ti­do por nin­guno de los dos paí­ses invo­lu­cra­dos, para así per­mi­tir que el espec­ta­dor pue­da for­mar su pro­pia opi­nión de lo que tras­cien­de en el documental.

Una esce­na del docu­men­tal SOUS UN MĒME SOLEIL

Cuan­do en 1988 se pro­du­jo el colap­so de la URSS, Nagorno-Kara­baj que era par­te inte­gran­te del país sovié­ti­co Azer­bai­yán pero esta­ba habi­ta­do mayo­ri­ta­ria­men­te por arme­nios, tra­tó de unir­se a Arme­nia. Lo cier­to es que a la pos­tre se decla­ró inde­pen­dien­te como nación a pesar de no ser reco­no­ci­da como tal a nivel inter­na­cio­nal. Es así que en 1991 Arme­nia y Azer­bai­yán se dispu­taron esa zona por la que se pro­du­jo una gue­rra que en 1994 cesó con un alto el fuego.

Eso no sig­ni­fi­có haber logra­do la paz dado que hacia fina­les de sep­tiem­bre de 2020, des­pués de haber­se rea­li­za­do este film, esta­lló nue­va­men­te la gue­rra entre ambos paí­ses que duran­te 6 sema­nas evi­den­ció una vio­len­cia aún mayor que la pro­du­ci­da en la déca­da del 90; es aho­ra que rige un nue­vo acuer­do de paz nego­cia­do por Rusia pero que obvia­men­te pone en duda cuán­to habrá de durar.

Loa­ble es el esfuer­zo de Jacob lle­van­do su cáma­ra para tes­ti­mo­niar lo que acon­te­ce en los dos paí­ses como tam­bién en Nagorno-Kara­baj a tra­vés del con­tac­to y entre­vis­tas rea­li­za­das a algu­nos de sus habi­tan­tes, refu­gia­dos de Baku (capi­tal de Azer­bai­yán) como asi­mis­mo a renom­bra­dos inte­lec­tua­les. Entre los mis­mos se encuen­tra la acti­vis­ta arme­nia-ame­ri­ca­na Anna Tur­cot­te naci­da en Azer­bai­yán, quien se refie­re con gran pena a las atro­ci­da­des come­ti­das por los azer­bai­ya­nos. Intere­san­te son los comen­ta­rios del ana­lis­ta polí­ti­co de Azer­bai­yán Hik­met Hadjy-Zadeh quien defen­dien­do la cau­sa de su país seña­la que los arme­nios lle­van con­si­go el dra­ma del geno­ci­dio sufri­do un siglo atrás por Tur­quía y aho­ra car­gan la cul­pa de lo que suce­de a Azer­bai­yán. Tam­bién se escu­cha al escri­tor azer­bai­yano Akram Ayh­lis­li sobre sus refle­xio­nes acer­ca de la bon­dad huma­na. Igual­men­te es impor­tan­te lo que aco­ta el ana­lis­ta polí­ti­co arme­nio Alek­sandr Iskan­dar­ya al seña­lar que la dispu­ta de Nagorno-Kara­baj pue­de ser com­pa­ra­da con el con­flic­to ára­be-israe­lí rela­ti­vo a la ciu­dad de Jerusalén.

Lo más tras­cen­den­te del docu­men­tal se refle­ja en su par­te final que trans­cu­rre en Esta­dos Uni­dos don­de el perio­dis­ta azer­bai­yano Davan Sey­fu­lla­yev y su com­pa­ñe­ra efec­túan un repor­ta­je a Anna Tur­cot­te. El resul­ta­do del mis­mo se ase­me­ja a un per­fec­to diá­lo­go de sor­dos don­de cada uno rati­fi­ca su ina­mo­vi­ble posi­ción; lo mis­mo se pue­de infe­rir de las entre­vis­tas rea­li­za­das por Jacob en las que cada una de las par­tes defien­de con con­si­de­ra­ble emo­ción su res­pec­ti­vo pun­to de vis­ta. Con­se­cuen­te­men­te, por el momen­to no se avi­zo­ra una solu­ción defi­ni­ti­va a este con­flic­to étni­co entre la mayo­ría cris­tia­na orto­do­xa de arme­nios apo­ya­dos por Rusia y la mayo­ría musul­ma­na de Azer­bai­yán que cuen­ta con el res­pal­do de Tur­quía. ¿Es posi­ble dejar el resen­ti­mien­to y odio por detrás tra­tan­do de crear un puen­te de unión en defen­sa de los dere­chos humanos?

Ade­más del buen enfo­que brin­da­do al tema cen­tral, el dra­má­ti­co docu­men­tal de Jacob quien a la vez es res­pon­sa­ble de la impe­ca­ble foto­gra­fía, per­mi­te vis­lum­brar algu­nos ras­gos cul­tu­ra­les de los paí­ses invo­lu­cra­dos refle­ja­dos en el queha­cer coti­diano, inclu­yen­do su músi­ca y dan­zas. Jor­ge Gutman

La Difí­cil Migración

SIN LA HABA­NA. Cuba-Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Kaveh Naba­tian. 94 minutos.

Debu­tan­do en el lar­go­me­tra­je, el direc­tor y músi­co ira­ni-cana­dien­se Kaveh Nabat­tan ofre­ce un sobrio docu­men­tal enfo­can­do las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por jóve­nes cuba­nos que inten­tan radi­car­se en Canadá.

Yonah Acos­ta

El guión del rea­li­za­dor escri­to con­jun­ta­men­te con Pablo Herre­ra comien­za en La Haba­na ofre­cien­do una intere­san­te pin­tu­ra de la ciu­dad como asi­mis­mo una des­crip­ción de la apre­mian­te situa­ción eco­nó­mi­ca de cier­tos sec­to­res de la pobla­ción. En ese con­tex­to Leo­nar­do (Yonah Acos­ta), un dota­do bai­la­rín de dan­za clá­si­ca, aspi­ra a lograr un amplio reco­no­ci­mien­to en la com­pa­ñía de dan­za don­de actúa y cuyo pró­xi­mo espec­tácu­lo es el ballet Romeo y Julie­ta. Como aguar­da­ba obte­ner el rol pro­ta­gó­ni­co, no pue­de disi­mu­lar su dis­gus­to al haber sido asig­na­do un papel secun­da­rio; el hecho ori­gi­na una seria fric­ción con el direc­tor del ballet lo que moti­va a que sea despedido.

En tan­to Sara (Evelyn O’Fa­rrill), su ambi­cio­sa novia abo­ga­da, ins­ta a Leo­nar­do a que dejen la isla en pro­cu­ra de un por­ve­nir más ven­tu­ro­so en Nor­te­amé­ri­ca. La opor­tu­ni­dad se pre­sen­ta cuan­do el bai­la­rín, ofre­cien­do cla­ses de sal­sa en la escue­la don­de ense­ña, cono­ce a Nasim (Aki Yaghou­bi), una turis­ta cana­dien­se divor­cia­da de ascen­den­cia ira­ní que sim­pa­ti­za con él; al poco tiem­po logra sedu­cir­la y ella lo invi­ta con un pasa­je de avión para que se tras­la­de a Mon­treal, don­de resi­de. Todo pare­ce­ría indi­car que está abier­ta la posi­bi­li­dad para que Leo­nar­do pue­da obte­ner a tra­vés de Nasim la resi­den­cia legal en Cana­dá y pos­te­rior­men­te con­se­guir­la para Sara. Con todo a su lle­ga­da a la fran­có­fo­na ciu­dad Leo­nar­do com­prue­ba que su sue­ño cana­dien­se está lejos de con­cre­tar­se al no tener éxi­to en los audi­cio­nes de dan­za en las que se pre­sen­ta; a eso se agre­ga que encon­trán­do­se sin la per­ti­nen­te docu­men­ta­ción legal ten­ga que acep­tar un tra­ba­jo de baja remu­ne­ra­ción que nada tie­ne que ver con su pro­fe­sión habitual.

Ade­más de emplear la dan­za y la músi­ca como ele­men­tos que enri­que­cen al film, lo más impor­tan­te es cómo Naba­tian con fina sen­si­bi­li­dad ana­li­za psi­co­ló­gi­ca­men­te a sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes con sus ilu­sio­nes y sin­sa­bo­res a tra­vés de un trián­gu­lo román­ti­co que se va desin­te­gran­do por los ava­ta­res del des­tino. Asi­mis­mo el rea­li­za­dor ofre­ce intere­san­tes con­tras­tes cul­tu­ra­les exis­ten­tes entre Cuba y Cana­dá e igual­men­te mues­tra aspec­tos no muy cono­ci­dos de la cul­tu­ra ira­ní mon­trea­len­se en don­de no están exen­tos los pre­jui­cios racia­les a fin de sal­va­guar­dar los lazos fami­lia­res del país de origen.

Con acto­res caris­má­ti­cos que se aden­tran satis­fac­to­ria­men­te en la piel de sus per­so­na­jes y la arti­cu­la­da narra­ción del direc­tor, Sin La Haba­na es un film que ana­li­zan­do con serie­dad la temá­ti­ca de la migra­ción per­mi­te man­te­ner la aten­ción del espectador.
Jor­ge Gutman

Una His­to­ria Real

FLAG DAY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Sean Penn. 108 minutos

Varias carac­te­rís­ti­cas dis­tin­guen al recien­te film de Sean Penn. En pri­mer lugar la his­to­ria ver­da­de­ra que se rela­ta está basa­da en la auto­bio­gra­fía de la perio­dis­ta Jen­ni­fer Vogel publi­ca­da en su libro Flim-Flam Man: The True Story of Muy Fathe­r’s Coun­ter­feit Life de 2004 don­de a mane­ra de catar­sis trans­mi­te la expe­rien­cia vivi­da con su pro­ge­ni­tor, tal como su títu­lo lo anti­ci­pa. En segun­do lugar, Penn por pri­me­ra vez diri­ge y actúa al mis­mo tiem­po hacién­do­lo con su hija Dylan como co-pro­ta­go­nis­ta, ade­más de incluir en el repar­to a su hijo Hop­per Jack. Fina­men­te, en la fic­ción del rela­to los reales per­so­na­jes de Jen­ni­fer y su padre John Vogel están carac­te­ri­za­dos por Dylan y Sean.

Sean y Dylan Penn

Ape­lan­do a una narra­ción no cro­no­ló­gi­ca y a veces inne­ce­sa­ria por­que tien­de a con­fun­dir, el rea­li­za­dor se vale del guión de Jez But­ter­worth y John-Henry But­ter­worth para sumer­gir al espec­ta­dor en el mun­do de Jen­ni­fer a par­tir de sus años de infan­cia. A comien­zos de la déca­da del 70, en Min­ne­so­ta ella es cria­da por sus padres John y Patty (Katheryn Win­nick); tan­to la niña (Addi­son Tymec) de 6 años como su her­ma­ni­to Nick (Bec­kam Craw­ford) de 4, gozan al prin­ci­pio de la des­preo­cu­pa­ción infan­til; pero la feli­ci­dad se trun­ca a cau­sa de su pro­ge­ni­tor irres­pon­sa­ble en los aspec­tos finan­cie­ros don­de al estar seria­men­te endeu­da­do deja el hogar. En la medi­da que Patty es adic­ta a la bebi­da y ade­más depre­si­va, los niños optan por vivir con John en el hogar que aho­ra com­par­te con su ami­ga Deb­bie (Bai­ley Noble). Hay varias esce­nas que evi­den­cian el cari­ño y la comu­ni­ca­ción espe­cial exis­ten­te entre padre e hija.

Cuan­do años des­pués, Jen­ni­fer (Dylan) es ya una ado­les­cen­te vivien­do nue­va­men­te con su madre, quien está uni­da a un hom­bre que inten­ta asal­tar­la sexual­men­te, ella deja defi­ni­ti­va­men­te su hogar para nue­va­men­te habi­tar con John, aun­que Nick (Hop­per Jack Penn) sigue con su madre. Es a par­tir de allí que la mucha­cha comien­za a com­pro­bar que los nego­cios que su padre le dice estar invo­lu­cra­dos, no son nada lim­pios. No obs­tan­te el mutuo amor exis­ten­te entre ambos, Jen­ni­fer sufre una gran decep­ción cuan­do John atra­ca un ban­co y es con­de­na­do a 15 años de pri­sión. En tan­to, ella per­si­gue una carre­ra de perio­dis­mo en la Uni­ver­si­dad de Mines­so­ta, don­de una vez gra­dua­da obtie­ne un impor­tan­te empleo en un perió­di­co de Min­nea­po­lis; a todo ello, se man­tie­ne ale­ja­da de su pro­ge­ni­tor des­pués de una visi­ta a la cár­cel que trans­cu­rre en un cli­ma de alta tensión.

A media­dos de los años 90, John retor­na a la vida civil y rea­li­za deno­da­dos esfuer­zos para comu­ni­car­se con su hija y espe­ran­do que le dé una segun­da opor­tu­ni­dad al ase­gu­rar­le que está enca­mi­na­do seria­men­te en una empre­sa de impren­ta y foto­co­pias. La reali­dad es bien otra cuan­do en 1995 se des­cu­bre que el maniá­ti­co indi­vi­duo ha fabri­ca­do con una maes­tría insu­pe­ra­ble 22 millo­nes de dólares.

El film gra­vi­ta por la super­la­ti­va inter­pre­ta­ción de Sean y Dylan. Del rea­li­za­dor como actor no resul­ta sor­pren­den­te por­que en nume­ro­sos fil­mes por él acrtua­dos ha demos­tra­do ser uno de los mejo­res del cine ame­ri­cano; aquí nue­va­men­te des­lum­bra en la per­so­na­li­dad de un deli­ran­te, tima­dor, embau­ca­dor y com­pul­si­vo men­ti­ro­so, don­de el cari­ño de su hija cons­ti­tu­ye el ver­da­de­ro ali­cien­te de su exis­ten­cia. Por su par­te, Dylan es todo una reve­la­ción demos­tran­do su excep­cio­nal madu­rez como la hija pro­fun­da­men­te des­ilu­sio­na­da que pre­ten­de trans­for­mar a su ama­do padre sin poder lograr­lo. La rea­li­za­ción de Penn es un tan­to des­igual al optar por una narra­ción que se vuel­ve repe­ti­ti­va; de todos modos, ha logra­do un dra­ma fami­liar que aun­que lejos de excep­cio­nal brin­da algu­nos momen­tos de genui­na emo­ción en la com­ple­ja rela­ción de una abne­ga­da hija con un padre delin­cuen­te. Jor­ge Gutman

El Cua­dro Perdido

THE LOST LEO­NAR­DO. Dina­mar­ca-Fran­cia-Sue­cia, 2021. Un docu­men­tal de Andreas Koe­foed. 94 minutos

Con los atri­bu­tos pro­pios de una mis­te­rio­sa pelí­cu­la de fic­ción, el docu­men­tal de Andreas Koe­foed cau­ti­va des­de su ini­cio has­ta la últi­ma esce­na. Varias veces se ha dado la cir­cuns­tan­cia de des­cu­brir obras de arte de renom­bra­dos auto­res des­apa­re­ci­dos, sin embar­go nada se com­pa­ra con el tema prin­ci­pal de este film cen­tra­do en deter­mi­nar la auten­ti­ci­dad de un cua­dro de Leo­nar­do Da Vinci.

El cua­dro perdido

La his­to­ria comien­za en 2005 cuan­do Ale­xan­der Parish, un aman­te de la pin­tu­ra, en un rema­te rea­li­za­do en New Orle­nas adquie­re un cua­dro que le resul­ta atrac­ti­vo por el mon­to de 1.175 dóla­res. Con su aso­cia­do finan­cie­ro Robert Simon, un mar­chan­te de arte, deci­den con­tra­tar los ser­vi­cios de la renom­bra­da res­tau­ra­do­ra neo­yor­ki­na Dian­ne Modes­ti­ni a fin de efec­tuar su lim­pie­za y restauración.

A medi­da que ella va rea­li­zan­do su tra­ba­jo des­cu­bre que la pin­tu­ra es el Sal­va­tor Mun­di, una obra de Da Vin­ci que se daba por pér­di­da. Para veri­fi­car su auten­ti­ci­dad ese cua­dro es some­ti­do a una impor­tan­te varie­dad de exper­tos inclu­yen­do cura­do­res de impor­tan­tes museos como el de la Natio­nal Gallery de Lon­dres, his­to­ria­do­res, res­tau­ra­do­res y mar­chan­tes de arte e inves­ti­ga­do­res perio­dis­tas en la mate­ria. La mayo­ría de los que han sido con­vo­ca­dos creen que la pin­tu­ra efec­ti­va­men­te es auto­ría de Da Vin­ci; sin embar­go Jerry Saltz, el encum­bra­do crí­ti­co de arte de Nue­va York y gana­dor del Pre­mio Pulitzer, demues­tra un total escep­ti­cis­mo con­si­de­ran­do que el tra­ba­jo es una pobre pin­tu­ra y que de mane­ra algu­na pue­de ser atri­bui­do a Leo­nar­do. Como en todo caso las opi­nio­nes posi­ti­vas pre­va­le­cen aun­que no exis­ta prue­ba abso­lu­ta­men­te feha­cien­te de que así sea, el cua­dro se vuel­ve famo­so y es obje­to de una expo­si­ción impor­tan­te en 2011 en la Natio­nal Gallery de Lon­dres. Natu­ral­men­te la cele­bri­dad de la obra adquie­re un astro­nó­mi­co valor comer­cial sien­do adqui­ri­da en 2013 por el comer­cian­te sui­zo Yves Bou­vier en 83 millo­nes de dóla­res para inme­dia­ta­men­te ser reven­di­da con un des­co­mu­nal aumen­to a Dimi­tri Rybo­lo­vlev, un ruso millo­na­rio colec­cio­nis­ta de arte. Sin embar­go el tras­pa­so de due­ños no ter­mi­na allí sino que cul­mi­na en 2017 en la his­tó­ri­ca subas­ta rea­li­za­da por la Casa Chris­tie’s de Nue­va York don­de alcan­za el mon­to side­ral de 400 millo­nes de dóla­res más 50 millo­nes de comi­sión por la transacción;

Por lo que ante­ce­de, Sal­va­tor Mun­di se con­vier­te en la obra artís­ti­ca más cara de todos los tiem­pos; si bien en un prin­ci­pio se man­tu­vo en reser­va el nom­bre de su com­pra­dor final­men­te se reve­ló que fue Moham­med bin Sal­man, el prín­ci­pe here­de­ro de Ara­bia Sau­di­ta, a quien se le atri­bu­ye el haber ins­ti­ga­do el ase­si­na­to del perio­dis­ta opo­si­tor Jamal Khashog­gi en el con­su­la­do en Estam­bul en octu­bre de 2018.

Si bien exis­tió en prin­ci­pio un acuer­do para que en 2019 el cua­dro fue­se exhi­bi­do en el Museo del Lou­vre como uno más de la expo­si­ción inte­gral dedi­ca­da a Da Vin­ci en con­me­mo­ra­ción de los 5 siglos de su falle­ci­mien­to, el prín­ci­pe rehu­só a pres­tar­lo al ser­le nega­do el dere­cho de que estu­vie­se expues­to jus­to al lado de la céle­bre Mona Lisa. A la hora actual no se sabe con cer­te­za dón­de se encuen­tra depo­si­ta­da esta reli­quia, si aca­so en el lujo­so yate del poten­ta­do here­de­ro de la coro­na sau­di­ta o bien en algún puer­to fran­co del arte que cons­ti­tu­ye un paraí­so legal y fis­cal don­de no exis­te juris­dic­ción alguna.

El exce­len­te tra­ba­jo ofre­ci­do por Koe­foed no solo expo­ne de mane­ra absor­ben­te la tra­ve­sía de este mis­te­rio­so cua­dro que a pesar de su astro­nó­mi­co valor paga­do que­dan dudas sobre su auten­ti­ci­dad. Lo más impor­tan­te es que ilus­tra la par­te oscu­ra de los nego­cia­do­res de arte don­de no es la ver­da­de­ra apre­cia­ción del tra­ba­jo pic­tó­ri­co lo que cuen­ta sino la capa­ci­dad de reven­ta de que pue­de ser obje­to y obvia­men­te el ren­di­mien­to eco­nó­mi­co que se obtie­ne; así meta­fó­ri­ca­men­te en el film se alu­de a un nido de víbo­ras en el que se encuen­tran en jue­go las dis­tin­tas tác­ti­cas y dis­cu­ti­bles tre­tas uti­li­za­das para acu­mu­lar rique­za que en últi­ma ins­tan­cia gene­ra poder y como bien lo espe­ci­fi­ca Jerry Saltz “el poder nun­ca es neu­tral”. Es ahí don­de se pone en evi­den­cia que en cier­tas cir­cuns­tan­cias quie­nes están invo­lu­cra­dos en este nego­cio, inclu­yen­do los due­ños de subas­tas artís­ti­cas, no están real­men­te intere­sa­dos en el arte sino que actúan como codi­cio­sos mer­ca­de­res tra­tan­do de obte­ner el máxi­mo bene­fi­cio en cada una de las ope­ra­cio­nes rea­li­za­das. Eso es lo que este docu­men­tal trans­mi­te de mane­ra remar­ca­ble dejan­do lugar para refle­xio­nar cómo la obra de un renom­bra­do artis­ta poco impor­ta que sea ver­da­de­ra para que­dar suje­ta a un mani­pu­leo de com­pra-ven­ta al igual que cual­quier otro pro­duc­to comer­cial. En suma, este atra­pan­te docu­men­tal, agra­cia­do por la exce­len­te edi­ción de Nico­lás Nør­gaard Staf­fo­la­ni, es alta­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

Apren­dien­do a Madurar

MARIA. Cana­dá, 2021. Un film de Alec Pro­no­vost. 90 minutos

Esta come­dia de Alec Pro­no­vost está rea­li­za­da para el luci­mien­to de Maria­na Maz­za, la ani­ma­do­ra, auto­ra y humo­ris­ta que goza de enor­me popu­la­ri­dad en la pro­vin­cia de Que­bec; si bien ella ya había par­ti­ci­pa­do en el cine en pape­les de apo­yo (Bon Cop, Bad Cop, Bad Cop 2 y De père en flic 2), es con Maria don­de asu­me por pri­me­ra vez el rol pro­ta­gó­ni­co, ade­más de ser la co-guio­nis­ta del rela­to escri­to con Jus­ti­ne Philie.

Maria­na Mazza

María (Maz­za) es una trein­ta­ñe­ra con la men­ta­li­dad pro­pia de una ado­les­cen­te des­ubi­ca­da. Ya en la pri­me­ra esce­na se la obser­va en una audi­ción para aspi­rar como actriz pero es recha­za­da por su fal­ta de expre­si­vi­dad. Sin rum­bo fijo ni rela­ción sen­ti­men­tal algu­na ella vive con su madre (Isa­bel Dos Sanos), quien encon­trán­do­se enfer­ma de un cán­cer ter­mi­nal le supli­ca que pro­cu­re un empleo esta­ble que le per­mi­ta vivir ade­cua­da­men­te para cuan­do ella ya no esté más a su lado.

Es así que sin mucho entu­sias­mo pero para satis­fa­cer el deseo mater­nal María acep­ta un pues­to de pro­fe­so­ra suplen­te en una escue­la públi­ca de edu­ca­ción secun­da­ria que le ofre­ce su des­en­ga­ña­da direc­to­ra (Kori­ne Côté); así, sin expe­rien­cia algu­na en la mate­ria tie­ne que enfren­tar a indis­ci­pli­na­dos ado­les­cen­tes y en tal sen­ti­do el rela­to ofre­ce una visión, aun­que epi­dér­mi­ca, de la rela­ción que hoy día se mani­fies­ta entre docen­tes y alum­nos. En su vida social cuen­ta con la amis­tad brin­da­da por sus ami­gas Lau­ra (Ali­ce Pas­cual) y Raphaë­lle (Flo­ren­ce Long­pré) quie­nes si bien la esti­man no dejan de repro­char­le su evi­den­te narcisismo.

Pro­no­vost, que cuen­ta con bue­na expe­rien­cia como rea­li­za­dor de tele­vi­sión, aquí ofre­ce una pues­ta en esce­na con­ven­cio­nal cui­dan­do en todo momen­to de que el tono cómi­co del rela­to no des­bor­de en la cari­ca­tu­ra. La obje­ción a esta livia­na come­dia resi­de en el guión no muy ins­pi­ra­do en don­de varias de las situa­cio­nes que se sus­ci­tan serían más adap­ta­bles para la tele­vi­sión que para el cine; por otra par­te, cier­ta crí­ti­ca social que podría des­pren­der­se de la his­to­ria pro­pues­ta no alcan­za a trascender.

El incon­ve­nien­te apun­ta­do es en par­te miti­ga­do por la actua­ción de Maz­za. Con su arro­lla­do­ra per­so­na­li­dad ella impri­me dina­mis­mo a la his­to­ria don­de su per­so­na­je, ape­lan­do a un humor fran­co y a veces un tan­to vul­gar, trans­mi­te la ter­nu­ra ocul­ta de un ser humano que ade­más de afec­to pro­cu­ra adqui­rir su pro­pia iden­ti­dad con una mayor con­fian­za en sí mis­ma; en par­te María lo logra a tra­vés del pro­ce­so de madu­rez que expe­ri­men­ta en el con­tac­to man­te­ni­do con sus alum­nos. Sin duda que la actua­ción de la humo­ris­ta satis­fa­rá a sus fie­les segui­do­res que han goza­do con sus espec­tácu­los ofre­ci­dos en diver­sos esce­na­rios de Que­bec como igual­men­te en sus exi­to­sos pro­gra­mas televisivos.

Aun­que Maz­za cons­ti­tu­ye la colum­na ver­te­bral del film, cabe dis­tin­guir la muy bue­na par­ti­ci­pa­ción del res­to del elen­co con espe­cial men­ción de Long­pré, Pas­cual, Dos San­tos, Côté, Chris­ti­ne Morency, y la bre­ve apa­ri­ción de Yves Jac­ques. En esen­cia, sin ser una come­dia tras­cen­den­te, la mis­ma se deja ver aun­que más no sea por la inne­ga­ble sim­pa­tía que su pro­ta­go­nis­ta des­ti­la. Jor­ge Gutman