Home­na­jean­do a Céline

ALI­NE. Fran­cia-Cana­dá, 2020. Un film de Valé­rie Lemer­cier. 123 minutos

Ins­pi­ra­da libre­men­te en la vida de la super diva Céli­ne Dion, la actriz, guio­nis­ta y rea­li­za­do­ra Valé­rie Lemer­cier con­si­de­ra su tra­yec­to­ria des­de su infan­cia has­ta la épo­ca actual.  Aun­que es bien cono­ci­da la carre­ra artís­ti­ca de Dion, gran par­te del inte­rés de esta bio­gra­fía resi­de en abor­dar deta­lles de su vida per­so­nal; aun­que los per­so­na­jes son autén­ti­cos, sus nom­bres han sido modificados.

Valé­rie Lemercier

En el guión de la rea­li­za­do­ra escri­to con Bri­git­te Buc se enfo­ca a la gran fami­lia de la estre­lla don­de ella es la menor de los 14 hijos que tuvie­ron sus padres Anglo­mard (Roc Lafor­tu­ne) y Syl­vet­te Dieu (Danie­lle Fichaud) en Char­le­mag­ne, Que­bec. Ya a los 12 años de edad Ali­ne (Lemer­cier) demues­tra nota­bles dotes para el can­to; esti­mu­la­da por su empren­de­do­ra madre no tar­da­rá mucho para que el pro­duc­tor Guy-Clau­de Kamar (Syl­vain Mar­cel) habien­do escu­cha­do un caset gra­ba­do por la ado­les­cen­te que­de gra­ta­men­te sor­pren­di­do por su remar­ca­ble voz. Aun­que siem­pre guia­da y acom­pa­ña­da por Syl­vet­te será Guy-Clau­de quien hará que su carre­ra empren­da vue­lo has­ta lle­gar a la cumbre.

Ya a los 17 años de edad Ali­ne se ena­mo­ra de su repre­sen­tan­te pro­fe­sio­nal inquie­tan­do a su pose­si­va madre que no ve con bue­nos ojos que su hija una su vida con un hom­bre 26 años mayor que ella y a la vez divor­cia­do; con todo, dejan­do de lado las obje­cio­nes de Syl­vet­te, el amor pue­de más para Ali­ne en don­de en una esce­na muy emo­ti­va sabo­rean­do en Ita­lia un hela­do de cho­co­la­te ella encuen­tra el ani­llo de casa­mien­to que su ama­do Guy-Clau­de colo­có en su inte­rior. Ape­na­da en un prin­ci­pio por no poder que­dar emba­ra­za­da, des­pués de un tra­ta­mien­to ella logra con­ce­bir un varón y varios años des­pués su hogar se com­ple­ta con mellizos.

Si bien el rela­to enfo­ca los con­cier­tos de la diva tan­to en Cana­dá, Esta­dos Uni­dos como asi­mis­mo en Euro­pa ‑espe­cial­men­te París- el guión demues­tra que no todo es color de rosa para Ali­ne. Es así que su mul­ti­car­ga­da agen­da pre­pa­ra­da por su mari­do moti­va que una afec­ción a las cuer­das voca­les la obli­gue en cier­to momen­to a tener que can­ce­lar sus actua­cio­nes como asi­mis­mo no hablar por 3 meses a fin de recu­pe­rar su voz y poder vol­ver al rue­do. Aun­que el cari­ño y eufo­ria de su públi­co la gra­ti­fi­ca, lo cier­to es que cuen­ta con un limi­ta­do espa­cio para su pri­va­ci­dad; en tal sen­ti­do el rela­to ilus­tra muy bien la difi­cul­tad de equi­li­brar satis­fac­to­ria­men­te el rol de la triun­fal artis­ta de Las Vegas con el de madre de sus ado­ra­dos 3 hijos quie­nes desea­rían com­par­tir más tiem­po con ella. Final­men­te, cuan­do la tra­ge­dia irrum­pe al morir Guy-Clau­de, el hom­bre de sus sue­ños, ella debe disi­mu­lar fren­te a su públi­co el inmen­so dolor y la sole­dad que la envuel­ve por­que “el espec­tácu­lo debe continuar”.

Den­tro de los cáno­nes de un rela­to clá­si­co, Lemer­cier ha logra­do trans­mi­tir mara­vi­llo­sa­men­te la per­so­na­li­dad de Céli­ne en la que la pasión y el entu­sias­mo que la embar­ga resul­ta posi­ti­va­men­te con­ta­gio­so; su mími­ca, movi­mien­tos, des­pla­za­mien­tos y su actua­ción en el esce­na­rio cons­ti­tu­ye una imi­ta­ción per­fec­ta de la can­tan­te, aun­que las can­cio­nes son muy bien inter­pre­ta­das por la soprano Vic­to­ria Sio. Igual­men­te es con­vin­cen­te la actua­ción de Mar­cel quien brin­da el per­fil que el públi­co tie­ne de René Angé­lil. No obs­tan­te quien se lle­va las pal­mas es Fichaud com­po­nien­do a Maman Dieu, una impe­tuo­sa y deci­di­da pro­ge­ni­to­ra que no repa­ra en uti­li­zar cual­quier medio con tal de lograr que su prin­ce­sa alcan­ce la cima del éxi­to; su excep­cio­nal inter­pre­ta­ción per­mi­te que esta his­to­ria se ade­re­ce con notas de sabro­so humor.

Aun­que que­de la duda si lo que el film expo­ne refle­ja feha­cien­te­men­te lo vivi­do por Céli­ne, lo cier­to es que Lemer­cier ofre­ce un her­mo­so home­na­je a la diva a tra­vés de una his­to­ria que ade­más de agra­dar a sus fie­les segui­do­res, sin duda algu­na satis­fa­rá ple­na­men­te a una inmen­sa audien­cia. Jor­ge Gutman

Un Muy Buen Western

THE POWER OF THE DOG. Aus­tra­lia-Gran Bre­ta­ña-Cana­dá-Nue­va Zelan­da, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Jane Cam­pion. 126 minutos

Des­pués de más de una déca­da de haber rea­li­za­do Bright Star (2008), la rea­li­za­do­ra Jane Cam­pion retor­na con brío en The Power of the Dog, rela­tan­do una his­to­ria de vaque­ros del vie­jo oes­te ame­ri­cano. Enca­ran­do un tema tan caro para el cine ame­ri­cano, en este remar­ca­ble psi­co­dra­ma la cineas­ta apor­ta su visión per­so­nal del wes­tern ilus­tran­do los valo­res impe­ran­tes de la épo­ca en que transcurre.

Bene­dict Cum­ber­batch y Jes­se Plemons

Basa­do en la nove­la homón­ma de Tho­mas Sava­ge publi­ca­da en 1967, el guión de Cam­pion ubi­ca la acción en Mon­ta­na en 1925. Allí viven los Bur­bank, dos ricos her­ma­nos gana­de­ros de opues­ta per­so­na­li­dad; uno de ellos es Phil (Bene­dict Cum­ber­batch), per­fec­ta repre­sen­ta­ción del cow­boy rudo y machis­ta, que se ocu­pa de las tareas físi­cas de la explo­ta­ción del gana­do; su her­mano Geor­ge (Jes­se Ple­mons) es de natu­ra­le­za tran­qui­la, capaz de gene­rar ter­nu­ra, cuya fun­ción es la de aten­der la bue­na ges­tión de la empresa.

El con­flic­to del rela­to se cen­tra en la ten­sión que va creán­do­se entre ambos her­ma­nos cuan­do Geor­ge se ena­mo­ra de Rose Gor­don (Kirs­ten Dunst) que es la viu­da pro­pie­ta­ria del res­tau­ran­te local; su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee) es un sen­si­ble mucha­cho quien debi­do a su afe­mi­na­mien­to es obje­to de bur­la por par­te de Phil y sus secuaces.

Cuan­do des­pués del casa­mien­to Rose y Peter se mudan a la casa de los her­ma­nos, Phil no pue­de con­te­ner sus celos al com­pro­bar que la mujer va ocu­pan­do un lugar impor­tan­te en la vida de Geor­ge; es así que con abier­ta mali­cia la humi­lla tra­tan­do de hacer­le su exis­ten­cia mise­ra­ble, muy en espe­cial cuan­do ella ner­vio­sa­men­te toca el piano que Geor­ge le ha comprado.

Hay varios ele­men­tos que con­cu­rren a valo­rar esta pro­duc­ción. En pri­mer lugar cabe men­cio­nar la acer­ta­da for­ma en que Cam­pion ha cons­trui­do a los com­ple­jos per­so­na­jes de la his­to­ria quie­nes se des­en­vuel­ven en un mun­do de corro­si­va mas­cu­li­ni­dad. Aun­que res­pe­tan­do el espí­ri­tu de la nove­la ori­gi­nal, la rea­li­za­do­ra intro­du­ce algu­nos cam­bios que se carac­te­ri­zan por la mane­ra ambi­gua en que los per­so­na­jes se van rela­cio­nan­do sobre todo en el víncu­lo esta­ble­ci­do entre Phil y Peter; así el ini­cial odio indi­si­mu­la­do entre ambos va cedien­do lugar a una rela­ción afec­ti­va un tan­to difí­cil de pre­ci­sar que pue­de des­ubi­car al espectador.

Los cua­tro acto­res se desem­pe­ñan estu­pen­da­men­te, sobre todo Cum­ber­bach ofre­cien­do la mejor inter­pre­ta­ción de su carre­ra como un hom­bre a la pos­tre vul­ne­ra­ble cuya repre­sión sexual la encu­bre median­te su cora­za misó­gi­na. En pape­les de apo­yo el repar­to se com­ple­ta con Keith Carra­di­ne, Tho­ma­sin McKen­zie, Gene­viè­ve Lemon y Fran­ces Conroy.Jorge

La muy bue­na foto­gra­fía de Ari Weg­ner cap­tan­do las lla­nu­ras de Mon­ta­na (no obs­tan­te que la fil­ma­ción se efec­tuó en Nue­va Zelan­da) así como la satis­fac­to­ria ban­da sono­ra de Jonny Green­wood, recu­rrien­do a extrac­tos musi­ca­les de com­po­si­to­res con­tem­po­rá­neos, refuer­zan los méri­tos de este film que Net­flix produjo.

Pala­bras fina­les para resal­tar la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca de Cam­pion que le ha vali­do el pre­mio a la mejor direc­ción en el últi­mo fes­ti­val de Vene­cia. En suma, es de aguar­dar que el pró­xi­mo pro­yec­to de la inte­li­gen­te rea­li­za­do­ra no demo­re mucho en con­cre­tar­se. Jor­ge Gutman

Un Film Inti­mis­ta y Personal

BEL­FAST. Gran Bre­ta­ña, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Ken­neth Branagh

En su recien­te tra­ba­jo, el sha­kes­pe­riano rea­li­za­dor Ken­neth Bra­nagh ofre­ce un rela­to semi-bio­grá­fi­co de su niñez trans­cu­rri­da en la capi­tal de Irlan­da del Nor­te, cuan­do se vio dra­má­ti­ca­men­te afec­ta­da por los vio­len­tos enfren­ta­mien­tos pro­du­ci­dos entre los repu­bli­ca­nos cató­li­cos y los unio­nis­tas pro­tes­tan­tes. Al igual que Alfon­so Cua­rón pro­ce­dió con su rela­to auto­bio­grá­fi­co en Roma, Bra­nagh home­na­jea a Bel­fast, su ciu­dad natal, median­te una his­to­ria ple­na de melan­co­lía y ternura.

Jude Hill

El rela­to del rea­li­za­dor comien­za en Bel­fast el 15 de agos­to de 1969 cuan­do ines­pe­ra­da­men­te la vio­len­cia explo­ta con la con­fron­ta­ción sec­ta­ria entre cató­li­cos y pro­tes­tan­tes. Es allí don­de vive Buddy (Jude Hill), un niño de 9 años cuya fami­lia pro­tes­tan­te está inte­gra­da por sus padres (Jamie Dor­man, Cai­trio­na Bal­fe), su her­mano mayor (Lewis McAs­kie) y sus abue­los (Cia­ran Hinds y Judi Dench).

Dejan­do en segun­do plano el con­tex­to polí­ti­co de la región, que no obs­tan­te cons­ti­tu­ye el telón de fon­do, el film ilus­tra la vida coti­dia­na del sec­tor en que Buddy habi­ta don­de cató­li­cos y pro­tes­tan­tes se codean sin rece­lo, no obs­tan­te las dife­ren­cias reli­gio­sas. En el queha­cer coti­diano, se pue­de obser­var, entre otros aspec­tos, los jue­gos de fút­bol del chi­co con los otros niños y la asis­ten­cia esco­lar don­de sien­te atrac­ción hacia una de sus compañeras.

En un plano más per­so­nal Buddy no es ajeno a las dispu­tas de sus padres; así su papá que por razo­nes de tra­ba­jo se tras­la­da sema­nal­men­te a Ingla­te­rra, está con­ven­ci­do que la gue­rra civil que se apro­xi­ma en Irlan­da del Nor­te no es el lugar más con­ve­nien­te para vivir y por lo tan­to es nece­sa­rio emi­grar del país en bus­ca de hori­zon­tes más pro­mi­so­rios; sin embar­go su mujer se opo­ne por­que le resul­ta­ría difí­cil ade­cuar­se a una cul­tu­ra dife­ren­te de la suya. No obs­tan­te esas dis­cre­pan­cias exis­te un sóli­do víncu­lo de amor entre ambos y que al ser pro­yec­ta­do al núcleo fami­liar Buddy se sien­te pro­te­gi­do por sus padres ade­más de gozar del cari­ño reci­bi­do de sus entra­ña­bles abuelos.

Bra­nagh ha logra­do un film inti­mis­ta que des­ti­la una sin­gu­lar dul­zu­ra que jamás lle­ga a empa­la­gar. A tra­vés de la mira­da de Buddy ‑su alter ego- que­da expre­sa­da su iden­ti­fi­ca­ción con Bel­fast que que­da resal­ta­da en una esce­na en la que el niño pata­lea por­que no quie­re de nin­gún modo que sus padres dejen la ciu­dad. Las inter­pre­ta­cio­nes son estu­pen­das a nivel glo­bal en don­de Hill lide­ran­do el elen­co sale airo­so expre­san­do el can­dor e ino­cen­cia que ema­na de su per­so­na­je; igual­men­te es bella la secuen­cia can­ta­da y bai­la­da por Dor­man y Bal­fe como tam­bién tras­cien­de la pro­fun­da huma­ni­dad que Dench y Hinds trans­mi­ten como la inque­bran­ta­ble pare­ja que han sabi­do pro­di­gar su amor a toda la familia.

El fotó­gra­fo Haris Zam­bar­lou­kos median­te una fil­ma­ción en blan­co y negro entre­mez­cla­da con esca­sas esce­nas de color, per­mi­te que la pelí­cu­la cobre nota­ble inten­si­dad. Igual­men­te des­ta­ca­ble es el dise­ño de pro­duc­ción de Jim Clay repro­du­cien­do fiel­men­te el esce­na­rio en que trans­cu­rre la acción.

Con un des­en­la­ce pro­fun­da­men­te emo­ti­vo, el rea­li­za­dor dedi­ca este buen film a quie­nes emi­gra­ron de la ciu­dad, a los que deci­die­ron que­dar­se y a las víc­ti­mas pro­du­ci­das por los con­flic­tos fra­tri­ci­das. Jor­ge Gutman

Una His­to­ria Implausible

PRO­FES­SION DU PĖRE. Fran­cia, 2021. Un film de Jean-Pie­rre Amé­ris. 105 minutos.

No siem­pre una obra lite­ra­ria encuen­tra feliz tras­la­do al cine; eso es lo que acon­te­ce con Pro­fes­sion du père cuya adap­ta­ción efec­tua­da por el rea­li­za­dor Jean-Pie­rre Amé­ris de la nove­la homó­ni­ma de Sorj Cha­lan­don (2015) dis­ta de satisfacer.

Jules Lefeb­vre y Benoît Poelvoorde

Si bien el autor se ins­pi­ró en epi­so­dios de su pro­pia infan­cia lo que se obser­va en pan­ta­lla resul­ta difí­cil­men­te creí­ble. La his­to­ria se desa­rro­lla en Lyon, en 1961 don­de en la pri­me­ra esce­na André Chou­lans (Benoît Poel­voor­de) un vete­rano de la gue­rra de Arge­lia, vien­do por tele­vi­sión un dis­cur­so del pre­si­den­te Char­les de Gau­lle des­po­tri­ca furio­sa­men­te con­tra él por­que tie­ne la inten­ción de per­mi­tir la auto­de­ter­mi­na­ción arge­li­na; tan­to su mujer (Audrey Dana) como su hijo Émi­le (Jules Lefeb­vre) de 12 años per­ma­ne­cen calla­dos. Pron­ta­men­te se pue­de infe­rir que este tras­tor­na­do indi­vi­duo no se encuen­tra en buen esta­do men­tal; dan­do rien­da suel­ta a su ima­gi­na­ción se jac­ta haber sido para­cai­dis­ta en la gue­rra, ade­más de can­tan­te, juga­dor de fút­bol, espía y con­se­je­ro per­so­nal del gene­ral de Gaulle.

El rebus­ca­do rela­to alcan­za total inve­ro­si­mi­li­tud cuan­do André indu­ce a su hijo a par­ti­ci­par en una peli­gro­sa misión en repre­sen­ta­ción de la Orga­ni­za­ción de la Arma­da Secre­ta (OAS), un orga­nis­mo de extre­ma dere­cha cuya inten­ción es la de derro­car al pre­si­den­te. Émi­le que vene­ra a su padre tra­ta de satis­fa­cer­lo reci­bien­do de él el entre­na­mien­to pre­ci­so a fin de cum­plir con su deseo.

Hay varios aspec­tos que con­tri­bu­yen a que resul­te difí­cil com­pren­der a los per­so­na­jes que inte­gran a dicho núcleo fami­liar. En pri­mer lugar, es inex­pli­ca­ble que André pue­da per­ma­ne­cer en el hogar sin ayu­da psi­quiá­tri­ca tenien­do en cuen­ta sus reac­cio­nes vio­len­tas que peli­gran a su mujer y a Émi­le. A todo ello Deni­se, per­ma­nen­te­men­te humi­lla­da por su espo­so, acep­ta pasi­va­men­te sus exabrup­tos e inclu­so no inter­vie­ne para impe­dir que su mari­do en una esce­na de furia cas­ti­gue a lati­ga­zos a su hijo: tamp­co es posi­ble admi­tir que Émi­le por más que vene­re a su padre al que con­si­de­ra un héroe, sea inca­paz de ver que es un peli­gro­so psi­có­pa­ta que con­vier­te a su hogar en un infierno.

En algu­nos casos un buen elen­co pue­de miti­gar una his­to­ria incon­gruen­te; pero en este caso, a pesar de las remar­ca­bles actua­cio­nes de Poel­voor­de y Lefeb­vre los per­so­na­jes que carac­te­ri­zan care­cen de cre­di­bi­li­dad impi­dien­do de este modo que exis­ta una empa­tía con los mis­mos. Al malo­gra­do guión debe agre­gar­se el rit­mo len­to que Amé­ris impri­me al rela­to que se vuel­ve repe­ti­ti­vo y monó­tono afec­tan­do aún más el resul­ta­do de este falli­do dra­ma. Jor­ge Gutman

Un Escri­to Suje­to a Discusión

UNE RÉVI­SION. Cana­dá, 2021. Un film de Cathe­ri­ne The­rrien. 95 minutos

El eterno con­flic­to entre la fe reli­gio­sa y el racio­na­lis­mo es expues­to en Une révi­sion, un ambi­cio­so rela­to de la rea­li­za­do­ra cana­dien­se Cathe­ri­ne The­rrien en su pri­mer largometraje.

La his­to­ria comien­za en un Cegep de Mon­treal don­de Étien­ne (Patri­ce Robi­tai­lle), un pro­fe­sor de filo­so­fía apre­cia­do y res­pe­ta­do por sus alum­nos, trans­mi­te las ideas filo­só­fi­cas de Baruch Spi­no­za (1632 – 1677); este exi­mio filó­so­fo judío, con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes racio­na­lis­tas del pen­sa­mien­to fue exco­mul­ga­do de su comu­ni­dad por haber cues­tio­na­do la auten­ti­ci­dad de la Biblia.

Nour Belkhi­ria

Resul­ta intere­san­te obser­var la diná­mi­ca esta­ble­ci­da entre el pro­fe­sor y su alum­na­do esti­mu­lan­do el inte­rés sobre el tópi­co; todo ello se des­en­vuel­ve nor­mal­men­te has­ta el momen­to en que Étien­ne entre­ga a sus alum­nos los resul­ta­dos de un tra­ba­jo que ellos tuvie­ron que rea­li­zar. Es ahí cuan­do Naci­ra (Nour Belkhi­ria), una bri­llan­te alum­na musul­ma­na, com­prue­ba que su escri­to reci­bió una baja cali­fi­ca­ción, hecho que podría peli­grar su ingre­so a la uni­ver­si­dad. Al pedir su revi­sión el docen­te le acla­ra que ella había men­cio­na­do en uno de sus párra­fos al Corán y que él había anti­ci­pa­do que recha­za­ría cual­quier alu­sión a un tex­to reli­gio­so. De allí en más se pro­du­ce una dis­cu­sión entre la alum­na y el edu­ca­dor quien al no ceder al pedi­do de Naci­ra, moti­va a que ella soli­ci­te al con­se­jo de admi­nis­tra­ción esco­lar que tome car­tas en el asun­to para rever la mala nota dis­cer­ni­da. A todo ello, resul­ta alta­men­te imper­ti­nen­te la actua­ción de la direc­to­ra de estu­dios del cole­gio (Édith Cochra­ne), quien para evi­tar que el con­flic­to tras­cien­da exte­rior­men­te advier­te a Étien­ne que podría ser des­pe­di­do si no se amol­da al nue­vo regla­men­to esco­lar que en la prác­ti­ca impli­ca que él modi­fi­que su acti­tud con rela­ción al pro­ble­ma sur­gi­do con Nacira.

El espi­no­so con­flic­to esbo­za­do en el guión pre­pa­ra­do por Loui­sa God­bout y Nor­mand Cor­beil ‑dos anti­guos pro­fe­so­res de filo­so­fía- per­mi­te que el tema adquie­ra con­si­de­ra­ble com­ple­ji­dad en la medi­da que el pro­ble­ma cen­tral del film per­mi­te que sea juz­ga­do des­de dife­ren­tes pun­tos de vis­ta. Por un lado no cabe duda la inte­gri­dad pro­fe­sio­nal de Étien­ne, un edu­ca­dor que como prag­má­ti­co racio­na­lis­ta no admi­te que la reli­gión se inmis­cu­ya en su cla­se; pero a su vez, habién­do­se leí­do en voz alta, el párra­fo poé­ti­co con­tro­ver­ti­do no ofre­ce real moti­vo para su obje­ción. Por otra par­te resul­ta impor­tan­te con­si­de­rar que la obje­ti­vi­dad de una expo­si­ción pue­de que­dar afec­ta­da cuan­do la divi­ni­dad reli­gio­sa, en este caso el Corán como la pala­bra de Dios, pue­de influir en su resultado.

Indu­da­ble­men­te el espec­ta­dor que­da sumer­gi­do en el deba­te sus­ci­ta­do gra­cias a la natu­ra­le­za del com­ple­jo tema y espe­cial­men­te a las remar­ca­bles actua­cio­nes de Belkhi­ria y Robi­tai­lle com­po­nien­do con com­ple­ta con­vic­ción a sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes; asi­mis­mo, en pape­les de apo­yo se dis­tin­guen Cochra­ne, Pie­rre Cur­zi y Rabah Aït Ouyahiaon. Con una bue­na pues­ta escé­ni­ca de The­rrien, esta ambi­cio­sa come­dia dra­má­ti­ca con­si­de­ra cier­tos tópi­cos rele­van­tes que deri­van del tema cen­tral, inclu­yen­do la nece­si­dad de per­mi­tir la liber­tad de expre­sión en la docen­cia asi como la inclu­sión y res­pe­to que mere­cen las mino­rías étni­cas en lo con­cer­nien­te a la reli­gión profesada.

La úni­ca obje­ción que mere­ce el rela­to es que en su par­te final intro­du­ce una vuel­ta de tuer­ca no del todo vero­sí­mil y deci­di­da­men­te pres­cin­di­ble. En todo caso eso no afec­ta mayor­men­te el resul­ta­do de esta esti­mu­lan­te pelí­cu­la que abre el terreno para su dis­cu­sión al con­cluir su pro­yec­ción. Jor­ge Gutman