La Tris­te Princesa

SPEN­CER. Ale­ma­nia-Chi­le-Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Pablo Larraín. 111 minutos.

En el ini­cio de Spen­cer hay un car­tel en el que se lee “una fábu­la de una tra­ge­dia real”; cier­ta­men­te lo que se expo­ne con­fir­ma su anti­ci­po y aun­que en este caso no exis­te una muer­te efec­ti­va que la pro­vo­que, el dra­ma vivi­do por Dia­na Fran­ces Spen­cer (1961 – 1997) no es menos trá­gi­co. El rea­li­za­dor chi­leno Pablo Larraín que brin­da­ra dos bue­nas bio­gra­fías con Neru­da (2016) y Jac­kie (2016), aquí inten­ta recrear la sem­blan­za de una prin­ce­sa que habien­do con­quis­ta­do al mun­do sin embar­go no logró igual suer­te con­si­go misma.

Kris­ten Stewart

Valién­do­se del guión de Ste­ven Knight, el rea­li­za­dor enfo­ca tres días en la vida de Dia­na (Kris­ten Ste­wart), duran­te la cele­bra­ción de la fies­ta navi­de­ña en la resi­den­cia real de San­dringham, un año antes de su divor­cio del prín­ci­pe Char­les. Es a tra­vés de esas jor­na­das que epi­só­di­ca­men­te el rela­to narra dife­ren­tes momen­tos de su vida Dia­na con rela­ción al entorno que la rodea. En un prin­ci­pio mane­jan­do su coche alre­de­dor de la cam­pi­ña cer­ca­na a la man­sión, ella hace un alto en un café de paso mani­fes­tan­do que se encuen­tra per­di­da. Cuan­do retor­na a la fas­tuo­sa casa, des­pués de ser obser­va­da por el Mayor Gre­gory (Timothy Spall), que entre sus fun­cio­nes se encar­ga de con­tro­lar sus pasos y evi­tar que ella se apar­te del pro­to­co­lo real, Dia­na se dis­po­ne a arre­glar­se y ves­tir apro­pia­da­men­te para la cena de Noche­bue­na. Su tar­día lle­ga­da es obje­to de una mira­da poco com­pla­cien­te por par­te de su espo­so (Jack Farthing) y de la Rei­na (Ste­lla Gonet).

La prin­ce­sa de Gales ade­más de no ser que­ri­da por la fami­lia real encuen­tra cada vez más difí­cil poder cum­plir con los ritos impues­tos por la reale­za. En con­se­cuen­cia, Todo duran­te este perío­do bre­ve en que no está en su hogar, la angus­tia que sobre­lle­va uni­da al aban­dono y des­co­ne­xión con el medio ambien­te la con­du­cen a inten­si­fi­car su buli­mia como así tam­bién dar rien­da suel­ta a su ima­gi­na­ción; así leyen­do el libro sobre la vida de Ana Bole­na ‑la rei­na con­sor­te de Enri­que VIII– Die­na se iden­ti­fi­ca ple­na­men­te con ella y aun­que sin haber lle­ga­do al cadal­so prác­ti­ca­men­te se con­si­de­ra como una muer­ta en vida.

Larrain efec­túa un buen retra­to psi­co­ló­gi­co de esta mujer logran­do en Ste­wart una muy bue­na carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je; la com­pe­ten­te actriz com­po­ne con com­ple­ta con­vic­ción a la des­di­cha­da y tor­tu­ra­da Dia­na de Gales que úni­ca­men­te es capaz de esbo­zar una son­ri­sa en el encuen­tro con sus que­ri­dos hijos William (Jack Nie­len) y Harry (Sean Harris), como así tam­bién en los momen­tos de inti­mi­dad y cari­ño com­par­ti­dos con Mag­gie (Sally Haw­kins), la encar­ga­da de su ves­tua­rio. Aun­que el elen­co es nume­ro­so, en los roles más impor­tan­tes, ade­más del de Ste­wart se des­ta­can Spall y Haw­kins. En otros rubros es elo­gia­ble el tra­ba­jo de cáma­ra de Clai­re Mathon repro­du­cien­do feha­cien­te­men­te los inte­rio­res y exte­rio­res de la resi­den­cia real como así tam­bién el buen dise­ño de pro­duc­ción de Guy Hen­drix Dyas.

Aun­que es inne­ga­ble la cali­dad de este dra­ma, la obser­va­ción que mere­ce es que en la medi­da que la mayor par­te del rela­to se remi­te a un monó­lo­go inte­rior del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co, la narra­ción se vuel­ve un tan­to repe­ti­ti­va y en cier­tas ins­tan­cias afec­ta su dina­mis­mo. Jor­ge Gutman

Memo­rias de mi Padre

EL OLVI­DO QUE SERE­MOS. Colom­bia, 2020. Un film de Fer­nan­do True­ba. 136 minutos

El direc­tor espa­ñol Fer­nan­do True­ba abor­da en su últi­mo tra­ba­jo la figu­ra del médi­co colom­biano Héc­tor Abad Gómez quien como ardien­te acti­vis­ta de los dere­chos huma­nos fue aba­ti­do por gru­pos para­mi­li­ta­res en Mede­llín en agos­to de 1987. Para que la memo­ria de su padre per­ma­nez­ca en la men­te colec­ti­va, su hijo Héc­tor escri­bió en 2006 El Olvi­do que Sere­mos, una auto­bio­gra­fía en la que refle­ja la gran­de­za huma­na de su padre; es pre­ci­sa­men­te en base a ese libro que David True­ba, her­mano del rea­li­za­dor, se basó para escri­bir el guión de este remar­ca­ble drama.

Nico­lás Reyes Cano y Javier Cámara

El film comien­za en 1983 don­de el adul­to Héc­tor Jr. (Juan Pablo Urre­go) se halla estu­dian­do lite­ra­tu­ra en la Uni­ver­si­dad de Turín y es lla­ma­do por un ex alumno de su padre para que retor­ne a Mede­llín don­de el pro­fe­sor Abad Gómez (Javier Cáma­ra), que ha sido for­za­do a reti­rar­se de la uni­ver­si­dad, será obje­to de un mere­ci­do home­na­je. De este perío­do pre­sen­te fil­ma­do en blan­co y negro, la acción se retro­trae a Mede­llín en 1971 con una foto­gra­fía en color refle­jan­do la infan­cia del escri­tor. Es en esa eta­pa en el que el peque­ño Héc­tor (Nico­lás Reyes Cano) ‑apo­da­do Qui­quín- vive en un hogar de gran armo­nía fami­liar com­par­ti­do por su padre, su madre Ceci­lia (Patri­cia Tama­yo) y sus cin­co hermanas.

A tra­vés de la visión del niño se pue­de apre­ciar la per­so­na­li­dad de Abad Gómez como aman­te espo­so y cari­ño­so pro­ge­ni­tor median­te diver­sas viñe­tas fami­lia­res que nutren al rela­to.. El film ilus­tra la noble­za y pro­bi­dad refle­ja­da por el médi­co abo­gan­do por un efi­cien­te sis­te­ma de salud públi­ca; es así que fomen­ta la crea­ción de alcan­ta­ri­lla­dos en cier­tas zonas des­fa­vo­re­ci­das de la región don­de la mala cali­dad del agua pro­du­ce serias enfer­me­da­des en sus habi­tan­tes al pro­pio tiem­po que enfa­ti­za la nece­si­dad de vacu­na­ción: Eso es cons­ta­ta­do por el niño cuan­do su padre lo lle­va a visi­tar los hos­pi­ta­les vien­do a pacien­tes pos­tra­dos por la ausen­cia de apro­pia­das medi­das sani­ta­rias; en tal sen­ti­do Héc­tor le hace ver a Qui­quín que huma­na­men­te todos deben tener dere­cho a cin­co ele­men­tos bási­cos como lo son el aire, el agua, la ali­men­ta­ción, el abri­go y el afecto.

En su cali­dad de docen­te uni­ver­si­ta­rio mani­fies­ta a sus alum­nos la nece­si­dad de pen­sar antes que memo­ri­zar los libros de tex­to así como la impor­tan­cia de expre­sar las ideas libre­men­te sin tener que recu­rrir a la auto­cen­su­ra. Por sus crí­ti­cas a las trans­gre­sio­nes de los dere­chos huma­nos mani­fes­ta­das en la cáte­dra, entre­vis­tas y medios de difu­sión al refe­rir­se a perio­dis­tas, polí­ti­cos, abo­ga­dos y escri­to­res des­apa­re­ci­dos o eli­mi­na­dos por gru­pos arma­dos, se gran­jea la ene­mis­tad de los sec­to­res con­ser­va­do­res de Mede­llín don­de ade­más es til­da­do de comu­nis­ta. No obs­tan­te que alguien le hace lle­gar un lis­ta­do don­de figu­ra su nom­bre como uno de los can­di­da­tos a ser eje­cu­ta­do, la ame­na­za no logra aca­llar sus denun­cias lo que lo con­du­ce a ser ase­si­na­do fría­men­te en la vía públi­ca por anó­ni­mos sica­rios. Sin entrar a pro­fun­di­zar en la vida polí­ti­ca del país, el rea­li­za­dor per­mi­te que pue­da apre­ciar­se la situa­ción de vio­len­cia que expe­ri­men­ta Colom­bia por el enfren­ta­mien­to del ejér­ci­to con la gue­rri­lla y los escua­dro­nes de la muerte.

Con un enfo­que clá­si­co, Fer­nan­do True­ba ofre­ce un entra­ña­ble retra­to de Abad Gómez evi­tan­do que el rela­to sucum­ba a un melo­dra­má­ti­co sen­ti­men­ta­lis­mo, lo que no impi­de que adquie­ra genui­na emo­ción. La bue­na narra­ción del cineas­ta sos­te­ni­do por el muy bien cons­trui­do libre­to de David True­ba se com­ple­men­ta con la memo­ra­ble inter­pre­ta­ción de Javier Cáma­ra; sumer­gién­do­se en la piel del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co el vete­rano actor espa­ñol trans­mi­te ple­na­men­te el idea­lis­mo, inte­gri­dad, hidal­guía y cali­dez de un hom­bre ínte­gro y libre pen­sa­dor quien com­pro­me­ti­do con los pro­ble­mas socia­les de Antio­quía es muy que­ri­do y vene­ra­do por su comu­ni­dad como así por sus alumnos.

El títu­lo del film y del libro homó­ni­mo hace alu­sión a un ver­so de un sone­to del gran escri­tor Jor­ge Luis Bor­ges que Abad Facio­lin­ce encon­tró en el bol­si­llo de su padre des­pués de haber sido asesinado.

En los cré­di­tos fina­les se lee que la pelí­cu­la es dedi­ca­da a Ceci­lia Facio­lin­ce de Abad y a sus hijos Mari­luz, Cla­ra, Vicky, Mar­ta, Héc­tor y Sol. Jor­ge Gutman

Mucho Rui­do y Pocas Nueces

THE FRENCH DIS­PATCH. Gran Bre­ta­ña-Fran­cia-Ale­ma­nia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Wes Anderson.

Esta pelí­cu­la ha sido otra de las pos­pues­tas en 2020 a cau­sa de la pan­de­mia y es así que des­pués de su estreno mun­dial en el Fes­ti­val de Can­nes de este año, aho­ra el públi­co tie­ne opor­tu­ni­dad de juz­gar­la. La con­si­de­ra­ble expec­ta­ti­va gene­ra­da se debió por tra­tar­se de un film del ico­no­clas­ta rea­li­za­dor Wes Ander­son y por haber reu­ni­do a un con­si­de­ra­ble núme­ro de popu­la­res acto­res; así en su repar­to par­ti­ci­pan entre otros Beni­cio del Toro, Léa Sey­doux, Fran­ces McDor­mand, Timothée Cha­la­met, Jef­frey Wright, Adrien Brody, Til­da Swin­ton, Owen Wil­son, Mathieu Amalric, Bill Murray, Saoir­se Ronan, Willem Dafoe, Eli­sa­beth Moss, Chris­toph Waltz y Jason Schwartzman.

Bill Murray

Difí­cil­men­te cla­si­fi­ca­ble, lo que más se acer­ca es cate­go­ri­zar a este film como una sáti­ra al perio­dis­mo. La his­to­ria con­ce­bi­da por el rea­li­za­dor se desa­rro­lla en la fic­ti­cia ciu­dad fran­ce­sa de Ennui-sur-Bla­sé y trans­cu­rre duran­te la déca­da de los años 50 y 60. En su comien­zo la narra­ción a car­go de Anje­li­ca Hous­ton hace saber de la muer­te de Arthur Howitzer Jr. (Bill Murray), el fun­da­dor ame­ri­cano que fun­dó en Fran­cia la revis­ta lite­ra­ria The French Dis­patch, cuyo con­te­ni­do podría ser com­pa­ra­do a The New Yor­ker; en su tes­ta­men­to él deter­mi­nó que a su dece­so la publi­ca­ción debe­rá cesar.

Des­pués de un via­je guia­do por la ciu­dad a car­go del escri­tor Herb Saint Saze­ra (Owen Wil­son) la his­to­ria exa­mi­na tres artícu­los publi­ca­dos en la revis­ta. En el pri­me­ro de los mis­mos, la escri­to­ra J.K.L.Berenson (Til­da Swin­ton) en una con­fe­ren­cia a su car­go rela­ta a una aten­ta audien­cia la his­to­ria de Moses Rosentha­ler (Beni­cio del Toro), un pin­tor men­tal­men­te per­tur­ba­do que se encuen­tra en pri­sión por haber come­ti­do un doble homi­ci­dio; en su encie­rro su guar­dia­na car­ce­le­ra (Lea Sey­doux) posa des­nu­da para él; este epi­so­dio inten­ta sati­ri­zar al mun­do del arte plás­ti­co y al cul­to de la cele­bri­dad. En el segun­do artícu­lo la auto­ra Lucin­da Kre­mentz (Fran­ces McDor­mand) se refie­re a las revuel­tas estu­dian­ti­les de Mayo del 68 con espe­cial énfa­sis en el anar­quis­ta Zef­fi­re­lli (Timothee Cha­la­met) y la joven Juliet­te (Lyna Khou­dri); este seg­men­to cues­tio­na la neu­tra­li­dad perio­dís­ti­ca tenien­do en cuen­ta que Kre­mentz no tie­ne empa­cho en acos­tar­se con Zef­fi­re­lli. En el ter­cer artícu­lo, el escri­tor culi­na­rio Roe­buck Wright (Jef­frey Wright) cuen­ta la entre­vis­ta que le rea­li­za un repor­te­ro de tele­vi­sión (Liev Schrei­ber) y cómo se ha vis­to invo­lu­cra­do en un rap­to efec­tua­do por un gru­po de malean­tes al hijo (Wins­ton Ait Hellal) de un agen­te poli­cial (Mathieu Amalric) que final­men­te es res­ca­ta­do por su jefe (Ste­ve Park).

Con cier­ta fre­cuen­cia se cons­ta­ta cómo el con­te­ni­do de un film va ocu­pan­do un lugar secun­da­rio para aten­der más a su aspec­to for­mal, tal como aquí acon­te­ce don­de Ander­son expo­ne extra­va­gan­tes viñe­tas que care­cen de soli­dez dra­má­ti­ca y menos aún de emo­ción. Para resal­tar su tra­ba­jo, el rea­li­za­dor ape­la a logra­dos aspec­tos visua­les apor­ta­dos por la impe­ca­ble foto­gra­fía de Robert Yeo­man y el remar­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Adam Stockhau­sen. Pero uno se pre­gun­ta a qué vie­ne el haber recu­rri­do con­ti­nua­da­men­te a alter­nar la fil­ma­ción en colo­res y en blan­co y negro al no ser fun­cio­nal a la narra­ción; igual­men­te curio­so es que en el capí­tu­lo de Wright, el cineas­ta intro­du­ce una secuen­cia de ani­ma­ción que si bien es atrac­ti­va como gag visual, la mis­ma pro­du­ce una vir­tual rup­tu­ra con lo que está relatando.

Dicho lo que ante­ce­de, éste es un film cuyo esfuer­zo de pro­duc­ción es inne­ga­ble pero glo­bal­men­te con­si­de­ra­do no lle­ga a exci­tar. En todo caso tenien­do en cuen­ta que sobre gus­tos no hay nada escri­to, los incon­di­cio­na­les de Ander­son apre­cia­rán al film como una fan­ta­sía de pro­di­gio­sa ima­gi­na­ción. Jor­ge Gutman

Por Amor al Teatro

UN TRIOMPHE. Fran­cia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Ëmma­nuel Cour­col. 105 minutos

Des­pués de haber deja­do una favo­ra­ble impre­sión con su ópe­ra pri­ma Ces­sez le feu (2016), el rea­li­za­dor y actor Émma­nuel Cour­col vol­vió a ubi­car­se detrás de la cáma­ra para rela­tar un dra­ma carcelario.

Si bien lo que se rela­ta es una fic­ción, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Kha­led Ama­ra y Thierry de Car­bon­niè­res está basa­do en un hecho verí­di­co acon­te­ci­do en Sue­cia en 1986 con los pre­si­dia­rios de la pri­sión de alta segu­ri­dad de Kumla.

Mari­na Hands y Kad Merad

La acción trans­cu­rre en Fran­cia don­de Étien­ne (Kad Merad), un vete­rano direc­tor tea­tral y actor que en los últi­mos tiem­pos ha cai­do en el olvi­do encuen­tra la opor­tu­ni­dad para reafir­mar su talen­to al acep­tar un ambi­cio­so pro­yec­to que le es pro­pues­to; el mis­mo con­sis­te en ofre­cer lec­cio­nes de tea­tro en una cár­cel don­de se encuen­tran pre­sos que han come­ti­do deli­tos de dife­ren­te natu­ra­le­za. El pro­pó­si­to es el de ensa­yar duran­te un perío­do de 6 meses con cin­co de los dete­ni­dos la obra “Espe­ran­do a Godot” de Samuel Beckett.

Duran­te la pri­me­ra mitad del metra­je la narra­ción enfo­ca la rela­ción man­te­ni­da de Étien­ne con los inter­nos selec­cio­na­dos: Jor­dan (Pie­rre Lot­tin), Patrick (David Aya­la), Kamel (Sofian Kham­mes), Alex (Lami­ne Cis­sokho) y Mous­sa (Wabin­lé Nabié). La tarea del ins­truc­tor no es nada sen­ci­lla en sus comien­zos al tener que enfren­tar a pri­sio­ne­ros de dife­ren­te per­so­na­li­dad y lograr un buen enten­di­mien­to a fin de que ellos pue­dan desem­pe­ñar sus roles de la mejor mane­ra posi­ble; al pro­pio tiem­po Étien­ne man­tie­ne un per­ma­nen­te tra­to flui­do con la direc­to­ra del penal (Mari­na Hands) para con­se­guir una exten­sión en los hora­rios de ensa­yo y sobre todo para que cuan­do los nova­tos acto­res estén com­ple­ta­men­te pre­pa­ra­dos pue­dan obte­ner el per­mi­so de salir de la pre­sión para repre­sen­tar la obra en un esce­na­rio teatral.

Cuan­do los ensa­yos fina­li­zan y los reclu­sos ya están entre­na­dos para actuar, ellos son trans­por­ta­dos al Tea­tro de la Croix-Rous­se de Lyon don­de obtie­nen un gran éxi­to por par­te del públi­co asis­ten­te; eso con­lle­va a seguir repre­sen­tan­do la pie­za de Bec­kett en otros esce­na­rios con igual suce­so. Cuan­do el gru­po es invi­ta­do a actuar en el emble­má­ti­co Tea­tro Odeón de París, la his­to­ria con­du­ce a un des­en­la­ce ines­pe­ra­do suma­men­te conmovedor.

La meticu­losa narra­ción emplea­da por Cour­col per­mi­te que se pue­da apre­ciar una come­dia de nota­ble con­te­ni­do humano don­de nada ha que­da­do libra­do al azar. Pre­vio al roda­je, el direc­tor visi­tó el cen­tro correc­cio­nal de Meaux Chau­co­nin don­de obser­vó aten­ta­men­te lo que acon­te­ce en su inte­rior; por lo tan­to, la repro­duc­ción ambien­tal obte­ni­da alcan­za un satis­fac­to­rio nivel de autenticidad.

El rea­li­za­dor con­tó con un estu­pen­do elen­co en don­de tras­cien­de la extra­or­di­na­ria actua­ción del vete­rano Merad ani­man­do al divor­cia­do y veni­do a menos indi­vi­duo que encuen­tra un nue­vo impul­so a su vida a tra­vés de la pasión tea­tral en el tra­ba­jo que rea­li­za con los reclu­sos. Meri­to­ria es la tarea de los poco cono­ci­dos acto­res que han asu­mi­do los roles de los con­vic­tos, actuan­do con ener­gía y entu­sias­mo; la esce­na en que salen por pri­me­ra vez al exte­rior de la pri­sión es muy emo­ti­va mos­tran­do la enor­me ale­gría que sien­ten al dejar la oscu­ri­dad car­ce­la­ria para gozar de la limi­ta­da liber­tad temporal.

En resu­men, Un Triomphe es un film entre­te­ni­do y sobre todo emo­ti­vo demos­tran­do la mane­ra en que el tea­tro como expre­sión artís­ti­ca pue­de rei­vin­di­car y enal­te­cer al ser humano. Jor­ge Gutman

Ambi­cio­so Dra­ma Psicológico

MY ZOE. Gran Bre­ta­ña-Ale­ma­nia-Fran­cia, 2019. Un film diri­gi­do y escri­to por Julie Delpy. 93 minutos.

En su sép­ti­ma incur­sión detrás de la cáma­ra, la cineas­ta y actriz Julie Delpy deja de lado el géne­ro de la come­dia para abor­dar un ambi­cio­so dra­ma psicológico.

Julie Delpy, Sophia Ally y Richard Armitage

En un guión que le per­te­ne­ce, Delpy asu­me el rol pro­ta­gó­ni­co ani­man­do a Isa­be­lle, una des­ta­ca­da cien­tí­fi­ca fran­ce­sa radi­ca­da en Ber­lín quien a pun­to de divor­ciar­se de su mari­do James (Richard Armi­ta­ge), ambos com­par­ten la tenen­cia de la ado­ra­da hiji­ta Zoe (Sophia Ally). Esta pri­me­ra par­te enfa­ti­za las difi­cul­ta­des que ella man­tie­ne con su espo­so para con­ve­nir los días y hora­rios de tener a su car­go a la niña como así tam­bién resal­ta el gran amor que ambos sien­ten por la encan­ta­do­ra criatura.

La tra­ge­dia aso­ma cuan­do Zoe expe­ri­men­ta un serio males­tar que obli­ga a Isa­be­lle a con­du­cir­la al hos­pi­tal don­de ella jun­to con su madre (Lind­say Dun­can) y James se encuen­tran al lado de la peque­ña aten­tos al desa­rro­llo de su crí­ti­co esta­do. Cuan­do des­gra­cia­da­men­te la niña mue­re, el dolor de los padres es inmen­so en don­de Isa­be­lle no pue­de resig­nar­se a su pérdida.

De allí en más, Delpy intro­du­ce en su rela­to un giro ines­pe­ra­do. Tra­tan­do de ven­cer su deses­pe­ra­ción, Isa­be­lle como gene­tis­ta pla­nea recu­rrir a una expe­rien­cia iné­di­ta cuyo pro­pó­si­to es el de “resu­ci­tar” a su hija. Habien­do extraí­do fur­ti­va­men­te una mues­tra del teji­do de Zoe, ella via­ja a Mos­cú en don­de con­tac­ta al doc­tor Tho­mas (Daniel Brühl), quien es un exper­to en fer­ti­li­dad; Isa­be­lle le soli­ci­ta que reali­ce un clo­na­je, es decir obte­ner una copia gené­ti­ca de Zoe, ope­ra­ción deci­di­da­men­te ile­gal a la que en prin­ci­pio el médi­co se opo­ne pero que por com­pa­sión final­men­te acce­de a su pedi­do des­pués de haber dis­cu­ti­do el asun­to con su mujer (Gem­ma Arter­ton) quien se mues­tra reticente.

Sería suma­men­te indis­cre­to reve­lar el modo en que esta his­to­ria pro­si­gue aun­que cier­ta­men­te no está de más anti­ci­par el cli­ma de intri­ga y sus­pen­so que la rea­li­za­do­ra gene­ra en su ori­gi­nal y con­vin­cen­te guión. Ade­más de la sóli­da direc­ción, Delpy reafir­ma una vez más su talen­to de actriz como asi­mis­mo supo nutrir­se de un homo­gé­neo elen­co, con espe­cial dis­tin­ción de la amo­ro­sa Sophia quien demues­tra abso­lu­ta espon­ta­nei­dad en el bre­ve rol que le ha sido asignado.

Aun­que la clo­na­ción de un ser humano es un tópi­co dis­cu­ti­ble que por el momen­to pue­de ser acep­ta­do en el cam­po de la cien­cia fic­ción, lo cier­to es que más allá de las con­no­ta­cio­nes éti­cas, el film gene­ra la intri­ga sobre si aca­so será posi­ble en un futu­ro cer­cano lograr el doble de una per­so­na tan­to en lo físi­co como en lo emo­cio­nal y psi­co­ló­gi­co. De todos modos, al mar­gen de esta refle­xión, cabe apun­tar que Delby ha logra­do un film con­mo­ve­dor. Jor­ge Gutman