El Poder de la Música

BIG GIANT WAVE / COM­ME UNE VAGUE. Cana­dá, 2020. Un film de Marie-Julie Dallaire

El efec­to musi­cal tra­vés de sus dife­ren­tes mani­fes­ta­cio­nes es abor­da­do por la direc­to­ra Marie-Julie Dallai­re en esta muy bue­na obra de ensayo.

Tenien­do en cuen­ta que la músi­ca es el arte de com­bi­nar los soni­dos, la direc­to­ra se sin­tió intere­sa­da en inves­ti­gar cómo sus ecos pro­ve­nien­tes de los ins­tru­men­tos musi­ca­les y los ema­na­dos de otras fuen­tes gra­vi­tan en el ser humano. Para ello reali­zó un via­je que la tras­la­dó des­de Cana­dá hacia algu­nos paí­ses de Euro­pa, Méxi­co y el oes­te ame­ri­cano para entrar en con­tac­to con emi­nen­tes cien­tí­fi­cos y artis­tas quie­nes a tra­vés de sus expe­rien­cias ofre­cen impor­tan­tes comen­ta­rios sobre este tópico.

Una esce­na de BIG GIANT WAVE

Entre las diver­sas per­so­na­li­da­des par­ti­ci­pan­tes se halla la artis­ta cana­dien­se Tia­na Malo­ne que en su carác­ter de tera­peu­ta musi­cal des­ta­ca el impac­to del soni­do musi­cal como ele­men­to que influ­ye bene­fi­cio­sa­men­te en la salud psi­co­ló­gi­ca de la per­so­na. No menos impor­tan­te es la inter­ven­ción del pres­ti­gio­so eco­lo­gis­ta acús­ti­co cali­for­niano Gor­don Hem­pton quien como apa­sio­na­do colec­cio­nis­ta de los soni­dos enfa­ti­za la belle­za de los mis­mos que pro­vie­nen de los bos­ques y del mar. El docu­men­tal per­mi­te cono­cer la noble y con­mo­ve­do­ra tarea del vene­zo­lano Ron Davis Álva­rez; este pres­ti­gio­so vio­li­nis­ta que es el direc­tor artís­ti­co de El Sis­te­ma en Sue­cia y fun­da­dor de la Dream Orches­tra, ade­más es pro­fe­sor de niños refu­gia­dos pro­ve­nien­tes del Medio Orien­te y Áfri­ca a quie­nes el poder de la músi­ca les ha cam­bia­do radi­cal­men­te sus vidas. Igual­men­te emo­ti­vo son las con­fi­den­cias ver­ti­das por el vio­li­nis­ta Ezra Azmon quien ofre­ce su músi­ca en las calles de Cana­dá, así como los encuen­tros con el can­tan­te y com­po­si­tor cana­dien­se Patrick Watson, el com­po­si­tor ame­ri­cano Osun­la­de y el vio­lon­che­lis­ta Stépha­ne Tétrault quien des­cri­be la magia que se des­pren­de de su ins­tru­men­to Stradivarius.

La muy bue­na con­cep­ción de Dallai­re ha sido plas­ma­da en un irre­pro­cha­ble mon­ta­je de Louis-Mar­tin Para­dis. A todo ello, es impor­tan­te resal­tar el inva­lua­ble apor­te brin­da­do por la foto­gra­fía en blan­co y negro de Tobie Marier-Robi­tai­lle y Josée Des­haies que visual­men­te se com­ple­men­ta con el vigor del soni­do emer­gen­te de esta inusual expe­rien­cia intelectual.

Para con­cluir este muy buen docu­men­tal se bene­fi­cia de los extrac­tos musi­ca­les de Los Pla­ne­tas de Gus­tav Holst, el Ada­gio Para Cuer­das de Samuel Bar­ber, y la Ele­gía de Gabriel Fau­ré. Jor­ge Gutman

Cor­tos Nomi­na­dos al Oscar (2)

A con­ti­nua­ción se comen­ta los 5 cor­to­me­tra­jes nomi­na­dos al Oscar 2021 que per­te­ne­cen al géne­ro docu­men­tal, cuya exhi­bi­ción se rea­li­za en el Ciné­ma du Parc de Montreal.

DO NOT SPLIT (Norue­ga-Esta­dos Uni­dos, 34 minutos)

Aun­que los medios de difu­sión opor­tu­na­men­te han infor­ma­do sobre la intran­qui­la situa­ción impe­ran­te en Hong Kong duran­te los últi­mos años, este docu­men­tal per­mi­te visua­li­zar con mayor deta­lle el enfren­ta­mien­to de los habi­tan­tes de la isla y la poli­cía china.

Esta cró­ni­ca del docu­men­ta­lis­ta Anders Ham­mer enfa­ti­za los esfuer­zos rea­li­za­dos por jóve­nes acti­vis­tas de Hong Kong ante la cre­cien­te intro­mi­sión de las auto­ri­da­des chi­nas tra­tan­do de supri­mir la demo­cra­cia exis­ten­te. El foco que encen­dió la chis­pa del des­con­ten­to popu­lar se pro­du­jo en junio de 2019 con la pro­pues­ta de ley per­mi­tien­do la extra­di­ción a Chi­na con­ti­nen­tal de sos­pe­cho­sos cri­mi­na­les de la isla. De allí en más, a par­tir de octu­bre de 2019 comien­za la vio­len­cia poli­cial para sofo­car las mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta. Es allí don­de se refle­ja en toda su dimen­sión la intré­pi­da fil­ma­ción rea­li­za­da por Ham­mer quien bajo el fue­go de las balas y los gases lacri­mó­ge­nos ha logra­do cap­tar inten­sa­men­te las con­fron­ta­cio­nes que se suce­den dia­ria­men­te en las calles de Hong Kong, prác­ti­ca­men­te con­ver­ti­da en un esta­do poli­cial. En ese recuen­to tam­bién se regis­tra el asal­to poli­cial a la Uni­ver­si­dad Poli­téc­ni­ca de la región que que­dó sitia­da por espa­cio de 2 meses.

La pan­de­mia detu­vo las pro­tes­tas a prin­ci­pios de 2020 pero eso no impi­dió que Chi­na adop­ta­ra medi­das más auto­ri­ta­rias con la san­ción de la Ley de Segu­ri­dad Nacio­nal de junio de 2020. Entre algu­nas de las voces que se hacen oír en el docu­men­tal se encuen­tra la de la joven acti­vis­ta Joey Siu que con dedi­ca­ción y valen­tía defien­de la cau­sa de la demo­cra­cia de la isla aun­que fren­te al pano­ra­ma actual mani­fies­ta su incer­ti­dum­bre sobre la carre­ra docen­te que desea­ba emprender.

Con un muy buen mon­ta­je efec­tua­do por Ham­mer, Mark Luken­bill y Bill Ross, el equi­po de fil­ma­ción ha logra­do un exce­len­te cor­to­me­tra­je refle­jan­do la repre­sión y bru­ta­li­dad ejer­ci­da por Chi­na con­tra la pobla­ción de Hong Kong deseo­sa de pro­te­ger su libertad.

HUN­GER WARD (Esta­dos Uni­dos, 40 minutos)

Loa­ble y huma­ni­ta­ria es la labor empren­di­da por el rea­li­za­dor Skye Fitz­ge­rald con este pene­tran­te cor­to­me­tra­je. Su tema se cen­tra en la mayor ham­bru­na del mun­do ente­ro que acon­te­ce en Yemen, un país seve­ra­men­te fla­ge­la­do por la gue­rra civil ini­cia­da hace más de 5 años. Lo alar­man­te es que los más cas­ti­ga­dos son los niños ‑espe­cial­men­te los que habi­tan en el sur del país- cuya des­nu­tri­ción es alarmante.

Fitz­ge­rald ubi­có su cáma­ra en el Hos­pi­tal Sada­qa y la Clí­ni­ca Aslam del desan­gra­do país, resal­tan­do la enco­mia­ble tarea des­ple­ga­da por la doc­to­ra Aida Hus­sein Alsa­deeq y la enfer­me­ra Mek­kia Mah­di. Con gran devo­ción, estas pro­fe­sio­na­les de la salud luchan deses­pe­ra­da­men­te por sal­var las vidas de niños mal nutri­dos debi­do a la dra­má­ti­ca esca­sez de ali­men­tos que afec­ta al país; en tal sen­ti­do pue­de adver­tir­se la aten­ción brin­da­da a la niña de 6 años Abeer cuyo peso es de ape­nas 5 kilos y medio y a Omei­na que con sus 10 años pesa esca­sos 10 kilos; más tris­te aún es con­tem­plar a la bebi­ta Asi­la cuya piel está com­ple­ta­men­te ulce­ra­da por el ede­ma cau­sa­do por fal­ta de alimentación.

A todo ello el bom­bar­deo aéreo lan­za­do por Ara­bia Sau­di­ta y otros paí­ses ára­bes con­tra el gru­po insur­gen­te de hutíes con­tri­bu­ye a aumen­tar el núme­ro de víc­ti­mas de la pobla­ción civil, inclu­yen­do a los infan­tes. Fren­te al lamen­ta­ble pano­ra­ma la situa­ción se ve más agra­va­da con el blo­que impues­to a Yemen que le impi­de reci­bir comi­da y medi­ci­na pro­ve­nien­te de otros paí­ses. Debi­do a la gue­rra y al ham­bre vigen­te la Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal para las Migra­cio­nes con­si­de­ró que en 2020 más de 100.000 per­so­nas de Yemen se vie­ron obli­ga­dos a dejar sus hogares.

En esen­cia, este lace­ran­te y con­mo­ve­dor docu­men­tal cons­ti­tu­ye un lla­ma­do de aler­ta al mun­do civi­li­za­do para que adquie­ra con­cien­cia de lo que suce­de en Yemen y acu­da en su ayuda.

COLET­TE (Fran­cia-Ale­ma­nia-Esta­dos Uni­dos, 25 minutos)

Un epi­so­dio vin­cu­la­do con el geno­ci­dio nazi duran­te la Segun­da Gue­rra es lo que abor­da el rea­li­za­dor Anthony Giac­chino enfo­can­do la espe­cial rela­ción for­ja­da entre dos per­so­nas de dife­ren­te generación.

Aún cuan­do es bien sabi­do que el Holo­caus­to ha pro­du­ci­do 17 millo­nes de víc­ti­mas, el rea­li­za­dor aquí se cen­tra espe­cial­men­te en Jean-Pie­rre Cathe­ri­ne que ha sido ase­si­na­do en el cam­po de con­cen­tra­ción de Mit­te­bau-Dora ubi­ca­do cer­ca de Nordhau­sen. Es la nona­ge­na­ria Colet­te Marin-Cathe­ri­ne, una de las sobre­vi­vien­tes de la gue­rra, que desea retor­nar a Ale­ma­nia para visi­tar el lugar don­de su her­mano ado­les­cen­te que había inte­gra­do la resis­ten­cia fran­ce­sa fue cap­tu­ra­do por los nazis poco antes de que con­clu­ye­se el nefas­to con­flic­to bélico.

Para hacer este via­je des­de Fran­cia don­de habi­ta has­ta Ale­ma­nia, ella cuen­ta con el apo­yo físi­co y espi­ri­tual brin­da­do por Lucie Fou­ble, una joven estu­dian­te de his­to­ria que está rea­li­zan­do un tra­ba­jo docu­men­ta­do de los fran­ce­ses que fue­ron depor­ta­dos a dicho cam­po. Duran­te este tra­yec­to entre ambas muje­res que­da cimen­ta­da una gran empa­tía en don­de la ancia­na con­si­de­ra a Lucie como si se tra­ta­ra de su pro­pia nie­ta por el cari­ño­so tra­to que ella le brin­da. La visi­ta al sitio que había sido el cam­po de con­cen­tra­ción pro­du­ce en la ancia­na una fuer­te con­mo­ción al remo­ver las heri­das trau­má­ti­cas de haber per­di­do a Jean-Pie­rre; para Lucie, cons­ti­tu­ye una vital expe­rien­cia el com­par­tir los sen­ti­mien­tos de Colet­te a tra­vés de los tris­tes recuer­dos que aflo­ran en su memoria.

Con gran sen­si­bi­li­dad Giac­chino sigue el derro­te­ro de estas dos almas huma­nas brin­dan­do una esce­na de gran emo­ción cuan­do en el momen­to de la des­pe­di­da Colet­te ofre­ce a Lucie un obse­quio de su per­te­nen­cia que tuvo espe­cial tras­cen­den­cia en su vida. A todas luces este es un cor­to­me­tra­je deci­di­da­men­te recomendable.

A CON­CER­TO IS A CON­VER­SA­TION. (Esta­dos Uni­dos, 13 minutos)

Este con­ci­so rela­to abor­da al pia­nis­ta de jazz y com­po­si­tor Kris Bowers pre­sen­tan­do a Hora­ce Bowers, su que­ri­do abue­lo de 91 años afec­ta­do de cán­cer. En la con­ver­sa­ción que ambos man­tie­nen van reve­lán­do­se aspec­tos de la genea­lo­gía fami­liar así como los vin­cu­la­dos con la iden­ti­dad negra. A tra­vés de films case­ros de la fami­lia, se pue­de apre­ciar cómo Hora­ce sien­do joven dejó su hogar de Flo­ri­da, por­que debi­do al color de su piel debió enfren­tar el racis­mo y la segre­ga­ción; tras­la­dán­do­se al sur de Los Ánge­les allí con­si­guió un tra­ba­jo en una tin­to­re­ría y años des­pués jun­to con su espo­sa esta­ble­cie­ron su pro­pio nego­cio con exi­to­sos resultados.

En ese ínti­mo diá­lo­go el nie­to des­ta­ca que su logro como músi­co negro se debe a los esfuer­zos rea­li­za­dos por su fami­lia así como los estí­mu­los que de ella reci­bió. De allí que resul­te emo­ti­vo con­tem­plar a Kris acom­pa­ña­do de su abue­lo asis­tien­do a la pri­me­ra eje­cu­ción de su con­cier­to para vio­lín “For a Youn­ger Self” en el audi­to­rio Walt Dis­ney. En sín­te­sis, este sen­ci­llo y cáli­do cor­to es un enco­mia­ble tri­bu­to del com­po­si­tor a su abue­lo y a su que­ri­da fami­lia que con su apo­yo ha lle­ga­do a ser lo que es.

A LOVE SONG FOR LATASHA (Esta­dos Uni­dos, 18 minutos)

Tal como lo enun­cia su títu­lo, la direc­to­ra Sophia Nah­li Alli­son brin­da una can­ción de amor para Latasha, median­te un rela­to que evi­den­cia la mane­ra en que los pre­jui­cios pue­den cobrar vidas inocentes.

El 16 de mar­zo de 1991, Latasha Har­lins de 15 años de edad fue ase­si­na­da por Soon Ja du, una corea­na ame­ri­ca­na que ha esta­do a car­go de una lico­re­ría ubi­ca­da en el cen­tro sur de Los Ánge­les. Ese día la joven de color inten­tó com­prar un jugo de naran­ja por valor de 1,79 $ pero como la due­ña del nego­cio supu­so que esta­ba roban­do le dis­pa­ró un tiro mor­tal en la par­te pos­te­rior de su cabe­za; cuan­do la poli­cía lle­gó al lugar del cri­men com­pro­bó que la chi­ca por­ta­ba un bille­te de 2 dóla­res con la inten­ción de efec­tuar el pago de la bebi­da. La jue­za Joy­ce Kar­lin decla­ró a Soon cul­pa­ble del ase­si­na­to; no obs­tan­te la gra­ve­dad del hecho, el cas­ti­go sola­men­te se limi­tó a rea­li­zar 400 horas de tra­ba­jo comu­ni­ta­rio y pagar 500 $ de mul­ta, sin haber res­trin­gi­do su liber­tad. La muer­te de Latasha, agra­va­da por el homi­ci­dio del acti­vis­ta negro Rod­ney King per­pe­tra­do por la poli­cía blan­ca que había acon­te­ci­do 13 días atrás, fue el fac­tor cata­li­za­dor que ori­gi­nó en 1992 los dra­má­ti­cos dis­tur­bios de Los Ánge­les rea­li­za­dos por afro­ame­ri­ca­nos y latinos.

El epi­so­dio men­cio­na­do ins­pi­ró a la rea­li­za­do­ra revi­vir el dra­má­ti­co caso a tra­vés de los tes­ti­mo­nios brin­da­dos por Tybie O’Bard, la mejor ami­ga de Latasha, así como la de su pri­ma Shir­le­ne Har­lins, don­de a tra­vés de la memo­ria des­ta­can los valo­res huma­nos de la víc­ti­ma y su ambi­ción de lle­gar a gra­duar­se en el futu­ro de abo­ga­da que obvia­men­te no pudo concretarse.

El docu­men­tal es un tra­ba­jo deci­di­da­men­te expe­ri­men­tal basa­do en con­ver­sa­cio­nes que en cier­tos momen­tos se inter­ca­lan con la ani­ma­ción de dibujos.

Aun­que la fil­ma­ción resul­ta un tan­to des­igual, lo que aquí tras­cien­de es el cons­ta­tar cómo en el cri­men de Latasha la jus­ti­cia no supo ser ser­vi­da. Jor­ge Gutman

La Direc­to­ra de Orquesta

LA CHEF D’OR­CHES­TRE / THE CON­DUC­TOR Holan­da, 2018. Direc­ción y guión: Maria Peters. 138 minutos

Este emo­ti­vo film de Maria Peters enfo­ca de mane­ra fic­cio­nal a Anto­nia Bri­co, la pri­me­ra mujer reco­no­ci­da y acep­ta­da como direc­to­ra de una orques­ta sin­fó­ni­ca en una épo­ca en que el mun­do musi­cal no con­ce­bía que una repre­sen­tan­te del sexo feme­nino pudie­se estar al fren­te de una orquesta.

Chris­tan­ne de Bruijn

El rela­to comien­za en 1926, pre­sen­tan­do a Willy Wol­ters (Chris­tan­ne de Bruijn) de 24 años naci­da en Roter­dam, que vive en Esta­dos Uni­dos con sus padres adop­ti­vos holan­de­ses (Ray­mond Thiry y Annet Mal­her­be) quie­nes lle­ga­ron al país en pro­cu­ra de un mejor por­ve­nir. Su gran pasión por la músi­ca moti­va que apro­ve­chan­do su tra­ba­jo de aco­mo­da­do­ra en una sala de con­cier­tos, asis­ta a uno de los mis­mos; vien­do cómo diri­ge el direc­tor holan­dés Willem Men­gel­berg (Gijs Schol­ten van Aschat), Willy anhe­la que algún día ella tam­bién pue­da hacerlo.

El deseo de Willy habrá de encon­trar serias difi­cul­ta­des en la medi­da que con­ti­nua­men­te se le hace recor­dar que el des­tino de una mujer es casar­se y tener hijos, como se lo rati­fi­ca Mark Golds­mith (Seu­mas F. Sar­gent), su pro­fe­sor de piano. En ese deve­nir encon­tra­rá un gran apo­yo en Robin Jones (Scott Tur­ner Scho­field), un músi­co que ten­drá un impor­tan­te impac­to en su vida; a todo ello en el terreno sen­ti­men­tal man­tie­ne un cáli­do roman­ce con Frank Thom­sen (Ben­ja­min Wainw­right), un joven per­te­ne­cien­te a una fami­lia de alta con­di­ción social.

El momen­to deci­si­vo para ella se pro­du­ce cuan­do a raíz de una dis­cu­sión con su mamá, esta mujer le hace saber que no es su ver­da­de­ra madre dado que su legí­ti­ma pro­ge­ni­to­ra la ven­dió cuan­do tenía 2 años y que su ver­da­de­ro nom­bre es Anto­nia Bri­co. Esa impre­sio­nan­te noti­cia que Willy había igno­ra­do has­ta ese enton­ces le pro­du­ce un vuel­co emo­cio­nal que la impul­sa a via­jar a Áms­ter­dam a fin de pro­cu­rar su ver­da­de­ra iden­ti­dad, saber quién fue su madre y por­qué la cedió en adop­ción. En ese via­je sale al encuen­tro de Men­gel­berg a quien le supli­ca que le dé lec­cio­nes de direc­ción orques­tal; este hom­bre con­ven­ci­do de la fir­me deter­mi­na­ción de Anto­nia la reco­mien­da al renom­bra­do direc­tor ale­mán Karl Muck (Richard Sam­mel); por tal razón ella se des­pla­za a Ber­lín en don­de a tra­vés de las ense­ñan­zas de su seve­ro pro­fe­sor logra ser admi­ti­da en la pres­ti­gio­sa Aca­de­mia de Músi­ca de Ber­lín. Des­pués de su gra­dua­ción de direc­to­ra de orques­ta, final­men­te con­cre­ta su ansia­do obje­ti­vo cuan­do en 1930 se con­vier­te en la pri­me­ra mujer que diri­ge a la céle­bre Orques­ta Filar­mó­ni­ca de Ber­lín; a ello se une pos­te­rior­men­te su acla­ma­da carre­ra en París y Lon­dres. Su amor por la músi­ca pre­va­le­ce de tal mane­ra que a fin de no tener que dejar su carre­ra recha­za la pro­pues­ta matri­mo­nial de Thomsen.

El tra­mo final del rela­to tie­ne lugar en 1933 en Esta­dos Uni­dos, cuan­do Anto­nia ‑a pesar de su fama euro­pea- tro­pie­za con obs­tácu­los para diri­gir con­cier­tos por su con­di­ción de mujer. Para supe­rar ese incon­ve­nien­te fun­da la New York Wome­n’s Symphony Orches­tra, inte­gra­da obvia­men­te por ins­tru­men­tis­tas feme­ni­nas, que logra un cla­mo­ro­so suce­so en opor­tu­ni­dad del pri­mer con­cier­to ofrecido.

No obs­tan­te su lar­ga dura­ción Peters brin­da un bello film de impe­ca­ble narra­ción cuyo ágil rit­mo per­mi­te que la aten­ción se man­ten­ga per­ma­nen­te­men­te. Todas las actua­cio­nes del elen­co resul­tan alta­men­te con­vin­cen­tes aun­que por la impor­tan­cia de su rol Bruijn sub­yu­ga; ella impri­me a su per­so­na­je el máxi­mo entu­sias­mo, bra­vu­ra y deter­mi­na­ción en la lucha que rea­li­za en una socie­dad machis­ta para demos­trar que la músi­ca no dis­tin­gue el géne­ro sexual.

La belle­za del film que­da real­za­da a tra­vés del apor­te musi­cal de Quin­ten Schram y Bob Zim­mer­man ofre­cien­do extrac­tos de obras de cele­bres com­po­si­to­res como Beetho­ven, Bruck­ner, Dvořák, Gersh­win, Grieg, Mah­ler y Pro­ko­fiev, eje­cu­ta­dos por la Orques­ta Filar­mó­ni­ca de la Radio Holandesa.

En los cré­di­tos fina­les se hace saber que a pesar de su inne­ga­ble talen­to Bri­co nun­ca obtu­vo la posi­ción de direc­to­ra per­ma­nen­te de una orques­ta. Ade­más se men­cio­na una publi­ca­ción de la reco­no­ci­da revis­ta musi­cal Gra­mophone seña­lan­do que en 2017 en el ran­king de los 50 mejo­res direc­to­res de orques­ta de todos los tiem­pos nin­gu­na mujer se encuen­tra en la lis­ta. De todos modos, esa infor­ma­ción no des­car­ta el hecho de que la haza­ña de Anto­nia Bri­co per­mi­tió la aper­tu­ra del camino para futu­ras direc­to­ras de orques­ta. Jor­ge Gutman

Excén­tri­ca Comedia

FRENCH EXIT.  UK-USA, 2020. Direc­tor: Aza­zel Jacob. 113 minutos

Para quie­nes gus­tan de las come­dias surrea­lis­tas, pue­de que French Exit les satis­fa­ga; en todo caso más allá de la esme­ra­da actua­ción de Miche­lle Pfeif­fer este film dis­ta de lograr un con­sen­so uná­ni­me. No siem­pre una obra lite­ra­ria pue­de tras­la­dar­se efi­cien­te­men­te a la pan­ta­lla, en este caso el tra­ba­jo del rea­li­za­dor Aza­zel Jacob, basán­do­se en la nove­la homó­ni­ma del escri­tor cana­dien­se Patrick de Witt quien se ocu­pó de su adap­ta­ción, resul­ta un tan­to discutible.

Miche­lle Pfeif­fer y Lucas Hedges

El pro­mi­so­rio pun­to de par­ti­da intro­du­ce a Fran­ces (Pfeif­fer), una mujer sexa­ge­na­ria de la alta socie­dad neo­yor­ki­na que aca­ba de enviu­dar. Habien­do dila­pi­da­do casi total­men­te la for­tu­na deja­da por su mari­do y no tole­ran­do vivir en la pobre­za acep­ta la pro­pues­ta de su ami­ga Joan (Susan Coy­ne) para habi­tar en su des­ocu­pa­do depar­ta­men­to que posee en París, sin cos­to alguno. Es así que con el dine­ro res­tan­te obte­ni­do de la ven­ta de los bie­nes del piso que ocu­pa, jun­to con su joven hijo Mal­com (Lucas Hed­ges) y su que­ri­do gato par­ten a la bella capi­tal de Fran­cia uti­li­zan­do como medio de trans­por­te la vía marí­ti­ma. Al hacer­lo, Mal­com deja de lado a su frus­tra­da novia Susan (Imo­gen Poots) sin pro­me­ter­le cuan­do regre­sa­rá a verla.

Ya en París comien­zan a sur­gir las excen­tri­ci­da­des. Poco a poco el depar­ta­men­to pari­sino se va poblan­do con curio­sos per­so­na­jes; entre éstos se encuen­tra Mada­me Rey­naud (Vale­rie Mahaf­fey), una viu­da ame­ri­ca­na expa­tria­da que insis­te en esta­ble­cer lazos de amis­tad con Fran­ces. Como en un momen­to de des­cui­do el gato de Fran­ces ‑que cor­po­ri­za el espí­ri­tu de su espo­so- des­apa­re­ce, ella con­tra­ta al afa­ble detec­ti­ve Julius (Isaach De Ban­ko­lé) para que lo ubi­que. El gru­po se agran­da con Made­lei­ne (Danie­lle Mac­do­nald), una alo­ca­da espi­ri­tis­ta que en una sesión espe­cial con­vo­ca al difun­to mari­do de Fran­ces. Para com­pli­car la situa­ción, ines­pe­ra­da­men­te lle­gan Susan en com­pa­ñía de su nue­vo novio (Daniel di Tomas­so) y final­men­te así lo hace Joan quien com­prue­ba el esta­do caó­ti­co de su depar­ta­men­to habi­ta­do por extra­va­gan­tes personas.

Este cua­dro insen­sa­to se com­ple­ta en los paseos que rea­li­za Fran­ces por París don­de ella va repar­tien­do impor­tan­tes sumas de dine­ro a gen­te des­co­no­ci­da sin que se se sepa la razón de su actitud.

Si el rea­li­za­dor tuvo la inten­ción de pre­sen­tar un rela­to abso­lu­ta­men­te irrea­lis­ta don­de el dis­pa­ra­te se amal­ga­ma con lo iló­gi­co a tra­vés de situa­cio­nes estra­fa­la­rias, su pro­pó­si­to será valo­ra­do de acuer­do con el sen­ti­do del humor de cada espec­ta­dor. Lo que resul­ta indis­cu­ti­ble es la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Pfeif­fer como la viu­da cuyo com­por­ta­mien­to absur­do per­mi­te con­quis­tar la sim­pa­tía del públi­co; a su lado se dis­tin­gue Hed­ges como el pasi­vo y sumi­so hijo que man­tie­ne una sin­gu­lar rela­ción con su madre. El res­to del elen­co se desem­pe­ña con correc­ción suje­to a las exi­gen­cias del guión. Jor­ge Gutman

Cor­tos Nomi­na­dos al Oscar (1)

He aquí un bre­ve comen­ta­rio de cada uno de los 5 cor­to­me­tra­jes de fic­ción nomi­na­dos al Oscar 2021 que se exhi­ben en el Ciné­ma du Parc de Montreal.

FEE­LING THROUGH (Esta­dos Uni­dos, 19 minutos)

Aun­que no se tra­ta de un docu­men­tal sino de una fic­ción, este remar­ca­ble cor­to está aso­cia­do al hecho de que Robert Taran­go, uno de los pro­ta­go­nis­tas del rela­to, es real­men­te cie­go y sor­do como el per­so­na­je que caracteriza.

Diri­gi­do y muy bien escri­to por Doug Roland, la his­to­ria se cen­tra en un inusual encuen­tro noc­turno. Tereek (Ste­ven Pres­cod) des­pués de haber pasa­do una vela­da con sus ami­gos pla­nea reu­nir­se con su novia. Cuan­do hallán­do­se en la calle tex­tean­do con ella por el celu­lar, se topa con Artie (Taran­go) com­pro­ban­do que este hom­bre care­ce de visión y del sen­ti­do de la audición.

No obs­tan­te, median­te pape­les y notas escri­tas se esta­ble­ce una silen­cio­sa comu­ni­ca­ción que satis­fac­to­ria­men­te reem­pla­za a los diá­lo­gos habla­dos; así, Taran­go le pide que lo con­duz­ca a la para­da del auto­bús que lo trans­por­ta­rá a su hogar y que le ayu­de a subir cuan­do el vehícu­lo arri­be. A tra­vés de esa espe­ra, se va for­jan­do entre ambos un lazo afec­ti­vo en don­de que­da resal­ta­do el espí­ri­tu soli­da­rio de Tereek brin­dan­do apo­yo a quien lo nece­si­ta. Con inter­pre­ta­cio­nes que rebo­san com­ple­ta auten­ti­ci­dad, Roland logra un emo­ti­vo cortometraje.

THE LET­TER ROOM (Esta­dos Uni­dos, 33 minutos)

Este cor­to explo­ra la vida car­ce­la­ria a tra­vés de la visión de uno de sus fun­cio­na­rios. Richard (Oscar Isaac) es un hom­bre de exis­ten­cia soli­ta­ria que tra­ba­ja en un cen­tro de reclu­sión en el que su preo­cu­pa­ción mayor es mejo­rar el nivel de vida de los con­vic­tos aun­que le resul­ta impo­si­ble lograrlo.

Cuan­do es pro­mo­vi­do al car­go de direc­tor de comu­ni­ca­cio­nes, tie­ne como prin­ci­pal tarea la de veri­fi­car cada una de las car­tas des­ti­na­das a los pre­sos, esca­near­las y pos­te­rior­men­te entre­gár­se­las a sus res­pec­ti­vos des­ti­na­ta­rios. La lec­tu­ra de esa corres­pon­den­cia epis­to­lar cons­ti­tu­ye para él una espe­cial reve­la­ción; entre las car­tas se encuen­tra la de Rosi­ta (Alia Shaw­kat) diri­gi­da a Cris (Brian Petsos), un pri­sio­ne­ro con­de­na­do a muer­te, en don­de poé­ti­ca­men­te le trans­mi­te su pro­fun­do amor.

Asi­mis­mo, al ir Richard reco­rrien­do los pasi­llos don­de están alo­ja­dos los pri­sio­ne­ros, des­de su cel­da el pena­do Jack­son (John Dou­glas Thom­pson) le inter­cep­ta pidién­do­le que veri­fi­que si hay una car­ta pen­dien­te que podría haber­le escri­to su hija de quien hace lar­go tiem­po que no tie­ne noti­cias. Gra­dual­men­te, Robert se aden­tra en la inti­mi­dad de estos con­vic­tos median­te un pro­ce­di­mien­to deci­di­da­men­te huma­ni­ta­rio. Con gran suti­le­za la direc­to­ra Elvi­ra Lind narra esta sen­si­ble his­to­ria que se encuen­tra enri­que­ci­da con la mag­ní­fi­ca inter­pre­ta­ción de Isaac trans­mi­tien­do la noble­za que emer­ge de su personaje.

TWO DIS­TANT STRAN­GERS (Esta­dos Uni­dos, 25 minutos)

La tra­ge­dia acon­te­ci­da en mayo de 2020 con el ase­si­na­to de Geor­ge Floyd, ha ins­pi­ra­do a los direc­to­res Tra­von Free y Mar­tin Des­mond Roe para rea­li­zar este cor­to. La acción se cen­tra en Car­ter (Joey Badass), un cari­ca­tu­ris­ta negro que habien­do pasa­do la noche con su novia (Zaria Simo­ne) des­pier­ta sobre­sal­ta­do por la horri­ble pesa­di­lla que experimentó.

La mis­ma se refie­re a un encuen­tro con un ofi­cial de poli­cía blan­co (Andrew Howard) que lo fuer­za a entre­gar el bol­so que lle­va con­si­go para ser revi­sa­do; al opo­ner resis­ten­cia Car­ter es vol­ca­do al sue­lo y some­ti­do al mis­mo pro­ce­di­mien­to que Floyd reci­bió has­ta que se pro­du­ce su muerte.

Esta pesa­di­lla se vuel­ve recu­rren­te en los cin­co siguien­tes días, lo que con­tri­bu­ye a que el rela­to no logre la efi­ca­cia desea­da. Aun­que el urti­can­te tema tien­de a demos­trar una vez más la tris­te reali­dad acer­ca del tra­ta­mien­to bru­tal de la poli­cía a la comu­ni­dad negra, su imple­men­ta­ción no satis­fa­ce dado que su cons­tan­te repe­ti­ción resul­ta extenuante.

THE PRE­SENT (Pales­ti­na, 25 minutos)

La novel cineas­ta Farah Nabul­si ofre­ce una con­mo­ve­do­ra his­to­ria expo­nien­do las vici­si­tu­des que sue­len atra­ve­sar los pales­ti­nos de los terri­to­rios ocu­pa­dos cuan­do deben tras­la­dar­se des­de una zona hacia otra.

El guión de la rea­li­za­do­ra escri­to con Hind Shou­fa­ni pre­sen­ta a You­sef (Saleh Bakri), un pales­tino vivien­do en esa región, quien jun­to con su mujer Noor (Mariam Basha) se dis­po­nen a cele­brar el ani­ver­sa­rio de bodas; tenien­do en cuen­ta que el refri­ge­ra­dor del hogar no fun­cio­na como debie­ra, You­sef deci­de obse­quiar a su espo­sa con uno nuevo.

De allí que con su hiji­ta Yas­mi­ne (Mariam Kani) se diri­gen al sec­tor israe­lí para efec­tuar la com­pra; para ello deben pasar pre­via­men­te por un pues­to de con­trol mili­tar ubi­ca­do a esca­sa dis­tan­cia de don­de ellos habi­tan. Des­pués de que You­sef es revi­sa­do de mane­ra nada ama­ble por los sol­da­dos de turno, él y la nena lle­gan al nego­cio para efec­tuar la com­pra. El con­flic­to dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do en el camino de regre­so trans­por­tan­do la neve­ra en una una carre­ti­lla este hom­bre des­pués de haber sido some­ti­do al rigor del con­trol no logra pasar por la puer­ta de fran­queo debi­do al tama­ño del apa­ra­to que trae con­si­go; es así que soli­ci­ta a los guar­dias de tran­si­tar por un sen­de­ro para­le­lo en don­de no exis­te impe­di­men­to alguno, pero ese pedi­do le es dene­ga­do por­que sola­men­te los israe­líes pue­den uti­li­zar esa vía. A todo ello la peque­ña Yas­mi­ne, con­tem­plan­do la humi­lla­ción de la que su padre es obje­to, de mane­ra inge­nio­sa con­si­gue supe­rar ese obs­tácu­lo. La direc­to­ra ha logra­do una cau­ti­van­te his­to­ria rea­lis­ta dota­da de nota­ble auten­ti­ci­dad y real­za­da con el apor­te de Bakri y Kani quie­nes guar­dan una per­fec­ta com­pli­ci­dad en el afec­tuo­so víncu­lo exis­ten­te entre el tierno padre y su dul­ce hijita

WHI­TE EYE (Israel, 21 minutos)

Un rela­to de con­no­ta­cio­nes mora­les es lo que el escri­tor y direc­tor Tomer Shushan con­si­de­ra en este estu­pen­do cor­to. La acción se desa­rro­lla en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Israel enfo­can­do a Omar (Daniel Gad), un hom­bre a quien un mes atrás le ha sido roba­da su que­ri­da bicicleta.

Cuan­do aza­ro­sa­men­te lle­ga a encon­trar­la, estan­do enca­de­na­da y sin poder recu­pe­rar­la, cree haber loca­li­za­do al supues­to ladrón. El incri­mi­na­do es Yunes (Dawit Teke­laeb), un humil­de obre­ro ori­gi­na­rio de Eri­trea que tra­ba­ja en una plan­ta empa­que­ta­do­ra de car­ne; al ser con­fron­ta­do él se decla­ra ino­cen­te ale­gan­do que la sema­na ante­rior la había com­pra­do legal­men­te a un des­co­no­ci­do por 250 she­kels. Par­tien­do de esta pre­mi­sa la tra­ma va adqui­rien­do mar­ca­da ten­sión por cuan­to Omar insis­te que esa bici­cle­ta es suya en tan­to que Yunes cree ser el legí­ti­mo due­ño de la mis­ma. El pro­ble­ma se com­pli­ca aún más cuan­do inter­vie­ne la poli­cía para zan­jar el con­flic­to y des­cu­bre que el tra­ba­ja­dor no posee la visa de resi­den­te sien­do por lo tan­to dete­ni­do; ahí es cuan­do se gene­ra en Omar un sen­ti­mien­to de culpa.

La ima­gi­na­ti­va his­to­ria sóli­da­men­te cons­trui­da por Shushan deja abier­ta la pre­gun­ta sobre cómo podría ser resuel­to salo­mó­ni­ca­men­te el caso plan­tea­do sin que un acto de jus­ti­cia pudie­se gene­rar otro de injus­ti­cia. Cier­ta­men­te, este dra­ma humano per­mi­te que el espec­ta­dor pue­da empa­ti­zar con la situa­ción vivi­da por los dos per­so­na­jes cen­tra­les, mag­ní­fi­ca­men­te carac­te­ri­za­dos por Gad y Tekelaeb.
Jor­ge Gutman