Una His­to­ria Inverosímil

ADIEU LES CONS. Fran­cia, 2020. Un film de Albert Dupon­tel. 87 minutos

Con el pre­ce­den­te de haber obte­ni­do varios pre­mios Cesar, entre otros el de mejor film y mejor direc­ción de 2020, el públi­co cana­dien­se pue­de aho­ra juz­gar Adieu Les Cons. Habien­do sido cali­fi­ca­do por el direc­tor Albert Dupon­tel como una “tra­ge­dia bur­les­ca” el film fluc­túa entre varios géne­ros, inclu­yen­do humor negro, come­dia, sáti­ra y dra­ma social den­tro del mar­co de una irre­ve­ren­te fantasía.

Vir­gi­nie Efi­ra y Albert Dupontel

La pri­me­ra esce­na pre­sen­ta a Suze Tra­pet­to (Vir­gi­nie Efi­ra) una pelu­que­ra de 43 años que al visi­tar a su médi­co éste le diag­nos­ti­ca poco tiem­po de vida debi­do a una enfer­me­dad auto­in­mu­ne pro­du­ci­da por los efec­tos del espray emplea­do en su salón de belle­za. Esa noti­cia des­pier­ta su ins­tin­to mater­nal impul­sán­do­la a tra­tar de ubi­car a su hijo que había naci­do cuan­do ella era una ado­les­cen­te de 15 años y que fue dado en adop­ción debi­do a la pre­sión ejer­ci­da por sus padres.

Simul­tá­nea­men­te el guión del rea­li­za­dor escri­to con Xavier Nemo y Mar­cia Romano pre­sen­ta a Jean-Bap­tis­te Cuchas ‑alias JB- (inter­pre­ta­do por Dupon­tel), un fun­cio­na­rio públi­co del depar­ta­men­to de sani­dad de apro­xi­ma­da­men­te 50 años; a él le es enco­men­da­do la misión de entre­nar a un joven emplea­do, don­de todo pare­ce indi­car que habrá de reem­pla­zar­lo en sus fun­cio­nes a pesar de desem­pe­ñar­se como remar­ca­ble exper­to en infor­má­ti­ca. Fren­te a esta noti­cia devas­ta­do­ra deci­de sui­ci­dar­se pero al apun­tar su fusil para hacer­lo el tiro no da en el blan­co, pro­du­cien­do en cam­bio un des­tro­zo en su ofi­ci­na eli­mi­nan­do una de las pare­des que sepa­ra el lugar de tra­ba­jo de Suze. Al ser res­ca­ta­do por ella del lugar, la mujer le pide que le ayu­de a bus­car el expe­dien­te que le per­mi­ta ubi­car a su hijo; a cam­bio de esa tarea, tes­ti­mo­nia­rá a favor suyo ates­ti­guan­do que JB no es un delin­cuen­te terro­ris­ta sino que lamen­ta­ble­men­te inten­tó poner fin a su vida pro­vo­can­do un gra­ve accidente.

De allí en más ambos des­co­no­ci­dos jun­to con Blin (Nico­las Marié), un no viden­te rele­ga­do a los ser­vi­cios de archi­vo de una depen­den­cia públi­ca, se ponen en acción a fin de dar con el para­de­ro del hijo de Suze; para ello pre­via­men­te tie­nen que encon­trar su par­ti­da de naci­mien­to, tarea para la cual deben enfren­tar los obs­tácu­los de una buro­cra­cia admi­nis­tra­ti­va; a todo ello, el trío está al ace­cho de la per­se­cu­ción poli­cial que inten­ta cap­tu­rar a JB.

Las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por los per­so­na­jes de esta rocam­bo­les­ca aven­tu­ra ori­gi­nan situa­cio­nes deci­di­da­men­te absur­das, anár­qui­cas y cier­ta­men­te incon­sis­ten­tes don­de con algu­nos gags físi­cos, el rea­li­za­dor pro­cu­ra pro­vo­car comi­ci­dad aun­que no siem­pre logra encon­trar el jus­to tono; en todo caso, dejan­do a un lado las ins­tan­cias ridí­cu­las, la úni­ca for­ma de apre­ciar la pelí­cu­la es el de dejar­se lle­var sin tener en con­si­de­ra­ción su racio­na­li­dad lógica.

Lo más impor­tan­te del film radi­ca en su men­sa­je. Así, ape­lan­do a un enfo­que surrea­lis­ta Dupon­tel lan­za sus dar­dos crí­ti­cos a algu­nos aspec­tos de la era actual expo­nien­do una socie­dad hiper tec­no­ló­gi­ca y des­hu­ma­ni­za­da don­de el indi­vi­duo es mera­men­te un obje­to en el mer­ca­do de tra­ba­jo; no menos tras­cen­den­te es la injus­ti­cia pre­do­mi­nan­te con res­pec­to a los seres mar­gi­na­li­za­dos del medio social, como así tam­bién la vio­len­cia poli­cial mani­fes­ta­da en varias secuen­cias del rela­to. Los ele­men­tos cita­dos con­du­cen a que el direc­tor impreg­ne en esta his­to­ria un mar­ca­do nihi­lis­mo que que­da tras­lu­ci­do en la esce­na final. Jor­ge Gutman

Un Papá Fue­ra de Serie

FATHERHOOD. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Paul Weitz. 110 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Como su títu­lo lo indi­ca, este film de Paul Weitz se cen­tra en la pater­ni­dad, más espe­cí­fi­ca­men­te en la con­di­ción de ser padre a tra­vés de un rela­to de fic­ción basa­do en una his­to­ria real. Fatherhood se basa en el libro “Two Kis­ses for Maddy: A memoir of Loss & Love” escri­to por Matthew Loge­lin en el que trans­mi­te su expe­rien­cia per­so­nal fren­te a la cir­cuns­tan­cia que el des­tino le impu­so para actuar como padre y madre a la vez de su que­ri­da hijita.

Kevin Hart y Melody Hurd

Aun­que el guión del rea­li­za­dor escri­to con Dana Ste­vens es sen­ci­llo lo que pri­ma en este rela­to es la sin­ce­ri­dad con que Weitz trans­mi­te la sin­gu­lar expe­rien­cia vivi­da por Loge­lin que en la fic­ción es ani­ma­do por Kevin Hart. Resi­dien­do en Bos­ton con su que­ri­da espo­sa Liz (Debo­rah Ayo­rin­de) Matt trans­mi­te en su ros­tro la dicha que le embar­ga fren­te a la inmi­nen­cia del naci­mien­to del pri­mer hijo. Esa feli­ci­dad se tras­to­ca cuan­do momen­tos des­pués del satis­fac­to­rio par­to con la lle­ga­da de Maddy al mun­do, Liz mue­re de una embo­lia pul­mo­nar. El dolor de Matthew es inmen­so y a la vez com­par­ti­do por los fami­lia­res que han lle­ga­do de Min­nea­po­lis para cono­cer a la bebi­ta. Dado que su madre (The­dra Por­ter) y sobre todo su sue­gra (Alfre Woo­dard) son cons­cien­tes de que Matthew no está sufi­cien­te­men­te pre­pa­ra­do para valer­se por sí solo en aten­der a la peque­ña, le sugie­ren que por un perío­do de 6 meses se tras­la­de a Min­ne­so­ta para que ellas pue­dan cui­dar­la. Sin embar­go él se opo­ne a la idea, deci­di­do a asu­mir la total res­pon­sa­bi­li­dad de su hijita.

Duran­te la pri­me­ra mitad del rela­to se asis­te a todos los por­me­no­res pro­pios del cui­da­do de la cria­tu­ra, que no resul­ta nece­sa­rio des­cri­bir­los, y cómo Matthew se debe arre­glar para supe­rar los incon­ve­nien­tes que se van pre­sen­tan­do; para ello este devo­to papá cuen­ta con el apo­yo incon­di­cio­nal que le brin­dan sus dos que­ri­dos ami­gos Jor­dan (Lil Rel Howery) y Oscar (Anthony Carri­gan) así como en su tra­ba­jo es apo­ya­do por la bene­vo­len­te acti­tud de su jefe (Paul Reiser) quien le ofre­ce varias sema­nas de asue­to para que pue­da desem­pe­ñar­se apro­pia­da­men­te con la criatura.

La segun­da par­te trans­cu­rre varios años des­pués don­de Maddy (Melody Hurd) es una pro­di­gio­sa niña que ado­ra a su padre y reco­no­ce todo lo que él hace por ella. Ese tierno vincu­lo paterno-filial rebo­za com­ple­ta genui­ni­dad don­de para Matthew su hija es la prio­ri­dad abso­lu­ta en su vida; eso se lo hace saber a Swan (DeWan­da Wise) una joven con quien ha comen­za­do un víncu­lo sen­ti­men­tal y que sim­pa­ti­za ple­na­men­te con Maddy.

No obs­tan­te su tras­fon­do dra­má­ti­co, Weitz ha sabi­do equi­li­brar su narra­ción con la come­dia a tra­vés de algu­nas situa­cio­nes gra­cio­sas que se pre­sen­tan en la diná­mi­ca enta­bla­da entre padre e hija, como por ejem­plo la insis­ten­cia de la niña en ves­tir pan­ta­lo­nes en lugar de polle­ra en el cole­gio cató­li­co don­de asis­te; pero tam­bién hay momen­tos de emo­ción en ese cáli­do víncu­lo; a ello cabe agre­gar la rela­ción enta­bla­da por Matthew con su noble sue­gra a pesar de algu­nas dife­ren­cias exis­ten­tes como así tam­bién la de esta entra­ña­ble abue­la con su nieta.

La sobria actua­ción de Hart uni­da a la estu­pen­da pres­ta­ción ofre­ci­da por la talen­to­sa Hurd y la huma­na com­po­si­ción ofre­ci­da por Woo­dard per­mi­ten que sin mayo­res pre­ten­sio­nes este afa­ble y cán­di­do rela­to impreg­na­do de cier­ta melan­co­lía pue­da ser gra­ta­men­te apre­cia­do. Jor­ge Gutman

Una Boda Diferente

LA BODA DE ROSA. Espa­ña-Fran­cia, 2020. Un film de Icíar Bollaín. 97 minutos

La direc­to­ra Icíair Bollaín que mani­fies­ta una espe­cial sen­si­bi­li­dad hacia los per­so­na­jes feme­ni­nos, tal como lo evi­den­ció en Te doy mis Ojos (2003), nue­va­men­te lo demues­tra en esta come­dia cos­tum­bris­ta cuya mora­le­ja sería la de “res­pé­ta­te a ti mis­mo si quie­res que otros te res­pe­ten”. Eso es lo que acon­te­ce con el prin­ci­pal per­so­na­je de La Boda de Rosa, una pelí­cu­la huma­na, mag­ní­fi­ca­men­te con­ce­bi­da, con un tema capaz de ser acep­ta­do por cual­quier tipo de audiencia.

Can­de­la Peña

El guión de la cineas­ta escri­to con Ali­cia Luna ubi­ca la acción en la ciu­dad de Valen­cia aun­que bien podría desa­rro­llar­se en cual­quier sitio de Espa­ña o en el res­to del mun­do. Allí resi­de Rosa (Can­de­la Peña), una mujer de 45 años que siem­pre ha vivi­do para los demás sin ser due­ña de sí mis­ma. Eso acon­te­ce por­que el núcleo fami­liar que la rodea abu­sa de ella y no pre­ci­sa­men­te por mala fe sino por­que sin dar­se cuen­ta Rosa se deja lle­var. Como incan­sa­ble tra­ba­ja­do­ra en todo momen­to debe estar al ser­vi­cio de sus dos her­ma­nos Arman­do (Ser­gi López) y Vio­le­ta (Natha­lie Poza), así como de Anto­nio (Ramón Barea), su padre viu­do; eso no la exclu­ye de preo­cu­par­se por su hija Lidia (Pau­la Use­ro) que está casa­da y vivien­do en Man­ches­ter con sus dos bebés melli­zos. ¿Pero quién se ocu­pa o preo­cu­pa por Rosa?

Cuan­do su padre deci­de mudar­se de domi­ci­lio para vivir con ella sin que exis­ta nece­si­dad de hacer­lo y a su vez su hija por haber­se sepa­ra­do de su mari­do regre­sa a Valen­cia con sus melli­zos, esa es la gota que rebal­sa el vaso para que esta anti­he­roí­na deci­da cam­biar drás­ti­ca­men­te de vida. A pesar de tener un pre­ten­dien­te que la cor­te­ja (Xavo Gimé­nez) ella ha dis­pues­to casar­se con­si­go misma.

Bollaín sien­te un gran afec­to por estos per­so­na­jes que ade­más de estar efi­cien­te­men­te esbo­za­dos están impe­ca­ble­men­te carac­te­ri­za­dos por un sóli­do elen­co lide­ra­do por la exce­len­te Can­de­la Peña y muy bien acom­pa­ña­da por Poza, López, Barea y Use­ro como los inte­gran­tes de esta anti­con­ven­cio­nal familia.

Por lo que ante­ce­de, la rea­li­za­do­ra logra una deli­cio­sa come­dia con un humor medi­do en don­de no hay espa­cio para el mal gus­to, brin­dan­do un ameno rela­to que emo­cio­na sin recu­rrir a un arti­fi­cio­so sen­ti­men­ta­lis­mo. Entre las muchas acer­ta­das esce­nas, se des­ta­ca la de la boda don­de Rosa pro­cla­ma ante sus invi­ta­dos lo que pro­si­gue: “Pro­me­to res­pe­tar­me, cui­dar­me. Pro­me­to escu­char­me, per­do­nar­me. Pro­me­to hacer lo que me haga bien a mí. Pro­me­to pre­gun­tar­me a mí mis­ma pri­me­ro antes que pre­gun­tar qué quie­ren los demás. Pro­me­to lle­var a cabo mis sue­ños y mis deseos. Pro­me­to que­rer­me con todo cora­zón todos los días de mi vida. Tam­bién quie­ro renun­ciar a poner mi feli­ci­dad en manos de los demás. Y por últi­mo renun­cio a ser obediente”.

Una vez más se con­fir­ma que una ajus­ta­da direc­ción, un esme­ra­do guión y un cali­fi­ca­do elen­co per­mi­ten obte­ner una bue­na pelí­cu­la como la que se aca­ba de comentar.
Jor­ge Gutman

Dos Icó­ni­cas Personalidades

TRU­MAN & TEN­NES­SEE: AN INTI­MA­TE CON­VER­SA­TION. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Lisa Immor­dino Vree­land. 85 minutos.

Tru­man Capo­te y Ten­nes­see Williams, dos icó­ni­cas per­so­na­li­da­des de la lite­ra­tu­ra ame­ri­ca­na del pasa­do siglo, son con­si­de­ra­dos por Lisa Immor­dino Vree­land en este docu­men­tal. Para lograr su pro­pó­si­to, la rea­li­za­do­ra se ha nutri­do de impor­tan­te mate­rial de archi­vo y extrac­tos de car­tas, memo­rias y libros de ambos auto­res trans­mi­ti­dos a tra­vés de las voces de Zachary Quin­to (Williams) y Jim Par­sons (Capo­te).

Ten­nes­see Williams y Tru­man Capote

Hay varios ele­men­tos que ase­me­jan a ambos auto­res; los dos pro­vie­nen del sur de Esta­dos Uni­dos, atra­ve­sa­ron una eta­pa de com­pli­ca­da rela­ción con sus fami­lia­res, no ocul­ta­ron su homo­se­xua­li­dad así como fue­ron pro­cli­ves al con­su­mo de alcohol y bar­bi­tú­ri­cos. Como escri­to­res logra­ron su con­sa­gra­ción en la déca­da del 40, en el caso de Williams con su remar­ca­ble pie­za The Glass Mena­ge­rie (1944) y Capo­te con su auto­bio­gra­fía Other Voi­ces, Other Rooms (1948).

Lo más rele­van­te del docu­men­tal sur­ge a tra­vés de las entre­vis­tas tele­vi­si­vas rea­li­za­das por David Frost y Dick Cavett a estos dra­ma­tur­gos don­de sepa­ra­da­men­te cada uno de ellos, pro­vis­tos de abso­lu­ta fran­que­za se refie­ren a dife­ren­tes aspec­tos de su vida per­so­nal y profesional.

En el caso de Williams, mani­fies­ta su admi­ra­ción por Anton Che­jov cuya obra le sir­vió de influen­cia en su voca­ción de escri­tor; hacien­do alu­sión a la vio­la­ción que pre­do­mi­na en algu­nos de sus tra­ba­jos seña­la que todos somos víc­ti­mas de la vio­la­ción dado que en su opi­nión la socie­dad vio­la al indi­vi­duo; tam­bién men­cio­na su des­agra­do a algu­nas de las adap­ta­cio­nes cine­ma­to­grá­fi­cas de sus pie­zas que debi­do a la cen­su­ra impe­ran­te de la épo­ca apa­re­cen sani­ti­za­das en su con­clu­sión. Cuan­do se le pre­gun­ta si aca­so tuvo en men­te quie­nes serían los acto­res que inter­pre­ta­rían sus pie­zas para el cine, él res­pon­de que úni­ca­men­te tuvo en cuen­ta a Mar­lon Bran­do y Anna Mag­na­ni para el film The Fugi­ti­ve Kind. Curio­sa­men­te, a pesar de los gran­des elo­gios reci­bi­dos por la crí­ti­ca espe­cia­li­za­da, la mis­ma ter­mi­nó por encar­ni­zar­lo des­pués de 1961.

Por su par­te Capo­te expre­sa sus pun­tos de vis­ta acer­ca del amor, el sexo, la amis­tad, fama, repu­tación, como así tam­bién algu­nos temas refe­ri­dos a sus tra­ba­jos lite­ra­rios, entre ellos su obra maes­tra In Cold Blood; ade­más comen­ta su frus­tra­ción por no haber sido Marilyn Mon­troe la pro­ta­go­nis­ta de la ver­sión cine­ma­to­grá­fi­ca de su obra Break­fast at Tif­fan­y’s, dado que los pro­duc­to­res deci­die­ron que fue­ra Audrey Hep­burn.

Hacien­do alu­sión a su títu­lo el docu­men­tal más que refle­jar una ínti­ma con­ver­sa­ción de estos pro­mi­nen­tes auto­res, des­ta­ca los alti­ba­jos vivi­dos en la rela­ción que man­tu­vie­ron. Capo­te cono­ció a Williams a los 16 años y no obs­tan­te haber sido menor que él en 13 años sur­gió entre ambos una amis­tad basa­da en el amor por la lite­ra­tu­ra. Con todo, a lo lar­go del tiem­po Capo­te evi­den­ció un mar­ca­do celo por el éxi­to pro­fe­sio­nal de su ami­go y comen­zó a resen­tir­lo al pun­to tal que en cier­to momen­to decla­ra que su rival no es muy inte­li­gen­te; a todo ello, Williams repli­ca seña­lan­do que Capo­te es un men­ti­ro­so; más allá de las adu­la­cio­nes y los insul­tos pro­li­fe­ra­dos entre ambos, en el fon­do de ese tumul­tuo­so víncu­lo pre­do­mi­nó un pro­fun­do afec­to y mutuo respeto.

El docu­men­tal se com­ple­men­ta con varios clips de fil­mes que han sido adap­ta­dos de los tra­ba­jos de ambos. En el caso de Williams se inclu­yen A Street­car Named Desire, The Rose Tat­too, Baby Doll, Cat on a Hot Tin Roof, Sud­denly Last Sum­mer, The Fugi­ti­ve Kind, The Roman Spring of Mrs Sto­ne, Sweet Bird of Youth, The Night of the Igua­na y The Glass Mena­ge­rie en su ver­sión tele­vi­si­va con Kathe­ri­ne Hep­burn. Por el lado de Capo­te se mues­tran esce­nas de Break­fast at Tif­fany’s e In Cold Blood.

El docu­men­tal, más apro­pia­do para la tele­vi­sión que para el cine, resul­ta atrac­ti­vo aun­que al mar­gen de cier­tas anéc­do­tas no agre­ga algo tras­cen­den­te que fue­se des­co­no­ci­do por el espec­ta­dor. De todos modos, la rea­li­za­do­ra pro­vee un buen entre­te­ni­mien­to que segu­ra­men­te apre­cia­rá el públi­co aman­te de la lite­ra­tu­ra, el tea­tro y el cine. Jor­ge Gutman

Una Insí­pi­da Fan­ta­sía Romántica

UNE SIRĖ­NE À PARIS. Fran­cia, 2020. Un film de Mathias Malzieu. 102 minutos

Cuan­do en 1837 Hans Chris­tian Ander­sen con­ci­bió La Sire­ni­ta no ima­gi­nó que su cuen­to infan­til habría de influir a otros escri­to­res y artis­tas para trans­mi­tir su pro­pia visión. Ese es el caso del can­tan­te músi­co, escri­tor y rea­li­za­dor Mathias Malzieu que adap­tó para el cine su nove­la de 1919 Una Sirè­ne à Paris. Sin entrar a con­si­de­rar los valo­res intrín­se­cos de su libro, esta fan­ta­sía cine­ma­to­grá­fi­ca dis­ta de con­ser­var el háli­to poé­ti­co que cabría de espe­rar; es posi­ble que eso se deba en gran par­te a que el guión del rea­li­za­dor escri­to con Stépha­ne Lan­dows­ki no ha podi­do trans­mi­tir el toque mági­co que supo­ne la rela­ción de un humano con un per­so­na­je sub­acuá­ti­co cuyo cuer­po es mitad mujer y mitad pez.

Nico­las Duvau­che­lle y Marilyn Lima

En la ver­sión de Malzieu el pro­ta­go­nis­ta es Gas­pard (Nico­las Duvau­che­lle), un joven músi­co y can­tan­te bohe­mio com­ple­ta­men­te des­co­ra­zo­na­do en las lides amo­ro­sas y ya resig­na­do a no encon­trar el ver­da­de­ro amor que alien­te su vida. Una noche al salir del club noc­turno pari­sino que per­te­ne­ce a su padre (Tehéky Kar­yo) y en don­de tra­ba­ja como croo­ner, cami­nan­do a lo lar­go del Sena se encuen­tra que la cre­ci­da del río ha arro­ja­do en el mue­lle a una bella sire­na heri­da lla­ma­da Lula (Marilyn Lima). Todo indi­ca que ella des­con­fía de los hom­bres y con su can­to hace explo­tar el cora­zón del indi­vi­duo que se le acer­ca, aun­que Gas­pard pare­ce gozar de inmu­ni­dad. Pre­ci­pi­ta­da­men­te él la lle­va a un hos­pi­tal pero por razo­nes buro­crá­ti­cas Lula no pue­de ser aten­di­da lo que moti­va a que enton­ces la tras­la­de a su hogar dis­pues­to a brin­dar­le el cui­da­do nece­sa­rio has­ta su recuperación.

A pesar de no que­rer ena­mo­rar­se nue­va­men­te, Gas­pard cae bajo el hechi­zo de su invi­ta­da a la vez que ella len­ta­men­te con­fía en su anfi­trión, lo que ori­gi­na de inme­dia­to un roman­ce pla­tó­ni­co. Si bien la inten­ción de Malzieu mani­fes­ta­da en las notas de pren­sa era la de plas­mar una his­to­ria román­ti­ca impreg­na­da de comi­ci­dad y ter­nu­ra, tal como está plan­tea­da esta fábu­la está muy lejos de haber sido alcan­za­da. A pesar de tra­tar­se de una fan­ta­sía, resis­te total cre­di­bi­li­dad el supo­ner que en el trans­cur­so de una noche y el día sub­si­guien­te sur­ja un apa­sio­na­do víncu­lo sen­ti­men­tal agra­va­do por la cir­cuns­tan­cia de que no exis­te una sus­tan­cial quí­mi­ca ente ambos per­so­na­jes a fin de que el roman­ce adquie­ra un rea­lis­mo mági­co capaz de conmover.

Como una his­to­ria secun­da­ria, sin duda pres­cin­di­ble, se obser­va a Mile­na (Roma­ne Boh­rin­ger), una viu­da que quie­re ven­gar­se de la sire­na por haber pro­du­ci­do la muer­te de Vic­tor (Ale­xis Micha­lik), su espo­so médi­co, cuan­do éste estu­vo cer­ca de Lula en la clí­ni­ca hospitalaria.

La obje­ción mayor del film resi­de en su poco ima­gi­na­ti­vo guión don­de la his­to­ria narra­da es com­ple­ta­men­te secun­da­ria. Esa falen­cia es en par­te com­pen­sa­da por el esti­lis­mo visual favo­re­ci­do en gran par­te por la bella foto­gra­fía de Vir­gi­nie Saint Mar­tin; ade­más cabe dis­tin­guir la agra­da­ble músi­ca de la ban­da Diony­sos de la cual el rea­li­za­dor ha sido uno de los fun­da­do­res a la vez que cantante.

En los pape­les pro­ta­gó­ni­cos tan­to Duvau­che­lle como Lima se desem­pe­ñan correc­ta­men­te sin lle­gar a des­lum­brar; en cam­bio en uno de los roles secun­da­rios se des­ta­ca la espa­ño­lí­si­ma Rossy de Pal­ma ‑una de las pre­fe­ri­das actri­ces de Almo­dó­var- carac­te­ri­zan­do con inigua­la­ble gra­cia a la entro­me­ti­da veci­na de Gas­pard. Jor­ge Gutman