Una Emo­ti­va Travesía

UNE BELLE COUR­SE / DRI­VING MADE­LEI­NE. Fran­cia, 2022. Un film de Chris­tian Carion. 86 minutos.

El rea­li­za­dor Chris­tian Carion ofre­ce un film hones­to que sin ape­lar a gol­pes bajos resul­ta con­mo­ve­dor; eso en gran par­te se debe a la estu­pen­da actua­ción de sus dos pro­ta­go­nis­tas quie­nes vuel­can en sus per­so­na­jes la huma­ni­dad con­te­ni­da en el guión de Cyril Gély.

Line Renaud y Dany Boon

La vin­cu­la­ción que se pro­du­ce entre un leal ser­vi­dor y una mujer ancia­na ha sido exce­len­te­men­te rese­ña­da en el film de 1989 Dri­ving Miss Daisy don­de des­co­lla­ron Jes­si­ca Tandy y Mor­gan Free­man. Pro­ba­ble­men­te ins­pi­ra­do en dicha pelí­cu­la, los res­pon­sa­bles de Une Belle Cour­se resol­vie­ron ape­lar a la mis­ma fór­mu­la a tra­vés de una his­to­ria capaz de cau­ti­var a lo lar­go de su desarrollo.

Char­les (Dany Boon) es un taxis­ta pari­sino, casa­do y padre de fami­lia que atra­vie­sa un pro­ble­ma de endeu­da­mien­to; a pesar de tra­ba­jar seis días por sema­na y doce horas por día ape­nas logra pagar el alqui­ler del coche que arrien­da para su tra­ba­jo; eso moti­va a que con sus 46 años de edad se haya vuel­to iras­ci­ble y no muy socia­ble. Su vida ruti­na­ria se alte­ra cuan­do debe trans­por­tar a la clien­ta Made­lei­ne Keller (Liné Renaud) de 92 años des­de una zona pró­xi­ma a Notre Dame hacia el otro extre­mo de París; el des­tino es una resi­den­cia de ancia­nos a la cual ella ingre­sa­rá para hos­pe­dar­se. El tras­la­do comien­za gra­cio­sa­men­te cuan­do la ancia­na tra­ta de man­te­ner una con­ver­sa­ción con Char­les quien por su par­te no se mues­tra muy dis­pues­to a seguir­la; sin embar­go, cuan­do ella le soli­ci­ta hacer un alto en el camino para visi­tar el vie­jo vecin­da­rio de Vin­cen­nes don­de tiem­po atrás había habi­ta­do, la tra­ve­sía adop­ta un giro dife­ren­te. Es así que reme­mo­ran­do su vida, Char­les va ente­rán­do­se de que en su juven­tud Made­lei­ne (Ali­ce Isaaz) estu­vo muy ena­mo­ra­da de un hom­bre casa­do del cual que­dó emba­ra­za­da debien­do aten­der y criar a su hijo como madre sol­te­ra. La situa­ción se vuel­ve más tur­bia para esta mujer cuan­do se casa con un enco­le­ri­za­do indi­vi­duo (Jéré­mie Laheur­te), cuyo víncu­lo adqui­ri­rá reper­cu­sio­nes nega­ti­vas uni­do al hecho de que el des­tino le depa­ra un muy duro gol­pe emo­cio­nal. A medi­da que trans­cu­rre ese nos­tál­gi­co via­je se va cimen­tan­do una rela­ción afec­ti­va entre el chó­fer y la benig­na pasa­je­ra en la medi­da que el rela­to de Made­lei­ne y su inna­ta cali­dez lle­ga a enter­ne­cer a su con­duc­tor quien a su vez se ani­ma a con­tar­le deta­lles de su vida personal.

Sin reve­lar cómo pro­gre­sa esta emo­ti­va his­to­ria solo pue­de anti­ci­par­se que con­du­ce a un cli­max capaz de emo­cio­nar legí­ti­ma­men­te. Den­tro de un nivel sen­ci­llo y sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na, Carion gra­ti­fi­ca a la audien­cia con una mag­ní­fi­ca pues­ta escé­ni­ca don­de en la mis­ma ha con­ta­do con la lumi­no­sa y radian­te actua­ción de Renaud así como con la sobria actua­ción de Boon; ambos artis­tas han logra­do una mag­ni­fi­ca quí­mi­ca de sus per­so­na­jes capa­ces de sedu­cir al más indi­fe­ren­te espec­ta­dor, sobre todo en la mag­ní­fi­ca esce­na en que Made­lei­ne ape­la a su inge­nio para con­ven­cer a la auto­ri­dad poli­cial de no apli­car­le a Char­les una seve­ra mul­ta por infrac­ción de tránsito.

Más allá de su tema cen­tral, el film ilus­tra acer­ta­da­men­te entre otros aspec­tos cómo en los años fres­cos de Made­lei­ne, la mujer esta­ba suje­ta a la com­ple­ta sumi­sión de su cón­yu­ge has­ta inclu­so tener que tole­rar en cier­tos casos un exa­cer­ban­te nivel de violencia.

Un comen­ta­rio final mere­ce la esme­ra­da foto­gra­fía de Pie­rre Cot­te­reau que a tra­vés de esta bella tra­ve­sía supo refle­jar nume­ro­sas esce­nas de dife­ren­tes barrios de la her­mo­sa ciu­dad pari­si­na y sus subur­bios. Jor­ge Gutman

La Cri­sis de un Adolescente

THE SON. Gran Bre­ta­ña, 2022. Un film de Flo­rian Zeller. 123 minutos

Así como en 2020 el dra­ma­tur­go Flo­rian Zeller obtu­vo un reso­nan­te suce­so con  The Father por el que mere­ci­da­men­te Anthony Hop­kins fue pre­mia­do con el Oscar al mejor actor del año, aho­ra retor­na con otro sóli­do dra­ma en The Son basa­do en su pie­za teatral.

En nume­ro­sas oca­sio­nes el cine ha con­si­de­ra­do la ado­les­cen­cia, una eta­pa de la vida que pue­de adqui­rir carac­te­rís­ti­cas preo­cu­pan­tes para los fami­lia­res al tener que lidiar con situa­cio­nes difí­ci­les y no saber o poder resol­ver, aquí Zeller lo explo­ra con remar­ca­ble autenticidad.

Hugh Jack­man y Zen McGrath

El guión del cineas­ta escri­to con la cola­bo­ra­ción del exce­len­te dra­ma­tur­go, escri­tor y direc­tor Chris­topher Ham­pton pre­sen­ta a Peter (Hugh Jack­man), un pres­ti­gio­so abo­ga­do neo­yor­kino con ambi­cio­nes polí­ti­cas que vive momen­tos feli­ces con su mujer Beth (Vanes­sa Kirby) y el bebé recien­te­men­te naci­do. El dra­ma comien­za cuan­do súbi­ta­men­te su ex mujer Kate (Lau­ra Dern) se aper­so­na a su depar­ta­men­to pidién­do­le urgen­te ayu­da para solu­cio­nar el pro­ble­ma del hijo ado­les­cen­te Nicho­las (Zen McGrath); suce­de que este mucha­cho de 17 años ha deja­do de con­cu­rrir a la escue­la, ade­más de mos­trar­se extra­ño, ausen­te y sobre todo expe­ri­men­tan­do una seve­ra depre­sión. Es así que una pri­me­ra medi­da con­sis­te en que este joven con­vi­va con su padre y su nue­va fami­lia para que Peter pue­da des­en­tra­ñar lo que le está suce­dien­do. Aun­que los pri­me­ros inten­tos no fruc­ti­fi­can, al poco tiem­po pare­ce­ría que Nicho­las va adap­tán­do­se con el ambien­te que le rodea, regis­trán­do­se inclu­so una son­rien­te esce­na en que él jun­to a Peter y Beth bai­lan jubi­lo­sa­men­te al com­pás de una agra­da­ble can­ción; sin embar­go, pron­ta­men­te el mucha­cho recae retor­nan­do al pro­ble­ma ini­cial que lo aque­ja. ¿Pero cuál es la causa?

No obs­tan­te los esfuer­zos rea­li­za­dos por Peter para des­en­tra­ñar los moti­vos de la depre­sión de su hijo, no exis­te luz algu­na que cla­ri­fi­que la situa­ción. En prin­ci­pio pare­ce­ría que una de las razo­nes que ha afec­ta­do trau­má­ti­ca­men­te a este chi­co ha sido la sepa­ra­ción de sus padres con­si­de­ran­do a Peter el cau­san­te de la mis­ma; sin embar­go, no hay dato alguno que lo con­fir­me tenien­do en cuen­ta que la rela­ción de su padre con su ex espo­sa es suma­men­te cordial.

La enfer­me­dad men­tal de Nicho­las afec­ta seria­men­te a quie­nes lo rodean. Beth brin­da el máxi­mo apo­yo a Peter, inclu­so sabien­do que la pre­sen­cia de Nicho­las en su hogar podría resul­tar inquie­tan­te para el bebé; del mis­mo modo en los encuen­tros de los ex cón­yu­ges ambos se apo­yan mutual­men­te fren­te al pro­ble­ma que enfren­tan. En todo caso Peter tra­ta de ser un buen pro­ge­ni­tor de su hijo, con­tra­ria­men­te a lo que ha sido su pro­pio padre (Anthony Hop­kins) quien aban­do­nó a su mujer y a él en su ado­les­cen­cia, pri­ván­do­le de afec­to y cariño.

Fren­te a una situa­ción impo­si­ble de resol­ver, la úni­ca posi­bi­li­dad es el tra­ta­mien­to psi­co­ló­gi­co en una clí­ni­ca don­de es nece­sa­rio que Nicho­las que­de inter­na­do por un perío­do; eso gene­ra el momen­to más con­mo­ve­dor de esta his­to­ria, cuan­do Peter y Kate deben deci­dir si acce­der a los rue­gos de Nicho­las que con gran deses­pe­ra­ción no quie­re sepa­rar­se de ellos o bien aten­der a la opi­nión médi­ca de que es suma­men­te urgen­te que el mucha­cho per­ma­nez­ca en la clínica.

Con un esme­ra­do tra­ba­jo de pues­ta escé­ni­ca el rea­li­za­dor obtie­ne un irre­pro­cha­ble desem­pe­ño de su elen­co. Hugh Jack­man con­vin­cen­te­men­te expre­sa el infor­tu­nio de un indi­vi­duo acos­tum­bra­do al éxi­to que sin embar­go se vuel­ve vul­ne­ra­ble al no solu­cio­nar el pro­ble­ma de su hijo; Lau­ra Dern igual­men­te se sumer­ge en el dolor de la sen­si­ble madre que ado­ra a Nicho­las pero inca­paz de ayu­dar­lo a salir del pozo en el que está sumer­gi­do; por su par­te Zen McGrath des­te­lla en las dife­ren­tes face­tas aní­mi­cas de su com­ple­jo y tur­bu­len­to per­so­na­je en tan­to que en un rol de apo­yo se dis­tin­gue Vanes­sa Kirby expre­san­do en su per­so­na­je la com­pren­sión del com­por­ta­mien­to humano de su espo­so. Final­men­te, aun­que en un bre­ve rol el vete­rano Anthony Hop­kins logra muy bien su come­ti­do de haber sido un mal padre.

En esen­cia, aun­que en últi­ma ins­tan­cia nihi­lis­ta, esta tra­ge­dia de un joven sumi­do en la depre­sión den­tro de un con­tex­to paterno-filial reper­cu­te hon­da­men­te en el espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Una Sin­gu­lar Familia

BRO­KER. Corea del Sur, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Hiro­ka­zu Kore-eda- 130 minutos

El direc­tor japo­nés Hiro­ka­zu Kore-eda deja su tie­rra natal para fil­mar por pri­me­ra vez en Corea del Sur enfo­can­do un tema que le es caro como el de la fami­lia a tra­vés de sus diver­sas face­tas. En su narra­ción abor­da asi­mis­mo varios tópi­cos sub­ya­cen­tes, don­de el más rele­van­te es el de la infan­cia aban­do­na­da que abre el camino para su dis­cu­sión una vez fina­li­za­da la pro­yec­ción de Bro­ker.

Lee Ji-eun, Gang Dong-won y Song Kang-ho

En un guión que le per­te­ne­ce el rea­li­za­dor ubi­ca la acción en Busán y en la pri­me­ra esce­na que trans­cu­rre en una noche tor­men­to­sa se ve a So-young (Lee Ji-eun), una madre que deja a su bebe en la zona exte­rior de una igle­sia; pron­ta­men­te la jefa poli­cial Su-Jin (Doo­na Bae) y su cole­ga Dong-soo (Gang Dong-won); obser­van­do la manio­bra reco­gen a la cria­tu­ra para ubi­car­la en el baby box que se halla pró­xi­mo al lugar de la igle­sia. Al poco tiem­po Sang-hyun (Song Kang-ho) y Dong-soo (Gang Dong-won), dos pillos tra­fi­can­tes de cria­tu­ras recién naci­das, reco­gen al bebé con el pro­pó­si­to de ven­der­lo a padres adop­ti­vos y de ese modo usu­fruc­tuar en dicha transacción.

Par­tien­do de la pre­mi­sa que ante­ce­de, la his­to­ria comien­za a com­pli­car­se cuan­do So-young regre­sa para bus­car a su hiji­to y se las tie­ne que ver con estos delic­ti­vos bro­kers en don­de de inme­dia­to se une a ellos con­vi­nien­do que ella les acom­pa­ña­rá en la bús­que­da de la poten­cial pare­ja adop­ti­va y que cobra­rá la mitad del bene­fi­cio obte­ni­do en la ven­ta rea­li­za­da. A par­tir de allí el trío ini­cia en un mini­ván un via­je en la carre­te­ra en tan­to que las detec­ti­ves les están pisan­do los talo­nes para des­cu­brir­los infraganti.

En esa suer­te de road movie que va adqui­rien­do el rela­to se aña­de al gru­po un sim­pá­ti­co niño que ha esca­pa­do de un orfa­na­to; así, a lo lar­go de ese via­je no exen­to de ten­sio­nes que inclu­ye para­das en las ciu­da­des y pue­blo del país, los via­je­ros van for­jan­do un sig­ni­fi­ca­ti­vo lazo de apo­yo para ter­mi­nar con­fi­gu­ran­do una fami­lia sus­ti­tu­ta o más bien dis­fun­cio­nal, reem­pla­zan­do de ese modo al tra­di­cio­nal núcleo biológico.

Cier­ta­men­te Kore-eda sien­te afec­to por esta gale­ría de per­so­na­jes sin que esto impli­que que aprue­be su con­duc­ta; en cam­bio deja en cla­ro secre­tos per­so­na­les del pasa­do de cada uno de ellos para expli­car el com­por­ta­mien­to adop­ta­do; de tal modo, los truha­nes tra­fi­can­tes demues­tran su sen­ti­mien­to humano y buen cora­zón fren­te a las cir­cuns­tan­cias que enfren­tan así como la madre sol­te­ra que pre­fi­rió no abor­tar pue­de lle­gar a una situa­ción lími­te debi­do a la pobre­za y mise­ria impe­ran­te. Enfo­can­do la exclu­sión de seres mar­gi­na­dos en un mun­do impia­do­so, el direc­tor ofre­ce una atrac­ti­va his­to­ria de mági­co rea­lis­mo que sin mani­pu­la­ción algu­na ape­la a recur­sos genui­nos que gene­ran emo­ción. Jor­ge Gutman

Otro remar­ca­ble film de Panahi

NO BEARS. Irán, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Jafar Panahi. 107 minutos

A pesar de que el exce­len­te direc­tor ira­ní Jafar Panahi en 2011 enfren­ta la prohi­bi­ción por par­te del gobierno de fil­mar duran­te 20 años y sin poder salir del país, se las ha inge­nia­do para rea­li­zar cua­tro crea­ti­vos fil­mes de los cua­les Taxi Tehe­rán fue pre­mia­do con el Oso de Oro en el fes­ti­val de Ber­lín de 2015. Es aho­ra que entre­ga otro remar­ca­ble tra­ba­jo con No Bears que fue dis­tin­gui­do con el Pre­mio Espe­cial de Jura­do en el Fes­ti­val de Vene­cia del año pasa­do. Cabe acla­rar que el film fue efec­tua­do antes de haber sido encar­ce­la­do en julio de 2022 por su opo­si­ción al régi­men auto­crá­ti­co de su país.

Jafar Panahi

Den­tro de la estruc­tu­ra de un film den­tro de otro, al comen­zar este docu­men­tal de fic­ción se ve a Zara (Mina Kava­ni) acom­pa­ña­da de su mari­do Bakh­tiar (Bakh­tiar Pan­jei) en Tur­quía, quie­nes pro­cu­ran huir del país; es así que él le entre­ga a su mujer un pasa­por­te fran­cés que ha sido roba­do, pidién­do­le que par­ta de inme­dia­to a Fran­cia hacién­do­la saber que él se uni­rá a ella pos­te­rior­men­te; des­pués de una dispu­ta entre ambos en el que Zara no quie­re via­jar sola, la acción se inte­rrum­pe cuan­do Reza (Reza Hey­da­ri), el asis­ten­te de direc­ción, men­cio­na “Cor­te” por estar dis­con­for­me con la esce­na fil­ma­da. De inme­dia­to se obser­va a Panahi, repre­sen­tán­do­se a sí mis­mo, quien se halla en un peque­ño pue­blo de Irán ubi­ca­do cer­ca de la fron­te­ra con Tur­quía y es el res­pon­sa­ble de ese semi docu­men­tal que diri­ge remo­ta­men­te des­de el moni­tor de su laptop.

Debi­do a la fal­ta de una ade­cua­da cone­xión wifi Panahi reci­be la ayu­da de Ghan­bar (Vahid Moba­se­ri), un afa­ble indi­vi­duo que le arrien­da el alo­ja­mien­to del lugar don­de se hos­pe­da, quien tra­ta de reco­nec­tar­lo para poder con­ti­nuar la fil­ma­ción. A par­tir de allí el rela­to asu­me un giro dife­ren­te cuan­do Panahi carac­te­ri­za a un per­so­na­je de fic­ción que se encuen­tra en serios pro­ble­mas al enfren­tar a algu­nos habi­tan­tes del villo­rrio que des­con­fían de él, sobre todo por un trián­gu­lo amo­ro­so que tie­ne lugar en la aldea. Resul­ta que Goz­bal (Dar­ya Alei), una joven aldea­na que ha sido pre­sio­na­da para casar­se con un hom­bre a quien no quie­re, está secre­ta­men­te ena­mo­ra­da de su cor­te­jan­te Sol­dooz (Amid Dava­ri) con quien desea con­traer enla­ce; es así que Panahi es acu­sa­do por el jefe de la aldea (Naser Hashe­mi) de haber toma­do una foto indis­cre­ta en la que los dos ilí­ci­tos novios están jun­tos, a pesar de que él denie­ga haber­lo hecho.

Median­te la coexis­ten­cia de dos his­to­rias amo­ro­sas, una cer­ca­na y la otra leja­na, Panahi con­tras­ta la socie­dad moder­na de Tehe­rán con la cul­tu­ra exis­ten­te en ese pue­blo nutri­do de supers­ti­cio­nes y tra­di­cio­nes ances­tra­les; así pre­ca­vi­dos por el mie­do, la pobla­ción cree que hay osos sal­va­jes dis­pues­tos a ata­car a aqué­llos que inten­ten esca­par del lugar. Al pro­pio tiem­po una lec­tu­ra más aca­ba­da del film per­mi­te con­cluir que lo que el rea­li­za­dor aquí des­ta­ca es el deseo de una par­te de la pobla­ción que anhe­la dejar Irán y poder aspi­rar a la liber­tad que le es negada.

Entre el docu­men­tal y la fic­ción y en un esti­lo deci­di­da­men­te impro­vi­sa­do, Panahi brin­da un com­ple­jo y con­mo­ve­dor rela­to que impac­ta por su con­te­ni­do realís­ti­ca­men­te pesi­mis­ta demos­tran­do que pue­de seguir recu­rrien­do al cine como un arma de legí­ti­ma denun­cia social. Jor­ge Gutman

Rei­vin­di­ca­ción Femenina

WOMEN TAL­KING. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Sarah Polley. 104 minutos.

La muy bue­na actriz y remar­ca­ble direc­to­ra Sarah Polley se ubi­ca nue­va­men­te detrás de la cáma­ra para ilus­trar un sóli­do dra­ma de con­cien­ti­za­ción y rei­vin­di­ca­ción femenina.

Una esce­na del elenco

Has­ta la fecha se han vis­to varios fil­mes con­si­de­ran­do la vio­len­cia físi­ca a la que la mujer ha sido expues­ta. En este caso abor­dan­do el mis­mo tópi­co Polley adap­tó una nove­la publi­ca­da en 2018 de la escri­to­ra Miriam Toews en la que rela­ta nefas­tos hechos acae­ci­dos en el seno de una comu­ni­dad meno­ni­ta en Bolivia.

El rela­to de la rea­li­za­do­ra se ubi­ca en 2010 den­tro de una comu­ni­dad igual­men­te meno­ni­ta y reli­gio­sa, don­de las muje­res son pri­va­das del dere­cho de apren­der a leer y escri­bir. En ausen­cia tran­si­to­ria de los hom­bres, las dos damas mayo­res Aga­ta (Judith Ivey) ‑madre de Ona (Roo­ney Mara) y Salo­mé (Clai­re Joy)- y Gre­ta (Shei­la McCarthy) ‑pro­ge­ni­to­ra de Mari­che (Jes­sie Buc­kley) con­vo­can a sus fami­lias a un cón­cla­ve para tomar con­cre­ta acción fren­te al horror que las muje­res han sufri­do por la vio­len­cia mas­cu­li­na al haber sido dro­ga­das y vio­la­das en esta­do de incons­cien­cia; afor­tu­na­da­men­te, esas nefas­tas esce­nas no son expli­ci­ta­das en la pan­ta­lla. La reu­nión tie­ne lugar en un pajar y todo está dis­pues­to para que el gru­po feme­nino se pro­nun­cie al respecto.

El guión de Polley ofre­ce un monó­lo­go pre­ci­so a cada una de las muje­res quie­nes debe­rán optar por seguir man­te­nien­do el sta­tu quo exis­ten­te y per­do­nar a los agre­so­res, aban­do­nar la comu­ni­dad con el ries­go de que­dar exco­mul­ga­das, o que­dar­se para luchar fie­ra­men­te con­tra sus asal­tan­tes. En esa asam­blea, las prin­ci­pa­les inter­ven­cio­nes están a car­go de Ona, su her­ma­na Salo­mé y Mari­che. Ona ‑que se encuen­tra emba­ra­za­da por haber sido víc­ti­ma de agre­sión sexual- no pue­de ocul­tar su esta­do y se pro­nun­cia a favor de que las muje­res pue­dan lograr un nivel de edu­ca­ción que les per­mi­ta hacer­se valer en las deci­sio­nes que se tomen en la comu­ni­dad; por su par­te, Salo­mé abo­ga con fie­re­za por el enfren­ta­mien­to con los machis­tas de la colo­nia en tan­to que Mari­che pre­fie­re irse defi­ni­ti­va­men­te del tóxi­co lugar. En el momen­to de la vota­ción, una opción que­da exclui­da mien­tras que las otras dos resul­tan empa­ta­das y por lo tan­to se impo­ne una deci­sión final. Con el gru­po se encuen­tra August (Ben Whishaw), el noble maes­tro de escue­la y úni­co hom­bre res­pe­ta­do por estas anal­fa­be­tas muje­res, quien como tes­ti­go de lo que suce­de en el recin­to se encar­ga de pre­pa­rar las minu­tas de la reunión.

La con­cep­ción del sub­ver­si­vo rela­to sub­yu­ga por la inter­ac­ción man­te­ni­da entre sus per­so­na­jes a tra­vés de sus ani­ma­dos diá­lo­gos. Sin embar­go, lo expues­to se ase­me­ja más a tea­tro fil­ma­do con un úni­co esce­na­rio en su mayor par­te: a ello se agre­ga que el rit­mo impues­to por Polley decae a tra­vés de pro­lon­ga­das esce­nas repe­ti­ti­vas lo que con­tri­bu­ye a que en un momen­to dado el tedio se haga sentir.

Lo que es indis­cu­ti­ble es su mag­ní­fi­co elen­co don­de ade­más de los artis­tas men­cio­na­dos, el repar­to se com­ple­ta con la par­ti­ci­pa­ción de Kate Hallett dan­do vida a Aut­je quien es la narra­do­ra de la his­to­ria, Liv McNeil como Neit­je, su gran ami­ga y muy espe­cial­men­te en un bre­ve y mag­ní­fi­co desem­pe­ño la pre­sen­cia de la vete­ra­na Fran­ces McDor­mand carac­te­ri­zan­do a una madu­ra mujer que pron­ta­men­te se reti­ra de la reu­nión por­que de nin­gún modo acep­ta la idea de dejar la comunidad.

En esen­cia, aun­que sin agre­gar nada nue­vo a lo ya cono­ci­do Women Tal­king cons­ti­tu­ye un posi­ti­vo ale­ga­to reafir­man­do el pre­di­ca­men­to del movi­mien­to #metoo en su denun­cia del abu­so y vio­len­cia sexual de la mujer y la miso­gi­nia impe­ran­te. Jor­ge Gutman