Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (1)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Muri­na (Croa­cia-Bra­sil-Esta­dos Unidos-Eslovenia)

Con los bue­nos ante­ce­den­tes de haber obte­ni­do la Cáma­ra de Oro al mejor pri­mer film exhi­bi­do en el recien­te fes­ti­val de Can­nes y con Mar­tin Scor­ce­se como pro­duc­tor eje­cu­ti­vo lle­ga al TIFF Muri­na de la novel direc­to­ra Anto­ne­ta Ala­ma Kusi­ja­no­vić. En un guión que le per­te­ne­ce con la cola­bo­ra­ción de Frank Gra­ziano, la his­to­ria rela­ta­da per­mi­te crear en su ini­cio una sutil ten­sión que se va inten­si­fi­can­do a lo lar­go de su desarrollo.

Muri­na

La acción trans­cu­rre en una idí­li­ca isla croa­ta don­de su visión se ase­me­ja a una foto­gra­fía turís­ti­ca que invi­ta a visi­tar sus her­mo­sas pla­yas fren­te al inten­so mar azul. Allí habi­ta la joven Juli­ja (Gra­ci­ja Fili­po­vić) con su padre Ante (Leon Lučev) y su madre Nela (Dani­ca Cur­cic). La espe­cial atrac­ción que el mar ejer­ce en Juli­ja la moti­va a zam­bu­llir­se con fre­cuen­cia, com­pen­san­do en par­te el des­con­ten­to que expe­ri­men­ta. Des­de el comien­zo se hace evi­den­te cómo ella sufre inte­rior­men­te el bru­tal tra­to que le dis­pen­sa su auto­ri­ta­rio pro­ge­ni­tor a la vez que con­tem­pla cómo su madre lo tole­ra some­tién­do­se a su volun­tad sin protestar.

El rela­to adquie­re fuer­za cuan­do Javier (Cliff Cur­tis) arri­ba al lugar: él es un empre­sa­rio millo­na­rio y ami­go de juven­tud de Ante quien lo ha invi­ta­do para pro­po­ner­le su aso­cia­ción en un ambi­cio­so pro­yec­to que con­sis­te en trans­for­mar la isla en un paraí­so turís­ti­co que habrá de redi­tuar­les un gran bene­fi­cio. A par­tir de allí se va crean­do un cli­ma enra­re­ci­do cuan­do Nela comien­za a flir­tear con Javier y al pro­pio tiem­po Juli­ja ve en el hués­ped la for­ma de poder libe­rar­se de su bru­tal padre. Es aquí que se pro­du­ce el enfren­ta­mien­to de las dos muje­res tra­tan­do de sedu­cir a Javier como así tam­bién la vio­len­ta reac­ción de Ante al des­cu­brir las inten­cio­nes de su hija. De este modo el film va adqui­ri­len­do el carác­ter de un thri­ller en don­de todo está pre­pa­ra­do para que la tóxi­ca rela­ción de la mucha­cha con su padre lle­gue a estallar.

El elen­co se desem­pe­ña remar­ca­ble­men­te des­ta­can­do en espe­cial la nota­ble carac­te­ri­za­ción de Fili­po­vić como la joven ansio­sa de lograr su inde­pen­den­cia así como la de Lučev ani­man­do al des­pre­cia­ble machis­ta quien es cons­cien­te de que su fami­lia lo detes­ta. Por su par­te la foto­gra­fía de Hélè­ne Lou­vart cap­ta mag­ní­fi­ca­men­te la belle­za de la isla real­za­da por el colo­ri­do del ardien­te mar que se con­vier­te en un per­so­na­je adi­cio­nal de esta historia.

Este dra­ma croa­ta demues­tra la inusual madu­rez de Kusi­ja­no­vić como rea­li­za­do­ra cons­ti­tu­yen­do una muy bue­na car­ta de pre­sen­ta­ción para sus futu­ros proyectos.

Futu­ra (Ita­lia)

Pie­tro Mar­ce­llo, Ali­ce Roh­wa­cher y Fran­ce­so Mun­zi, tres impor­tan­tes direc­to­res de Ita­lia de la pre­sen­te gene­ra­ción, efec­túan un via­je a tra­vés del país con el pro­pó­si­to de entre­vis­tar a ado­les­cen­tes y jóve­nes entre 15 y 20 años de edad a fin de reca­bar sus pun­tos de vis­ta sobre cómo avi­zo­ran el futuro.

Futu­ra

Ese reco­rri­do a lo lar­go de Ita­lia que comen­zó en febre­ro de 2020 abar­có dife­ren­tes zonas urba­nas como asi­mis­mo rura­les de Roma, Milán, Nápo­les, Pisa, Turín, Savo­na, Vene­cia, Tren­to, Tre­vi­so, Pisa, Caglia­ri, Viter­bo, y Bres­cia; en esas entre­vis­tas que se rea­li­zan en gru­pos se detec­tan jóve­nes de dife­ren­te con­di­ción social, eco­nó­mi­ca e inte­lec­tual, quie­nes en mayor o menor gra­do res­pon­den a las pre­gun­tas de sus interlocutores.

Algu­nas res­pues­tas se carac­te­ri­zan por un mar­ca­do pesi­mis­mo al enfa­ti­zar que se vive en una socie­dad muy indi­vi­dua­lis­ta con un mun­do en deca­den­cia y sin aguar­dar mejo­ras en tal sen­ti­do. Otras opi­nio­nes coin­ci­den en afir­mar que no hay gran espe­ran­za de con­ce­bir un futu­ro pro­mi­so­rio en la Ita­lia actual y que resul­ta­ría con­ve­nien­te tra­ba­jar en el exte­rior. En el comen­ta­rio sobre las redes socia­les resul­ta intere­san­te escu­char cómo varios jóve­nes sos­tie­nen que las mis­mas cons­ti­tu­yen una pla­ga que alie­na a la per­so­na sin con­du­cir a algo posi­ti­vo y por lo tan­to es nece­sa­rio afir­mar­se en la vida real; indi­rec­ta­men­te hay refe­ren­cias acer­ca de cómo la tec­no­lo­gía afec­ta las rela­cio­nes personales.

La nece­si­dad de obte­ner en el futu­ro un buen tra­ba­jo que per­mi­ta una vida dig­na es lo que esta juven­tud aspi­ra pero para varios sub­sis­te la duda de si real­men­te una bue­na for­ma­ción aca­dé­mi­ca per­mi­ti­rá lograr­lo. En cuan­to a la pro­fe­sión que les gus­ta­ría ejer­cer, las res­pues­tas varían inclu­yen­do la de tra­ba­jar de actor en la tele­vi­sión, ser fut­bo­lis­ta, desem­pe­ñar­se como cri­mi­nó­lo­go foren­se, aspi­rar a ser médi­co, lograr ser exper­ta en belle­za, etc.

La pan­de­mia no se encuen­tra ausen­te del repor­ta­je y en ese aspec­to no hay res­pues­ta pre­ci­sa de cómo será el mun­do una vez que esta pesa­di­lla con­clu­ya; de todos modos, los vene­cia­nos lamen­tan la mane­ra en que el mal­di­to Covid afec­tó al turis­mo de la región que cons­ti­tu­ye su prin­ci­pal fuen­te de recursos.

De modo gene­ral que­da la impre­sión de las ansie­da­des, sue­ños y temo­res de una juven­tud cuya res­pues­ta sobre el futu­ro no resul­ta muy con­cre­ta; eso en par­te se debe a que la pre­gun­ta sobre el tema es muy amplia y no per­mi­te pro­fun­di­zar dema­sia­do; así hay quie­nes res­pon­den que en tiem­pos tan cam­bian­tes sólo se pue­de saber lo que ocu­rri­rá, maña­na, pasa­do o qui­zá has­ta algu­nos meses más pero impo­si­ble de aven­tu­rar­se a pre­de­cir lo que acon­te­ce­rá den­tro de 10 años. De todos modos, que­da como resul­ta­do un docu­men­tal que cap­ta el espí­ri­tu que ani­ma a la gene­ra­ción naci­da en el siglo actual y des­ti­na­da a vivir en un mun­do incier­to e inseguro.

Le Bal des Folles (Fran­cia)

En el fir­ma­men­to cine­ma­to­grá­fi­co de Fran­cia, Méla­nie Lau­rent se dis­tin­gue como una de las más des­ta­ca­das actri­ces y direc­to­ras. Tras su actua­ción en más de 35 pelí­cu­las y 4 lar­go­me­tra­jes como rea­li­za­do­ra, aho­ra retor­na con Le Bal des Folles don­de ade­más de asu­mir uno de los dos roles pro­ta­gó­ni­cos, es tam­bién la direc­to­ra y auto­ra del guión com­par­ti­do con Chris­tophe Deslandes.

Le Bal des Folles

El dra­ma trans­cu­rre en Fran­cia hacia fina­les del siglo 19 pre­sen­tan­do a Eugé­nie (Lou de Laâ­ge) quien es una joven que está dota­da de un don espe­cial por el que oye y ve a los muer­tos. De libre espí­ri­tu y libe­ral para las cos­tum­bres de la épo­ca y per­te­ne­cien­do a un hogar de la alta bur­gue­sía, su fami­lia se encuen­tra alar­ma­da por sus visio­nes cre­yen­do que hay algo raro en ella; con­se­cuen­te­men­te, su padre deci­de inter­nar­la ‑en con­tra de su volun­tad- en la clí­ni­ca neu­ro­ló­gi­ca de Pitié-Sal­pê­triè­re ubi­ca­da en París, diri­gi­da por el pro­fe­sor Jean-Mar­tin Char­cot (Gré­goi­re Bon­net) quien es con­si­de­ra­do un pio­ne­ro de la psiquiatría.

Prác­ti­ca­men­te ence­rra­da y pri­va­da de liber­tad, el sitio no pue­de resul­tar más depri­men­te para ella al tener que con­vi­vir con muje­res de toda edad diag­nos­ti­ca­das de his­te­ria, epi­lep­sia y de enfer­me­dad men­tal. A pesar de los esfuer­zos que Eugé­nie rea­li­za demos­tran­do que está en su sano jui­cio, nada cam­bia has­ta el momen­to en que se vin­cu­la con Gene­viè­ve (Méla­nie Lau­rent), la enfer­me­ra de la uni­dad neu­ro­ló­gi­ca que se encuen­tra ator­men­ta­da por la muer­te de su her­ma­na; cuan­do la joven le demues­tra que efec­ti­va­men­te es capaz de comu­ni­car­se con el espí­ri­tu de su her­ma­na, Gene­viè­ve le ayu­da­rá a cam­biar su destino.

Basa­da en la pre­mia­da nove­la de la escri­to­ra Vic­to­ria Mas publi­ca­da en 2019, la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de Lau­rent res­pe­ta la ver­sión ori­gi­nal, trans­mi­tien­do muy bien la miso­gi­nia de la épo­ca, el con­ro­ver­ti­do rol que en cier­tos casos asu­me la psi­quia­tría en nom­bre de la obje­ti­vi­dad cien­tí­fi­ca — en este caso a tra­vés del méto­do emplea­do por el nar­ci­sis­ta Char­cot– y sobre todo el tra­to muchas veces inhu­mano reci­bi­do por los pacientes.

A las irre­pro­cha­bles actua­cio­nes de Laâ­ge como la des­afor­tu­na­da Eugé­nie y de Lau­rent como la huma­na enfer­me­ra se aña­de la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de la cineas­ta; la mis­ma alcan­za su cli­max en el gran bai­le que rea­li­za el hos­pi­tal para los habi­tan­tes de París en don­de las inter­nas dis­fra­za­das con extra­va­gan­tes atuen­dos dan­zan al com­pás de los valses.

Bajo Un Mis­mo Cielo

SOUS UN MĒME SOLEIL / UNDER THE SAME SUN. Cana­dá, 2020. Un docu­men­tal de Fra­nçois Jacob, 97 minutos

El con­flic­to laten­te que exis­te entre Arme­nia y Azer­bai­yán con res­pec­to a la per­te­nen­cia terri­to­rial de Nagorno-Kara­baj es tra­ta­do con con­si­de­ra­ble minu­cio­si­dad por el direc­tor Fra­nçois Girard. Habien­do via­ja­do a la zona, el rea­li­za­dor con total pru­den­cia cui­da de no tomar par­ti­do por nin­guno de los dos paí­ses invo­lu­cra­dos, para así per­mi­tir que el espec­ta­dor pue­da for­mar su pro­pia opi­nión de lo que tras­cien­de en el documental.

Una esce­na del docu­men­tal SOUS UN MĒME SOLEIL

Cuan­do en 1988 se pro­du­jo el colap­so de la URSS, Nagorno-Kara­baj que era par­te inte­gran­te del país sovié­ti­co Azer­bai­yán pero esta­ba habi­ta­do mayo­ri­ta­ria­men­te por arme­nios, tra­tó de unir­se a Arme­nia. Lo cier­to es que a la pos­tre se decla­ró inde­pen­dien­te como nación a pesar de no ser reco­no­ci­da como tal a nivel inter­na­cio­nal. Es así que en 1991 Arme­nia y Azer­bai­yán se dispu­taron esa zona por la que se pro­du­jo una gue­rra que en 1994 cesó con un alto el fuego.

Eso no sig­ni­fi­có haber logra­do la paz dado que hacia fina­les de sep­tiem­bre de 2020, des­pués de haber­se rea­li­za­do este film, esta­lló nue­va­men­te la gue­rra entre ambos paí­ses que duran­te 6 sema­nas evi­den­ció una vio­len­cia aún mayor que la pro­du­ci­da en la déca­da del 90; es aho­ra que rige un nue­vo acuer­do de paz nego­cia­do por Rusia pero que obvia­men­te pone en duda cuán­to habrá de durar.

Loa­ble es el esfuer­zo de Jacob lle­van­do su cáma­ra para tes­ti­mo­niar lo que acon­te­ce en los dos paí­ses como tam­bién en Nagorno-Kara­baj a tra­vés del con­tac­to y entre­vis­tas rea­li­za­das a algu­nos de sus habi­tan­tes, refu­gia­dos de Baku (capi­tal de Azer­bai­yán) como asi­mis­mo a renom­bra­dos inte­lec­tua­les. Entre los mis­mos se encuen­tra la acti­vis­ta arme­nia-ame­ri­ca­na Anna Tur­cot­te naci­da en Azer­bai­yán, quien se refie­re con gran pena a las atro­ci­da­des come­ti­das por los azer­bai­ya­nos. Intere­san­te son los comen­ta­rios del ana­lis­ta polí­ti­co de Azer­bai­yán Hik­met Hadjy-Zadeh quien defen­dien­do la cau­sa de su país seña­la que los arme­nios lle­van con­si­go el dra­ma del geno­ci­dio sufri­do un siglo atrás por Tur­quía y aho­ra car­gan la cul­pa de lo que suce­de a Azer­bai­yán. Tam­bién se escu­cha al escri­tor azer­bai­yano Akram Ayh­lis­li sobre sus refle­xio­nes acer­ca de la bon­dad huma­na. Igual­men­te es impor­tan­te lo que aco­ta el ana­lis­ta polí­ti­co arme­nio Alek­sandr Iskan­dar­ya al seña­lar que la dispu­ta de Nagorno-Kara­baj pue­de ser com­pa­ra­da con el con­flic­to ára­be-israe­lí rela­ti­vo a la ciu­dad de Jerusalén.

Lo más tras­cen­den­te del docu­men­tal se refle­ja en su par­te final que trans­cu­rre en Esta­dos Uni­dos don­de el perio­dis­ta azer­bai­yano Davan Sey­fu­lla­yev y su com­pa­ñe­ra efec­túan un repor­ta­je a Anna Tur­cot­te. El resul­ta­do del mis­mo se ase­me­ja a un per­fec­to diá­lo­go de sor­dos don­de cada uno rati­fi­ca su ina­mo­vi­ble posi­ción; lo mis­mo se pue­de infe­rir de las entre­vis­tas rea­li­za­das por Jacob en las que cada una de las par­tes defien­de con con­si­de­ra­ble emo­ción su res­pec­ti­vo pun­to de vis­ta. Con­se­cuen­te­men­te, por el momen­to no se avi­zo­ra una solu­ción defi­ni­ti­va a este con­flic­to étni­co entre la mayo­ría cris­tia­na orto­do­xa de arme­nios apo­ya­dos por Rusia y la mayo­ría musul­ma­na de Azer­bai­yán que cuen­ta con el res­pal­do de Tur­quía. ¿Es posi­ble dejar el resen­ti­mien­to y odio por detrás tra­tan­do de crear un puen­te de unión en defen­sa de los dere­chos humanos?

Ade­más del buen enfo­que brin­da­do al tema cen­tral, el dra­má­ti­co docu­men­tal de Jacob quien a la vez es res­pon­sa­ble de la impe­ca­ble foto­gra­fía, per­mi­te vis­lum­brar algu­nos ras­gos cul­tu­ra­les de los paí­ses invo­lu­cra­dos refle­ja­dos en el queha­cer coti­diano, inclu­yen­do su músi­ca y dan­zas. Jor­ge Gutman

La Difí­cil Migración

SIN LA HABA­NA. Cuba-Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Kaveh Naba­tian. 94 minutos.

Debu­tan­do en el lar­go­me­tra­je, el direc­tor y músi­co ira­ni-cana­dien­se Kaveh Nabat­tan ofre­ce un sobrio docu­men­tal enfo­can­do las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por jóve­nes cuba­nos que inten­tan radi­car­se en Canadá.

Yonah Acos­ta

El guión del rea­li­za­dor escri­to con­jun­ta­men­te con Pablo Herre­ra comien­za en La Haba­na ofre­cien­do una intere­san­te pin­tu­ra de la ciu­dad como asi­mis­mo una des­crip­ción de la apre­mian­te situa­ción eco­nó­mi­ca de cier­tos sec­to­res de la pobla­ción. En ese con­tex­to Leo­nar­do (Yonah Acos­ta), un dota­do bai­la­rín de dan­za clá­si­ca, aspi­ra a lograr un amplio reco­no­ci­mien­to en la com­pa­ñía de dan­za don­de actúa y cuyo pró­xi­mo espec­tácu­lo es el ballet Romeo y Julie­ta. Como aguar­da­ba obte­ner el rol pro­ta­gó­ni­co, no pue­de disi­mu­lar su dis­gus­to al haber sido asig­na­do un papel secun­da­rio; el hecho ori­gi­na una seria fric­ción con el direc­tor del ballet lo que moti­va a que sea despedido.

En tan­to Sara (Evelyn O’Fa­rrill), su ambi­cio­sa novia abo­ga­da, ins­ta a Leo­nar­do a que dejen la isla en pro­cu­ra de un por­ve­nir más ven­tu­ro­so en Nor­te­amé­ri­ca. La opor­tu­ni­dad se pre­sen­ta cuan­do el bai­la­rín, ofre­cien­do cla­ses de sal­sa en la escue­la don­de ense­ña, cono­ce a Nasim (Aki Yaghou­bi), una turis­ta cana­dien­se divor­cia­da de ascen­den­cia ira­ní que sim­pa­ti­za con él; al poco tiem­po logra sedu­cir­la y ella lo invi­ta con un pasa­je de avión para que se tras­la­de a Mon­treal, don­de resi­de. Todo pare­ce­ría indi­car que está abier­ta la posi­bi­li­dad para que Leo­nar­do pue­da obte­ner a tra­vés de Nasim la resi­den­cia legal en Cana­dá y pos­te­rior­men­te con­se­guir­la para Sara. Con todo a su lle­ga­da a la fran­có­fo­na ciu­dad Leo­nar­do com­prue­ba que su sue­ño cana­dien­se está lejos de con­cre­tar­se al no tener éxi­to en los audi­cio­nes de dan­za en las que se pre­sen­ta; a eso se agre­ga que encon­trán­do­se sin la per­ti­nen­te docu­men­ta­ción legal ten­ga que acep­tar un tra­ba­jo de baja remu­ne­ra­ción que nada tie­ne que ver con su pro­fe­sión habitual.

Ade­más de emplear la dan­za y la músi­ca como ele­men­tos que enri­que­cen al film, lo más impor­tan­te es cómo Naba­tian con fina sen­si­bi­li­dad ana­li­za psi­co­ló­gi­ca­men­te a sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes con sus ilu­sio­nes y sin­sa­bo­res a tra­vés de un trián­gu­lo román­ti­co que se va desin­te­gran­do por los ava­ta­res del des­tino. Asi­mis­mo el rea­li­za­dor ofre­ce intere­san­tes con­tras­tes cul­tu­ra­les exis­ten­tes entre Cuba y Cana­dá e igual­men­te mues­tra aspec­tos no muy cono­ci­dos de la cul­tu­ra ira­ní mon­trea­len­se en don­de no están exen­tos los pre­jui­cios racia­les a fin de sal­va­guar­dar los lazos fami­lia­res del país de origen.

Con acto­res caris­má­ti­cos que se aden­tran satis­fac­to­ria­men­te en la piel de sus per­so­na­jes y la arti­cu­la­da narra­ción del direc­tor, Sin La Haba­na es un film que ana­li­zan­do con serie­dad la temá­ti­ca de la migra­ción per­mi­te man­te­ner la aten­ción del espectador.
Jor­ge Gutman

Una His­to­ria Real

FLAG DAY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Sean Penn. 108 minutos

Varias carac­te­rís­ti­cas dis­tin­guen al recien­te film de Sean Penn. En pri­mer lugar la his­to­ria ver­da­de­ra que se rela­ta está basa­da en la auto­bio­gra­fía de la perio­dis­ta Jen­ni­fer Vogel publi­ca­da en su libro Flim-Flam Man: The True Story of Muy Fathe­r’s Coun­ter­feit Life de 2004 don­de a mane­ra de catar­sis trans­mi­te la expe­rien­cia vivi­da con su pro­ge­ni­tor, tal como su títu­lo lo anti­ci­pa. En segun­do lugar, Penn por pri­me­ra vez diri­ge y actúa al mis­mo tiem­po hacién­do­lo con su hija Dylan como co-pro­ta­go­nis­ta, ade­más de incluir en el repar­to a su hijo Hop­per Jack. Fina­men­te, en la fic­ción del rela­to los reales per­so­na­jes de Jen­ni­fer y su padre John Vogel están carac­te­ri­za­dos por Dylan y Sean.

Sean y Dylan Penn

Ape­lan­do a una narra­ción no cro­no­ló­gi­ca y a veces inne­ce­sa­ria por­que tien­de a con­fun­dir, el rea­li­za­dor se vale del guión de Jez But­ter­worth y John-Henry But­ter­worth para sumer­gir al espec­ta­dor en el mun­do de Jen­ni­fer a par­tir de sus años de infan­cia. A comien­zos de la déca­da del 70, en Min­ne­so­ta ella es cria­da por sus padres John y Patty (Katheryn Win­nick); tan­to la niña (Addi­son Tymec) de 6 años como su her­ma­ni­to Nick (Bec­kam Craw­ford) de 4, gozan al prin­ci­pio de la des­preo­cu­pa­ción infan­til; pero la feli­ci­dad se trun­ca a cau­sa de su pro­ge­ni­tor irres­pon­sa­ble en los aspec­tos finan­cie­ros don­de al estar seria­men­te endeu­da­do deja el hogar. En la medi­da que Patty es adic­ta a la bebi­da y ade­más depre­si­va, los niños optan por vivir con John en el hogar que aho­ra com­par­te con su ami­ga Deb­bie (Bai­ley Noble). Hay varias esce­nas que evi­den­cian el cari­ño y la comu­ni­ca­ción espe­cial exis­ten­te entre padre e hija.

Cuan­do años des­pués, Jen­ni­fer (Dylan) es ya una ado­les­cen­te vivien­do nue­va­men­te con su madre, quien está uni­da a un hom­bre que inten­ta asal­tar­la sexual­men­te, ella deja defi­ni­ti­va­men­te su hogar para nue­va­men­te habi­tar con John, aun­que Nick (Hop­per Jack Penn) sigue con su madre. Es a par­tir de allí que la mucha­cha comien­za a com­pro­bar que los nego­cios que su padre le dice estar invo­lu­cra­dos, no son nada lim­pios. No obs­tan­te el mutuo amor exis­ten­te entre ambos, Jen­ni­fer sufre una gran decep­ción cuan­do John atra­ca un ban­co y es con­de­na­do a 15 años de pri­sión. En tan­to, ella per­si­gue una carre­ra de perio­dis­mo en la Uni­ver­si­dad de Mines­so­ta, don­de una vez gra­dua­da obtie­ne un impor­tan­te empleo en un perió­di­co de Min­nea­po­lis; a todo ello, se man­tie­ne ale­ja­da de su pro­ge­ni­tor des­pués de una visi­ta a la cár­cel que trans­cu­rre en un cli­ma de alta tensión.

A media­dos de los años 90, John retor­na a la vida civil y rea­li­za deno­da­dos esfuer­zos para comu­ni­car­se con su hija y espe­ran­do que le dé una segun­da opor­tu­ni­dad al ase­gu­rar­le que está enca­mi­na­do seria­men­te en una empre­sa de impren­ta y foto­co­pias. La reali­dad es bien otra cuan­do en 1995 se des­cu­bre que el maniá­ti­co indi­vi­duo ha fabri­ca­do con una maes­tría insu­pe­ra­ble 22 millo­nes de dólares.

El film gra­vi­ta por la super­la­ti­va inter­pre­ta­ción de Sean y Dylan. Del rea­li­za­dor como actor no resul­ta sor­pren­den­te por­que en nume­ro­sos fil­mes por él acrtua­dos ha demos­tra­do ser uno de los mejo­res del cine ame­ri­cano; aquí nue­va­men­te des­lum­bra en la per­so­na­li­dad de un deli­ran­te, tima­dor, embau­ca­dor y com­pul­si­vo men­ti­ro­so, don­de el cari­ño de su hija cons­ti­tu­ye el ver­da­de­ro ali­cien­te de su exis­ten­cia. Por su par­te, Dylan es todo una reve­la­ción demos­tran­do su excep­cio­nal madu­rez como la hija pro­fun­da­men­te des­ilu­sio­na­da que pre­ten­de trans­for­mar a su ama­do padre sin poder lograr­lo. La rea­li­za­ción de Penn es un tan­to des­igual al optar por una narra­ción que se vuel­ve repe­ti­ti­va; de todos modos, ha logra­do un dra­ma fami­liar que aun­que lejos de excep­cio­nal brin­da algu­nos momen­tos de genui­na emo­ción en la com­ple­ja rela­ción de una abne­ga­da hija con un padre delin­cuen­te. Jor­ge Gutman

El Cua­dro Perdido

THE LOST LEO­NAR­DO. Dina­mar­ca-Fran­cia-Sue­cia, 2021. Un docu­men­tal de Andreas Koe­foed. 94 minutos

Con los atri­bu­tos pro­pios de una mis­te­rio­sa pelí­cu­la de fic­ción, el docu­men­tal de Andreas Koe­foed cau­ti­va des­de su ini­cio has­ta la últi­ma esce­na. Varias veces se ha dado la cir­cuns­tan­cia de des­cu­brir obras de arte de renom­bra­dos auto­res des­apa­re­ci­dos, sin embar­go nada se com­pa­ra con el tema prin­ci­pal de este film cen­tra­do en deter­mi­nar la auten­ti­ci­dad de un cua­dro de Leo­nar­do Da Vinci.

El cua­dro perdido

La his­to­ria comien­za en 2005 cuan­do Ale­xan­der Parish, un aman­te de la pin­tu­ra, en un rema­te rea­li­za­do en New Orle­nas adquie­re un cua­dro que le resul­ta atrac­ti­vo por el mon­to de 1.175 dóla­res. Con su aso­cia­do finan­cie­ro Robert Simon, un mar­chan­te de arte, deci­den con­tra­tar los ser­vi­cios de la renom­bra­da res­tau­ra­do­ra neo­yor­ki­na Dian­ne Modes­ti­ni a fin de efec­tuar su lim­pie­za y restauración.

A medi­da que ella va rea­li­zan­do su tra­ba­jo des­cu­bre que la pin­tu­ra es el Sal­va­tor Mun­di, una obra de Da Vin­ci que se daba por pér­di­da. Para veri­fi­car su auten­ti­ci­dad ese cua­dro es some­ti­do a una impor­tan­te varie­dad de exper­tos inclu­yen­do cura­do­res de impor­tan­tes museos como el de la Natio­nal Gallery de Lon­dres, his­to­ria­do­res, res­tau­ra­do­res y mar­chan­tes de arte e inves­ti­ga­do­res perio­dis­tas en la mate­ria. La mayo­ría de los que han sido con­vo­ca­dos creen que la pin­tu­ra efec­ti­va­men­te es auto­ría de Da Vin­ci; sin embar­go Jerry Saltz, el encum­bra­do crí­ti­co de arte de Nue­va York y gana­dor del Pre­mio Pulitzer, demues­tra un total escep­ti­cis­mo con­si­de­ran­do que el tra­ba­jo es una pobre pin­tu­ra y que de mane­ra algu­na pue­de ser atri­bui­do a Leo­nar­do. Como en todo caso las opi­nio­nes posi­ti­vas pre­va­le­cen aun­que no exis­ta prue­ba abso­lu­ta­men­te feha­cien­te de que así sea, el cua­dro se vuel­ve famo­so y es obje­to de una expo­si­ción impor­tan­te en 2011 en la Natio­nal Gallery de Lon­dres. Natu­ral­men­te la cele­bri­dad de la obra adquie­re un astro­nó­mi­co valor comer­cial sien­do adqui­ri­da en 2013 por el comer­cian­te sui­zo Yves Bou­vier en 83 millo­nes de dóla­res para inme­dia­ta­men­te ser reven­di­da con un des­co­mu­nal aumen­to a Dimi­tri Rybo­lo­vlev, un ruso millo­na­rio colec­cio­nis­ta de arte. Sin embar­go el tras­pa­so de due­ños no ter­mi­na allí sino que cul­mi­na en 2017 en la his­tó­ri­ca subas­ta rea­li­za­da por la Casa Chris­tie’s de Nue­va York don­de alcan­za el mon­to side­ral de 400 millo­nes de dóla­res más 50 millo­nes de comi­sión por la transacción;

Por lo que ante­ce­de, Sal­va­tor Mun­di se con­vier­te en la obra artís­ti­ca más cara de todos los tiem­pos; si bien en un prin­ci­pio se man­tu­vo en reser­va el nom­bre de su com­pra­dor final­men­te se reve­ló que fue Moham­med bin Sal­man, el prín­ci­pe here­de­ro de Ara­bia Sau­di­ta, a quien se le atri­bu­ye el haber ins­ti­ga­do el ase­si­na­to del perio­dis­ta opo­si­tor Jamal Khashog­gi en el con­su­la­do en Estam­bul en octu­bre de 2018.

Si bien exis­tió en prin­ci­pio un acuer­do para que en 2019 el cua­dro fue­se exhi­bi­do en el Museo del Lou­vre como uno más de la expo­si­ción inte­gral dedi­ca­da a Da Vin­ci en con­me­mo­ra­ción de los 5 siglos de su falle­ci­mien­to, el prín­ci­pe rehu­só a pres­tar­lo al ser­le nega­do el dere­cho de que estu­vie­se expues­to jus­to al lado de la céle­bre Mona Lisa. A la hora actual no se sabe con cer­te­za dón­de se encuen­tra depo­si­ta­da esta reli­quia, si aca­so en el lujo­so yate del poten­ta­do here­de­ro de la coro­na sau­di­ta o bien en algún puer­to fran­co del arte que cons­ti­tu­ye un paraí­so legal y fis­cal don­de no exis­te juris­dic­ción alguna.

El exce­len­te tra­ba­jo ofre­ci­do por Koe­foed no solo expo­ne de mane­ra absor­ben­te la tra­ve­sía de este mis­te­rio­so cua­dro que a pesar de su astro­nó­mi­co valor paga­do que­dan dudas sobre su auten­ti­ci­dad. Lo más impor­tan­te es que ilus­tra la par­te oscu­ra de los nego­cia­do­res de arte don­de no es la ver­da­de­ra apre­cia­ción del tra­ba­jo pic­tó­ri­co lo que cuen­ta sino la capa­ci­dad de reven­ta de que pue­de ser obje­to y obvia­men­te el ren­di­mien­to eco­nó­mi­co que se obtie­ne; así meta­fó­ri­ca­men­te en el film se alu­de a un nido de víbo­ras en el que se encuen­tran en jue­go las dis­tin­tas tác­ti­cas y dis­cu­ti­bles tre­tas uti­li­za­das para acu­mu­lar rique­za que en últi­ma ins­tan­cia gene­ra poder y como bien lo espe­ci­fi­ca Jerry Saltz “el poder nun­ca es neu­tral”. Es ahí don­de se pone en evi­den­cia que en cier­tas cir­cuns­tan­cias quie­nes están invo­lu­cra­dos en este nego­cio, inclu­yen­do los due­ños de subas­tas artís­ti­cas, no están real­men­te intere­sa­dos en el arte sino que actúan como codi­cio­sos mer­ca­de­res tra­tan­do de obte­ner el máxi­mo bene­fi­cio en cada una de las ope­ra­cio­nes rea­li­za­das. Eso es lo que este docu­men­tal trans­mi­te de mane­ra remar­ca­ble dejan­do lugar para refle­xio­nar cómo la obra de un renom­bra­do artis­ta poco impor­ta que sea ver­da­de­ra para que­dar suje­ta a un mani­pu­leo de com­pra-ven­ta al igual que cual­quier otro pro­duc­to comer­cial. En suma, este atra­pan­te docu­men­tal, agra­cia­do por la exce­len­te edi­ción de Nico­lás Nør­gaard Staf­fo­la­ni, es alta­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman