Remar­ca­ble Acti­vis­ta Ambiental

I AM GRE­TA Sue­cia, 2020. Un docu­men­tal de Nathan Gross­man. 98 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Apple TV +

El nom­bre de este docu­men­tal del direc­tor sue­co Nathan Gross­man es el de la remar­ca­ble acti­vis­ta ambien­tal Gre­ta Thun­berg, una figu­ra que a la hora actual es mun­dial­men­te cono­ci­da por razo­nes bien jus­ti­fi­ca­das. Antes de comen­tar el con­te­ni­do de este meri­to­rio docu­men­to es nece­sa­rio acla­rar que Gre­ta está afec­ta­da por el sín­dro­me de Asper­ger que en prin­ci­pio se carac­te­ri­za por las difi­cul­ta­des que una per­so­na pue­de expe­ri­men­tar en la inter­ac­ción social. Sin embar­go, esta pro­di­gio­sa ado­les­cen­te no refle­ja incon­ve­nien­te alguno para que su men­sa­je haya lle­ga­do al mun­do entero.

Gre­ta Thunberg

Gross­man sor­pren­di­do por la per­so­na­li­dad de Gre­ta deci­dió enca­rar­la siguien­do sus pasos duran­te varios meses en todos sus via­jes, ade­más de refle­jar algu­nas face­tas per­so­na­les al mar­gen de los encuen­tros y expo­si­cio­nes efec­tua­das. Todo comien­za en agos­to de 2018 con la huel­ga esco­lar que ella con sus 15 años rea­li­za por la cam­pa­ña ambien­tal ubi­cán­do­se en el exte­rior del edi­fi­cio sue­co y cul­mi­na en sep­tiem­bre de 2019 con su encen­di­do dis­cur­so de pro­tes­ta pro­nun­cia­do un año des­pués en las Nacio­nes Uni­das. Duran­te ese perío­do su mili­tan­te acti­vis­mo abo­gan­do por el cam­bio cli­má­ti­co y urgien­do a los líde­res del mun­do para que sal­ven el pla­ne­ta Tie­rra ha reper­cu­ti­do de tal mane­ra que su men­sa­je ha moti­va­do a que millo­nes de per­so­nas la sigan.

Lo que lla­ma la aten­ción es la segu­ri­dad y natu­ra­li­dad con que ella se des­en­vuel­ve en pre­sen­cia del pre­si­den­te de Fran­cia, el Secre­ta­rio Gene­ral de las Uni­das, el Papa Fran­cis­co, así como su pre­sen­ta­ción en la sede de la Unión Euro­pea y en sus con­tac­tos con los medios de comu­ni­ca­ción.. Asom­bra igual­men­te lo exi­gen­te que es en la pre­pa­ra­ción de sus tex­tos don­de no admi­te error orto­grá­fi­co alguno. En todo el peri­plo rea­li­za­do se la ve acom­pa­ña­da por su padre Svan­te don­de en algu­nos casos la recri­mi­na por la fal­ta de aten­ción que pres­ta a su ali­men­ta­ción, como así tam­bién a su com­ple­ta devo­ción por el futu­ro del pla­ne­ta. En tal sen­ti­do, el docu­men­tal cap­ta el lado frá­gil de esta heroí­na como así tam­bién el con­si­de­ra­ble des­gas­te emo­cio­nal que sufre, pero su inque­bran­ta­ble con­vic­ción por la lucha empren­di­da la moti­va a con­ti­nuar la lucha emprendida.

Gross­man ade­más de con­si­de­rar a los fer­vien­tes segui­do­res de Gre­ta tam­bién pres­ta aten­ción a quie­nes se le opo­nen tra­tan­do de defe­nes­trar­la o bien a cri­ti­car­la fuer­te­men­te como acon­te­ce por par­te de los pre­si­den­tes Trump y Bol­so­na­ro y de Fox News.

Como bien afir­ma Gre­ta, no valen úni­ca­men­te los exal­tan­tes dis­cur­sos de los esta­dis­tas que se esme­ran en efec­tuar reco­men­da­cio­nes para com­ba­tir la cri­sis del medio ambien­te sino que lo que impor­ta es imple­men­tar esa acción para que las futu­ras gene­ra­cio­nes pue­dan res­pi­rar un aire más puro.

Los vas­tos incen­dios que hace poco ocu­rrie­ron en Cali­for­nia y Aus­tra­lia afec­tan­do los cam­bios cli­má­ti­cos del pla­ne­ta jus­ti­fi­can ple­na­men­te la rea­li­za­ción de este esme­ra­do docu­men­tal ofre­cien­do el men­sa­je de esta admi­ra­ble ado­les­cen­te. Jor­ge Gutman

Una Apa­sio­na­da Panteóloga

AMMO­NI­TE. Gran Bre­ta­ña, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Fran­cis Lee. 117 minutos

Un muy buen dra­ma de épo­ca es lo que se apre­cia en Ammo­ni­te en don­de el direc­tor Fran­cis Lee des­cri­be un epi­so­dio de la vida de Mary Anning (1799 – 1847), la paleon­tó­lo­ga bri­tá­ni­ca cuyos des­cu­bri­mien­tos de lechos mari­nos de la pre­his­to­ria con­tri­bu­ye­ron enor­me­men­te al avan­ce cien­tí­fi­co en ese terreno.

Kate Wins­let y Saoir­se Ronan

El guión del rea­li­za­dor pre­sen­ta a Mary (Kate Wins­let) vivien­do en la loca­li­dad cos­te­ra bri­tá­ni­ca de Lyme Regis, al oes­te de Dor­set, a media­dos de la déca­da de 1840. Allí, jun­to a su ancia­na madre enfer­ma (Gem­ma Jones), lle­va una vida aus­te­ra don­de ambas viven de un peque­ño nego­cio dedi­ca­do a la ven­ta de fósi­les para turis­tas. Aun­que apa­sio­na­da por la paleon­to­lo­gía, su vida per­so­nal trans­cu­rre sin mayo­res varian­tes refle­jan­do en su taci­turno ros­tro una con­si­de­ra­ble sole­dad, don­de solo ha man­te­ni­do un mero víncu­lo social con una veci­na (Fio­na Shaw) y un médi­co (Alec Seca­rea­nu) local.

Un buen día Mary reci­be la visi­ta de Rode­rick Mur­chi­son (James McArd­le) acom­pa­ña­do de su joven espo­sa Char­lot­te (Saoir­se Ronan); decla­rán­do­se cien­tí­fi­co él desea adqui­rir cono­ci­mien­tos de la tarea empren­di­da por Mary; con reluc­tan­cia ella acep­ta la pro­po­si­ción sobre todo por­que con los hono­ra­rios per­ci­bi­dos miti­ga en par­te su humil­de con­di­ción finan­cie­ra. Lo que lla­ma la aten­ción es la depre­sión que afec­ta a Char­lot­te, debi­da en par­te a que el matri­mo­nio sufrió la pér­di­da de una cria­tu­ra; dado que Rode­rick, debe ausen­tar­se por algu­nas sema­nas, a cam­bio de una impor­tan­te com­pen­sa­ción mone­ta­ria le pide a Mary, que le acep­te alber­gar a su espo­sa para que en su com­pa­ñía pue­da levan­tar su ende­ble esta­do anímico.

Con esme­ra­do vir­tuo­sis­mo, Lee cui­da has­ta el menor deta­lle para que tan­to la ambien­ta­ción de épo­ca como así el tra­ba­jo de cáma­ra del fotó­gra­fo Stepha­ne Fon­tai­ne resal­ten los ges­tos y movi­mien­tos de sus per­so­na­jes, sobre todo en los momen­tos en que Char­lot­te acom­pa­ña a Mary en su dia­ria labor bus­can­do fósi­les en la roco­sa pla­ya. Eso se acen­túa en la medi­da que la rela­ción entre las dos muje­res se va inten­si­fi­can­do has­ta desem­bo­car en el encuen­tro ínti­mo; es ahí don­de con gran inten­si­dad ambas vuel­can sus emo­cio­nes encon­tran­do momen­tos de éxta­sis que has­ta enton­ces no habían experimentado.

El rit­mo pau­sa­do del rela­to de nin­gún modo lo ale­tar­ga sino que por el con­tra­rio per­mi­te crear el cli­ma ade­cua­do para que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en el mis­mo; en tal sen­ti­do, eso se debe en gran par­te a las mag­né­ti­cas actua­cio­nes de Wins­let y Ronan quie­nes con­tri­bu­yen a otor­gar con­si­de­ra­ble auten­ti­ci­dad a las pro­ta­go­nis­tas de esta historia.

Con una secuen­cia final que tie­ne lugar en el Museo Bri­tá­ni­co de Lon­dres, Lee le asig­na un deli­ca­do toque poé­ti­co a su hones­to tra­ba­jo dejan­do una inde­le­ble impre­sión al con­cluir su proyección.

Como en toda obra fic­ti­cia el rea­li­za­dor aquí adop­tó cier­tas licen­cias que han sido cues­tio­na­das por los des­cen­dien­tes de la paleon­tó­lo­ga en lo con­cer­nien­te a su orien­ta­ción sexual. En todo caso, lo que el film más des­ta­ca es su labor cien­tí­fi­ca que no ha sido muy difun­di­da; por lo tan­to, eso es lo que real­men­te cuen­ta. Jor­ge Gutman

Un Buen Thriller

BEASTS CLA­WING AT STRAWS. Corea del Sur, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Kim Yong-hoon. 109 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma cinemaduparc.com

Ya no resul­ta nove­do­so des­cu­brir la vita­li­dad del cine coreano a juz­gar por los títu­los que se dan a cono­cer en Nor­te­amé­ri­ca. Ade­más de haber cobra­do noto­rie­dad mun­dial por Para­si­te (2019), hay nue­vos valo­res que sur­gen en la cine­ma­to­gra­fía de ese país como es el caso de Kim Yong-hoon ubi­cán­do­se por pri­me­ra vez detrás de la cáma­ra con Beasts Cla­wing at Straws.

Aun­que influi­do por algu­nos de los fil­mes de Quen­tin Taran­tino, los her­ma­nos Coen y Danny Boy­le, el rea­li­za­dor valién­do­se de su pro­pio guión, basa­do en una nove­la de Kei­su­ke Sone, demues­tra poseer un esti­lo pro­pio al narrar una diná­mi­ca his­to­ria circular.

Bae Sung-woo

El comien­zo del rela­to es pro­mi­so­rio crean­do la intri­ga sobre lo que suce­de­rá cuan­do Jung-man (Bae Sung-woo), un humil­de emplea­do per­ci­bien­do un modes­to ingre­so en el hotel don­de tra­ba­ja des­cu­bre en un casi­lle­ro una lujo­sa vali­ja reple­ta de dine­ro; sin pose­sio­nar­se de la mis­ma resuel­ve dejar­la ‑al menos por el momen­to- en el depó­si­to del esta­ble­ci­mien­to. Que­da por saber qué es lo que hará este hom­bre que por diver­sas razo­nes se encuen­tra en una difí­cil situa­ción financiera.

Inme­dia­ta­men­te, se sale al encuen­tro de Tae-young (Jeong Woo-sung), un agen­te de migra­cio­nes, quien se encuen­tra fuer­te­men­te endeu­da­do y retar­da­do en la devo­lu­ción del prés­ta­mo obte­ni­do de su peli­gro­so usu­re­ro (Jung Man-sik); nada bueno le augu­ra si no cum­ple con su obli­ga­ción en el pla­zo de una semana.

La ter­ce­ra sub­tra­ma intro­du­ce a Mi-ran (Shin Hyun-been), una emplea­da de un bar que ade­más de haber per­di­do una cuan­tio­sa suma de dine­ro en el mer­ca­do bur­sá­til es víc­ti­ma de vio­len­cia con­yu­gal. Cuan­do Jin-tae (Jung Ga-ram), uno de sus clien­tes, se ena­mo­ra de ella y pro­me­te matar a su mari­do a tra­vés de un simu­la­cro de acci­den­te para que ella pue­da cobrar el segu­ro de vida, nada resul­ta­rá de acuer­do a lo pre­vis­to; a todo ello la acti­tud que adop­ta Yeon-hee (Jeon Do-yeon), la geren­te del local, pro­du­ci­rá con­se­cuen­cias impre­vis­tas que no con­vie­ne mencionar.

A pesar de cier­tos meno­res des­ni­ve­les, el enma­ra­ña­do guión es lo sufi­cien­te­men­te inge­nio­so para per­mi­tir que las tres sub­tra­mas de este thri­ller lle­guen a entre­la­zar­se con un des­en­la­ce que retro­trae la acción a su comienzo.

Bien diri­gi­da y nota­ble­men­te actua­da, esta amo­ral his­to­ria cri­mi­nal pla­ga­da de acción no lle­ga a revo­lu­cio­nar al géne­ro, pero es lo sufi­cien­te­men­te diná­mi­ca para man­te­ner una per­ma­nen­te ten­sión que en últi­ma ins­tan­cia resul­ta gra­ti­fi­can­te. Jor­ge Gutman

Una Corro­si­va Secuela

BORAT SUB­SE­QUENT MOVIE FILM. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Jason Woli­ner95 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Ama­zon Pri­me Video 

Sacha Baron Cohen que fue con­sa­gra­do inter­na­cio­nal­men­te con el per­so­na­je de Borat en el film homó­ni­mo de 2006, aho­ra retor­na con esta pro­vo­ca­ti­va secue­la polí­ti­ca diri­gi­da por ason Woli­ner. Si en ese enton­ces el fal­so docu­men­tal lan­za­ba espi­no­sos dar­dos a la admi­nis­tra­ción Bush, esta pelí­cu­la igual­men­te de pseu­do fic­ción sati­ri­za de mane­ra impla­ca­ble al actual gobierno ame­ri­cano y a la gen­te que com­par­te su ideología.

Sacha Baron Cohen

El libre­to de Baron Cohen escri­to con otros 7 guio­nis­tas pre­sen­ta a Borat Sag­di­yev, el ex impor­tan­te perio­dis­ta de Kaza­jis­tán caí­do en des­gra­cia por haber deni­gra­do la ima­gen del país. Para recu­pe­rar su res­pe­to, el fic­ti­cio dic­ta­dor que lo gobier­na y fer­vien­te admi­ra­dor de Trump, le enco­mien­da a Borat una misión espe­cial: él debe­rá via­jar a Esta­dos Uni­dos y sobor­nar a su vice­pre­si­den­te ofre­cién­do­le como obse­quio a Johnny, un chim­pan­cé de ele­va­do nivel de inte­li­gen­cia que ocu­pa el car­go de minis­tro de cul­tu­ra. Sin embar­go, cuan­do el mono es eli­mi­na­do del esce­na­rio es su hija Tutar (Maria Baka­lo­va) de 15 años que Borat deci­de entre­gar­le a Mike Pen­ce; en últi­ma ins­tan­cia el valio­so rega­lo feme­nino ten­drá como des­ti­na­ta­rio a Rudolph Giu­lia­ni, el ex inten­den­te de Nue­va York y actual abo­ga­do del pre­si­den­te americano.

Des­pués del tra­yec­to rea­li­za­do vía marí­ti­ma, una vez lle­ga­dos a des­tino Borat y su hija salen al encuen­tro de una gale­ría de per­so­na­jes que son, fie­les repre­sen­tan­tes de la Amé­ri­ca ultra­con­ser­va­do­ra. Polí­ti­ca­men­te inco­rrec­to, de mane­ra demo­le­do­ra y ape­lan­do a un sal­va­je humor, el film ilus­tra dife­ren­tes aspec­tos que afec­tan al país como la miso­gi­nia, el racis­mo, el anti­se­mi­tis­mo, la nega­ción del Holo­caus­to, el des­pre­cio al trai­dor Oba­ma y a la chu­pa san­gre de Hillary Clin­ton, los acti­vis­tas que se mani­fies­tan con­tra­rios al abor­to y la exis­ten­cia de supues­tas teo­rías cons­pi­ra­ti­vas. Como el roda­je de la pelí­cu­la film se efec­tuó duran­te la épo­ca de la pan­de­mia, el rela­to igual­men­te des­ta­ca las mani­fes­ta­cio­nes con­tra­rias a la cua­ren­te­na así como el vili­pen­dio a los cien­tí­fi­cos que ase­so­ran “equi­vo­ca­da­men­te” a la población.

De lo que ante­ce­de que­da resal­ta­do el sec­ta­ris­mo e into­le­ran­cia que pre­do­mi­na en un impor­tan­te seg­men­to de la pobla­ción que ‑se qui­sie­ra supo­ner- de mane­ra invo­lun­ta­ria gene­ra el odio que agrie­ta a la nación más pode­ro­sa del mun­do. En sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes, el estu­pen­do Baron Cohen y la exce­len­te Baka­lo­va pro­vo­can ince­san­te risa a tra­vés de los innu­me­ra­bles gags que ofre­ce el guión; sin embar­go el corro­si­vo humor que se des­pren­de de la sar­ta de dis­pa­ra­tes con­tem­pla­dos, deja en el áni­mo del espec­ta­dor un sabor agri­dul­ce al saber que lo exhi­bi­do no es pro­duc­to de un rela­to utó­pi­co sino el refle­jo de una lamen­ta­ble realidad.

Des­de la ópti­ca estric­ta­men­te cine­ma­to­grá­fi­ca, el film de Woli­ner es ágil y sufi­cien­te­men­te flui­do, aun­que algu­nas esce­nas podrían haber sido más suti­les en mate­ria del buen gus­to; sin embar­go, lo que aquí tras­cien­de es su men­sa­je y en tal sen­ti­do esta secue­la logra ple­na­men­te su obje­ti­vo. Jor­ge Gutman

Un Remar­ca­ble Neurólogo

OLI­VER SACKS: HIS OWN LIFE. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Ric Burns. 111 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma cinemaduparc.com

El rea­li­za­dor Ric Burns ofre­ce un mere­ci­do tri­bu­to al renom­bra­do neu­ró­lo­go y autor Oli­ver Sacks en este nota­ble docu­men­tal refle­jan­do su excep­cio­nal huma­ni­dad en el víncu­lo man­te­ni­do con sus pacientes.

OLI­VER SACKS

En 2015, pocos meses antes de su muer­te por cán­cer, Sacks reúne a sus más cer­ca­nos ami­gos y cole­gas a mane­ra de des­pe­di­da don­de pasa revis­ta a su inten­sa vida pla­ga­da de infor­tu­nios y satis­fac­cio­nes. Naci­do en Lon­dres en 1933 en el seno de una orto­do­xa fami­lia judía, el dece­so de uno de sus her­ma­nos debi­do a la esqui­zo­fre­nia moti­vó su inte­rés en abor­dar la com­ple­ji­dad de la men­te a tra­vés de los estu­dios de medicina.

Uno de los gran­des gol­pes de su vida fue cuan­do su madre con quien man­tu­vo un lazo muy estre­cho lo cali­fi­có de “abo­mi­na­ble” al ente­rar­se de su con­di­ción homo­se­xual; ésa ha sido una de las razo­nes que en 1960 lo sus­ci­tó a dejar Ingla­te­rra para radi­car­se en Cali­for­nia. Mien­tras com­ple­ta­ba una resi­den­cia médi­ca en el hos­pi­tal Mt. Zion de San Fran­cis­co, al pro­pio tiem­po se vio afec­ta­do por su adic­ción a las anfe­ta­mi­nas ade­más de sufrir una decep­ción sentimental.

Cuan­do en 1965 se tras­la­da a Nue­va York, su natu­ra­le­za auto­des­truc­ti­va que lo esta­ba con­su­mien­do lo moti­vó a some­ter­se a un tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co con el Dr. Leo­nard Shen­gold quien lo ayu­dó a salir del pan­tano; asi­mis­mo, en su espe­cia­li­dad neu­ro­ló­gi­ca se dedi­có estoi­ca­men­te a esta­ble­cer una comu­ni­ca­ción sin­gu­lar con cada uno de sus pacien­tes, inclu­yen­do los que se encon­tra­ban en esta­do vege­ta­ti­vo, en sus esfuer­zos de escru­di­ñar qué es lo que esta­ba afec­tan­do a sus cere­bros. La meto­do­lo­gía por él sus­ten­ta­da no fue al prin­ci­pio apre­cia­da por sus cole­gas pero a tra­vés de los años curan­do a nume­ro­sos enfer­mos, su tra­ba­jo obtu­vo pleno reco­no­ci­mien­to en el cam­po de la medi­ci­na al gene­rar cam­bios en la for­ma tra­di­cio­nal en que se abor­da­ba las enfer­me­da­des neurológicas.

Dada su incli­na­ción a la pala­bra escri­ta, Sacks trans­mi­tió su expe­rien­cia pro­fe­sio­nal en perió­di­cos y revis­tas ade­más de ser el autor de varios libros que se con­vir­tie­ron en best sellers. Uno de los mis­mos es Awa­ke­nings,  un rela­to auto­bio­grá­fi­co sobre sus des­ve­los en ayu­dar a los enfer­mos de ence­fa­li­tis letár­gi­ca para que pudie­sen recu­pe­rar sus fun­cio­nes neu­ro­ló­gi­cas; en 1990 dicho libro fue exi­to­sa­men­te adap­ta­do al cine con Robert De Niro y Robin Williams en los roles protagónicos.

Valién­do­se de foto­gra­fías, extrac­tos de pelí­cu­las y espe­cial­men­te de entre­vis­tas rea­li­za­das entre otras per­so­nas al pro­pio Sacks, el fotó­gra­fo Bill Hayes que fue su que­ri­da pare­ja en sus últi­mos años, el perio­dis­ta Robert Krul­wich y la edi­to­ra Kate Edgar, Burns ofre­ce un con­mo­ve­dor retra­to de este extra­or­di­na­rio astró­no­mo del cere­bro que encau­zó su vida des­ti­lan­do amor, ter­nu­ra y com­pa­sión a sus enfer­mos. Jor­ge Gutman