Tra­tan­do a un Niño Autista

EZRA. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Tony Goldwyn. 100 minutos

El autis­mo se carac­te­ri­za por tener difi­cul­ta­des para la comu­ni­ca­ción e inter­ac­ción social en la per­so­na que lo pre­sen­ta. Esa con­di­ción que pade­ce uno de los miem­bros de una fami­lia es el tema tra­ta­do por Tony Goldwyn en Ezra.

Robert De Niro, Bobby Can­na­va­le y William Fitzgerald

La his­to­ria se desa­rro­lla en New Jer­sey pre­sen­tan­do a Max (Bobby Can­na­va­le), un come­dian­te humo­ris­ta con un tra­ba­jo ines­ta­ble, quien está sepa­ra­do de su mujer Jen­na (Rose Byr­ne); ambos son padres de Ezra (William Fitz­ge­rald), un niño de 11 años diag­nos­ti­ca­do con autis­mo. No obs­tan­te que el chi­co es pre­coz e inte­li­gen­te, su com­por­ta­mien­to impul­si­vo en el cole­gio al cual asis­te moti­va a que eso pue­da per­ju­di­car a los res­tan­tes alum­nos de su cla­se; es así que la direc­ción de la escue­la soli­ci­ta a sus padres que le envíen a un cole­gio espe­cia­li­za­do; ese con­se­jo lo rati­fi­ca el médi­co que tra­ta al chi­co ade­más de reco­men­dar una medi­ca­ción para ate­nuar sus efectos.

El pun­to de par­ti­da del guión esbo­za­do por Tony Spi­ri­da­kis resul­ta intere­san­te al mos­trar la diver­gen­cia de opi­nión de los padres de Ezra. Jen­na, que tie­ne un tra­ba­jo esta­ble y está a car­go de la tenen­cia del menor, con­si­de­ra ade­cua­do el cam­bio de escue­la así como los reme­dios pres­crip­tos; la acti­tud de Max es com­ple­ta­men­te dife­ren­te en tan­to que se opo­ne a que su hijo asis­ta a una ins­ti­tu­ción espe­cia­li­za­da dado que eso lo ais­la­ría de otros chi­cos nor­ma­les de su edad. Ese con­flic­to se agra­va cuan­do Max lle­ga a ata­car a uno de los médi­cos de Ezra y debe pasar una noche en pri­sión con la orden de que tem­po­ral­men­te no pue­da acer­car­se a su hijo.

El rela­to pier­de vue­lo a par­tir del momen­to en que Max, que vive con su padre (Robert De Niro), en horas noc­tur­nas aban­do­na su casa para diri­gir­se a la de su mujer y sin su per­mi­so, prác­ti­ca­men­te secues­tra a Ezra para lle­var­lo a Holly­wood don­de aspi­ra par­ti­ci­par como come­dian­te, en un popu­lar pro­gra­ma de tele­vi­sión. De allí en más se asis­te a un for­za­do melo­dra­ma sen­ti­men­tal nutri­do de esce­nas que resis­ten credibilidad.

Lo mejor del film resi­de en su elen­co. Can­na­va­le impre­sio­na como el padre que dis­pues­to a adop­tar medi­das extre­mas con tal de pro­te­ger a su hijo lle­ga a auto­des­truir­se; Byr­ne a su vez con­ven­ce como la madre igual­men­te dis­pues­ta a brin­dar el máxi­mo cari­ño a Ezra, en tan­to que Fitz­ge­rald es toda una reve­la­ción trans­mi­tien­do con com­ple­ta auten­ti­ci­dad la natu­ra­le­za del niño autis­ta. Una vez más es admi­ra­ble la vete­ra­nía de De Niro como el cari­ño­so abue­lo que man­tie­ne una exce­len­te rela­ción con su nie­to; en tan­to en pape­les peri­fé­ri­cos salen airo­sos Rainn Wil­son, Woo­pi Gold­berg y Vera Farmiga.

A pesar de la loa­ble inten­ción del rea­li­za­dor sobre cómo ayu­dar a chi­cos autis­tas, el film no alcan­za a satis­fa­cer las expec­ta­ti­vas de su ini­cio por no haber sido desa­rro­lla­do de mane­ra más rea­lis­ta; al dejar de lado el cri­te­rio lógi­co en varias oca­sio­nes, impi­de gene­rar la empa­tía de la audien­cia. Jor­ge Gutman

El Artis­ta y su Musa

BON­NARD, PIE­RRE ET MARTHE. Fran­cia, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Mar­tin Pro­vost. 122 minutos

Des­pués de haber brin­da­do muy bue­nos tra­ba­jos en su fil­mo­gra­fía como lo fue­ron entre otros títu­los Séraphi­ne (2008), Vio­let­te (2013) y La Bon­ne Épou­se (2020), el cineas­ta Mar­tin Pro­vost aña­de otro logra­do film con Bon­nard, Pie­rre et Marthe, refle­jan­do el víncu­lo sen­ti­men­tal del pin­tor Pie­rre Bon­nard (1867 – 1947) y la mujer que en gran medi­da ins­pi­ró su crea­ción artística.

Vin­cent Macaig­ne y Céci­le de France

El rela­to de Pro­vost comien­za en 1893 en París don­de en la pri­me­ra esce­na se obser­va a Bonard (Vin­cent Macaig­ne) efec­tuan­do un boce­to, tenien­do como mode­lo a Marthe de Mélligny (Céci­le de Fran­ce), una joven a la que casual­men­te encon­tró en la calle invi­tán­do­la a posar. Cuan­do Bonard le pide que des­cu­bra su pecho para seguir pin­tan­do y Marthe se nie­ga, ines­pe­ra­da­men­te sur­ge entre ambos un febril deseo que con­du­ce a un ardien­te encuen­tro sexual que pron­to moti­va­rá a que el artis­ta no pue­da ale­jar­se de ella.

Pro­vost muy bien des­cri­be los dife­ren­tes orí­ge­nes socia­les de ambos aman­tes. Mien­tras que Bonard per­te­ne­ce a la media­na bur­gue­sía aun­que como bohe­mio tra­ta de no abur­gue­sar­se, Marthe es una joven de humil­de ori­gen que expe­ri­men­ta cier­ta inco­mo­di­dad cuan­do él la intro­du­ce a su círcu­lo de pin­to­res van­guar­dis­tas per­te­ne­cien­tes al movi­mien­to de los nabis así como a su mece­nas Misia Sert (Anouk Grin­berg). Aun­que las amis­ta­des de Pie­rre no sim­pa­ti­cen con Marthe con­si­de­rán­do­la una des­co­ca­da que pue­de per­ju­di­car la carre­ra del artis­ta, eso no impi­de el sóli­do lazo de amor de la pare­ja; el úni­co des­acuer­do es que Marthe desea­ría fer­vien­te­men­te ser madre en tan­to que él se nie­ga por­que dado su esti­lo de vida sería un mal padre.

Sin adqui­rir el carác­ter de bio­gra­fía, la his­to­ria se des­pla­za en pri­mer tér­mino a 1914 en don­de se apre­cian cier­tas aspe­re­zas de Marthe debi­do a que sien­te celos por el víncu­lo de su mari­do con Misia. Es en 1918 cuan­do Pie­rre sin dejar a Marthe se ena­mo­ra de Renée (Stacy Mar­tin), una joven estu­dian­te de la escue­la de bellas artes a quien le pro­me­te matri­mo­nio; sin embar­go cam­bia de idea por­que a pesar de haber sido infiel a su musa ella sigue sien­do su gran amor y es así que des­pués de 25 años de con­vi­ven­cia la con­vier­te en su legí­ti­ma espo­sa. A todo ello, el rela­to mues­tra cómo a su vez Marthe lle­ga a ser una afa­ma­da pin­to­ra, emu­lan­do a su marido.

La acción final­men­te se tras­la­da a 1942 cuan­do víc­ti­ma de su asma ella se extin­gue dejan­do a Pie­rre pro­fun­da­men­te ape­sa­dum­bran­do y en don­de acu­dien­do a su memo­ria recuer­da los feli­ces años de juven­tud en que jun­tos goza­ron de los baños en las aguas del Sena. A pesar de su muer­te, Marthe siguió sien­do su musa has­ta que Pie­rre falle­ce cin­co años des­pués. Es así que en los cré­di­tos fina­les se lee que de las más de 2000 obras pic­tó­ri­cas rea­li­za­das por el artis­ta, en un ter­cio de las mis­mas retra­tó a su ama­da esposa.

La com­ple­ja rela­ción esta­ble­ci­da entre Pie­rre y Marthe y la influen­cia que ejer­cie­ron entre sí está mag­ní­fi­ca­men­te narra­da por Pro­vost. Su ilus­tra­ción de dos seres pro­fun­da­men­te ena­mo­ra­dos que han podi­do supe­rar las barre­ras socia­les y cul­tu­ra­les de la épo­ca así como los encuen­tros, sepa­ra­cio­nes y reen­cuen­tros a lo lar­go de varias déca­das de vida en común, están ver­ti­dos con nota­ble rea­lis­mo. Al pro­pio tiem­po, aun­que de mane­ra secun­da­ria, el direc­tor retra­ta la rique­za cul­tu­ral que Bon­nard com­par­te con otros gran­des cole­gas del siglo pasa­do como Clau­de Monet (André Mar­con) y Édouard Vui­llard (Gré­goi­re Leprince-Ringuet) .

En el mar­co de un com­pe­ten­te elen­co, el direc­tor tuvo el acer­ta­do cri­te­rio de con­vo­car a dos estu­pen­dos intér­pre­tes en los roles pro­ta­gó­ni­cos; tan­to Céci­le de Fran­ce, posi­ble­men­te en el mejor rol de su carre­ra, como Vin­cent Macaig­ne trans­mi­ten con remar­ca­ble con­vic­ción las com­ple­jas per­so­na­li­da­des que ani­dan en sus per­so­na­jes a tra­vés de la amplia gama de emo­cio­nes que expe­ri­men­tan a tra­vés del tiem­po; en tal sen­ti­do es elo­gia­ble la labor del equi­po de maqui­lla­je refle­jan­do el cam­bio del sem­blan­te físi­co de Pie­rre y Marthe des­de los años jóve­nes has­ta la eta­pa del envejecimiento.

En con­clu­sión: esta cau­ti­van­te his­to­ria don­de el arte y el amor se fusio­nan mag­ní­fi­ca­men­te ame­ri­ta su visión. Jor­ge Gutman

Luchan­do por Sobrevivir

THE BOY IN THE WOODS. Cana­dá, 2023. Un film de Rebec­ca Snow, pro­gra­ma­do en el Fes­ti­val de Cine Judío de Toron­to.. 93 minutos.

Un con­mo­ve­dor rela­to sobre la tra­ge­dia del Holo­caus­to es lo que se apre­cia en The Boy in the Woods en don­de la rea­li­za­do­ra Rebec­ca Snow con­si­de­ra el cal­va­rio de un menor que lucha por sobre­vi­vir para no ser atra­pa­do por los cri­mi­na­les nazis.

La géne­sis de ese film sur­gió del encuen­tro de la docu­men­ta­lis­ta con el artis­ta Max­well Smart en 2019 en don­de ella se impu­so de la dura expe­rien­cia que él atra­ve­só duran­te la gue­rra. Es así que cuan­do él escri­bió sus memo­rias en el libro homó­ni­mo publi­ca­do en 2021, Snow resol­vió tras­la­dar­lo a la gran pan­ta­lla en un guión que le pertenece.

Jett Kly­ne

La his­to­ria comien­za en abril de 1943 don­de en la ciu­dad pola­ca de Buchach (que en la actua­li­dad per­te­ne­ce a Ucra­nia), el ejér­ci­to ale­mán ha diez­ma­do a miles de judíos y los que aún per­ma­ne­cen con vida espe­ran ser depor­ta­dos. Es en ese con­tex­to que Max (Jett Kly­ne), un niño judío de 12 años, sigue los con­se­jos de su madre (Ber­kley Sil­ver­man) para esca­par y sal­var su vida, ya que ella no pue­de hacer­lo tenien­do con­si­go a la peque­ña hijita.

Es así que el chi­co logra encon­trar refu­gio en lo de Jas­ko (Richard Armi­ta­ge), un gran­je­ro pola­co que vive con su mujer Kasia (Masa Liz­dek). Estas dos bon­da­do­sas per­so­nas hacen lo posi­ble por ocul­tar a Max hacién­do­lo pasar ante la poli­cía ale­ma­na como el her­mano menor de la anfi­trio­na. Temien­do que la per­ma­nen­te pre­sen­cia del refu­gia­do pue­da peli­grar la vida de su fami­lia, Jas­ko pide a Max que se inter­ne en la cer­ca­na zona bos­co­sa para que allí pue­da per­ma­ne­cer escon­di­do de los ale­ma­nes; para ello pre­via­men­te lo alec­cio­na ense­ñán­do­le el modo de cazar cone­jos para su ali­men­ta­ción así como tener pre­cau­ción en com­ple­men­tar su comi­da con hon­gos pro­ve­nien­tes de los árbo­les y de no inge­rir los que se encuen­tran suel­tos en el suelo.

Así comien­za la odi­sea de Max estan­do en todo momen­to aler­ta de sus enemi­gos. En ese deve­nir encuen­tra a Yanek (David Kohls­mith), un niño huér­fano judío menor que él, con quien man­tie­ne una rela­ción afec­ti­va con­si­de­rán­do­lo como si fue­se su her­mano. Ambos atra­ve­sa­rán situa­cio­nes de apu­ro cuan­do sol­da­dos ale­ma­nes los des­cu­bren y mila­gro­sa­men­te logran sal­var­se al huir pre­ci­pi­ta­da­men­te. Un momen­to cul­mi­nan­te de esa fuga se pro­du­ce cuan­do del otro lado del río que bor­dea la fores­ta obse­van que hay un bebé aban­do­na­do; si bien Max no duda en atra­ve­sar el río, Yanek pre­fie­re evi­tar­lo por­que el agua es dema­sia­do fría para él pero sin embar­go casi obli­ga­do lo sigue y en con­se­cuen­cia ambos lle­gan a res­ca­tar a la cria­tu­ra. Ese acto de gran gene­ro­si­dad reco­gien­do con vida a la cria­tu­ra, ten­drá no obs­tan­te con­se­cuen­cias dra­má­ti­cas para Yanek. Cuan­do un año des­pués se pro­du­ce el reti­ro de los ale­ma­nes con la entra­da de las fuer­zas rusas al lugar, Max nue­va­men­te es aco­gi­do por Jasko.

A nivel de actua­ción no es exa­ge­ra­do seña­lar que la inter­pre­ta­ción del joven actor Jett Klyi­ne es sen­ci­lla­men­te fabu­lo­sa al pose­sio­nar­se por com­ple­to en Max y por lo tan­to es de supo­ner que el autor del libro, hoy día de 94 años de edad, debe­rá estar amplia­men­te satis­fe­cho de con­tem­plar a quien lo ha carac­te­ri­za­do en su niñez.

Median­te una logra­da narra­ción Snow ofre­ce una dra­má­ti­ca his­to­ria real de sobre­vi­ven­cia en difi­ci­lí­si­mas con­di­cio­nes; al hacer­lo, ella refle­ja los sen­ti­mien­tos expe­ri­men­ta­dos por el aban­dono, la pro­tec­ción y el ocul­ta­mien­to del pro­ta­go­nis­ta vivien­do casi un año al ampa­ro de la fores­ta. Pero lo más tras­cen­den­te es demos­trar cómo en los momen­tos más angus­tian­tes que un ser humano expe­ri­men­ta, pre­do­mi­na la soli­da­ri­dad. Final­men­te cabe agre­gar que la fic­ción de esta his­to­ria cede paso a un des­en­la­ce real que es mejor no reve­lar pero que sin duda algu­na emo­cio­na­rá pro­fun­da­men­te al espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

La Fe Reli­gio­sa y el Deseo Sexual

FOU­DRE. Sui­za, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Car­men Jaquier. 92 minutos

Tras varios cor­tos rea­li­za­dos, la direc­to­ra sui­za Car­men Jaquier abor­da en su ópe­ra pri­ma Fou­dre, una his­to­ria que plan­tea el tema de la fe reli­gio­sa y la difi­cul­tad de com­pa­ti­bi­li­zar con el pla­cer natu­ral del sexo en sus dife­ren­tes manifestaciones.

Lilith Gras­mug

El guión de la rea­li­za­do­ra ubi­ca la his­to­ria en el verano de 1900 en una peque­ña aldea ubi­ca­da en el valle del sur de Sui­za rodea­do de majes­tuo­sas mon­ta­ñas. Eli­za­beth (Lilith Gras­mug) de 17 años de edad vive en un remo­to con­ven­to en el que ingre­só hace cin­co años y aho­ra está a pun­to de jurar los votos. Sin embar­go su pro­pó­si­to no se con­cre­ta­rá debi­do a que ines­pe­ra­da­men­te su fami­lia le hace saber que Inno­cen­te, su que­ri­da her­ma­na mayor,ha falle­ci­do; ade­más sus padres (Fra­nçois Reva­clier y Sabi­ne Timo­teo) requie­ren su vuel­ta al hogar para ayu­dar­les con las tareas en la gran­ja que poseen. A su regre­so per­sis­te en Eli­za­beth el mis­te­rio sobre la cau­sa de la muer­te de su her­ma­na en la medi­da que sus padres dota­dos de una fuer­te con­vic­ción reli­gio­sa se abs­tie­nen de abor­dar el tema.

Al poco tiem­po, habien­do cir­cuns­tan­cial­men­te des­cu­bier­to el dia­rio de Inno­cen­te, Eli­za­beth se impo­ne que ella man­tu­vo rela­cio­nes amo­ro­sas con algu­nos jóve­nes de la zona lo que le pro­du­jo un enor­me arro­ba­mien­to a la vez que le per­mi­tió reafir­mar su fe en Dios; sin embar­go, su com­por­ta­mien­to moti­vó a que fue­se deni­gra­da en el pueblo.

A la lec­tu­ra del dia­rio, se une el hecho de que en su nue­va vida en la región y al con­tac­to con la natu­ra­le­za, Eli­za­beth comien­ce a latir los impul­sos sexua­les que per­ma­ne­cie­ron com­ple­ta­men­te aca­lla­dos duran­te su per­ma­nen­cia en el con­ven­to. El fac­tor que pro­du­ce un cam­bio sus­tan­cial en su per­so­na­li­dad es el encuen­tro con Emi­le (Ben­ja­min Python), Joseph (Mer­moz Mel­chior) y Pie­rrot (Noah Watz­la­wick), tres mucha­chos de la zona que habían cono­ci­do a su her­ma­na y con quie­nes comien­za a man­te­ner un ínti­mo víncu­lo mez­cla­do de ter­nu­ra y sen­sua­li­dad median­te el con­tac­to de sus cuer­pos desnudos.

El des­per­tar sexual al comien­zo de la ado­les­cen­cia y la eman­ci­pa­ción feme­ni­na son tópi­cos muy fre­cuen­ta­dos por el cine y en tal sen­ti­do Fou­dre no agre­ga algo dis­tin­ti­vo, aun­que cabe des­ta­car la suti­le­za con que la direc­to­ra los aborda.

Si bien la narra­ción de esta mini­ma­lis­ta his­to­ria dis­ta de ser lo sufi­cien­te­men­te flui­da, en par­te eso se com­pen­sa visual­men­te con la belle­za de sus imá­ge­nes encua­dra­das en logra­dos pla­nos con la cola­bo­ra­ción de la exce­len­te foto­gra­fía de Mari­ne Atlan. Ade­más de la bue­na pues­ta en esce­na, la novel cineas­ta con­tó con un muy buen elen­co enca­be­za­do por la esme­ra­da carac­te­ri­za­ción logra­da por Lilith Gras­mug; en el rol pro­ta­gó­ni­co la joven actriz ple­na­men­te trans­mi­te el con­flic­to emo­cio­nal de su per­so­na­je quien tra­tan­do de for­jar su iden­ti­dad como mujer debe com­pa­ti­bi­li­zar su sexua­li­dad con el amor pro­fe­sa­do a Dios. Jor­ge Gutman

Sati­ri­zan­do a Dalí

DAAAAAA­LI!. Fran­cia, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Quen­tin Dupieux. 77 minutos.

Entre los cineas­tas más repre­sen­ta­ti­vos del cine del absur­do se encuen­tra Quen­tin Dupieux, cuyas come­dias gene­ral­men­te se dis­tin­guen por la extra­va­gan­cia de los per­so­na­jes que las ani­man. Es así que no resul­ta extra­ño que este cineas­ta desea­ra esbo­zar un bos­que­jo en tono de sol­fa del gran pin­tor surrea­lis­ta Sal­va­dor Dalí (1904 – 1989), tenien­do en cuen­ta que ade­más de su genia­li­dad, ha sido una per­so­na que se carac­te­ri­zó por su excén­tri­ca conducta.

Dicho lo que pre­ce­de, de ante­mano cabe acla­rar que el argu­men­to de Daaaaaa­li! no tie­ne el pro­pó­si­to de rela­tar mucho de su pro­ta­go­nis­ta sino más bien evi­den­ciar­lo como el nar­ci­sis­ta y mega­ló­mano crea­dor artís­ti­co, capaz de poner a prue­ba la pacien­cia de quie­nes con él interactúan.

Édouard Baer

El rela­to de Dupieux pre­sen­ta a Judith (Anaïs Demous­tier) una ex far­ma­céu­ti­ca que aho­ra rea­li­za su pri­mer tra­ba­jo de perio­dis­ta; para ello deci­de entre­vis­tar a Dalí en el hotel en que se alo­ja, para un docu­men­tal que se pro­yec­ta rea­li­zar. Al comien­zo se lo ve al artis­ta avan­zan­do y retro­ce­dien­do suce­si­vas veces en el pasi­llo del hotel has­ta final­men­te salir al encuen­tro de la joven que lo aguar­da; sin embar­go, debi­do a que Judith no está pro­vis­ta de cáma­ras para fil­mar la entre­vis­ta, él de inme­dia­to se mar­cha dejan­do frus­tra­da a su entre­vis­ta­do­ra. Con todo, la perio­dis­ta per­sis­te en su pro­pó­si­to, dejan­do entre­ver a Dalí de que el repor­ta­je será fil­ma­do con una cáma­ra de tama­ño gigan­tes­co, tal como él lo requie­re, en una pla­ya cer­ca­na a su hogar. Des­pués de su arri­bo en un impo­nen­te Rolls-Roy­ce y cuan­do todo está pre­pa­ra­do para el repor­ta­je, Dalí acci­den­tal­men­te daña la cáma­ra fil­ma­do­ra, por lo que nue­va­men­te la entre­vis­ta se malogra.

Den­tro del mar­co de esta anár­qui­ca come­dia se suce­den esce­nas absur­das como la que trans­cu­rre en la casa de un clé­ri­go (Éric Nag­gar) quien ofre­ce una cena a la que asis­ten el pin­tor con su seño­ra oyen­do el curio­so rela­to del anfi­trión acer­ca de un extra­ño sue­ño que tuvo; no menos incohe­ren­te es la fan­ta­sio­sa secuen­cia que se desa­rro­lla en un salón de rema­te don­de se subas­ta una de las pin­tu­ras de Dalí, con la lle­ga­da impre­vis­ta de un cow­boy arma­do que fusi­la al cura.

En rigor de ver­dad, éste no es un film que se pres­ta a ser rela­ta­do sino más bien para ser vis­to don­de deli­be­ra­da­men­te Dupieux ape­la a su visión surrea­lis­ta para retra­tar estra­fa­la­ria­men­te al icó­ni­co pin­tor; es así que sin razón que lo jus­ti­fi­que recu­rre a varios acto­res que alter­na­ti­va­men­te lo carac­te­ri­zan, inclu­yen­do a Édouard Baer, Jonathan Cohen, Pio Mar­maï, Gilles Lellou­che y en su vejez a Didier Fla­mand, don­de cada uno de los intér­pre­tes luce el exa­ge­ra­do y ondu­la­do mos­ta­cho como así tam­bién el clá­si­co bas­tón que dis­tin­guió a Dalí.

Con el res­pal­do de un sóli­do elen­co don­de espe­cial­men­te se des­ta­can Demous­tier, Baer como el pri­mer Dalí y Romain Duris como pro­duc­tor de cine, uni­do a la bue­na foto­gra­fía de Dupieux y la ati­na­da músi­ca de Tho­mas Ban­gal­te, Daaaaaa­lí! es una agra­da­ble ton­te­ra inten­cio­na­da­men­te des­or­de­na­da que no obs­tan­te su bre­ve dura­ción se pro­lon­ga un poco más de lo debi­do; en todo caso eso no afec­ta­rá la apre­cia­ción del espec­ta­dor que logre invo­lu­crar­se en la sin­gu­lar ópti­ca del pro­vo­ca­ti­vo rea­li­za­dor. Jor­ge Gutman