Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (5)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gut­man 

Bene­dic­tion (Gran Bretaña)

Con la ele­gan­cia, meticu­losi­dad, pre­cio­sis­mo y liris­mo que Teren­ce Davies impreg­na a sus fil­mes, nue­va­men­te esas cua­li­da­des se evi­den­cian en su recien­te tra­ba­jo abor­dan­do al poe­ta y escri­tor bri­tá­ni­co Sieg­fried Sas­soon (1886 – 1967) a tra­vés de un rela­to no lineal mag­ní­fi­ca­men­te estructurado.

Bene­dic­tion

Aun­que la crea­ti­vi­dad como poe­ta que­da tes­ti­mo­nia­da en el film, Davies ‑igual­men­te res­pon­sa­ble del guión- enfa­ti­za su aspec­to humano resal­tan­do al hom­bre aco­sa­do por los recuer­dos del impac­to vivi­do como ofi­cial del ejér­ci­to bri­tá­ni­co en la Pri­me­ra Gue­rra Mundial.

Duran­te el con­flic­to béli­co, Sas­soon (Jack Low­den) es con­de­co­ra­do como héroe de gue­rra por su valen­tía y des­ta­ca­da actua­ción; no obs­tan­te, al haber con­tem­pla­do el sacri­fi­cio de innu­me­ra­bles vidas acri­bi­lla­das en las trin­che­ras, des­pués de haber fina­li­za­do su perío­do de con­va­le­cen­cia fren­te a sus supe­rio­res cri­ti­ca a su país por con­ti­nuar par­ti­ci­pan­do en la gue­rra. Gra­cias a las cone­xio­nes de su ami­go Rob­bie Ross (Simon Rus­sell Bea­le) él evi­ta ser juz­ga­do en una cor­te mar­cial pero en cam­bio es envia­do a una clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca en Esco­cia para que sea obje­to de un tra­ta­mien­to ade­cua­do, a pesar de ser due­ño de una com­ple­ta cla­ri­dad men­tal. En el esta­ble­ci­mien­to hos­pi­ta­la­rio cono­ce a Wil­fred Owen (Matthew Tenny­son), un pacien­te que le ofre­ce su poe­ma “Disa­bled” para que lo juz­gue; la cone­xión que man­tie­ne con Owen tan­to en lo per­so­nal como en el terreno inte­lec­tual lo ins­pi­ra­rá para lle­gar a ser un emi­nen­te poe­ta don­de varias de sus poe­sías están basa­das en su expe­rien­cia vivi­da en el fren­te de batalla.

En otros aspec­tos de su vida el rela­to con­si­de­ra sus des­en­ga­ños amo­ro­sos con hom­bres, espe­cial­men­te con el actor Ivor Nove­llo (Jeremy Irvi­ne) y pos­te­rior­men­te con el joven aris­tó­cra­ta Stephen Ten­nant (Calam Lynch); con todo, a fin de cubrir las apa­rien­cias Sas­son con­trae matri­mo­nio con la joven Hes­ter (Kate Phillips).

En la eta­pa oto­ñal de su exis­ten­cia, se con­tem­pla a Sieg­fried (Peter Capal­di) acom­pa­ña­do de Hes­ter (Gema Jones) y de su hijo adul­to Geor­ge (Richard Goul­ding). Tra­tan­do de encon­trar un ver­da­de­ro sen­ti­do a su vida no pue­de borrar de su memo­ria los horro­res de la gue­rra, como asi­mis­mo sus víncu­los homo­se­xua­les; de algún modo bus­ca su reden­ción en la reli­gión con su con­ver­sión al cato­li­cis­mo, acti­tud seve­ra­men­te cri­ti­ca­da por su hijo.

Con suma pre­ci­sión, en su narra­ción Davies inter­ca­la impor­tan­te mate­rial de archi­vo fil­ma­do ilus­tran­do los horro­res de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial como así tam­bién ape­la a la voz en off reci­tan­do los poe­mas anti­bé­li­cos de su pro­ta­go­nis­ta. Que­da como resul­ta­do un valio­so film imbui­do de dolor, tris­te­za y melan­co­lía expo­nien­do a un reco­no­ci­do poe­ta que no obs­tan­te su éxi­to pro­fe­sio­nal resul­tó insa­tis­fe­cho por no haber alcan­za­do con ple­ni­tud lo que se había propuesto.

Así como el rea­li­za­dor bri­tá­ni­co ofre­ció un exce­len­te retra­to de la poe­ta ame­ri­ca­na Emily Dic­kin­son en A Quiet Pas­sion,(2016), con Bene­dic­tion nue­va­men­te se con­sa­gra des­cri­bien­do la com­ple­ja per­so­na­li­dad de su anti­be­li­cis­ta compatriota.

Unclen­ching The Fists (Rusia)

La rea­li­za­do­ra Kira Kova­len­ko abor­da un dra­ma fami­liar en el que una mucha­cha inten­ta en su pro­ce­so de ini­cia­ción libe­rar­se del medio en que vive para ser due­ña de sí mis­ma, sin que nadie deci­da por ella.

Unclen­ching The Fists

El rela­to se desa­rro­lla en Mazur, un pue­blo mine­ro ubi­ca­do en la región sure­ña rusa de Ose­tia del Nor­te, don­de resi­de Ada (Mila­na Agu­za­ro­va) quien huér­fa­na de madre con­vi­ve con su padre Zaur (Alik Karaev) y su her­mano menor Dak­ko (Khe­tag Bibi­lov). El deso­la­do e inhós­pi­to lugar no ofre­ce a la joven incen­ti­vo alguno al estar aca­rrean­do una exis­ten­cia gris y monó­to­na. Para peor, su vida está regi­da por su padre sobre­pro­tec­tor y deci­di­da­men­te hos­til quien ade­más de rete­ner­le el pasa­por­te le nie­ga dar­le la lla­ve del depar­ta­men­to en don­de habi­tan y solo le per­mi­te que sal­ga cuan­do debe diri­gir­se a su tra­ba­jo en una peque­ña tien­da de comestibles.

En esa espe­cie de cár­cel que cons­ti­tu­ye su hogar ella no pue­de obte­ner ayu­da del inma­du­ro Dak­ko ni tam­po­co de su cor­te­jan­te Tamik (Arsen Khe­ta­gu­rov). La úni­ca espe­ran­za de eman­ci­pa­ción está en Akim (Sosian Khu­gaev), su her­mano mayor que logró esca­par de su padre al haber encon­tra­do un tra­ba­jo en Ros­tov y que aho­ra ha regre­sa­do al pue­blo; sin embar­go la ines­ta­bi­li­dad men­tal de Ada como resul­ta­do de su estrés emo­cio­nal com­pli­ca la situación.

La muy bue­na foto­gra­fía de Pavel Fomin­tsev per­mi­te cap­tar ple­na­men­te el medio ambien­te claus­tro­fó­bi­co en que trans­cu­rre la acción y su reper­cu­sión en la con­duc­ta de sus per­so­na­jes. Con una efi­cien­te pues­ta escé­ni­ca, Kova­len­ko que ade­más es la coguio­nis­ta del film ha logra­do que sus acto­res, espe­cial­men­te Agu­za­ro­va y Karaev, trans­mi­tan un inten­so rea­lis­mo a sus per­so­na­jes en esta per­tur­ba­do­ra y sofo­can­te his­to­ria en don­de se insi­núa cier­to nivel de inces­to en la rela­ción de la joven con sus hermanos.

El talen­to de la rea­li­za­do­ra ha sido reco­no­ci­do en el últi­mo fes­ti­val de Can­nes cuyo tra­ba­jo obtu­vo el pre­mio al mejor film exhi­bi­do en la sec­ción Un Cer­tain Regard.

7 Pri­sio­nei­ros (Bra­sil)

El direc­tor bra­si­le­ño Ale­xan­dre Morat­to des­pués de haber obte­ni­do varios pre­mios por Socra­tes (2018), su pri­mer lar­go­me­tra­je, aho­ra entre­ga un sóli­do dra­ma de con­no­ta­ción moral.

7 Pri­sio­nei­ros

El guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Thay­ná Man­tes­so pre­sen­ta a Mateus (Chris­tian Mal­hei­ros), un mucha­cho de 18 años vivien­do humil­de­men­te con su madre y her­ma­nas en la región rural de Catan­du­va; gra­cias a la ges­tión de un inter­me­dia­rio local ha con­se­gui­do un empleo en Sao Pau­lo don­de aguar­da lograr un mejor futu­ro. Des­pués de des­pe­dir­se de los suyos es trans­por­ta­do jun­to con otros mucha­chos de simi­lar con­di­ción social a la gran metró­po­li; al lle­gar a des­tino com­prue­ban que el lugar de tra­ba­jo es un gran depó­si­to de cha­ta­rra. Allí son reci­bi­dos por Luca (Rodri­go San­to­ro), el geren­te del local, quien les retie­ne la docu­men­ta­ción de iden­ti­dad y les seña­la que en poco tiem­po más reci­bi­rán el for­mal con­tra­to de tra­ba­jo. Des­pués de pocos días de exte­nua­da labor los 7 tra­ba­ja­do­res recla­man sus sala­rios y es ahí don­de Luca con máxi­ma seve­ri­dad les seña­la que ellos debe­rán pre­via­men­te can­ce­lar la deu­da pen­dien­te gene­ra­da por el trans­por­te a la ciu­dad, la comi­da que se les brin­da y el pre­ca­rio alo­ja­mien­to en ese mis­mo lugar. Dán­do­se cuen­ta que han sido enga­ña­dos, inten­tan esca­par pero se encuen­tran impe­di­dos de salir al exte­rior del inmen­so taller como al pro­pio tiem­po Luca les retie­ne sus celu­la­res y ade­más les ame­na­za que aten­ta­rá con­tra sus fami­lia­res si aca­so per­sis­ten en aban­do­nar el tra­ba­jo. Es así que de hecho com­prue­ban que están pri­sio­ne­ros e inco­mu­ni­ca­dos con el res­to del mun­do: la efí­me­ra espe­ran­za es que podrán ser libe­ra­dos una vez que con el pro­du­ci­do de la labor rea­li­za­da pue­dan devol­ver el mon­to adeudado.

A medi­da que trans­cu­rre el tiem­po y la situa­ción se va dete­rio­ran­do, Mateus opta por nego­ciar con Luca hacién­do­le ver que él logra­rá que su gru­po incre­men­te la pro­duc­ti­vi­dad de la empre­sa. Es así que va obte­nien­do una mayor liber­tad, al pro­pio tiem­po que les hace ver a sus com­pa­ñe­ros que tra­tan­do de ganar la con­fian­za del patrón, podrá sacar­los de su encie­rro. La efi­ca­cia e inte­li­gen­cia de Mateus le per­mi­te avan­zar pro­gre­si­va­men­te en la fir­ma obte­nien­do impor­tan­tes pri­vi­le­gios pero es enton­ces cuan­do la leal­tad y soli­da­ri­dad hacia su gru­po se des­va­ne­ce por completo.

Morat­to crea un pon­de­ra­ble thri­ller que se inten­si­fi­ca con la pro­gre­sión del rela­to. A tra­vés del mis­mo efec­túa una seve­ra denun­cia al trá­fi­co humano que aquí se ejem­pli­fi­ca con jóve­nes pro­ve­nien­tes de sec­to­res pobres y sin mayor for­ma­ción quie­nes en pro­cu­ra de un mejor empleo ter­mi­nan con­vir­tién­do­se en meros escla­vos de una moder­na socie­dad. Simul­tá­nea­men­te que­da expues­to cómo los intere­ses eco­nó­mi­cos en jue­go ‑en este caso el de la empre­sa de cha­ta­rra- gene­ran una cri­mi­nal aso­cia­ción con mafio­sos, polí­ti­cos y corrup­tos guar­dia­nes de la ley.

En el buen elen­co se des­ta­can San­to­ro como el impla­ca­ble explo­ta­dor car­ce­le­ro y Mal­hei­ros brin­dan­do total nota­ble con­vic­ción al per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co que habien­do logra­do su liber­tad car­ga sobre su con­cien­cia el con­flic­to moral por su des­leal­tad y ausen­cia de soli­da­ri­dad hacia sus com­pa­ñe­ros de trabajo.

Con una narra­ción con­ci­sa y diná­mi­ca el rea­li­za­dor ha logra­do un mag­ní­fi­co film en don­de el espec­ta­dor se invo­lu­cra por com­ple­to con la suer­te de sus per­so­na­jes

I’m Your Man (Ale­ma­nia)

En esta pelí­cu­la la direc­to­ra Maria Schra­der ofre­ce una his­to­ria que cau­ti­va por su nota­ble originalidad.

I’m Your Man

Si este film hubie­se sido rea­li­za­do a media­dos del siglo pasa­do habría sido cate­go­ri­za­do como una come­dia de cien­cia fic­ción o aca­so como una fan­ta­sía bien ela­bo­ra­da. Con el increí­ble avan­ce tec­no­ló­gi­co regis­tra­do en las últi­mas déca­das, lo que ofre­ce la rea­li­za­do­ra en su exce­len­te guión escri­to con Jan Schom­burg bien podría acon­te­cer en un futu­ro cercano.

La acción trans­cu­rre en Ber­lín don­de se sale al encuen­tro de la antro­pó­lo­ga Alma (Maren Eggert) quien tra­ba­ja en el renom­bra­do Museo de Pér­ga­mo. Con el pro­pó­si­to de reu­nir los fon­dos nece­sa­rios para su pró­xi­ma inves­ti­ga­ción ella acep­ta el desa­fío de some­ter­se a un sin­gu­lar expe­ri­men­to; el mis­mo con­sis­te en con­vi­vir duran­te tres sema­nas con Tom (Dan Ste­vens), un robot espe­cial­men­te pro­gra­ma­do, debien­do obser­var su com­por­ta­mien­to a fin de deter­mi­nar si aca­so se ha logra­do el hom­bre per­fec­to que pue­da inte­grar­se a la socie­dad. A todo ello es nece­sa­rio pre­ci­sar que la super­vi­so­ra de Alma (San­dra Hüller) ha sido igual­men­te con­ce­bi­da en un labo­ra­to­rio científico.

En un comien­zo, Alma no se sien­te muy cómo­da en su hogar con la pre­sen­cia del pecu­liar anfi­trión vién­do­lo poner orden en su biblio­te­ca, pre­pa­rán­do­le el desa­yuno, tra­tan­do de hala­gar­la y com­pla­cer­la en todo sen­ti­do, pero a pesar de que ella evi­ta sen­tir­se atra­pa­da por el bello androi­de que tie­ne delan­te suyo, poco a poco va cam­bian­do de acti­tud has­ta lle­gar al pun­to en que se gene­ra una nota­ble inti­mi­dad entre ambos.

En un rela­to que se nutre con situa­cio­nes de fran­co humor, la rea­li­za­do­ra crea un sor­pren­den­te rea­lis­mo al ilus­trar el vue­lo román­ti­co entre el huma­noi­de y Alma. El film se valo­ri­za con la excep­cio­nal inter­pre­ta­ción de Eggert ‑que le valió el pre­mio a la mejor actriz en el fes­ti­val de Ber­lin- y la par­ti­ci­pa­ción de Ste­vens quien con mag­ní­fi­ca pre­ci­sión com­po­ne a un per­so­na­je que de mane­ra ambi­gua da la sen­sa­ción de adqui­rir la con­duc­ta de un hom­bre capaz de gene­rar una emo­ción simi­lar a la de un ver­da­de­ro ser humano.

Aun­que no ha sido la inten­ción de la direc­to­ra el plan­tear una temá­ti­ca filo­só­fi­ca sobre el empleo de la tec­no­lo­gía moder­na, lo cier­to es que a tra­vés de su impe­ca­ble rea­li­za­ción de mane­ra inte­li­gen­te intro­du­ce al espec­ta­dor en un rele­van­te tema. Así, del mis­mo modo que pode­mos intro­du­cir a nues­tros hoga­res al alta­voz inte­li­gen­te lla­ma­do Ale­xa, nada fan­ta­sio­so sería supo­ner que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial sea capaz de con­ce­bir a un robot con todos los atri­bu­tos de un humano tal como se con­tem­pla en el meri­to­rio tra­ba­jo de Schrader.

AHE­D’S KNEE (Israel) 

Habien­do obte­ni­do en 2019 el máxi­mo galar­dón en el fes­ti­val de Ber­lín con Synonyms, el direc­tor Nadav Lapid retor­na con otro dra­ma en el que con inusi­ta­da ener­gía expre­sa el sen­ti­mien­to que lo ani­ma como ciu­da­dano israe­lí. Es nece­sa­rio acla­rar que el roda­je del film se reali­zó antes de que Ben­ja­min Netan­yahu deja­ra el car­go de Pri­mer Ministro.

AHE­D’S KNEE

El rea­li­za­dor se vale de su pro­pio guión para des­cri­bir a un cineas­ta lla­ma­do Y (Avsha­lom Pollak) que deci­di­da­men­te es su alter ego. En la fic­ción, este per­so­na­je avi­zo­ra como pró­xi­mo pro­yec­to fil­mar Ahe­d’s Knee basa­do en la vida real de Ahed Tami­ni, una acti­vis­ta pales­ti­na que sufrió una heri­da en su rodi­lla al haber sido balea­da por un sol­da­do israe­lí. En tan­to, Y ha acep­ta­do una invi­ta­ción de Yaha­lom (Nur Fibak), una fun­cio­na­ria del Minis­te­rio de Cul­tu­ra para la pro­yec­ción de su últi­mo film en el desér­ti­co valle de Ara­vah don­de ella resi­de. Des­pués de la exhi­bi­ción se ha dis­pues­to que el direc­tor par­ti­ci­pe en un colo­quio de pre­gun­tas y res­pues­tas con el públi­co asis­ten­te. Mien­tras la pro­yec­ción se efec­túa Yaha­lom le entre­ga un for­mu­la­rio que debe lle­nar y que será des­ti­na­do al Minis­te­rio de Cul­tu­ra don­de tie­ne que some­ter­se a estric­tos tópi­cos de dis­cu­sión auto­ri­za­dos en su char­la con los espec­ta­do­res. Esa cen­su­ra a la liber­tad de expre­sión moti­va a que Y, cier­ta­men­te trau­ma­ti­za­do por lo que sufrió como sol­da­do en la gue­rra con El Líbano, no pue­da ocul­tar su indig­na­ción; en con­se­cuen­cia, a tra­vés de un lar­go monó­lo­go que gra­ba en su celu­lar se des­pa­cha con un incen­dia­rio dis­cur­so en don­de vuel­ca su repug­nan­cia y asco hacia el gobierno de Netan­yahu y su minis­tra de cultura.

En este film radi­cal y explo­si­vo Lapid lan­za una vez más sus dar­dos al país en que vive, aun­que la for­ma de expre­sar­lo no sea dema­sia­do sutil. Que­da cla­ro, que a tra­vés de su pro­ble­má­ti­co pro­ta­go­nis­ta quie­re expre­sar la seve­ra cri­sis exis­ten­cial que atra­vie­sa y de qué mane­ra el gobierno israe­lí va afec­tan­do su identidad.

Con una agi­ta­da pues­ta escé­ni­ca que recu­rre a varias rup­tu­ras para intro­du­cir núme­ros musi­ca­les un tan­to dis­cu­ti­bles, el ico­no­clas­ta rea­li­za­dor con­tó con la excep­cio­nal inter­pre­ta­ción de Pollak, el exce­len­te coreó­gra­fo de dan­za con­tem­po­rá­nea, quien trans­mi­te aca­ba­da­men­te la cóle­ra de un cineas­ta impo­ten­te de no poder modi­fi­car la reali­dad que lo envuelve.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (4)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Peti­te Maman (Fran­cia)

Céli­ne Sciam­ma, la rea­li­za­do­ra de Por­trait de la jeu­ne fille en feu que en 2019 fue calu­ro­sa­men­te aco­gi­da en el Fes­ti­val de Can­nes 2019, en su recien­te tra­ba­jo con­si­de­ra el encan­ta­dor mun­do de la infan­cia. Si como el refrán lo seña­la que “lo bre­ve si bueno, dos veces bueno” eso bien pue­de apli­car­se aquí don­de en esca­sos 70 minu­tos la direc­to­ra que es asi­mis­mo auto­ra del guión brin­da con Peti­te Maman entre­ga una exce­len­te película.

Peti­te Maman

En un geriá­tri­co de Fran­cia Nelly (Joséphi­ne Sanz) de 8 años de edad se des­pi­de de los resi­den­tes enfer­mos que allí se encuen­tran don­de en una de las habi­ta­cio­nes se halla su abue­la que aca­ba de morir y a quien no pudo dar­le su adiós como era su deseo. De allí acom­pa­ña a su madre Marion (Nina Meu­ris­se) a la casa de la difun­ta mujer a fin de vaciar los mue­bles y estan­tes don­de su padre (Stépha­ne Varu­pen­ne) las está aguar­dan­do. Angus­tia­da por el dolor, su madre aban­do­na el lugar en tan­to que su mari­do acom­pa­ña­do de su hiji­ta se ocu­pa de con­cluir la tarea de emba­la­je. Duran­te ese lap­so que dura un par de días Nelly cono­ce a Marion (Gabrie­lle Sanz), una niña de su mis­ma edad que está a pun­to de ser ope­ra­da. Entre ambas se for­ja una gran amis­tad don­de una pare­ce ser el espe­jo de la otra al pun­to tal que da la impre­sión de ser her­ma­nas gemelas.

Duran­te el par de días en que se jun­tan, a tra­vés de sus fér­ti­les ima­gi­na­cio­nes las niñi­tas con­vi­ven en un mun­do mági­co rea­li­zan­do dife­ren­tes acti­vi­da­des; así, se dedi­can a armar una cho­za en el bos­que ale­da­ño, simu­lan inter­pre­tar una obra de tea­tro don­de una de ellas asu­me el rol de la peque­ña mami­ta de la otra, como tam­bién demues­tran su habi­li­dad en el arte culi­na­rio coci­nan­do panqueques.

La des­crip­ción que efec­túa Sciam­ma es real­men­te enco­mia­ble. Su rea­lis­ta narra­ción cobra abso­lu­ta auten­ti­ci­dad gra­cias a las excep­cio­na­les inter­pre­ta­cio­nes de las her­ma­ni­tas Joséphi­ne y Gabrie­lle quie­nes prác­ti­ca­men­te lle­van sobre sus hom­bros todo el peso de la pelí­cu­la trans­mi­tien­do una con­mo­ve­do­ra dul­zu­ra. Esta emo­ti­va come­dia dra­má­ti­ca se diri­ge a todo tipo de audien­cia que segu­ra­men­te habrá de apre­ciar­la por su pon­de­ra­ble nivel.

Ven­gean­ce is mine, all others pay cash (Indo­ne­sia-Sin­ga­pur-Ale­ma­nia)

Habien­do obte­ni­do el pre­mio máxi­mo en el fes­ti­val de Locarno, esta pelí­cu­la sin ser excep­cio­nal cons­ti­tu­ye una bue­na mues­tra del cine de Indonesia.

El rea­li­za­dor indo­ne­sio Edwin, con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes del país, ofre­ce un intere­san­tí­si­mo rela­to uti­li­zan­do un tema no fre­cuen­ta­do en el cine como es el de la impo­ten­cia sexual masculina.

Ven­gean­ce is mine, all others pay cash

Basa­do en la nove­la homó­ni­ma de Eka Kur­nia­wan quien la adap­tó para el cine con la cola­bo­ra­ción del rea­li­za­dor, el rela­to se desa­rro­lla en 1989 en algún lugar no deter­mi­na­do de Indo­ne­sia. El per­so­na­je cen­tral es Ajo (Marthino Lio) quien en el lugar don­de vive los que lo rodean no igno­ran que es impo­ten­te; tra­tan­do de ocul­tar su humi­lla­ción y ver­güen­za demues­tra su viri­li­dad con vio­len­cia al pelear­se con los demás hom­bres que salen a su encuen­tro. A tra­vés de flash­backs se lle­ga a saber que su dis­fun­cio­na­li­dad geni­tal se debe al impac­to trau­má­ti­co expe­ri­men­ta­do en su juven­tud al haber teni­do que con­tem­plar for­za­da­men­te la bru­tal vio­la­ción come­ti­da por dos poli­cías a una mujer.

Su exis­ten­cia adop­ta un giro ines­pe­ra­do cuan­do cono­ce a Iteung,(Ladya Cheryl), una mujer guar­da­es­pal­das que demues­tra poseer sus mis­mas apti­tu­des para la lucha, defen­dién­do­se con sor­pren­den­te tena­ci­dad de aqué­llos que se inter­po­nen en su camino. Aun­que en un prin­ci­pio exis­te entre ambos un rece­lo y des­con­fian­za, muy pron­to sur­ge una mutua atrac­ción que cul­mi­na en un ful­gu­ran­te roman­ce. Con deli­ca­de­za ella tra­ta de.demostrarle a Ajo que la ausen­cia de erec­ción no cons­ti­tu­ye un incon­ve­nien­te para el gran amor que los une. Sin embar­go la pre­sen­cia de Budi (Reza Raha­dian), un ines­cru­pu­lo­so rival que gus­ta de Iteung, cons­ti­tu­ye un serio obs­tácu­lo para que la rela­ción pro­si­ga de mane­ra nor­mal, sobre todo cuan­do ella que­da embarazada.

En esta his­to­ria ple­na de acción y aven­tu­ras com­bi­na­da con roman­ti­cis­mo y sazo­na­da con apre­cia­ble humor, Edwin obtie­ne un film que lan­za una con­tun­den­te crí­ti­ca al machis­mo que con­fun­de la mas­cu­li­ni­dad con la hom­bría de un indi­vi­duo a tra­vés de su efi­ca­cia sexual. Asi­mis­mo, el guión vela­da­men­te alu­de al régi­men dic­ta­to­rial de Suhar­to, el pre­si­den­te de Indo­ne­sia (1967 – 1998) que afec­tó nega­ti­va­men­te a la gene­ra­ción de su época.

Con un buen elen­co a su favor y una remar­ca­ble coreo­gra­fía logra­da en las esce­nas de lucha, este film efi­caz­men­te narra­do por Edwin cons­ti­tu­ye un muy gra­to entretenimiento.

Coma­la (Méxi­co)

En este docu­men­tal el rea­li­za­dor mexi­cano Gian Cas­si­ni cen­tra su aten­ción en su padre El Jimmy que ase­si­na­do en 2010 fue en vida un sica­rio de poca mon­ta ade­más de tra­fi­can­te de dro­gas en Tijuana.

Coma­la

Cas­si­ni fue cria­do por su madre en Mon­te­rrey y prác­ti­ca­men­te vivió sin la pre­sen­cia pater­nal por cuan­to su padre aban­do­nó el hogar cuan­do él era muy peque­ño para ini­ciar una nue­va fami­lia don­de tuvo un hijo y una hija. De allí en más el cineas­ta per­ma­ne­ció dis­tan­cia­do de su pro­ge­ni­tor sal­vo espo­rá­di­cos con­tac­tos man­te­ni­dos a lo lar­go de su existencia.

A mane­ra de un rom­pe­ca­be­zas que es nece­sa­rio ir com­ple­tan­do has­ta que todas las pie­zas logran ade­cuar­se per­fec­ta­men­te, el docu­men­ta­lis­ta pro­ce­de a hacer­lo rea­li­zan­do un via­je que lo lle­va a cier­tos luga­res de Méxi­co, como así tam­bién a Esta­dos Uni­dos. Duran­te ese tra­yec­to, al entrar en con­tac­to con miem­bros de su fami­lia amplia­da, va des­cu­brien­do face­tas y deta­lles que para él eran has­ta ese enton­ces des­co­no­ci­dos. Así se impo­ne que su abue­lo estu­vo invo­lu­cra­do con la CIA en su lucha con la revo­lu­ción de Fidel Cas­tro; asi­mis­mo se ente­ra que su her­ma­nas­tro tam­bién optó por seguir el camino del deli­to y lo más impor­tan­te es cuan­do se impo­ne que la aman­te que su padre tuvo es posee­do­ra de cier­tos secre­tos acer­ca de su asesinato.

En esa bús­que­da rea­li­za­da a fin de obte­ner una com­ple­ta idea sobre la per­so­na­li­dad de El Jimmy, Cas­si­ni resal­ta algu­nos de los aspec­tos que mode­la­ron su con­duc­ta en el que se encuen­tra pre­sen­te el arrai­ga­do machis­mo, la miso­gi­nia y como telón de fon­do la des­afor­tu­na­da gue­rra de las dro­gas gene­ran­do el círcu­lo vicio­so de la vio­len­cia que afec­ta a cier­tas regio­nes del país azteca.

Con sumo cui­da­do de no caer en el fácil sen­sa­cio­na­lis­mo, el rea­li­za­dor logra un sóli­do e intri­gan­te docu­men­tal cuyo títu­lo Coma­la se refie­re a la ciu­dad en don­de trans­cu­rre la nove­la Pedro Pára­mo de Juan Rul­fo sobre un hom­bre en pro­cu­ra de su padre.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Medu­sa (Bra­sil)

La direc­to­ra bra­si­le­ña Ani­ta Rocha da Sil­vei­ra abor­da un rela­to en el que su tema cen­tral radi­ca en el cues­tio­na­mien­to de la fe de una joven cristiana.

Medu­sa

Con un guión que le per­te­ne­ce, la cineas­ta pre­sen­ta a Maria­na (Mari Oli­vei­ra) una joven de Rio de Janei­ro que inte­gra un gru­po de coris­tas en la igle­sia a car­go de un Pas­tor evan­ge­lis­ta (Thia­go Fra­go­so). Asi­mis­mo, estas mucha­chas enmas­ca­ra­da­men­te se dedi­can por las noches a efec­tuar una cace­ría con­sis­ten­te en cas­ti­gar a todas aque­llas muje­res que son con­si­de­ra­das peca­do­ras al apar­tar­se del sen­de­ro correc­to pre­di­ca­do por el cris­tia­nis­mo. El momen­to cru­cial se pro­du­ce cuan­do en una sali­da noc­tur­na Maria­na se dis­po­ne a gol­pear a otra supues­ta peca­do­ra pero,ella sale mal para­da al reci­bir un pro­fun­do cor­te en su cara deján­do­le una cica­triz que la ocul­ta con su mele­na. Es enton­ces cuan­do Maria­na comien­za a cobrar con­cien­cia de que ese mode­lo de mujer cris­tia­na que no pue­de tomar deci­sio­nes por sí mis­ma y tie­ne que aca­tar cie­ga­men­te el fari­seís­mo de la igle­sia a la que con­cu­rre no la con­du­ci­rán por buen camino. Para encon­trar un nue­vo sen­ti­do a su vida, lo que aho­ra le preo­cu­pa es ubi­car a una ex actriz que años atrás des­apa­re­ció con su ros­tro des­fi­gu­ra­do por haber sido expues­ta al fue­go; asi­mis­mo es emplea­da como enfer­me­ra en un hos­pi­tal don­de los pacien­tes se encuen­tran en esta­do comatoso.

La pelí­cu­la es cier­ta­men­te ambi­cio­sa en su crí­ti­ca al fun­da­men­ta­lis­mo reli­gio­so dis­pues­to a emplear la vio­len­cia hacia quie­nes no con­di­cen con su rígi­do cri­te­rio como así tam­bién al sis­te­ma patriar­cal vigen­te. Asi­mis­mo resal­ta el empo­de­ra­mien­to feme­nino rebe­lán­do­se al lava­do de cere­bro incul­ca­do por el hipó­cri­ta reli­gio­so.. Lo que ami­no­ra el impac­to de este dis­tó­pi­co film es que la direc­to­ra adop­ta un tono que alter­na entre come­dia, sáti­ra y horror sin encon­trar un foco pre­ci­so en su inten­to de abar­car varios sub­te­mas que dis­traen la aten­ción. De todos modos, el film sin estar ple­na­men­te logra­do intere­sa como metá­fo­ra del sis­te­ma polí­ti­co impe­ran­te en Brasil.

La Caja (Méxi­co-Esta­dos Unidos)

Des­pués de haber obte­ni­do en 2015 el León de Oro en el Fes­ti­val de Vene­cia con Des­de Allá, el direc­tor vene­zo­lano Loren­zo Vigas retor­na con este pujan­te film que trans­cu­rre en Chihuahua, al nor­te de México.

El dra­ma expues­to admi­te varias lec­tu­ras don­de en la pri­me­ra de ellas se refle­ja el tema de la pater­ni­dad para pos­te­rior­men­te ofre­cer un cua­dro rea­lis­ta expo­nien­do la des­hu­ma­ni­za­ción exis­ten­te a tra­vés de diver­sas formas.

La Caja

El guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Pau­la Mar­ko­vitch pre­sen­ta en su pri­me­ra ima­gen a un gru­po de per­so­nas aguar­dan­do que las auto­ri­da­des per­ti­nen­tes les entre­guen los res­tos exhu­ma­dos de sus seres que­ri­dos des­apa­re­ci­dos y encon­tra­dos en una fosa común. Entre ellos se halla el ado­les­cen­te Hatzin (Hatzin Nava­rre­te) quien vivien­do en la capi­tal de Méxi­co con su abue­la, lle­gó a Chihuahua para reco­ger la caja metá­li­ca con­te­nien­do los hue­sos de su difun­to padre; asi­mis­mo le es entre­ga­do una tar­je­ta de iden­ti­dad que se encon­tró en su cuer­po per­te­ne­cien­te a un tal Este­ban Ley­va. Cuan­do por casua­li­dad él divi­sa en la calle a un indi­vi­duo al que cree que es Ley­va, su padre, al enfren­tar­lo el hom­bre le res­pon­de que él es Mario (Her­nán Mendoza).

De mane­ra ambi­gua el rea­li­za­dor deja la duda si real­men­te Mario es o no el padre de Hatzin; lo cier­to es que este indi­vi­duo lo toma como emplea­do en su fábri­ca de tex­ti­les. Allí pue­de obser­var­se cómo reclu­tan­do mano de obra bara­ta, fun­da­men­tal­men­te feme­ni­na, la mis­ma es explo­ta­da mise­ra­ble­men­te en sus talle­res; cual­quie­ra que se que­je corre el ries­go de per­der su empleo como asi­mis­mo la posi­bi­li­dad de engro­sar la lis­ta de des­apa­re­ci­dos. El femi­ni­ci­dio que se pro­du­ce es una ilus­tra­ción de la dra­má­ti­ca reali­dad impe­ran­te que el rea­li­za­dor esbo­za con apre­cia­ble sutilidad.

Con una narra­ti­va admi­ra­ble el cineas­ta resal­ta la cone­xión que se pro­du­ce entre Hatzin y Mario en don­de el joven encuen­tra en su emplea­dor al padre real o sus­ti­tu­to ‑según cómo se lo con­si­de­re- y de qué modo la edu­ca­ción que de él reci­be moti­va a que el ado­les­cen­te mani­fies­te una ambi­va­len­te mora­li­dad, comen­zan­do a tran­si­tar por un sen­de­ro peligroso.

A la meri­to­ria rea­li­za­ción de Vigas debe aña­dir­se la satis­fac­to­ria actua­ción de Men­do­za y sobre todo la de Nava­rre­te que en su debut cine­ma­to­grá­fi­co es todo una reve­la­ción trans­mi­tien­do con su expre­si­vo ros­tro y cal­ma­da ento­na­ción vocal la nece­sa­ria inten­si­dad de un joven que se man­tie­ne aler­ta­do fren­te a la degra­da­ción huma­na de la cual es tes­ti­go y que asi­mis­mo está involucrado.

Matar a la Bes­tia (Argen­ti­na-Bra­sil-Chi­le)

Des­pués de haber incur­sio­na­do en el cor­to­me­tra­je en el que Mons­truo Dios obtu­vo una men­ción espe­cial en Can­nes 2019, la direc­to­ra Agus­ti­na San Mar­tin debu­ta con este lar­go­me­tra­je cuyo guión tam­bién le pertenece.

Matar a la Bestia

Tras la recien­te muer­te de su madre, Emi­lia (Tama­ra Roc­ca) de 17 años par­te de Bue­nos Aires para lle­gar a un pue­blo ubi­ca­do en Misio­nes pró­xi­mo con la fron­te­ra bra­si­le­ña; su pro­pó­si­to es encon­trar a su her­mano Mateo que des­apa­re­ció sin dejar hue­lla algu­na. En esa zona bos­co­sa de cli­ma tro­pi­cal, más ase­me­ja­da a la de una jun­gla, ella se alo­ja en el hos­tal de su tía Inés (Ana Brun), que se dedi­ca a ofre­cer alo­ja­mien­to a los turis­tas y via­je­ros de paso. Allí Emi­lia se impo­ne de la exis­ten­cia de mitos y leyen­das ocul­tas por los que los veci­nos luga­re­ños creen que una peli­gro­sa bes­tia ron­dan­do la zona encar­na al espí­ri­tu de un hom­bre sinies­tro capaz de adop­tar la for­ma de dife­ren­tes ani­ma­les ata­can­do a las mujeres.

Las ansie­da­des y temo­res de la joven se aca­llan con la lle­ga­da de Julieth (Julieth Micol­ta) al hos­tal quien atrai­da por su volup­tuo­sa belle­za al poco tiem­po Emi­lia ini­cia una rela­ción lesbiana.

A mane­ra de fábu­la, la direc­to­ra tra­ta de abor­dar el des­per­tar sexual de Emi­lia recu­rrien­do a una atmós­fe­ra suge­ren­te de sen­sual ero­tis­mo pero su inten­ción no lle­ga a fruc­ti­fi­car debi­do a su ende­ble narra­ción; así el para­de­ro de Mateo como igual­men­te el de la supues­ta bes­tia ase­si­na que­dan rele­ga­dos al olvido.

Lo res­ca­ta­ble del film resi­de en el aspec­to visual gra­cias a la bue­na foto­gra­fía de Cons­tan­za San­do­val y a los efec­tos sono­ros de Mer­ce­des Gavi­ria Jara­mi­llo. Pero en últi­ma ins­tan­cia, sin ten­sión ni emo­ción algu­na, esta pelí­cu­la dis­ta de satisfacer.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

The Gra­ve­dig­ge­r’s Wife (Fin­lan­dia-Ale­ma­nia-Fran­cia)

Des­pués de haber rea­li­za­do varios cor­tos éste es el pri­mer lar­go­me­tra­je del direc­tor y guio­nis­ta Kha­dar Ayde­rus Ahmed en el que con sóli­da madu­rez ofre­ce un emo­ti­vo rela­to que trans­cu­rre al este de África.

The Gra­ve­dig­ge­r’s Wife

La tra­ma intro­du­ce a Guled (Omar Abdi) de 45 años de edad que vive en uno de los sec­to­res más des­fa­vo­re­ci­dos de la ciu­dad de Dji­bou­ti en com­pa­ñía de su ado­ra­da y ani­ma­da espo­sa Nas­ra (Yas­min War­sa­me) y su ado­les­cen­te hijo Mahad (Kadar Abdoul-Aziz Ibrahim), que aun­que un tan­to rebel­de ama a sus padres. Sin saber leer ni escri­bir se desem­pe­ña como uno de los sepul­tu­re­ros de la zona y, aun­que resul­te maca­bro, dia­ria­men­te aguar­da en la puer­ta del hos­pi­tal local la muer­te de algu­nos de los pacien­tes allí inter­na­dos para poder cavar sus fosas, ente­rrar­los y pos­te­rior­men­te obte­ner la humil­de remu­ne­ra­ción por el tra­ba­jo efectuado.

En una de las con­ta­das notas de humor del rela­to se pue­de obser­var la for­ma en que la avis­pa­da Nas­ra de mane­ra inge­nio­sa con­si­gue ingre­sar con su mari­do a una fies­ta de casa­mien­to sin haber sido invitados.

A pesar de la pre­ca­rie­dad en que vive esta fami­lia, la feli­ci­dad rei­na en el hogar has­ta el momen­to en que Nas­ra comien­za a expe­ri­men­tar dolen­cias pro­ve­nien­tes de un riñón seria­men­te infec­ta­do; si bien al prin­ci­pio ella es tra­ta­da con medi­ca­men­tos de alto cos­to que Guled debe afron­tar, su esta­do empeo­ra y la úni­ca sali­da es que sea ope­ra­da urgen­te­men­te para no poner en ries­go su vida. El gran pro­ble­ma es cómo obte­ner los cin­co mil dóla­res reque­ri­dos para la ciru­gía cuan­do no exis­te ayu­da algu­na por par­te de los fami­lia­res de la pare­ja y el tiem­po apremia.

Sin recu­rrir a gol­pes bajos el rea­li­za­dor logra emo­cio­nar narran­do de mane­ra sen­ci­lla pero efec­ti­va la poé­ti­ca his­to­ria de amor de este matri­mo­nio a la vez que resal­ta el valor de la fami­lia en este rela­to de super­vi­ven­cia. A la exce­len­te inter­pre­ta­ción de acto­res no pro­fe­sio­na­les que ofre­cen com­ple­ta auten­ti­ci­dad a sus per­so­na­jes se aña­de la subli­me foto­gra­fía del cama­ró­gra­fo Art­tu Pel­to­maa quien sin pin­to­res­quis­mo alguno cap­ta y con­tras­ta la par­te moder­na de la ciu­dad con los sec­to­res más humil­des refle­jan­do la vida coti­dia­na de su gente.

Oscar Peter­son: Black + Whi­te  (Cana­dá) 

Este nota­ble docu­men­tal diri­gi­do por Barry Avrich cons­ti­tu­ye un mere­ci­do tri­bu­to a Oscar Peter­son, el gigan­te del jazz falle­ci­do en 2007 cuya actua­ción pro­fe­sio­nal es com­pa­ra­da con la de otras renom­bra­das leyen­das tales como Nat King Cole, Ella Fitz­ge­rald, Duke Elling­ton y John Col­tra­ne. Peter­son se ha dis­tin­gui­do por la inten­si­dad vol­ca­da en sus inter­pre­ta­cio­nes, su apre­cia­do esti­lo musi­cal con sus mági­cos dedos reco­rrien­do el tecla­do del piano y por su caris­má­ti­ca personalidad.

Oscar Peter­son: Black + White

El docu­men­tal pasa revis­ta a sus sie­te déca­das de carre­ra pro­fe­sio­nal, des­de sus pri­me­ros días como un niño pro­di­gio que dejó de tocar la trom­pe­ta por razo­nes de salud para vol­car­se al piano, has­ta sus gran­des triun­fos mani­fes­ta­dos a tra­vés de sus éxi­tos dis­co­grá­fi­cos y jubi­lo­sas actua­cio­nes alre­de­dor del mun­do como solis­ta, con su trío y con las par­ti­ci­pa­cio­nes de gran­des artis­tas del jazz.

El film tam­bién abor­da el detes­ta­ble racis­mo y segre­ga­ción racial que expe­ri­men­tó como afro-cana­dien­se mien­tras esta­ba reco­rrien­do Esta­dos Uni­dos; su devo­ción por la jus­ti­cia social lo ins­pi­ró a com­po­ner Hymn to Free­dom; esta crea­ción con­ce­bi­da por su autor como un acto de resis­ten­cia y un home­na­je a la vene­ra­da figu­ra de Mar­tin Luther King ha sido eje­cu­ta­da en la cere­mo­nia de inau­gu­ra­ción de la pre­si­den­cia de Oba­ma en enero de 2009.

Barry Avrich pre­sen­ta un vas­to archi­vo con entre­vis­tas a Peter­son, varios músi­cos que han teni­do la opor­tu­ni­dad de cola­bo­rar con él, el crí­ti­co neo­yor­kino de jazz Gio­van­ni Rus­so­ne­llo, la aca­dé­mi­ca y vete­ra­na perio­dis­ta Kit­ti Oli­vier, la his­to­ria­do­ra Rose­mary Sad­lier y su que­ri­da y abne­ga­da espo­sa Kelly Peter­son. Asi­mis­mo la pelí­cu­la apor­ta una serie de actua­cio­nes en vivo con una varie­dad de artis­tas inter­pre­tan­do su músi­ca: entre otras des­ta­ca­das figu­ras se encuen­tran Billy Joel, Jon Batis­te, Quincy Jones, Ram­sey Lewis, Dave Young, Her­bie Han­cock, Bran­ford Mar­sa­lis, Jac­kie Richard­son, Measha Brueg­ger­gos­man, Joe Sealy y Robi Botos que ha sido un pro­te­gi­do de Peterson.

El film per­mi­te dis­fru­tar la músi­ca de Peter­son don­de ade­más de Hymn to Free­dom se encuen­tran entre otras com­po­si­cio­nes Pla­ce St. Hen­ri ‑crea­da por el artis­ta en home­na­je a su que­ri­da ciu­dad natal de Mon­treal- Halle­lu­jah Time, A Lovely Way to Spend an Eve­ning, Blues for Big Sco­tia y Sweet Lady.

Con un exce­len­te mon­ta­je de Nico­las Klei­man, el rea­li­za­dor brin­da un docu­men­tal en el que no se requie­re ser un aman­te del jazz para poder gozarlo.

The Other Tom (Méxi­co-Esta­dos Uni­dos) 

El gran esfuer­zo de una madre lidian­do con la enfer­me­dad de su hijo y sus deri­va­cio­nes es lo que abor­dan los direc­to­res y guio­nis­tas uru­gua­yos Rodri­go Plá y Lau­ra San­tu­llo en este film. El cui­da­do­so tra­ta­mien­to del tema con­si­de­ra­do gene­ra con­si­de­ra­ble inte­rés per­mi­tien­do que no resul­te difí­cil invo­lu­crar­se en su problemática.

The Other Tom

Ele­na es una madre mono­pa­ren­tal vivien­do con su hijo Tom de nue­ve años en Esta­dos Uni­dos y poron la baja remu­ne­ra­ción obte­ni­da en su tra­ba­jo ella logra ayu­da de los ser­vi­cios socia­les. Su gran pro­ble­ma es que el chi­co pade­ce lo que se cono­ce con el nom­bre de “tras­torno por défi­cit de aten­ción e hiper­ac­ti­vi­dad” (TDAH) que es un sín­dro­me neu­ro­ló­gi­co carac­te­ri­za­do pre­ci­sa­men­te por hiper­ac­ti­vi­dad, impul­si­vi­dad y esca­sa capa­ci­dad de aten­ción. Esa afec­ción moti­va a que la rela­ción entre ambos resul­te difi­cul­to­sa y que ade­más el chi­co sea estig­ma­ti­za­do en la escue­la debi­do a su par­ti­cu­lar condición.

Cuan­do Ele­na per­ci­be que los medi­ca­men­tos pres­crip­tos al niño en su tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co le pro­du­cen serios efec­tos secun­da­rios, ella deci­de sus­pen­der­los; como con­se­cuen­cia de su acti­tud los ser­vi­cios socia­les le advier­ten que podrán reti­rar­le la cus­to­dia de Tom para ubi­car­lo en un hogar sustituto.

Plá y San­tu­llo han logra­do un film que lúci­da­men­te resal­ta algu­nos dis­cu­ti­bles diag­nós­ti­cos médi­cos y la pres­crip­ción de reme­dios sin tener en cuen­ta cómo pue­den obrar en los pacien­tes; al pro­pio tiem­po el rela­to refle­ja la mane­ra en que pue­den miti­gar­se los obs­tácu­los pro­du­ci­dos por el TDAH.

Este humano film se valo­ri­za por la muy con­vin­cen­te actua­ción de Julia Chá­vez como la abne­ga­da madre tra­tan­do de ofre­cer la máxi­ma ter­nu­ra a su hiji­to y la extra­or­di­na­ria inter­pre­ta­ción de Rodrí­guez Ber­to­re­lli dan­do la impre­sión que no actúa sino que real­men­te es un niño discapacitado.

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2021 (1)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Muri­na (Croa­cia-Bra­sil-Esta­dos Unidos-Eslovenia)

Con los bue­nos ante­ce­den­tes de haber obte­ni­do la Cáma­ra de Oro al mejor pri­mer film exhi­bi­do en el recien­te fes­ti­val de Can­nes y con Mar­tin Scor­ce­se como pro­duc­tor eje­cu­ti­vo lle­ga al TIFF Muri­na de la novel direc­to­ra Anto­ne­ta Ala­ma Kusi­ja­no­vić. En un guión que le per­te­ne­ce con la cola­bo­ra­ción de Frank Gra­ziano, la his­to­ria rela­ta­da per­mi­te crear en su ini­cio una sutil ten­sión que se va inten­si­fi­can­do a lo lar­go de su desarrollo.

Muri­na

La acción trans­cu­rre en una idí­li­ca isla croa­ta don­de su visión se ase­me­ja a una foto­gra­fía turís­ti­ca que invi­ta a visi­tar sus her­mo­sas pla­yas fren­te al inten­so mar azul. Allí habi­ta la joven Juli­ja (Gra­ci­ja Fili­po­vić) con su padre Ante (Leon Lučev) y su madre Nela (Dani­ca Cur­cic). La espe­cial atrac­ción que el mar ejer­ce en Juli­ja la moti­va a zam­bu­llir­se con fre­cuen­cia, com­pen­san­do en par­te el des­con­ten­to que expe­ri­men­ta. Des­de el comien­zo se hace evi­den­te cómo ella sufre inte­rior­men­te el bru­tal tra­to que le dis­pen­sa su auto­ri­ta­rio pro­ge­ni­tor a la vez que con­tem­pla cómo su madre lo tole­ra some­tién­do­se a su volun­tad sin protestar.

El rela­to adquie­re fuer­za cuan­do Javier (Cliff Cur­tis) arri­ba al lugar: él es un empre­sa­rio millo­na­rio y ami­go de juven­tud de Ante quien lo ha invi­ta­do para pro­po­ner­le su aso­cia­ción en un ambi­cio­so pro­yec­to que con­sis­te en trans­for­mar la isla en un paraí­so turís­ti­co que habrá de redi­tuar­les un gran bene­fi­cio. A par­tir de allí se va crean­do un cli­ma enra­re­ci­do cuan­do Nela comien­za a flir­tear con Javier y al pro­pio tiem­po Juli­ja ve en el hués­ped la for­ma de poder libe­rar­se de su bru­tal padre. Es aquí que se pro­du­ce el enfren­ta­mien­to de las dos muje­res tra­tan­do de sedu­cir a Javier como así tam­bién la vio­len­ta reac­ción de Ante al des­cu­brir las inten­cio­nes de su hija. De este modo el film va adqui­ri­len­do el carác­ter de un thri­ller en don­de todo está pre­pa­ra­do para que la tóxi­ca rela­ción de la mucha­cha con su padre lle­gue a estallar.

El elen­co se desem­pe­ña remar­ca­ble­men­te des­ta­can­do en espe­cial la nota­ble carac­te­ri­za­ción de Fili­po­vić como la joven ansio­sa de lograr su inde­pen­den­cia así como la de Lučev ani­man­do al des­pre­cia­ble machis­ta quien es cons­cien­te de que su fami­lia lo detes­ta. Por su par­te la foto­gra­fía de Hélè­ne Lou­vart cap­ta mag­ní­fi­ca­men­te la belle­za de la isla real­za­da por el colo­ri­do del ardien­te mar que se con­vier­te en un per­so­na­je adi­cio­nal de esta historia.

Este dra­ma croa­ta demues­tra la inusual madu­rez de Kusi­ja­no­vić como rea­li­za­do­ra cons­ti­tu­yen­do una muy bue­na car­ta de pre­sen­ta­ción para sus futu­ros proyectos.

Futu­ra (Ita­lia)

Pie­tro Mar­ce­llo, Ali­ce Roh­wa­cher y Fran­ce­so Mun­zi, tres impor­tan­tes direc­to­res de Ita­lia de la pre­sen­te gene­ra­ción, efec­túan un via­je a tra­vés del país con el pro­pó­si­to de entre­vis­tar a ado­les­cen­tes y jóve­nes entre 15 y 20 años de edad a fin de reca­bar sus pun­tos de vis­ta sobre cómo avi­zo­ran el futuro.

Futu­ra

Ese reco­rri­do a lo lar­go de Ita­lia que comen­zó en febre­ro de 2020 abar­có dife­ren­tes zonas urba­nas como asi­mis­mo rura­les de Roma, Milán, Nápo­les, Pisa, Turín, Savo­na, Vene­cia, Tren­to, Tre­vi­so, Pisa, Caglia­ri, Viter­bo, y Bres­cia; en esas entre­vis­tas que se rea­li­zan en gru­pos se detec­tan jóve­nes de dife­ren­te con­di­ción social, eco­nó­mi­ca e inte­lec­tual, quie­nes en mayor o menor gra­do res­pon­den a las pre­gun­tas de sus interlocutores.

Algu­nas res­pues­tas se carac­te­ri­zan por un mar­ca­do pesi­mis­mo al enfa­ti­zar que se vive en una socie­dad muy indi­vi­dua­lis­ta con un mun­do en deca­den­cia y sin aguar­dar mejo­ras en tal sen­ti­do. Otras opi­nio­nes coin­ci­den en afir­mar que no hay gran espe­ran­za de con­ce­bir un futu­ro pro­mi­so­rio en la Ita­lia actual y que resul­ta­ría con­ve­nien­te tra­ba­jar en el exte­rior. En el comen­ta­rio sobre las redes socia­les resul­ta intere­san­te escu­char cómo varios jóve­nes sos­tie­nen que las mis­mas cons­ti­tu­yen una pla­ga que alie­na a la per­so­na sin con­du­cir a algo posi­ti­vo y por lo tan­to es nece­sa­rio afir­mar­se en la vida real; indi­rec­ta­men­te hay refe­ren­cias acer­ca de cómo la tec­no­lo­gía afec­ta las rela­cio­nes personales.

La nece­si­dad de obte­ner en el futu­ro un buen tra­ba­jo que per­mi­ta una vida dig­na es lo que esta juven­tud aspi­ra pero para varios sub­sis­te la duda de si real­men­te una bue­na for­ma­ción aca­dé­mi­ca per­mi­ti­rá lograr­lo. En cuan­to a la pro­fe­sión que les gus­ta­ría ejer­cer, las res­pues­tas varían inclu­yen­do la de tra­ba­jar de actor en la tele­vi­sión, ser fut­bo­lis­ta, desem­pe­ñar­se como cri­mi­nó­lo­go foren­se, aspi­rar a ser médi­co, lograr ser exper­ta en belle­za, etc.

La pan­de­mia no se encuen­tra ausen­te del repor­ta­je y en ese aspec­to no hay res­pues­ta pre­ci­sa de cómo será el mun­do una vez que esta pesa­di­lla con­clu­ya; de todos modos, los vene­cia­nos lamen­tan la mane­ra en que el mal­di­to Covid afec­tó al turis­mo de la región que cons­ti­tu­ye su prin­ci­pal fuen­te de recursos.

De modo gene­ral que­da la impre­sión de las ansie­da­des, sue­ños y temo­res de una juven­tud cuya res­pues­ta sobre el futu­ro no resul­ta muy con­cre­ta; eso en par­te se debe a que la pre­gun­ta sobre el tema es muy amplia y no per­mi­te pro­fun­di­zar dema­sia­do; así hay quie­nes res­pon­den que en tiem­pos tan cam­bian­tes sólo se pue­de saber lo que ocu­rri­rá, maña­na, pasa­do o qui­zá has­ta algu­nos meses más pero impo­si­ble de aven­tu­rar­se a pre­de­cir lo que acon­te­ce­rá den­tro de 10 años. De todos modos, que­da como resul­ta­do un docu­men­tal que cap­ta el espí­ri­tu que ani­ma a la gene­ra­ción naci­da en el siglo actual y des­ti­na­da a vivir en un mun­do incier­to e inseguro.

Le Bal des Folles (Fran­cia)

En el fir­ma­men­to cine­ma­to­grá­fi­co de Fran­cia, Méla­nie Lau­rent se dis­tin­gue como una de las más des­ta­ca­das actri­ces y direc­to­ras. Tras su actua­ción en más de 35 pelí­cu­las y 4 lar­go­me­tra­jes como rea­li­za­do­ra, aho­ra retor­na con Le Bal des Folles don­de ade­más de asu­mir uno de los dos roles pro­ta­gó­ni­cos, es tam­bién la direc­to­ra y auto­ra del guión com­par­ti­do con Chris­tophe Deslandes.

Le Bal des Folles

El dra­ma trans­cu­rre en Fran­cia hacia fina­les del siglo 19 pre­sen­tan­do a Eugé­nie (Lou de Laâ­ge) quien es una joven que está dota­da de un don espe­cial por el que oye y ve a los muer­tos. De libre espí­ri­tu y libe­ral para las cos­tum­bres de la épo­ca y per­te­ne­cien­do a un hogar de la alta bur­gue­sía, su fami­lia se encuen­tra alar­ma­da por sus visio­nes cre­yen­do que hay algo raro en ella; con­se­cuen­te­men­te, su padre deci­de inter­nar­la ‑en con­tra de su volun­tad- en la clí­ni­ca neu­ro­ló­gi­ca de Pitié-Sal­pê­triè­re ubi­ca­da en París, diri­gi­da por el pro­fe­sor Jean-Mar­tin Char­cot (Gré­goi­re Bon­net) quien es con­si­de­ra­do un pio­ne­ro de la psiquiatría.

Prác­ti­ca­men­te ence­rra­da y pri­va­da de liber­tad, el sitio no pue­de resul­tar más depri­men­te para ella al tener que con­vi­vir con muje­res de toda edad diag­nos­ti­ca­das de his­te­ria, epi­lep­sia y de enfer­me­dad men­tal. A pesar de los esfuer­zos que Eugé­nie rea­li­za demos­tran­do que está en su sano jui­cio, nada cam­bia has­ta el momen­to en que se vin­cu­la con Gene­viè­ve (Méla­nie Lau­rent), la enfer­me­ra de la uni­dad neu­ro­ló­gi­ca que se encuen­tra ator­men­ta­da por la muer­te de su her­ma­na; cuan­do la joven le demues­tra que efec­ti­va­men­te es capaz de comu­ni­car­se con el espí­ri­tu de su her­ma­na, Gene­viè­ve le ayu­da­rá a cam­biar su destino.

Basa­da en la pre­mia­da nove­la de la escri­to­ra Vic­to­ria Mas publi­ca­da en 2019, la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de Lau­rent res­pe­ta la ver­sión ori­gi­nal, trans­mi­tien­do muy bien la miso­gi­nia de la épo­ca, el con­ro­ver­ti­do rol que en cier­tos casos asu­me la psi­quia­tría en nom­bre de la obje­ti­vi­dad cien­tí­fi­ca — en este caso a tra­vés del méto­do emplea­do por el nar­ci­sis­ta Char­cot– y sobre todo el tra­to muchas veces inhu­mano reci­bi­do por los pacientes.

A las irre­pro­cha­bles actua­cio­nes de Laâ­ge como la des­afor­tu­na­da Eugé­nie y de Lau­rent como la huma­na enfer­me­ra se aña­de la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de la cineas­ta; la mis­ma alcan­za su cli­max en el gran bai­le que rea­li­za el hos­pi­tal para los habi­tan­tes de París en don­de las inter­nas dis­fra­za­das con extra­va­gan­tes atuen­dos dan­zan al com­pás de los valses.