Bue­nos Docu­men­ta­les en RIDM

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Ade­más del exce­len­te docu­men­tal City Hall comen­ta­do días atrás, he aquí otros títu­los inclui­dos en la pro­gra­ma­ción de Ren­con­tres Inter­na­tio­na­les du docu­men­tai­re de Mon­tréal (RIDMque mere­cen ser considerados.

Peti­te Fille (Fran­cia-Dina­mar­ca), 2020.

Un tema deli­ca­do como la dis­fo­ria de géne­ro es ana­li­za­do con minu­cio­so deta­lle por Sebas­tien Lifshitz en este con­mo­ve­dor documental.

La dis­cor­dan­cia exis­ten­te entre la iden­ti­dad de géne­ro y el sexo físi­co al momen­to de nacer es lo que acon­te­ce con Sasha de 8 años de edad vivien­do con sus padres y her­ma­nos en una peque­ña ciu­dad pro­vin­cial del nor­des­te de Fran­cia. Habien­do naci­do con el cuer­po de un ser mas­cu­lino, a los 3 años mani­fies­ta a su madre Kari­ne Novak que cuan­do crez­ca él será una chi­ca; si bien al prin­ci­pio sus padres lo atri­bu­ye­ron como una gra­cia del peque­ño al año siguien­te Kari­ne evi­den­cia que no se tra­ta de un mero capri­cho sino de algo real en la medi­da que Sacha se iden­ti­fi­ca por com­ple­to como mujercita.

Esta mujer no pue­de ocul­tar la angus­tia que la afli­ge al recor­dar que duran­te su emba­ra­zo fer­vien­te­men­te aspi­ra­ba a tener una niña y que a lo mejor eso pudo haber influi­do en la iden­ti­fi­ca­ción sexual de su hijo. Pero lo que más preo­cu­pa a estos padres es la situa­ción que Sasha atra­vie­sa en la escue­la al ser mar­gi­na­do por sus com­pa­ñe­ros de cla­se. La ten­sión se inten­si­fi­ca aún más cuan­do la ins­ti­tu­ción esco­lar acu­sa a Kari­ne de pre­sio­nar a Sacha para ser una niña.

Des­pués de una visi­ta al doc­tor local que no es enten­di­do en la mate­ria, con todo el ímpe­tu y deter­mi­na­ción de una madre cora­je, Kari­ne jun­to con Sacha via­jan a París; allí se diri­gen a un cen­tro hos­pi­ta­la­rio don­de reci­ben la aten­ción de una abne­ga­da doc­to­ra espe­cia­li­za­da en psi­co­pa­to­lo­gía infan­til y ado­les­cen­te. Con­la gran ayu­da reci­bi­da de dicha facul­ta­ti­va, Kari­ne obtie­ne una car­ta ofi­cial del hos­pi­tal don­de se cer­ti­fi­ca el sexo feme­nino de Sacha para que la escue­la la regis­tre como tal.

Ade­más del inte­rés didác­ti­co que ofre­ce este film, mere­ce des­ta­car la saga­ci­dad del rea­li­za­dor en retra­tar a esta uni­da fami­lia y sobre todo el pro­fun­do amor y com­pren­sión de los padres hacia su que­ri­da hiji­ta. La muy bue­na narra­ción de Lifshitz se com­ple­men­ta con la mag­ní­fi­ca labor del direc­tor de foto­gra­fía Paul Ghilhau­me cap­tan­do en pri­me­ros pla­nos el sen­ti­mien­to tra­sun­ta­do por la niña y su pro­ge­ni­to­ra atra­ve­san­do esta difi­cul­to­sa odisea.

Pleno de emo­ción y ter­nu­ra este impe­ca­ble docu­men­tal adquie­re espe­cial reso­nan­cia al abo­gar por la tole­ran­cia y la no dis­cri­mi­na­ción, alber­gan­do la espe­ran­za de que casos simi­la­res sean tra­ta­dos con la defe­ren­cia, con­si­de­ra­ción y huma­ni­dad debida.

Priè­re pour une mitai­ne per­due (Cana­dá)

Este docu­men­tal del direc­tor cana­dien­se Jean Fra­nçois Lesa­ge se cen­tra en los obje­tos que un ser humano posee y los recuer­dos que los mis­mos generan.

La acción se desa­rro­lla en Mon­treal don­de se ve a dife­ren­tes per­so­nas acu­dien­do a la ven­ta­ni­lla de obje­tos per­di­dos de una esta­ción de metro a fin de inda­gar sobre cier­tas per­te­nen­cias que extra­via­ron tran­si­tan­do fue­ra de sus hoga­res, como pasa­por­tes, lla­ves, car­pe­tas, etc. En algu­nos casos la recu­pe­ra­ción de lo extra­via­do pro­du­ce ali­vio en sus pro­pie­ta­rios, mien­tras que otros no tie­nen la mis­ma suer­te al no haber sido loca­li­za­da la pérdida.

Como com­ple­men­to del tema cen­tral el rela­to se nutre de una serie de viñe­tas don­de se ve a algu­nas de estas per­so­nas en la inti­mi­dad de sus hoga­res comen­tan­do lo que sig­ni­fi­ca para ellas haber reco­bra­do lo per­di­do; así, una mujer se refie­re al valor sen­ti­men­tal de su gorro por ella teji­do, en tan­to que otra reve­la la impor­tan­cia que tie­ne la foto de un ser muy que­ri­do guar­da­da en el inte­rior de su tar­je­ta de transporte.

A todo ello el direc­tor expan­de su narra­ción hacien­do refe­ren­cia a otro tipo de pér­di­das, como la de un hom­bre de media­na edad que mucho sien­te la muer­te de su pare­ja a cau­sa del SIDA, así como otro indi­vi­duo lamen­ta haber sido aban­do­na­do por su mujer debi­do a su des­leal conducta.

Como esce­na­rio de fon­do, la foto­gra­fía de Marian­ne Plos­ka ofre­ce la visión de una ciu­dad cubier­ta de nie­ve en pleno perío­do inver­nal, lo que otor­ga un aire nos­tál­gi­co aso­cia­do a la natu­ra­le­za del relato.

Bien fil­ma­do y carac­te­ri­za­do por su sen­ci­llez, Lesa­ge ofre­ce en este film una visión huma­na y a la vez ori­gi­nal sobre cómo valo­rar lo que uno posee o deja de tener.

The Ame­ri­can Sec­tor (Esta­dos Unidos)

Duran­te 28 años el muro de Ber­lín con­tro­la­do por la Unión Sovié­ti­ca sepa­ró el este del oes­te de la actual capi­tal de Ale­ma­nia; su demo­ra­do des­man­te­la­mien­to en 1989 sig­ni­fi­có para los habi­tan­tes de Ber­lín Orien­tal haber logra­do la ansia­da liber­tad que les había sido nega­da para acce­der al sec­tor occi­den­tal de la divi­di­da ciu­dad como así tam­bién a los res­tan­tes paí­ses de Euro­pa. Ins­pi­ra­do por ese impor­tan­te acon­te­ci­mien­to los docu­men­ta­lis­tas Court­ney Stephens y Pacho Vélez siguie­ron duran­te tres años las hue­llas de 60 inmen­sos seg­men­tos de esa pared que han sido des­ple­ga­dos en Esta­dos Unidos.

Cier­tos peda­zos en esta­do natu­ral y otros ador­na­dos con pin­tu­ras de artis­tas se encuen­tran ubi­ca­dos en sitios tan disí­mi­les como museos, biblio­te­cas pre­si­den­cia­les, cam­pus uni­ver­si­ta­rios, esta­cio­nes de metros, una cade­na de hote­les en Dallas, así como en la sede de gran­des corporaciones.

Aun­que en algu­nos casos Stephens y Vélez han cap­ta­do sola­men­te las imá­ge­nes, en otros ofre­cen la pala­bra a mora­do­res cer­ca­nos, tran­seún­tes, turis­tas y artis­tas para que expre­sen sus opi­nio­nes al res­pec­to: en ese sen­ti­do el docu­men­tal adquie­re rele­van­cia al refle­jar de qué mane­ra estos inter­lo­cu­to­res vin­cu­lan los frag­men­tos del muro con expe­rien­cias his­tó­ri­cas vivi­das, como en el caso de un hom­bre que com­pa­ra la infa­me pared con la polí­ti­ca sus­ten­ta­da por el gobierno de Trump en lo con­cer­nien­te a la sepa­ra­ción de fami­lias de inmi­gran­tes. Como excep­ción a la regla, dos estu­dian­tes de la Uni­ver­si­dad de Vir­gi­nia obje­tan el cri­te­rio moral de la ins­ta­la­ción de esa pie­za argu­men­tan­do que en su lugar debe­ría exis­tir otro sím­bo­lo que expre­sa­se la dis­cri­mi­na­ción racial que per­ma­nen­te­men­te carac­te­ri­zó al país.

Con un buen mon­ta­je de Stephens y Dou­nia Sichov, este atrac­ti­vo docu­men­tal en sus esca­sos 70 minu­tos per­mi­te vis­lum­brar la reso­nan­cia per­sis­ten­te del des­apa­re­ci­do muro en la his­to­ria polí­ti­ca de la nación americana.

Pie­dra Sola (Argen­ti­na-Méxi­co-Qatar-Gran Bretaña)

Des­pués de haber rea­li­za­do varios cor­to­me­tra­jes, el direc­tor Ale­jan­dro Telé­ma­co Tarraf ofre­ce un docu­men­tal antro­po­ló­gi­co don­de esta­ble­ce la rela­ción del hom­bre con la natu­ra­le­za a tra­vés de un sub­yu­gan­te via­je de enso­ña­ción en una Argen­ti­na no muy conocida.

La acción se desa­rro­lla en la Puna del nor­te argen­tino, pró­xi­ma a la fron­te­ra boli­via­na, don­de a 4000 metros de altu­ra resi­de una peque­ña pobla­ción rural. Valién­do­se de acto­res no pro­fe­sio­na­les, el argu­men­to recrea la vida de una fami­lia humil­de lide­ra­da por su patriar­ca Fidel (Ricar­do Fidel Tola­ba). Él es uno de los pas­to­res que habi­ta en la zona quien se ocu­pa de ven­der en el mer­ca­do car­nes y pie­les pro­ve­nien­tes de su gana­do de lla­mas. Pare­ce ser que un puma al que no se le pue­de ver hace pre­sa de los ani­ma­les, a pesar de que no se lle­ga a saber si ese ani­qui­la­dor real­men­te exis­te; esa es la excu­sa para que el guión del rea­li­za­dor y Lucas Dis­té­fano ilus­tre las cos­tum­bres de una comu­ni­dad aten­dien­do al ritual de cier­tas cere­mo­nias en las que se obe­de­ce los man­da­tos de la pacha­ma­ma (madre-tie­rra); en este caso con­sis­te en ofren­dar un par de lla­mas al felino depre­da­dor para saciar su vora­ci­dad. Una nota adi­cio­nal tie­ne lugar casi al final del metra­je don­de se obser­va a un gru­po de extra­ños por­tan­do una pesa­da pla­ta­for­ma de made­ra con la efi­gie de un jine­te y Fidel ayu­dan­do a ubi­car dicha car­ga al tope de una mon­ta­ña en don­de será quemada.

Tenien­do en cuen­ta que esta explo­ra­ción mís­ti­ca no ofre­ce res­pues­tas a lo que su tra­ma plan­tea, que­da cla­ro que el rea­li­za­dor no se preo­cu­pa por ofre­cer una narra­ti­va con­ven­cio­nal sino que su pro­pó­si­to es ofre­cer un esplen­dor visual del medio natu­ral logran­do un fas­ci­nan­te resul­ta­do. Con una exce­len­te foto­gra­fía de Alber­to Balazs refle­jan­do los dife­ren­tes aspec­tos que adop­ta la natu­ra­le­za, des­de una noc­tur­na tor­men­ta eléc­tri­ca has­ta un cla­ro ama­ne­cer nubla­do, com­ple­men­ta­do con los efec­tos sono­ros de Leo­nar­do Cau­te­ruc­cio, el rea­li­za­dor ‑quien tam­bién tuvo a su car­go la edi­ción- obtie­ne un váli­do docu­men­to etno­grá­fi­co resal­tan­do el sóli­do lazo exis­ten­te entre la cul­tu­ra y el medio ambiente.

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Un Ejem­plar Ayuntamiento

CITY HALL. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Fre­de­rick Wise­man. 274 minu­tos. Vis­to en en línea en el Fes­ti­val de Cine Docu­men­tal que se está rea­li­zan­do en Mon­treal has­ta el 2 de diciem­bre.(ridm.ca)

Con sus 90 pri­ma­ve­ras, el extra­or­di­na­rio docu­men­ta­lis­ta Fre­de­rick Wise­man ofre­ce en su últi­mo tra­ba­jo un mag­ní­fi­co retra­to de la pobla­ción de Bos­ton, su que­ri­da ciu­dad natal.

Aun­que el docu­men­tal fue rea­li­za­do entre los últi­mos meses de 2018 y 2019, lo que aquí se apre­cia no pue­de resul­tar más opor­tuno. Eso vie­ne al caso al con­si­de­rar la inusi­ta­da pola­ri­za­ción exis­ten­te en Esta­dos Uni­dos don­de pare­cie­ra que la demo­cra­cia ha que­da­do des­na­tu­ra­li­za­da; sin embar­go, un flu­jo de aire fres­co se aso­ma cuan­do Wise­man demues­tra cómo la con­vi­ven­cia en Bos­ton, más allá de las dife­ren­cias que pue­den exis­tir entre su gen­te, fun­cio­na muy bien a tra­vés de la férrea deter­mi­na­ción de que la volun­tad de la mayo­ría predomine.

Den­tro del rigu­ro­so esti­lo que lo carac­te­ri­za, el cineas­ta se abs­tie­ne de efec­tuar entre­vis­tas para lo que desea expo­ner; en cam­bio y con­tan­do con la valio­sa ayu­da de su cama­ró­gra­fo John Davey adop­ta un tono obser­va­cio­nal, tal como lo ha veni­do hacien­do en la mayo­ría de su filmografía.

El alcal­de Mar­tin J. Walsh

Como el títu­lo lo ade­lan­ta, el foco pri­ma­rio de aten­ción es el ayun­ta­mien­to de la ciu­dad, aun­que en las cua­tro horas y media de metra­je se apre­cia mucho más que eso. Des­de 2014 el pro­gre­sis­ta demó­cra­ta Mar­tin J. Walsh de 53 años de edad lide­ra la alcal­día de la ciu­dad; así, duran­te los pri­me­ros 25 minu­tos se asis­te a los dife­ren­tes pro­ble­mas que él a dia­rio debe enca­rar inter­ac­tuan­do con su equi­po cola­bo­ra­dor don­de su gran vir­tud es saber trans­mi­tir las ideas y su sapien­cia en escu­char. Ade­más de actuar en su des­pa­cho, Walsh entra en con­tac­to con sus con­ciu­da­da­nos esta­ble­cien­do con ellos una gran empa­tía a tra­vés de sus alo­cu­cio­nes, pres­tan­do aten­ción a las inquie­tu­des plan­tea­das y tra­tan­do de bus­car medi­das para solu­cio­nar­las de la mejor mane­ra posi­ble. Al con­si­de­rar el tema de las per­ni­cio­sas adic­cio­nes, el alcal­de remar­ca la impor­tan­cia de la comu­ni­ca­ción huma­na como medio de ate­nuar­las, trans­mi­tien­do su pro­pia expe­rien­cia de alcohó­li­co recuperado.

En otros aspec­tos del docu­men­tal es impor­tan­te des­ta­car la mane­ra en que Wise­man va refle­jan­do el pul­so de la ciu­dad a tra­vés de dife­ren­tes secuen­cias en las que se asis­te a deba­tes, asam­bleas y reunio­nes de dife­ren­te natu­ra­le­za. Entre las mis­mas, se apre­cia a vete­ra­nos de gue­rra rela­tan­do sus expe­rien­cias, un encuen­tro de agen­tes poli­cia­les, un ins­pec­tor muni­ci­pal visi­tan­do un edi­fi­cio en ple­na cons­truc­ción, con­duc­to­res tra­tan­do de cla­ri­fi­car y evi­tar el pago de mul­tas en la ofi­ci­na de recla­mos por inde­bi­do esta­cio­na­mien­to, una boda entre muje­res, un comi­té esco­lar dis­cu­tien­do sobre la con­ve­nien­cia de ampliar una escue­la de ense­ñan­za media para incre­men­tar el núme­ro de alum­nos dis­ca­pa­ci­ta­dos, el des­fi­le cita­dino fes­te­jan­do la vic­to­ria del céle­bre equi­po de béis­bol Bos­ton Red Sox, o bien una comi­da de Thanks­gi­ving para los nece­si­ta­dos. Uno de los momen­tos de mayor impac­to tie­ne lugar duran­te una reu­nión en la que los resi­den­tes de un humil­de dis­tri­to de la ciu­dad se opo­nen con fir­me­za a los due­ños de una fran­qui­cia de can­na­bis dis­pues­tos a soli­ci­tar un per­mi­so para ope­rar en ese medio.

El pro­pó­si­to de Wise­man no es el de ofre­cer una visión rosa­da de la capi­tal de Mas­sa­chu­setts; den­tro de un cam­bio demo­grá­fi­co regis­tra­do en las últi­mas déca­das don­de la pobla­ción lati­na y de otras mino­rías étni­cas adquie­re mayor pre­pon­de­ran­cia, per­sis­ten algu­nos de los males que afec­tan igual­men­te al res­to del país en mate­ria de ten­sión racial, des­igual­dad en la dis­tri­bu­ción del ingre­so así como la dife­ren­cia de gene­ro exis­ten­te en la remu­ne­ra­ción sala­rial. Por todo ello, la ges­tión del popu­la­rí­si­mo alcal­de es la de pre­di­car y tomar acción para mejo­rar esos pro­ble­mas a fin de que su ciu­dad lle­gue a ser un mode­lo de inte­gra­ción racial, igual­dad en mate­ria socio-eco­nó­mi­ca y equi­pa­ra­ción sexual.

Esen­cial­men­te, Wise­man demues­tra cómo se con­so­li­da una legí­ti­ma demo­cra­cia toman­do como ejem­plo la actua­ción de Walsh; al hacer­lo, el emi­nen­te docu­men­ta­lis­ta ofre­ce al públi­co una cla­se magis­tral de edu­ca­ción cívi­ca. Jor­ge Gutman

Cine­ma­nia (III)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de otros títu­los adi­cio­na­les de la selección

Deux (Fran­cia-Luxem­bur­go-Bél­gi­ca)

En su pri­mer tra­ba­jo de fic­ción el joven direc­tor ita­liano Filip­po Meneghet­ti ofre­ce un melo­dra­ma cau­ti­van­te sobre el amor ocul­to de dos muje­res que duran­te déca­das se han ama­do y a pesar de haber que­ri­do per­ma­ne­cer uni­das por diver­sos moti­vos no pudie­ron concretarlo.

Mar­ti­ne Che­va­llier y Bar­ba­ra Suko­wa en DEUX

En la hora actual Made­lei­ne (Mar­ti­ne Che­va­lier) es una mujer viu­da con dos hijos adul­tos quie­nes igno­ran la lar­ga rela­ción man­te­ni­da por ella con Nina (Bar­ba­ra Suko­wa) que habi­ta en París en un depar­ta­men­to fren­te al suyo. Las dos muje­res madu­ras están rea­li­zan­do pla­nes para mudar­se a Roma y vivir ple­na­men­te el res­to de sus vidas pero un ines­pe­ra­do acci­den­te car­dio­vas­cu­lar de Made­lei­ne la deja par­cial­men­te inmó­vil y sin habla. Es allí que sur­gi­rán las difi­cul­ta­des por par­te de Nina quien que­rien­do cui­dar de su ama­da se encuen­tra obs­ta­cu­li­za­da por la pre­sen­cia de la hija (Léa Druc­ker) quien natu­ral­men­te asis­te a su pro­ge­ni­to­ra y sola­men­te con­si­de­ra a esta mujer como una bue­na vecina.

Median­te el exce­len­te guión de Meneghet­ti escri­to con Maly­so­ne Bovo­rasmy, el rea­li­za­dor narra con pro­fun­da ter­nu­ra el lazo que une a estas dos ancia­nas dis­pues­tas a supe­rar los pre­jui­cios socia­les como así tam­bién las limi­ta­cio­nes físi­cas para que el amor per­du­re en el cre­púscu­lo de sus vidas.

Esta deli­ca­da así como audaz his­to­ria de secre­tos y men­ti­ras se plas­ma en un bello poe­ma román­ti­co real­za­do por las mara­vi­llo­sas carac­te­ri­za­cio­nes brin­da­das por la vete­ra­na actriz ale­ma­na Suko­wa y la estu­pen­da intér­pre­te del tea­tro fran­cés que es Che­va­lier. Cier­ta­men­te, este es uno de los mejo­res fil­mes pro­gra­ma­dos por el festival.

Poli­ce (Fran­cia)

La ruti­na poli­cial de tres agen­tes del orden tra­ba­jan­do en una comi­sa­ría de París es lo que se apre­cia en este tra­ba­jo de la direc­to­ra Anne Fon­tai­ne, sin que agre­gue algo dife­ren­te a lo ya tra­ta­do por el cine en otras opor­tu­ni­da­des. Estruc­tu­ra­da de mane­ra curio­sa, en su pri­me­ra par­te las esce­nas van repi­tién­do­se según los pun­tos de vis­ta de cada poli­cía. Así se sabe que Vir­gi­nie (Vir­gi­nie Efi­ra) es madre de un bebé y que a pesar de estar casa­da guar­da muy bue­na rela­ción con su cole­ga Aris­ti­de (Omar Sy) no sola­men­te pro­fe­sio­nal sino tam­bién de carác­ter ínti­mo; estan­do de él emba­ra­za­da, se la ve ges­tio­nan­do el trá­mi­te para abor­tar. Por su par­te Aris­ti­de es el pro­to­ti­po del indi­vi­duo machis­ta aun­que es sen­si­ble con su aman­te. El últi­mo del equi­po es Erik (Gré­gory Gade­bois), un hom­bre de media­na edad un tan­to ira­cun­do y con cier­ta incli­na­ción a la bebi­da, quien no disi­mu­la su frus­tra­ción por pro­ble­mas conyugales.

Omar Sy y Vir­gi­nie Efi­ra en POLICE

Adap­ta­do de la nove­la homó­ni­ma de Hugo Boris, el guión de la direc­to­ra y Clai­re Barré intro­du­ce tar­día­men­te el fac­tor que moto­ri­za la esen­cia del film. Así, los tres agen­tes tie­nen como misión de trans­por­tar has­ta el aero­puer­to a Tohi­rov (Pay­man Maa­di), un refu­gia­do que será repor­ta­do a Tayi­kis­tán, su país de ori­gen, don­de ha sido tor­tu­ra­do antes de lle­gar a Fran­cia y en don­de nada bueno le espe­ra a su regre­so. He aquí el con­flic­to moral que sur­ge en el trío sobre si cum­plir con la misión enco­men­da­da o tra­tar de libe­rar­lo para evi­tar su repa­tria­ción. Aun­que esta dis­yun­ti­va ofre­ce sufi­cien­te cam­po para el sus­pen­so y la emo­ción, su irrea­lis­ta reso­lu­ción afec­ta la cre­di­bi­li­dad del relato.

La direc­to­ra ofre­ce un dra­ma que encuen­tra su mayor alien­to en el muy buen desem­pe­ño de Efi­ra, Sy y Gade­bois y en los satis­fac­to­rios dise­ños de producción.

La face cachée du bakla­va (Cana­dá)

Esta come­dia tie­ne como pro­pó­si­to des­cri­bir el com­por­ta­mien­to de la comu­ni­dad liba­ne­sa a tra­vés de la des­crip­ción de una fami­lia de cla­se media, sus parien­tes y ami­gos que viven en Mon­treal. No obs­tan­te que su direc­to­ra y guio­nis­ta Mar­yan­ne Zéhil naci­da en Bei­rut sien­ta afec­to por sus com­pa­trio­tas, el retra­to que efec­túa de los mis­mos deja que desear.

Clau­dia Ferri y Jean Nico­las Verreault en LA FACE CACHÉE DU BAKLAVA

El prin­ci­pal per­so­na­je es Hou­way­da (Clau­dia Ferri) una mujer liba­ne­sa casa­da con Pie­rre (Jean Nico­las Verreault), oriun­do de Que­bec. Ambos lle­van una armo­nio­sa vida con­yu­gal y están a cin­co días de dis­tan­cia para via­jar a París con la inten­ción de resi­dir un año. Los pla­nes se ven alte­ra­dos con la apa­ri­ción de Joé­lle (Raia Jai­dar), la excén­tri­ca y alo­ca­da her­ma­na de Hou­way­da, quien des­ca­ra­da­men­te se entro­me­te en su vida. A todo ello, Hou­way­da está pre­pa­ran­do un desa­yuno-almuer­zo (brunch) para los suyos a rea­li­zar­se un día antes de la pro­gra­ma­da partida.

Lo que podía haber sido una agra­da­ble come­dia mul­ti­cul­tu­ral rese­ñan­do las cos­tum­bres y valo­res de liba­ne­ses cana­dien­ses y los con­tras­tes entre ambas cul­tu­ras, la direc­to­ra recu­rre al empleo de tra­zos grue­sos en una narra­ción sin mayor suti­le­za que la des­me­re­ce. Lo que agra­va el pano­ra­ma es la mane­ra cari­ca­tu­res­ca en que pre­sen­ta a sus per­so­na­jes con el pro­pó­si­to de gene­rar hila­ri­dad. Con situa­cio­nes for­za­das nutri­das de diá­lo­gos insul­sos, el resul­ta­do es un film muy medio­cre que poco favor le hace a la noble colec­ti­vi­dad liba­ne­sa de Montreal.

Le mira­cle de saint incon­nu (Marrue­cos-Fran­cia-Qatar)

Median­te un len­gua­je sen­ci­llo y sin mayor pre­ten­sión, el joven direc­tor marro­quí Alaa Eddi­ne Aljem pro­po­ne una his­to­ria en la que se entre­mez­cla la reli­gión, la espi­ri­tua­li­dad y la codi­cia personal.

You­nes Bouab y Salah Ben­sa­lah en LE MIRA­CLE DU SAINT INCONNU

En un desér­ti­co lugar pleno de are­nas y dunas en el sur de Marrue­cos, el ladrón Ami­ne (You­nes Bouab) antes de ser cap­tu­ra­do por la poli­cía, tre­pa una coli­na para ente­rrar una cuan­tio­sa suma de dine­ro. Cuan­do años más tar­de sale de la pri­sión encuen­tra que en ese escon­di­te se ha cons­trui­do un mau­so­leo que es con­cu­rri­do por los habi­tan­tes de la aldea. El pro­ble­ma con­sis­te en cómo recu­pe­rar el botín sepul­ta­do; para ello Ami­ne recu­rre a la ayu­da de Ahmed (Salah Ben­sa­lah) recién sali­do de la prisión.

Ade­más del tema cen­tral, el satis­fac­to­rio guión del cineas­ta echa una mira­da a algu­nos de los pin­to­res­cos aldea­nos inclu­yen­do el guar­dián noc­turno del san­tua­rio (Abdelgha­ni Kitab) acom­pa­ña­do de su fiel perro, el bar­be­ro que tam­bién es den­tis­ta (Ahmed Yar­ziz), el recién lle­ga­do médi­co (Anas El Baz) y su enfer­me­ro (Has­san Ben Bdida).

Hacien­do gala de un efec­ti­vo humor seco, Aljem con­si­de­ra un tópi­co serio que adop­tan­do un tono liviano va refle­jan­do cómo la cie­ga fe jue­ga un rol impor­tan­te en una socie­dad tra­di­cio­nal has­ta lle­gar a la vene­ra­ción de un san­to des­co­no­ci­do. Bien arti­cu­la­da e impe­ca­ble­men­te narra­da, el direc­tor ha logra­do una encan­ta­do­ra fábula.

Cine­ma­nia (II)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí otras 5 pelí­cu­las juz­ga­das en esta mues­tra. 

Sla­lom (Fran­cia)

El títu­lo del film refe­ren­te al depor­te inver­nal de esquí alpino es el tema que Char­lè­ne Favier abor­da para refle­jar la rela­ción exis­ten­te entre una joven atle­ta y su instructor.

Jéré­mie Renier y Noée Abita

Noée Abi­ta quien impre­sio­nó gra­ta­men­te en Ava (2017) reafir­ma sus con­di­cio­nes artís­ti­cas brin­dan­do una mag­ní­fi­ca carac­te­ri­za­ción de Lyz, una estu­dian­te de ense­ñan­za media en los Alpes de Fran­cia que mani­fies­ta una gran pasión hacia el esquí. Es así que logra ser acep­ta­da en un selec­ti­vo club cuyo pro­pó­si­to es el de entre­nar a tra­vés de la prác­ti­ca del sla­lom a futu­ros esquia­do­res. Es allí don­de es adies­tra­da por Fred (Jéré­mie Renier), un ex cam­peón al que una seve­ra heri­da lo obli­gó a salir del ruedo.

Más allá de las múl­ti­ples esce­nas depor­ti­vas, el guión de la rea­li­za­do­ra y Marie Talon se inter­na en la psi­co­lo­gía de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Liz es expues­ta como una joven que en su eta­pa ado­les­cen­te atra­vie­sa por una gama de sen­ti­mien­tos y con­tra­dic­cio­nes; en tal con­tex­to es fácil empa­ti­zar con su ambi­va­len­te con­duc­ta de que­rer supe­rar­se en la prác­ti­ca de un depor­te que exi­ge enor­me pre­ci­sión, habi­li­dad y velo­ci­dad, así como el tener que afron­tar el extre­ma­do esfuer­zo tan­to físi­co como emo­cio­nal. Por su par­te, Fred auto­ri­ta­ria­men­te explo­ta la vul­ne­ra­bi­li­dad de su alum­na para lograr que even­tual­men­te pue­da desem­pe­ñar un digno rol en las com­pe­ten­cias olím­pi­cas; pre­ci­sa­men­te, debi­do a su extre­ma­do nivel de exi­gen­cia que requie­re de su dis­cí­pu­la, se va crean­do entre ambos una rela­ción tóxi­ca de abso­lu­ta tensión.

Otro aspec­to impor­tan­te del rela­to está invo­lu­cra­do con el del abu­so gene­ra­do en el cam­po depor­ti­vo entre ins­truc­to­res y alum­nos. En este caso la infa­tua­ción que ejer­ce en Lyz la per­so­na­li­dad de su men­tor quien la va domi­nan­do has­ta lími­tes extre­mos, con­du­ce a un inevi­ta­ble víncu­lo sexual.

Con una sol­ven­te direc­ción y una inme­jo­ra­ble actua­ción de Abi­ta y Renier, Favier expre­sa muy bien los sen­ti­mien­tos que ani­man a sus pro­ta­go­nis­tas; asi­mis­mo ‑como no podía ser de otro modo- ofre­ce exce­len­tes secuen­cias de esquí sla­lom que son exce­len­te­men­te cap­ta­das por el direc­tor de foto­gra­fía Yann Mari­taud así como el esplen­do­ro­so pai­sa­je mon­ta­ño­so de los Alpes. En esen­cia, no se nece­si­ta ser esquia­dor para dis­fru­tar de este buen film. 

Mica (Marrue­cos-Fran­cia)

El rea­li­za­dor fran­co-marro­quí Ismaël Ferro­ukhi cono­ce muy bien la reali­dad impe­ran­te en su país natal y es por ello que no resul­ta extra­ño com­pro­bar la auten­ti­ci­dad que refle­ja en su des­crip­ción de la des­igual­dad social aún rei­nan­te en Marrue­cos. Para ello se vale de un excep­cio­nal niño actor como lo es Zaka­ria Inane quien prác­ti­ca­men­te por­ta sobre sus hom­bros todo el peso del con­mo­ve­dor rela­to con­te­ni­do en el guión del cineas­ta y Fadet­te Drouard.

Zaka­rie Inane y Sabri­na Oua­za­ni en MICA

En una villa mise­ria de la ciu­dad de Mek­nès, en el cen­tro nor­te del país, vive Saïd (Inane) ‑apo­da­do Mica- con su madre y su padre enfer­mo, quien tra­ta de obte­ner magros ingre­sos ven­dien­do bol­sas de plás­ti­co en el mer­ca­do local. Sabien­do de que en ese medio no pue­de aspi­rar mucho para su futu­ro, su deseo es emi­grar a Mar­se­lla, como lo hizo su ami­go, supo­nien­do que allí le aguar­da­rá un por­ve­nir más hala­güe­ño. Su ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do Haj­ji Kad­dour (Moha­med Az Ela­rab), un ami­go de la fami­lia que se desem­pe­ña como guar­dián de un pres­ti­gio­so club de tenis pri­va­do en Casa­blan­ca, lle­va al niño para que lo ayu­de en cier­tas tareas domésticas.

En su nue­vo ambien­te el chi­co va con­fron­tan­do un mun­do para él des­co­no­ci­do, sufrien­do de las bur­las e inclu­so de los agra­vios físi­cos come­ti­dos por los chi­cos de fami­lias pudien­tes que prac­ti­can el tenis en dicho esta­dio depor­ti­vo. Con­tem­plan­do la prác­ti­ca del tenis, Mica se sien­te incli­na­do a prac­ti­car­lo y en tal sen­ti­do la suer­te le son­ríe cuan­do Sophia (Sabri­na Oua­za­ni), la entre­na­do­ra del club que des­cu­bre el poten­cial exis­ten­te en el chi­co, se con­vier­te en su devo­ta instructora.

A tra­vés de un rela­to que exce­de lo mera­men­te depor­ti­vo, el direc­tor enfa­ti­za los obs­tácu­los que Mica debe afron­tar, espe­cial­men­te en lo que con­cier­ne a la dis­cri­mi­na­ción de que es obje­to por su humil­de ori­gen; con todo, adqui­rien­do con­cien­cia de su con­di­ción social él se obs­ti­na­rá en cam­biar su des­tino gra­cias al tenis.

Tan­to el direc­tor como los inte­gran­tes del equi­po de pro­duc­ción intere­sa­dos en pro­mo­ver un cine com­pro­me­ti­do social­men­te han logra­do un film a todas luces rea­lis­ta que des­bor­dan­do inmen­sa huma­ni­dad per­mi­te sedu­cir tan­to al gran públi­co como al selec­ti­vo por su remar­ca­ble nivel de cali­dad. Ade­más de la exce­len­te direc­ción de Ferro­ukhi, cau­sa admi­ra­ción la inter­pre­ta­ción de Inane quien vive en car­ne pro­pia las des­ven­tu­ras de un chi­co que comien­za a per­der su ino­cen­cia fren­te a la reali­dad que lo cir­cun­da; a su lado tam­bién se lucen Kad­dour como el padre sus­ti­tu­to del niño y Oua­za­ni trans­mi­tien­do ter­nu­ra a la vez que fres­cu­ra y sim­pa­tía como la tenaz pro­fe­so­ra de Mica.  

Notre Dame du Nil (Fran­cia-Bél­gi­ca-Ruan­da)

El direc­tor afgano Atiq Rami­ni explo­ra las raí­ces del endé­mi­co odio entre hutus y tutsis valién­do­se de la nove­la publi­ca­da en 2012 de la escri­to­ra ruan­de­sa Scho­las­ti­que Muka­son­ga de etnia tutsi; la con­sa­gra­da nove­lis­ta que per­dió a casi una trein­te­na de fami­lia­res en la atroz matan­za que afec­tó a su país natal vuel­ca en su libro su pro­pia experiencia.

Una esce­na de NOTRE-DAME DU NIL

En una bue­na adap­ta­ción el guión del rea­li­za­dor y de Rama­ta Sly está estruc­tu­ra­do en un pró­lo­go y cua­tro par­tes ‑Ino­cen­cia, Sagra­do, Sacri­le­gio y Sacri­fi­cio- ubi­can­do la acción en Ruan­da en 1973. Allí se sigue los pasos de un gru­po de alum­nas inter­na­das en una eli­tis­ta escue­la cató­li­ca bel­ga de ense­ñan­za media don­de la mayo­ría de las estu­dian­tes per­te­ne­ce a fami­lias encum­bra­das de la zona. Den­tro del con­tex­to social en que la pobla­ción hutu pro­di­ga ame­na­zas a la mino­ría tutsi, la escue­la tam­bién admi­te a tra­vés de una cuo­ta esta­ble­ci­da a alum­nas tutsis.

El rela­to adquie­re gra­dual­men­te un cli­ma de ten­sión al inter­nar­se en zonas más oscu­ras don­de que­dan refle­ja­dos los resi­duos del colo­nia­lis­mo, como así tam­bién una mues­tra del mar­ca­do racis­mo exis­ten­te de los hutus hacia los tutsis, a mane­ra de pre­lu­dio de lo que sobre­ven­drá en el omi­no­so geno­ci­dio de la gue­rra civil de 1994.

Aun­que en cier­tos momen­tos la narra­ción adquie­re un carác­ter errá­ti­co, lo cier­to es que el rea­li­za­dor se com­pe­ne­tra en los com­ple­jos veri­cue­tos de la reali­dad impe­ran­te; así, brin­da un dra­ma cier­ta­men­te hip­nó­ti­co real­za­do por la sóli­da pres­ta­ción de jóve­nes actri­ces ruan­de­sas, entre ellas Cla­rie­lla Bizi­ma­ni como la estu­dian­te tutsi y Albi­na Kiren­ga ani­man­do a una pro­vo­ca­do­ra con­dis­cí­pu­la hutu.

La troi­siè­me gue­rre (Fran­cia)

En su pri­mer film de fic­ción el rea­li­za­dor Gio­van­ni Aloi no alu­de a una futu­ris­ta ter­ce­ra gue­rra mun­dial sino a la que lamen­ta­ble­men­te la huma­ni­dad se ve expues­ta enfren­tan­do suce­sos de extre­ma­da vio­len­cia que vic­ti­mi­zan a innu­me­ra­bles per­so­nas ino­cen­tes; es en tal sen­ti­do que el rea­li­za­dor se ins­pi­ró en los san­grien­tos aten­ta­dos terro­ris­tas que azo­ta­ron a Fran­cia en los últi­mos años.

Anthony Bajon en LA TROI­SIЀ­ME GUERRE

La his­to­ria gira en torno de Leo (Anthony Bajon), un joven fran­cés quien deci­dió enlis­tar­se en el ejér­ci­to para que como sol­da­do pudie­ra ser­vir mejor a su patria; jun­to con otros cama­ra­das y muy espe­cial­men­te con su com­pin­che Hicham (Karim Leklou) pro­ce­den­te de Áfri­ca, reco­rren las calles de París tra­tan­do de estar en máxi­ma aler­ta fren­te a cual­quier indi­cio o sos­pe­cha de que pudie­ra acon­te­cer un aten­ta­do. Estan­do a las órde­nes de la sar­gen­to Coli­ne (Leï­la Bekh­ti), Leo se encuen­tra obli­ga­do a mode­rar sus impul­sos de per­se­guir a sos­pe­cho­sos fren­te al celo poli­cial que se lo impide.

El guión de Domi­ni­que Bau­mard en su mayor par­te se dedi­ca a mos­trar el inter­cam­bio que se pro­du­ce entre los sol­da­dos a tra­vés de anéc­do­tas que si bien al prin­ci­pio pue­den inte­re­sar, al irse alar­gan­do resien­ten su rit­mo. A ello se agre­gan algu­nas esce­nas poco con­vin­cen­tes como las que trans­cu­rren en los con­tac­tos tele­fó­ni­cos man­te­ni­dos entre Leo y la pare­ja de un sos­pe­cho­so arres­ta­do a tra­vés de su celu­lar que le ha sido expropiado.

Lo más impor­tan­te del rela­to resi­de en los tra­mos fina­les cuan­do una masi­va demos­tra­ción calle­je­ra abo­gan­do con­tra el capi­ta­lis­mo se enfren­ta con la poli­cía y se pro­du­cen las refrie­gas con­si­guien­tes; es allí que nue­va­men­te se ori­gi­na el dile­ma de has­ta dón­de la bri­ga­da anti­te­rro­ris­ta del ejér­ci­to tes­ti­mo­nian­do hechos vio­len­tos debe per­ma­ne­cer aje­na para que úni­ca­men­te inter­ven­ga la auto­ri­dad poli­cial. En ese esce­na­rio, la his­to­ria adquie­re vigor cuan­do Leo no pudien­do admi­tir su impo­ten­cia deci­de actuar como un digno sol­da­do, des­obe­de­cien­do las órde­nes de sus superiores.

El film, cier­ta­men­te bien inten­cio­na­do, intere­sa más por su temá­ti­ca que por su rea­li­za­ción; eso es debi­do a que su narra­ti­va no está con­ve­nien­te­men­te esbo­za­da como así tam­bién no exis­te una mayor explo­ra­ción psi­co­ló­gi­ca de sus per­so­na­jes; de todos modos, que­da cla­ro su men­sa­je de que “el enemi­go está entre noso­tros” y de algún modo es nece­sa­rio superarlo.

Mes jours de gloi­re (Fran­cia)

La sim­pa­tía que ofre­ce Vin­cent Lacos­te como pro­ta­go­nis­ta de este film de Antoi­ne DeBary no com­pen­sa la falen­cia de su ende­ble guión escri­to con Elias Bel­ked­dar dan­do como resul­ta­do una ende­ble e intras­cen­den­te comedia.

Vin­cent Lacos­te en MES JOURS DE GLOIRE

Lacos­te da vida a Adrien, un joven de 25 años que se acer­ca a su trein­te­na pero que aún no logró la madu­rez com­ple­ta como adul­to dado su com­por­ta­mien­to pro­pio de un ado­les­cen­te qui­cea­ñe­ro. Así en la pri­me­ra esce­na se le obser­va haber lla­ma­do a los bom­be­ros por la ame­na­za de fue­go que se cier­ne en su depar­ta­men­to; obvia­men­te, ese es un fal­so pre­tex­to para que pue­da pene­trar en su vivien­da por­que olvi­dó su lla­ve. Ese paso de come­dia cede inme­dia­ta­men­te lugar a otra secuen­cia en la que Adrien como actor ani­ma el rol del joven Char­les de Gau­lle para una pelí­cu­la a car­go de un rea­li­za­dor alemán.

Lo esen­cial de la tra­ma resi­de en la vul­ne­ra­bi­li­dad de Adrien al sen­tir­se ame­dren­ta­do y teme­ro­so por pro­ble­mas de erec­ción; eso moti­va a que en sus encuen­tros con Léa (Noée Abi­ta), una mucha­cha que sim­pa­ti­za con él, evi­te cual­quier acer­ca­mien­to dema­sia­do ínti­mo para que no se refle­je su impotencia.

Si bien la cri­sis exis­ten­cial que afec­ta al mucha­cho con su viri­li­dad pues­ta a prue­ba podría gene­rar una sóli­da come­dia dra­má­ti­ca, el efec­to se dilu­ye a tra­vés de dife­ren­tes peri­pe­cias que no ter­mi­nan de encuadrar.

Con una rea­li­za­ción no exen­ta de situa­cio­nes este­reo­tio­pa­das, la his­to­ria deja en un segun­do plano el ámbi­to fami­liar de su pro­ta­go­nis­ta en don­de Emma­nue­lle Devos como la psi­có­lo­ga madre y Chris­tophe Lam­bert como el alcohó­li­co padre de Adrien poco apor­tan a este desa­bri­do relato.

Cine­ma­nia 2020 (I)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

El 4 de noviem­bre comien­za la 26ª edi­ción del fes­ti­val de Cine­ma­nia que se exten­de­rá has­ta el 22 de noviem­bre. Debi­do a los acon­te­ci­mien­tos de domi­nio públi­co, esta mues­tra de fil­mes habla­dos en fran­cés con sub­tí­tu­los en inglés, será difun­di­da exclu­si­va­men­te en línea en todo Cana­dá. La pro­gra­ma­ción inclu­ye 43 lar­go metra­jes de los cua­les algu­nos títu­los son ofre­ci­dos en carác­ter de pri­mi­cia mundial.

Para obte­ner una infor­ma­ción com­ple­ta de las pelí­cu­las que serán difun­di­das y sobre la adqui­si­ción de bille­tes en línea el sitio a con­sul­tar es festivalcinemania.com  

He aquí el comen­ta­rio de algu­nos fil­mes ya vis­tos. 

Sous les étoi­les de Paris (Fran­cia-Bél­gi­ca)

Bajo las estre­llas de París bri­lla una artis­ta excep­cio­nal en este film de Claus Dre­xel. No pue­de cali­fi­car­se de otra mane­ra la actua­ción de la vete­ra­na Cathe­ri­ne Frot quien con alma y vida se sumer­je en un per­so­na­je no muy sen­ci­llo de caracterizar.

Maha­ma­dou Yaf­fa y Cathe­ri­ne Frot en SOUS LES ÉTOI­LES DE PARIS

Mos­tran­do un París muy lejos de la ima­gen turís­ti­ca que se sue­le apre­ciar de esta bella ciu­dad, aquí el espec­ta­dor se encuen­tra con su lado oscu­ro con­tem­plan­do las pau­pé­rri­mas con­di­cio­nes de vida de los iti­ne­ran­tes que no tie­nen domi­ci­lio fijo. Ésa es la situa­ción que atra­vie­sa Chris­ti­ne (Frot), una mujer de edad madu­ra que sin techo pro­pio uti­li­za como vivien­da un reduc­to ubi­ca­do bajo uno de los puen­tes de París. Social­men­te apar­ta­da de fami­lia­res y ami­gos esta paté­ti­ca mujer se vale de los ban­cos de comi­da don­de en for­ma gra­tui­ta logra ali­men­tar­se como al pro­pio tiem­po duran­te el día deam­bu­la por las calles de París. Su ruti­na cam­bia cuan­do una noche de pleno invierno, pró­xi­ma a con­ci­liar el sue­ño, obser­va a un niño afri­cano per­di­do (Maha­ma­dou Yaf­fa); un tan­to rece­lo­sa, acce­de a cobi­jar­lo tran­si­to­ria­men­te. Aun­que el peque­ño de 8 años no domi­na el idio­ma, lo úni­co que ati­na pro­nun­ciar en su len­gua mater­na es la pala­bra “madre”; gra­dual­men­te a tra­vés de una docu­men­ta­ción que él lle­va con­si­go, ella se ente­ra que el chi­co ha lle­ga­do al país con su madre pro­ce­den­tes de Áfri­ca como refu­gia­dos sin docu­men­ta­ción legal y él solo quie­re reen­con­trar­se con ella quien ha sido arrestada.

Esta es una his­to­ria que den­tro de su sen­ci­llez, se dis­tin­gue por la pin­tu­ra que el direc­tor rea­li­za de un estra­to de la socie­dad que pri­va­do de recur­sos ha per­di­do el dere­cho de vivir dig­na­men­te; asi­mis­mo el guión del real­zia­dor escri­to con Oli­vier Brunhes expo­ne la dra­má­ti­ca situa­ción que afron­ta el mun­do fren­te a refu­gia­dos indo­cu­men­ta­dos don­de en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des los meno­res son sepa­ra­dos de sus padres.

Con una remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca Dre­xel obtie­ne un dra­ma con­mo­ve­dor en el que Frot, omni­pre­sen­te en toda esta his­to­ria, ofre­ce una per­fec­ta sim­bio­sis con su per­so­na­je en el que a tra­vés de un encuen­tro tan ines­pe­ra­do como afor­tu­na­do es capaz de reen­con­trar su laten­te huma­ni­dad. No cabe duda que a la hora de los pre­mios el cine fran­cés sabrá recompensarla.

A Good Man (Fran­cia-Bél­gi­ca)

Un tema deli­ca­do es lo que con­si­de­ra la direc­to­ra Marie-Cas­ti­lle Men­tion-Schaar en este sor­pren­den­te dra­ma. 

Al comien­zo de la narra­ción se asis­te a una esce­na ínti­ma man­te­ni­da por el enfer­me­ro Ben­ja­min (Noe­mi Mer­lant) con su pare­ja Aude (Soko), una pro­fe­so­ra de dan­za. Com­par­tien­do una rela­ción armo­nio­sa por espa­cio de 6 años, ambos aho­ra resi­den en la tran­qui­la isla de Groix des­pués de haber deja­do Aix-en-Pro­ven­ce y su úni­co deseo es tener un hijo pro­pio aun­que Aude se encuen­tra impo­si­bi­li­ta­da de concebir.

Noé­mie Mer­lant en A GOOD MAN

La gran sor­pre­sa para el espec­ta­dor ‑y que no resul­ta indis­cre­to anti­ci­par­lo- es que a los 20 minu­tos de trans­cu­rri­do el rela­to, ambos se encuen­tran con el gine­có­lo­go y es allí que Ben­ja­min mani­fies­ta el deseo de que­dar emba­ra­za­do para que así jun­to a Aude pue­dan coro­nar su feli­ci­dad al cons­ti­tuir una familia.

Es sen­ci­lla­men­te asom­bro­so com­pro­bar que Ben­ja­min, con la total pre­sen­cia físi­ca de ser un hom­bre, nació mujer y que aho­ra sola­men­te le está fal­tan­do some­ter­se a la ope­ra­ción qui­rúr­gi­ca para adqui­rir su com­ple­ta con­di­ción y lega­li­dad masculina.

Aun­que el tema de la tran­se­xua­li­dad tie­ne en el cine entre otros referentes,al remar­ca­ble film Una Mujer Fan­tás­ti­ca (2017) de Sebas­tián Lelio, el enfo­que de la direc­to­ra difie­re. Mer­ced al exce­len­te y ori­gi­nal guión que ha con­ce­bi­do jun­to a Chris­tian Son­de­reg­ger, el nudo dra­má­ti­co resi­de en que la deci­sión de Ben­ja­min tras­tor­na el equi­li­brio de la pare­ja, dado que para Aude resul­ta difi­cul­to­so acep­tar su mater­ni­dad cuan­do es su mari­do quien lo está ges­tan­do. 

Men­tion-Schaar enfo­ca este audaz tema con suma deli­ca­de­za trans­mi­tien­do com­ple­ta vero­si­mi­li­tud en su expo­si­ción aun cuan­do el plan­teo pue­da no lle­gar a ser acep­ta­do por par­te de cier­tos sec­to­res de la comu­ni­dad tran­se­xual. Con una rea­li­za­ción clá­si­ca y ape­lan­do a efec­ti­vos pri­me­ros pla­nos, la rea­li­za­do­ra logra de Mer­lant una pro­di­gio­sa inter­pre­ta­ción; esta actriz que se dis­tin­guie­ra nota­ble­men­te con su pres­ta­ción en Por­trait de la Jeu­ne Fille en Feu (2019), en este caso median­te una pro­di­gio­sa trans­for­ma­ción físi­ca expre­sa feha­cien­te­men­te la per­so­na­li­dad de Ben­ja­min ya no como un per­so­na­je tran­se­xual sino deci­di­da­men­te hete­ro­se­xual tra­sun­tan­do la noble­za del buen hom­bre, que anti­ci­pa el títu­lo de este emo­ti­vo film.

Madre (Espa­ña)

En 2017 Rodri­go Soro­go­yen reali­zó Madre, un exce­len­te cor­to metra­je que delei­tó al públi­co y a la crí­ti­ca; en esca­sos minu­tos logró sin­te­ti­zar una apa­sio­nan­te his­to­ria en don­de Ele­na (Mar­ta Nie­to) acom­pa­ña­da en su depar­ta­men­to madri­le­ño por su madre (Blan­ca Api­lá­nez) reci­be un lla­ma­do tele­fó­ni­co de su hiji­to Iván (voz de Álva­ro Balas) quien está de vaca­cio­nes con su padre en una pla­ya de Fran­cia; él le dice que se halla sólo y teme­ro­so en la cos­ta por­que su padre lo dejó por algu­nos minu­tos sin haber regre­sa­do y no hay nadie a su lado; la deses­pe­ra­ción de Ele­na tra­tan­do de pro­te­ger­lo des­de la leja­na dis­tan­cia cobra máxi­ma ten­sión cuan­do el menor le anun­cia que un hom­bre extra­ño lo obser­va y se le va acer­can­do. De este modo el cor­to con­clu­ye sin que se lle­gue a saber su desenlace.

Mar­ta Nie­to y Jules Porier en MADRE

De lo que ante­ce­de cabía espe­rar que Soro­go­yen con­vir­tien­do la his­to­ria ori­gi­nal en un lar­go metra­je con­si­de­ra­ría la suer­te corri­da por el niño. Sin embar­go, esa espe­ran­za se dilu­ye a medi­da que el rela­to va desarrollándose.

Los pri­me­ros 15 minu­tos del film son prác­ti­ca­men­te una repe­ti­ción del cor­to; de inme­dia­to el guión del direc­tor escri­to con Isa­bel Peña tras­la­da la acción 10 años des­pués en don­de se con­tem­pla a Ele­na desem­pe­ñán­do­se como cama­re­ra de un res­tau­ran­te ubi­ca­do en una pla­ya cer­ca de Bia­rritz; ese sitio pudo haber sido el lugar don­de su hiji­to se halla­ba en el últi­mo con­tac­to que man­tu­vo con él. Vivien­do apa­ren­te­men­te tran­qui­la, man­tie­ne una sóli­da rela­ción de pare­ja con su ami­go Jose­ba (Alex Bren­de­mühl). El arco dra­má­ti­co de esta his­to­ria se pro­du­ce cuan­do Jean (Jules Porier), un mucha­cho pari­sino de 16 años vera­nean­do con sus padres (Fré­dé­ric Pie­rrot, Anne Con­signy), comien­za a fre­cuen­tar el lugar don­de tra­ba­ja Ele­na con quien sim­pa­ti­za. En un prin­ci­pio, ella no le brin­da mayor con­fian­za en el tra­to dis­pen­sa­do, pero a medi­da que trans­cu­rren los días exis­te en esta mujer una extra­ña fija­ción que la impul­sa a seguir­lo y a entro­me­ter­se en la inti­mi­dad de su vida familiar.

Si bien en un prin­ci­pio uno cree pre­de­cir lo que ven­drá, rápi­da­men­te la pre­sun­ción des­apa­re­ce, aun­que no por ello pue­de jus­ti­fi­car­se la par­ti­cu­lar rela­ción espi­ri­tual enta­bla­da entre Ele­na y el ado­les­cen­te turis­ta. A pri­me­ra vis­ta podría com­pren­der­se la acti­tud de una madre que al no haber podi­do cica­tri­zar la pro­fun­da heri­da cau­sa­da por la des­apa­ri­ción de Iván, encuen­tra en Jean algu­nos ras­gos que lo aso­cien a aquél. Sin embar­go, la his­to­ria se tor­na inve­ro­sí­mil cuan­do su alu­ci­na­da obse­sión la moti­va a sem­brar el caos a la vez que arries­ga el víncu­lo sen­ti­men­tal man­te­ni­do con su pare­ja. No menos creí­ble resul­ta la acti­tud de Jean quien per­te­ne­cien­do a una fami­lia uni­da y muy que­ri­do por sus padres lle­ga a enfren­tar­se con ellos para que­rer estar al lado de Ele­na. De este modo Soro­go­yen deja al espec­ta­dor con­fu­so al no lograr com­pe­ne­trar­se en el inusual com­por­ta­mien­to de sus dos per­so­na­jes centrales.

Con una bue­na pues­ta escé­ni­ca el rea­li­za­dor per­mi­te que el film, a pesar de no con­ven­cer como debie­ra, logre cap­tar la aten­ción median­te una acep­ta­ble intri­ga apo­ya­da por la mag­ní­fi­ca actua­ción de Nie­to. Sin embar­go, a dife­ren­cia de lo que acon­te­ce en el cor­to metra­je, las obje­cio­nes pre­via­men­te efec­tua­das moti­van a que las expec­ta­ti­vas crea­das con la pro­lon­ga­ción de la his­to­ria ori­gi­nal no hayan sido colmadas.

L’Au­di­tion (Ale­ma­nia-Fran­cia)

En este psi­co­ló­gi­co dra­ma la direc­to­ra Ina Weis­se ilus­tra cómo una inusi­ta­da devo­ción pue­de resul­tar contraproducente.

La talen­to­sa actriz ale­ma­na Nina Hoss ani­ma a Anna, una pro­fe­so­ra de vio­lín que se desem­pe­ña en una pres­ti­gio­sa aca­de­mia de músi­ca de Ber­lín; ella es madre de Jonas (Sera­fin Mishiev) de 10 años y espo­sa de Phi­lip­pe (Simon Abka­rian) que se dedi­ca en el taller del hogar a fabri­car ins­tru­men­tos de músi­ca. En la reu­nión anual para la admi­sión de futu­ros aspi­ran­tes al renom­bra­do con­ser­va­to­rio, Anna jun­to con sus cole­gas juz­gan a los can­di­da­tos que aspi­ran ingre­sar al mis­mo; es allí que a dife­ren­cia de la opi­nión de los otros pro­fe­so­res ella apre­cia el talen­to de Ale­xan­der (Ilja Mon­ti), un joven vio­li­nis­ta, per­mi­tien­do su ingre­so al esta­ble­ci­mien­to. A par­tir de ese momen­to, Anna des­ti­na la mayor par­te de su tiem­po a ins­truir a Ale­xan­der para que esté bien pre­pa­ra­do en el momen­to que deba par­ti­ci­par en un con­cier­to a fin de que pue­da apro­bar los exá­me­nes intermedios.

Nina Hoss en L’AUDITION

La extre­ma obs­ti­na­ción de Anna y su esca­sa peda­go­gía al deman­dar a su alumno un per­fec­cio­na­mien­to a todas luces exa­ge­ra­do moti­va a que jus­ti­fi­ca­da­men­te él se sien­ta frus­tra­do. A todo ello, su hijo que tam­bién estu­dia vio­lín con otra ins­truc­to­ra resien­te que su madre lo pre­sio­ne en sus estu­dios para que pue­da alcan­zar su mis­mo nivel de vir­tuo­sis­mo musi­cal. No menos impor­tan­te es que la rela­ción con­yu­gal comien­za a dete­rio­rar­se en la medi­da que Anna va dejan­do de lado a su fami­lia al enfo­car su aten­ción exclu­si­va­men­te en su dis­cí­pu­lo. El cli­ma de ten­sión aumen­ta aún más en la medi­da que man­tie­ne un affai­re con Chris­tian (Jens Albi­nus), un vio­lon­che­lis­ta que la invi­ta a par­ti­ci­par como vio­li­nis­ta en su con­jun­to de cáma­ra. El guión de Weis­se y Daph­né Cha­ri­za­ni con­du­ce a un dra­má­ti­co y per­tur­ba­dor des­en­la­ce que resul­ta­ría indis­cre­to revelar.

En un fas­ci­nan­te aná­li­sis del com­por­ta­mien­to obse­si­vo de una per­so­na a expen­sas de su vida fami­liar, la direc­to­ra ofre­ce un intri­gan­te e impre­de­ci­ble rela­to que man­tie­ne la aten­ción per­ma­nen­te del públi­co quien asi­mis­mo es con­vi­da­do a escu­char bellos extrac­tos musi­ca­les, en gran par­te per­te­ne­cien­tes a Bach.

Si le vent tom­be. (Fran­cia-Bél­gi­ca-Arme­nia)

Basa­do en hechos reales, la novel direc­to­ra Nora  Mar­ti­ros­yan ofre­ce un film que se desa­rro­lla en Nagorno-Kara­bakh, una auto­pro­cla­ma­da repú­bli­ca ubi­ca­da al sur del Cáu­ca­so, prác­ti­ca­men­te igno­ra­da por el mun­do y que bor­dean­do la fron­te­ra entre Arme­nia y Azer­bai­yán se encuen­tra en per­ma­nen­te con­flic­to béli­co. Es allí don­de lle­ga Alain (Gré­goi­re Colin), un inge­nie­ro mili­tar fran­cés, quien como audi­tor debe pro­du­cir un infor­me en don­de deter­mi­na­rá si el aero­puer­to local reúne las con­di­cio­nes nece­sa­rias para que con su aper­tu­ra pue­da garan­ti­zar una com­ple­ta segu­ri­dad para los vue­los inter­na­cio­na­les que allí aterricen.

Hayk Bakhr­yan en SI LE VENT TOMBE

Tra­tan­do de cum­plir sus fun­cio­nes de mane­ra obje­ti­va, al prin­ci­pio el visi­tan­te adop­ta una acti­tud par­ca sin per­mi­tir que nadie pue­da influir o inmis­cuir­se en el repor­te que debe­rá pro­du­cir. Len­ta­men­te y toman­do con­tac­to con varios de sus habi­tan­tes, entre ellos el direc­tor del aero­puer­to, una perio­dis­ta, un taxis­ta, un vie­jo pai­sano y sobre todo Edgar (Hayk Bakhr­yan), un niño de la ciu­dad ven­dien­do el esca­so agua a sus habi­tan­tes, Alain va apre­cian­do las carac­te­rís­ti­cas de un con­tex­to cul­tu­ral muy dife­ren­te al suyo. A tra­vés de su estan­cia en ese recón­di­to lugar mon­ta­ño­so, va cobran­do con­cien­cia de la huma­ni­dad y soli­da­ri­dad que advier­te en esta gen­te étni­ca­men­te arme­nia, sobre todo tenien­do en cuen­ta cómo la mis­ma tra­ta de supe­rar las ten­sio­nes béli­cas existentes.

Aun­que narra­ti­va­men­te la direc­to­ra ha evi­ta­do en su guión refe­rir­se con más pro­fun­di­dad lo que acon­te­ce en esta dispu­tada repú­bli­ca, con todo, entre­ga un noble docu­men­to reve­lan­do algu­nos aspec­tos socio-cul­tu­ra­les de la mis­ma que has­ta el pre­sen­te no han sido difundidos.